30. Ya vives en el nirvana, ¿y todavía te preocupas por ganar más dinero?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Te adornas con títulos y distinciones, y ni siquiera sabes quién eres realmente. No sabes a qué azarosas circunstancias debes tu nacimiento y tampoco por qué respiras. Sin darte cuenta te has enamorado de una chica y, de repente, te ves con esposa e hijos y sigues sin saber nada.
No tienes que preocuparte tanto de si eres feliz o no, de si la vida te agrada o no. Incluso de eso que te agrada te hartarás en algún momento, mientras que de pronto puedes empezar a hallar gusto en aquello que no te gustaba. En resumen, todo es vacío.
Todas las cosas existen sólo por interacción kármica, de modo que no hay nada que sea algo por sí mismo.
Nirvana es el mundo en el que el vacío no se muestra más que como vacío. Ahí no hay absolutamente nada. Pero la gente corre frenética persiguiendo o huyendo de algo. Ahí no hay nada que alcanzar ni lugar en el que puedas esconderte.
Vives en medio del nirvana y todavía te preocupas por lo que recibirás a fin de mes.
Tanto en tu conciencia como en tu vida es importante que no te dejes trastornar por pamplinas. Sin embargo, te derrites cuando recibes elogios y te hundes cuando no. Sigues bebiendo cuando tu sed está ya saciada y no sabes cuándo tienes ya suficiente de algo. Dejas que cualquier cosa te tome bajo su control hasta que al final ya no sabes qué hacer con tu vida.

El perro negro le dijo al perro blanco:

– Oye, perro blanco, si los rumores son ciertos, los perros blancos cuando mueran renacerán como humanos. Me gustaría estar en tu lugar: siendo humano podría comer con cuchillo y tenedor y andar sobre dos piernas. ¡Qué bien estaría eso! Pero siendo un perro negro, ¿qué garantía tengo de renacer como humano?

El perro blanco, con voz llorosa, respondió:

– Eso me dicen todos, y también yo creo que la próxima vez renaceré como humano. Sólo una cosa me preocupa….
– Cuál?
– Me pregunto si siendo hombre recibiré suficiente mierda para pasar la canícula.

El mundo de los perros es diferente al de los humanos. El perro que durante la canícula no tiene heces que comer sufre un golpe de calor. Pero ¿qué persona comería heces? A esto se refería Nishiari Zenji [1. Nishiari Bokusan, Nishiari Bokusan Kin’ei (1821-1910). La mayoría de los maestros contemporáneos de la escuela Sôtô se refieren a las enseñanzas de Nishiari Bokusan, una figura importante de la escuela Sôtô premoderna. Este monje representa el arquetipo del “especialista en Shôbôgenzô” (jap. genzôka) que pasa la mayor parte de su vida estudiando textos Zen y, más concretamente, los del maestro Dôgen.
Nacido como Sasamoto Mankichi, Nishiari se hizo monje a la edad de 13 años bajo la dirección del maestro Kinryû en el templo de Chôryû-ji. Recibió el nombre monacal de Kin’ei. Bokusan es el segundo nombre monacal bajo el que generalmente es más conocido. En 1842, recibió la transmisión oficial (jap. dempô) del maestro Zen Ansô Taizen del templo Honnen-ji. Aunque fue nombrado rápidamente jefe de templo, Nishiari se fue al templo de Kaizô-ji para profundizar sus estudios sobre el Shôbôgenzô bajo la dirección del maestro Gettan Zenryû (¿? -1865). Permaneció allí doce años. Su biografía cuenta que se iluminó escuchando al maestro Gettan pronunciar, durante una enseñanza formal, “el saber y la visión no dependen de los conceptos”, una frase del Sûrangama sûtra. Nishiari dirigió numerosos templos: Kasuisai-ji, Shûsan-ji, Hôsen-ji, Hôrin-ji, Honnen-ji, Hôkô-ji, Kôryû-ji y Nyorai-ji. En 1901, fue nombrado decimotercer abad permanente del monasterio de Sôji-ji. En esta ocasión recibió el título imperial de Jikishin Jôkoku Zenji, “Maestro Zen del Reino Puro de la Sinceridad”. En 1902, se convirtió finalmente en superior general (jap. kanchô) de la escuela Sôtô. Ha dejado varios libros de comentarios de textos Zen chinos y de obras de Dôgen, en resumidas cuentas, de ejecución bastante clásica. Tuvo quince sucesores oficiales, entre los que se encuentran Kishizawa Ian (1865-1955) y Yasutani Ryôko (1885-1973)] cuando dijo que tan difícil era hacerle comprender a una persona corriente el Dharma del Buda como despertar en un niño de pecho el interés por la pornografía.
Algunos beben té y comen galletas para consolarse y olvidarse de su vida. Con cada galleta tapan una ilusión, con cada galleta aparece una nueva.
Un caballo nunca se comporta peor que un caballo. Las personas tienen opción de ir más allá de su condición humana; sin embargo, prefieren dejarse arrastrar por sus instintos animales.
Eres mortal. Y pese a ello no te interesa más que el dinero y la buena mesa. Hasta el momento de tu muerte te afanas en acumular todo cuanto sea posible. Ésa es la causa de tus padecimientos.
En vez de creer que el dinero te convierte en alguien especial, piensa en quien está tras la ventanilla en un banco: también por sus manos pasa continuamente dinero.
¿Qué mal aqueja a los seres sufrientes? La locura colectiva. No necesitas tanto dinero para vivir, pero la locura colectiva te hace creer que aún no tienes suficiente. También el afán por hacer carrera es expresión de esta locura colectiva.
Has de ser una persona que no se deje embaucar por nada en la vida. No eres un pez gobio [2. El gobio es un pez de la familia de los ciprínidos que se encuentra en las aguas dulces de Europa. En España parece ser nativo en los ríos Ebro y Bidasoa e introducido en otros] que muerde cualquier anzuelo. Por desgracia, la gente corriente muerde fácilmente los cebos que se le presentan. Por eso en nuestra práctica hemos de estar sobre todo atentos a no dejarnos arrastrar por nada ni nadie.
La gran naturaleza no conoce el nerviosismo, solo las personas se estresan de continuo. ¿Cuál es el origen de esta contradicción? Yo creo que se debe a que sólo las personas se rompen la cabeza pensando por qué son tan desgraciadas y qué tendrían que hacer para ser más felices.
La gente está siempre huyendo. Se ocultan por aquí, se ocultan por allá, siempre a la busca de un mejor escondrijo. ¿Cuándo llega la huida de una persona a su fin? Cuando la meten en el ataúd.
No se trata de huir tan lejos que nuestras penas y preocupaciones no puedan ya alcanzarnos. Tampoco tratamos de perseguir una cosa allá donde haga falta hasta que la consigamos. La cuestión es vivir con este cuerpo, tal como es, bien cimentado en la enseñanza del Buda. La esencia de la enseñanza del Buda es experimentar el nirvana dentro del samsara[3. Samsara es el mundo perecedero, en el que vida y muerte se suceden sin fin.].
Cuando brille el sol, déjalo brillar; cuando nieve, deja que nieve. Has de contemplar el panorama en conjunto, no sólo tu pequeña parcela personal. Pero la gente prefiere fabricarse cosas en lugar de tomar la naturaleza como es.
Tu cuerpo, tal como es, irradia la luz de la verdad. Lo único que se interpone en el camino de esa luz es tu mente y sus maquinaciones. Si olvidas todos tus secretos planes e intenciones y miras a tu alrededor con los ojos y los oídos bien abiertos, sin querer alcanzar nada, advertirás que todo está bien tal como es.
La grulla que despreocupada agita sus alas no habla de “paz de espíritu” y no se lamenta de “penas y preocupaciones”. No vuela tras nada y tampoco delante de nada.
Nada en el mundo tiene verdadera importancia: el dinero no la tiene, tu carrera profesional tampoco, lo que te guste o no es irrelevante. Nada tiene menos interés que lo que a la gente interesa. ¿Catástrofes? No son nada. El propio Ryokaniv[4. Ryokan, también conocido como Daigu Ryōkan fue un monje budista Zen, calígrafo y poeta que vivió en Niigata (Japón) del 1758 al 1831. Descendiente de una familia acomodada, su padre, poeta de cierto renombre, ejercía la jefatura del poblado. El joven Eizo pasó su juventud dedicado al estudio. A los dieciocho años decidió entrar en un monasterio zen. Allí su vida dio un vuelco. Estudió con el famoso maestro Kokusen de la escuela Sotô. El monje budista Ryōkan compuso muchos wakas (poemas) en un estilo naif evadiendo intencionalmente las reglas complejas y el estilo tradicional del waka.
Después de la muerte de su maestro, Ryokan fue reconocido como el único heredero y depositario de la Transmisión. Pero a pesar de haber sido designado como sucesor de Kokusen, eligió dejar el monasterio de su maestro. Pasó los veinte años siguientes en una ermita en la montaña. La llamó Gogo an. En los últimos años conoce a Teishin, una monja zen joven, con la que mantuvo una íntima amistad. En el final de su vida, abandonará Gogo an para instalarse en la residencia de su amigo Kimura Motoemon. El “gran tonto”, ‘daigu’ en japonés, cómo él mismo se llamaba, murió en 1831, a los setenta y dos años.] decía: “En la desgracia has de enfrentarte a la desgracia. Cuando mueras, ¡muere!”. De esta fabulosa manera puedes zafarte de cualquier catástrofe.
Si cierras lo ojos y piensas en lo que has dejado atrás, advertirás que todo es vacío. Observado en este instante, desde la distancia, no era “bueno” ni “malo”.