Zen en el Trabajo

por Gerry Shishin Whick (*)


Cuando un país prospera nadie sabe cómo se llama el rey, pero cuando hay problemas todos saben a quién culpar, es el encargado o dirigente: el rey, el presidente o el administrador.

Cuando el rey es más importante que el país, éste no prosperará. Cuando el director es más importante que sus empleados, la empresa fracasará. Si aquél hace bien su trabajo la empresa funcionará correctamente. Todos se olvidarán del director y eso es lo que debemos buscar. Demasiados gerentes creen que deben tener todas las respuestas y controlar todas las situaciones.

GLORIOSA IGNORANCIA

El maestro zen Jizo dijo: “No saber es lo más íntimo”. No saber significa ser receptivo a todos los imprevistos, sin prejuzgar a la gente o las situaciones. Si tu mente está llena de nociones preconcebidas no podrá ser imparcial. Es como cuando tenemos las manos llenas de objetos: no podemos tomar nada más. Ser cerrado provoca separación y sospechas; la mente, al igual que una sombrilla, sólo es útil cuando está abierta. El primer paso para mantener una mente abierta es entender la naturaleza de la mente o del ser.

El maestro Dogen escribió en su Genjo Koan: “Estudiar el Camino de Buda significa estudiar al ser. Estudiar al ser significa olvidarse del ser”.

Olvidarse del ser significa soltar nuestras ideas de engrandecimiento o de lamentaciones. Estas ideas son tan extensas y sutiles que requieren de un análisis cuidadoso. Necesitamos ver la naturaleza de semejantes ideas. Al estudiar el ser vemos que todas nuestras ideas son creaciones huecas que surgen y desaparecen con cada pensamiento. Los mismos pensamientos son fantasmas sin esencia. Lo mismo ocurre con los sentimientos, las sensaciones, las percepciones y los conceptos.

Hace poco me reuní con un administrador de alto nivel con mucha experiencia, que ha dirigido departamentos con cientos de subalternos en corporaciones multimillonarias. Durante nuestro encuentro él manifestó su interés por la práctica del Zen. Después de que lo hubo practicado por un tiempo le pregunté sobre el famoso koan del Sexto Patriarca: “Sin pensar bien ni mal, ¿cuál es tu verdadero ser?” Él ha estado reflexionado sobre esto por un año y en este lapso han cambiado dramáticamente sus relaciones con sus superiores y subordinados. En vez de llegar a una reunión con ideas preconcebidas, tiene la mente despejada y simplemente está presente participando, no se protege ni defiende. La interacción se facilita y así puede presentar sus puntos sin tanta resistencia.

“Sin pensar bien ni mal” puedes simplemente estar presente y revelar tu sabiduría innata. Si piensas constantemente sobre cómo te evaluarán tus colegas y superiores, estarás creando un filtro entre ti y tú mismo, y entre ti y los demás. No estarás en contacto contigo mismo ni con tu entorno. El no pensar ni bien ni mal es lo mismo que olvidarse del ser.

“Olvidarse del ser es quedar iluminado por las diez mil cosas”. Cuando realmente logramos dejar nuestro apego por el ser entonces toda actividad en las diez direcciones es una acción iluminada y todo lugar es nirvana, incluso la sala de juntas o la lavandería.

Todo buen administrador es un bodhisattva. Yo no comprendía la vastedad y la seriedad de ser un bodhisattva hasta que escuché a Trungpa Rimpoche decir que el bodhisattva no guarda ningún momento para sí mismo; ni siquiera puede permitirse el lujo de leer una revista cuando está en el baño. Ejemplos como éste son necesarios para recalcar dicho principio.

DAR

Dogen Zenji escribió que el bodhisattva actúa de cuatro maneras para beneficiar a los seres humanos. Éstas son: dar (fuse), palabras amables (aigo), acciones benéficas (rigyo) e identificarse con los demás (doji).

El bodhisattva sirve a los demás, y parte de ese servicio es dar. Hay muchas cosas que dar, y el administrador puede darlas todas ellas. Primero hay que dar cosas materiales y comodidad. El salario le permite al empleado adquirir todo lo necesario para sobrevivir y para su comodidad.

Un buen administrador se encargará de que sus empleados también tengan equipo avanzado y el espacio adecuado para trabajar. Ésta es una forma de dar.

Otra forma de dar es entregar el dharma. El dharma son las ensenanzas de Buda, que se manifiestan de muchas maneras. Entregar el dharma es darle a los empleados el entrenamiento necesario para tener éxito. Entregar el dharma es habilitar a los empleados para que tomen sus propias decisiones. Entregar el dharma es permitir que los empleados aprendan de sus errores.

Los empleados que reciben más oportunidades se vuelven más competentes. Los empleados responsables se superan al sentir el ánimo y apoyo de su jefe.

Lo final y más importante que el bodhisattva puede dar es ausencia de temor. El gerente no puede brindar ausencia de temor a menos que posea ausencia de temor. Ausencia de temor es lo mismo que olvidarse del ser. Si no existe un ser a quién proteger o engrandecer entonces no hay nada que temer.

PALABRAS AMABLES

La segunda forma en que el bodhisattva beneficia a los seres humanos es mediante palabras amables. Cuando el bodhisattva ve a otra persona se despierta su compasión en forma natural y usa palabras amables. La compasión es la función natural de la sabiduría. Cuando uno tiene una visión más clara usa más fácilmente palabras amables. Éstas toman todo tipo de formas. Palabras amables no siempre significa ser dulce y atento. A veces una palabra amable puede ser muy áspera, pero siempre relacionada con la situación.

LA ACCIÓN BENÉFICA

El tercer curso del bodhisattva es la acción benéfica, que significa cuidar a todos, sin importar que su posición sea baja o elevada. Algunas personas se llevan bien con sus superiores, y otras con sus subordinados.

Sin embargo, debe ser en ambas direcciones. Un motivo de tanto desacuerdo en las empresas es que algunos creen que pierden si los demás avanzan. La acción benéfica es una situación de ganar-ganar. Si apoyas a la gente que trabaja para ti, ellos te empujarán hacia arriba. Si apoyas a tus superiores ellos te jalarán hacia arriba.

IDENTIFICARSE CON LOS DEMÁS

La cuarta ruta es identificarse con los demás. Siempre que me sentía ajeno a una situación o a mis compañeros de trabajo me ponía a cantar: “No dos”.

El cielo, la tierra y yo tenemos la misma raíz, yo y los demás no somos dos. Ésta es una de las revelaciones de Buda: que no existe separación entre uno mismo y los demás.

No existe una formula para volverse un buen director. A esto Buda le llamaba upaya, o sea actuar con habilidad. Toda situación y persona es distinta. El bodhisattva emplea el upaya para despertar a los demás, el administrador usa el upaya para que aflore lo mejor en sus empleados.

LO QUE EL VIEJO MAESTRO ME ACONSEJÓ

Hace años un viejo maestro me dio tres consejos para incorporar la práctica a mi vida. El primero es ver a los demás como Buda, aunque también puede ser alguien más a quien respetes y aprecies. El segundo es escuchar todo como el dharma. En este caso dharma significa las enseñanzas de Buda. El tercero es que todo lugar se revele como nirvana. Nirvana denota el lugar de iluminación, el lugar de claridad, paz y comodidad. ¿Cómo estaríamos si siguiéramos estos tres principios todo el tiempo?

VER A TODOS COMO A BUDA

Cuando estás detenido enmedio del tráfico, ¿puedes ver a los demás conductores como Budas, en particular a aquellos que cambian de carril todo el tiempo? Si en el trabajo tu jefe es un gruñón a quien consideras un perfecto idiota, ¿podrás verlo como Buda? Como director, ¿puedes ver a tus subalternos como Budas?

Esto no significa que debamos reaccionar igual ante todos, pues debemos usar nuestra sabiduría. Ésta evoluciona con el tiempo y debe conformarse con nuestra actividad. Un dicho zen explica que debe existir un balance entre la sabiduría y la compasión. Ser compasivo no significa ser siempre amable con la gente; a veces lo mejor es ser áspero. Debe existir un balance según la situación. El gerente debe ver claramente las situaciones y actuar de conformidad.

Quizá la decisión que tomemos hoy sea errónea manana, o lo que decidamos sobre una persona sea erróneo sobre otra. Toda decisión depende de las condiciones, el momento, el lugar, los participantes y la intensidad de la situación.

ESCUCHAR TODO COMO EL DHARMA

La segunda guía de conducta es aceptar como dharma todo sonido que escuchemos. Hubo un famoso maestro zen chino llamado Joshu. A los sesenta años era un maestro zen consumado pero sintió que necesitaba más experiencia; se dijo que iría de peregrinación y que si encontraba a alguien de ochenta años a quien pudiera instruir lo haría y que si encontraba a un niño de ocho años de quien pudiera aprender también lo haría. Con tal apertura continuó preparándose veinte años más, hasta la edad de ochenta, y luego decidió que estaba listo para instruir a los demás. Fue maestro durante los siguientes veinte años. Aceptar todo sonido como el dharma significa simplemente estar atento.

Escucha lo que la gente te dice cuando habla contigo. Normalmente estamos tan ocupados diciendo algo para impresionar a los demás que no escuchamos lo que nos dicen. Es fácil responder correctamente si escuchamos bien.

Cuando meditas puedes ver lo difícil que es permanecer atento. Estar atento a la respiración no es fácil. A menos que calles a tu mente será casi imposible escuchar lo que dicen los demás.

Muchos gustan salir de la ciudad e ir a las montanas a practicar zazen porque creen que es tranquilo, pero allí las ardillas y los pájaros suelen armar grandes escándalos. Termina siendo lo mismo. Creemos que algunos sonidos son agradables y otros no; y de hecho los árboles y la ausencia de tráfico son agradables, pero, ¿por qué?, ¿es algo básicamente biológico o sólo existe en nuestra mente? Es muy relajante escuchar el agua que fluye, pero si crees que los autos son ruidosos y apestosos entonces te vas a sentir mal. El problema es que introducimos demasiados filtros. Si pudiéramos olvidarlos y sólo estar presentes, todo sonido podría iluminarnos.

QUE TODO LUGAR SE REVELE COMO NIRVANA

El tercer principio es que todo lugar se nos revele como el niravana. El lugar donde estás ahora mismo es el nirvana. Un antecesor zen dijo: “No trates de eliminar la falsedad ni de buscar lo real”. Esto se debe a que la ignorancia, tal como es, es la naturaleza de Buda. Nuestro cuerpo mundano, que aparece y desaparece de este mundo como un fantasma, es la realidad de la vida. Cuando despiertas a la realidad de la vida no hay objeto específico al que puedas señalar y decir: “Esto es lo verdadero”.

Tengo un par de observaciones. La gente siempre trata de cambiar. “Si pudiera cambiar, si pudiera ser diferente, todo estaría bien”; pero es lo mismo que pensar que si tuvieras un estéreo nuevo todo estaría bien, o que si tuvieras el automóvil ideal, del color, modelo y precio ideales.

Practicamos para aprender a apreciar quiénes somos, en vez de volvernos alguien que no somos.

Este ser confundido e ignorante, tal como es, es el mismísimo ser iluminado. Si logramos apreciar esto, nuestra práctica será una cuestión sencilla. Si negamos lo que somos estaremos negando el mismísimo vehículo que nos revela nuestro ser innato verdadero. Ese vehículo son nuestro cuerpo y nuestra mente. Este cuerpo y esta mente, aquí mismo, son los iluminados. Cualquier rechazo representará un rechazo de ese ser iluminado. Así, en vez de tratar de eliminar la falsedad, sólo debemos estar atentos a cada momento.


(*) Gerry Shishin Wick Sensei es un sucesor dharma de Taizan Maezumi Roshi y director de desarrollo de software de Merriam-Webster, Inc., habla sobre las cualidades luminosas de todo buen administrador

Traducción: Ramón Estrada

Líderes religiosos experimentan con psilosicibina para una investigación científica.

La Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, recluta a sacerdotes, rabinos y a un budista para probar los efectos de esta sustancia psicodélicas en una experiencia religiosa

El experimento pretende evaluar si una experiencia trascendental con hongos psilocíbicos altera el sentimiento religioso de los participantes.


Hannah Devlin, Corresponsal de ciencia

Sábado, 8 de julio de 2017,

Un sacerdote católico, un rabino y un budista entran a un bar y piden hongos mágicos para tomar. Puede sonar como la primera frase de un chiste malo, pero esta escena se está de hecho representando durante una de las primeras investigaciones científicas sobre los efectos de las sustancias psicodélicas en la experiencia religiosa, aunque en un laboratorio en lugar de en un bar.

Los científicos de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, han reclutado a dos docenas de líderes religiosos de entre una amplia gama de confesiones, para participar en un estudio en el que se les administrarán dos potentes dosis de psilocibina, el ingrediente activo en los hongos psicotrópicos. 

El Dr. William Richards, psicólogo de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland, e involucrado en el trabajo, dijo: “Con la psilocibina, estas profundas experiencias místicas son bastante comunes. Parecía una obviedad que podrían ser interesantes, si no valiosas, para el clero”.

El experimento, actualmente en curso, tiene como objetivo evaluar si una experiencia trascendental con psilocibina hace que los líderes tengan mas confianza y eficacia en su trabajo, y en qué medida altera su sentimiento religioso.

A pesar de que la mayoría de las religiones organizadas fruncen el ceño ante el uso de sustancias ilícitas, se pudo reclutar a sacerdotes católicos, ortodoxos y presbiterianos, un budista zen, y varios rabinos. Al equipo le falta todavía persuadir a un imán musulmán o a un sacerdote hindú para que tomen parte, pero “prácticamente todas las demás bases están cubiertas”, según Richards.

Después de la selección preliminar, incluyendo pruebas médicas y psicológicas, a los participantes se les han administrado dos potentes dosis de psilocibina en sendas sesiones con un mes de diferencia entre ellas.

Las sesiones se llevarán a cabo en un entorno tipo sala de estar de la Universidad de Nueva York y de la Johns Hopkins en Baltimore, con dos “guías” presentes. A los participantes se les dará la sustancia y luego pasarán un tiempo acostados en un sofá, llevando puestos antifaces opacos a la luz y auriculares por lo que escuchar música religiosa a fin de aumentar su viaje espiritual interior.

“Sus instrucciones son que vayan al interior y recopilen experiencias”, dijo Richards, después de que este mes presentara su trabajo en la conferencia Breaking Convention de Londres. “Hasta ahora todos valoran increíblemente su experiencia. Nadie se ha confundido, molestado, o arrepentido por haberlo hecho”.

El análisis completo de los resultados tendrá lugar cuando concluya el período de seguimiento de un año de los participantes, cuyas identidades permanencen en el anonimato. “Es demasiado pronto para hablar de los resultados pero, en general, parece que las personas están haciendo una valoración más profunda de su propia tradición religiosa”, dijo. “El dogma muerto cobra vida para ellos de una manera significativa. Descubren que realmente creen en las cosas de las que están hablando.”

También sugiere que, después de su viaje psicodélico, las nociones de religión de los líderes se alejan del sectarismo hacia algo más universal. “Adquieren un mayor aprecio por las otras religiones del mundo: otros caminos de ascenso a la montaña, si quieres”, dijo Richards.

“En estos estados trascendentales de conciencia, la gente parece llegar a niveles de conciencia que parecen universales”, añadió. “Así que un buen rabino puede encontrarse con el Buda dentro de él”.

La noción de que las sustancias alucinógenas pueden producir experiencias místicas no es nueva y fue investigada previamente en un famoso estudio de Harvard conocido como “el Experimento del Viernes Santo”. El estudio involucró a un grupo de seminaristas que recibieron psilocibina durante la época de Semana Santa para ver cómo alteraba su experiencia de la liturgia. Se cree que este último trabajo es el primero en el que participaron líderes religiosos de diferentes credos.

Sin embargo, ¿es este trabajo realmente ciencia? Richards sostiene que lo es, arguyendo que el equipo está usando cuestionarios psicológicos detallados y evaluadores independientes en sus análisis.

El equipo de la John Hopkins es uno de los varios grupos de investigación alrededor del mundo que están abogando por el uso de sustancias psicodélicas tales como la psilocibina, el LSD y el MDMA en psiquiatría. Se ha demostrado que la psilocibina es notablemente eficaz en la eliminación de la ansiedad aguda en pacientes terminales de cáncer, mientras que en otros ensayos se está estudiando el uso de sustancias psicoactivas para el tratamiento de enfermedades que van desde el trastorno de estrés postraumático hasta la depresión severa y el alcoholismo.

A medida que el uso de drogas que expanden la conciencia hace la transición desde la contracultura a la medicina tradicional, los científicos toman diferentes posturas sobre cómo debe ser presentado este campo al mundo exterior.

Ben Sessa, psiquiatra clínico e investigador del Imperial College de Londres, ha instado a los periodistas a centrarse en la “ciencia rigurosa”. “¿Van ustedes a centrarse en los estampados psicodélicos de las ropas de los 60 y los temores típicos hacia las drogas … o van aquí a mirar hacia la neurociencia de vanguardia?”, preguntó. “No puedo decirles cómo hacer su trabajo, pero si yo fuera ustedes, no miraría hacia atrás, al pasado, miraría hacia el futuro.”

Otros se muestran más abiertamente entusiasmados con los usos más amplios, no médicos, de las sustancias psicodélicas. “Mi fantasía es que estas sustancias sean utilizadas en la formación de los seminarista, de los rabinos, etc, aunque sea mucho tiempo después de que yo haya muerto”, dijo Richards, quien comenzó la investigación con psicodélicos en la década de 1960. “¿Por qué no habría de existir la oportunidad de explorar en profundidad los estados espirituales de conciencia de una manera legal?”

Fuente: Devlin, Hannah. “Religious leaders get high on magic mushrooms ingredient – for science” en The Guardian, 8 de julio de 2017.

https://www.theguardian.com/science/2017/jul/08/religious-leaders-get-high-on-magic-mushrooms-ingredient-for-science

Traducción: Elena Cabrera Galisteo.

Corrección: Esther Alterio y redacción de zendogital.

Vinaya: Lo que el Buddha dice sobre comer carne

Según la opinión generalizada que tiene la gente sobre el budismo, es que sus adherentes son vegetarianos. Si bien, probablemente sea cierto que, en su mayoría, los budistas no comen carne, en este interesante artículo, el Ajahn Brahmavamso explica lo que el mismo Buda enseñó acerca de este tema.

Por Ajahn Brahm

ajahn_brahmavamso Desde el principio mismo del Buddhismo hace 2.500 años, monjes y monjas buddhistas han dependido de las limosnas de alimento. Estaba, y todavía está, prohibido cultivar su propio alimento, almacenar sus propias provisiones o cocinar su propia comida. En cambio, cada mañana harían de su comida del día todo lo que se les diera libremente de parte de los devotos laicos. Si se trataba de alimentos ricos o desabridos, de sabor delicioso o desagradable debía ser aceptado con gratitud e ingerido como en relación con la medicina. El Buddha estableció varias reglas que prohibían a los monjes pedir la comida que les gustaba. Por consiguiente, recibirían solamente el tipo de comida que la gente ordinaria comía -y a menudo era carne.

Una vez, un general rico e influyente por nombre Siha (que significa ‘León’) fue a visitar al Buddha. Siha había sido un famoso partidario de los monjes jainistas pero estaba tan impresionado e inspirado por las enseñanzas que escuchó del Buddha que tomó refugio en la Triple Joya (es decir, se hizo buddhista). El General Siha luego invitó al Buddha, junto con un gran número de monjes que lo acompañaban, a una comida en su casa en la ciudad a la mañana siguiente. En la preparación de la comida, Siha pidió a uno de sus sirvientes comprar la carne en el mercado para el banquete. Cuando los monjes jainistas escucharon sobre la conversión al buddhismo de su antiguo patrono y la comida que estaba preparando para el Buddha y los monjes, estaban algo molestos:

En aquel momento muchos Niganthas (monjes jainistas), agitando sus brazos, se quejaban de carretera en carretera, de cruce en cruce, en la ciudad: “Hoy una bestia gorda, matada por el general Siha, es preparada en una comida para el asceta Gotama (el Buddha), el asceta Gotama usa de esta carne sabiendo que fue matada a propósito para él, que fue hecha para su bien”[1] .

Siha hizo la distinción ética entre comprar carne lista para la venta y ordenar que cierto animal sea matado, una distinción que no obvia para muchos occidentales pero que se repite a lo largo de las propias enseñanzas del Buddha. Luego, para aclarar la posición sobre comer carne a los monjes, el Buddha dijo:

“Monjes, yo les permito el pescado y la carne que están totalmente puros en tres aspectos: si ellos no son vistos, oídos o sospechados de haber sido matados a propósito para un monje. Pero, ustedes sabiéndolo no deberían usar la carne a propósito para ustedes”[2] .

Existen muchos pasajes en las escrituras buddhistas en los que al Buddha y sus monjes se les ofrece carne y la comen. Uno de los más interesantes de estos pasajes ocurre en una historia introductoria a una regla no totalmente relacionada (Nissaggiya Pacittiya 5) y la observación de que la carne es simplemente secundaria al tema principal de la historia que enfatiza en la autenticidad del pasaje:

Uppalavanna (que significa ‘la de tez parecida a un loto’) fue una de las dos principales discípulas del Buddha. Fue ordenada como una monja mientras aún era una mujer joven y muy pronto se hizo completamente iluminada. Además de ser una arahant (iluminada) también poseía varios poderes psíquicos en la medida en que el Buddha la declaró ser la más destacada entre todas las mujeres en este campo. Una vez mientras Uppalavanna esta sola meditando a la tarde en la Arboleda de los ‘Ciegos’, un bosque aislado a las afueras de la ciudad de Savatthi, algunos ladrones pasaron cerca. Los ladrones acababan de robar una vaca, la habían matado y escapaban con la carne. Viendo a la monja tranquila y serena, el jefe de los ladrones colocó rápidamente un poco de carne en una bolsa de hoja y se alejó. Uppalavanna recogió la carne y decidió dársela al Buddha. Temprano a la mañana siguiente, teniendo la carne preparada, se elevó y voló a donde el Buddha estaba, en la Arboleda de Bambú fuera de Rajagaha, a más de 200 kilómetros en línea recta! Aunque no haya mención alguna en específico del Buddha comiendo esta carne, obviamente una monja con tan altos conocimientos seguramente sabía lo que el Buddha comió.

No obstante, hay algunas carnes que están específicamente prohibidas comer a los monjes: carne humana, por obvias razones; carne de elefantes y caballos puesto que eran considerados animales reales; carne de perro, puesto que se consideraba que a la gente ordinaria le repugna; y carne de serpientes, leones, tigres, panteras, osos y hienas, puesto que cuando uno acababa de comer la carne de tales animales peligrosos de la selva, se cree que deja a su paso tal olor, así como dibuja a su paso tal venganza de la mismas especies!

Hacia el final de la vida del Buddha, su primo Devadatta intentó usurpar el mando de la Orden de monjes. Para ganar el apoyo de otros monjes, Devadatta trató de ser más estricto que el Buddha y le mostraba como indulgente. Devadatta propuso al Buddha que de ahora en adelante todos los monjes deberían ser vegetarianos. El Buddha lo rechazó y repitió una vez más que él había establecido en años anteriores, que monjes y monjas puede comer pescado o carne mientras no sea de un animal cuya carne está expresamente prohibida, y mientras ellos no tengan ninguna razón para creer que el animal fue matado expresamente para ellos.

El Vinaya, entonces, es bastante claro sobre este asunto. Monjes y monjas pueden comer carne. Incluso el Buddha comía carne. Desafortunadamente, el comer carne es visto a menudo por los occidentales como una indulgencia de parte de los monjes. Nada podría estar más lejos de la verdad -fui un vegetariano estricto por tres años antes de que me hiciera un monje. En mis primeros años como monje en el Noreste de Tailandia, donde valientemente afronté muchas comidas de arroz y rana cocinada (los huesos del cuerpo completos y demás) o caracoles dulces, curry de hormiga roja. o saltamontes freídos- habría dado CUALQUIER COSA por ser vegetariano otra vez! En mi primera navidad en el Noreste de Tailandia un americano vino a visitar el monasterio una semana o un poco antes del 25. Parecía demasiado bueno para ser verdad, tenía una granja de pavos y si, rápidamente entendió cómo vivimos y nos prometió un pavo para Navidad. Dijo que escogería uno de buena grasa especialmente para nosotros… y mi corazón se paró. No podemos aceptar carne sabiendo que fue matada especialmente para los monjes. Rechazamos su ofrecimiento. Luego, tuve que conformarme con parte de la comida de los aldeanos -ranas otra vez.

Los monjes no pueden elegir cuando se trata de alimentos y esto es mucho más difícil que ser vegetariano. Sin embargo, podemos animar al vegetarianismo y si nuestros seguidores laicos sólo traen comida vegetariana y nada de carne, bien… los monjes tampoco pueden quejarse! Usted puede tomar la indirecta y ser amable con los animales.


[1] Libro de Disciplina, Vol. 4, p324.

[2] Ibíd., p325.

Fuente: http://zencomp.com/greatwisdom/ebud/ebsut034.htm

Traducido al español por Upasika para Bosque Theravada © 2008

Edición Bosque Theravada

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Sentarse en Zazen

Por Empar Roch Bernat

Novicia del Templo Zen Luz Serena


“Zazen es la puerta al pleno gozo interno y a la paz de espíritu que tanto anhelamos”

Dokushô Villalba

Sentarse en Zazen es para mí sentarse sobre la piel de la vida en comunión con el todo. En comunión con el cuerpo, con las emociones, con las sensaciones, con el Ser que todos somos. Es abandonarse al aliento de la vida respirándose a sí misma, en cada inhalación, en cada exhalación. Es tomar conciencia de cómo el nacimiento y la muerte están marcados por nuestro ritmo respiratorio. Nacemos con la primera inhalación y morimos con la última exhalación y la mayoría de veces ni siquiera somos conscientes de que la respiración es el hilo conductor de nuestra vida, construida instante tras instante por nuestro propio ritmo respiratorio.

Tomar conciencia de la respiración durante zazen supone para mí adentrarme en la alquimia de experimentar cómo el universo entero se manifiesta a través de la quietud de zazen. La auto-observación de los vaivenes emocionales que emergen tras los pensamientos, como olas que nacen y se diluyen en un mismo instante, me lleva a desidentificarme de dicho oleaje interno y me ayuda a liberarme del usurpador que me usurpa por dentro. Es decir, a no identificarme con los pensamientos que me generan dolor y sufrimiento. Sentarse en el centro de uno mismo y convertirse en el ecuánime observador de las películas que va tejiendo la mente, me transporta a un estado de quietud donde el ruido de la mente desaparece, las tensiones del cuerpo se diluyen y me convierto en pura energía respirando, en el propio aliento de la vida que atraviesa el cuerpo inmóvil, sentado sobre el cojín de meditación.

El hecho de darme cuenta de que no soy aquello que pienso, permite que el contenido de los pensamientos que van emergiendo deje de tener fuerza y por lo tanto deja de condicionarme y me deja libre para ser, para manifestarme desde el lugar en el que conecto con la armonía de la totalidad.

Pero la práctica de la meditación zen te lleva más allá del estado meditativo sobre el zafu, o cojín de meditación. Pues la experiencia vivida durante zazen se va adentrando en las células del cuerpo, se va incorporando en el ADN y la existencia en sí misma se convierte en un estado meditativo permanente, en un estado de conciencia en el que la vida se intensifica y todo cobra sentido y belleza.

Abrirse a la aventura consciente de la meditación zen es abrirse a la energía que fluye y se expande, en conexión con los demás seres con los que compartimos día a día la experiencia de estar vivos. Es pasar de un yo a un nosotros, sintiendo que somos uno, que sólo estamos separados por la mente ilusoria e individualista del carácter. La práctica de la meditación zen es “la puerta al pleno gozo interno”, como dice mi maestro Dokushô Villalba.

¿Quién fue el Buda?

Cabeza de Buda. Siglo V-VI, Afganistán. Estuco. Foto cortesía de The Met.

POR BARBARA O’BRIEN


 

¿Qué sabemos realmente sobre Siddhārtha Gautama, el Buda histórico? ¿Y quiénes son estos otros Budas que a veces vemos y de los que oímos hablar? Barbara O’Brien responde a tus preguntas acerca del mismísimo ser humano cuya búsqueda espiritual y despertar han inspirado al mundo durante 2.600 años aproximadamente.

Escultura del Buda Shakyamuni tocando la tierra en el momento en que alcanzó la iluminación. Siglos XI-XII, Tíbet Central. Latón con pigmentos coloreados. Foto cortesía de The Met.

 

Contenidos

  • ¿Quién fue Buda?
  • ¿Qué sabemos sobre el buda histórico?
  • ¿Han habido otros budas?
  • ¿Qué hay de los budas en el arte budista?
  • ¿Los budistas adoran al Buda?
  • ¿Qué enseñó el Buda?
  • ¿Qué es la Iluminación?
  • ¿Hay una biblia budista?
  • Lecturas adicionales

¿Quién fue Buda?

Buda” no es un nombre, sino un título. Es una palabra sánscrita que significa “una persona que está despierta”. A lo que un buda está despierto es a la verdadera naturaleza de la realidad.

Dicho simplemente, el budismo enseña que todos vivimos en una niebla de ilusiones creadas por percepciones equivocadas e “impurezas”: odio, codicia, ignorancia. Un buda es aquel que se libera de la niebla. Se dice que cuando un buda muere no renace, sino que pasa a la paz del Nirvana, que no es un “cielo” sino un estado transformado de existencia.

La mayoría de las veces, cuando alguien dice “el Buda”, hace referencia a la persona histórica que fundó el budismo. Éste era un hombre originalmente llamado Siddhartha Gautama, que vivió, hace unos veinticinco siglos, en lo que ahora es el norte de la India y el Nepal.

 

¿Qué sabemos sobre el buda histórico?

La historia tradicional comienza con el nacimiento de Siddhartha Gautama en Lumbini, Nepal, alrededor del 567 a. EC. Era el hijo de un rey, criado en una protectora opulencia. Se casó y tuvo un hijo.

El Árbol Bodhi, donde el Buda alcanzó la iluminación, en Bodhgaya, India. Foto de Margie Savage

El príncipe Siddhartha tenía veintinueve años cuando su vida cambió. En sucesivos paseos en carruaje fuera de sus palacios vio primero a una persona enferma, luego a un anciano, luego a un cadáver. Esto lo conmovió hasta el mismo núcleo de su ser. Se dio cuenta de que su condición privilegiada no lo protegería de la enfermedad, la vejez y la muerte. Cuando vio a un buscador espiritual ─un “hombre santo” mendicante─ surgió en él el impulso de buscar la paz mental.

El príncipe renunció a su vida mundana y comenzó una búsqueda espiritual. Buscó maestros y castigó su cuerpo con prácticas ascéticas tales como ayunos extremos y prolongados. Se creía que castigar el cuerpo era la manera de elevar la mente, y que la puerta a la sabiduría se encontraba al borde de la muerte. Sin embargo, después de seis años de esto, el príncipe sólo sintió frustración.

Entonces comprendió que el camino hacia la paz era a través de la disciplina mental. En Bodh Gaya, en el moderno estado indio de Bihar, se sentó en meditación bajo un árbol ficus, “el árbol Bodhi”, hasta que despertó o realizó la iluminación. A partir de ese momento, sería conocido como “el Buda”.

Escultura de gres del Buda alcanzando la trascendencia final, conocida como “parinirvana”, al morir. Por Qiao Bin, c. 1503. Foto cortesía de The Met.

Pasó el resto de su vida enseñando a la gente a realizar la iluminación por sí misma. Dió su primer sermón en el moderno Sarnath, cerca de Benares, y luego caminó de pueblo en pueblo, atrayendo a discípulos por el camino. Fundó la primera orden de monjas y monjes budistas, muchos de los cuales se convirtieron asimismo en grandes maestros. Murió en Kushinagar, situado en lo que ahora es el estado de Uttar Pradesh, en el norte de la India, cerca del 483 a. EC.

La historia tradicional de la vida del Buda puede no ser factualmente exacta; no tenemos forma de saberlo con certeza. Los historiadores de hoy concuerdan en general en que hubo un Buda histórico, y que vivió en algún momento entre los siglos IV y VI a. EC., más o menos. Se cree que al menos algunos de los sermones y reglas monásticas registradas en las escrituras más antiguas son sus palabras, o algo cercano a ellas. Pero eso es lo más lejos hasta lo que llegarán la mayoría de los eruditos históricos.

¿Han habido otros budas?

Uno de los arhats del Buda. Siglo XIX, China. Madera con pigmento. Foto cortesía de The Met.

En el budismo theravada ─la escuela dominante del sudeste de Asia─ se piensa que hay sólo un buda por era de la humanidad. Cada era constituye un tiempo inimaginablemente largo. El buda de la era actual es nuestro buda histórico, Siddhartha Gautama. A cualquier otra persona que realice la iluminación en esta misma era no se le llama “buda”. Él o ella son en cambio un arhat (sánscrito) o arahant (Pali), “un digno” o “una perfecta”. La principal diferencia entre un arhat y un buda es que sólo un buda es un maestro universal, aquel que abre la puerta para todos los demás.

Las escrituras primitivas nombran a otros budas que vivieron en las inimaginablemente largas eras antiguas. También está Maitreya, el futuro buda, que aparecerá cuando el recuerdo de las enseñanzas de nuestro buda se haya perdido.

Hay otras tradiciones importantes del budismo, llamadas “Mahayana” y “Vajrayana”, las cuales no ponen límites al número de budas que puede haber. Sin embargo, para los practicantes del budismo Mahayana y Vajrayana, el ideal es ser un bodhisattva, aquel que hace el voto de permanecer en el mundo hasta que todos los seres estén iluminados.

¿Qué pasa con los budas en el arte budista?

Amitabha en Sukhavati. Thangka del Tíbet Central. Cortesía de Freer Sackler.

Hay multitud de budas, especialmente en las escrituras y el arte Mahayana y Vajrayana. Representan aspectos de la iluminación, y también representan nuestras naturalezas más profundas. Algunos de los budas icónicos o trascendentes más conocidos incluyen a Amitabha, el Buda de la Luz Infinita; Bhaiṣajyaguru, el Buda de la Medicina, que representa el poder de la curación; y Vairocana, el Buda universal o primordial que representa la realidad absoluta. La postura que adoptan los budas también transmite significados particulares.

El tipo calvo, rechoncho y risueño que muchos occidentales consideran como Buda es un personaje del folclore chino del siglo X. Su nombre es “Budai” en China, o “Hotei” en Japón. Representa la felicidad y la abundancia, y es un protector de los niños, los enfermos, y los débiles. En algunas historias se le presenta como una emanación de Maitreya, el futuro buda.

 

 

¿Los budistas adoran a Buda?

[Monje de zen haciendo una postración]. Foto de David Gabriel Fischer.

El Buda no era un dios, y las muchas figuras icónicas del arte budista no pretenden representar seres divinos que te harán favores si les adoras.

De hecho, se decía que el Buda criticaba la adoración. En una escritura (Sigalovada Sutta, Digha Nikaya 31) encontró a un joven consagrado a una práctica de adoración védica. El Buda le dijo que es más importante vivir de una manera responsable y ética que adorar algo.

Podrías pensar en la adoración si ves a budistas inclinándose ante las estatuas de Buda, pero hay algo más que está sucediendo. En algunas escuelas del budismo, inclinarse y hacer ofrendas son expresiones físicas del abandono de una vida egoísta, centrada en el ego y un compromiso para practicar las enseñanzas del Buda.

¿Qué enseñó el Buda?

El dharmachakra, o “rueda del dharma”, que representa la enseñanza del Noble Camino Óctuple del Buda. Siglo XIII, Japón. Bronce dorado. Foto cortesía de The Met.

Cuando el Buda alcanzó la iluminación, también se dio cuenta de algo más: que lo que había percibido estaba tan lejos de la experiencia ordinaria que no podía explicarse por completo. Así que, en lugar de enseñar a la gente en lo que creer, les enseñó a realizar la iluminación por sí mismos.

La enseñanza fundamental del budismo es las Cuatro Nobles Verdades. Muy brevemente, la Primera Verdad nos dice que la vida es dukkha, una palabra que no se traduce exactamente al castellano. A menudo se traduce como “sufrimiento”, pero también significa “estresante” e “incapaz de satisfacer”.

La Segunda Verdad nos dice que dukkha tiene una causa. La causa inmediata es el ansia, y el ansia viene de no entender la realidad y no conocernos a nosotros mismos. Debido a que nos comprendemos erróneamente, estamos plagados de ansiedad y frustración. Experimentamos la vida de una manera estrecha, egocéntrica, yendo por la vida ansiando cosas que pensamos que nos harán felices. Pero encontramos satisfacción sólo brevemente, y entonces la ansiedad y el deseo comienzan otra vez.

La Tercera Verdad nos dice que podemos conocer la causa de dukkha y ser liberados de la rueda de hámster del estrés y el ansia. Sin embargo, la simple adopción de creencias budistas no logrará esto. La liberación depende de la propia visión penetrante en la fuente de dukkha. El ansia no cesará hasta que te des cuenta por ti mismo de lo que lo está causando.

La Cuarta Verdad nos dice que la visión penetrante viene a través de la práctica del Noble Camino Octúple. El Camino Óctuple podría explicarse como un esbozo de ocho áreas de práctica ‒incluyendo la meditación, la atención plena y vivir una vida ética que beneficie a los demás‒ que nos ayudará a vivir vidas más felices y encontrar la sabiduría de la iluminación.

Cabeza de Buda. Siglo V-VI, Afganistán. Estuco. Foto cortesía de The Met.

¿Qué es la iluminación?

La gente se imagina que estar iluminada es estar en estado de éxtasis todo el tiempo, pero ése no es el caso. Y lograr la iluminación no ocurre necesariamente todo de una vez. Muy sencillamente, la iluminación se define como percibir a fondo la verdadera naturaleza de la realidad y de nosotros mismos.

La iluminación también se describe como percepción de la naturaleza de Buda, la cual es la naturaleza fundamental de todos los seres en el budismo Vajrayana y Mahayana. Una forma de entender esto es decir que la iluminación del Buda está siempre presente, tanto si somos conscientes de ello como si no.

La iluminación, entonces, no es una cualidad que algunas personas tienen y otras no. Lograr la iluminación es darse cuenta de lo que ya es. Es sólo que la mayoría de nosotros estamos perdidos en una niebla y no podemos verlo.

¿Hay una biblia budista?

[Monje leyendo un texto budista]. Foto de Abishek Sundaram.

No exactamente. Por un lado, las diversas escuelas y denominaciones del budismo no usan todas ellas el mismo canon de escrituras. Un texto apreciado por una escuela puede ser desconocido en otra.

Además, las escrituras budistas no se consideran las palabras reveladas de un dios que deban aceptarse sin cuestionamiento. El Buda nos enseñó a no aceptar ninguna enseñanza en base a la mera autoridad, sino a investigarla por nosotros mismos. Los muchos sutras y otros textos están ahí para guiarnos, no para adoctrinarnos.

Lo importante es que el budismo no es algo en lo que crees, sino algo que haces. Es un camino de disciplina personal y de descubrimiento personal. La gente ha transitado este camino durante veinticinco siglos, y ahora hay un muchas indicaciones, señales y marcadores. Y hay mentores y maestros para la guía, así como muchas escrituras hermosas.

Lecturas adicionales

“Cómo meditar: La Guía Budista Completa”, LionsRoar.com

“El Buda, una película de David Grubin”, PBS.org

“Acceso a la Visión Penetrante: Lecturas sobre el Budismo Theravada”, AccessTo Insight.org

“84,000: Traduciendo las Palabras del Buda,” 84000.com

“Budismo para principiantes”, LionsRoar.com

“Gautama Buda – Wikipedia,” Wikipedia.org

A CERCA DE BARBARA O’BRIEN

Barbara Hoetsu O’Brien ha sido estudiante de Budismo Zen Soto desde 1988, estudiando junto al difunto John Daido Loori y a Jion Susan Postal. Sus escritos sobre budismo han aparecido en las webs de The Guardian y de Tricycle, y durante ocho años fue la “experta residente” en budismo para About.com. Es la autora de “Rethinking Religion: Finding a Place for Religion in a Modern, Tolerant, Progressive, Peaceful and Science-affirming World” [Repensar la Religión: Buscando un lugar para la Religión en un Mundo Moderno, Tolerante, Progresista, Pacífico y Afirmador de la Ciencia].


Fuente original: O’Brien, Barbara, “Who Was the Buddha?”, en la revista online Lion’s Roar – Buddhist Wisdom for Our Time, 3 de marzo de 2017. Web: Lion’s Roar, 2017. URL: https://www.lionsroar.com/who-was-the-buddha/?utm_content=buffer0b9b1&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer.

Traducción al castellano de Elena Cabrera Galisteo. Revisión de Esther Alterio para Zendodigital.


Guerra y Avaricia

por Dokushô Villalba (*)


 

El hecho de medir el nivel de bienestar de una sociedad utilizando parámetros exclusivamente económicos (PIB, tasa de crecimiento anual, etc.) es una de las mayores falacias de las sociedades modernas. El mito del Progreso, entendido como crecimiento económico continuo e ilimitado, sigue aún alimentando la maquinaria infernal de la producción y del consumo. A pesar de que ya por los años setenta el Club de Roma lanzó una lúcida advertencia sobre la inviabilidad de un crecimiento económico ilimitado y sobre el suicidio colectivo al que tal concepción nos aboca, los responsables de la gran economía y los líderes políticos continúan persiguiendo un aumento anual del crecimiento económico.

Pero ¿qué significa, en pocas palabras, “crecimiento económico”? Significa mayor productividad y mayor consumo. Productividad quiere decir transformación de recursos naturales en objetos de consumo. Consumo quiere decir adquisición, acumulación, de dichos objetos. Las sociedades desarrolladas modernas necesitan mantener engrasado el engranaje estimulando la acumulación de bienes, de riquezas, de objetos, es decir, estimulando la avaricia. Al mismo tiempo, necesita un complejo sistema productivo que proporcione dichos bienes, sin tener en cuenta los enormes costos medioambientales y sociales que dicha productividad genera.

Si los recursos naturales del Planeta Tierra fueran ilimitados tal vez no tendríamos por qué preocuparnos. Pero el hecho contundente es que no lo son. No hay suficientes recursos en el planeta para alimentar el sistema económico actual.

La organización ecologista WWF ha dado a conocer el parámetro de la “huella ecológica”. Se trata de un indicador de la presión que ejerce el ser humano sobre la naturaleza. Una herramienta que evalúa la superficie productiva que una población necesita para satisfacer su consumo de recursos y su necesidad de absorción de residuos.

A escala global, la huella ecológica de la humanidad es una estimación de la superficie terrestre o marina, biológicamente productiva, necesaria para responder al conjunto de nuestras necesidades.

Según el informe “Planeta Vivo 2002” de la WWF, la huella ecológica de la humanidad que el planeta puede soportar es de 1,8 hectáreas por habitante. Este impacto casi se ha duplicado en el curso de los últimos 35 años, y actualmente supera en un 20 % las capacidades biológicas de la Tierra. Este estudio también pone en evidencia las profundas disparidades ecológicas entre los paises: la huella ecológica por persona de los paises ricos es seis veces más elevada que la de los paises pobres. Por ejemplo, la huella de Estados Unidos es de 9,70 Ha/habtante; la de Kuwait, 7,75 Ha/habitante; la de Etiopía, 0,78 Ha/habitante; la de India, 0,77 Ha/habitante; la de China, 1,54 Ha/habitante, la de Alemania, 4,71 Ha/habitantes. ¡Si el mundo entero viviera como un norteamericano o como un europeo necesitariamos cinco o seis planetas Tierra! ¡Y sólo tenemos uno!

Está claro que nuestro sistema de vida actual supera la capacidad del planeta. Si no hacemos nada, en el 2007 la huella ecológica de la humanidad podría superar el 100 % de la capacidad biológica del planeta.

Estos datos nos llevan a reflexiones clarificadoras. Si la media de sostenibilidad del planeta es de 1,8 Ha/habitante ¿cómo es posible que sociedades como la norteamericana o la europea estemos consumiendo el equivalente a 9,70 Ha/habitante? ¿De dónde salen los recursos naturales que consumimos los norteamericanos y los europeos? No de Estados Unidos ni de Europa, sino de aquellas regiones y países cuya utilización de recursos no llega ni siquiera a satisfacer sus propias necesidades. En otras palabras, la riqueza de unos necesita y genera la pobreza de otros. Nuestro bienestar y nuestro crecimiento económico se asientan sobre la pobreza y la carencia de gran parte de la población mundial. La avaricia es un cáncer depredador que está corroyendo las bases mismas de la civilización humana.

¿Cómo es posible que la avaricia de los países más desarollados siga depredando las riquezas y los recursos naturales de los países menos desarollados? Con el apoyo de un sistema económico internacional injusto basado en la política del más fuerte, es decir, basado –en última instancia- en el poder militar.

La guerra es consultancial a la avaricia. El diccionario de la RAE define la avaricia como “ afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”. En el trasfondo de toda guerra se encuentra este deseo desmedido de poseer y adquirir las riquezas del otro, ya sean éstas recursos naturales, territorio o poder, aunque a veces las guerras sean disfrazadas con discursos ideológicos diversos. Esta es la razón por la que los Estados Unidos y otros países invadieron Irak y esta es la razón por la que el mundo desarrollado sigue presionando política, económica y militarmente a las regiones y países que poseen recursos naturales.

Cuando la invasión de Irak, la ciudadanía europea se manifestó masivamente a favor de la paz. Pero pocos europeos son conscientes de que nuestro propio sistema de vida basado en el consumo avaricioso de bienes y recursos naturales –entre ellos, el petróleo- es la causa principal de la depredación de los bienes y recursos naturales de otros, ya que los recursos son limitados e insuficientes para que la totalidad de la Humanidad consuma al ritmo y al nivel de los países desarrollados.

Es por lo tanto evidente que mientras que haya avaricia o consumo irresponsable habrá guerras y conflictos. La paz sólo puede ser construida sobre las bases de la justicia social, del reparto equitativo de los recursos, del intercambio comercial justo de los bienes de consumo.

Necesariamente, Occidente y los países que más recursos consumen debemos ralentizar nuestro crecimiento y disminuir nuestro nivel de consumo. Bien es cierto que este discurso es políticamente muy incorrecto y ningún político en campaña electoral tendrá la valentía de presentarlo. Pero alguien tendrá que ponerle tarde o temprano –más vale temprano que tarde- este cascabel al gato. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie deberíamos hacer todo lo posible para disminuir nuestro consumo asumiendo una actitud de simplicidad y sobriedad voluntarias. En nuestras manos está frenar la maquinaria infernal que está destruyendo el lecho ecológico necesario para la vida, al mismo tiempo que está creando un abismo cada vez más grande entre el Norte atrincherado en sus riquezas y el Sur desangrándose en hambrunas, guerras y conflictos que se cobran milones de vidas humanas cada año.

La mejor manera de trabajar por la paz que todos anhelamos es aceptar un estilo de vida simple y sobrio en el que el nivel de bienestar no sea ya medido por PIB ni por tasas de crecimiento económicos sino por la satisfacción interior, por la solidaridad entre seres y pueblos, por el respeto a la naturaleza.

Todos tenemos una parte de responsabilidad y creo que, particularmente, los líderes religiosos y los creadores de opinión, debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para que esta conciencia crezca cada vez más, antes de que sea demasiado tarde.

(*) Dokushô Villalba es maestro Zen, fundador de la Comunidad Budista Soto Zen y del templo zen Luz Serena, situado en la provincia de Valencia. Es conferenciante, traductor y escritor, y entre sus libros publicados destacan los títulos “Vida simple, corazón profundo”, “Fluyendo en el presente eterno”, “Siempre ahora” o “Riqueza interior”, todos ellos editados por Ediciones Miraguano.

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