31. ¿Quieres estar tan cerca de tu maestro iluminado como un piojo en los calzoncillos?

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KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


No te apegues tampoco a tu maestro. Ni siquiera a Buda o al Dharma debes apegarte. Un monje de nombre Mugai lloraba al tener que despedirse de su maestro, Nishiari Zenji. Nishiari le dijo: “¿Quieres estar siempre cerca de mí? Si tan enganchado a mí estás, ¡conviértete en un piojo y métete en mis calzoncillos!”
Los hombres deberían olvidarse del ser-hombre, las mujeres del ser-mujer. Los ricos han de olvidar su riqueza, los pobres su pobreza. Y los monjes su condición de monjes. Sólo cuando de este modo lo olvidas todo aparece el verdadero Dharma.
Es importante contemplar este mundo desde la perspectiva de la muerte. ¿Cómo se ve el mundo desde el ataúd? Mientras vives, sólo ves el mundo de tus ilusiones. Únicamente cuando mueres viene este mundo a la vida auténtica. ¿Por qué es tan difícil comprender lo evidente? Nos dejamos confundir por nuestros hábitos. Cuando te haces monje, empiezas a adquirir “hábitos monacales”, y te dejas engañar por ellos. O por el “espíritu de la época”, o por el “ambiente”. Y empiezas a lamentarte de tu destino y te echas a llorar . Pero ¿en qué estriba tu infelicidad? Fuera de ti mismo no hay nada que pueda definirse como “felicidad” o “infelicidad”.
La vida es un sueño que sueñas con tus esquemas mentales. Cuando dices que te divierte, entonces la vida te divierte. Cuando por el contrario crees que te aflige, entonces te afliges. Y por mucho que puedas estar divirtiéndote, en algún momento llegará el tedio.
Nada en la vida es firme: al acercar la mirada, la felicidad parece infelicidad o la infelicidad felicidad. En realidad no hay ni una cosa ni otra, ni alegría ni pena. Nada ha de ser de una determinada manera; todo está bien tal como viene. Son las personas las que montan todo un teatro alrededor. Es la vida.
Si te pones a analizar la vida en serio, advertirás que eso que llamamos “felicidad” e “infelicidad”, “alegría” y “pena”, “cielo” e “infierno”, “iluminación” e “ilusión” no tienen la menor consistencia. Es como si habláramos en sueños. En realidad, hace tiempo que estábamos ya en las buenas manos de la verdad omnipresente.
La vida es una comedia. Para ti sería mucho más fácil si te dijeras que en esta obra representas el papel del criado. Pero como tomas esta representación teatral por la realidad, no estás conforme con ese papel. Si por el contrario se te adjudica el papel de ministro, entonces sacas pecho. Incluso hay quienes se echan a llorar porque se les ha pasado la hora de la función.
Muchas cosas en la vida no son más que productos del cerebro: conceptos que hemos ido llenando de aderezos. Hemos de volver a nosotros mismos, despertar a nosotros mismos y ver el mundo tal cual es, desnudo, sin nuestras fabricaciones. El Dharma del Buda no significa otra cosa que eso. Hemos de olvidar de una vez todo lo que nos han enseñado, lo que sabemos de oídas. Sin embargo, nos dejamos engañar por el saber que hemos acumulado, por lo que hemos aprendido en la escuela o hemos visto en la televisión.
En realidad no vivimos esta vida más que para pasar el tiempo. Pero cuando lo pensamos dos veces, de repente empezamos a preguntarnos por su sentido. Decimos: “He hecho esto y aquello, ¿qué recompensa recibiré por ello?”. Tratamos así de procurarnos buen karma, pero no hacemos sino contaminarnos a nosotros mismos. Es mejor vivir siempre con desenvoltura, empezando de nuevo en cada momento. El karma comienza en el instante en que no tomas ya las cosas como son. Cuando dejas de ser como exactamente eres, empiezas a adherirte a tu ego. La gente se deja arrastrar por ese karma.
No hay nada que puedas agarrar, nada que sea definitivo. En el momento en que te desprendes de todas las ideas que te has fabricado, ahí comienza el camino.
Hay gente que quiere discutirlo todo con antelación: “Suponiendo que sucediera esto y aquello, ¿qué haríamos entonces?” A esto siempre respondo: “No hay problema, ¡al final morimos!”. Romperte la cabeza sobre lo que harías en tal caso o en el otro no es sino fabricarte preocupaciones. Los verdaderos problemas te llegan por sí solos.
La vida es como una guerra: estás constantemente procurando tener a tus enemigos bajo el fuego. Zazen significa hacer callar las armas. ¡Alto el fuego!
No vemos con claridad porque nos dejamos engañar por los hábitos de nuestros ojos, oídos y nariz. Nuestra mente ha de estar tan limpia como una hoja en blanco. El mundo se nos ofrece fresco y lozano cuando lo contemplamos desde el ilimitado y limpio cielo del zazen.
Si tienes ante la vista siquiera una pequeña esquina de lo inconmensurable, todos tus juicios de valor de persona corriente se desvanecerán en el aire. Había uno que por sus crímenes de guerra hubo de pasar tres años en prisión: luego se vio por vez primera como un hombre desnudo, al que todas sus condecoraciones y distinciones ya no le aportaban nada.
Fe significa ser iluminado por el yo inconmensurable que está totalmente unido al Buda. Este es el yo que tú no eres, el yo que no puedes pensar.

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