47. No has pagado nada por nacer, ¿y encima quieres que se te devuelva el dinero?

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KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


“Practicamos zazen con el objetivo de tener el satori, ¿no es verdad?” ¡Qué tontería! ¿Hasta por el zazen quieres recibir una propina? Al menos zazen deberías hacerlo con naturalidad y sin objetivo alguno.
Cuando alguien me pregunta para qué sirve zazen yo respondo que no sirve para nada. Ante lo cual la gente dice: “Si no sirve para nada, mejor lo dejo”. La cuestión es ¿qué hay que sirva para nada?
Lo que parece una “ventaja” no lo es en realidad. La ventaja de la enseñanza del Buda consiste en que no hay ninguna ventaja. Llevo más de tres meses seguidos de un lado para otro haciendo lo que no reporta nada. En mi camino de una sesshin a la siguiente parece que voy a desfallecer de agotamiento. Ésta no es precisamente una de las “ventajas” que la gente siempre espera.
Todas las demás religiones ofrecen recompensas. Sólo la nuestra no ofrece ninguna. Tiene gracia: predicamos lo que sólo alguien sin méritos puede predicar. Las personas de mérito llaman a esto “pagano”.
Visitar un templo budista, invocar el nombre de Buda o sentarse en zazen, nada de ello reporta nada. Toda nuestra vida no reporta nada al fin y al cabo. ¿Qué puede haber más ruin que una persona que ante todo lo que hace siempre pregunta qué va a ganar con ello?
Hemos de evitar buscar el aplauso por lo que no merece ningún aplauso. Cuando era joven hacía siempre lo posible por ganarme la admiración de la gente superficial. Cuando hoy pienso en ello me empiezan a sudar los sobacos. Hemos de cuidarnos de la admiración de nuestros congéneres.
Lo que la gente elogia no tiene ningún valor. La vida en las montañas: ninguna persona te elogiará por ello.
Sólo en el mundo humano puede hacerse carrera. Qué estúpido es tratar de reunir de nuevo, una tras otra, todas las cosas a las que se ha renunciado con la ordenación monástica. ¿Qué excusas presentaría a los ancestros un sacerdote de 73 años que con su cabeza rapada y su kesa trata de hacer carrera como la gente mundana?
¿Qué puede ser más errado que tratar de hacer carrera como monje budista? ¡Un monje se caracteriza precisamente por que no hace ninguna carrera!

Cuando un monje lo abandona todo y lleva una vida sencilla, ya no hay para él ninguna otra cosa especial que practicar. Tampoco es necesario dar limosna a los pobres: si llevas una vida que es digna de compasión incluso para los pobres, esa vida tiene más mérito que ninguna otra práctica. Y, a la inversa, no es bueno acumular dinero y hartarse de exquisiteces que te conviertan en la envidia de los pobres. Creo que había una razón profunda en el hecho de que Sakiamuni renunciara al trono.
Si estiras el cuello para sobresalir por encima de los demás, correrás también tras el dinero y te esforzarás por alcanzar un puesto importante. Religión significa inclinar la cabeza en gassho. En la inclinación de cabeza se realiza la auténtica vida.
He vivido toda la vida como un parásito, pero, en realidad, ¿qué quiere decir esto? En cualquier caso, no hay absolutamente nada que me pertenezca a mí o a ti. Nada nos pertenece y precisamente por eso hemos de tratarlo todo con el mayor respeto. Vivir como un parásito significa tener respeto y consideración por todas y cada una de las cosas.
Yo no albergo la menor esperanza. Me pidan lo que me pidan, hago lo que mandan; me eche la gente de comer lo que me eche, lo acepto sin más. No me importa lo más mínimo de qué se trate.
La gente vive en sus fantasías. Primero se fabrican una idea, luego la agarran con fuerza y empiezan a pelearse por ella, entrando todo a formar parte del gran teatro. Una persona como yo, que vive en paz, no trata de llegar a cualquier precio a un pesebre en el que, de todos modos, no hay nada que comer. No trato de alcanzar nada inalcanzable. No lloro cuando tengo mala suerte y tampoco me vuelvo loco cuando la suerte me sonríe. Siempre he mantenido la serenidad.
Una vez bajé con un montacargas a una gruta de varios cientos de metros de profundidad. Aunque el montacargas descendía a un ritmo constante, al cabo de un rato me dio la impresión de que íbamos hacia arriba. Esta ilusión se parece a la que experimentamos cuando creemos haber encontrado un “chollo”.
Siempre tratas de ganar algo. No has pagado nada por nacer, ¿y encima quieres ahora que se te devuelva el dinero?
Todo lo que hacemos es gratuito. Todo lo que recibimos es gratuito. La lluvia cae gratuitamente, el sol brilla gratuitamente. El sol no nos pasa ninguna factura por su “energía solar”. ¿Cuál es el problema de que no podamos llevarnos nada a la tumba? La cuenta está saldada, ¡listo, punto final!
¿Qué tiene de grave si al final mueres en la cuneta como un perro callejero? He vivido toda mi vida con el propósito de acabar diñándola como un chucho callejero. He malgastado toda mi vida en zazen.
Todos tratan de añadirle algo a la vida humana. Ahí está su error.
Qué sorpresa se llevará la gente cuando compruebe que al final nada sirve para nada. Reconocerán su error de golpe, como un mudo que le echa el diente a un fruto amargo1].

  1. El hecho de ser mudo no tiene que ver tanto con la sorpresa por el error cometido como con el hecho de que no podemos compartir esa sorpresa con nadie. “Todo duerme”, dijo el príncipe Sakiamuni al abandonar el palacio. Era como un mudo que había despertado a su pena, sin que pudiera compartir su conocimiento con nadie. [Nota del traductor alemán, el venerable sacerdote zen Muhô, abad del templo Antaiji, en Japón.
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