50. Epílogo. Kodo Sawaki Roshi: su vida y su espíritu, por Kushiya Shusoku

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Epílogo

Kodo Sawaki Roshi: su vida y su espíritu
por Kushiya Shusoku

Las palabras de Kodo Sawaki son como un viento que sopla hacia nosotros desde el Zen. Nos trae el aire que necesitamos para respirar. A veces nos llega, en nuestro dolor, como una suave y fresca brisa que reconforta nuestro corazón. A veces, también, como una tormenta con rayos y truenos que cae sobre nosotros. Entonces parece que el universo entero se ha vuelto contra nosotros para despertarnos de nuestras ilusiones con un ruido atronador. Y cuando ese impetuoso viento se lleva nuestro viejo yo, si levantamos la vista hacia el cielo parece que la tormenta ha cesado hace tiempo y la clara luz de zazen se derrama plácidamente sobre nosotros.

Kodo Sawaki nació en 1880 en el barrio Shinto de la ciudad de Tsu (en la prefectura Mie). Era el sexto hijo de Tada Sotaro (el resto de los hermanos murieron siendo niños, a excepción de dos hermanas y un hermano mayores que él). Recibió el nombre de Saikichi y se dice que era un golfillo maleducado. Su madre, Shige, murió repentinamente cuando Sawaki tenía cuatro años y su padre cuando tenía siete. Al principio se fue a vivir con una tía, pero cuando seis meses más tarde su marido murió, fue adoptado por un amigo de la familia que oficialmente se dedicaba a la venta de farolillos, aunque en realidad se ganaba la vida con el juego. Se llamaba Sawaki Bunkichi y vivía en el barrio Isshinden de la misma ciudad. Era un barrio de burdeles, en el que los vendedores de los puestos ambulantes buscaban clientes mientras timadores y carteristas hacían su trabajo. Se concentraba allí el lumpen de la sociedad. Cuando Sawaki ingresó en la escuela primera, a los ocho años, ya trabajaba como ojeador en las casas de juego o vigilaba el calzado a la entrada. Con doce años, al terminar la enseñanza básica, empezó a ayudar con la venta de farolillos, alimentando de ese modo a sus padres adoptivos, que casi nunca trabajaban.

Un día fue testigo de la muerte de un hombre de más 50 años, en el burdel de la esquina. Murió repentinamente después de haber estado con una prostituta tan joven que podía ser su nieta. Por primera vez, sintió en lo más hondo de sí la fugacidad de la vida. Entonces empezó a albergar el deseo de seguir la Vía del Buda.

En el mismo lugar, justo al lado, vivía la familia del artesano Morita. Aunque vivían de manera muy sencilla, era gente con educación y de buenas costumbres. Sawaki visitaba a menudo al hijo mayor, Chiaki, que le introdujo en las obras principales de la Historia y Filosofía antiguas china y japonesa. Así aprendió que en el mundo hay cosas más valiosas que los títulos, el dinero o los placeres sensuales. Parece, por tanto, que el espíritu de búsqueda de Sawaki tiene su germen en las costumbres de los Morita.

Pero la contradicción entre su espíritu buscador de la Vía y la realidad de su vida diaria le llevó a marcharse de casa a los quince años. Se escapó de la casa de sus padres adoptivos y se marchó a casa de un amigo en Osaka, pero pronto lo trajeron de vuelta a casa. Al año siguiente tuvo más éxito en su huida a Eiheiji. Su equipaje consistía en un farolillo de Odawara, tres kilos de arroz y 27 monedas (sen). Su peregrinaje hasta Eiheiji, en la prefectura Fukui, duró cuatro días y cuatro noches en los que se alimentó con el arroz crudo que llevaba consigo y unas habas que había comprado. Eiheiji no quería admitirlo como monje: ¡Vuélvete a casa!, le dijeron. Pero despúes de permanecer dos días a la entrada, sin comer ni beber, finalmente fue admitido como ayudante en el taller. Nada podría haberle hecho más feliz.

En el verano, en la época Obon, ayudó en Ryuunji, el templo de uno de los monjes destacados (el ino) de Eiheiji. Un día, cuando una vez terminado el trabajo en el templo le dejaron el resto del día libre, decidió retirarse a una estancia para practicar zazen él solo. De repente, abrió la puerta una mujer mayor que habitualmente lo trataba como chico de los recados. Sorprendida, se inclinó ante el joven Sawaki con tanta reverencia como si fuera el Buda en persona. Así se hizo consciente el futuro Sawaki Roshi de la dignidad del zazen y decidió practicarlo durante el resto de su vida.

De hecho, puede decirse que toda la vida de Sawaki consistió en el deseo de vivir para zazen. Todo lo que hizo más adelante se fundamenta en esta profunda fe en zazen. Finalmente se cumplió su deseo de ser monje y fue ordenado por Sawada Koho, el abad de Soshinji, en el lejano Kyushu. Con 17 años recibió el nombre de Kodo, el 8 de diciembre, el día de la iluminación de Buda. A los 19 años, como unsui (monje errante), entró en Entsuji, en Tanba, donde participó en una ceremonia de ordenación para laicos en la que conoció a un discípulo de Nishiari Bokusan: Fueoka Ryoun Roshi. Fueoka sentía gran aprecio por Sawaki. También a Sawaki le atraía el carácter puro de Fueoka y le siguió a su templo: primero a Hosenji, en Kyoto, y luego al Hosenji de Kalegawa [el nombre de los dos templos se pronuncia igual, pero los signos de escritura son distintos], hasta que con 20 años ingresó en el ejército. En ese corto espacio de tiempo conoció el Gakudoyojinshu, el Eiheishingi y el Zazenyojinki-funogo, lo que reafirmó la fe de Sawaki en shikantaza.

En febrero de 1900 comenzó a servir en el ejército y tres años más tarde, justo al final del servicio, estalló la guerra ruso-japonesa y fue inmediatamente incorporado a filas. Debido a una herida que casi le cuesta la vida permaneció liberado del servicio durante un corto espacio de tiempo, pero pronto volvió al frente, donde luchó hasta el final de la guerra, en 1906.

Ese mismo año ingresó en la Escuela de Estudios Budistas –en el barrio Isshinden en el que una vez vivió–, centro que pertenecía a la corriente Takada de la escuela Jodo-Shin. Dos años después se pasó al seminario del Horyuji, en Nara, donde estudió día y noche la filosofía Yogacara bajo la dirección del abad Saeki Join Sojo. Allí conoció a una monja que dominaba el arte de coser el nyoho-e (un hábito monacal confeccionado según la auténtica doctrina) a la manera de Jiun Sonja. Esto animó a Sawaki a empezar el estudio del nyoho-e.

Una vez adquirió una visión general de la doctrina budista abandonó el seminario y, en diciembre de 1912, con 22 años, se mudó al templo Yosenji, en la ciudad de Matsusaka, donde desempeñó el cargo de tanto (supervisor de los monjes). Allí, también bajo la dirección de Oka Sotan Roshi, a quien se considera el primer discípulo de Nishiari Bokusan Zenji, empezó a estudiar a fondo la doctrina de la escuela Soto. Con 24 años regresó a Ikaruga y vivió más de dos años en el templo Jofukuji, donde se dedicó en cuerpo y alma, totalmente por su cuenta, a la práctica de zazen.

En 1916, con 36 años, Oka Sotano Roshi le ofreció un puesto de instructor de los monjes en el Daijiji, en Higo. Allí encontró al fin amigos que querían seguir el mismo camino que él. Es ahí donde desarrolló y perfeccionó su propio estilo de enseñar el Zen. Ocasión para ello le dio tener que vérselas con los desvergonzados estudiantes del instituto de bachillerato de Kumamoto, que le hicieron librarse de la pátina de clericalismo adquirida con el tiempo y le obligaron a expresar su religión con nuevas y estimulantes palabras.

Tras la muerte de Oka Roshi, en 1922, Sawaki Roshi abandonó el templo Daijiji y se mudó a una casa de alquiler en la que instaló un dojo al que dio el nombre de Daitetsudo («Sala del Gran Paso»). Pasado medio año se fue a vivir a la montaña Mannich de Kumamoto. Allí entró en contacto con personalidades del círculo de las artes marciales japonesas. Durante trece años, hasta la edad de 55, vivió solo en la montaña Mannich, desde donde comenzó a viajar por todo Japón para enseñar zazen y dar conferencias siempre que se lo pedían. De esta manera difundió la práctica de shikantaza (sentarse sin más) por el mundo. En abril de 1935 fue nombrado profesor de la Universidad de Komazawa, y en diciembre del mismo año también godo (monje responsable de la sala de meditación y del mantenimiento de la disciplina), en Sojiji, uno de los dos templos principales de la escuela Soto. A partir de entonces Sawaki comenzó a desarrollar su tarea sin preocuparse de su vida ni de su salud, como una enorme rueda en movimiento que ya no se puede detener. Su actividad no se reducía a la que desarrollaba en la Universidad y en Sojiji, sino que organizaba también continuos nuevos encuentros de zazen por todo Japón, además de asistir a los grupos ya existentes, por lo que se encontraba continuamente de viaje. Lo daba todo de sí con el propósito de que nos preguntáramos por el camino que llevamos y mostrarnos el suyo propio, sentarse con nosotros en zazen e insuflarnos de este modo nuevo aliento para la práctica siempre nueva del shikantaza.

A Sawaki Roshi siempre se le encontraba allí donde podía darlo todo de sí. Cada día, en cada instante, vivía su vida de forma completamente nueva. Y esta vida le exigía todas las fuerzas de su cuerpo y de su alma. En las sesshin (semanas de práctica intensiva), por la mañana era el primero en sentarse en el zafu, y hasta avanzada la noche su presencia era tan intensa que era capaz de atemorizar a los participantes. La atmósfera era siempre tensa y a veces parecía como si un potente trueno hiciera temblar todo el edificio.

En 1940 inauguró un dojo en Daichuji, en la prefectura de Tochigi, lo que no impidió que continuara organizando nuevos encuentros Zen por todo Japón, actividad que nunca abandonó. En 1946 fue nombrado abad del monasterio de Daitoin, en Shizuoka, y a la vez director del monasterio de monjas Myozetsuan, en Kioto. A pesar de ello, nunca tuvo un templo propio en el que vivir, nunca se casó ni fundó una organización propia. Junto con sus discípulos estaba siempre de viaje, por lo que a su sangha la llamaban “la sangha viajera”. Toda su vida era como un sueño de zazen: sin sentido, sin provecho. Su vida estaba consagrada a este tipo de zazen. En aquella época, incluso entre los budistas, “Zen” no significaba otra cosa que el Zen de los koan de la escuela Rinzai, en el que se trataba de alcanzar el satori por medio de la meditación sedente. Sawaki Roshi fue quien impulsó el renacimiento del puro zazen al estilo shikantaza.

El camino de Sawaki Roshi discurrió siempre con firmeza hacia delante, pero en 1963, con ochenta y tres años, sus piernas perdieron fuerza y se vio obligado a dejar de viajar. Se retiró a Antaiji, donde continuó regularmente con sus encuentros zen.

“¡Qué buen tiempo hace hoy! ¿Cómo es que nos hemos ganado este tiempo, sin haber tenido que pagar ni un céntimo?”
“¿Qué he hecho para merecer ser tan feliz? Sería una lástima guardarme toda esta felicidad para mí solo!”.

Después de haberse retirado de sus múltiples responsabilidades, finalmente encontró tiempo para este tipo de oraciones privadas. Murió en Antaiji a la edad de ochenta y cinco años, rodeado de los suyos, el 21 de diciembre de 1965.

El aspecto externo de Sawaki Roshi era el de un maestro Zen tal como nos lo imaginamos. El carisma de su persona, su comportamiento en la vida cotidiana, la desconsideración completa hacia sí mismo y la atención hacia los demás, todo ello provocaba una honda impresión en aquellos que tuvieron la fortuna de conocerle personalmente. Quien se encontraba con Sawaki tenía la impresión de éste le dedicaba toda su atención y de que sólo a él le pertenecía el corazón del roshi. Por eso Uchiyama Roshi decía de Sawaki que era “un gigante que se mantiene abierto en todas las direcciones”.

Por otra parte, parecía también que en el interior de Sawaki Roshi se escondía un pícaro maleducado que hacía de las suyas y cuyas ilusiones eran más grandes que las de cualquier otra persona corriente. Y probablemente ésta era la razón de su gran severidad consigo mismo y con los demás y de que su vida hubiera estado marcada por una dinámica tan impetuosa: la mirada del granuja desvergonzado que había en el fondo de Sawaki Roshi conocía bien nuestras mezquinas ilusiones de persona corriente. Sawaki debió de albergar con gusto a este granuja que se escondía en su interior. Cuando le muestra cálidamente el camino al pequeño Saikichi, también a nosotros nos tiende una mano salvadora.

Al mismo tiempo, Sawaki Roshi sacaba a la luz la verdad que moraba en él. Sus palabras, que eran expresión de su búsqueda de la Vía, no estaban nunca fijadas de antemano. Se mantienen siempre en movimiento, como si quisieran escudriñar las profundidades de esta tierra. Debemos recibir estas palabras con todo nuestro corazón tanto como con todo nuestro cuerpo, deben tener eco en nuestra vida. Y si labramos de esta manera el campo de nuestra vida, llegará finalmente el momento en que encontremos en nosotros las palabras de nuestra propia verdad y tengamos que darles expresión.

A muchos les puede parecer que Sawaki Roshi repite siempre lo mismo; lo que leen lo han leído ya una y mil veces. Es así porque sus palabras son como un sutra de nuestra época. Llenos de repeticiones están también los antiguos sutras y de la misma manera las montañas y los ríos, las plantas y los árboles predican, de nuevo cada día, el mismo eterno sutra. Por eso debemos leer todas y cada una de las palabras de Sawaki como si en ellas nos encontráramos a nosotros mismos por primera vez. Si escuchamos la palabra de la verdad, con distinta forma, una y otra vez, eso hará que más pronto o más tarde, sin siquiera darnos cuenta, algo se despierte en nosotros.

Las palabras de Sawaki Roshi surgen de la práctica del zazen. Son zazen en carne y hueso. Sawaki no sólo predicó estas palabras de verdad, también las vivió. Su vida empezaba por “za” y acababa en “zen”. Sus palabras nos dan fuerza para disolver nuestras ilusiones sentándonos. Nos llevan a zazen. Al zazen que siempre estuvo presente en Sawaki como el motor de su vida, como su deseo y su voto; sencillamente, como el fundamento de su existencia.

El texto que presentamos aquí como “El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos” constituye la segunda parte de la obra “A ti”1, compuesta por las notas tomadas por Uchiyama Roshi, recogidas en vida de su maestro, Sawaki Roshi, a partir de sus orientaciones y enseñanzas orales. Esta segunda parte se compone de extractos tomados de toda su obra que escogí porque resonaban en mi corazón. En este libro los he ordenado de tal manera que se comuniquen entre sí, arrojando luz unos sobre otros. En algunos pocos casos he hecho un pequeño añadido, cuando de ese modo sus palabras adquirían más vida, o he juntado pasajes que antes aparecían por separado. También he cambiado expresiones que hoy en día resultarían discriminatorias. Naturalmente, el conjunto de lo dicho por Sawaki es mucho más amplio; no obstante, estoy convencido de que en cada una de las citas que componen este libro está contenido Sawaki Roshi en su totalidad.

Sawaki no escribió ningún libro. Esta recopilación ha sido posible gracias al esfuerzo de muchas personas que estenografiaron y pasaron a limpio sus charlas, así como a quienes las editaron y publicaron. Quiero dar también las gracias por su trabajo a mi maestro Uchiyama Kosho Roshi, a Sakai Tokugen Roshi y al señor Tanaka Yoneki.

Espero que este libro sirva de impulso al lector para que reflexione sobre su propia vida, y quizás incluso le motive a sentarse en zazen. Si así fuera, nadie se alegraría tanto como el propio Sawaki Roshi: si vivís vuestra vida desde zazen, Sawaki Roshi vivirá con vosotros.


Kodo Sawaki  ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de «Kodo sin morada» ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Dharma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokio.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Yokoyama Sodo Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga y revisada y anotada por Dokushô Villalba.

  1. En japonés, Zen ni kike (Daihorinkaku, 1986); en alemán, An Dich (Angkor Verlag, 2002).
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49. ¿El diablo se ha apoderado de ti? ¡Arrebátale el botín!

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


La última estación de tu vida, allí donde no hay ya continuación: ése es el punto en la enseñanza del Buda.
No entenderás las cosas hasta que no vayas hasta el final y observes tu vida desde la más alta cumbre: para comprender verdaderamente el mundo necesitas la fuerza necesaria para colocarte en la perspectiva de la nada.
Dices: “Esto soy yo y eso es una montaña”. Al separarlas de esta manera, no puedes comprender de verdad las cosas. De pequeño se te enseñó que eso es una “montaña” y aquello un “río”. Pero ¿qué eran antes de que tú nacieras? ¿Y qué serán tras tu muerte? La Vía del Buda es la vía que precede a tu nacimiento y continúa tras tu muerte. En esta vía no hay divisiones: todo en el cielo y sobre la tierra está indisolublemente unido, ahí sólo estás tú, en cuanto eres uno con el universo. O podría también decirse que sólo está el universo, con todos sus ríos y montañas. Esto no quiere decir que tratemos de hacer de la diversidad una unidad. Originariamente sólo hay una realidad, la cual se encuentra más allá de nuestras construcciones mentales.
Estar libre de pensamientos significa que acoges en ti lo ilimitado.
Tu práctica ha de ser la práctica de todo el universo. En la práctica debes darlo todo de ti, pero esto no significa que trates de hacer de ti un santo o que dejes de ser una persona corriente. Mientras no dejes de aferrar o desechar alguna cosa, tu práctica no será universal. No aferrar ni desechar nada significa permitir que la luz caiga directamente sobre ti. Esto es práctica y esto significa sentarse sin más: ser iluminado por la luz cósmica en todas direcciones.
La vida te ha llevado a un callejón sin salida y no sabes cómo salir. Te has decidido a apostarlo todo a la última carta: “Quiero seguir la Vía del Buda”. Se te abre ahí finalmente un rayo de esperanza: ves la luz de tu auténtico yo, al que nada puede colocar entre la espada y la pared.

“Arriba y abajo, siempre dando vueltas mi yoyó.
Ahora quiero morir, ésta será mi tumba.1

Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, el universo de tierra, agua, fuego, viento y vacío existe sólo aquí y ahora, y tú debes vivir tu vida empleando todas tus fuerzas en este momento, que es a la vez la vida eterna.
Nuestra práctica es como la siega del arroz: si no pones en ello toda tu atención puedes acabar cortándote una mano. Pero si lo agarras por la raíz con decisión y presencia de ánimo, no es tan complicado. Cuanto más da de sí una persona, más formal parece.
Deja de lloriquear. Vive en el presente, en este día, en este momento. ¿Qué otra opción tienes sino esmerarte aquí y ahora?
¿No es extraño que la gente quiera siempre ahorrar fuerzas? A alguien como yo, sin ningún talento particular, que tampoco es especialmente inteligente y que no tiene ni padres ni dinero, no le queda otra que darlo todo de sí. En ese sentido he tenido suerte en esta vida, pues ¿qué mayor suerte puede haber que encontrarse en circunstancias que le obligan a uno a darlo todo de sí?
La Vía del Buda representa el samadhi del simple hacer. ¿No está claro que eso no tiene nada que ver con la fatigosa tarea de buscar atribulado la verdad en los libros?
Los ocho volúmenes del Sutra del Loto, los seiscientos volúmenes del Sutra de la Sabiduría y el Sutra del Nirvana, todos se desarrollaron a partir del zazen del Buda Sakiamuni. Esos sutras son las notas a pie de nuestro zazen, nuestro zazen es la manifestación concreta de los sutras.

Todos estos años has ido de compras con tus sentimientos hasta estrellarte, tenías celos y has repartido golpes a diestro y siniestro. Ahora simplemente siéntate aquí. Ya has vagado sin rumbo durante demasiado tiempo antes de llegar a este momento. La búsqueda desesperada ha acabado al fin: ahí se halla la paz y la serenidad que nos regala zazen.
No tengo más deseos que poder raparme la cabeza, llevar el kesa y practicar zazen durante toda mi vida. Pues tampoco Dogen Zenji hizo nada distinto. A esta vida se refiere cuando dice que “se resuelve el gran asunto de toda una vida de práctica”2. Esta es la mayor felicidad que puede existir. Si la experimentas, estarás lleno de agradecimiento de haber nacido persona y de haber entrado en contacto con la enseñanza del Buda.
Seguir la Vía hasta el final significa que al diablo, que se había apoderado de ti, le arrebatas de nuevo el botín.

  1. Parece ser que estos versos fueron el epitafio de Tegurama-Ô, que literalmente significa “el viejo de los yoyós”. Tegurama-Ô vendía yoyós a los niños en las calles de Kioto y Osaka a comienzos del S. XVIII. Un día se sentó en el bordillo de la calle, escribió las palabras antes citadas en una tabla de madera mortuoria y murió. La tabla de madera mortuoria (sotoba, en jap.) está esculpida con símbolos de los cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y vacío.
  2. Expresión extraída del capítulo Bendowa del Shôbôgenzô de Dôgen Zenji.
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48. Del arco y las flechas a la bomba atómica: ¿a qué se llama “progreso”?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


El satori no tiene un comienzo, la práctica no tiene final. No esperes que nadie te dé una propina por ello. Practicar significa dar toda su expresión al satori, presente ya desde el principio. Por eso no hay ningún satori fuera de la práctica y tampoco práctica fuera del satori.
Si practicas zazen, tu práctica debe expresarse en tu actitud en la vida diaria: en la búsqueda de la sabiduría del despertar y en la ayuda desinteresada a todos los seres que sufren.
Si dices que el objetivo de la práctica de la Vía del Buda consiste en hacer de una persona corriente un Buda, eso es una verdad a medias. Siempre has de recorrer la Vía del Buda junto con todos los seres que sufren. Si te apartas de los demás, eso no tiene ya nada que ver con la Vía del Buda.
El secreto de la Vía del Buda consiste en hacer las cosas sin más. Te equivocas si crees que la Vía del Buda está ahí para ayudarte como persona.

Si miras con franqueza en el fondo de tu corazón, comprobarás que cuando dices: “Me sacrifico por los demás”, no haces sino ocultar tu egoísmo. ¿No estás haciendo en realidad que todo gire en torno a ti mismo?
¿Por qué los “religiosos” de todos los tiempos han sido siempre tan ambiciosos y ruines? Porque se ganaban el pan haciendo creer a los demás que estaban en posesión de la verdad. Pero como eso no se funda en criterios objetivos, tratan desesperadamente de echar el lazo a los creyentes.
Algunos me preguntan por qué no creo mi propia organización zen. En el budismo no puede haber ninguna organización. Tan pronto comienzas a organizar algo el contenido se va al garete. ¡No tienes más que echar una mirada a la actual escuela Soto Zen!
La gente se deja engañar gustosamente por sus propias fantasías. Pero lo que una persona fantasea, otro vendrá que lo echará abajo.
Todo el mundo busca satisfacción, el cumplimiento de sus deseos. ¡Y la respuesta se halla en los periódicos! No es de extrañar que se extravíen y se hundan cada vez más en el pozo de su ignorancia. Informaciones procedentes de todo el mundo llegan a nuestra pantalla el mismo día en que se producen. Y de igual modo se acelera también la rueda de nuestras ilusiones. Llamamos a esta aceleración “progreso” o “civilización”; la pregunta es ¿en qué dirección progresamos? Desde el punto de vista del budismo, este progreso es en realidad decadencia. Aceleramos nuestro declive y el mundo entero se sume en el sufrimiento.
La humanidad progresa desde el arco y las flechas hasta la ballesta, de la ballesta a la escopeta, y de la escopeta a la ametralladora, hasta llegar a la bomba de hidrógeno. Pero ¿cuánto han avanzado los humanos en cuanto a su carácter? Siguen siendo los mismos granujas que se lían a mamporros entre sí. Con la diferencia de que hoy disponen de armas más peligrosas.
La pregunta es qué entiendes por “cultura”. Cuando el cine no te baste y los conciertos ya no te satisfagan, date simplemente un descanso de tu “cultura” y siéntate en zazen: ahí encontrarás finalmente lo que durante siglos habías estado buscando sin éxito por todos los rincones.
¿Por qué se monta la humanidad todo ese teatro? Es como una pelea de gallos que se dan picotazos sin parar. La enseñanza del Buda trasciende todos los “ismos”. Lo que los humanos han podido concebir es siempre falso.
Sólo el Dharma es verdadero. Esto no es ninguna arrogancia: “Dharma” significa “verdad”.
La luz de la sabiduría significa –dicho con mis palabras– que se reduce la congestión sanguínea.
Si de verdad te dedicas a la religión y al budismo, llegará el momento en el que hasta las flores del ciruelo y el sonido del bambú te prediquen el Dharma. La voz de los valles y el color de las montañas, ésa es la religión que tú realmente buscas.

¿No ha de ser el objetivo de todo auténtico filósofo y de las personas religiosas hallar la verdad en todas y cada una de las cosas? Todas las cosas del universo son manifestaciones de la verdad y el universo en su conjunto es Buda.

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47. No has pagado nada por nacer, ¿y encima quieres que se te devuelva el dinero?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


“Practicamos zazen con el objetivo de tener el satori, ¿no es verdad?” ¡Qué tontería! ¿Hasta por el zazen quieres recibir una propina? Al menos zazen deberías hacerlo con naturalidad y sin objetivo alguno.
Cuando alguien me pregunta para qué sirve zazen yo respondo que no sirve para nada. Ante lo cual la gente dice: “Si no sirve para nada, mejor lo dejo”. La cuestión es ¿qué hay que sirva para nada?
Lo que parece una “ventaja” no lo es en realidad. La ventaja de la enseñanza del Buda consiste en que no hay ninguna ventaja. Llevo más de tres meses seguidos de un lado para otro haciendo lo que no reporta nada. En mi camino de una sesshin a la siguiente parece que voy a desfallecer de agotamiento. Ésta no es precisamente una de las “ventajas” que la gente siempre espera.
Todas las demás religiones ofrecen recompensas. Sólo la nuestra no ofrece ninguna. Tiene gracia: predicamos lo que sólo alguien sin méritos puede predicar. Las personas de mérito llaman a esto “pagano”.
Visitar un templo budista, invocar el nombre de Buda o sentarse en zazen, nada de ello reporta nada. Toda nuestra vida no reporta nada al fin y al cabo. ¿Qué puede haber más ruin que una persona que ante todo lo que hace siempre pregunta qué va a ganar con ello?
Hemos de evitar buscar el aplauso por lo que no merece ningún aplauso. Cuando era joven hacía siempre lo posible por ganarme la admiración de la gente superficial. Cuando hoy pienso en ello me empiezan a sudar los sobacos. Hemos de cuidarnos de la admiración de nuestros congéneres.
Lo que la gente elogia no tiene ningún valor. La vida en las montañas: ninguna persona te elogiará por ello.
Sólo en el mundo humano puede hacerse carrera. Qué estúpido es tratar de reunir de nuevo, una tras otra, todas las cosas a las que se ha renunciado con la ordenación monástica. ¿Qué excusas presentaría a los ancestros un sacerdote de 73 años que con su cabeza rapada y su kesa trata de hacer carrera como la gente mundana?
¿Qué puede ser más errado que tratar de hacer carrera como monje budista? ¡Un monje se caracteriza precisamente por que no hace ninguna carrera!

Cuando un monje lo abandona todo y lleva una vida sencilla, ya no hay para él ninguna otra cosa especial que practicar. Tampoco es necesario dar limosna a los pobres: si llevas una vida que es digna de compasión incluso para los pobres, esa vida tiene más mérito que ninguna otra práctica. Y, a la inversa, no es bueno acumular dinero y hartarse de exquisiteces que te conviertan en la envidia de los pobres. Creo que había una razón profunda en el hecho de que Sakiamuni renunciara al trono.
Si estiras el cuello para sobresalir por encima de los demás, correrás también tras el dinero y te esforzarás por alcanzar un puesto importante. Religión significa inclinar la cabeza en gassho. En la inclinación de cabeza se realiza la auténtica vida.
He vivido toda la vida como un parásito, pero, en realidad, ¿qué quiere decir esto? En cualquier caso, no hay absolutamente nada que me pertenezca a mí o a ti. Nada nos pertenece y precisamente por eso hemos de tratarlo todo con el mayor respeto. Vivir como un parásito significa tener respeto y consideración por todas y cada una de las cosas.
Yo no albergo la menor esperanza. Me pidan lo que me pidan, hago lo que mandan; me eche la gente de comer lo que me eche, lo acepto sin más. No me importa lo más mínimo de qué se trate.
La gente vive en sus fantasías. Primero se fabrican una idea, luego la agarran con fuerza y empiezan a pelearse por ella, entrando todo a formar parte del gran teatro. Una persona como yo, que vive en paz, no trata de llegar a cualquier precio a un pesebre en el que, de todos modos, no hay nada que comer. No trato de alcanzar nada inalcanzable. No lloro cuando tengo mala suerte y tampoco me vuelvo loco cuando la suerte me sonríe. Siempre he mantenido la serenidad.
Una vez bajé con un montacargas a una gruta de varios cientos de metros de profundidad. Aunque el montacargas descendía a un ritmo constante, al cabo de un rato me dio la impresión de que íbamos hacia arriba. Esta ilusión se parece a la que experimentamos cuando creemos haber encontrado un “chollo”.
Siempre tratas de ganar algo. No has pagado nada por nacer, ¿y encima quieres ahora que se te devuelva el dinero?
Todo lo que hacemos es gratuito. Todo lo que recibimos es gratuito. La lluvia cae gratuitamente, el sol brilla gratuitamente. El sol no nos pasa ninguna factura por su “energía solar”. ¿Cuál es el problema de que no podamos llevarnos nada a la tumba? La cuenta está saldada, ¡listo, punto final!
¿Qué tiene de grave si al final mueres en la cuneta como un perro callejero? He vivido toda mi vida con el propósito de acabar diñándola como un chucho callejero. He malgastado toda mi vida en zazen.
Todos tratan de añadirle algo a la vida humana. Ahí está su error.
Qué sorpresa se llevará la gente cuando compruebe que al final nada sirve para nada. Reconocerán su error de golpe, como un mudo que le echa el diente a un fruto amargo1].

  1. El hecho de ser mudo no tiene que ver tanto con la sorpresa por el error cometido como con el hecho de que no podemos compartir esa sorpresa con nadie. “Todo duerme”, dijo el príncipe Sakiamuni al abandonar el palacio. Era como un mudo que había despertado a su pena, sin que pudiera compartir su conocimiento con nadie. [Nota del traductor alemán, el venerable sacerdote zen Muhô, abad del templo Antaiji, en Japón.
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46. Descubres el día de hoy allí donde aún no hay pensamientos

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


“Sólo Dios sabe cómo será el otoño, si traerá lluvia o tempestades.
Hoy yo me emplearé a fondo quitando malas hierbas en el arrozal”.

Ocuparse simplemente del arroz, sin rezongar. La abnegación y entrega de esta práctica es lo que llamamos liberación del pensamiento1. Ahí no tienes necesidad de preocuparte por el futuro y tampoco debes vanagloriarte de lo que hiciste ayer.
Un samurai que nunca pierde su espíritu de samurai expresa el no-pensamiento. El cocinero permanece en la cocina cocinando y cada uno en su puesto hace lo que le corresponde.
Sé totalmente tú mismo. En cualquier momento y lugar has de tener los pies sobre suelo firme, sin desperdiciar ni un solo instante de tu vida. Cuando eres tú mismo, eres Buda.

Ni siquiera a Sakiamuni debes imitar. Debes crear tu vida cada día. Tú día de hoy ha de extenderse ilimitadamente. No hagas de él una copia de tus ideas de ayer. Tus ideas de hoy han de ser completamente libres.

(Sobre la experiencia de iluminación de Reiun al observar los melocotoneros en flor:) ¿Qué es lo más importante de tu vida? Cuando las hojas de los pensamientos caen y el viento se lleva las flores de la ilusión, ya no queda nada tras lo que correr ni nada de lo que huir. Libre ya de tus preferencias e ideas, compruebas sorprendido que lo que considerabas más importante, lo que has estado buscando desesperadamente, no era más que una ilusión que se ha desvanecido sin dejar rastro. No queda nada más. Y de repente ves ante ti los melocotoneros en flor y esas flores llenan todo el universo. ¡Todo el universo está lleno de la cosa más importante de tu vida! Por mucho que uno lo intente con uñas y dientes, no podrá desprenderse de ella.
La cosa más importante de tu vida no la recibes de tus padres ni de tu maestro: la descubres en las flores del melocotonero. Este asunto, el más importante, va más allá de tu vida y de tu muerte: ¡los melocotoneros florecen!
El incesante ir y venir de pensamientos y sensaciones no es algo que puedas controlar ni dirigir. Estas idas y venidas se producen al margen de tu voluntad, de ahí que podamos vivir nuestra vida como si hubiéramos muerto tiempo atrás: sin perseguir el satori ni huir de la ilusión. No tenemos nada que anhelar ni tampoco nada que temer. No hay nada que debiéramos hacer, absolutamente nada. Este “absolutamente nada” es nuestra realidad y por eso vivimos como si estuviéramos muertos.
¿Acaso respiramos conscientemente? ¿Hacemos latir nuestro corazón conscientemente? No, nuestros pulmones y nuestro corazón funcionan por sí solos, sin nuestra intervención. De modo que tampoco nada nos impide vivir esta vida libres de pensamientos.
Tú mismo eres la verdad. Por eso no puedes escatimarla. El cielo y la tierra tampoco escatiman la verdad.
Querámoslo o no, el Sutra del Loto rige nuestra vida. Esta vida adopta por tanto mil formas diversas: las montañas y ríos son nuestra vida, el nacimiento y la muerte son nuestra vida, las ganancias y pérdidas, las alegrías, las penas y la búsqueda de un poco más de todo son todos aspectos de la realidad de nuestra vida. Y nada de ello podemos convertirlo en un asunto privado.
Nuestra conciencia está únicamente determinada por nuestro karma, por eso no podemos confiar en nuestras preferencias. Lo importante es verse libre de pensamientos; es decir, pensar de manera realmente libre [hishiryo].
¿Qué quiere decir “tener el satori”? Quiere decir no tener absolutamente nada y, en lugar de ello, soltar por completo. Entonces los ríos y montañas, el espacio y el tiempo son todos expresión del satori.
El satori comienza en el instante en que dejas de buscarlo.
Percibes la enseñanza de Buda como si la vieras a través de un cristal deformado. Cuando te ves libre de pensamientos esto significa que te has quitado los lentes coloreados y contemplas el mundo desde zazen, sin mezclar ahí para nada tus opiniones humanas. Esto es lo que se quiere decir con “desprenderse del cuerpo y de la mente”2.
Estar libre de pensamientos significa estar totalmente presente en cada instante, poner la atención en este momento.

  1. Munen-muso, en jap.
  2. Shin jin datsu raku, en jap.
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45. No debes tomarte el budismo demasiado al pie de la letra.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando practicamos shikantaza no debemos apoyarnos en los conocimientos que hemos acumulado. No obstante, es importante que entendamos correctamente el significado y el sentido de shikan [simplemente]. Antes de poder leer el Shôbôgenzô, tienes que conocer la filosofía Yogaçara1. Si alguien inexperto lee el Shôbôgenzô sin estar familiarizado con la filosofía Yogaçara será como quien comercia con arroz sin disponer de una balanza o de algún otro aparato de medición.
Cuando era joven, el estudio del budismo me dio no pocos dolores de cabeza. Me parecía tan complicado porque lo entendía como un nutricionista entiende el arte de cocinar: si queremos analizar con precisión científica cuánta sal y vitaminas contiene un plato, cuántas calorías, cómo hay que prepararlo para que las vitaminas no se pierdan etc., no hacemos sino crearnos dificultades. Si hoy en día el budismo se marchita es porque mucha gente lo contempla bajo la perspectiva del análisis nutricional sin nunca haber comido de él. A mí, día sí, día también, me basta su simple sabor. No me interesa la cáscara inerte del conocimiento.
En Japón los artesanos tienen a chicos de nueve o diez años de edad como ayudantes o recaderos. Cuando llegan a los quince o dieciséis años se les pone al fin una herramienta en la mano. No se les explica nada más, pero si no saben qué hacer con la herramienta se les dice: “¡Eh, tú! ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde has tenido puesta la vista hasta hoy?”. Lo mismo sucede en un templo zen. Ahí no se habla mucho de budismo. Se practica.
Dedicarse a la práctica es algo diferente a reflexionar sobre la práctica. Hablo por ejemplo a menudo de los rasgos faciales porque me interesa la fisonomía. Considero que la forma es de gran importancia. Creo que la forma del gasshô2, del sampai3 y del zazen ya fue transmitida de uno a otro por los Budas anteriores a Sakiamuni. Dedicarse a la práctica significa entregarse por completo a esa forma.
“Cuando la forma es correcta, también lo es el contenido”. En una postura y actitud correctas se expresa una actitud de espíritu correcta. Por eso es necesario que revisemos a la luz de la práctica de zazen nuestra actitud ante una vida que cambia día a día, afinando nuestra actitud vital desde la mañana hasta la noche.
Un monje necesita adoptar la actitud vital de un monje, un profesor la de un profesor. No debes flaquear en ningún momento. Forja tu propia actitud al estar en pie, al andar, al sentarte, al acostarte. No te pierdas nunca de vista.
La teoría no cuenta. Quizá se dejan encandilar por el koan4, pero en la escuela zen Rinzai los monjes se sientan de hecho en el cojín al menos por espacio de veinte o treinta años. Esta vida no hace concesiones al mundo humano, no hacen componendas con la sociedad humana. La práctica de estos monjes es muy profesional. Comparados con ellos, los seguidores de la escuela Soto me parecen comediantes de tres al cuarto: las enseñanzas de la escuela Soto no calan en ellos.
Si a los budistas de hoy en día les quitas su historia, arqueología y filología, y luego los sacudes como es debido, comprobarás que están completamente huecos.
Sólo los tarugos se entusiasman por lo que está escrito en los libros. Debes aprender a distinguir la realidad de tus elucubraciones mentales. Cuando leas léete a ti mismo, créate a ti mismo. No eres realmente tú mismo hasta que no has dejado atrás toda teoría.
Acumular conocimientos sobre el budismo es peligroso: crees poder abordarlo todo mediante palabras. Y antes de que esas palabras cobren para ti sentido, ya has compuesto con ellas una tesis doctoral o la gente empieza a pagarte por tus “charlas sobre el dharma”.
Las palabras de las religiones establecidas son como latas de conserva vacías, un mal recurso en caso de necesidad.
Las personas de ciencia hablan durante toda la vida únicamente de palabras. Rebuscan con tanto celo entre las letras que al final les llega la muerte antes de haber encontrado en ellas algún sentido para su propia vida. Esto se debe a que reflexionan y discriminan demasiado. Les resulta imposible comprender una cosa simple y directamente; por ejemplo, esclarecer zazen mediante zazen mismo.
Por eminente que sea una filosofía, para todo lo que una persona ha imaginado, otra vendrá con sus ideas y lo echará por la borda. No podemos acceder a las cosas mediante nuestras palabras e ideas. Lo que hay que hacer es llegar desnudo al lugar que permanece inmóvil cuando todo lo demás se derrumba.
Iluminar la conciencia significa salvar a todos los demás antes de salvarte tú mismo. Pero si no haces más que hablar de salvar a los demás mientras ni siquiera eres capaz de ceder tu asiento en el autobús, tus palabras se las lleva el viento.
Alguien me preguntó una vez: “¿No crees tú también que el budismo es la mayor patraña de todos los tiempos?”. Por supuesto, todo lo que cuentan los monjes budistas es tan falso como lo que aparece en los libros. ¿Por qué? Porque habla del nirvana gente que nunca lo ha experimentado, y otros se extienden acerca del gran despertar tras la muerte de la mente, cuando ellos mismos son incapaces de abrir los ojos. Parece que a los religiosos les gusta divagar sobre asuntos que no tienen nada que ver con su propia vida. Esto vale también para todos los sutras famosos: sin práctica no son más que patrañas.
¿Quieres comerte un pastel? Por mucho que grites “¡pastel!” ninguno va a caerte del cielo. Nuestras palabras y conceptos no son la realidad. El zen gira en torno a esta realidad; pero no para reflexionar sobre ella, sino para asirla firmemente a fin de expresarla luego con libertad.
Si la humanidad regresara a su verdadera naturaleza se libraría de todos sus problemas. Pero hasta el momento todo gira en torno al dinero, a follar y zampar, ¡una auténtica casa de locos!
En la Vía del Buda se trata de crear la propia vida. No hay palabras para explicar esto. En esto consiste la vida de un monje. Las palabras han de surgir de la vida del monje constantemente re-creada.
La religión comienza con la ciencia y concluye con el arte. La religión no consiste únicamente en invocar el nombre de Amitabha Buda.

  1. Yogācāra o Vijnanavada es una de las dos escuelas budistas Mahāyāna más importantes. Apareció en la India alrededor del siglo II, fue introducido en China en el siglo VII por Xuanzang y, a mediados del mismo siglo, fue divulgado en Japón con el nombre de Hossō.
    El Samdhinirmocana Sūtra fue el sutra fundamental del Yogācāra que aún continúa siendo uno de sus referentes principales. El Pratyutpanna Sutra y el Daśabhūmika Sūtra también contienen elementos yogacara mientras que el Lankāvatāra Sūtra, también es de una importancia considerable para esta corriente.
    Rechaza el realismo total del budismo Theravāda y el realismo empírico de la escuela Madhyamika, inclinándose por una postura más complicada en la cual la realidad percibida por los seres humanos no existe sino que sólo parece real en virtud de la capacidad de la mente para percibir patrones de continuidad y regularidad.
  2. Gasshô, anjali en sánscrito, consiste en saludar juntando las palmas de las manos y hacer una ligera inclinación.
  3.   Raihai, postración en la que el cuerpo se inclina hasta tocar el suelo con la frente.
  4. Kōan (del chino: gōng’àn) es, en la tradición zen, un problema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. Muchas veces el kōan parece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo, el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia a fin de adivinar lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende el sentido literal de las palabras.
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