24. ¿Por qué has venido al mundo?

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KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando aún era joven insultaba a veces a Amitabha Buda: “Oye tú, ¿no habías prometido no entrar en el nirvana hasta que hubieras liberado a todos los seres que sufren? ¿Es que te has olvidado de mí?”. Pero el error era mío: a los ojos de Amitabha todos somos ya Budas.
Todo ser vivo sufre. Pero a los ojos de Buda no existe el menor motivo para sufrir. Y, a pesar de ello, sufrimos: nosotros provocamos nuestro sufrimiento, esto hace que nos enfademos y, finalmente, nos echemos a llorar.
No hay ningún problema, el camino es sencillo, sin dificultades. ¿A qué se debe que el camino de los adultos parezca tan complicado mientras que para un niño de pecho es tan sencillo? Los adultos son extraños. ¿Por qué no abren simplemente los ojos y miran hacia delante en lugar de contarse mentiras a sí mismos y maldecirlo todo? No hay absolutamente ninguna razón para quejarse: cuando llueve, deja que llueva; cuando arrecia la tormenta, déjala que arrecie.
A ojos del Buda no hay ni un solo ser extraviado. A ojos de una persona corriente, no hay más que ilusión.
La persona corriente se aferra a sus conceptos personales, fijos. Cree saber bien qué es “felicidad” o “satori”. Pero luego se encuentra completamente perdido: “¿Cuál es la verdad última y absoluta?”. Eso no existe. No tienes más que quitarte los anteojos y limpiarte la cera de los oídos para ver, oír y sentir cómo son las cosas realmente. “Verdad absoluta” no es algo que pueda comprenderse intelectualmente. Te encuentras en medio de la verdad, aunque no lo entiendas.
Sin buscar nada, sin aferrarse a nada, sin desechar nada, simplemente actuar de acuerdo con tu naturaleza: ése es el secreto en la esgrima japonesa.
La naturaleza de Buda no es nada especial: todo el mundo la tiene desde el principio, pues cada uno de nosotros cuenta con su propia y verdadera forma.
Todo ser es naturaleza de Buda. La paz de espíritu equivale a saber que hasta al mayor loco le resulta del todo imposible perder la naturaleza de Buda.
Originariamente todo es producto de la gran naturaleza. Por eso podemos decir que todas y cada una de las cosas existen por gracia de la naturaleza. Es esta gracia de la naturaleza la que establece nuestro verdadero ser, nuestra forma de vida propia.
Las montañas son tan poco cicateras como los ríos: se dan por completo recíprocamente, sin la menor conciencia de estar dándose. Eso hace del mundo algo tan bello.
Hacer las necesidades, llevar ropa, comer, el samsara y el nirvana, las cuatro estaciones, el tiempo que hace y cómo cambia: todo son manifestaciones de la resplandeciente luz de Buda. Todos los aspectos de tu vida cotidiana están llenos de esta luz que resplandece en todas direcciones y se manifiesta en todos los fenómenos.
Un budista no se preocupa de si una religión es mejor que otra. El budismo no es una teoría de la religión. El budismo es la realidad cósmica. No podemos convertir esta realidad en objeto de elucubraciones filosóficas.
Mientras no proyectes sobre las cosas tus ilusiones de persona corriente, todo lo que ves con los ojos, lo que oyes con tus oídos, lo que hueles con la nariz, lo que degustas con la lengua es la verdad.
¿Qué podría haber más estúpido que esos tres monos que no ven, no oyen y no hablan? ¡Se ríen de nosotros! ¿Para qué están ahí esos oídos sino para ver? ¿Y para qué tenemos una boca sino para hablar? ¿Para qué nos sirven los ojos si con ellos no vemos? Todo lo que oímos, vemos y decimos ha de ser de provecho.
¿Qué mayor libertad puede haber que la de ver con los ojos, comer con la boca y respirar con la nariz? Nos extraviamos en la ilusión cuando perdemos de vista este hecho.
Cuando aceptas el ciclo de la vida y muerte tal como es, es decir, si no maldices nada y no persigues nada, eso es no-pensamiento.
Cuando al fin se disipe la niebla artificial de tus fantasías, perderás también todos tus conceptos previos y, en ese momento, sin nada de lo que huir ni nada que perseguir, serás simplemente tú mismo. Y verás con claridad lo que con este cuerpo has de hacer y lo que no.
Se dice que este cuerpo, tal como es, es el cuerpo de Buda. Pero el cuerpo de una persona corriente no es, pese a todo, más que una persona corriente. Sólo puede decirse de él que es un Buda cuando la persona corriente se ha olvidado de sí misma por completo.
Estás tan enamorado de ti mismo que te pareces más a un diablo que a un Buda. La enseñanza del Buda ha de jugar contigo como con una marioneta hasta el punto de que no seas capaz de moverte por ti mismo. Sólo entonces podrás decir que este cuerpo, tal cual es, es Buda.
Y entonces “pude realizar el Gran Asunto al que había dedicado toda una vida de estudio”¹.¿Qué falta entonces? Tus ojos están horizontales, tu nariz vertical, ¿dónde está la complicación? Desde el comienzo todo está bien tal como es.
¿Por qué hemos nacido en este mundo? Para resolver el problema de nuestra vida. ¿En que radica la solución de este problema? En que junto a todos los seres vivos tomes la senda del Buda. Hemos de saber que desde el comienzo nada falta: todos posemos la naturaleza del Buda y no es posible que nos desviemos de su senda. Lo que sucede es que nos distraemos continuamente al borde del camino, indecisos, sin saber qué dirección es la correcta.


¹Frase extraída del Shobogenzo Bendowa, del maestro Eihei Dôgen. Traducción inédita de Dokushô Villalba.

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