3. Una margarita es una margarita es una margarita

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


¿Quieres ser tan feliz como los demás? ¿Dices “me gustaría ser como tú”? Tu felicidad no se parece a la felicidad de ninguna otra persona. Has de descubrir tu felicidad por ti mismo.

Rodin dijo una vez que cada ser humano es artífice de su fortuna. Cada uno encuentra la felicidad a su propia manera. Cada uno afina su felicidad, cada uno la construye. Es importante que no pierdas de vista tu propia felicidad.

No importa cuál sea tu destino: es TU destino. Cada uno de nosotros ha de vivir su propio destino, en todo momento, en todo lugar. Ahí nadie puede ayudarnos.

Yo no tengo ninguna naturaleza de Buda”. “De mí nunca se hará un Buda. Buda y yo somos tan diferentes como el sol y la luna…” Pensar así es una ofensa a los tres tesoros: Buda, Dharma y Sangha. Es una blasfemia contra ti mismo. “No soy más que un pobre gorrino, una persona extraviada…” ¿Te das pena de ti mismo? Para tratarse de un pobre gorrino te das demasiada importancia.

Cada uno cumple con su tarea en su propio lugar, sin deshonrarse a sí mismo. Los pies firmes sobre el suelo. Esto significa samadhi: el Sí Mismo que no tiene parangón en el cielo y en la tierra. Sólo tú puedes llevar a cabo esa tarea. No hay otro mundo más que el tuyo propio. Tu yo es el mundo.

Todos parecen creer que la gente puede dividirse en clases y categorías. Pero no es así: yo soy yo. Cada uno de nosotros responde por completo de sí mismo. Esto significa ser Buda. Si observas el mundo dejando a un lado las relaciones interpersonales no hay ya “mejor” ni “peor”. Un patito feo es un Buda en cuanto patito feo, una belleza es Buda en cuanto belleza. Uno es bueno, el otro es bueno.

Cuando todos aplauden, tú también aplaudes; cuando todos ríen, tú también ríes. Sólo cuando llegues al final de todo dejarás de hacerlo y, con ambos pies firmes sobre el suelo, despertarás a la verdad: yo soy yo.

Convertirse en Buda significa buscar la perfección en uno mismo. Cada uno ha de volverse hacia sí mismo: el señor presidente tiene que ser un presidente perfecto; el simple empleado, un simple empleado perfecto.

Anda tu camino solo, como el cuerno del unicornio”. La soledad tiene un sentido profundo. Significa que tú no te comparas con nadie.

Como el cangrejo que bajo el agua va expulsando burbujas, de igual manera nunca encuentra reposo la mente humana. Especialmente cuando uno está solo y no tiene nada que hacer, la mente empieza a “borbotear”. ¿Por qué no puede una persona preocuparse únicamente de sí misma? Porque necesita constantemente la aprobación de los demás; si no recibe la aprobación de los demás, pierde la confianza en sí misma y piensa que no sirve para nada. Por eso es tan difícil hacerse uno consigo mismo. Solo cuando tu fe sea firme y tu vista aguda conseguirás sentarte totalmente solo en zazen. De esta manera realizarás la verdad, como el solitario cangrejo que, satisfecho, va expulsando burbujas.

Es fácil engañar a tu padre, a tu mujer o a tu hijo, pero ¿cómo quieres ocultarte de ti mismo? Más profundo que el más profundo de los valles es el Sí Mismo no puede esconderse de sí mismo. Mantente firmemente asido en tu propio mundo, en el que nadie puede mirar.

Las Mujeres al Asalto del Cielo por Agnes Callamard

En el curso de los últimos decenios, la emancipación femenina ha conocido algunos avances. Pero estamos muy lejos de la verdad, sobre todo en los países del Sur.

Ocho años después de la Conferencia internacional de las mujeres de Pekín de 1995, dos años y medio después de la sesión especial de la Asamblea general de las Naciones Unidas sobre la puesta en marcha del plan de acción de esta conferencia, las razones para alegrarse son bien escasas. Se han registrado algunos avances, como las medidas para asegurar la igualdad política y la participación de las mujeres en las decisiones, o en las reformas de las disposiciones discriminatorias en los códigos civiles o penales.

Pero, además del hecho de que estos avances siguen siendo desiguales y ampliamente limitados al estado de buenas intenciones, también han ido acompañados de una creciente marginalización económica de la mayoría de las mujeres y de la persistencia de la violencia con respecto a ellas. En numerosos casos, el principio de igualdad cívica, la idea de la paridad han hecho su camino. Diversos Estados han emprendido o bien reformas legales y eliminado ciertas medidas discriminatorias en el código de la familia o penal, o bien empezado un debate sobre estas reformas.

Que el terreno de la igualdad se haya convertido en objeto de una mayor atención y de medidas positivas no es en sí nada sorprendente. Esto refleja la evolución general que ha caracterizado el respeto por los derechos humanos después del fin de la segunda guerra mundial. Y en particular, el interés privilegiado admitido en los derechos políticos y cívicos en detrimento de otros derechos, económicos, sociales o culturales. Sin embargo, en este desequilibrio, las mujeres han sacado, progresivamente y casi en todas partes, el derecho de voto y el de ser reconocidas en los textos como ciudadanas de pleno derecho.

Pero, al igual que las minorías étnicas o religiosas por ejemplo, ellas no se hubieran beneficiado tanto de esta evolución si no hubiera habido otros cambios, en particular el hecho de tener en cuenta diferencias en la definición y la puesta en marcha de los derechos políticos y cívicos. En el curso de esta segunda etapa, que debe mucho al movimiento de los derechos cívicos de los Estados Unidos y al de los intocables en la India, los movimientos sociales y ciertos gobiernos se han concentrado en el impacto que el “género” o la pertenencia étnica puede tener sobre la capacidad de las ciudadanas y los ciudadanos de gozar realmente de sus derechos y de participar en la vida democrática. Tal como lo explica el filósofo Jürgen Habermas, “ los derechos pueden dar a las mujeres el poder de forjar sus vidas únicamente si estos les permiten también una participación igual en la autodeterminación cívica, porque sólo las mismas mujeres pueden decidir aspectos pertinentes que definen la igualdad y la desigualdad en un ámbito dado ”.

Los principios de igualdad política y cívica nacidos de este paso están fundados en la idea de participación sin discriminación, pero también en la de una representación igual o paritaria. Paralelamente, o en consecuencia, la igualdad en este ámbito ya no ha sido considerada como el resultado mecánico o una función de la igualdad económica, sino como un lugar casi autónomo de reivindicaciones y una necesidad en sí. A este cambio de actitud de numerosas organizaciones de mujeres se ha añadido un cálculo pragmático: lo político y lo jurídico ofrecen más posibilidades de reformas que la economía. Sin embargo, incluso en este sector, el balance global está lejos de ser positivo. La lectura de los informes de Amnistía Internacional confirma la persistencia de las violaciones de los derechos políticos y cívicos de las mujeres como de los hombres, o las que sufren específicamente las mujeres.

Por otra parte, a pesar de la importancia atribuida a la igualdad política y al funcionamiento democrático, a pesar del trabajo continuo de los grupos de mujeres para hacer que esta igualdad se conjugue también en lo femenino, la participación y la representación de las mujeres en el seno de las instancias de poder siguen siendo débiles. Así, al 42,7% de mujeres en el seno del parlamento sueco y al 30% en Mozambique y en África, se opone el 18% del Reino Unido, el 12% en Francia, y el 8,7% en Grecia…

Las razones de este estado de hecho varían, claro está, de un lugar a otro. El informe de síntesis de las Naciones Unidas y numerosos informes gubernamentales desarrollados en el cuadro de la conferencia “Pekín más cinco” acentúan la persistencia de una ideología patriarcal, caracterizando, entre otros, la división del trabajo doméstico: la igualdad estaría parada porque las mujeres tienen hijos, los educan y cocinan… Uno se pregunta si los países escandinavos están al borde de una extinción demográfica… Uno también se pregunta si en la mayoría de países existe una voluntad política real para superar estos obstáculos y para asegurar tanto en los textos como en los hechos el principio de igualdad política y cívica.

Podemos citar, entre tantos otros ejemplos, el del gobierno americano que no siempre a ratificado la Convención contra toda forma de discriminación con respecto a las mujeres, y el del Parlamento kuwaití que ha rechazado acordar el derecho de voto a las mujeres. Esta igualdad también ha sido ridiculizada en Jordania, cuando el Parlamento ha votado por segunda vez contra una enmienda del artículo 340 del código penal que reduce la pena impuesta a un homicida acusado de un “crimen de honor”. Paralelamente, y en el ámbito económico y social, el informe de las Naciones Unidas ha establecido que la globalización (entendida como desregulación y liberalización de los mercados financieros y del trabajo) ha acentuado las desigualdades a escala nacional e internacional: “ Crecientes desigualdades en las situaciones económicas entre y en el interior de los países, añadidas a una dependencia económica progresiva de los Estados con relación a factores exteriores han obstaculizado su capacidad de asegurar una protección social y la puesta en marcha del programa de acción; la creciente feminización de la pobreza mina los esfuerzos por asegurar una mayor igualdad entre los sexos .”

Así, la globalización ha tenido un impacto negativo sobre las funciones reproductivas de las mujeres, provocado en gran parte por la disminución de los presupuestos nacionales atribuidos a la salud y/o por la privatización de los servicios médicos. Ésta también se ha traducido en varios ámbitos, sobre todo en los sectores de mano de obra femenina, por una disminución de los costes salariales y de la seguridad social. Según cifras de la Confederación internacional de los sindicados libres (CISL), durante la crisis asiática de 1998, el 80% de los dos millones de personas que perdieron su empleo en Tailandia fueron mujeres. El informe provisional de las Naciones Unidas también deja entrever que las prácticas ligadas a la globalización se han apoyado en una ideología patriarcal que existía anteriormente pero que la globalización ha sabido integrar, si no la ha reforzado.

Así, tres de los fenómenos ligados a la globalización – la multiplicación de los “ sweat shops ” (talleres de subcontratación), empleos a tiempo parcial y las más precarias formas de trabajo – afectan ante todo a las mujeres, sobre todo a las del Sur e inmigradas: la globalización ha sabido incorporar y utilizar una división del trabajo y un sistema de valores que se basa, entre otros, en la devaluación de las funciones ocupadas por las mujeres.

Los informes nacionales y el informe de síntesis atribuyen el fracaso de los gobiernos en la puesta en marcha del programa de acción de Pekín a su incapacidad, resultante de la misma globalización. Desde luego, no se puede ignorar la influencia del contexto socio-económico global cuyo dominio escapa con frecuencia a los Estados a los que incumbe precisamente la tarea de hacer aplicar los derechos humanos, en general, económicos y sociales, en particular.

Pero también es necesario subrayar que el fracaso de los gobiernos en este ámbito no es nuevo y que los factores políticos, en primer lugar la guerra fría y la polarización ideológica, los han confinado durante largo tiempo a la marginalización. Nada sería, por lo tanto, más desmovilizador que subordinar el respeto de los derechos humanos de las mujeres (como de los hombres) al fin o a la auto-destrucción de la globalización. La historia de la humanidad demuestra que no existen circunstancias político-económicas perfectas para su realización. Desde ahora hay iniciativas posibles, que pueden articularse alrededor de dos grandes polos: la reafirmación de las obligaciones internacionales de los Estados y de su rol político; una mejor definición y conocimiento de las responsabilidades y obligaciones de los contribuyentes privados de servicios ejerciendo actividades con fines lucrativos y no lucrativos; y en particular, la elaboración detallada de las obligaciones internacionales de las grandes sociedades y de las instituciones financieras internacionales en materia de derechos humanos.

El segundo polo es objeto de una creciente pero reciente atención. Se trata en primer lugar de conocer mejor las incidencias de la progresiva participación de los actores del sector privado en la puesta en marcha de los derechos de las mujeres y chicas jóvenes, y de reconocer que los actores, bien se trate de empresas o de organizaciones no gubernamentales, tienen responsabilidades.

Así el Comité de los derechos económicos, sociales y culturales menciona específicamente las responsabilidades del sector privado, señalando en particular, en el parágrafo 42, que “ sólo los Estados pueden integrar el Pacto y por lo tanto asumir a fin de cuentas la responsabilidad de respetarlo, pero todos los miembros de la sociedad – los particulares (de los cuales los profesionales de la salud), las familias, las comunidades locales, las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, las organizaciones representativas de la sociedad civil y el sector de las empresas privadas – tienen una parte de responsabilidad en la realización del derecho a la salud ”.

Definir mejor estas responsabilidades se revela particularmente urgente en el momento que estos actores ejercen sus actividades en países extranjeros o en países en que las estructuras estatales son inexistentes o están en crisis.

Las agencias humanitarias, en particular, tienen plena conciencia del reto. Éstas han buscado, a lo largo de los años, poner en marcha códigos de conducta y mecanismos para incrementar la responsabilidad y la eficacia de las intervenciones directas de los individuos y comunidades afectadas por conflictos y otras catástrofes. Todavía queda mucho por hacer para reforzar los mecanismos de supervisión y control. Así, el 27 de febrero de 2002, se publicó un informe que descubría la explotación y la violencia sexual contra las jóvenes en Liberia, en Guinea y en Sierra Leone. Empleados de ONGs y de agencias de las Naciones Unidas habrían abusado regularmente de las jóvenes menores de 18 años, utilizando como medio de presión los bienes y servicios humanitarios destinados a la asistencia de los refugiados.

En lo referente a las grandes sociedades, no sólo se trata de reforzar las prácticas existentes y todavía muy insuficientes de auto-regulación, sino de conseguir que las multinacionales y las instituciones financieras tengan obligaciones legales y que puedan ser responsabilizadas de las violaciones que acompañan sus actividades económicas o financieras. Éstas deben sobre todo asegurarse de que las políticas o las actividades que pongan en marcha no violen (directa o indirectamente) los derechos humanos.

Por otra parte, y a pesar del discurso hegemónico internacional, hay que defender la acción política de los gobiernos. Si la globalización puede explicar ciertos aspectos de la evolución de la situación de las mujeres en el mundo, en particular en los países menos desarrollados, no explica todo, y seguramente no la dimisión política de ciertos gobiernos, sobre todo en el ámbito de la lucha contra la discriminación. Ésta no explica, por ejemplo, la ausencia de ratificación universal de la Convención contra toda forma de discriminación con respecto a las mujeres y de su protocolo adicional, que permitirá a las mujeres y a las organizaciones no gubernamentales denunciar a un Estado que viole sus obligaciones definidas por la Convención. Ésta no explica por qué sólo ciertos Estados han legislado contra las medidas o prácticas discriminatorias concernientes al derecho de las mujeres a la propiedad, al acceso a la tierra, o al crédito. Ésta tampoco explica por qué la zanja que separa el salario de una mujer escandinava de un hombre alcanza el 17%, siendo el doble en el Reino Unido.

Un análisis de los informes acordados en el marco de la conferencia de balance de Pekín descubre un margen de maniobra política, incluso en ámbitos tan sometidos a las influencias exteriores como el mercado y la protección laboral, y un espacio de acciones políticas que los Estados eligen o no de utilizar. En numerosos casos, no ha habido otra cosa que una abdicación por parte de los Estados de sus responsabilidades. Esta dimisión es flagrante en el ámbito de la violencia.

El derecho de las mujeres a la vida y a la integridad física ha sido liquidado en aras de los temas “importantes” que preocupan a los gobiernos. Ninguna otra violación o injusticia ha sido objeto de tan poca atención y acción. Y un silencio ensordecedor envuelve los miedos y dolores de las mujeres y jóvenes violentadas. Amnistía Internacional aporta cotidianamente pruebas de esta violencia, bien sea en prisión, durante les conflictos armados, en el marco del tráfico de seres humanos o en el seno de la familia o de la comunidad.

Se han registrado algunos “avances” a lo largo de estos últimos cinco años. Se han reformado códigos penales para reprimir más duramente la violencia llevada a cabo por los cónyuges, el proxenetismo, el tráfico de mujeres. Se han lanzado campañas internacionales de sensibilización contra las mutilaciones genitales. Los textos y la jurisprudencia en materia de derechos humanos han evolucionado. El Tribunal penal internacional para la ex-Yugoslavia y Rwanda han emitido actas de acusación basadas en la designación de la violación como una tortura y un elemento constitutivo de una política de genocidio. Gracias al trabajo sostenido del Gender Caucus, el estatuto de la Corte penal internacional, adoptado en Roma en julio de 1998, ha integrado la violencia sexual y en primer lugar la violación en la definición de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Pero estos cambios, por muy necesarios y positivos que sean, no bastan para responder a las cuestiones cruciales puestas, a escala planetaria, sobre la utilización de la violencia sexual como arma de guerra, sobre las brutalidades cotidianas cuyas víctimas son las mujeres, sobre la impunidad de los culpables. La ausencia de campaña de sensibilización sobre la violencia conyugal es como mínimo inquietante. En el Viejo Continente, la petición del Parlamento europeo de declarar un “año europeo contra la violencia hacia las mujeres” no ha sido conseguida, mientras que a la campaña de sensibilización del público a la violencia doméstica, singularmente, le faltó impacto. Por otra parte, la comunidad internacional rechaza en todo momento reconocer la persecución “sexo-específica” como una base legítima para la determinación del estatuto de refugiados, excepto en raras ocasiones.

La persistencia de estas barbaries va acompañada (o se explica) en numerosos casos de una especie de fatalismo o de tolerancia. Así como la división del trabajo entre los sexos es percibida como “natural”, las violencias ligadas al sexo son descritas o percibidas como un estado de hecho inmutable, refractario a todo cambio profundo y que no compromete la responsabilidad internacional de los Estados. No hay nada de eso.

Las obligaciones internacionales de los Estados están fundadas, entre otras cosas, sobre el reconocimiento de que éstas pueden ser consideradas responsables de los abusos que se producen en el ámbito privado. El derecho internacional ligado a los derechos humanos nació en el siglo XIX con los tratados referentes a la trata de esclavos y por lo tanto poniendo la mira en los “particulares”, los Estados suscritos a la obligación de prohibir ciertas de sus artimañas – en este caso, el hecho de poseer esclavos y participar en la trata de esclavos.

Los Estados no sólo deben respetar los derechos de las mujeres, sino también protegerlas y asegurar que todas ellas se puedan beneficiar de sus derechos. Esto necesita diversos tipos de intervenciones, incluidas, pero no exclusivamente, la prevención de los abusos, la protección y el apoyo a las víctimas (apoyo legal, moral, financiero, médico necesario, y en los casos más duros, una protección cercana), la realización sistemática de encuestas sobre los abusos, la persecución de los presuntos autores, juzgar y castigar, y acordar compensaciones financieras con las víctimas, y un acceso a los servicios y a las curas requeridas. Esto requiere la implicación de numerosas instituciones (policía, justicia, sanidad, educación) y medios de comunicación, una reforma del código penal y una formación “ sexo-específica ” para los servicios de policía – en algunas regiones francesas muy urbanizadas, la violencia conyugal representa más de la mitad de las llamadas de urgencia – o para los de la justicia.

Nada puede justificar la persistencia de las discriminaciones y de las brutalidades realizadas contra las mujeres, y la abdicación de las responsabilidades de los Estados no puede ser tolerada. Combatir el sistema de opresión, de discriminación y de persecución basado en el sexo cuesta dinero. Pero esto exige ante todo una voluntad, y ésta parece faltar mucho más que los presupuestos.

Después de varios decenios de investigación en este ámbito, los gobiernos no pueden contentarse con justificaciones. ¿Las mujeres están prácticamente ausentes en los parlamentos, en las reuniones interministeriales, en las conversaciones sobre la paz, en las mesas redondas de reconstrucción? Ah, es porque sus ocupaciones familiares y domésticas las han retenido… Pero entonces ¿dónde han estado los gobernantes los últimos cincuenta años para, de pronto, descubrir que las funciones productivas de las mujeres deben ser tenidas en cuenta? ¿O para preguntarse todavía sobre las causas profundas de la violencia ejercida sobre la mujer? ¿Pasaremos el siglo XXI repitiendo lo que nuestros “ancestros” del siglo XX (y otros muchos antes) ya habían demostrado?

Extraído del suplemento bimestral “Manières de Voir” – “Femmes Rebelles” (abril-mayo 2003) de LE MONDE diplomatique

(*) Agnes Callamard es Directora del Humanitarian Accountability Project, Ginebra

Entrevista a Mar López, Instructora de Meditación Zen.

 

 

Mar López

54 años

Responsable del Dojo Zen de Zaragoza

Discípula desde enero de 1995

 

 

  1. ¿Cómo es la práctica en tu centro de Zaragoza?

El centro de práctica de la Asociación Zen de Zaragoza se fundó en junio de 1995, y desde entonces abre sus puertas varios días por semana; en algunas épocas tres veces a la semana y en otras casi todos los días. Actualmente hacemos zazen dos días a la semana más un sábado al mes, aunque a partir de enero aumentará la práctica de los sábados. Tenemos también jornadas intensivas de zazen e introducciones a la meditación zen para los que desean iniciarse. Realizamos varias conferencias anuales, así como jornadas de introducción al zen en régimen de retiro.

Más allá de esto, podemos decir que la cualidad más sobresaliente de la práctica en el dojo de Zaragoza es la sobriedad y la perseverancia.

  1. Además de responsable del dojo ¿tienes alguna otra responsabilidad relacionada con la Comunidad? ¿Cuál?

A lo largo de los años he estado en diferentes responsabilidades en la Comunidad. Actualmente participo, sin cargo concreto, en el Consejo General de la CBSZ, y también colaborando en el Consejo Amarillo con tareas propias de instructora zen, así como en el Consejo Blanco como profesora del Programa de Estudios Budistas.

  1. Cuéntanos algo sobre tu acercamiento al Zen. ¿Cómo fue? ¿Qué te atrajo en un primer momento? ¿Cómo fue la experiencia en tu primer retiro?

Mi primer contacto con el zen fue en 1985, a los 25 años, en los servicios WC del Corte Inglés. Acababa de morir mi madre después de 5 años en el hospital en estado de vegetativo, y aquella tarde me rebelé y decidí no ir a la oficina (eran mis primeros pasos en el mundo laboral) porque había algo en la vida “normal” que, definitivamente, no cuadraba con las vivencias interiores que había experimentado en el hospital durante los años que acompañaba a mi madre. Me fuí a la librería del Corte Inglés y, sin saber lo que buscaba, tomé en mis manos el libro de Taisen Deshimaru “Preguntas a un maestro zen”. Empecé a leer, y, a pesar de no entender a qué se refería cuando hablaba de zazen, sentí que lo que leía era una expresión de intuiciones vividas por mí en el hospital, lo que ¡me sorprendió tanto!… Así que pagué el libro, y sin poder esperar me fui a los servicios del centro comercial. Me senté en el suelo y ahí mismo lo terminé; casi me quedo sin poder salir, porque ya estaban cerrando cuando lo acabé.

Sin embargo, habrían de pasar varios años de vida de empresa, también de práctica de yoga, y una importante crisis laboral, para que me llegase el momento de acudir a un retiro dirigido por el maestro Dokushô en Zaragoza, en 1994. Ahí se paró mi mundo de las afueras, y por primera vez me sentí tocada profundamente en el núcleo de mí misma.

Cómo explicar en pocas palabras el sentimiento de urgencia tan inapelable que anegó mi conciencia. ¡Lo que había vivido en el hospital tenía un sentido después de todo! Quiero decir que había brújula, sextante y timón para navegar el océano inconmensurable de la experiencia de vivir y morir; pero esto no lo vi porque me lo contara el maestro Dokushô, sino porque había algo en su mirada que yo sólo había visto en la mirada de mi madre cuando moría: una cualidad de profundidad, de belleza y de bondad delicadisimas, de inteligencia más allá de los conocimientos, una irradiación desapasionada y al mismo tiempo tan viva. Era una cualidad auténtica, “tal cual”, sin necesidad de palabras (aunque estuviera hablando), y se manifestaba en sus enseñanzas sobre la naturaleza de nuestra Mente, de nuestro espíritu. Yo lo recibí como si esa mirada inefable que vi en mi madre se estuviera describiendo a sí misma en las palabras del maestro Dokushô, a través de sus enseñanzas.

Esa primera sesión de enseñanzas las recibí casi en estado de shock por la impresión. Mientras, mis piernas estaban tan doloridas por las sentadas en meditación…, e incluso mi cuerpo reaccionaba con una lipotimia, pero estaba ¡tan feliz!

Ahí empezó una nueva vida para mí, por lo que sólo puedo estar inmensamente agradecida. Seguí con mis cosas, con mi vida de siempre, pero todo había cambiado. Por fin me sentía en un universo mucho más amplio, donde investigar, profundizar en mí misma, antes de que la enfermedad y la muerte se me lleven inapelablemente.

  1. La práctica para ti habrá cambiado bastante. ¿De qué manera? ¿Qué dirías que te aporta un retiro hoy en día?

Actualmente zazen es dedicarme al amor por lo que soy y lo que es, y cada vez es menos complicado. Sencillamente me siento y escucho atentamente a 360 grados. Un retiro es una oportunidad de darme y de recibirme, compartiendo juntos en la abundancia que somos, gracias a la lucidez y a la serenidad que reunimos entre todos, cada uno desde su función, en el momento presente.

  1. Como instructora habrás dado ya muchos consejos sobre la práctica. ¿Cuál crees que es el más importante para un principiante? ¿Y para alguien con experiencia?

El consejo más importante es que reconozca conscientemente cuál, y cómo es, su aspiración a sentarse y a sentirse en el silencio y la quietud; que cuide ese deseo de interiorización, y lo sostenga cuidando atentamente la postura, la respiración, y su actitud.

Para alguien con más experiencia, el consejo es el mismo, aunque esta mente de principiante cada vez requiere más finura de atención, porque la tendencia al autoengaño es tremenda. Por ello es imprescindible confiar en tu maestro sin perder de vista ni un segundo la propia Aspiración-Realización.

  1. Además de ser instructora zen, tienes toda una vida personal, como es lógico. ¿Qué nos puedes contar de ella? ¿De qué manera crees que la práctica del zen interactúa con tu vida en un sentido amplio?

Actualmente dirijo una fundación, también el centro de práctica en Zaragoza, y cuido de mi padre anciano, al tiempo que viajo a Luz Serena y a otras ciudades con motivo de las actividades de la Fundación Vivir un Buen Morir. Y todo ello lo vivo de forma integrada, aunque sea difícil cuadrar agendas. Me siento internamente como de vacaciones, si lo comparo con otras épocas.

Puedo decir que a lo largo de estos años, de una manera lenta pero inexorable, mi vida personal se ha ido transformando en una expresión de mi compromiso con mi corazón sentado en zazen. Lo que parecía impensable cuando era una empresaria dedicada a sacar adelante el negocio familiar, la vida en pareja, los innumerables intereses personales en todas las direcciones del narcisismo… se ha ido transformando de forma que me siento más yo que nunca, aunque ello no signifique que eso sea más fácil, pero sí más verdadero.

Y ello ha sido posible porque la práctica me ha sostenido en los tremendos y difíciles momentos personales de pérdida, dándoles sentido y oportunidad de gestionarlos de acuerdo al Dharma del Buda, con mayor o menor acierto. Desde el principio, y ello sigue siendo válido ahora, si no más, he necesitado del compromiso con el dojo, el maestro y la comunidad, para sostener mi propia práctica; si no es muy fácil que las corrientes submarinas te lleven a otras aguas.

Reconozco, y es necesario decirlo también, que llevar una vida personal, familiar, laboral y social, al tiempo que una práctica en el centro urbano y en retiros eventuales a lo largo del año, de acuerdo al compromiso con el maestro y la comunidad, requiere de una fuerza interior y una perseverancia considerables, que solamente puede venir de atender el latido inexcusable de nuestra naturaleza de Buda.

  1. Uno de los puntos centrales del Zen es la transmisión maestro-discípulo. ¿Cómo la reflejarías en tu experiencia personal?

Como he dicho antes, la relación de confianza con el maestro es fundamental para salir de la autorreferencia narcisista cada vez más mimetizada en la práctica espiritual. Gracias al maestro uno tiene la oportunidad de ver la Naturaleza de Buda, más allá del apego y del rechazo, más allá de los momentos de devoción pura, o de rechazo visceral.

Esta confianza en el maestro no depende de éste, sino de la calidad espiritual del discípulo. Es, según la siento yo, más bien una adhesión incondicional al propósito de ir más allá de la afirmación personal frente a los demás, y así aprender a sostenerse sólo en lo que hay de Real en una misma.

Es decir, es saber perder conscientemente.

En este sentido, como discípula he tenido tantas oportunidades de desconfiar en el maestro Dokushô como de confiar, justamente las mismas. En cada ocasión lo que me ha hecho perseverar es el contraste, por un lado, de lo que me decía la mente personal, y por otro  la intuición de lo difícil que es encontrar un buen maestro que aúne la facultad de confrontar  con una genuina y sincera Aspiración al bien de todos los seres, incluida yo.

El koan con el maestro es discernir entre la sumisión-rebelión (que siempre viene del psiquismo infantil) de la entrega, que es la maduración espiritual. ¡Y ahí andamos!

16. El zen no es algo espiritual. El zen se practica con el cuerpo.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Un empresario que tenía que conseguir una gran suma de dinero escuchó una de mis charlas y llegó a la siguiente conclusión: “Lo que puedo, puedo; lo que no, no. Sencillamente haré con mi cuerpo lo que pueda, sin crearme preocupaciones innecesarias en la cabeza”.

Algunos monjes dicen: “En mi corazón llevo la cabeza afeitada” y dejan que les crezca el pelo. ¿En qué están pensando? Sólo cuando te afeitas la cabeza puedes saber cómo se siente uno con la cabeza afeitada. Sólo si te pones un chándal sabrás cómo se siente uno con un chándal. Por eso yo prefiero llevar el kesa.

El satori no se produce en tu cabeza. El satori se experimenta con el cuerpo. Significa colocarse en la postura del Buda. Lo que se llama ‘espiritual’ hay que disfrutarlo con precaución. La práctica del zen ha de comenzar en el cuerpo.

Practicar significa llevar una vida religiosa.

La mente se expresa en el cuerpo, o mejor dicho, en la actitud ante la vida.

Los sutras no son más que el agua que al principio has verter en la bomba para ponerla en marcha. Cuando practicas con tu propio cuerpo, tu actitud vital actúa como una bomba que hace brotar el agua de la verdad eterna.

Dar significa no exigir. No me refiero sólo al dinero o a los bienes materiales. Tampoco debemos anhelar el satori o alcanzar el paraíso. Ni tener miedo al infierno. Se trata de vivir nuestra vida cotidiana como expresión del dar. Tenemos que experimentar lo que ‘no sirve para nada’. Entonces dejaremos también de estar pendientes de nuestra vida y nuestro verdadero yo se manifestará, libre y soberano, en nuestra actitud vital.

La Vía no se expresa en la comprensión intelectual: nuestra actitud vital y nuestro carácter son la Vía.

Zen es tu vida cotidiana. Cuando vas al retrete, has de redescubrir tu vida en el retrete. Cuando te metes en la bañera, en la bañera has de retomar una vida religiosa. En zazen se trata de reactivar tu vida de nuevo, constantemente, con renovado aliento.

Satori no significa adquirir nuevos conceptos. Satori significa crear la propia vida de nuevo. Significa vivir nuevamente la vida eterna en cada instante.

Si te quejas de que hace frío, te parecerá que hace todavía más frío del que realmente hace. Mejor permanece en silencio. Cuando hablamos de algo nos dejamos engañar por las palabras.

Un profesor de judo dijo: “En mi escuela se trata de estar siempre fluyendo. Si por ejemplo tu adversario te tiene agarrado por la muñeca derecha, es demasiado tarde para que te preocupes por tu mano derecha. Estar fluyendo significa ahí abrir una nueva vía con la mano izquierda. Lo primero que debes aprender cuando empiezas a practicar judo es a estar fluyendo. Ahora tengo ochenta años y aún sigo ejercitándome en el fluir”. ‘Estar fluyendo’ de esta manera significa crear constantemente de nuevo la propia vida. No permanecer en ninguna parte, no mantenerse quieto, no aferrarse a nada. Quien no crea así su propia vida de nuevo, constantemente, se estancará en su vida cotidiana.

Si no te aferras a ti mismo, la vida en el mundo no es tan complicada. Si todo te parece tan complicado y problemático es sólo porque te aferras a ti mismo. Crees que la luna está triste o feliz porque la observas desde tu punto de vista personal. ¡Obsérvate mejor a ti mismo desde el punto de vista de la luna!

No hay razón para que estés tan hundido. Si pierdes, eso significa que tu adversario gana. A los ojos de Buda tan bueno es lo uno como lo otro.

Te mantienes atado a tus ilusiones. De esta manera te encadenas a ti mismo. Para salir de ese atolladero has de contemplar el universo en su conjunto, sin aferrarte a ningún detalle. Tampoco las ilusiones se dejan atrapar. Tú eres tú, yo soy yo. Lo que para la cabeza es felicidad no lo es para los pies. Si contemplas el universo en su conjunto, las ideas pertinaces en la que se fundan tus ilusiones se disolverán por sí solas.

15. Sobre la felicidad y la satisfacción.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


El Dharma del Buda es eterno e ilimitado, ¿cómo podría encajar en el estrecho marco de la felicidad y de la satisfacción?

Como seres humanos que somos, tenemos conocimientos y satoris. Pero si no vamos más allá de lo que lo que las personas poseen, entonces nuestro satori es sólo nuestro, una propiedad personal. Lo que no es más que propiedad personal tuya no es nada al fin y al cabo.

¿Dices que sujeto y objeto son uno y llamas a eso tu satori? ¿Hablas de abandono y crees haber hallado de esta manera tu serenidad? Ése es un error muy extendido.

Dices querer deshacerte de tu ego. ¿No estarás en realidad intentando igualar a Buda? ¿A un Buda que te has creado conforme a tu propia idea?

¿Dices que la doctrina de Buda es difícil de entender? ¿Por qué te resulta tan difícil? Porque tratas de comprenderla privadamente, dentro de tu pequeño cráneo. ¡Si simplemente dejaras de hacerlo, no habría ningún problema!

A fin de cuentas, la doctrina de Buda gira únicamente en torno a la cuestión de cómo deshacernos de nosotros mismos. No obstante yo siempre he pensado que la práctica me haría evolucionar como imaginaba, y así practiqué con el mayor esmero durante años sin que mi problema se viera resuelto. El verdadero problema eres tú mismo, pero este problema no lo comprenderás hasta el final.

¿Te crees contento? ¡Eso es sólo un sueño! Deja de soñar y haz sin reservas lo que no contenta: zazen. Sigue con paso firme el camino en el que no hay nada que ganar. Serás así ‘una persona en camino hacia la iluminación’.

Paz de espíritu’ o ‘satori’ no son nada fijo: si crees haber comprendido el ‘verdadero dharma’ cometes un gran error.

Cuantos más libros leemos, más nos aferramos a nuestras ideas: “Esto es hinayana, esto es mahayana, o mejor dicho…”. Pero con cada nueva idea compleja vamos perdiendo el auténtico sabor de la realidad. Por eso hemos de comprender de una vez que nuestros juegos conceptuales no nos llevan a ningún lado. Entonces podremos desmontar de nuevo esta amalgama de conceptos y contemplar el mundo sin adornos ni artificios. Si nos liberamos de la telaraña de conceptos en que nos hemos enredado, nuestra presión sanguínea se reducirá y enfrentaremos las situaciones de la vida con un espíritu fresco. Por eso digo siempre: ¡eh, fuera con vosotros!

Constantemente nos trabamos con algo. Si nos atenemos a las reglas, nuestra conciencia se atasca en ellas: “¿No veis como me atengo a las reglas?”. O decimos cosas como: “Nadie entiende correctamente este aspecto de la doctrina de Buda, excepto yo”. No debemos volvernos tan histéricos.

Por bueno que sea lo que haces, si te atascas en ello no vale nada: ¡olvida tu satori, olvida tus buenas obras!

Lo determinante no es tu inteligencia. Eso no tiene nada que ver con la enseñanza de Buda. El Dharma no es otra cosa que tu forma original. Por eso es importante que dejes de engañarte a ti mismo y a los demás y que, en vez de eso, regreses a tu auténtico yo.

La vacuidad significa originariamente eso que no encaja en el estrecho marco de tus deseos y pensamientos. Nada transcurre como esperas.

¿Por qué está la gente tan estresada? Porque están siempre muy ocupados tratando de conseguir algo más.

Permiten que su ego juegue con ellos. Todas las ideas que este ego nos susurra son ilusiones.

Te llevas a engaño si buscas un camino para ti, algo personal. Échate de lleno al camino. Si lo abandonas todo por la Vía, no quedará de ti otra cosa que la propia Vía: eso es satori.

El satori no es algo que vaya a satisfacerte a ti personalmente: satori significa que el universo entero está unido sin suturas. El satori ha de tener el mismo efecto en ti que en los demás. Mientras gire sólo en torno a ti mismo, no tendrá nada que ver con la Vía del Buda.

Oka Sotan Roshii decía:

¿Cómo dices? ¿Me pides una solución para ti al gran problema de la vida y de la muerte? ¿Y a quién le importa tu vida y tu muerte? ¡Tú no cuentas para nada! ¡Ja, ja, ja…!

Hacerse monje significa decir adiós a los deseos y esperanzas humanas. Significa sustituir esos deseos y esperanzas por algo totalmente diferente.

No hagas del zazen una actividad más de persona corriente. Haz más bien que la persona corriente que hay en ti sea parte del zazen. Con el zazen no debes hacer absolutamente nada.

La solución al problema de la vida y de la muerte la conocerás cuando te disuelvas en la práctica de la vía del Buda. Vivir tu vida de este modo no significa otra cosa que ‘desprenderte del cuerpo y de la mente’.


i Oka Sotan fue un célebre maestro Soto Zen japonés de principios del siglo XX. En 1923 fundó el monasterio Antaiji, dedicado al estudio del Shobogenzo. Fue uno de los maestros de Kodo Sawaki, quien años más tarde sería abad de dicho monasterio.

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