23. Cuando tu vida acabe, sanseacabó.

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KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


¿Cómo ha de vivir una persona?. Tú no tienes ni idea. Tu esposa no tiene ni idea. Tus hijos no tienen ni idea. El mundo está lleno de gente que no tiene la menor idea de cómo debe vivir.
“¿No tienes suficiente para vivir? Muérete entonces”. Cuando una vez le dije esto a una persona, puso cara de terror. ¿Vives para trabajar o trabajas para vivir? La mayoría de la gente parece pasar toda la vida preocupándose de procurarse el sustento. De esta manera vives tu vida a la defensiva, combatiendo en una guerra perdida. Cuando vives, vive para tu tarea, y para esta tarea debes también comer.
Como persona también debes pensar en algún momento para qué vives realmente esta vida. ¿Por qué vives? ¿Tienes claro el sentido de esta vida y te alegras de haber nacido como persona?
Vivimos nuestra vida como niños que juegan al escondite: buscar, atrapar y ser atrapado. En nuestra búsqueda nos enredamos más y más en la maleza y, antes de que en medio de ese jaleo consigamos atrapar algo, nos encontramos ya en el ataúd.
Haces distinciones entre lo que te gusta y lo que no te gusta. Persigues lo que te gusta y huyes de lo que no te gusta. Tu ilusión es como el juego del escondite. Vivir sereno e impertérrito equivale a poner fin a ese juego. Incluso en medio del dolor no debes esperar nada mejor. No trates de disminuir el dolor, huir de él o correr tras algo diferente. En eso consiste la auténtica serenidad.
Quien siempre quiere degustar nuevos manjares lo pasa mal cuando éstos le faltan. Hay quien quiere siempre disfrutar de la vida, pero en algún momento ese disfrute se esfumará. Halla la felicidad quien, nacido pobre, pasa por una dura escuela. Él comprende que la escasez no es necesariamente escasez y que la satisfacción no es necesariamente satisfacción. Es la persona corriente la que hace mucho teatro por nada. Constantemente da vueltas en círculo, corre tras lo que le gusta, huye de lo que le disgusta. La mayor felicidad consiste en meterse de lleno en lo que venga.
No hace falta que te pases la vida buscando “paz de espíritu”, como si buscaras un agujero en el que esconderte. Si tu vida diaria consiste en preocuparte, entonces encuentras la paz de espíritu en medio de esas preocupaciones.
Tratar de obtener un satori personal, sólo para ti, es un gran error. Ni siquiera tu cuerpo te pertenece a ti solo. No vives separado de todo. El satori ha de ser una raíz que compartes con el cielo y la tierra. Satori es un cuerpo que compartes con las diez mil cosas. De ahí que todo lo que posees individual y personalmente es una ilusión carente de valor, por valioso que a ti te parezca.
Cuando llueve, llueve. Cuando hace viento, hace viento. ¿Quién sabe si eso es bueno o malo? Lanzas maldiciones. Sí, ¿y qué? Tu punto de partida ha de ser ese “¿y qué?”.
Forcejeamos y nos empeñamos en buscar algo en un mundo en el que no hay nada que encontrar…
Nos revolvemos como si tratáramos de zafarnos de algo y llamamos a esa agitación nuestras “emociones”. Deja de porfiar y hallarás la paz. Si no la encuentras es porque no paras de porfiar.
El mundo de las distinciones no es más que un Fata Morgana. Vivimos en este mundo como quien en sueños monta un gran teatro, sin darse cuenta de que está soñando.
Para la persona corriente no hay ninguna realidad. En medio de la realidad de todas las cosas ve sólo alucinaciones.
En el mundo no hay felicidad ni infelicidad. Es como si en sueños te enamoras o te separas de tu pareja. Cuando despiertas no hay nada de eso. Una figuración.
¿Por qué se presentan precisamente de esa manera los diez mil fenómenos de este mundo? Si te lo preguntas verás que no hay la menor razón. ¿Qué sentido tiene que cada uno de nosotros sea como es? ¡Absolutamente ninguno! Todo es como es, sin sentido ni finalidad.

La vida es la melodía de lo no nacido. No tiene ningún “sentido”. No digas que es “dulce” o “amarga”, “bella” o “ardua”. Lalalí, lalalá. No es tan complicado.
“Mu” no significa “nada”. Significa lo que los humanos no podemos imaginar.
“Del nacimiento hasta la muerte: sólo esto. ¡Esto!”, dijo el maestro Sekito Kisen.
Es irrelevante que te guste o que no te guste. Las cosas son como son. No hay lugar para preferencias. La maleza no se inquieta por nada, simplemente crece.
Igual da que sueñes con el cielo o con el infierno; cuando duermes, duermes. Tu sueño es sólo eso…, un sueño.
Por la noche sueñas de todo. También tienes sueños no aptos para menores. Pero cuando despiertas por la mañana compruebas que no era nada.
¿Quieres llegar a los ochenta? Cuando tu vida se acaba, se acabó. ¡Sí o sí!