45. No debes tomarte el budismo demasiado al pie de la letra.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando practicamos shikantaza no debemos apoyarnos en los conocimientos que hemos acumulado. No obstante, es importante que entendamos correctamente el significado y el sentido de shikan [simplemente]. Antes de poder leer el Shôbôgenzô, tienes que conocer la filosofía Yogaçara1. Si alguien inexperto lee el Shôbôgenzô sin estar familiarizado con la filosofía Yogaçara será como quien comercia con arroz sin disponer de una balanza o de algún otro aparato de medición.
Cuando era joven, el estudio del budismo me dio no pocos dolores de cabeza. Me parecía tan complicado porque lo entendía como un nutricionista entiende el arte de cocinar: si queremos analizar con precisión científica cuánta sal y vitaminas contiene un plato, cuántas calorías, cómo hay que prepararlo para que las vitaminas no se pierdan etc., no hacemos sino crearnos dificultades. Si hoy en día el budismo se marchita es porque mucha gente lo contempla bajo la perspectiva del análisis nutricional sin nunca haber comido de él. A mí, día sí, día también, me basta su simple sabor. No me interesa la cáscara inerte del conocimiento.
En Japón los artesanos tienen a chicos de nueve o diez años de edad como ayudantes o recaderos. Cuando llegan a los quince o dieciséis años se les pone al fin una herramienta en la mano. No se les explica nada más, pero si no saben qué hacer con la herramienta se les dice: “¡Eh, tú! ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde has tenido puesta la vista hasta hoy?”. Lo mismo sucede en un templo zen. Ahí no se habla mucho de budismo. Se practica.
Dedicarse a la práctica es algo diferente a reflexionar sobre la práctica. Hablo por ejemplo a menudo de los rasgos faciales porque me interesa la fisonomía. Considero que la forma es de gran importancia. Creo que la forma del gasshô2, del sampai3 y del zazen ya fue transmitida de uno a otro por los Budas anteriores a Sakiamuni. Dedicarse a la práctica significa entregarse por completo a esa forma.
“Cuando la forma es correcta, también lo es el contenido”. En una postura y actitud correctas se expresa una actitud de espíritu correcta. Por eso es necesario que revisemos a la luz de la práctica de zazen nuestra actitud ante una vida que cambia día a día, afinando nuestra actitud vital desde la mañana hasta la noche.
Un monje necesita adoptar la actitud vital de un monje, un profesor la de un profesor. No debes flaquear en ningún momento. Forja tu propia actitud al estar en pie, al andar, al sentarte, al acostarte. No te pierdas nunca de vista.
La teoría no cuenta. Quizá se dejan encandilar por el koan4, pero en la escuela zen Rinzai los monjes se sientan de hecho en el cojín al menos por espacio de veinte o treinta años. Esta vida no hace concesiones al mundo humano, no hacen componendas con la sociedad humana. La práctica de estos monjes es muy profesional. Comparados con ellos, los seguidores de la escuela Soto me parecen comediantes de tres al cuarto: las enseñanzas de la escuela Soto no calan en ellos.
Si a los budistas de hoy en día les quitas su historia, arqueología y filología, y luego los sacudes como es debido, comprobarás que están completamente huecos.
Sólo los tarugos se entusiasman por lo que está escrito en los libros. Debes aprender a distinguir la realidad de tus elucubraciones mentales. Cuando leas léete a ti mismo, créate a ti mismo. No eres realmente tú mismo hasta que no has dejado atrás toda teoría.
Acumular conocimientos sobre el budismo es peligroso: crees poder abordarlo todo mediante palabras. Y antes de que esas palabras cobren para ti sentido, ya has compuesto con ellas una tesis doctoral o la gente empieza a pagarte por tus “charlas sobre el dharma”.
Las palabras de las religiones establecidas son como latas de conserva vacías, un mal recurso en caso de necesidad.
Las personas de ciencia hablan durante toda la vida únicamente de palabras. Rebuscan con tanto celo entre las letras que al final les llega la muerte antes de haber encontrado en ellas algún sentido para su propia vida. Esto se debe a que reflexionan y discriminan demasiado. Les resulta imposible comprender una cosa simple y directamente; por ejemplo, esclarecer zazen mediante zazen mismo.
Por eminente que sea una filosofía, para todo lo que una persona ha imaginado, otra vendrá con sus ideas y lo echará por la borda. No podemos acceder a las cosas mediante nuestras palabras e ideas. Lo que hay que hacer es llegar desnudo al lugar que permanece inmóvil cuando todo lo demás se derrumba.
Iluminar la conciencia significa salvar a todos los demás antes de salvarte tú mismo. Pero si no haces más que hablar de salvar a los demás mientras ni siquiera eres capaz de ceder tu asiento en el autobús, tus palabras se las lleva el viento.
Alguien me preguntó una vez: “¿No crees tú también que el budismo es la mayor patraña de todos los tiempos?”. Por supuesto, todo lo que cuentan los monjes budistas es tan falso como lo que aparece en los libros. ¿Por qué? Porque habla del nirvana gente que nunca lo ha experimentado, y otros se extienden acerca del gran despertar tras la muerte de la mente, cuando ellos mismos son incapaces de abrir los ojos. Parece que a los religiosos les gusta divagar sobre asuntos que no tienen nada que ver con su propia vida. Esto vale también para todos los sutras famosos: sin práctica no son más que patrañas.
¿Quieres comerte un pastel? Por mucho que grites “¡pastel!” ninguno va a caerte del cielo. Nuestras palabras y conceptos no son la realidad. El zen gira en torno a esta realidad; pero no para reflexionar sobre ella, sino para asirla firmemente a fin de expresarla luego con libertad.
Si la humanidad regresara a su verdadera naturaleza se libraría de todos sus problemas. Pero hasta el momento todo gira en torno al dinero, a follar y zampar, ¡una auténtica casa de locos!
En la Vía del Buda se trata de crear la propia vida. No hay palabras para explicar esto. En esto consiste la vida de un monje. Las palabras han de surgir de la vida del monje constantemente re-creada.
La religión comienza con la ciencia y concluye con el arte. La religión no consiste únicamente en invocar el nombre de Amitabha Buda.

  1. Yogācāra o Vijnanavada es una de las dos escuelas budistas Mahāyāna más importantes. Apareció en la India alrededor del siglo II, fue introducido en China en el siglo VII por Xuanzang y, a mediados del mismo siglo, fue divulgado en Japón con el nombre de Hossō.
    El Samdhinirmocana Sūtra fue el sutra fundamental del Yogācāra que aún continúa siendo uno de sus referentes principales. El Pratyutpanna Sutra y el Daśabhūmika Sūtra también contienen elementos yogacara mientras que el Lankāvatāra Sūtra, también es de una importancia considerable para esta corriente.
    Rechaza el realismo total del budismo Theravāda y el realismo empírico de la escuela Madhyamika, inclinándose por una postura más complicada en la cual la realidad percibida por los seres humanos no existe sino que sólo parece real en virtud de la capacidad de la mente para percibir patrones de continuidad y regularidad.
  2. Gasshô, anjali en sánscrito, consiste en saludar juntando las palmas de las manos y hacer una ligera inclinación.
  3.   Raihai, postración en la que el cuerpo se inclina hasta tocar el suelo con la frente.
  4. Kōan (del chino: gōng’àn) es, en la tradición zen, un problema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. Muchas veces el kōan parece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo, el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia a fin de adivinar lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende el sentido literal de las palabras.

44. La vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


En el budismo nos ocupamos de la cuestión de cómo hemos de vivir esta vida de la mejor manera posible. Se trata de llevar una vida que verdaderamente merezca la pena ser vivida. ¿Cómo podemos realizar con este cuerpo, que en cualquier momento puede morir, una tarea que produzca frutos eternos?
Constantemente te atrincheras en tu ego. Observas las cosas sólo bajo el punto de vista de tu ego, por eso te equivocas. Aun cuando te inclinas ante Buda, algo va mal. Incluso cuando haces zazen, lo haces mal.
Las cosas que hemos aprendido no hacen más que nublarnos la vista. Si no pongo cuidado, también yo empiezo a adquirir “hábitos de monje”. Si lo que mi maestro o los discípulos más veteranos me han enseñado se convierte en un “hábito de monje” me quita la libertad.

“¡Mira estos peces gordos!”. La razón de tanta charla insustancial entre los monjes estriba sencillamente en que no tienen que preocuparse por el pan de cada día. ¿Qué quieres hacer realmente con tu vida? Ésta no es una pregunta baladí. ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué vivir? Ten cuidado de no estirar la pata antes de que estas preguntas penetren hasta lo más hondo de ti.
Ten cuidado, si no empezarás a creer que tu cuerpo –tal como es– es el cuerpo del Buda y del Dharma. Tu “cuerpo de dharma” no es más que una teoría hueca. ¿Dónde están si no los treinta y dos rasgos de tu budeidad? ¿Dónde está tu aureola? No obstante, esto no significa que vayas a alcanzar la budeidad por medio de la práctica. Si lo crees así quedarás de nuevo atrapado por tu idea de “práctica”. Por buena que pueda ser tu práctica, tu problema es que nunca olvidas tu “buena práctica”.
Se dice que no hay la menor diferencia entre todos y cada uno de nosotros y Buda. ¿No hay de verdad la menor diferencia?, me pregunto. Nada de eso, ¡cómo podría haber una diferencia mayor! ¿Preguntas qué te diferencia de Buda? Eso que llevas contigo: los hombres creen que son “hombres”, la mujeres que son “mujeres”. Ahí se encuentra la raíz de la ilusión.
Deja de hacer distinciones intelectuales. Sakiamuni Buda no intentaba sino deshabituarse del pensamiento discriminador. Demasiados de nosotros desperdician la vida haciendo distinciones. Pasamos toda la vida en el mundo de nuestro conocimiento intelectual, que no penetra realmente en nuestro ser.
Desde la mañana hasta la noche te ves en un continuo vaivén entre la alegría y la pena, y ocuparte de tu particular estado de ánimo no hace sino empeorar las cosas: con tus cavilaciones sobre la vida y la muerte te adentras más y más en un callejón sin salida. El problema de la vida y la muerte es una ratonera psicológica, sólo existe en tu mente. Puedes convencerte de que la solución de este problema te llevará a escapar del ciclo de la vida y muerte, pero la solución en la que piensas es sólo una solución dentro de tus ideas y la propia idea de querer resolver el problema de la vida y de la muerte es parte del problema en sí.
Crees que te has liberado de la avidez y la codicia y ahora te aferras tercamente a esta idea. Crees que has acabado con tus ilusiones y de este modo no haces sino crearte una ilusión más. Siempre queda algo que no quieres soltar de la mano. Debes acabar con esta disociación y también con esta mente que cree “acabar con”, e incluso debes acabar con la idea de acabar con algo. Por eso en el Dharma del Buda nunca llegas a un punto final.
La sabiduría de los Budas es una fuerza que echa sus raíces en zazen. Se manifiesta cuando te deshaces de todos los conceptos e ideas persistentes de tu mente. Has de deshacerte de esto y aquello, de todo por completo, y en el momento en que tu mente de persona corriente se ha disuelto totalmente es cuando se manifiesta la sabiduría de Buda; no en virtud de tus ideales e ideas, sino en virtud de tu práctica de zazen.
Se trata de un giro interior de 180 grados. Has de nacer de nuevo en lo más hondo de ti a fin de liberarte de tu ego. No es algo imposible. Quizá no dure mucho tiempo; en tal caso libérate de tu ego al menos en ese instante.
Una práctica devota no tiene nada que ver con lo que la gente llama “ponerse manos a la obra”. Tampoco significa que debamos rompernos la cabeza. Significa sencillamente abandonarse a zazen. Ahí no hay nada que ganar. Tampoco trates de resolver tus tareas escolares durante zazen.
Si tienes bajo control el asunto crucial de tu vida no sentirás rencor ni aun cuando alguien quiera cortarte la cabeza. Ése ha de ser el objetivo de tu práctica de la vía del zen. Sólo cuando practiques zazen de este modo sabrás apreciar el auténtico valor de tu vida.
“¿Incluso alguien como yo tiene naturaleza de Buda?”. No seas tan torpe, no digas tonterías, ¿no te das cuenta de que siempre te has encontrado en medio de la naturaleza de Buda? Cuando sentado en zazen despiertas de tu ilusión ya no se plantea la cuestión acerca de la naturaleza del Buda; en zazen todo tu cuerpo es penetrado por zazen, ¿quién podría dudarlo? Cuando bebes más de la cuenta todo tu cuerpo está borracho, hasta la última célula. ¿O tienes todavía alguna duda?
La Vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies. Cuando te encuentres en samadhi sentirás la Vía del Buda penetrar en cada célula de tu cuerpo.
Todas las obras escritas por Dôgen Zenji son actas de su práctica de zazen. Cuando lees el Shobogenzo has de considerarlo desde misma práctica diaria.
Dôgen Zenji se encontró con Nyojo Zenji1 y se cercioró de que shikantaza y shinjin-datsuraku [el desprendimiento del cuerpo y de la mente] son suficientes, no hay necesidad de nada más. Shinran Shonini2 y Honen Shonin3  se valieron únicamente de la práctica del Nembutsu, y de nada más. Al igual que Dôgen Zenji estudiaron a fondo las enseñanzas de las escuelas Tendai4 y Shingon5, pero no hicieron el menor uso de ellas. Esto es importante: si buscas la verdad, basta con llegar al fondo de una cosa; todo lo demás está de sobra.
La meta de tu vida ha de ser alcanzar la verdad. No debes inquietarte demasiado por lo demás.
¿Con qué fin comes en realidad tu pan de cada día? ¿Solo porque tienes hambre? ¿Y también en lo demás haces sólo aquello de lo que tienes ganas? ¡Eres como un crío! Has de tener claro para qué vives en realidad, con qué propósito comes tu pan de cada día. Has de tener ante la vista un objetivo preciso. Hagas lo que hagas, has de hacerlo con ese fin. Haz lo que puedas, y cuando llegues al final de la vida entonces has llegado al final. Solo necesitas una única tarea a la que merezca la pena, simple y tranquilamente –sin ruidos innecesarios–, dedicar tu vida.

  1. Nyojo Zenji es Tiantong Rujing, el maestro chino de Eihei Dôgen.
  2. Shinran Shonin o Shinran (1173-1262), reformador budista japonés, discípulo de Honen Shonin.
  3. Honen Shonin (1133-1212) fundador de la escuela Jodo-shu (Tierra Pura) en Japón.
  4. La escuela budista Tendai (ch. Tiantai) fue fundada por el maestro chino Zhiyi (Chigi en japonés), en el 550 dC. Fue Introducida en Japón por Saichō en el año 807 dC. Se basa principalmente en el Sutra del Loto (Hokkekyo, en jap.).
  5. La escuela Shingon (Shingon shū) es una de las escuelas principales del budismo japonés, y la más importante entre las esotéricas, o tántricas, fuera de la India y el Tíbet. La palabra «Shingon» es la pronunciación japonesa del término chino «Chen Yen», que a su vez es una representación de la palabra sánscrita «mantra». El budismo Shingon surgió en el Japón durante el período Heian (794-1185), cuando el monje Kūkai fue a China, estudió el tantra y regresó, armado de muchos textos y obras de arte, y desarrolló su propia síntesis de la práctica y doctrina esotérica, centrada en el Buda cósmico Vairocana.

43. No hay nada superior a aquello que no vale para nada.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Las personas corrientes montan durante toda su vida un buen número en torno a su reputación, sus preferencias, su carrera y lo que es de su gusto. Andan constantemente husmeando como un perro, esperando pillar algo en algún lado. ¿Y qué conseguimos con ello? ¡Nada! Cuando al fin comprendas que así no consigues nada, no habrá ya nada que buscar. Encuentras la paz en zazen, en el abandono del cuerpo y de la mente.
¿Eres tú quien hace zazen? ¡No! ¡Es zazen quien te hace a ti!
Cuando alguien quiere descansar debe hacer un alto en su actividad. Hacer un paréntesis en sus actividades significa tomarse vacaciones de ser persona. Significa dejar de ser persona corriente. Cuando te tomas un descanso y abandonas tu condición de persona corriente, eres un Buda. Por eso es comprensible que Buda no goce de gran reputación entre la gente corriente.

La enseñanza del Buda es incomparable. No tiene nada que ver con lo que divierte a las personas corrientes. La enseñanza del Buda es lo que menos gusta a los seres humanos.
Zazen no aporta nada. Zazen no es una herramienta humana. Las herramientas de los seres humanos son destruidas por los humanos. Lo eterno, por el contrario, no tiene nada que ver con los seres humanos.
No invoques el nombre de Buda esperando obtener una limosna. Cuando invoques el nombre de Buda tiene que de ser para nada.
Tenemos que entregar el cuerpo y el espíritu para aquello que no sirve para nada. No hay nada superior a aquello que no sirve para nada. Sólo lo que no sirve para nada es absoluto. Pero si tratas de sacar algo de ello, no obtendrás nada.
Todo en la vida conlleva costes. Nada es de balde. Por eso no encontramos sentido a hacer nada completamente de balde. No hay nada que requiera mayor determinación que hacer una cosa totalmente en balde.
Si practicamos la Vía del Buda como queriendo de ese modo atesorar algo, entonces no hacemos sino agrandar nuestro ego.
“Hacer sin más” significa simplemente hacer sin más1. Hablar sin más, sentarse en zazen sin más, comer sin más. Hacer sin más significa vivir sin perder la cabeza por la recompensa.
Una vez me preguntaron: “¿De verdad es tu propósito liberar a todos los seres vivos?” Respondo: Hago simplemente lo que aquí y ahora debe hacerse. Que eso tenga o no que ver con la liberación de los seres es una cuestión sobre la que más tarde otros dirán lo que tengan que decir. Ahora yo sólo hago lo que realmente hay que hacer. Ni por la sociedad ni por ninguna otra cosa. Lo hago sin preguntarme qué va a reportar.
Todo lo que hagas hazlo sin más, para nada. Si cuidas del prójimo, hazlo sin más, para nada. Si oras, hazlo sin más, para nada.
La verdadera comprensión consiste en no pensar en ganancias. Consiste en abandonar este cuerpo y entregarse al Buda.
Cuando una persona se entrega al Dharma, ya no hay titubeos ni vacilaciones. Cuando lo abandones todo, hasta el último resto, siéntate recto sin más, sin titubeos ni vacilaciones.

  1. “Sin más” es la traducción del japonés shikan, también traducido como “solamente”, tal y como en la expresión shikantaza, “solamente sentarse”, o “sentarse sin más”.

42. Los Budas viven en la ignorancia y los seres ignorantes en la iluminación.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


El abad de la comunidad de mi templo vio una vez a un grupo de monjes mendigando y dijo: “¡Nunca antes he visto una claridad tan pura!” Nada es tan puro y limpio como la práctica de la mendicidad de los monjes. Si tienes cinco niños que alimentar, ¡colócales cinco sombreros de monje y llévatelos a mendigar!
Vivir conforme a un voto no significa tratar de que los demás bailen al son de nuestros ideales. No te burles de los demás, sino trata de ponerte en su piel. ¿Qué pasa si a uno le gusta coleccionar cursis figurillas de porcelana?
En la Vía del Buda no debes pretender ser mejor que los demás. ¿Qué importancia tiene ser mejor que los demás? Tienes que involucrarte en las penas de todos los seres. Alguien que se libera del sufrimiento únicamente a sí mismo es como un cadáver. Buda vive entre los seres humanos.

Yo soy como un camaleón: cuando viajo en tren pongo cara de mal humor para que los niños no me molesten cuando hago la siesta. Podéis imaginaros sus caras de sorpresa cuando, al apearme, les sonrío alegremente y les deseo buen viaje.
El Kannongyo1 trata sobre las treinta y tres formas distintas que adopta el bodisatva de la compasión. Estas formas no son dioses ni divinidades. Los Budas y Bodisatvas adoptan la forma de los seres que sufren. Tampoco tú deberías mantenerte separado de los demás sólo porque no quieres tener nada que ver con las ilusiones colectivas de la gente. Compasión significa comprender perfectamente los sentimientos humanos de quienes te rodean. Cuando un niño llora, debes consolarlo. Un Buda ha de poder ver las cosas a través de los ojos de los seres que sufren. Así de amplio ha de ser el terreno de juego de tu práctica vital.
Sólo cuando desapareces sin dejar rastro puede hablarse de gran compasión. Mientras quede algún vestigio de ti, no puede hablarse de compasión.
Incluso si lo único que te importa es ganar dinero, será preciso que entiendas a tus congéneres. Y si quieres explicarle algo a alguien, precisarás de una buena dosis de intuición: sólo cuando comprendas el marco de referencia desde el cual tu prójimo ve las cosas, podrás explicárselas de manera que las entienda.
La educación es una interacción entre corazones.

No estudies por el examen, estudia porque es divertido. Estudia porque de verdad quieres aprender. La tarea del profesor ha de consistir en orientar a los alumnos hacia esta forma de aprender.
Cuando riñes a alguien, en tu fuero interno no debes estar realmente enfadado. Siempre has de disponer del suficiente margen de maniobra para reír de nuevo al instante siguiente. Siempre que le echo una bronca a alguien, río a la vez en mi corazón.
Hago el voto de liberar a todos los seres, antes de alcanzar yo mismo la liberación”.2 Pero, dado que no es posible ayudar a alguien si antes no has comprendido tú mismo la enseñanza del Buda, esto significa en último término que hemos de practicar junto a todos los demás.
Los Budas de los tres mundos llevan sobre sus espaldas a los seres que sufren; por eso están inmersos de lleno en la ilusión. Los seres que sufren son llevados a hombros por los Budas y, de ese modo, se encuentran en la cima de la sabiduría iluminada. En realidad, no hay Budas aparte de los seres que sufren, ni seres que sufren aparte de los Budas.
Gran compasión significa estar indisolublemente ligado a los seres humanos.
Suponiendo que llegues a morir por haberlo dado todo por los demás, ¿es de verdad eso tan malo? Lo único importante es tener un corazón que nada espera para sí mismo.

Para mí, la vida monacal representa una pérdida: me he hecho monje para inmolar este cuerpo en aras de la enseñanza del Buda.
Hay sacerdotes que están todo el día holgazaneando en el templo, fumando cigarrillos y esperando a que alguien muera para oficiar los funerales. Como discípulo de Buda, no debes confundir la vida sacerdotal con un negocio. Tienes que acabr con los negocios religiosos. ¿No es éste el sentido de la Vía de los Budas y Ancestros? No hay nada reprochable en asistir a un entierro para hacer un donativo a los allegados del difunto o para predicar el Dharma. Pero no es honesto que los sacerdotes cobren por sus sermones.

  1. Sutra del Bodisatva Kanzeon, también llamado Kannon, el bodisatva de la compasión (Avalokitesvara, en sánscrito). En realidad, se trata de uno de los capítulos del Sutra del Loto. Ver El Sutra de la Gran Compasión, traducción y comentarios de Taisen Deshimaru, Ediciones Miraguano, Madrid.
  2. Frase procedente del capítulo Hotsubodaishin (Dar libre curso a la aspiración al Despertar) del Shobogenzo del maestro Eihei Dôgen.

41. ¿Quieres tener salud y larga vida? ¡Debes de estar enfermo!

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Para mí, la forma misma de zazen es el Buda viviente. ¿Y con qué materia prima se construye esta forma? Ahí no hay nada más que el ser humano Sawaki. Utilizo este cuerpo de persona corriente para hacer con él zazen junto con Sakiamuni Buda y con todas las montañas, los ríos, los árboles y las plantas. La mente del ser humano Sawaki es como un mono salvaje y su corazón como el de un caballo loco, al igual que la mente y el corazón de los demás seres vivos. Por eso zazen consigue salvar a todos los demás seres a través de mi.
El mayor regalo que puedes hacer a todos los Budas de los tres mundos es tu práctica de zazen. Practicar zazen significa liberar a todos los seres vivos. Así pues, el contenido de tu zazen ha de ser la liberación de todos los seres. Sentarse un rato en zazen significa tanto aspirar a la verdad, hacia arriba, como hacia abajo, acudir al rescate de todos los seres.
Cuando nos sentamos en zazen, esto se traduce también en que, con ese zazen, imprimimos un impulso a toda la sociedad. Salvar a todos los seres vivos significa que yo me siento en zazen.
Habrá gente que tachará mi zen de “zen de persona corriente”. Ese calificativo no me supone ningún problema. Resulta que la Vía del Buda da la posibilidad a la persona corriente de transitar el mismo camino que Sakiamuni Buda. Y es en la práctica de este camino en la que creemos.
Hoy en día todos ansían salud y una larga vida. Pero ¿con qué fin quieres en realidad tener salud y larga vida? ¿No te das cuenta de que tu deseo de una vida larga es en sí mismo una especie de enfermedad? Larga vida y salud por sí solas no significan absolutamente nada para mí. Sólo las deseo a fin de que me permitan recorrer la Vía del Buda.
¿Qué quieres en realidad? Quizá merezca la pena que reflexiones sobre ello. Si no haces más que dejar pasar los días y engullir todo lo que se pone delante de tus narices, tu vida no es una vida auténtica. Solo mediante la práctica espiritual alcanzarás lo que en último término deseas como persona. ¿Y qué es tal cosa? Yo lo llamo: zazen.
Quiero que todo el mundo practique zazen. Con este propósito como mi pan de cada día.

Nuestra mente está continuamente en movimiento. No es cuadrada ni redonda, no se deja controlar. Pese a ello, es con esta mente inquieta con la que damos cumplimiento a nuestro voto de salvar a todos los seres vivos, un voto que nos impulsa a lo largo de toda nuestra vida.1 Y en algún momento el voto da sus frutos.
Practicar sin tratar de cumplir un voto es como conducir una moto sin manillar. No puedes mantener el equilibrio. Cuando haces algo bueno, no deberías hacerlo sólo porque así se te antoja. Nuestra práctica ha de estar cimentada en el voto.
Cuando en tu espíritu madura la decisión por el voto, no tiene la menor relevancia que seas joven o viejo. El budismo es un camino espiritual basado en el voto. Cuando te decides de veras por el voto, eso dará sus frutos.
Cuando en efecto sepas lo que has de hacer, te dejarás la piel en ello. Si conoces la dirección a seguir, nada podrá poner freno a tu ardiente ímpetu.
Dar cumplimiento al voto da lugar a una auténtica paz de espíritu. Sin el voto no serás capaz de resistir las tentaciones. Con el voto dispones del margen de maniobra espiritual necesario para mantenerte dueño de ti mismo.
Grande es tu tarea: has de comprender que llevas la humanidad entera sobre tus hombros. “Mi vida es necesaria para el planeta. ¿Cómo podría el mundo salir adelante sin mí?”. Así de grande y firme ha de ser tu seguridad en ti mismo.

Para nosotros se trata del universo, de la eternidad. Y de nada más que eso. Sentado con los isquiones firmemente apoyados en el zafu, el espíritu se vuelve inconmovible.
El Dharma del Buda quiere decir que nosotros, humanos, deponemos las armas. Que dejamos de rechazar unas cosas para aferrarnos a otras, de odiar lo uno mientras que amamos lo otro. El Dharma del Buda es el mundo en el que no tenemos que huir de nada ni correr en pos de nada. No hay ninguna obligación de hacer nada. Naturalmente, esto no quiere decir que podamos tumbarnos a la bartola. Ponemos la vida en ello, pero si vivimos en cuerpo y alma, cuerpo y alma hallarán verdadera paz.
Zazen es completamente transparente e insípido, por eso es tan difícil explicarlo. En zazen no hay nada digno de elogio, por eso precisamente lo pregono a voces. No hay nada más difícil que esforzarse por algo que en realidad no es nada. De ahí que tengas que ser una persona cabal si pretendes difundir la práctica del transparente e insípido zazen.

  1. Los practicantes zen comprometidos con el Dharma formulan cuatro votos durante su ordenación como bodisatvas:
    1. Por numerosos que sean los seres, hago el voto de liberarlos a todos.
    2. Por profundas que sean las oscuridades, hago el voto de iluminarlas todas.
    3. Por supremo que sea el Dharma, hago el voto de fundirme en él.
    4. Por maravillosa que sea la Vía del Buda, hago el voto de realizarla.

Entrevista a Soledad Ruíz

Entrevista a Soledad Ruiz López,
secretaria del templo zen Luz Serena

¿Cuánto tiempo llevas meditando?
La primera vez que practiqué meditación zen fue hace 8 años en un centro urbano llamado Viento del Sur en Buenos Aires, Argentina. Perteneciente al linaje de la Diamond Sangha fundada por Robert Aitken Roshi. Ya llevaba unos 5 años practicando yoga de manera muy comprometida con mi maestro Gerardo Finn.

Me interesé particularmente por la meditación zen luego de asistir a una serie de conferencias del filósofo y maestro budista zen David Loy.

Comencé a meditar con compromiso y regularidad hace solo 6 años. Desde hace 15 meses estudio y practico como residente en el templo budista zen Luz Serena en Valencia, España, bajo la guía espiritual de mi maestro Dokushô Villalba Roshi.

¿Qué es el samadhi para ti?
Es un estado de gozo y liberación supremo. No es un estado que haya alcanzado, en éste caso mi respuesta es más bien a nivel intelectual que experiencial.

Dejar ir todos nuestros condicionamientos, opiniones, preferencias, rechazos y simplemente estar presente en comunión íntima con todo. Aceptación y experiencia profunda de nuestra naturaleza original, de la vacuidad de los fenómenos, de la interdependencia, de la transitoriedad e impermanencia.

Despertar a las cosas tal cual son.

¿Cómo entiendes la meditación? ¿Qué es para ti?
Entiendo la meditación como una práctica que cultiva la atención, aunque en su esencia no exista el deseo de conseguir nada.

Para mí es una forma de vivir, una oportunidad de abrirme al mundo sensible, a la experiencia profunda de ser parte de un todo, al descubrimiento y aceptación de las cosas tal cual se presentan. Es un entrenamiento silencioso para despertar la consciencia.

Es la clara predisposición desde el corazón a aquietarme, silenciarme, observar e indagar en las profundidades, sin manipular, sin esperar nada, sin hacer nada en especial.

Entiendo la meditación como un camino hacia el despertar, hacia la liberación y la felicidad de todos los seres.

¿Tu experiencia durante el zazen y la ceremonia cambian dependiendo del número de personas que hayan participado?
Generalmente cuando hay más personas suele ser para mí una experiencia más potente, con más fuerza. En la ceremonia, el canto, la voz, tiene más presencia, el movimiento en el espacio, el calor, podría decir la energía es mayor.

Pero también he tenido experiencias profundas donde hemos sido pocas personas. Incluso alguna vez me he sentado en zazen sola pero con otra persona a una gran distancia. Los dos en diferentes puntos geográficos pero a la misma hora y también ha sido una experiencia muy interesante y conmovedora.

En general experimento sorpresa y entusiasmo cuando entro a un dojo repleto de gente, me anima, me alegra compartir la práctica con otras personas, me estimula. Cuando medito en soledad también siento profunda alegría pero es diferente. La presencia de sólo una persona cambia la experiencia.

En el tiempo que medito he tenido la necesidad de hacerlo a solas y otras veces en grupo. En definitiva las dos experiencias aportan cosas diferentes, una me ha dado la fortaleza y la calma de comprometerme en silencio y soledad con mi propia práctica y la otra me ha dado el calor y el sostén de la sangha.

¿Qué experimentas durante la meditación en el cuerpo, la mente, etc?
Cuando medito mi cuerpo es una especie de cuenco contenedor o cable a tierra. Muchas veces es mi punto de partida cuando me siento en el zafu.

Me siento, observo la postura que toma mi cuerpo, no desde la imagen externa como si me mirara en un espejo si no la postura desde adentro, la respiración, las sensaciones, las emociones, los contenidos mentales y veo cómo a través de mi cuerpo voy entrando en un estado más sutil de concentración y apertura. Luego, algunas veces suele pasar que olvido el punto de partida, el cuerpo mismo, dejo de estar anclada en él como si fuese una unidad separada, como si dejara de marcar una frontera. Mi atención se expande y mi cuerpo se expande con esa atención. Puedo sentirlo pero no como una unidad con sus límites totalmente definidos y las sensaciones me resultan menos reconocibles como si no comprendiese desde la razón de dónde viene tal experiencia. Es en general una sensación integradora y expansiva a la vez.

Otras veces siento que mi mente comienza a desarrollar demasiados pensamientos, infinidad de contenidos mentales y encuentro mucha distracción, entonces casi de forma inconsciente, como un acto reflejo regreso con la atención al cuerpo. Esto me ocurre muy a menudo no solo en la meditación sino en la vida cotidiana, en movimiento o quietud. Le adjudico mucho esto de regresar al cuerpo a mi entrenamiento en yoga donde la atención al cuerpo respirando es un ancla. Es la manera que encuentro de regresar a la tierra, al presente y continuar.

Mi mente también es el cuerpo, la acción, el movimiento también es mente, el cuerpo está teñido de intención, de palabra, es karma, acción y reacción, causa y efecto. Cuando abrazo, mi cuerpo dice que ama, que cuida, cuando tiembla expresa nerviosismo, miedo, el cuerpo comunica constantemente.

Hoy intento relacionarme con mi cuerpo en lo cotidiano desde la escucha, desde la observación, es objeto de atención y a la vez sujeto.

Describe tu relación con el cuerpo en general, por un lado, y en relación a la meditación por el otro.
A lo largo de mi vida me he relacionado de muchas formas con mi cuerpo. En mi etapa infantil y adolescente me relacioné de una manera muy fría y hostil. Era bailarina y me exigía mucho para alcanzar cánones sobre el cuerpo “correcto” y desarrollé muchos prejuicios, represiones, intolerancia, enemistades conmigo misma. Tenía poca aceptación y disfrute de mi cuerpo, de mí misma, era extremadamente crítica.

En mi etapa adulta, con el tiempo, aprendí a aceptarme abriéndome al disfrute y el respeto propio. Esto me lo dio particularmente la danza “contact improvisation” y en mayor medida la práctica de yoga a los 20 años. Pude desarrollar cierta sensibilidad corporal que me abrió a una nueva forma de comunicarme. A través del cuerpo aprender el mundo, que en definitiva todo lo que aprendemos lo hacemos a través de nuestro cuerpo. También las relaciones e interacciones y la forma de ser y estar.

La relación con mi cuerpo durante la meditación es de apertura y escucha, estar atenta para ver qué me quiere decir, qué me quiere mostrar. Le doy espacio a mi cuerpo, le presto atención.

Hoy no veo mucha diferencia en la manera de relacionarme con el cuerpo en general y en la meditación pero puedo decir que durante zazen puedo tener una visión más clara de mi cuerpo y trascender de alguna manera la idea de un cuerpo individual separado del resto de cosas.

Describe el rol, el papel del cuerpo durante la meditación.
A diferencia de los pensamientos el cuerpo no puede estar en el pasado o el futuro, es inevitablemente presente. Aquí, ahora, mi cuerpo está sentado sobre la silla, mis dedos escriben sobre el teclado, respiro, mi espalda se mueve, mi abdomen se mueve, aquí estoy, aquí soy.

Siempre que llevo mi atención al cuerpo tomo conciencia del presente. Por esto el rol del cuerpo durante la meditación muchas veces es traerme nuevamente a la concentración cuando me disperso, es un soporte de mi atención.

Por otro lado también es el contenedor de la experiencia, experimento el mundo a través de los 5 sentido y también del 6º sentido, la consciencia. El cuerpo es consciente, incluso de sí mismo, es la nube pero también el cielo en su totalidad.

¿Ha cambiado la percepción del cuerpo a la largo del tiempo que llevas meditando? En tal caso, ¿puedes describir las sensaciones e impresiones de antes y después de haber comenzado a practicar la meditación?
Puedo darme cuenta que la experiencia ha variado bastante a lo largo de los años. Recuerdo los primeros años estaba más pendiente del afuera, del movimiento en el espacio, de lo que hacían los demás, sobre todo los más experimentados. La postura correcta es algo que me obsesionó un buen tiempo porque soy profesora de yoga y siempre tenía miedo que la gente se lastimara haciendo la postura de zazen. Recuerdo que me enfadaba mucho cuando no se explicaba bien la postura o no se daban los cuidados apropiados. Pero hoy reconozco que no me observaba a mí misma.

La primera vez que me senté sentí mucho frío, era invierno y el dojo estaba helado o esa fue mi impresión. Entonces a cada rato me decía “tengo mucho frío, ¿por qué no encienden una estufa?”, “si no hay calefacción no vuelvo más”. El silencio me impresionó mucho, jamás había estado tanto tiempo sentada en silencio con tanta gente, esa experiencia me cautivo, estaba maravillada, sentí un gozo infinito a pesar de los pensamientos que iban y venían. Mi cuerpo se relajó, mi respiración fluía, me sentía cómoda, a gusto, aliviada, aunque no supiese bien de qué.

Luego de esa experiencia pasaron varios meses hasta que regresé a sentarme nuevamente.

Hoy, en cierta medida, todo resulta más familiar, conocido, no por eso cómodo o fácil o esa supuesta comodidad es lo que se vuelve un problema. Mi cuerpo conoce mejor la postura, puedo asentarme en la respiración de forma más profunda, reconozco con mayor claridad mis movimientos mentales habituales, ciertos patrones de conducta y emocionales que se repiten. No dejo de sorprenderme. Observo, y cada vez, con cada respiración vuelvo a casa.

Podría decir que algo ha ido madurado lentamente en mi práctica estos años, creo que la experiencia de plenitud, calma y alegría es un buen reflejo para darme cuenta de eso.

La práctica me llevó a abrir la consciencia, por lo tanto la percepción de mi cuerpo se hizo más clara. En lo concreto, a comparación de antes, puedo anticiparme a las reacciones corporales habituales frente a determinadas situaciones siendo consciente de la afección emocional y mental. Con el tiempo he aprendido a gestionar de manera más sana los momentos de angustia, malestar e incertidumbre. En verdad no tenemos que hacer mucho, simplemente observar cómo el cuerpo tiene su propia sabiduría para atravesar y dejar pasar cada momento.

¿Puedes ubicar tu identidad en el cuerpo? ¿Se encuentra en un solo lugar o en más de uno? ¿Ha cambiado esta experiencia con la práctica de la meditación?
Es complejo para mí en éste momento ubicar mi identidad.

Entiendo que la identidad se va creando desde cierta afirmación del yo, “soy esto, soy lo otro”, nos decimos. Cuando dejo de apegarme a las ideas o conceptos de lo que creo que soy, la identificación desaparece o muta.

Me reconozco en un cuerpo, con una forma específica, con una manera de funcionar en el medio y de comunicarse, con un carácter particular, con determinadas cualidades que podría enumerar pero todo eso es una idea de mí misma y otros seguramente tienen otra idea.

En el entrenamiento de la atención intento no identificarme con cada cosa que acontece, con cada afirmación, sabiendo que eso es una ilusión. De alguna manera me he dado cuenta de eso, lo he experimentado.

He reflexionado mucho sobre ésta pregunta, verdaderamente me ha hecho morder el polvo, ir a lo profundo.

No sé quien soy.

Podría simplemente decir que no soy lo que creo ser, que no soy aquello con lo que me identifico, aunque en lo cotidiano elija creer en ciertas cosas para funcionar dentro de una sociedad.

Si hoy me identifico con algo podría ser con la contradicción que habita todas las cosas, con la aspiración profunda de despertar, con el ilimitado universo donde todo nace y muere.

Es probable que antes mi identidad la ubicara en el esqueleto, en los 206 huesos que lo conforman, mis innumerables deseos, mi círculo íntimo de amigos, mis elecciones, mis decisiones, mis emociones, mis preferencias, mi ideología, mis, mío, yo… Pero ahora no encuentro verdadera solidez allí para decir que eso soy yo, que allí está mi identidad. Sin duda la práctica de meditación modificó profundamente ésta idea de identidad.

¿Qué es la mente para ti?
La mente es el aire, el fuego, el agua y la tierra. La mente son las rocas y mis huesos, el monte Fuji y el Aconcagua, el azul, el verde, una sonrisa, la sombra, la hierba que crece en los rincones, un abrazo, un trueno, la luna…

La mente también son mis contenidos mentales, cuerpo respirando, sensaciones, emociones y pensamientos.

La mente no tiene forma, ni tiempo y lo abarca todo. La mente es consciencia.

Todos tenemos una mente ordinaria, a través de ella es que podemos observarnos, conocernos a nosotros mismos y liberarnos de la creencia que nuestra mente es únicamente lo que sucede en nuestro cerebro.

¿Qué es la “naturaleza de Buddha” para ti?
La “naturaleza de Buddha” la comprendo como la visión clara de los seres tal cual son. Los maestros nos dicen que todos tenemos naturaleza de Buddha, sólo tenemos que darnos cuenta, despertar a ello.

La naturaleza de Buddha o naturaleza original, nos muestra cómo ampliar la conciencia y ver la capacidad que tenemos como seres humanos de desarrollar empatía y compasión hacia todos los seres.

Nos permite tomar conciencia de la vacuidad, la interdependencia, transitoriedad e impermanencia de cada fenómeno.

¿Qué es el “cuerpo de Buddha” para ti?
Todo cuerpo puede ser separado en partes. Podemos decir que nuestro cuerpo tiene huesos, tendones, músculos, diferentes tejidos, órganos, células, etc. Pero cada cosa por separado, si se la aísla, pierde su función vital.

Para mí hablar del “cuerpo de Buddha” es tomar consciencia del sentido de unidad y su interconexión, Buddha es el universo, el cuerpo es todo, cada una de sus partes en armonía. Así como la mente no es únicamente nuestro cerebro y sus funciones, el “cuerpo de Buddha” no es solamente nuestro cuerpo físico.

¿Cómo entiendes la sangha? ¿Qué es para ti?
Ser parte de la sangha, involucrarme en las tareas de la sangha, fue para mí uno de los primeros regalos y enseñanzas que me dio la práctica. Dentro de la sangha pude construir vínculos más sinceros y profundos que en otros contextos sociales. Estos últimos años en particular fue un punto de apoyo para mi crecimiento interior. Dentro de la sangha comencé a observarme como un ser social, prestar atención a mi carácter, mi personalidad, mi particularidad, la forma en que me relaciono conmigo y con otros. La sangha fue una contención para mí, en lo personal y en el contexto de práctica.

Siempre me conmueve sentarme en silencio con muchas personas, allí se genera mucha intimidad. La conexión que se establece en el silencio durante los sesshines siempre me deja una profunda huella. Los cuerpos, los corazones también hablan en el silencio.

En el budismo se dice que existen tres tesoros, el Buddha, el Dharma y la Sangha. Para mí la sangha es realmente uno de los tres tesoros. Si no hay sangha no hay práctica y si no hay práctica no hay sangha, se retroalimentan.

La sangha se construye y se deconstruye, se mueve, muta, se cuestiona, te interpela, es una llama que se mantiene viva, despierta, como la práctica. Entiendo que esto no solo depende de los maestros sino del grado de responsabilidad que cada uno de sus miembros asuman en la práctica y la participación activa dentro de la comunidad.

En mi caso, la práctica misma fue despertando la sensibilidad y el interés hacia la comunidad, en el compartir y la intimidad.

Hoy que vivo en comunidad dentro del templo, la sangha es algo esencial de cuidado para mí. Tomo consciencia a diario que ellas y ellos son yo también, es relativamente fácil verlo, si alguien se siente mal y reacciona mal por algo eso me afecta y por tanto afecta mis acciones y a su vez sin buscarlo modifico el medio y así constantemente. Es simple pero también sutil y a veces puede pasar desapercibido.

Cuando vivía en la ciudad y daba clases de yoga cada día veía a muchas personas en la calle, en el metro, en la verdulería, estaba en contacto quizás con cientos de personas por día y con todas debía tener algún tipo de conexión, más o menos pero ya un roce nos puede cambiar el día. No imagino la forma en que eso me fue moldeando de alguna manera a través de los años, todo lo que viví sin darme cuenta.

La sangha es un refugio donde la compasión debe prevalecer sobre los intereses personales, donde la práctica sea el despertar del sentido de unidad con todos y todas, el desprendimiento doloroso también de nuestro ego. La sangha es una maestra dura y amorosa a la vez.

Describe el rol, el papel de las paradojas en el zen para ti.
Los cuentos zen son una gran motivación e inspiración para mí. Me ocurre seguido que al escuchar cuentos, poesía, historias, koans, no comprendo de forma racional lo que se quiere decir pero me dejan una huella, una impresión que sencillamente me conmueve.

Estimula la intuición, siento cierto misterio de no saber qué se está escuchando pero sentirlo de alguna manera. Personalmente esto me despierta mucha curiosidad.

Creo que el rol de las paradojas es estimular o iluminar una parte inconsciente que también aprende el mundo, que lo procesa en la sombra, y busca traerla al presente, a la luz. Una forma sutil de despertar mi consciencia, son guiños en el camino, son dedos que señalan la luna.

¿Qué hace que la vida en un monasterio sea única?
Vivir en un monasterio no tiene nada de especial a comparación de vivir en cualquier otro lugar.

Nos levantamos, comemos, nos duchamos, trabajamos, hacemos bromas, fregamos los platos, dormimos, vamos al baño, nos llevamos bien con unos y con otros no tanto. Pero la diferencia esencial es dónde ponemos nuestra atención, qué hacemos, cómo lo hacemos, por qué lo hacemos y dónde estamos cuando hacemos algo.

En el monasterio se nos da la oportunidad y el aliento para indagar sobre las cosas fundamentales, a preguntarnos desde el corazón esas cuestiones que cargamos desde hace mucho tiempo, una pausa no exenta de responsabilidades, un enérgico entrenamiento y observación de uno mismo a tiempo completo.

El espacio nos protege, tenemos la presencia de un maestro, una persona con experiencia, sabiduría y la claridad necesaria para guiarnos. Debe haber sin duda una gran confianza en lo que se hace, una determinación férrea de recorrer el camino atravesando todos los paisajes, todas las estaciones y las mareas.

En el monasterio hay un llamado de atención constante, no como una alarma si no como un llamado amoroso a regresar a casa. Todo está pensado, dispuesto y preparado para contener la práctica. Es un espacio de entrenamiento y estudio, como si por todos lados hubiese flechas marcando el camino.

Las actividades de la comunidad están ritmadas con diferentes sonidos, hay una forma particular de hacer las cosas, un protocolo que todos respetamos para cada actividad, es una forma de entrenamiento y de acción grupal.

En la vida común, en la ciudad, en nuestra casa, también tenemos diferentes formas de hacer las cosas pero nuestro foco no está puesto en eso, simplemente funcionamos, no está la pregunta constante de ¿qué es esto?

El entrenamiento de la atención es continuada, uno va tomando consciencia más rápidamente cómo estamos interrelacionados. Para vivir en comunidad o sociedad cada persona debe hacer su trabajo, como un engranaje, esto se hace más visible en el monasterio porque la exposición de cada uno de sus miembros es mayor. Estamos expuestos y por lo tanto más vulnerables. Muchas veces esto no es fácil, hay muchas resistencias, no estamos acostumbrados a estar vulnerables, a ser transparentes, a soltar nuestras corazas. La causa y efecto se aprecia más rápido. Los procesos se aceleran, es como una olla a presión, un laboratorio intensivo, se requiere suficiente energía para atravesar la turbulencia interna, mucha apertura, paciencia y ecuanimidad.

Lo que hace única la vida en el monasterio es simplemente la atención que ponemos en todo. Amar, es prestar atención a lo que se hace.

¿Han cambiado tus hábitos (corporales, mentales, etc) con la práctica?
Definitivamente sí, bastante. El hecho de dirigir la atención hacia cualquiera de mis hábitos e ir tomando consciencia de ellos me abre al descubrimiento y cambio, aunque quizás todo sucede verdaderamente sin buscarlo. El foco es atender, lo demás sucede como consecuencia.

El cambio se va dando de forma progresiva. En mi caso esto comenzó con la práctica de yoga, dejé de comer ciertos alimentos, comencé a levantarme más temprano, cambió mi respiración, dejé de toser en invierno, comencé a ser más puntual, dejé de frecuentar ciertos lugares, dejé de consumir muchas cosas. Con la práctica de meditación zen desarrolle mi atención sobre todo hacia el aspecto emocional y mental. Generé cierto orden o limpieza interna, aprendí a darle nombre a mucho de lo que me sucede, a metabolizarlo y no identificarme. Claro que a veces lo logro y otras veces no, a veces estoy más concentrada y otras más dispersa.

Con el tiempo he notado cómo ciertas cosas se van desarmando, desactivando, reacciones, impulsos, respuestas automáticas, hábitos. El poder de la observación y la indagación ilumina nuestros automatismos, nuestras oscuridades e inconsciencias.

¿Puedes describir tu experiencia durante la sesshin rohatsu1, y durante la noche de Mara en particular? ¿Desde la perspectiva del tiempo algo cambió?
Mi experiencia durante la rohatsu fue de gozo. Al comienzo, los primeros días, estuve pendiente de muchas cosas a nivel organizativo y administrativo, por mi función de secretaria de la comunidad tenía que hablar con muchas personas o abrir el ordenador y eso me distraía bastante. Luego pude sumergirme en la atmosfera del silencio y el clima de práctica que se instalaba.

Al iniciar el retiro me propuse no anticiparme demasiado a las cosas. Por más que tenía que cumplir la función de jikido (marcar el tiempo a través de los sonidos) fui haciendo las cosas a medida que iban sucediendo, soltando la ansiedad, intentando fluir con el momento y confiando en que ya sabía lo que tenía que hacer.

Ésta vez conecte mucho con el sentimiento de sangha, sentí mucho afecto por las personas que hacíamos la sesshin, mucha gratitud especialmente por los compañeros que sostenían las tareas cada día. Tuve momentos de emoción y querer abrazar a todo el mundo, aunque suelo parecer más bien reservada.

La noche de Mara estuve sentada en zazen2 todo el tiempo, solo salí del dojo en el último kin hin3 para ir al baño y regresé. Fue una práctica intensa y reveladora.

Los primeros 3 períodos de zazen pasaron muy rápidos, me sentía excitada, un tanto revolucionada mentalmente, quizás alterada por la novedad, poca atención sincera al momento pero mucho registro de mí estado.

Todo cambió cuando comencé a sentirme un poco cansada y con dolor de piernas, cosa que no es nada habitual en mí, aquel intenso dolor llamó mucho mí atención. Era una sensación eléctrica y penetrante muy dolorosa que me atravesaba desde la inserción coxofemoral, recorría todo el fémur de las piernas hasta dentro de las rodillas. Nunca he sentido tal dolor, quizás si en las rodillas durante alguna larga sesshin pero toda la pierna jamás.

Simplemente decidí atender eso, ¿qué es ésto?

El dolor no cesó en ningún momento, fue pasando el tiempo y respiración tras respiración, a pesar del dolor, fui entrando en la atmósfera de práctica, aceptando lo que estaba sucediendo.

Me sentía en un estado profundo pero también rígido. Estaba bastante agotada, no quería salir porque sabía que me iba a distraer o que la tentación por irme a dormir sería muy grande. Casi al final comencé a sentir unas punzadas dolorosas en el vientre y decidí salir al baño.

Cuando regresé las punzadas continuaron durante un rato y luego pasaron pero sentía todo mi cuerpo entumecido, agotado.

Salí en el despertar con la campana y me fui a mi cuarto a descansar un poco. Recuerdo que me tumbé en la cama, estiré las piernas y me latía todo el cuerpo, sentía que la sangre corría rápido por dentro. Luego regresamos al dojo para el último zazen de 45 minutos.

Estuve con los ojos bien abiertos casi todo el tiempo, no suelo hacer eso pero no me perturbaba en absoluto y me resultaba curioso. La mirada abierta, periférica y casi no pestañaba. Mi respiración se fue calmando y cuando comenzaba a salir el sol y veía por la ventana cómo la claridad lo cubría todo me vino una sensación de alivio muy grande. Comencé a llorar y fui notando cómo todas las tensiones y dolores de mi cuerpo se desvanecían. Otras veces he experimentado lo mismo con el llanto durante zazen. Eso me emocionaba profundamente, pude notar claramente cómo iba soltando todo aquello que me mantenía aferrada a la idea de “no tengo que salir del dojo”4, Conecté con algo más profundo, como una expresión interna de “es lo que hay que hacer ahora, simplemente”, “nada que obtener”.

Entrevista de Aleksy Szymkiewicz

  1. La sesshin rohatsu es un retiro intensivo de meditación zen que tiene lugar cada año a principios de diciembre y que rememora los días previos al despertar del Buddha Shakyamuni. La noche de Mara es una vigilia de zazen que tiene lugar del 7 al 8 de diciembre, como colofón de la sesshin rohatsu.
  2. Zazen es la meditación zen.
  3. Kin hin es la práctica de la atención plena caminando.
  4. Dojo, sala de meditación zen.