22. ¿Aspiras a llegar a los 80 años? Mejor vive la vida eterna.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Siempre andamos a la greña debido a nuestras ilusiones. Llevamos siempre a cuestas una contradicción que no somos capaces de resolver. Y el menor motivo puede hacer que esta contradicción estalle en nosotros. Esto significa, a fin de cuentas, que no entendemos nuestra vida.
A los trece o catorce años empecé a atormentarme con mis penas personales y a los dieciséis el sufrimiento llegó a su punto álgido: “¿Cómo he de vivir? ¿Debo deshacerme de este cuerpo doliente? No, no es eso”. No me quedó otra que seguir mi camino con este cuerpo del pecado. Este cuerpo podría haberse convertido en un bandido capaz de apuñalar a su propio hermano. En vez de eso, tomé la decisión de dedicarme al zazen. No es ninguna minucia. Esto no representa únicamente un beneficio para mí, sino también para los que me rodean.

Desesperar de la vida humana, dejar de ser humano, convertirse en Buda…, pero no es así de sencillo. Has de practicar como la persona que eres. No se trata de escapar del ciclo de la vida y la muerte. Esta vida y esta muerte son el escenario de tu práctica.
Pero no creas que practicas dentro de la vida y la muerte. Tu propia práctica es tu vida-y-muerte. Y la liberación consiste en la aceptación de esta vida-y-muerte, tal como es. Perderte en este mundo de la ilusión, en esta vida-y-muerte, es tu práctica. Todo lo que forma parte de él es parte de tu práctica, ya sea comer o llevar las cuentas de la casa.
Todo es verdad. En el universo entero no hay nada que no sea la verdad. Todo predica esa verdad, las flores, los seres humanos, la luna, el agua. Si el mundo te parece un valle de lágrimas es porque lo contemplas sin sintonizar su frecuencia.
En el Dharma del Buda no se trata de conocer nada fuera de ti, se trata de conocerte a ti mismo. Si reflexionas en calma sobre ti mismo, comprobarás que no hay ahí ninguna sustancia que aprehender. En esta vida hay momentos en los que tu espíritu es uno con Buda y otros en los que es uno con los espíritus hambrientos, y aún otros en los que se lamenta de sus penas. Por eso es importante que sintonices la frecuencia del Buda. Has de pulir el espíritu que es uno con Buda hasta que resplandezca.

La gente piensa que hay entre ellos algunos que son los “malos”. Es un gran error. Quien es malo no lo es de forma fija e inamovible. Un simple movimiento de la mano puede hacer de ti un ladrón, pero también un ángel. Eso sucede muy rápidamente.
Hacia arriba o hacia abajo, depende de lo que hagas con tu palanca de mando: puedes orientarla hacia los Budas y Patriarcas, pero también puedes matar a alguien y orientarla así al infierno. O te dejas sencillamente llevar por tus impulsos, orientándola así hacia los espíritus hambrientos.
Tu eterna naturaleza de Buda ha tomado en algún momento el camino equivocado y, de repente, te das cuenta de que te falta algo: has caído en el camino de los espíritus hambrientos.
Quieres ganar dinero, quieres llevar una vida regalada, quieres hacer carrera. Eso representa desviarse del camino. En el zen se trata de regresar a tu propio camino. ¡Acuérdate de tu propia naturaleza! Desde ese punto de vista te darás cuenta de que no naciste por ti mismo, ni de que no respiras por ti mismo, y de que tampoco eres tú quien hace que te lata el corazón. “Hago sólo lo que me apetece”. No digas tonterías, los antiguos sabios nos enseñan que el universo no está separado de nosotros mismos.
Tu práctica diaria ha de consistir en ajustar tu actitud vital a la de los Budas y Patriarcas. Si tu orientación se ajusta de verdad a la del Buda, tú mismo serás Buda.
Si aceptas la enseñanza del Buda y con todo tu cuerpo te dejas llevar por los Budas y Patriarcas, tú mismo, tal cual eres, serás un patriarca budista.
Te dedicas afanosamente a tus estudios porque tienes una meta clara ante la vista. Además, te motiva que otros vean tu éxito. Pero tan pronto alcanzas tu meta, te sobreviene de nuevo la melancolía. Aún hay algo que falta. Te reencontrarás con tu auténtico yo cuando rompas con este saco de carne maloliente y seas uno con el universo. Para ello lo que tienes que hacer es sentarte firmemente sobre tu culo. Cuando al fin te des cuenta de que eres uno con el universo y vivas tu vida cotidiana sobre la base de esta experiencia, entonces sentirás alegría, entonces experimentarás tu felicidad.
Permitís que esos sacos de carne jueguen con vosotros. En realidad esos sacos no están separados, sino que penetran libremente todo el universo. La cuestión para nosotros es ahora cómo trasladar esta vida cósmica a la vida diaria.
Poseer el espíritu de la fe significa tener el mismo nombre y la misma edad que Buda, comer la misma comida, tirarse los mismos pedos y vivir la misma vida. Zazen y la profunda reverencia en gasshô son lo que nos une directamente a Buda.
Es una lástima utilizar este cuerpo humano únicamente como tal. ¡Qué desperdicio si mueres con cincuenta, ochenta o cien años! En la Vía del Buda se trata de vivir la vida eterna de un Buda.

Tu cuerpo y tus fuerzas son limitados. En la Vía del Buda se trata de ir más allá de tus límites y consagrarte a lo ilimitado.
Practicar la Vía del Buda significa utilizar este cuerpo no sólo con sus limitaciones, vivir esta vida no sólo en su precariedad. Lo nuestro es la eternidad, no meramente una vida sana que alcance los ochenta años.