KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Si fuera rico mi enseñanza no tendría chispa. Sólo porque soy pobre tiene valor lo que os digo. Simplemente, eso casa bien conmigo. No me hurto el aire que respiro. Despierto a mí mismo.

Nací huérfano, sin dinero y con poca inteligencia; reunía así todas las condiciones para ser infeliz en este mundo. Nadie podría ser más infeliz que yo y, sin embargo, me parece haber tenido la vida más feliz del mundo. No podría estar más agradecido por esta vida.

Cuando todavía era un simple trabajador en Eiheji, me encontraba una vez sentado en la sala de meditación haciendo zazen en la penumbra. Cuando por casualidad me vio la anciana que limpiaba la cocina y que acostumbraba a fastidiarme en el trabajo, se arrodilló espontáneamente y se inclinó ante mí como si fuera el Buda en persona. Esta experiencia ha marcado mi vida. Entonces me di cuenta de que tenía que practicar zazen durante el resto de mi vida. Hay algo en el zazen que incluso a esta mujer le impulsó a postrarse (…) No sé por qué, pero el zazen es más valioso de lo que soy capaz de imaginar. En consecuencia, he dedicado toda mi vida al camino del zazen. Me siento agradecido por poder vestir el kesa y poder sentarme en zazen.

Mi propósito en esta vida no consiste en predicar las verdades más elevadas o meditar sobre las ideas más profundas. Lo único que hago es seguir fielmente las enseñanzas de budas y patriarcas, y sentarme. A los 18 años vi con claridad que nada puede haber más precioso que una vida dedicada a zazen.

Si sabes cuál es el propósito de tu vida, haz todo lo posible para realizarlo. No es necesario invitar a otros a acompañarte en ello. Nadie más puede hacerlo por ti: eres tú quien debe crear tu propia vida.

Para mí no hay otro camino que zazen. En esta senda, no existe para mí ningún motivo para envidiar o despreciar a nadie ya que yo no quiero ser como ningún otro. ¿El señor presidente? ¡Me importa un bledo! Sawaki sólo necesita ser Sawaki, ¿qué, si no?

No deseo nada más en esta vida. No me arrodillo ante nadie para mendigar. Tampoco me atengo a lo que los demás quieren de mí. Cuando tengo qué comer, como; cuando no, pues no. Mi ánimo es firme: mientras me alcance la vida, viviré, y cuando llegue la muerte, entonces moriré. En este instante la vida se extiende ante mí hacia lo lejos y tan clara como el cielo azul, ¿qué podría haber más bello?

No tengo patria. En cambio, allá donde esté me encuentro en casa. En ninguna parte me siento como un invitado. En los templos a los que se me invita habito como si fueran el mío propio. Vivo con naturalidad, sin grandes ceremonias. A cada paso que doy, me encuentro en casa. En cada paso se halla el universo. Ningún lugar al que ir, ningún lugar al que regresar. Ningún lugar en el que pudiera ocultarme, y tampoco ningún lugar tras el que andar.

Originalmente, a ninguno de nosotros nos falta absolutamente nada. Toshuo Osho lo llama: “Tu mente que es por completo Buda”. Ser Buda significa confiar en ti mismo y estar contento. No significa trepar desde tu condición de persona corriente hacia lo alto para acercarte a Buda, como si elevaras tu propio valor a las alturas. Mientras elevamos el valor de una cosa nos estamos moviendo en nuestro mundo corriente, que nada tiene que ver con el mundo de Buda.

Durante años vagué inmerso en la vorágine del karma, hasta que finalmente el zazen se convirtió en una segunda naturaleza. ¿Qué he hecho para merecer por fin la paz de zazen? ¿Qué mayor gozo puede haber que poder sencillamente sentarse en zazen? A lo largo de toda mi vida sólo quiero comer para poder hacer zazen y —si estoy enfermo— tomar medicamentos sólo para poder hacer zazen. Toda mi energía vital está encauzada hacia zazen. Y estoy agradecido de que hasta hoy todas las personas a mi alrededor me han proporcionado comida, ropas limpias que llevar y agua con que lavarme, permitiéndome así vivir esta vida para zazen.

No sé qué he hecho para merecer esta vida pero alguna razón debe de haber. En cualquier caso, no he empleado mi vida en otra cosa que en zazen. No estoy capacitado para nada más que vestir el kesa y sentarme en zazen. El monje Sawaki no está en condiciones de hacer otra cosa. Hago simplemente lo que puedo. Esto significa seguir mi camino hasta el final.

Esto agradecido por todo en esta vida: por haber nacido pobre, por que mis padres murieran pronto, por haberme marchado de casa y haber participado en todo en Eiheji. Agradecido de que hoy, como una flor que crece hacia el sol, puedo dirigir todas mis acciones hacia la Vía.

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