KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Había uno que siempre andaba quejándose de que todos sus amigos acabaron siendo ministros y gobernadores, mientras que él tenía que ganarse el pan como simple vigilante… ¿Y qué pasa? Un ministro vive su vida como ministro, un vigilante la vive como vigilante. En TU vida hay cosas más importantes que eso.
Me gusta expresar el budismo con un solo mandato: “¡Alto el fuego!”.
Ahí no hay dos partes enfrentadas, nadie con quien competir.
Hemos de vivir nuestra vida de manera que se ajuste lo más posible a la enseñanza de Buda. Si nos apoyamos únicamente en nuestras ideas humanas, estaremos siempre compitiendo con el resto de la gente.
Para darse cuenta de que la naturaleza de Buda llena todo nuestro ser, hemos reparar primeramente en la fugacidad de todas las cosas. Reparar en la fugacidad de las cosas significa dar un sentido a nuestra vida.

Si tomas conciencia del carácter efímero de todo, comprenderás que es mejor sacrificarte por los demás que vivir para ti mismo. Es este espíritu de sacrificio por los demás el que comprende la fugacidad de las cosas.
Sea como sea, no podemos evitar hacer cosas por los demás: ¿no te has dado cuenta de que te sientes mejor cuando das que cuando recibes?
Cuanto más hagas por los demás más ganarás en tu vida. Cuanto más haces para ti mismo, más se escapa la vida a tu control.
Si tratamos de dominar la naturaleza por medio de nuestra civilización y ciencia, en algún momento esa naturaleza nos devolverá el golpe. ¿No observamos a menudo que quien solo piensa en sí mismo acaba viendo cómo el mundo que le rodea acaba reaccionando arrebatándoselo todo? Por ejemplo, hay gente para quien todo su empeño en la vida es ganar dinero, pero cuando finalmente quieren disfrutar de su riqueza, sus hijos los echan de casa. Y, al contrario, uno que ha dedicado toda su vida a los demás experimenta que también esto tiene un efecto rebote: los demás se preocuparán igualmente por él.
Muevas hacia donde muevas el agua en la piscina, enseguida volverá a nivelarse. Si tratas de acercar el agua hacia ti, se escurrirá de tu lado. Si por el contrario la empujas hacia los demás, volverá a ti. Lo que haces por los demás, lo haces por tanto también para ti mismo; lo que haces por ti mismo, lo haces por los demás. No hay delimitación alguna entre ti y los demás, todo está unido sin suturas. Sacrificarse por los demás con ese espíritu significa tener el espíritu de un bodisatva.
El mayor logro que puedes alcanzar consiste en hacerte uno con el universo entero. Una vez llegado a ese punto lo verás todo como parte de ti mismo y cualquier cosa que hagas por ti, la harás también por los demás. Esto quiere decir que el mayor beneficio particular que puedas alcanzar es a la vez lo más beneficioso para los demás. Y, a la inversa, si vives tu vida por completo para los demás, sin pensar ni una pizca en ti mismo, obtendrás el máximo beneficio particular posible. Tu espíritu hallará la paz, y nada faltará en tu vida.
Budeidad no quiere decir “yo solo”. Significa: “yo junto a todos los seres que sufren”.
Si arrojas sobre las cenizas frías un solo trozo de carbón ardiendo, se apagará. Pero si se juntas unos cuantos, encenderán un fuego. Así me ayudas tú a mí, y yo te ayudo a ti.

[Acerca de las relaciones entre hombres y mujeres]. ¡Ese problema es importante! Si encuentras una mujer con la que puedas estar seguro de que os ayudaréis mutuamente en vuestro camino espiritual, en tal caso no hay nada que oponer a que consolidéis la relación y os caséis. Pero, como he dicho, tiene que ser una relación que os permita a los dos avanzar.

A veces nos parece como si dar algo a los demás representara una pérdida para nosotros, cuando en realidad la dedicación a los demás representa la mayor dicha posible para una persona.

“Hasta hoy he creído que el mundo estaba ahí para mí; a partir de hoy voy a sacrificar mi vida por el mundo”. Éste es el giro que hay que dar.
Si ahora, en el lugar donde te encuentres, lo das todo, no quedará ahí ya nada de ti. Si te entregas a esta práctica, te darás cuenta de que igualmente no hay ningún lugar en el que tú no estés.
Si tu espíritu es tan abierto y ancho como lo son el cielo y la tierra juntos, te reconocerás por todas partes, y en todas partes estarás sin nada de ti, con abnegación.

“Arroja lejos de ti tu pequeño yo.
¡Verás que tu cuerpo es tan grande
como los tres mil mundos del gran cosmos!”¹

Una vez hayas comprendido esto, cuando orines en el retrete pensarás también en quien después ha de hacer la limpieza. Cuando te bañes, pensarás en quien después ha de usar la bañera. Quien da se pone en el lugar de quien recibe, y quien recibe se pone en el lugar de quien da. Es lo que se quiere decir cuando se habla de la luz que resplandece en todas direcciones. Te encuentras a ti mismo en cualquier parte de este mundo, pues cielo y tierra son tu verdadero yo.

Dicho de manera más concreta: hemos de perder tanto como podamos. No debes tener ningún éxito. Lo mejor es sacrificarte por los demás permaneciendo por completo oculto.
A menudo digo que satori significa perder. Ganar significa extraviarse. Quien tiene éxito en las apuestas o en la lotería, se perderá en la ilusión. ¿Por qué quiere la gente ganar y tener éxito? Si el mundo comprendiera de una vez que esto no es para nada necesario, tendríamos paz en la tierra.
La enseñanza del Buda significa que Buda se sacrifica por los seres que sufren. Fíjate en Sakiamuni. Nació príncipe, pero renunció al trono y se hizo mendigo. También Bodhidharma pasó de príncipe a mendigo. Sólo hallarás el Dharma del Buda allí donde te sacrifiques y pierdas. Donde hay algo que ganar, no hay ningún Dharma.


¹Musō Soseki (1275-1351) fue un monje zen rinzai, maestro, calígrafo, poeta y diseñador de jardines. Fue el maestro zen más famoso de su época. También conocido como Musō Kokushi (“Maestro Zen de la Nación”), un nombre póstumo que le concedió el emperador Go-Daigo. Ver “Diálogos en el sueño”, de Muso Soseki. Colección Textos de la Tradición Zen, Ediciones Miraguano, Madrid.

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