Un acercamiento a la figura y el pensamiento de Mark Epstein, psiquiatra estadounidense que indaga en el terreno que el budismo y psicoterapia occidental tienen en común: el ego.

Juan Andrés Ferreira

Que la globalización de la autoayuda ha conducido a gastar demasiado tiempo y esfuerzo en recoser egos en lugar de buscar la verdadera autoconciencia. Que la insatisfacción conduce al deseo y, al mismo tiempo, a temerlo. Y también: que el deseo puede ser un agente esencial para reconciliar a las personas con sus supuestas contradicciones. Que es sumamente difícil aceptar que la felicidad es una condición pasajera e imperfecta. Que, en definitiva, el estado de felicidad no es puro sino que emerge mezclado con la desdicha o la insatisfacción, esas fases emocionales de las que se intenta huir con desesperación. Y también: que buscando la felicidad de manera compulsiva las personas crean mayor infelicidad.

Esto –y más– forma parte integral del pensamiento que el psiquiatra y meditador budista Mark Epstein ha desplegado a través de libros de divulgación y análisis como Going to Pieces Without Falling Apart (Penguin Random House, 1998), Abiertos al deseo. Abrazando el deseo de vivir. Percepciones desde el budismo y la psicoterapia (Neo Person, 2007), Contra el yo. Una perspectiva budista (Kairós, 2007) y Pensamientos sin pensador (Lumen, 2003, Gaia Ediciones, 2011), entre otros títulos.

Nacido en 1953, graduado del Harvard College y de la Escuela de Medicina de Harvard, Epstein reside en Nueva York, donde tiene su consulta privada. Es además autor de artículos y ensayos, algunos de los cuales han sido publicados en medios como Tricycle: The Buddhist Review, The New York Times, Yoga Journal y O: The Oprah Magazine. En su juventud llegó a trabajar como aprendiz del médico del Dalai Lama como parte de una tarea en conjunto con el prestigioso cardiólogo Herbert Benson, pionero de la medicina corporal mental, presidente fundador del Instituto Médico del Cuerpo y de la Mente en el Hospital General de Massachusetts y profesor de medicina mente/cuerpo en la Escuela de Medicina de Harvard, y autor de La respuesta de la relajación (1975).

Con frecuencia Epstein imparte conferencias acerca del valor y la influencia que ha tenido la filosofía budista en su labor como psicoterapeuta. Una influencia que, queda confirmado, es notable. A través de su obra Epstein se empeña en demostrar cómo la filosofía y la espiritualidad oriental, y en especial el budismo, pueden potenciar la psicología occidental. La práctica psicoterapéutica, una variada cantidad de estudios de casos contemporáneos, filosofía budista y narrativas diversas extraídas de textos sagrados como el Rāmāyaa o parábolas y enseñanzas sufíes se agitan en las páginas de sus libros.

Y precisamente, en su último trabajo traducido al español, El trauma de la vida cotidiana. Una guía hacia la paz interior (Ediciones La Llave, 2017), ofrece, desde una perspectiva budista, su visión acerca del papel de un concepto tan freudiano como el trauma en el arco de la existencia humana. El libro, originalmente publicado en 2013, presenta al trauma como puerta abierta al crecimiento y la sanación. En el libro, además de casos concretos de algunos pacientes, el autor incluye su propia experiencia para demostrar que las heridas emocionales contienen el potencial para despertar las capacidades de la mente. La experiencia del trauma no solo ocurre en el viaje de la vida de unas pocas personas. Según Epstein, es el fundamento de la psicología humana. Va más allá de la obviedad de que nadie escapa de la enfermedad o la muerte. Lo que sostiene Epstein es que incluso sufrimientos cotidianos como la soledad y el miedo son traumáticos. Y todos ellos, expresa el divulgador, contienen un amplio y vigoroso potencial transformacional para aplicar al desarrollo de la mente. Para entender el dolor de los demás. Para hacernos más empáticos y compasivos. Y también, posiblemente, un poco más sabios. El sencillo ver a un maestro en grandes figuras como Buddha, Confucio o Lao Tsé, Nichiren, Taisen Deshimaru o Ajahn Chah. Sin embargo, a veces un buen maestro –incluso el mejor maestro– puede aparecer con rasgos que preferimos no mirar. El trauma, dice Epstein, puede ser uno de esos maestros.

Pasamos tanto tiempo tratando de alejarnos de la desdicha y la infelicidad, tratando de separarnos de nuestro propio sufrimiento y del sufrimiento de todos los que nos rodean que, de hecho, un objetivo común tanto del budismo como del psicoanálisis –si incluso nos remontamos a Freud– es borrar esa división que tratamos de hacer entre nosotros y el sufrimiento de nuestras vidas y el sufrimiento de las vidas de las personas a las que amamos”, explica Epstein en una entrevista con Richard Simon, editor de la revista Psychotherapy Networker, en el webcast ¿Es Mindfulness suficiente?, en 2011.

(Budismo y psicoanálisis) tratan de indagar la mente con la mente. Buda fue uno de los primeros excelentes psicoterapeutas en el mundo, pues él construyó en base a ese talento o capacidad peculiar que todos tenemos, que es el de la autorreflexión”, prosigue. “Esta capacidad de utilizar la mente para observar a la mente, a menudo parece ser… bueno, creo que encontraron un poco de evidencia de ello en las ballenas, los elefantes, etc., pero ciertamente desde nuestro punto de vista egoísta como seres humanos, está en su máxima capacidad como homo sapiens; por lo tanto, Buda, y Freud más adelante, descubrieron esa habilidad para hacer lo que Freud llama una escisión terapéutica del yo (therapeutic splitting in the ego), que es usar a la mente para observar cómo funciona la mente o las emociones en el cuerpo… y los psicoanalistas no sabían mucho del budismo, sabían muy poco. Las primeras traducciones que hicieron los alemanes se daban a conocer en Viena y en Berlín durante el auge del psicoanálisis. Pero si uno ve los primeros artículos psicoanalíticos, uno puede ver que básicamente la investigación giraba en torno a la naturaleza del self, y que luego el psicoanálisis avanzó con las generaciones hacia el movimiento de las relaciones objetales en Inglaterra, y a lo que ahora llamamos intersubjetividad. Se trata realmente de indagar cuál es la naturaleza del self y, como Buda prometía, mientras uno más se concentra en el self, más elusivo se torna. Y la tradición psicoanalítica, a través de su propia investigación, utilizando el idioma occidental, ha fracasado en aislar un self absoluto, y eso es muy interesante, porque viene de la observación directa”.

Epstein establece una conexión entre la llamada “atención flotante” del psicoanálisis y la práctica meditativa, y refiere a un texto clásico de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, Recomendaciones para médicos practicantes del psicoanálisis, donde trató de mostrar “casi de forma cognitiva-conductual”, cómo los terapeutas deberían atender a sus pacientes. “Y su enunciado más famoso en ese artículo es que los psicoanalistas deberían suspender el juicio y entregar una atención imparcial a todo lo que se puede observar… y si se observan estas palabras, lo que significa suspender el juicio y prestar una atención imparcial a todo lo que hay para observar, es totalmente budista (un maestro zen diría lo mismo). También decía que los psicoanalistas no deberían tratar de mantener algo particular en su mente cuando escuchan a sus pacientes, sino que deberían dejar que su inconsciente escuche al inconsciente del paciente de la misma forma en que un teléfono recibe las vibraciones que vienen de otro teléfono. Freud es un excelente escritor, eso es lo maravilloso de leerlo, que es muy evocador en su propio lenguaje, pero básicamente estaba estableciendo este estado de conciencia, que primero se tradujo como “atención suspendida imparcialmente” (evenly suspended attention), luego esa traducción cambió a lo que se conoce más ampliamente como “atención flotante”, probablemente eso significaba algo o no… pero la connotación “de manera imparcial” (evenly suspended), para mí tenía que ver con lo que yo he aprendido de mi práctica de meditación budista, que es posible estabilizar la mente y mantenerla en un lugar suspendido en la ecuanimidad/imparcialidad (evenly suspended), donde sin importar cuál sea el afecto de lo que usted está escuchando, ya sea placentero o no, se puede mantener la mente en un lugar”.

En su último libro, Advice Not Given: A Guide to Getting Over Yourself (Penguin, 2017, todavía sin edición en español), Epstein explora el ego, territorio compartido por el budismo y el psicoanálisis. Y sostiene que el ego es al mismo tiempo el mayor obstáculo y la mayor esperanza de las personas. “Quería escribir desde el lugar de ser un terapeuta maduro. Muchos de mis libros anteriores fueron escritos desde la perspectiva de haber descubierto el budismo. Ahora, 40 años después, pensé que valía la pena escribir desde el lugar en el que estoy, habiendo tenido una práctica de psiquiatría durante 35 años”, comenta el autor, que se inició en la práctica del budismo a los 20 años, cuando viajó al monasterio budista del maestro Ajahn Chah, cerca de Bangkok, Tailandia, junto con sus maestros budistas estadounidenses Joseph Goldstein, Jack Kornfield y Richard Alpert.

La práctica budista ha influido en la forma en que pienso, de modo que también influye en mi forma de trabajar”, reconoce. Así las cosas, simplemente dejó que esa influencia sucediera por sí misma en la atención en el trabajo con sus pacientes. “Lo que me di cuenta es que el ego es el terreno común entre la psicoterapia occidental y la psicología budista. Ambos reconocen que una dependencia excesiva del ego es causa de sufrimiento”. Explica Epstein: “Con demasiada frecuencia pensamos que somos el ego y esa identificación nos limita. Y no solo nos limita, sino que también nos hace menos de lo que podríamos ser. El ego proviene de un lugar de miedo y separación, emerge en la infancia cuando recién estamos empezando a descubrir quiénes somos. Necesitamos el ego, pero si le damos un reinado completo, de hecho nos volvemos más inseguros. Pensamos en el ego como algo que nos proporciona una alta autoestima, pero en realidad el ego siempre está tratando de salir de la situación en la que se encuentra, sin dejar espacio para las cualidades más misteriosas que también nos constituyen”. No se trata de deshacerse del ego. Se trata, declara Epstein, de cambiar la relación con él: “que deje de ser nuestro amo y nosotros su esclavo”.

En opinión –y en la experiencia– de Epstein, los objetivos tanto del budismo como de la psicoterapia occidental están entrelazados. “Los veo como triples”, sentencia. “En primer lugar, todos necesitamos una cantidad suficiente de autoestima. Tenemos que sentirnos lo suficientemente bien con nosotros mismos para funcionar adecuadamente en el mundo. El budismo reconoce esto en el concepto del ‘nacimiento humano precioso’. Y, en paralelo, la terapia occidental está enfocada en curar las cicatrices de la infancia presentes en la psique. Cierta cantidad de ego o yo es muy importante. Pero también necesitamos la capacidad de observar nuestra propia mente, observar nuestros pensamientos y nuestros  sentimientos. Esta es la segunda cosa importante. Es algo que la meditación y la psicoterapia alientan de diferentes maneras. La terapia se basa en una división terapéutica en el ego que promueve un tipo de vigilancia de nuestras vidas internas. La meditación lo hace al entrenar a la mente para que se observe a sí misma. Finalmente, tanto la terapia como la meditación pueden ayudarnos a superar la necesidad del ego de controlar todo. Hay tantas cosas en la vida que no podemos controlar. En mi trabajo como terapeuta, influenciado tanto por el budismo, creo que estoy trabajando en los tres niveles dependiendo de lo que la gente necesita. “El ego quiere seguridad, estabilidad y coherencia”, dice Epstein. “Tiene sus raíces en el intelecto, por lo que cuenta historias. Se fija en las primeras historias que comienzan a tener sentido, tanto positivas como negativas”.

Si bien comenzó a practicar la vía una vez que viajó al monasterio de Ajahn Chah, célebre monje de la tradición tailandesa del bosque, el acercamiento de Epstein al budismo se dio durante su primer año como estudiante de Medicina en Harvard. “Fue una clase de religión mundial que tomé por casualidad”, recuerda en una entrevista con Harvard Gazette, la web de noticias de la prestigiosa universidad estadounidense. “Conocí a alguien que la había tomado y me parecía interesante”. Toda la primera mitad del semestre estuvo abocada al estudio de las tradiciones religiosas de Oriente. El interés fue acrecentándose poco a poco, hasta que capturó toda la atención. De repente, reconoce, estaba “muy entusiasmado” con lo que iba a aprendiendo. Una lectura clave: el Dhammapada. “Me encantó. Sentí que esa colección de versos realmente me habló”, comenta el médico, con 35 años de actividad como psiquiatra. “Hay un capítulo llamado Mente con el que me identifiqué. El capítulo describía a la mente ansiosa como un pez aleteando en tierra seca. Y fue eso lo que abrió el mundo budista para mí”. A partir de entonces Epstein comenzó a asistir a todos los cursos sobre budismo a los que tuvo alcance. Y, con el tiempo, él mismo preparó clases y cursos sobre la filosofía budista. Había “pedacitos de budismo flotando alrededor” en Harvard en aquellos días, recuerda Epstein. “Lo que aprendí del budismo fue que no tenía que conocerme analíticamente tanto como lo tenía que tolerar el no saber”, confesaría más tarde en Going to Pieces Without Falling Apart. “Todo está ardiendo, constantemente”, apunta en El trauma de la vida cotidiana. “La vida quema y, al consumirse, somos llama y ceniza al mismo tiempo. En esa naturaleza ardiente y fugaz de la realidad no hay nada patológico; simplemente es”. El autor recuerda la metáfora del anciano Ajahn Chah, quien, sosteniendo un vaso finamente decorado, dice que, a pesar de su belleza, “el vaso ya está roto”. Y que, imaginándolo de ese modo, “cada minuto con él es precioso”. A Epstein le asusta “la impermanencia final”, reconoce. “Pero con un poco de sentido del humor, de alguna manera. Hay algo un poco emocionante, incluso dentro de todo el miedo, sobre no saber lo que vendrá después”.

Leyendas de foto:

En su último libro traducido al español, El trauma de la vida cotidiana. Una guía hacia la paz interior, Epstein presente casos concretos de algunos pacientes e incluye su propia experiencia para ilustrar que las heridas emocionales contienen el potencial para despertar las capacidades de la mente.

Lo que aprendí del budismo fue que no tenía que conocerme analíticamente tanto como lo tenía que tolerar el no saber”, confiesa el autor en su obra Going to Pieces Without Falling Apart, de 1998.

Según Epstein, tanto la terapia psicoanalítica como la meditación budista pueden ayudar a superar “la necesidad del ego de controlar todo”.


Para ampliar la información:

Página web oficial de Mark Epstein

http://markepsteinmd.com/

Perfil de Mark Epstein en The New York Times

https://www.nytimes.com/2018/01/18/books/mark-epstein-advice-not-given.html

Entrevista en The Harvard Gazette

https://news.harvard.edu/gazette/story/2018/01/harvard-trained-psychiatrist-offers-escape-route-for-the-ego-driven/

Artículo de Mark Epstein sobre “el ingrediente secreto” de la meditación

https://tricycle.org/magazine/meditations-secret-ingredient/

Mark Epstein y una reflexión sobre la palabra correcta

https://tricycle.org/magazine/called-jury-duty/

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