50. Epílogo. Kodo Sawaki Roshi: su vida y su espíritu, por Kushiya Shusoku

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KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Epílogo

Kodo Sawaki Roshi: su vida y su espíritu
por Kushiya Shusoku

Las palabras de Kodo Sawaki son como un viento que sopla hacia nosotros desde el Zen. Nos trae el aire que necesitamos para respirar. A veces nos llega, en nuestro dolor, como una suave y fresca brisa que reconforta nuestro corazón. A veces, también, como una tormenta con rayos y truenos que cae sobre nosotros. Entonces parece que el universo entero se ha vuelto contra nosotros para despertarnos de nuestras ilusiones con un ruido atronador. Y cuando ese impetuoso viento se lleva nuestro viejo yo, si levantamos la vista hacia el cielo parece que la tormenta ha cesado hace tiempo y la clara luz de zazen se derrama plácidamente sobre nosotros.

Kodo Sawaki nació en 1880 en el barrio Shinto de la ciudad de Tsu (en la prefectura Mie). Era el sexto hijo de Tada Sotaro (el resto de los hermanos murieron siendo niños, a excepción de dos hermanas y un hermano mayores que él). Recibió el nombre de Saikichi y se dice que era un golfillo maleducado. Su madre, Shige, murió repentinamente cuando Sawaki tenía cuatro años y su padre cuando tenía siete. Al principio se fue a vivir con una tía, pero cuando seis meses más tarde su marido murió, fue adoptado por un amigo de la familia que oficialmente se dedicaba a la venta de farolillos, aunque en realidad se ganaba la vida con el juego. Se llamaba Sawaki Bunkichi y vivía en el barrio Isshinden de la misma ciudad. Era un barrio de burdeles, en el que los vendedores de los puestos ambulantes buscaban clientes mientras timadores y carteristas hacían su trabajo. Se concentraba allí el lumpen de la sociedad. Cuando Sawaki ingresó en la escuela primera, a los ocho años, ya trabajaba como ojeador en las casas de juego o vigilaba el calzado a la entrada. Con doce años, al terminar la enseñanza básica, empezó a ayudar con la venta de farolillos, alimentando de ese modo a sus padres adoptivos, que casi nunca trabajaban.

Un día fue testigo de la muerte de un hombre de más 50 años, en el burdel de la esquina. Murió repentinamente después de haber estado con una prostituta tan joven que podía ser su nieta. Por primera vez, sintió en lo más hondo de sí la fugacidad de la vida. Entonces empezó a albergar el deseo de seguir la Vía del Buda.

En el mismo lugar, justo al lado, vivía la familia del artesano Morita. Aunque vivían de manera muy sencilla, era gente con educación y de buenas costumbres. Sawaki visitaba a menudo al hijo mayor, Chiaki, que le introdujo en las obras principales de la Historia y Filosofía antiguas china y japonesa. Así aprendió que en el mundo hay cosas más valiosas que los títulos, el dinero o los placeres sensuales. Parece, por tanto, que el espíritu de búsqueda de Sawaki tiene su germen en las costumbres de los Morita.

Pero la contradicción entre su espíritu buscador de la Vía y la realidad de su vida diaria le llevó a marcharse de casa a los quince años. Se escapó de la casa de sus padres adoptivos y se marchó a casa de un amigo en Osaka, pero pronto lo trajeron de vuelta a casa. Al año siguiente tuvo más éxito en su huida a Eiheiji. Su equipaje consistía en un farolillo de Odawara, tres kilos de arroz y 27 monedas (sen). Su peregrinaje hasta Eiheiji, en la prefectura Fukui, duró cuatro días y cuatro noches en los que se alimentó con el arroz crudo que llevaba consigo y unas habas que había comprado. Eiheiji no quería admitirlo como monje: ¡Vuélvete a casa!, le dijeron. Pero despúes de permanecer dos días a la entrada, sin comer ni beber, finalmente fue admitido como ayudante en el taller. Nada podría haberle hecho más feliz.

En el verano, en la época Obon, ayudó en Ryuunji, el templo de uno de los monjes destacados (el ino) de Eiheiji. Un día, cuando una vez terminado el trabajo en el templo le dejaron el resto del día libre, decidió retirarse a una estancia para practicar zazen él solo. De repente, abrió la puerta una mujer mayor que habitualmente lo trataba como chico de los recados. Sorprendida, se inclinó ante el joven Sawaki con tanta reverencia como si fuera el Buda en persona. Así se hizo consciente el futuro Sawaki Roshi de la dignidad del zazen y decidió practicarlo durante el resto de su vida.

De hecho, puede decirse que toda la vida de Sawaki consistió en el deseo de vivir para zazen. Todo lo que hizo más adelante se fundamenta en esta profunda fe en zazen. Finalmente se cumplió su deseo de ser monje y fue ordenado por Sawada Koho, el abad de Soshinji, en el lejano Kyushu. Con 17 años recibió el nombre de Kodo, el 8 de diciembre, el día de la iluminación de Buda. A los 19 años, como unsui (monje errante), entró en Entsuji, en Tanba, donde participó en una ceremonia de ordenación para laicos en la que conoció a un discípulo de Nishiari Bokusan: Fueoka Ryoun Roshi. Fueoka sentía gran aprecio por Sawaki. También a Sawaki le atraía el carácter puro de Fueoka y le siguió a su templo: primero a Hosenji, en Kyoto, y luego al Hosenji de Kalegawa [el nombre de los dos templos se pronuncia igual, pero los signos de escritura son distintos], hasta que con 20 años ingresó en el ejército. En ese corto espacio de tiempo conoció el Gakudoyojinshu, el Eiheishingi y el Zazenyojinki-funogo, lo que reafirmó la fe de Sawaki en shikantaza.

En febrero de 1900 comenzó a servir en el ejército y tres años más tarde, justo al final del servicio, estalló la guerra ruso-japonesa y fue inmediatamente incorporado a filas. Debido a una herida que casi le cuesta la vida permaneció liberado del servicio durante un corto espacio de tiempo, pero pronto volvió al frente, donde luchó hasta el final de la guerra, en 1906.

Ese mismo año ingresó en la Escuela de Estudios Budistas –en el barrio Isshinden en el que una vez vivió–, centro que pertenecía a la corriente Takada de la escuela Jodo-Shin. Dos años después se pasó al seminario del Horyuji, en Nara, donde estudió día y noche la filosofía Yogacara bajo la dirección del abad Saeki Join Sojo. Allí conoció a una monja que dominaba el arte de coser el nyoho-e (un hábito monacal confeccionado según la auténtica doctrina) a la manera de Jiun Sonja. Esto animó a Sawaki a empezar el estudio del nyoho-e.

Una vez adquirió una visión general de la doctrina budista abandonó el seminario y, en diciembre de 1912, con 22 años, se mudó al templo Yosenji, en la ciudad de Matsusaka, donde desempeñó el cargo de tanto (supervisor de los monjes). Allí, también bajo la dirección de Oka Sotan Roshi, a quien se considera el primer discípulo de Nishiari Bokusan Zenji, empezó a estudiar a fondo la doctrina de la escuela Soto. Con 24 años regresó a Ikaruga y vivió más de dos años en el templo Jofukuji, donde se dedicó en cuerpo y alma, totalmente por su cuenta, a la práctica de zazen.

En 1916, con 36 años, Oka Sotano Roshi le ofreció un puesto de instructor de los monjes en el Daijiji, en Higo. Allí encontró al fin amigos que querían seguir el mismo camino que él. Es ahí donde desarrolló y perfeccionó su propio estilo de enseñar el Zen. Ocasión para ello le dio tener que vérselas con los desvergonzados estudiantes del instituto de bachillerato de Kumamoto, que le hicieron librarse de la pátina de clericalismo adquirida con el tiempo y le obligaron a expresar su religión con nuevas y estimulantes palabras.

Tras la muerte de Oka Roshi, en 1922, Sawaki Roshi abandonó el templo Daijiji y se mudó a una casa de alquiler en la que instaló un dojo al que dio el nombre de Daitetsudo («Sala del Gran Paso»). Pasado medio año se fue a vivir a la montaña Mannich de Kumamoto. Allí entró en contacto con personalidades del círculo de las artes marciales japonesas. Durante trece años, hasta la edad de 55, vivió solo en la montaña Mannich, desde donde comenzó a viajar por todo Japón para enseñar zazen y dar conferencias siempre que se lo pedían. De esta manera difundió la práctica de shikantaza (sentarse sin más) por el mundo. En abril de 1935 fue nombrado profesor de la Universidad de Komazawa, y en diciembre del mismo año también godo (monje responsable de la sala de meditación y del mantenimiento de la disciplina), en Sojiji, uno de los dos templos principales de la escuela Soto. A partir de entonces Sawaki comenzó a desarrollar su tarea sin preocuparse de su vida ni de su salud, como una enorme rueda en movimiento que ya no se puede detener. Su actividad no se reducía a la que desarrollaba en la Universidad y en Sojiji, sino que organizaba también continuos nuevos encuentros de zazen por todo Japón, además de asistir a los grupos ya existentes, por lo que se encontraba continuamente de viaje. Lo daba todo de sí con el propósito de que nos preguntáramos por el camino que llevamos y mostrarnos el suyo propio, sentarse con nosotros en zazen e insuflarnos de este modo nuevo aliento para la práctica siempre nueva del shikantaza.

A Sawaki Roshi siempre se le encontraba allí donde podía darlo todo de sí. Cada día, en cada instante, vivía su vida de forma completamente nueva. Y esta vida le exigía todas las fuerzas de su cuerpo y de su alma. En las sesshin (semanas de práctica intensiva), por la mañana era el primero en sentarse en el zafu, y hasta avanzada la noche su presencia era tan intensa que era capaz de atemorizar a los participantes. La atmósfera era siempre tensa y a veces parecía como si un potente trueno hiciera temblar todo el edificio.

En 1940 inauguró un dojo en Daichuji, en la prefectura de Tochigi, lo que no impidió que continuara organizando nuevos encuentros Zen por todo Japón, actividad que nunca abandonó. En 1946 fue nombrado abad del monasterio de Daitoin, en Shizuoka, y a la vez director del monasterio de monjas Myozetsuan, en Kioto. A pesar de ello, nunca tuvo un templo propio en el que vivir, nunca se casó ni fundó una organización propia. Junto con sus discípulos estaba siempre de viaje, por lo que a su sangha la llamaban “la sangha viajera”. Toda su vida era como un sueño de zazen: sin sentido, sin provecho. Su vida estaba consagrada a este tipo de zazen. En aquella época, incluso entre los budistas, “Zen” no significaba otra cosa que el Zen de los koan de la escuela Rinzai, en el que se trataba de alcanzar el satori por medio de la meditación sedente. Sawaki Roshi fue quien impulsó el renacimiento del puro zazen al estilo shikantaza.

El camino de Sawaki Roshi discurrió siempre con firmeza hacia delante, pero en 1963, con ochenta y tres años, sus piernas perdieron fuerza y se vio obligado a dejar de viajar. Se retiró a Antaiji, donde continuó regularmente con sus encuentros zen.

“¡Qué buen tiempo hace hoy! ¿Cómo es que nos hemos ganado este tiempo, sin haber tenido que pagar ni un céntimo?”
“¿Qué he hecho para merecer ser tan feliz? Sería una lástima guardarme toda esta felicidad para mí solo!”.

Después de haberse retirado de sus múltiples responsabilidades, finalmente encontró tiempo para este tipo de oraciones privadas. Murió en Antaiji a la edad de ochenta y cinco años, rodeado de los suyos, el 21 de diciembre de 1965.

El aspecto externo de Sawaki Roshi era el de un maestro Zen tal como nos lo imaginamos. El carisma de su persona, su comportamiento en la vida cotidiana, la desconsideración completa hacia sí mismo y la atención hacia los demás, todo ello provocaba una honda impresión en aquellos que tuvieron la fortuna de conocerle personalmente. Quien se encontraba con Sawaki tenía la impresión de éste le dedicaba toda su atención y de que sólo a él le pertenecía el corazón del roshi. Por eso Uchiyama Roshi decía de Sawaki que era “un gigante que se mantiene abierto en todas las direcciones”.

Por otra parte, parecía también que en el interior de Sawaki Roshi se escondía un pícaro maleducado que hacía de las suyas y cuyas ilusiones eran más grandes que las de cualquier otra persona corriente. Y probablemente ésta era la razón de su gran severidad consigo mismo y con los demás y de que su vida hubiera estado marcada por una dinámica tan impetuosa: la mirada del granuja desvergonzado que había en el fondo de Sawaki Roshi conocía bien nuestras mezquinas ilusiones de persona corriente. Sawaki debió de albergar con gusto a este granuja que se escondía en su interior. Cuando le muestra cálidamente el camino al pequeño Saikichi, también a nosotros nos tiende una mano salvadora.

Al mismo tiempo, Sawaki Roshi sacaba a la luz la verdad que moraba en él. Sus palabras, que eran expresión de su búsqueda de la Vía, no estaban nunca fijadas de antemano. Se mantienen siempre en movimiento, como si quisieran escudriñar las profundidades de esta tierra. Debemos recibir estas palabras con todo nuestro corazón tanto como con todo nuestro cuerpo, deben tener eco en nuestra vida. Y si labramos de esta manera el campo de nuestra vida, llegará finalmente el momento en que encontremos en nosotros las palabras de nuestra propia verdad y tengamos que darles expresión.

A muchos les puede parecer que Sawaki Roshi repite siempre lo mismo; lo que leen lo han leído ya una y mil veces. Es así porque sus palabras son como un sutra de nuestra época. Llenos de repeticiones están también los antiguos sutras y de la misma manera las montañas y los ríos, las plantas y los árboles predican, de nuevo cada día, el mismo eterno sutra. Por eso debemos leer todas y cada una de las palabras de Sawaki como si en ellas nos encontráramos a nosotros mismos por primera vez. Si escuchamos la palabra de la verdad, con distinta forma, una y otra vez, eso hará que más pronto o más tarde, sin siquiera darnos cuenta, algo se despierte en nosotros.

Las palabras de Sawaki Roshi surgen de la práctica del zazen. Son zazen en carne y hueso. Sawaki no sólo predicó estas palabras de verdad, también las vivió. Su vida empezaba por “za” y acababa en “zen”. Sus palabras nos dan fuerza para disolver nuestras ilusiones sentándonos. Nos llevan a zazen. Al zazen que siempre estuvo presente en Sawaki como el motor de su vida, como su deseo y su voto; sencillamente, como el fundamento de su existencia.

El texto que presentamos aquí como “El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos” constituye la segunda parte de la obra “A ti”1, compuesta por las notas tomadas por Uchiyama Roshi, recogidas en vida de su maestro, Sawaki Roshi, a partir de sus orientaciones y enseñanzas orales. Esta segunda parte se compone de extractos tomados de toda su obra que escogí porque resonaban en mi corazón. En este libro los he ordenado de tal manera que se comuniquen entre sí, arrojando luz unos sobre otros. En algunos pocos casos he hecho un pequeño añadido, cuando de ese modo sus palabras adquirían más vida, o he juntado pasajes que antes aparecían por separado. También he cambiado expresiones que hoy en día resultarían discriminatorias. Naturalmente, el conjunto de lo dicho por Sawaki es mucho más amplio; no obstante, estoy convencido de que en cada una de las citas que componen este libro está contenido Sawaki Roshi en su totalidad.

Sawaki no escribió ningún libro. Esta recopilación ha sido posible gracias al esfuerzo de muchas personas que estenografiaron y pasaron a limpio sus charlas, así como a quienes las editaron y publicaron. Quiero dar también las gracias por su trabajo a mi maestro Uchiyama Kosho Roshi, a Sakai Tokugen Roshi y al señor Tanaka Yoneki.

Espero que este libro sirva de impulso al lector para que reflexione sobre su propia vida, y quizás incluso le motive a sentarse en zazen. Si así fuera, nadie se alegraría tanto como el propio Sawaki Roshi: si vivís vuestra vida desde zazen, Sawaki Roshi vivirá con vosotros.


Kodo Sawaki  ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de «Kodo sin morada» ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Dharma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokio.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Yokoyama Sodo Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga y revisada y anotada por Dokushô Villalba.

  1. En japonés, Zen ni kike (Daihorinkaku, 1986); en alemán, An Dich (Angkor Verlag, 2002).
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