49. ¿El diablo se ha apoderado de ti? ¡Arrebátale el botín!

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


La última estación de tu vida, allí donde no hay ya continuación: ése es el punto en la enseñanza del Buda.
No entenderás las cosas hasta que no vayas hasta el final y observes tu vida desde la más alta cumbre: para comprender verdaderamente el mundo necesitas la fuerza necesaria para colocarte en la perspectiva de la nada.
Dices: “Esto soy yo y eso es una montaña”. Al separarlas de esta manera, no puedes comprender de verdad las cosas. De pequeño se te enseñó que eso es una “montaña” y aquello un “río”. Pero ¿qué eran antes de que tú nacieras? ¿Y qué serán tras tu muerte? La Vía del Buda es la vía que precede a tu nacimiento y continúa tras tu muerte. En esta vía no hay divisiones: todo en el cielo y sobre la tierra está indisolublemente unido, ahí sólo estás tú, en cuanto eres uno con el universo. O podría también decirse que sólo está el universo, con todos sus ríos y montañas. Esto no quiere decir que tratemos de hacer de la diversidad una unidad. Originariamente sólo hay una realidad, la cual se encuentra más allá de nuestras construcciones mentales.
Estar libre de pensamientos significa que acoges en ti lo ilimitado.
Tu práctica ha de ser la práctica de todo el universo. En la práctica debes darlo todo de ti, pero esto no significa que trates de hacer de ti un santo o que dejes de ser una persona corriente. Mientras no dejes de aferrar o desechar alguna cosa, tu práctica no será universal. No aferrar ni desechar nada significa permitir que la luz caiga directamente sobre ti. Esto es práctica y esto significa sentarse sin más: ser iluminado por la luz cósmica en todas direcciones.
La vida te ha llevado a un callejón sin salida y no sabes cómo salir. Te has decidido a apostarlo todo a la última carta: “Quiero seguir la Vía del Buda”. Se te abre ahí finalmente un rayo de esperanza: ves la luz de tu auténtico yo, al que nada puede colocar entre la espada y la pared.

“Arriba y abajo, siempre dando vueltas mi yoyó.
Ahora quiero morir, ésta será mi tumba.[1. Parece ser que estos versos fueron el epitafio de Tegurama-Ô, que literalmente significa “el viejo de los yoyós”. Tegurama-Ô vendía yoyós a los niños en las calles de Kioto y Osaka a comienzos del S. XVIII. Un día se sentó en el bordillo de la calle, escribió las palabras antes citadas en una tabla de madera mortuoria y murió. La tabla de madera mortuoria (sotoba, en jap.) está esculpida con símbolos de los cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y vacío.]

Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, el universo de tierra, agua, fuego, viento y vacío existe sólo aquí y ahora, y tú debes vivir tu vida empleando todas tus fuerzas en este momento, que es a la vez la vida eterna.
Nuestra práctica es como la siega del arroz: si no pones en ello toda tu atención puedes acabar cortándote una mano. Pero si lo agarras por la raíz con decisión y presencia de ánimo, no es tan complicado. Cuanto más da de sí una persona, más formal parece.
Deja de lloriquear. Vive en el presente, en este día, en este momento. ¿Qué otra opción tienes sino esmerarte aquí y ahora?
¿No es extraño que la gente quiera siempre ahorrar fuerzas? A alguien como yo, sin ningún talento particular, que tampoco es especialmente inteligente y que no tiene ni padres ni dinero, no le queda otra que darlo todo de sí. En ese sentido he tenido suerte en esta vida, pues ¿qué mayor suerte puede haber que encontrarse en circunstancias que le obligan a uno a darlo todo de sí?
La Vía del Buda representa el samadhi del simple hacer. ¿No está claro que eso no tiene nada que ver con la fatigosa tarea de buscar atribulado la verdad en los libros?
Los ocho volúmenes del Sutra del Loto, los seiscientos volúmenes del Sutra de la Sabiduría y el Sutra del Nirvana, todos se desarrollaron a partir del zazen del Buda Sakiamuni. Esos sutras son las notas a pie de nuestro zazen, nuestro zazen es la manifestación concreta de los sutras.

Todos estos años has ido de compras con tus sentimientos hasta estrellarte, tenías celos y has repartido golpes a diestro y siniestro. Ahora simplemente siéntate aquí. Ya has vagado sin rumbo durante demasiado tiempo antes de llegar a este momento. La búsqueda desesperada ha acabado al fin: ahí se halla la paz y la serenidad que nos regala zazen.
No tengo más deseos que poder raparme la cabeza, llevar el kesa y practicar zazen durante toda mi vida. Pues tampoco Dogen Zenji hizo nada distinto. A esta vida se refiere cuando dice que “se resuelve el gran asunto de toda una vida de práctica”[2. Expresión extraída del capítulo Bendowa del Shôbôgenzô de Dôgen Zenji.]. Esta es la mayor felicidad que puede existir. Si la experimentas, estarás lleno de agradecimiento de haber nacido persona y de haber entrado en contacto con la enseñanza del Buda.
Seguir la Vía hasta el final significa que al diablo, que se había apoderado de ti, le arrebatas de nuevo el botín.