¿Quién fue el Buda?

Cabeza de Buda. Siglo V-VI, Afganistán. Estuco. Foto cortesía de The Met.

POR BARBARA O’BRIEN


 

¿Qué sabemos realmente sobre Siddhārtha Gautama, el Buda histórico? ¿Y quiénes son estos otros Budas que a veces vemos y de los que oímos hablar? Barbara O’Brien responde a tus preguntas acerca del mismísimo ser humano cuya búsqueda espiritual y despertar han inspirado al mundo durante 2.600 años aproximadamente.

Escultura del Buda Shakyamuni tocando la tierra en el momento en que alcanzó la iluminación. Siglos XI-XII, Tíbet Central. Latón con pigmentos coloreados. Foto cortesía de The Met.

 

Contenidos

  • ¿Quién fue Buda?
  • ¿Qué sabemos sobre el buda histórico?
  • ¿Han habido otros budas?
  • ¿Qué hay de los budas en el arte budista?
  • ¿Los budistas adoran al Buda?
  • ¿Qué enseñó el Buda?
  • ¿Qué es la Iluminación?
  • ¿Hay una biblia budista?
  • Lecturas adicionales

¿Quién fue Buda?

Buda” no es un nombre, sino un título. Es una palabra sánscrita que significa “una persona que está despierta”. A lo que un buda está despierto es a la verdadera naturaleza de la realidad.

Dicho simplemente, el budismo enseña que todos vivimos en una niebla de ilusiones creadas por percepciones equivocadas e “impurezas”: odio, codicia, ignorancia. Un buda es aquel que se libera de la niebla. Se dice que cuando un buda muere no renace, sino que pasa a la paz del Nirvana, que no es un “cielo” sino un estado transformado de existencia.

La mayoría de las veces, cuando alguien dice “el Buda”, hace referencia a la persona histórica que fundó el budismo. Éste era un hombre originalmente llamado Siddhartha Gautama, que vivió, hace unos veinticinco siglos, en lo que ahora es el norte de la India y el Nepal.

 

¿Qué sabemos sobre el buda histórico?

La historia tradicional comienza con el nacimiento de Siddhartha Gautama en Lumbini, Nepal, alrededor del 567 a. EC. Era el hijo de un rey, criado en una protectora opulencia. Se casó y tuvo un hijo.

El Árbol Bodhi, donde el Buda alcanzó la iluminación, en Bodhgaya, India. Foto de Margie Savage

El príncipe Siddhartha tenía veintinueve años cuando su vida cambió. En sucesivos paseos en carruaje fuera de sus palacios vio primero a una persona enferma, luego a un anciano, luego a un cadáver. Esto lo conmovió hasta el mismo núcleo de su ser. Se dio cuenta de que su condición privilegiada no lo protegería de la enfermedad, la vejez y la muerte. Cuando vio a un buscador espiritual ─un “hombre santo” mendicante─ surgió en él el impulso de buscar la paz mental.

El príncipe renunció a su vida mundana y comenzó una búsqueda espiritual. Buscó maestros y castigó su cuerpo con prácticas ascéticas tales como ayunos extremos y prolongados. Se creía que castigar el cuerpo era la manera de elevar la mente, y que la puerta a la sabiduría se encontraba al borde de la muerte. Sin embargo, después de seis años de esto, el príncipe sólo sintió frustración.

Entonces comprendió que el camino hacia la paz era a través de la disciplina mental. En Bodh Gaya, en el moderno estado indio de Bihar, se sentó en meditación bajo un árbol ficus, “el árbol Bodhi”, hasta que despertó o realizó la iluminación. A partir de ese momento, sería conocido como “el Buda”.

Escultura de gres del Buda alcanzando la trascendencia final, conocida como “parinirvana”, al morir. Por Qiao Bin, c. 1503. Foto cortesía de The Met.

Pasó el resto de su vida enseñando a la gente a realizar la iluminación por sí misma. Dió su primer sermón en el moderno Sarnath, cerca de Benares, y luego caminó de pueblo en pueblo, atrayendo a discípulos por el camino. Fundó la primera orden de monjas y monjes budistas, muchos de los cuales se convirtieron asimismo en grandes maestros. Murió en Kushinagar, situado en lo que ahora es el estado de Uttar Pradesh, en el norte de la India, cerca del 483 a. EC.

La historia tradicional de la vida del Buda puede no ser factualmente exacta; no tenemos forma de saberlo con certeza. Los historiadores de hoy concuerdan en general en que hubo un Buda histórico, y que vivió en algún momento entre los siglos IV y VI a. EC., más o menos. Se cree que al menos algunos de los sermones y reglas monásticas registradas en las escrituras más antiguas son sus palabras, o algo cercano a ellas. Pero eso es lo más lejos hasta lo que llegarán la mayoría de los eruditos históricos.

¿Han habido otros budas?

Uno de los arhats del Buda. Siglo XIX, China. Madera con pigmento. Foto cortesía de The Met.

En el budismo theravada ─la escuela dominante del sudeste de Asia─ se piensa que hay sólo un buda por era de la humanidad. Cada era constituye un tiempo inimaginablemente largo. El buda de la era actual es nuestro buda histórico, Siddhartha Gautama. A cualquier otra persona que realice la iluminación en esta misma era no se le llama “buda”. Él o ella son en cambio un arhat (sánscrito) o arahant (Pali), “un digno” o “una perfecta”. La principal diferencia entre un arhat y un buda es que sólo un buda es un maestro universal, aquel que abre la puerta para todos los demás.

Las escrituras primitivas nombran a otros budas que vivieron en las inimaginablemente largas eras antiguas. También está Maitreya, el futuro buda, que aparecerá cuando el recuerdo de las enseñanzas de nuestro buda se haya perdido.

Hay otras tradiciones importantes del budismo, llamadas “Mahayana” y “Vajrayana”, las cuales no ponen límites al número de budas que puede haber. Sin embargo, para los practicantes del budismo Mahayana y Vajrayana, el ideal es ser un bodhisattva, aquel que hace el voto de permanecer en el mundo hasta que todos los seres estén iluminados.

¿Qué pasa con los budas en el arte budista?

Amitabha en Sukhavati. Thangka del Tíbet Central. Cortesía de Freer Sackler.

Hay multitud de budas, especialmente en las escrituras y el arte Mahayana y Vajrayana. Representan aspectos de la iluminación, y también representan nuestras naturalezas más profundas. Algunos de los budas icónicos o trascendentes más conocidos incluyen a Amitabha, el Buda de la Luz Infinita; Bhaiṣajyaguru, el Buda de la Medicina, que representa el poder de la curación; y Vairocana, el Buda universal o primordial que representa la realidad absoluta. La postura que adoptan los budas también transmite significados particulares.

El tipo calvo, rechoncho y risueño que muchos occidentales consideran como Buda es un personaje del folclore chino del siglo X. Su nombre es “Budai” en China, o “Hotei” en Japón. Representa la felicidad y la abundancia, y es un protector de los niños, los enfermos, y los débiles. En algunas historias se le presenta como una emanación de Maitreya, el futuro buda.

 

 

¿Los budistas adoran a Buda?

[Monje de zen haciendo una postración]. Foto de David Gabriel Fischer.

El Buda no era un dios, y las muchas figuras icónicas del arte budista no pretenden representar seres divinos que te harán favores si les adoras.

De hecho, se decía que el Buda criticaba la adoración. En una escritura (Sigalovada Sutta, Digha Nikaya 31) encontró a un joven consagrado a una práctica de adoración védica. El Buda le dijo que es más importante vivir de una manera responsable y ética que adorar algo.

Podrías pensar en la adoración si ves a budistas inclinándose ante las estatuas de Buda, pero hay algo más que está sucediendo. En algunas escuelas del budismo, inclinarse y hacer ofrendas son expresiones físicas del abandono de una vida egoísta, centrada en el ego y un compromiso para practicar las enseñanzas del Buda.

¿Qué enseñó el Buda?

El dharmachakra, o “rueda del dharma”, que representa la enseñanza del Noble Camino Óctuple del Buda. Siglo XIII, Japón. Bronce dorado. Foto cortesía de The Met.

Cuando el Buda alcanzó la iluminación, también se dio cuenta de algo más: que lo que había percibido estaba tan lejos de la experiencia ordinaria que no podía explicarse por completo. Así que, en lugar de enseñar a la gente en lo que creer, les enseñó a realizar la iluminación por sí mismos.

La enseñanza fundamental del budismo es las Cuatro Nobles Verdades. Muy brevemente, la Primera Verdad nos dice que la vida es dukkha, una palabra que no se traduce exactamente al castellano. A menudo se traduce como “sufrimiento”, pero también significa “estresante” e “incapaz de satisfacer”.

La Segunda Verdad nos dice que dukkha tiene una causa. La causa inmediata es el ansia, y el ansia viene de no entender la realidad y no conocernos a nosotros mismos. Debido a que nos comprendemos erróneamente, estamos plagados de ansiedad y frustración. Experimentamos la vida de una manera estrecha, egocéntrica, yendo por la vida ansiando cosas que pensamos que nos harán felices. Pero encontramos satisfacción sólo brevemente, y entonces la ansiedad y el deseo comienzan otra vez.

La Tercera Verdad nos dice que podemos conocer la causa de dukkha y ser liberados de la rueda de hámster del estrés y el ansia. Sin embargo, la simple adopción de creencias budistas no logrará esto. La liberación depende de la propia visión penetrante en la fuente de dukkha. El ansia no cesará hasta que te des cuenta por ti mismo de lo que lo está causando.

La Cuarta Verdad nos dice que la visión penetrante viene a través de la práctica del Noble Camino Octúple. El Camino Óctuple podría explicarse como un esbozo de ocho áreas de práctica ‒incluyendo la meditación, la atención plena y vivir una vida ética que beneficie a los demás‒ que nos ayudará a vivir vidas más felices y encontrar la sabiduría de la iluminación.

Cabeza de Buda. Siglo V-VI, Afganistán. Estuco. Foto cortesía de The Met.

¿Qué es la iluminación?

La gente se imagina que estar iluminada es estar en estado de éxtasis todo el tiempo, pero ése no es el caso. Y lograr la iluminación no ocurre necesariamente todo de una vez. Muy sencillamente, la iluminación se define como percibir a fondo la verdadera naturaleza de la realidad y de nosotros mismos.

La iluminación también se describe como percepción de la naturaleza de Buda, la cual es la naturaleza fundamental de todos los seres en el budismo Vajrayana y Mahayana. Una forma de entender esto es decir que la iluminación del Buda está siempre presente, tanto si somos conscientes de ello como si no.

La iluminación, entonces, no es una cualidad que algunas personas tienen y otras no. Lograr la iluminación es darse cuenta de lo que ya es. Es sólo que la mayoría de nosotros estamos perdidos en una niebla y no podemos verlo.

¿Hay una biblia budista?

[Monje leyendo un texto budista]. Foto de Abishek Sundaram.

No exactamente. Por un lado, las diversas escuelas y denominaciones del budismo no usan todas ellas el mismo canon de escrituras. Un texto apreciado por una escuela puede ser desconocido en otra.

Además, las escrituras budistas no se consideran las palabras reveladas de un dios que deban aceptarse sin cuestionamiento. El Buda nos enseñó a no aceptar ninguna enseñanza en base a la mera autoridad, sino a investigarla por nosotros mismos. Los muchos sutras y otros textos están ahí para guiarnos, no para adoctrinarnos.

Lo importante es que el budismo no es algo en lo que crees, sino algo que haces. Es un camino de disciplina personal y de descubrimiento personal. La gente ha transitado este camino durante veinticinco siglos, y ahora hay un muchas indicaciones, señales y marcadores. Y hay mentores y maestros para la guía, así como muchas escrituras hermosas.

Lecturas adicionales

“Cómo meditar: La Guía Budista Completa”, LionsRoar.com

“El Buda, una película de David Grubin”, PBS.org

“Acceso a la Visión Penetrante: Lecturas sobre el Budismo Theravada”, AccessTo Insight.org

“84,000: Traduciendo las Palabras del Buda,” 84000.com

“Budismo para principiantes”, LionsRoar.com

“Gautama Buda – Wikipedia,” Wikipedia.org

A CERCA DE BARBARA O’BRIEN

Barbara Hoetsu O’Brien ha sido estudiante de Budismo Zen Soto desde 1988, estudiando junto al difunto John Daido Loori y a Jion Susan Postal. Sus escritos sobre budismo han aparecido en las webs de The Guardian y de Tricycle, y durante ocho años fue la “experta residente” en budismo para About.com. Es la autora de “Rethinking Religion: Finding a Place for Religion in a Modern, Tolerant, Progressive, Peaceful and Science-affirming World” [Repensar la Religión: Buscando un lugar para la Religión en un Mundo Moderno, Tolerante, Progresista, Pacífico y Afirmador de la Ciencia].


Fuente original: O’Brien, Barbara, “Who Was the Buddha?”, en la revista online Lion’s Roar – Buddhist Wisdom for Our Time, 3 de marzo de 2017. Web: Lion’s Roar, 2017. URL: https://www.lionsroar.com/who-was-the-buddha/?utm_content=buffer0b9b1&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer.

Traducción al castellano de Elena Cabrera Galisteo. Revisión de Esther Alterio para Zendodigital.


Guerra y Avaricia

por Dokushô Villalba (*)


 

El hecho de medir el nivel de bienestar de una sociedad utilizando parámetros exclusivamente económicos (PIB, tasa de crecimiento anual, etc.) es una de las mayores falacias de las sociedades modernas. El mito del Progreso, entendido como crecimiento económico continuo e ilimitado, sigue aún alimentando la maquinaria infernal de la producción y del consumo. A pesar de que ya por los años setenta el Club de Roma lanzó una lúcida advertencia sobre la inviabilidad de un crecimiento económico ilimitado y sobre el suicidio colectivo al que tal concepción nos aboca, los responsables de la gran economía y los líderes políticos continúan persiguiendo un aumento anual del crecimiento económico.

Pero ¿qué significa, en pocas palabras, “crecimiento económico”? Significa mayor productividad y mayor consumo. Productividad quiere decir transformación de recursos naturales en objetos de consumo. Consumo quiere decir adquisición, acumulación, de dichos objetos. Las sociedades desarrolladas modernas necesitan mantener engrasado el engranaje estimulando la acumulación de bienes, de riquezas, de objetos, es decir, estimulando la avaricia. Al mismo tiempo, necesita un complejo sistema productivo que proporcione dichos bienes, sin tener en cuenta los enormes costos medioambientales y sociales que dicha productividad genera.

Si los recursos naturales del Planeta Tierra fueran ilimitados tal vez no tendríamos por qué preocuparnos. Pero el hecho contundente es que no lo son. No hay suficientes recursos en el planeta para alimentar el sistema económico actual.

La organización ecologista WWF ha dado a conocer el parámetro de la “huella ecológica”. Se trata de un indicador de la presión que ejerce el ser humano sobre la naturaleza. Una herramienta que evalúa la superficie productiva que una población necesita para satisfacer su consumo de recursos y su necesidad de absorción de residuos.

A escala global, la huella ecológica de la humanidad es una estimación de la superficie terrestre o marina, biológicamente productiva, necesaria para responder al conjunto de nuestras necesidades.

Según el informe “Planeta Vivo 2002” de la WWF, la huella ecológica de la humanidad que el planeta puede soportar es de 1,8 hectáreas por habitante. Este impacto casi se ha duplicado en el curso de los últimos 35 años, y actualmente supera en un 20 % las capacidades biológicas de la Tierra. Este estudio también pone en evidencia las profundas disparidades ecológicas entre los paises: la huella ecológica por persona de los paises ricos es seis veces más elevada que la de los paises pobres. Por ejemplo, la huella de Estados Unidos es de 9,70 Ha/habtante; la de Kuwait, 7,75 Ha/habitante; la de Etiopía, 0,78 Ha/habitante; la de India, 0,77 Ha/habitante; la de China, 1,54 Ha/habitante, la de Alemania, 4,71 Ha/habitantes. ¡Si el mundo entero viviera como un norteamericano o como un europeo necesitariamos cinco o seis planetas Tierra! ¡Y sólo tenemos uno!

Está claro que nuestro sistema de vida actual supera la capacidad del planeta. Si no hacemos nada, en el 2007 la huella ecológica de la humanidad podría superar el 100 % de la capacidad biológica del planeta.

Estos datos nos llevan a reflexiones clarificadoras. Si la media de sostenibilidad del planeta es de 1,8 Ha/habitante ¿cómo es posible que sociedades como la norteamericana o la europea estemos consumiendo el equivalente a 9,70 Ha/habitante? ¿De dónde salen los recursos naturales que consumimos los norteamericanos y los europeos? No de Estados Unidos ni de Europa, sino de aquellas regiones y países cuya utilización de recursos no llega ni siquiera a satisfacer sus propias necesidades. En otras palabras, la riqueza de unos necesita y genera la pobreza de otros. Nuestro bienestar y nuestro crecimiento económico se asientan sobre la pobreza y la carencia de gran parte de la población mundial. La avaricia es un cáncer depredador que está corroyendo las bases mismas de la civilización humana.

¿Cómo es posible que la avaricia de los países más desarollados siga depredando las riquezas y los recursos naturales de los países menos desarollados? Con el apoyo de un sistema económico internacional injusto basado en la política del más fuerte, es decir, basado –en última instancia- en el poder militar.

La guerra es consultancial a la avaricia. El diccionario de la RAE define la avaricia como “ afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”. En el trasfondo de toda guerra se encuentra este deseo desmedido de poseer y adquirir las riquezas del otro, ya sean éstas recursos naturales, territorio o poder, aunque a veces las guerras sean disfrazadas con discursos ideológicos diversos. Esta es la razón por la que los Estados Unidos y otros países invadieron Irak y esta es la razón por la que el mundo desarrollado sigue presionando política, económica y militarmente a las regiones y países que poseen recursos naturales.

Cuando la invasión de Irak, la ciudadanía europea se manifestó masivamente a favor de la paz. Pero pocos europeos son conscientes de que nuestro propio sistema de vida basado en el consumo avaricioso de bienes y recursos naturales –entre ellos, el petróleo- es la causa principal de la depredación de los bienes y recursos naturales de otros, ya que los recursos son limitados e insuficientes para que la totalidad de la Humanidad consuma al ritmo y al nivel de los países desarrollados.

Es por lo tanto evidente que mientras que haya avaricia o consumo irresponsable habrá guerras y conflictos. La paz sólo puede ser construida sobre las bases de la justicia social, del reparto equitativo de los recursos, del intercambio comercial justo de los bienes de consumo.

Necesariamente, Occidente y los países que más recursos consumen debemos ralentizar nuestro crecimiento y disminuir nuestro nivel de consumo. Bien es cierto que este discurso es políticamente muy incorrecto y ningún político en campaña electoral tendrá la valentía de presentarlo. Pero alguien tendrá que ponerle tarde o temprano –más vale temprano que tarde- este cascabel al gato. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie deberíamos hacer todo lo posible para disminuir nuestro consumo asumiendo una actitud de simplicidad y sobriedad voluntarias. En nuestras manos está frenar la maquinaria infernal que está destruyendo el lecho ecológico necesario para la vida, al mismo tiempo que está creando un abismo cada vez más grande entre el Norte atrincherado en sus riquezas y el Sur desangrándose en hambrunas, guerras y conflictos que se cobran milones de vidas humanas cada año.

La mejor manera de trabajar por la paz que todos anhelamos es aceptar un estilo de vida simple y sobrio en el que el nivel de bienestar no sea ya medido por PIB ni por tasas de crecimiento económicos sino por la satisfacción interior, por la solidaridad entre seres y pueblos, por el respeto a la naturaleza.

Todos tenemos una parte de responsabilidad y creo que, particularmente, los líderes religiosos y los creadores de opinión, debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para que esta conciencia crezca cada vez más, antes de que sea demasiado tarde.

(*) Dokushô Villalba es maestro Zen, fundador de la Comunidad Budista Soto Zen y del templo zen Luz Serena, situado en la provincia de Valencia. Es conferenciante, traductor y escritor, y entre sus libros publicados destacan los títulos “Vida simple, corazón profundo”, “Fluyendo en el presente eterno”, “Siempre ahora” o “Riqueza interior”, todos ellos editados por Ediciones Miraguano.

La última comida del Buda

por Wendy Donigger


¿Qué era Sukara-Maddava?

Más de una docena de estudiosos (1) en el siglo pasado han comentado acerca de lo que ingirió Buda en su última comida, alrededor de 483 a.C., y de las embarazosas mistificaciones ante la evidencia. La comida le fue servida a él y a su séquito de monjes por su anfitrión, el trabajador de metales Cunda, en Pava, una aldea que se encontraba cerca de Kusinara, donde iba a tener lugar unas horas más tarde el mahaparinirvana –el “gran deceso”, como lo tradujo Rhys Davids. El texto pali canónico dice que Cunda sirvió a su augusto huésped sukara-maddava, un hápax legómenon en pali. Walpola Rahula, el erudito monje budista que reside en Occidente, ha recopilado para nosotros, en un memorándum, los textos pali relevantes con sus traducciones y notas, y este documento se añade como apéndice a nuestro articulo.

La primera parte de esa palabra compuesta, sukara, es simple: “concerniente al cerdo”, suk- está emparentado con el latín sus. Generalmente se piensa que el segundo elemento significa bocadillos, exquisiteces, pero si se trata ya de una parte especialmente delicada de la carne de puerco, ya de una comida que a los cerdos les gustaba especialmente, ya de un genitivo subjetivo u objetivo, nadie puede decirlo. Rhys Davids, advirtiendo que en Bihar había un hongo común subterráneo comestible, tradujo sukara-maddava por “trufas”. (2) Ésta fue una idea afortunada, considerando que por “trufas” él quería dar a entender un hongo subterráneo común en los alrededores, aunque hasta el momento no se ha descubierto ninguna trufa (= Tuber) en Bihar. Su hongo subterráneo era un Scleroderma, una pequeña bola de color blanco níveo que es recolectada precisamente en cuanto aparece sobre la superficie. Hay varios géneros de hongos subterráneos, uno de los cuales son las trufas, y cada género tiene muchas especies.

Los dos comentarios pali canónicos discuten, pero no llegan a un acuerdo, sobre el significado que se debe dar a sukara-maddava. Uno de éstos es el comentario pali canónico sobre el Digha Nikaya, Sumangalavilasini , y el otro, el Paramatthajotika, el comentario canónico sobre el Udana. Estos comentarios adquirieron su forma presente en pali bajo la guía del célebre monje Buddhaghosa, a principios del siglo V de nuestra era, en su mayor parte a partir de fuentes cingalesas asequibles para él. Cada uno de estos comentarios sugiere varios platillos como posibilidades. Ambos incluyen carne de puerco y un “elixir” (una preparación química) en la lista de opciones. El comentario pali canónico sobre el Digha Nikaya agrega arroz blanco con el caldo de los cinco productos de la vaca. El comentario pali canónico sobre el Udana, derivando su autoridad del Gran Comentario (ahora perdido) que data del siglo III a.c., ofrece dos opciones más: vástagos de bambú (retoños) hollados por cerdos, y hongos crecidos en un punto hollado por cerdos.

Todo el mundo en los alrededores sabía que Buda estaba ingiriendo su última comida: nada que sucediera allí podía escapar a los que estaban al alcance de la vista ni pudo ser olvidado por ellos, mucho menos a causa del venerable y temible acontecimiento que tendría lugar unas cuantas horas después: la traslación de Buda al Nirvana, que él había estado prediciendo para esa noche desde que estaba en Vaisali tres meses antes.

La doctora Stella Kramrisch, basándose en la obra del fallecido profesor Roger Heim y en la mía propia en el este de la India, ha identificado definitivamente al sukara-maddava como putika(3), una planta que figura conspicuamente en los Brahmanas y en otros antiguos textos sánscritos sagrados de época posterior a los Vedas. En este artículo examinaré la última comida en Pava y la muerte de Gautama, el Buda, en Kusinara, en lo que es actualmente el norte de Bihar. Centraré la atención en lo que él ingirió en su última comida; un asunto de poca importancia teológica para la rama theravadina del budismo y de ninguna importancia para los budistas del gran Vehículo, pero pertinente para nuestras pesquisas micológicas y notablemente, como lo mostraré, para la identidad del soma.

De todos los investigadores que han estudiado la última comida de Buda, creo que solamente uno, André Bareau, ha dirigido su atención hacia la sorprendente anomalía de que se haya servido a Buda en esta comida o bien carne de puerco o bien hongos. He aquí lo que dice Bareau:

«En effet, la viande de porc et plus encore les champignons sont des choses pour lesquelles les Indiens impregnés de culture brahmanique, comme l’étaient le Buddha et une grande partie de ses disciples, éprouvent un profond, un insurmontable dégout et que ne consomment guère que certaines tribus sauvages ou des gens de basse caste, rejetés par la bonne société et pressés par la faim. L’idée d’offrir au Bienheureux, pour l’honorer et le régaler, comme un mets de choix, …de la viande de porc ou des champignons est aussi insolite que si, dans une légende occidentale, on offrait à quelque éminent personnage un festin dont le plat principal serait une cuisse de chien ou une purée de goémen, des sauterelles frites ou des chenilles grillées; cela paraîtrait à juste titre une plaisanterie ou ferait croire à une erreur de copie». [Recherches sur la biographie du Buddha, Publications de l’École Française d’Extrême-Orient, vol. LXXVII, tomo I, París, 1970, p. 267.]

En efecto, la carne de puerco, y más aún los hongos, son cosas por las que los indios impregnados de cultura brahmánica, como lo eran Buda y gran parte de sus discípulos, experimentaban una insoportable y profunda aversión, y no los consumían más que algunas tribus salvajes o gente de clase baja, rechazados por la buena sociedad y presionados por el hambre. La idea de ofrecerle al Bienaventurado, como un selecto manjar para honrarlo y obsequiarlo… carne de puerco y hongos es tan insólita como si en una leyenda occidental se le ofreciera a algún personaje eminente un festín de pierna de perro o un puré de larva, sopa de lombrices, o gusanos fritos; esto parecería, con justa razón, una broma o haría pensar en un error de copia”.

Confirmando lo que dice Bareau, el capítulo V-5 de las leyes de Manú, que se cree que haya sido puesto por escrito alrededor de los comienzos de la era cristiana, declara que:

…ajo, puerros y cebollas, hongos y [todas las plantas] que brotan de [sustancias] impuras, son inadecuadas para ser comidas por hombres dos veces nacidos”.

Y esta proscripción es repetida en V-19:

Un hombre dos veces nacido que con pleno conocimiento coma hongos, un cerdo de aldea, ajo, un gallo de aldea, cebollas o puerros, se convertirá en un proscrito”.

Aquí la prohibición acarrea un horrendo castigo. Los hongos son prohibidos en dos cláusulas más: VI-14 y XI-156. La reiterada prohibición se aplica expresamente a hombres dos veces nacidos, lo cual comprende a las tres castas superiores.

La prohibición sobre los hongos no era letra muerta. Sir William Jones cita de un comentador de las leyes de Manú llamado Yama:

…los antiguos hindúes tenían a los hongos en una execración tal que Yama… declara que “los que comen hongos, ya sea que broten de la tierra o que crezcan sobre un árbol, son completamente iguales en culpa a los asesinos de brahmanes, y son los más despreciables de todos los pecadores mortales”. [ The Works of Sir William Jones. vol. V, Londres, 1807. pp. 160-161.]

Ésta es la más extravagante explosión de micofobia que hemos encontrado en parte alguna, seguramente la más extravagante que será encontrada en el mundo indoeuropeo, lo que es mucho decir. ¡El estudiado brahmán nos dice que el simple comedor de hongos es tan malvado como los asesinos de brahmanes! ¿Por qué una censura tan apasionada, tan exagerada? Bareau, al comparar al hindú que come hongos con una persona entre nosotros que come carne de perro, estaba incurriendo en una minimización.

Tres meses antes de la última comida en Pava y antes de su mahaparinirvana. Buda había vivido en Vaisali y sus alrededores. Mientras estaba en las proximidades de Vaisali sufrió una grave enfermedad, atribuida desde tiempos antiguos a un trastorno gástrico crónico, probablemente disentería; se había sentido viejo, se había llamado a sí mismo un “octogenario”, y había anunciado su intención de ir a Kusinara y allí experimentar, tres meses después, el mahaparinirvana, la extinción final. Predijo el tiempo y lugar de su propio fin. Hizo a pie su camino hacia Kusinara con sus seguidores, enseñando la doctrina como era su costumbre, y tardó tres meses en cubrir los 140 kilómetros. A sus discípulos y a los aldeanos les hizo conocer su propósito: nunca vaciló en su resolución, ni la escondió de persona alguna.

El día anterior a que Buda llegara a Kusinara arribó a la aldea vecina de Pava y pasó la noche en un bosquecillo de mangos perteneciente a un tal Cunda, un trabajador de metales o herrero y por consiguiente un sudra, la más baja de las cuatro castas en la sociedad hindú. Cunda, apareciendo casi inmediatamente, inquirió qué deseaba Buda. De acuerdo con una de las recensiones chinas de la vida de Buda, éste explicó que iba a experimentar el mahaparinirvana en Kusinara: siguieron lamentaciones. Cunda invitó a Buda y a sus múltiples seguidores a tomar con él su única comida al día siguiente, y Buda aceptó en silencio. Cunda se retiró para reunir la comida y prepararla. En la mañana Cunda vino a llamar a Buda y a sus seguidores a la comida que había preparado.

Cunda, como dijimos antes, era un sudra, un hombre de la casta más baja. Por otra parte, siendo trabajador de metales, era un técnico que ofrecía su hospitalidad cortésmente a Buda y a sus numerosos seguidores, una persona habituada a encontrarse y a mezclarse con viajeros, incluso con individuos de las que en la actualidad son llamadas las “castas designadas”, aborígenes que no eran hindúes y que por lo tanto no formaban parte de la sociedad hindú dominante. Su fragua muy bien puede haber sido la razón de la existencia de Pava. Cuando Buda llegó al lugar de residencia de Cunda y estuvo sentado en el lugar preparado para él, se dirigió a Cunda (de acuerdo con el Digha Nikaya ) diciendo:

En cuanto a los sukara-maddava que has preparado, sírveme de ellos, Cunda, y en cuanto a la demás comida, arroz dulce y pasteles, sirve a los monjes de ellos”. [cap. IV, ¶ 18, p. 138]

Buda dijo entonces a Cunda:

Cuantos sukara-maddava te hayan sobrado, sepúltalos en un hoyo”. [ ¶ 19]

En un hoyo, no solamente desechados, y se nos dice que Cunda sepultó en un hoyo el sukara-maddava sobrante. Aparentemente Cunda había traído sukara-maddava para todos, pues él había pensado que todos los comerían, de modo que debe de haber sido un amplio excedente.

Entonces Buda agregó estas notables palabras:

No veo a nadie, Cunda, sobre la tierra ni en el cielo de Mara, ni en el cielo de Brahma, nadie entre los samanas y los brahmanas, entre los dioses y los hombres, por quien esa comida pueda ser asimilada propiamente cuando la haya comido, excepto por un Tathagata”. [ ¶ 19]

Obviamente Buda había reconocido de inmediato lo que le estaban ofreciendo, el sukara-maddava, y sabía que los hongos eran de una especie que en breve tiempo olería mal (“apestarían”) si no se los comían o los sepultaban en un hoyo. (Hasta nuestros días parece sobrevivir entre algunos santales la costumbre de sepultar en un hoyo cualquier excedente de sukara-maddava.) Tal vez era la primera vez en su vida que Buda, de origen castrilla, estaba siendo convidado a comer hongos. Pero estos hongos en particular le eran familiares a causa de su papel único en la religión hindú, en la cual él había sido educado.

André Bareau aprecia en toda su plenitud la solemnidad de este platillo de sukara-maddava, aunque no sabía lo que era. Dice:

«…cette nourriture, la dernière que consomme le Bienheureux avant son Parinirvana, est une nourriture en quelque sorte sacrée, dont les riches qualités, la puissance essentielle, vont lui permettre d’accomplir cet exploit surhumain, la supreme Extinction. Cette richesse, cette puissance sont trop grandes pour être supportées par les autres êtres, hommes ou dieux, qui n’auront jamais, et de loin, a exécuter une action comparable». [ Recherches sur la biographie du Buddha. Publications de l’École Française d’Extreme-Orient, vol. LXXVII, tomo 1, Paris, 1970, p 271.]

…Esta comida, la última que consumió el Bienaventurado antes de su parinirvana , es una comida en cierto modo sagrada; cuyas ricas cualidades, cuyo poder esencial, van a permitirle lograr esa hazaña sobrehumana: la suprema extinción. Esta riqueza, este poder son demasiado grandes para que puedan soportarlos los demás seres, hombres o dioses, que no tendrán jamás, ni remotamente, que ejecutar una acción comparable”.

Aquí Buda, en uno de los dos momentos supremos de su vida, era convidado de manera inesperada en su última comida con un platillo que los hindúes de las castas superiores tenían prohibido comer, un hongo comestible, un platillo que era el sustituto del soma cuando era sacrificado formalmente, de una manera y disposición enteramente diferentes. Buddhaghosa cita el Gran Comentario (Maha-atthakatha) diciendo de los motivos de Cunda al ofrecer este platillo a Buda y a sus monjes:

Ellos dicen que Cunda, el herrero, habiendo oído que el Enaltecido alcanzaría el parinibbana ese día, pensó que seria bueno si él pudiera vivir más tiempo después de comer este platillo, y se lo ofreció deseando la longevidad del Maestro”. [p. 138 infra ]

La observación de Walpola Rahula sobre el Gran Comentario, de la cual hemos extraído esta cita, es la siguiente:

El Maha-atthakatha (Gran Comentario) es el más importante de los antiguos comentarios cingaleses originales, que se remontan hacia el pasado por lo menos hasta el siglo III a. C ., sobre los cuales están basados los presentes comentarios pali disponibles del siglo v d. C ., incluyendo los comentarios sobre el Digha Nikaya y el Udana, de los cuales están tomados estos dos pasajes”.

El Gran Comentario cita al rumor (“Dicen…”) como la razón de que Cunda sirviera esos hongos particulares en aquel día. El rumor puede ser correcto, pero si verdaderamente Cunda sentía que el platillo de putika alargaría la vida de Buda, debe de haber confundido las propiedades del soma y del putika. El putika gozaba de una situación única como el enaltecido sustituto del soma, pero, mientras que el soma era consumido, el putika, como Kramrisch cita según las fuentes, era mezclado con el barro y luego inflamado ritualmente en la manufactura de la olla mahavira, y no hay razón para pensar que los hindúes de las tres castas superiores o incluso los jerarcas brahmanes comieran estos hongos. ¿No permite otra interpretación el texto del Gran Comentario? Cunda, un sudra acostumbrado a comer los putika, los sirvió porque era la estación de lluvias (la cual había comenzado cuando Buda y su séquito estaban en Vaisali) y los hongos, que él conocía de toda la vida, estaban recién recolectados. Si es así, fue Buda quien de inmediato los reconoció a causa del papel que desempeñaban en la religión hinduista, y dijo a Cunda que no los sirviera a los otros. Seguramente Buda no estaba acostumbrado a comer hongos de ningún tipo, y aquí estaba siendo invitado a comer esas viscosas excrecencias mucoides, como las verían con repugnancia los hindúes dos veces nacidos. ¿Esto, combinado con la tensión emocional de su inminente extinción, no puede haber provocado un recrudecimiento de sus ataques intermitentes de disentería?

Interrumpo ahora nuestra relación de lo que Buda hizo en su último día para presentar algunos descubrimientos que se relacionan con sukara-maddava.

Los Santales y el Putika

Por un accidente afortunado el pueblo santal que vive ahora en el este de Bihar y en Orisa ha preservado para nosotros, como si estuviera dentro de una cápsula del tiempo, la identidad del putika sánscrito, una planta no identificada hasta época reciente, un ingrediente en el barro de la vasija mahavira que era inflamado en el curso del sacrificio Pravargya. El putika es conocido por haber sido el sustituto del soma (4) , aunque probablemente ningún santal lo sabe en la actualidad, y figura de manera conspicua en los Brahmanas y en otros antiguos textos sánscritos sagrados. Como dije antes, fue identificado por Kramrisch sobre la evidencia asentada por Heim y por mí. (5) (Roger Heim, sobresaliente micólogo francés, ha fungido como presidente de la Académie des Sciences y fue director del Muséum National d’Histoire Naturelle: él me acompañó en muchos de mis viajes de campo.)

El fallecido Georg Morgenstierne, el lingüista noruego, especialista en las lenguas kafir y dárdicas, también un erudito en sánscrito y persa, llamó por primera vez mi atención hacia una peculiaridad de la lengua santal de especial interés para mí, en cuanto que afectaba a su vocabulario de hongos. El santalí no era su especialidad, pero él era un vasto depósito de conocimiento lingüístico general.

Los santales, que son varios millones, viven en aldeas dispersas en la región del este de Bihar conocida como el Santal Parganas, en la franja norte, sur y oeste de la Bengala occidental, y en el sur de Orisa hasta las colinas Simlipal. Los santales son de constitución frágil, limpios en el vestido, con cabello bruñido, negro y rasgos regulares, oscuros, casi negros; sus casas son de tierra roja, ornamentadas con curiosos patrones geométricos pintados y limpiamente dispuestas por dentro y por fuera, contrastando en estos aspectos con los hindúes. Por tradición son recolectores, cazadores y pescadores, pero ahora se están inclinando hacia la agricultura.

Desde el punto de vista del indoeuropeo, las lenguas munda, de las cuales el santalí es el miembro mayor, son peculiares: en santalí no hay géneros gramaticales: no hay masculino ni femenino ni neutro. Sus sustantivos son o bien animados o inanimados: dotados de un alma o sin ella. El reino animal entero es animado, tiene un alma. La totalidad del reino mineral es inanimado, sin alma. Hay peculiaridades: por ejemplo el Sol, la Luna y las estrellas son animados. Extrañamente, el reino vegetal –hierbas, arbustos, árboles, el mundo de los hongos– es inanimado, pero con una sola excepción, una especie de hongo, el putka. Los santales no saben por qué el putka es animado, o así lo dicen ellos. El putka es un hongo subterráneo que se recolecta para ser comido exactamente cuando aparece, una pequeña bola de color blanco níveo. Identificado micológicamente por Heim como un Scleroderma, bien conocido en Europa. En su temporada comúnmente es muy estimado como comida por los santales, y es muy buscado por mujeres y niños.

Durante el siglo pasado los luteranos noruegos realizaron una vigorosa campaña para brindar ayuda a la India a través del ejercicio misionero entre los santales. El reverendo P. O. Bodding, un residente del Santal Parganas de 1890 a 1934, dominó su lengua y compiló un admirable diccionario santal-Inglés en cinco grandes volúmenes, señalando entre otras cosas la peculiaridad de putka, que era el único en el reino vegetal en gozar del atributo de tener alma. No pudo explicar esta anomalía, ni aventuró una etimología para putka. Pero en el Prefacio a su diccionario Bodding observó un hecho que cabe destacar:

De manera bastante extraña, los santales utilizan algunas palabras sánscritas puras, las cuales, hasta donde sé, no son escuchadas en el hindi de nuestros días”.

Yo visité Dumka en el Santal Parganas por primera vez en enero de 1965. El reverendo A. E. Strønstad, sucesor de Bodding, y la señora Strønstad me hospedaron y ella me sirvió amablemente como intérprete. Preguntamos a algunos santales de edad avanzada y que mostraron tener conocimientos, en Dumka y en las aldeas que la rodean, por qué putka era animado. Nadie pudo decírnoslo. Nuestro mejor informante resultó ser Ludgi Mamdi, la viuda de un pastor luterano nativo. Ella nos dijo que había un hongo enteogénico. (6) ¿Era el putka? No, de ningún modo. Era simplemente ot’, “hongo” de la clase sin alma. Nadie fue capaz de encontrar un ejemplar de este hongo embriagador, pero la descripción (grande, que crece solamente en el estiércol, en su mayor parte de ganado, y blanco, con un intenso color crema en el centro abombado) correspondía a Stropharia cubensis. Tampoco encontramos ningún putka durante mi visita: vendrían después de que estallara el monzón. Ludgi Mamdi y algunos otros informantes sugirieron que el putka era animado porque regularmente se encontraba en el bosquecillo sagrado de árboles sarjom cercano a toda aldea. (Santalí sarjom = hindi sal = Shorea robusta.) Pero los árboles sagrados sarjom no eran animados, así que ¿por qué un hongo que crece desde sus raíces debería serlo? Además de esto, el putka también crecía en relación micorriza con otras especies de árboles. Ludgi Mamdi parecía una informante especialmente buena y justamente antes de que partiéramos para Nueva Delhi, sintiéndonos derrotados, pregunté si podría hablar con ella de nuevo. Cubrimos otra vez el mismo terreno. De repente ella se inclinó sobre la mesa hacia la señora Strønstad y en un susurro (como me fue traducido) dijo que le diría por qué pensaba que putka era animado: “Debes comerlos en cuestión de horas después de la recolección pues pronto apestarán a muerto. ” Habló con una considerable emoción. No sabíamos lo que esto significaba pero de inmediato y apresuradamente tomé nota de sus palabras; su observación apareció después, en un tono moderado, en el artículo que publicamos Heim y yo. (7)

Mi visita de 1965 fue seguida por otra con Heim en julio-agosto de 1967; él voló de París a Calcuta y yo de Nueva York. Comenzamos nuestra búsqueda en las colinas Simlipal y en la aldea Bisoï en Orisa, donde se entremezclan los santales y sus cercanos parientes lingüísticos, los ho, así como varios otros pueblos. Nuevamente preguntamos a los nativos acerca de por qué el putka era animado. En Nawana, en las colinas Simlipal, pasé una tarde con Ganesh Ram Ho, el jefe de la aldea, y él, como lo había hecho Ludgi Marndi, informó voluntariamente que había un hongo enteogénico, y su descripción correspondía al de Ludgi; su testimonio confirmó que éste era probablemente Stropharia cubensis o un primo cercano. (Que estos dos excelentes informantes hayan hablado voluntariamente de un hongo embriagador, indudablemente Stropharia cubensis, es una pista que no debe ignorarse: puede haber desempeñado un papel en el pasado cultural de los santales y del soma.) Pero, exactamente como antes, era “ud” y sin alma. ” Ud ” es “hongo” en la lengua ho.

Publicamos la relación de nuestros viajes a la región santal en Les Cahiers du Pacifique, núm. 14, septiembre de 1970. Kramrisch vio nuestro articulo y captó inmediatamente que el putka de los santales era el putika de los Brahmanas, del sacrificio Pravargya y de la olla mahavira. ¡El putika había sido el sustituto del soma y naturalmente poseería un alma! Kramrisch merece un amplio reconocimiento por descubrir que el putka santalí era una palabra de préstamo tomada del putika sánscrito. Cuando el soma estaba siendo abandonado, probablemente durante un largo periodo que terminó poco después de 1000 a.C., el putika tomó su lugar, no como una bebida enteogénica igual que el soma en el sacrificio más antiguo, sino como un componente del barro en el fuego ceremonial que cuece la vasija mahavira. Su hedor (del que habló Ludgi Mamdi) se tornaba en fragancia cuando la olla, sostenida por tenazas, era cocida en el fuego en el curso del rito. Nunca ha sabido nadie qué planta era. Ahora nosotros sabemos que, como el soma, era un hongo, pero un hongo común, y poseía cualidades divinas, aunque menos que las del soma.

En la cultura santal el putka no solamente es animado, dotado de un alma: posee otro de los atributos del soma. Entre los santales aparentemente la creencia de que el putka es generado por rayos (mitológicos) es universal. Mucho después de que los brahmanes han perdido todo uso o conocimiento de este hongo, y de que han perdido todo contacto especial con los santales, este pueblo humilde, intocable, que trabaja duro, todavía cree que el putka es procreado por el rayo, como los brahmanes védicos creían que el soma era procreado por el vajra de Indra, o Parjanya, el dios del relámpago. He aquí otra manifestación, otra prueba de la excitante intensidad cultural milenaria de la religión de los jerarcas de los arios. El rayo era visto como el esperma, la vitalidad que fecunda a la blanda madre tierra con los hongos enteogénicos.

Los santales creen que existen dos tipos de putka, el hor putka y el hongo putka, uno liso y el otro áspero. Heim decía que los dos eran simplemente diferentes etapas en el ciclo vital de una especie. El hor putka es el “putka hombre”, no en el sentido de masculino sino de ser humano, o de los “santales”, a quienes ellos naturalmente consideran como el ser humano par excellence. El hongo putka, que es áspero, es el “putka perro”; el perro no es despreciado, como en la cultura hindú. Unos cuantos de los santales nos hablaban de un tercer putka, el rote putka o “putka sapo”. La mayoría de los santales no reconocieron este término y de los que sí lo hicieron, la mayoría no pudo decir qué tipo de hongo significaba. Pero cuando estuvimos en Kathikund, una aldea en el Santal Parganas, fuimos testigos desde nuestra terraza de una violenta tormenta de mediodía con truenos y en cuestión de horas y luego a todo lo largo de la noche un ejército de bejines apareció en la llanura que estaba frente a nuestro bungalow. Uno de nuestros compañeros santales nos dijo con seguridad que éstos eran verdaderamente rote putka. En este caso el bejín era Lycoperdon pusillum pero probablemente cualquier otro bejín que aparece en respuesta a un chubasco de truenos es un rote putka. Para abreviar, el rote putka, el cual no comen los santales, es un falso putka… Los hongos enteogénicos de los que nos habían hablado Ludgi Mamdi y Ganesh Ram Ho, probablemente Stropharia cubensis, no son putka: son simplemente ot’, o ud en la lengua ho, y no disfrutan de ninguna distinción gramatical y, hasta donde yo sé, tampoco de ninguna distinción en el folklore. Pero es imperativo que esto se explore mucho más profundamente. ¿Acaso su virtud enteogénica da cuenta de los dibujos geométricos a colores, infinitamente variados, que decoran los exteriores de muchas casas santales?

A todo lo largo de nuestras visitas a la región santal, las personas con las que hablamos dijeron que los cerdos cavaban para encontrar los putka, confirmando de este modo lo que dice el comentario pali canónico Udana acerca de sukara-maddava. Pero yo estaba buscando una cita y después de regresar a Nueva Cork, el reverendo Johannes Gausdal, un misionero retirado que vive en Oslo, me puso en contacto con Gora Tudu, director de la Escuela Preparatoria Careaban, y preguntamos a Tudu, por medio de Gausdal, si los cerdos salían a buscar los putka en el bosque. He aquí lo que él respondió:

¿Que si los puercos comen putka o no? En este caso también yo conseguí algunos putka de los bosques. Los puse a prueba con unos cuantos cerdos: los putka viejos no les gustaban, pero los nuevos parecían ser exquisiteces para ellos. Los comían con fruición. También en el bosque encontré en varios matorrales, donde usualmente brotan putka, varias marcas de tierra revuelta, indicio de que los cerdos habían estado cavando para encontrar los putka”. [Carta en mi archivo Munda]

Tuve cuidado de no divulgar la razón por la que estaba haciendo esta pregunta. Hay varios géneros de hongos subterráneos divididos entre veintenas de especies, y sería sorprendente que todas atrajeran a los cerdos, pero tal vez lo hagan.

Gausdal también preguntó acerca del olor de los putka una vez cortados. Tudu respondió, con un humor inconsciente:

Recolecté algunos putka, tanto hor putka como hongo putka, y los puse en platos, unos secos y otros húmedos, justamente para ver cómo era el olor después de la descomposición. En ambos casos el olor fue el de material leñoso en descomposición, de ninguna manera tan malo como el de cualquier ser sanguíneo. El olor nunca fue demasiado fuerte o asqueroso. Lo peor con lo que los podía comparar sería el olor de yute pudriéndose en agua fangosa”.

Kramrisch me cuenta que el yute pudriéndose en agua fangosa produce un hedor terrible. Tudu posee la encarecida cualidad de los granjeros sucios de todo el mundo: su aprecio por el olor de los montones de estiércol, por ejemplo, está influido poderosamente por lo que significa el estiércol para las cosechas. Los olores terrosos de los patios de granja también poseen una agradable consistencia.

La correspondencia Gausdal-Gora Tudu fue hecha en santalí, pero mis preguntas y sus respuestas a ellas fueron expresadas en inglés.

Sabemos que los santales no han vivido siempre donde ahora. Hace 600 años vivían hacia el oeste de Benares, sobre la meseta Chota Nagpur, y la tradición dice que mucho antes de esa época los santales habían vivido mucho más hacia el oeste, exactamente dónde, nadie lo sabe, pero es probable que cerca del antiguo centro de sacrificios brahmánicos, donde pudieron haber tenido relaciones cercanas con los arios, tal vez sirviéndoles antes y a lo largo del cambio del soma al putika. Esto también explicaría las otras palabras sánscritas en santalí que advierte Bodding. De hecho. observa en su Prefacio a su diccionario santal que “la descripción de los dasyus en los Vedas y en el Mahabharata parece ser adaptable a muchos de los santales”.

La muerte de Buda

Una vez terminada la interpolación santal, regresaremos al texto del Digha Nikaya como fue traducido por Rhys Davids.

Después de la discusión del sukara-maddava, la traducción de Rhys Davids continúa con un asombroso desarrollo

Ahora bien, cuando el Enaltecido hubo comido el arroz preparado por Cunda, el trabajador de metales, allí cayó sobre él una horrenda enfermedad, la enfermedad de disentería, un agudo dolor le sobrevino, precisamente hasta la muerte. Pero el Enaltecido, atento y dominado, lo soportó sin queja”. [cap. IV]

Era un desconcertante giro en los acontecimientos, ya que el Omnisciente acababa de decir que no veía a nadie, excepto a un Tathagata, que pudiera asimilar propiamente el sukara-maddava, que él acababa de comer. Si las circunstancias fueran inventadas, como Bareau piensa, ¡qué extraño conjunto de circunstancias para haber sido inventadas por seguidores absolutamente devotos de Buda! Los hongos, ahora lo sabemos con precisión, eran saludables y nunca hubo riesgo alguno: más aún, ¡unos putika envejecidos declararían su edad por el hedor! Y Cunda era un hombre confiable para comprarlos y cocinarlos. Sin embargo, recordemos que en las castas hindúes superiores, donde Buda había sido educado y donde había vivido los primeros años de su vida, aun cuando ahora él estaba libre de tabúes alimentarios y distinciones de castas, todos los hongos se evitaban como no comestibles; pero aquí, en un momento crítico de su vida, era convidado con putika.

¿Conocía Cunda el papel del putika en la religión de las castas dos veces nacidas? ¿Sabía esto por rumor, de manera inexacta? ¿O no lo sabía en absoluto y estaba sirviendo estos hongos solamente por la excelente razón de que estaban frescos y en temporada? Es claro, a partir del testimonio del Digha Nikaya, que el ataque sufrido por Buda fue repentino, violento, alarmó a todos; virtualmente el ataque finalizó rápidamente, pues no mucho después Buda instruía al fiel Ananda acerca de que deberían ponerse en camino hacia Kusinara, en las proximidades. Pero ¿qué podría ser más natural que una reacción violenta en alguien educado como un ksatriya, alguien que consideraba los hongos no comestibles? Y con su intestino grueso crónicamente inflamado por disentería, su diarrea fue una consecuencia natural. “Disentería” es una traducción del pali lohita-pakkhandika, que significa “flujo sangriento”.

El relato en el Digha Nikaya es como si hubiera sido escrito a la medida de esta explicación. Dos cuartetos, aparentemente independientes uno del otro, están insertados en el texto del Digha Nikaya (20, p. 139) en este punto. Buddhaghosa añade una nota: “Debería entenderse que éstos son los versos escritos por los theras [Ancianos] que celebraron el concilio”, el concilio que tuvo lugar en Rajagrha, en el que algunos meses más tarde fueron fijados los planes iniciales para iniciar detalladas recolecciones de las enseñanzas de Buda y para organizar la religión budista. La primera cuarteta muestra cómo aquellos que estaban presentes murmuraron contra Cunda y, de acuerdo con la segunda, también hubo murmuraciones sobre los hongos. He aquí las cuartetas en la traducción de Rhys Davids:

Cuando él hubo comido la comida de Cunda.
el formador de cobre –así lo he oído–
soportó
con entereza el dolor,
el agudo dolor hasta el grado de la muerte.
Cuando hubo comido de los hongos
[ = sukara-maddava ] en la comida
cayó sobre el Maestro una horrenda enfermedad.
Luego, después de que la naturaleza fue aliviada. El Enaltecido anunció:
Ahora me encamino a Kusinara.

Después de este episodio el Enaltecido se salió de su camino para exonerar a Cunda de reproche, haciendo de este modo aún más sostenible mi explicación de su mal. Pues si Cunda hubiera sido culpable de negligencia al escoger los hongos, ¿por qué lo habría exonerado el Omnisciente?

42. Y el Enaltecido se dirigió al venerable Ananda y dijo: –Ahora puede suceder, Ananda, que alguno provocara el remordimiento en Cunda el herrero, diciendo: “Esto es malo para ti. Cunda, y la ruina para ti el que cuando el Tathagata hubo comido su última comida de tu provisión, entonces murió.” Cualquier remordimiento, Ananda, en Cunda el herrero debe ser refrenado diciendo: “Esto es bueno para ti, Cunda, y beneficio tuyo el que cuando el Tathagata hubo comido su última comida de tu provisión, entonces murió.” De la misma boca del Enaltecido, Cunda, lo he oído, de su propia boca he recibido esta sentencia: “Estas dos ofrendas de comida son de igual fruto y de igual provecho y de mucho mayor fruto y de mucho mayor provecho que cualquier otra, ¿y cuáles son las dos? La ofrenda de comida que, cuando un Tathagata la ha comido, alcanza el supremo y perfecto discernimiento; y la ofrenda de comida que, cuando un Tathagata la ha comido, abandona la existencia mediante aquella absoluta extinción en la que ninguna parte queda como residuo; estas dos ofrendas de comida son de igual fruto y de igual provecho, y de mucho mayor fruto y de mucho mayor provecho que todas las otras. Cunda el herrero preparó un karma que redundó en longitud de la vida, que redundó en buen nacimiento, que redundó en buena fortuna, que redundó en buena fama, que redundó en la herencia del cielo y del poder soberano.” De esta manera, Ananda, debe ser refrenado cualquier remordimiento en Cunda el herrero. [pp. 147-148]

Bareau concede que Cunda y Pava pueden ser elementos originales pero, si es así, piensa que éstos son los únicos elementos originales en la narración de la estancia de Buda en Pava:

Deux siècles après le parinirvana, ces deux noms, ici Pava et Cunda, étaient les deux seuls éléments anciens, peut-être même historiques, de l’épisode du dernier repas du Buddha. Aucun souvenir n’avait donc été conservé ni des incidents qui avaient pu s’y produire ni de la nature précise des aliments qui avaient été servis alors au Bienheureux”. [ Recherches sur la biographie du Buddha, École Française d’Extreme Orient, tomo I, p. 258.]

Dos siglos después del parinirvana , esos dos nombres, Pava y Cunda, eran los dos únicos elementos antiguos, incluso quizás históricos, del episodio de la última cena de Buda. No se conserva ningún recuerdo ni de los incidentes que pudieron ocurrir entonces, ni de la naturaleza precisa de los alimentos que se le sirvieron al Bienaventurado”.

Tal vez a la luz de nuestros descubrimientos Bareau pueda conceder más a la historia de la última comida de Buda en Pava como es referida en el Digha Nikaya. Demasiadas personas fueron testigos del episodio con los hongos como para permitir a los de afuera que lo suprimieran: su repentino malestar había provocado demasiadas conversaciones.

Aquí está el relato de la muerte de Buda de acuerdo con el Digha Nikaya , cap. V:

I. Ahora el Enaltecido se dirigió al venerable Ananda, y dijo: – Ven. Ananda, continuemos hacia el bosquecillo sala de los mallas, los upavattana de Kusinara, en el lado más lejano del río Hiranyavati.

¡En seguida, señor! –dijo el venerable Ananda, consintiendo, al Enaltecido.

Y el Enaltecido avanzó con una gran cantidad de hermanos hacia el bosquecillo sala de los mallas, los upavattana de Kusinara, en el lado más lejano del río Hiranyavati: y cuando él llegó allí se dirigió al venerable Ananda y dijo:

Extiende para mi, te suplico, Ananda, el sofá con su cabeza hacia el norte, entre los árboles gemelos sala. Estoy cansado, Ananda, y quisiera recostarme.

¡En seguida, señor! –dijo el venerable Ananda, consintiendo, al Enaltecido. Y él extendió una cubierta sobre el sofá con su cabeza hacia el norte, entre los árboles gemelos sala. Y el Enaltecido se recostó sobre su costado derecho, con una pierna descansando sobre la otra; y él estaba atento y dominado”.

En una nota sobre este pasaje el comentador cingalés añadió una explicación:

La tradición dice que había una hilera de árboles sala en la cabecera de ese sofá y otra a sus pies, encontrándose un joven árbol sala cerca de su cabecera, y otro cerca de sus pies. Los árboles gemelos sala eran llamados así porque los dos estaban iguales en cuanto a las raíces, los troncos, las ramas y las hojas. Había un sofá ahí en el parque para el uso especial del caudillo (elegido periódicamente) de los mallas, y era este sofá el que el Enaltecido pidió a Ananda que preparara”. [p. 149n]

En la madrugada Buda murió, precisamente corno lo había predicho tres meses antes, desde que estaba en Vaisali.

En varias partes del mundo ha habido individuos, especialmente entre los hombre santos de la India, que han adquirido mediante concentración (samadhi) el control sobre algunos de los músculos que ordinariamente funcionan en respuesta a estímulos más allá de la voluntad humana. A. L. Basham ha reparado en esto en The Wonder That Was India, p. 327:

La antigua fisiología mística de la India necesita de un ulterior estudio, no solamente por indólogos profesionales sino también por biólogos y psicólogos de amplio criterio, quienes puedan revelar el verdadero secreto de los yogi. Pues dejando a un lado cualquier cosa que podamos pensar acerca de sus pretensiones espirituales no existe duda de que los yogi avanzados pueden contener su respiración durante periodos muy largos sin sufrir lesiones, pueden controlar el ritmo de sus propios latidos del corazón, pueden resistir extremos de calor y frío, pueden permanecer saludables con una dieta de inanición y, a pesar de su austera y frugal vida y de sus notables contorsiones físicas, las cuales arruinarían el sistema de cualquier hombre ordinario, pueden sobrevivir a menudo hasta una edad muy avanzada con completo uso de sus facultades”.

Basham omite mencionar que ocasionalmente la muerte es el objetivo de esta “concentración”, pero no hay razón para cuestionar que la muerte pueda ser el propósito de un acto semejante de voluntad. Actualmente, cuando la muerte es el resultado final de esta manifestación de poder de voluntad, se le llama mahasamadhi.

Buda predijo el día de su muerte tres meses antes y desde ese momento en adelante anunció a todos el tiempo y lugar de su propia extinción. Después de su última comida la narración dice que él caminó la corta distancia hacia Kusinara a iniciativa propia. Desde la época de su muerte, ningún hindú, ningún budista ha sugerido alguna vez que haya muerto de envenenamiento por hongos. Su muerte no ha provocado discusión entre los budistas. Sabiendo como ahora lo sabemos cuáles fueron los hongos que sirvió Cunda, éstos pudieron haber provocado un trastorno en el estómago de un hindú micófobo, pero no pudieron haber causado su muerte. Murió por su propio poder de voluntad, por su propio mahasamadhi. O, más que provocar su propia muerte, ¿no utilizó el poder del yoga, bajo circunstancias penosas, para posponer su traslado al nirvana hasta que hubo alcanzado su lugar de elección?

El sustituto del soma explica y justifica las extraordinarias palabras utilizadas por Buda al limitar tan sólo para sí mismo este platillo. Al destinar a un hoyo el putika excedente, se mostró familiarizado con sus propiedades cotidianas. Ahora que conocemos las propiedades precisas de este hongo, y que está aclarada su etimología como emparentada con “pútrido”, su fuerte vínculo con el soma es una buena explicación para la creencia santal de que es generado por el divino rayo.

Hasta este punto nos hemos concentrado solamente sobre una fuente –el texto pali canónico del Digha Nikaya– para los detalles acerca de la vida de Buda. Es la escritura sagrada de la rama theravadina del budismo, la cual tiene sus cuarteles generales en Sri Lanka. Existen, además de ésta, otras cinco recensiones maestras de su vida, cuatro en chino y una en sánscrito. Todas ellas mencionan la parada en Pava y nombran a Cunda como el anfitrión, pero ninguna de ellas menciona el sukara-maddava. Una explicación obvia para esta omisión es que los chinos son micófilos naturales: comen con fruición todos los tipos de hongos comestibles y los conocen. Ellos no entenderían por qué Buda honraría al putika diciendo que sólo él podría digerirlo. Para los chinos todo esto habría sido incomprensible.

Buda y sus seguidores eran en su mayor parte hindúes de las castas superiores que se habían retirado de la obediencia hacia la religión hinduista. Cuando los theras se reunieron en Rajagrha, ellos eran inevitablemente, aun cuando fueran rebeldes, herederos de la infinita complejidad de hábitos, prácticas, maneras sutiles de pensar y de sentir propias de la religión brahmánica. Cuando el budismo se convirtió en una religión mundial, se liberó de la religión brahmánica y esto incluía a la poderosa tradición del soma y a los himnos védicos, y por supuesto se liberó también de la menos poderosa influencia del putika. En los primeros días del cristianismo, antes de que se convirtiera en una religión mundial, algunas costumbres judías, como la circuncisión y la prohibición de comer carne de puerco, ejercían influencia sobre los judíos convertidos al cristianismo, y la Iglesia primitiva se enfrentó a un conflicto paralelo.

La última comida de Buda

El episodio de Pava se presta a varias explicaciones; el registro escrito contiene algunas anomalías. Si tuviéramos que ofrecer la solución que creemos más verosímil, seria ésta.

Sólo el comentario sobre el Udana, que Buddhaghosa presentó como un rumor, demuestra que Cunda el sudra sabía del uso del putika hecho por los brahmanes. Cunda ciertamente conocía este hongo como un favorito universal entre quienes comen hongos cuando es temporada, y estaba en temporada precisamente entonces: se sorprendió cuando Buda reconoció el hongo y le pidió, en un pasmoso lenguaje no familiar para sus oídos, que los sirviera sólo a Buda. Cunda estaba orgulloso de haber reunido hongos para todos, y ahora le prohibían darlos a los huéspedes o incluso que los comiera él mismo.

Poco después de que Buda comió sus hongos con arroz, cayó violentamente enfermo. Esto seguramente causó consternación y mortificación a Cunda. Hubo alarma y murmuraciones contra Cunda y contra los hongos de la reunión, pues todos o casi todos eran hombres dos veces nacidos y se les había adoctrinado contra los hongos. Podemos imaginar el embarazo de Cunda pero no tenemos ninguna información al respecto: una opaca nube de silencio cae sobre él.

En el Digha Nikaya Buda exonera a Cunda de manera algo pomposa, debido a las circunstancias. Tal vez todo el mundo recordaba que Buda había levantado la voz a favor de Cunda y muchos lo habían oído, pero ninguno recordaba lo que él dijo precisamente. Parece que alguien compuso el párrafo mucho después. La apropiada exoneración de Cunda demostró la previsión y la nobleza de Buda en las circunstancias más penosas.

¿Acaso no fue introducido sukara-maddava en lugar de putika en Rajagrha para evitar confundir a las personas respecto a la actitud de Buda hacia la vieja religión? Él mostró cierta actitud hacia los putika, y reaccionó ante ellos de una manera que nosotros en la actualidad, en otras circunstancias, podemos entender por primera vez.

Y por lo que concierne a las diversas explicaciones en los dos comentarios canónicos para sukara-maddava, éstas también pueden haber sido introducidas en Rajagrha, o tal vez más probablemente en época tardía durante el reinado de Asoka, cuando la necesidad de una explicación se hizo sentir de manera creciente en la comunidad budista. Jamás se ha dado ninguna importancia teológica, entonces o más tarde, al episodio de Pava porque, después de todo, Buda estaba bajo una aguda tensión en esa época, lo cual se aunó a su enfermedad, a su inminente extinción predicada libremente desde que estaba en Vaisali, tres meses antes del episodio en Pava y del inesperado platillo de putika, que repentinamente le salieron al encuentro. Hubo demasiados comentarios entre los que estaban presentes como para suprimir el episodio, pero obviamente el putika no habría de ser identificado llanamente. El sukara-maddava fue una manera de decir la verdad y, no obstante, interponer obstáculos para su entendimiento. Quizás la palabra fue un neologismo inventado ad hoc.

Ahora vemos por primera vez en qué predicamento tan dramático involucró accidentalmente a la religión budista en el preciso momento de su nacimiento la proscripción brahmánica sobre los hongos para las castas dos veces nacidas. Todavía no sabemos –probablemente nunca lo sabremos– cuándo entró en vigor esa proscripción, tal vez fue a través de los siglos, mientras se componían los himnos védicos, o posiblemente cuando los jerarcas de los brahmanes supieron de las virtudes enteogénicas de Stropharia cubensis, tal como las conocen las clases inferiores que viven en la India, o cuando finalmente abandonaron el soma y adoptaron el putika como su sustituto. Pero sí sabemos cuán efectivamente los theras budistas falsearon los hechos en el Digha Nikaya, hasta que un investigador, 2.500 años después de que tuviera lugar el acontecimiento, reunió las evidencias, y con la ayuda de Georg Morgenstierne, Roger Heim, Stella Kramrisch, Wendy Doniger O’Flaherty y, sobre todo, del pueblo santal, ensambló las piezas del rompecabezas.

El valle del Indo y Cachemira

Cuando publicamos Soma: Divine Mushroom of Immortality en 1968, señalé en él que en los 1028 himnos del Rig Veda nunca se mencionan las flores, fruto, semilla, hojas, ramas, corteza o raíces de la planta: una elocuente pista para buscar la hierba divina. Había otro hecho botánico que merecía completo reconocimiento, pero yo todavía no me avocaba a él.

Los botánicos dividen las plantas en fanerógamas y criptógamas. Las fanerógamas incluyen a todas las plantas que tienen flores y semillas, ya sean árboles, arbustos, enredaderas, hierbas y gramíneas, ya sean cultivadas o silvestres. Las criptógamas pertenecen a un orden inferior de la vegetación, menos desarrollado a lo largo del curso evolutivo, y los hongos son las criptógamas que nos interesan. Apenas recientemente tres o cuatro especies de las miles que existen se han prestado para la explotación comercial, y unas cuantas también se han prestado para el costoso cultivo en laboratorios. En los tiempos de los arios, en el valle del Indo y en Cachemira, existía la más amplia variedad de climas, a causa de la variedad del accidentado terreno que se encontraba en su interior –elevadas montañas, planicies que yacían a poca altitud, valles, tierras húmedas, extensiones áridas– y cualquier fanerógama podía ser cultivada en alguna parte de esa vasta extensión. Pero allí solamente crecían aquellos hongos que la región producía espontáneamente. Puesto que sabemos que la provisión de soma estaba limitada en el mejor de los casos a las montañas y que debe de haberse reducido todavía más cuando no había monzones, sujetándonos a lo que sabemos acerca del soma en los tiempos védicos, esto apunta hacia el hongo enteogénico Amanita muscaria para su soma. Nadie entre los arios advirtió que el abedul y también las coníferas fungen como huéspedes para Amanita muscaria y, por consiguiente, no se pensó en plantar los árboles huéspedes para ver si por este medio el hombre podía incrementar la producción de la planta sagrada.

Otros enteógenos derivados de hongos crecen en los niveles más bajos. Aparecen en el estiércol del ganado, son fácilmente identificados y recolectados, y son efectivos. Pero fracasan en ajustarse a las prácticas brahmánicas: los conocen los grupos tribales y los sudras. El soma, por otra parte, exige autodisciplina de los sacerdotes, una larga iniciación y entrenamiento: es, para una adecuada explotación, asunto de una minoría selecta sacerdotal. Pero el posible papel de Stropharia cubensis, que crece en el estiércol del ganado, dentro de las vidas de las castas inferiores, permanece hasta estos días totalmente inexplorado. ¿Es responsable el Stropharia cubensis de la elevación de la vaca a un rango sagrado? ¿Y es responsable también de la inclusión de la orina y del estiércol de las vacas en el pañcagavya? ¿Y fue eso una razón que contribuyera al abandono del soma? Dadas las condiciones ecológicas que prevalecían en el valle del Indo y en Cachemira, solamente unos cuantos arios podían conocer por experiencia personal los secretos de la hierba divina. El culto del soma debe de haber sido modelado por las circunstancias peculiares que prevalecían en el área, pero finalmente aquellas circunstancias deben de haber arruinado dicho culto. En la actualidad éste sigue viviendo en la India sólo como un intenso y candente recuerdo de un rito antiguo.

Bajo el reinado británico la rica y diversa vegetación de la India fue admirablemente estudiada, y el enciclopédico Dictionary of the Economic Products of India de George Watt, 1889-1896, en 11 volúmenes, editado y parcialmente escrito por él, es un gran legado del dominio británico en la India. Sin embargo, los micófobos británicos hicieron poco para que progresara el conocimiento de la micología, y los Indios nada. Jamás sugirió nadie un hongo para soma, por no hablar ya de Amanita muscaria. Nuestro Soma salió a la luz en 1968, pero ningún Amanita muscaria ha sido encontrado todavía desde entonces en Pakistán o Cachemira: ha habido numerosos reportes de hallazgos, pero no han sido depositados en los herbarios especímenes de evidencia. El doctor Roy Watling, micólogo del Royal Botanic Garden de Edimburgo, pasó tres semanas en el campo en 1978 en una inspección general del área de Cachemira, en las proximidades de Srinagar. Él recolectó hongos en lugares con abedules en dos áreas pero llegó allí tardíamente en cuanto a la temporada de crecimiento y además la temporada era seca. En su reporte impreso 9 escribe: “La especie Amanita muscaria es casi seguramente nativa de la zona de Betula del norte de la India.” Allí encontró Betula utilis desde los 3000 metros hasta la línea superior de crecimiento de árboles, a 3.500 metros, pero ningún Amanita muscaria. En los Himalayas noroccidentales el abedul crece entremezclado con rododendro, en vegetación achaparrada, hasta los 3.800 metros.

Podemos pensar que entendemos las frustraciones de los arios, pero en comparación con ellos estamos haciendo solamente lánguidos esfuerzos para encontrar unos pocos especímenes como prueba, mientras que los brahmanes deben de haber tenido una urgente necesidad de cantidades de cuerpos fructíferos para secarlas, y después rehidratarlas y llevarlos a las piedras prensantes. Sus necesidades deben de haberse incrementado constantemente con la población en aumento. Cualquiera que pueda haber sido el caso posteriormente, las relaciones con los nativos fueron con seguridad hostiles al principio. Parece que los nativos ocuparon las alturas intermedias de las montañas. precisamente donde crece Amanita muscaria y donde el Rig Veda dice repetidamente que crece el soma. Como sabemos, a partir del Satapatha Brahmana, los brahmanes dependían para sus provisiones de soma, en gran parte al menos, de los nativos que vivían en las montañas. El aprovisionamiento dependía del clima y del estado de las relaciones con los nativos, mientras que las necesidades aumentaban con cada generación. Los brahmanes seguramente se interesaban en cultivar a los dasyus, y a los dasyus les interesaba descubrir cualquier lugar donde creciera Amanita muscaria, sobre todo los lugares donde había abedules así como otros árboles huéspedes. (Se informa que últimamente Amanita muscaria fue localizado en Tamilnadu, especialmente en las colinas Nilgiri, en el sur de la India, pero los micólogos atribuyen su presencia en esos lugares a plantaciones de coníferas exóticas en el siglo pasado). Seguramente la mayor parte de los sacrificios de soma utilizaron sustitutos fanerogámicos de reemplazo y en los Brahmanas posvédicos y en otros escritos nos enteramos de cómo los sacerdotes encaraban desde tiempos antiguos esta escasez con ayuda de dichos sustitutos.

Acaso los brahmanes continuaran comerciando con los montañeses de Afganistán en busca de soma, y con los habitantes del Hindukush, pero se ignora si estos grupos tribales eran amistosos; tal vez lo eran intermitentemente. El Afghanistan Journal 6.2, 1979, anunció el hallazgo de Amanita muscaria en Nuristán, en el valle de Shetul, a gran altura en el Hindukush, en el extremo noreste del país. Los autores, Gholam Mochtar y Hartmut Geerken, de Kabul, conversaron con tres viejos gruñones, ostensiblemente adictos al “pan de cuervo”, el cual pretenden que sea Amanita muscaria, a partir del cual se hace una mixtura embriagadora. El episodio está insuficientemente documentado para permitir conclusiones acerca de su pertinencia en cuanto a Amanita muscaria y en cuanto al soma. Su reporte antecede a la invasión rusa.

La utilización de sustitutos por los arios debe de haber sido una práctica adoptada de manera recalcitrante desde el comienzo. Éstos son mencionados por primera vez en el último grupo de himnos incorporado al canon, Mandala X 85 de corrido hasta el final, 191. En Soma omitimos considerar estos himnos de Mandala X, puesto que fueron admitidos en el canon en una etapa tardía, poco antes de que finalizara la época védica. Pero hace algunos años el profesor Clifford Wright, sobre una fuerte base estilística, en una conferencia dictada en la Universidad de Cambridge, adoptó la posición de que muchos de esos himnos, los últimos en ser admitidos en el canon, no fueron de ningún modo los últimos en ser compuestos. Hay un verso en estos himnos que habla de los sustitutos. Ese himno puede perfectamente haber sido compuesto siglos antes:

Rig Veda X 85.3: “Uno piensa que bebe soma porque una planta es estrujada. El soma que los brahmanes conocen, que nadie bebe”.

Esto se ajusta a nuestro pensamiento presente: la escasez de soma no tenía que ser explicada por la expansión de los arios hacia el sur, después hacia el este descendiendo por el Yamuna y más allá de la confluencia con el Ganges. La escasez siempre había existido, y los sustitutos para el reemplazo habían sido un problema crónico.

Memorándum
De Walpola Rahula sobre las fuentes primitivas para el significado de sukaramaddava

El pasaje original pali canónico del Mahaparinibbanasutta del Digha Nikaya, edición de la Pali Text Society (Londres, 1966), vol. II, p. 127:

Entonces, al final de esa noche, Cunda, el herrero, habiendo preparado en su casa deliciosa comida dura y suave, y también una cantidad de sukara-maddava, anunció la hora al Enaltecido, diciendo: “La hora, Señor, ha llegado, la comida está lista.”

Al explicar sukaramaddava en este pasaje, el comentario pali del Digha Nikaya , Sumangalavilasini , la edición de la P a li Text Society (Londres, 1971). vol. II. p. 568, da tres opiniones diferentes.

Sukaramaddava significa carne disponible [en el mercado] de un excelente [de primera clase] cerdo, ni demasiado joven ni demasiado viejo. Éste es blando y grasoso. “Habiéndolo preparado”: habiéndolo cocido bien, es el sentido. [Algunos dicen: sukaramaddava es el nombre para una preparación culinaria de arroz blando hecha en un caldo con los cinco productos de la vaca, 10 justamente como gavapana es el nombre de una preparación culinaria. Otros dicen: sukaramaddava es una preparación química [elixir]. Se encuentra en la ciencia de la química, esa preparación química [elixir] fue hecha por Cunda pensando que el parinibbana del Enaltecido podría no tener lugar.]

La historia de Cunda ofreciendo sukaramaddava a Buda ocurre exactamente de la misma manera en otro texto pali canónico, Udana. El Paramatthajotika , comentario sobre el Udana (Colombo, 1920), p. 279, al explicar sakaramaddava da cuatro diferentes opiniones:

Se dice en el Gran Comentario [Mahaatthakatha] 11 que el sukaramaddava es puerco [carne de puerco] blanda y grasosa, disponible [en el mercado]. Pero algunos dicen: sukaramaddava no significa puerco [carne de puerco], sino retoño de bambú [vástago de bambú] hollado por cerdos; otros dicen que es un hongo crecido en un punto hollado por cerdos; otros todavía han mantenido que sukaramaddava es un cierto elixir. Ellos dicen que Cunda, el herrero, habiendo escuchado que el Enaltecido alcanzaría el parinibbana ese día [literalmente, hoy ] pensó que sería bueno si Él pudiera vivir más tiempo después de comer esta [preparación], y se la ofreció deseando la longevidad del Maestro

Epílogo

Cuando empecé a trabajar con Gordon Wasson en Soma, hace casi veinte años, no teníamos al principio ninguna sospecha de que el soma pudiera haber sido un hongo: solamente deseábamos compilar los textos relativos al soma y echar un vistazo sobre ellos con un ojo botánico así como indológico. Cuando mencioné casualmente a RGW el episodio donde se bebe orina y soma en el Mahabharata, él pensó en Amanita muscaria como una posible identidad para el soma, y a partir de ese momento llegó a estar convencido de manera creciente de que éste era el caso. Yo estaba segura de que la evidencia probaba que el soma era un enteógeno (nosotros lo llamábamos entonces un alucinógeno), y que no era una forma de alcohol (como se había creído ampliamente hasta entonces), sino una droga que provocaba un éxtasis de un tipo muy especial. He aquí una verdad de gran importancia en el estudio de la religión india tardía, que fue la mayor contribución que RGW había hecho a los estudios védicos.

Sin embargo, yo todavía no estaba convencida de que el soma fuera un hongo. Sentía que los argumentos se basaban principalmente en la interpretación de adjetivos, muchos de ellos referentes a colores, y de rasgos mitológicos, muchos de los cuales se aplicaban también a otros dioses, lo que permitía otras interpretaciones tanto como la que identificó el soma con el agárico matamoscas. Como indóloga, más que como botánica, todavía siento que la hipótesis más general –que el soma era un enteógeno– es más significativa que la más particular, que era un hongo. Al paso de los años, sin embargo, la nueva evidencia que RGW ha sacado a la luz, particularmente el testimonio que vincula la última comida de Buda con el soma a través de los dobles lazos del putika védico y del putka santal, hace parecer verosímil que el soma era un hongo, como RGW creyó desde el primer momento, y cuando recordamos el papel religioso de la orina, mencionado arriba, que era específicamente el agárico matamoscas. Pero cada uno de los tres niveles de la hipótesis –que el soma era un enteógeno, un hongo y el agárico matamoscas– añade una valiosa dimensión a nuestra comprensión tanto de la religión védica como de la posvédica.


NOTAS:

1 1896 y antes. Karl Eugen Neumann, Die Reden Gotamo Buddho’s aus der Mittleren Sammlung Majjhimanikayo des Pali-Kanons, Leipzig, 1896, pp. xix-xxii. Neumann cita a escritores más antiguos: Friedrich Zimmermann, quien a su vez refiere a un articulo en el Journal of the Maha-Bodhi Society, vol. 1, núm. viii, pp. 2-3, Calcuta, 1892, dentro del cual el editor de este Journal reproduce afirmaciones hechas por “Rhys Davids, Bigandet, Rockhill, y el coronel Olcott”, haciendo hincapié en el significado propio de sukara-maddava. No hemos visto ninguna de estas discusiones antiguas.

1910. T. W. y C. A. F: Rhys Davids, y ediciones posteriores, Dialogues of the Buddha: Part II, traducidos del pali del Di gha Nikaya por T. W. y0 C. A. F. Rhys Davids. Uno de la serie de los Sacred Books of the Buddhists, publicado para la Pali Text Society por Luzac, Londres. (Todas nuestras citas del Di gha Nikaya son de la edición de 1959.)

1916. Ananda K. Coomaraswamy, Buddha and the Gospel of Buddhism, Londres, George G. Harrap, p. 79.

1931-1932. Arthur Waley, “Did Buddha die of eating pork?”, Mélanges chinois et bouddhiques, vol. I, pp. 343-354, Bruselas.

1942. Fa Chow, “Sukara-maddava and the Buddha’s Death”, Anna1s of the Bhandarkar Oriental Research Institute, editado por R. N. Dandekar, pp. 127-133.

1948. E. Waldschmidt, “Die Letzte Mahlzeit des Buddha”, Beiträge zur Textgeschichte des Mahaparinirvanasutra, pp. 63-85.

1948. E. J. Thomas, “Buddha’s Last Meal” , Indian Culture, xv, pp. 1-3.

1949. A. Foucher, “Le dernier repas à Pava”, La vie du Bouddha, París, Payot, pp. 304-308.

1968. André Bareau, “La nourriture offerte au Buddha lors de son dernier repas”, Mélanges d’Indianisme, París, Éditions E. de Boccard, pp. 61-71.

1970. André Bareau, Recherches sur la biographie du Buddha, tomo I, en particular cap. VII, 8 y 9, pp. 251-281, París, École Française d’Extréme-Orient, vol. LXXVII.

1970. P. Demiéville, reseña de R. Gordon Wasson, Soma: Divine Mush room of Immortality. T’oung Pao , LVI, libros 4-5, pp. 298-302, E. J. Brill, Leiden.

Esta lista no pretende ser exhaustiva.

2 Ver nota 1, entrada bajo 1910, p. 137, nota de pie de página.

3 Stella Kramrisch. “La vasija Mahavira y la planta Putika” (capítulo III de esta obra).

4 Véase Manfred Mayrhofer. A Concise Sanskrit Etymological Dictionary, entrada bajo putikah., vol. 3. p. 761.

5 “Les putka des Santals, champignons doués d’une âme”, en Cahiers du Pacifique, núm. 14, septiembre de 1970, p. 77. Para aquellos que estén interesados, el hongo era Scleroderma hydrometrica (Pers.) H. var. maculata (Pat.) H. En Europa estalla en un Astraeus, pero en la India permanece cerrado, un Scleroderma.

6 “Enteógeno” es una palabra inventada por algunos de nosotros para las sustancias vegetales que inspiraron temor y reverencia al hombre primitivo por su efecto sobre él. Por “hombre primitivo” nos referimos a la humanidad en la prehistoria o en la protohistoria, antes de que el hombre pudiera leer y escribir, ya sea hace mucho tiempo o desde entonces o incluso viviendo hoy en día en regiones remotas de la tierra. “Enteógeno” (o su adjetivo “enteogénlco”) tiene la ventaja de que no transmite la idea de “alucinógeno”, “psicodélico”, “droga”, etc., de la juventud de los años sesenta. Véase Journal of Psychedelic Drugs, vol. 11 (1-2), enero-junio de 1979, pp. 145-146.

7 Véase nota 5. p. 65 de los Cahiers.

Por el Ego del Hombre Blanco

Por el Ego del Hombre Blanco

por Norman Mailer


La pregunta sigue en pie: ¿por qué fuimos a la guerra? Todavía no hay respuesta. Fuimos a la guerra porque necesitábamos mucho una guerra. La economía y algunos bastiones clásicos de la antigua fe norteamericana se estaban hundiendo.

O si, por el contrario, lo que es más probable, sí se descubren armas en Irak -ni una décima, ni una centésima parte de las que poseemos nosotros-, pero sí, esas armas están allí, también es más probable que existan aún más, trasladadas a nuevos escondites fuera de Irak. Si esto es así, a continuación podrían ocurrir hechos espantosos. En caso de que tuvieran lugar, podemos contar con una respuesta predecible: “Americanos buenos, honrados e inocentes murieron hoy a manos de malvados terroristas de Al Qaeda”. Sí, escucharemos la voz del presidente hablar antes incluso de que pronuncie esas palabras. (Aquellos de nosotros a quienes no nos gusta George Bush no tenemos más remedio que reconocer que soportarle en el Despacho Oval es como estar casado con una pareja que siempre dice exactamente lo que ya sabíamos que diría, cosa que también contribuye a explicar por qué la otra mitad de América lo ama).


La pregunta sigue en pie: ¿por qué fuimos a la guerra? Todavía no hay respuesta. Al final, es probable que un conjunto de respuestas cree un potaje cognitivo que al menos abra el camino a que cada uno se haga su propia idea. Fuimos a la guerra, podría decir yo, porque necesitábamos mucho una guerra. La economía de EE UU se estaba hundiendo, el mercado estaba triste y deprimido, y algunos bastiones clásicos de la antigua fe norteamericana (la honradez de las grandes corporaciones, el FBI y la Iglesia católica, por mencionar sólo tres) habían sufrido cada uno un severo bochorno. Ya que nuestra Administración no estaba preparada para resolver ninguno de los serios problemas a los que se enfrentaba, resultaba natural que sintiéramos el impulso de dirigirnos a empresas mayores. ¡Al ataque, hacia la guerra empírea!


Hay que decir que la Administración sabía algo que muchos de nosotros no sabíamos; sabía que teníamos un conjunto de fuerzas armadas muy buenas, quizá incluso extraordinariamente buenas, aunque todavía no habían sido puestas a prueba, unas tropas cualificadas, disciplinadas, centradas en su carrera y dirigidas por unos mandos y un personal oficial inteligente, con facilidad de palabra y considerablemente menos corrupto que cualquier otro grupo de poder de EE UU.

En semejante situación, ¿cómo podía la Casa Blanca no utilizarlas? Podían resultar esenciales para levantar la moral de un determinado grupo social de la vida americana, quizá el grupo clave: el hombre blanco americano. Si antes este conjunto constituía casi el 50% de la población, ahora había bajado a ¿cuánto?… ¿Al 30%? Aun así, seguía siendo clave para consolidar el suelo electoral del presidente. Y estaba en horas muy bajas. Desde el punto de vista del ego colectivo, el buen hombre blanco americano tenía muy poco para elevar su moral desde que el mercado laboral se había puesto feo, a no ser que formara parte de las Fuerzas Armadas. Ahí, ciertamente, la cosa era distinta. Las Fuerzas Armadas se habían convertido en el equivalente paradigmático de un gran atleta joven que busca la manera de medir su verdadera capacidad. ¿Podría ser que hubiera un tipejo por ahí lejos hecho a su medida, cuyo nombre fuera Irak? Irak tenía reputación de ser duro, pero estaba viejo y era un bocazas. ¡Un oponente ideal! Una guerra en el desierto, sin cuevas a la vista, diseñada para una fuerza aérea cuya vanguardia sólo es comparable en perfección a una top-model en una pista de despegue.

Así que se eligió Irak. Nuestra buena gente de las altas esferas se apresuraría a asegurar que nuestro enemigo putativo representaba una amenaza nuclear. De camino, presentaron al presidente Sadam Husein como el arquitecto en la sombra del 11-S. Luego declararon que dirigía un nido de terroristas. Ninguna de estas afirmaciones soportaba un examen a fondo, pero tampoco hacía falta. Estábamos preparados para ir a la guerra de todas formas. Después del 11-S, y tras la ausencia del cuerpo de Osama Bin Laden en Afganistán o en cualquier otro sitio, ¿por qué no elegir a Sadam como la fuerza maligna detrás de la caída de las Torres Gemelas? Liberaríamos a los iraquíes. De forma lasciva, desvergonzada, orgullosa, exuberante, una mitad de nuestra América prodigiosamente dividida esperaba con impaciencia la nueva guerra. Sabíamos que nuestra televisión iba a estar impresionante. Y lo estuvo. Con imágenes asépticas, pero impresionante -lo que, después de todo, es exactamente como se supone que deben ser los buenos canales de televisión.

Había, sin embargo, razones incluso mejores para utilizar nuestras capacidades militares, pero estas razones nos devuelven al malestar crónico del hombre blanco americano. Lleva treinta años soportando palizas diarias. Para bien o para mal, el movimiento de la mujer ha logrado sus avances y el viejo ego fácil del macho se ha arrugado ante ese resplandor. Incluso el poderoso consuelo de animar a tu equipo en televisión se ha torcido. Ahora es menos reconfortante que antes ver los deportes, se aprecia una pérdida clara y notable. Las grandes estrellas blancas de años atrás en su mayoría han desaparecido del fútbol americano, del baloncesto, del boxeo, y casi del béisbol. El genio negro domina ahora en todos estos deportes (y los hispanos están escalando posiciones deprisa; incluso los asiáticos empiezan a dejar su impronta). A nosotros los hombres blancos sólo nos queda la mitad del tenis (al menos su mitad masculina), y podríamos señalar también el hockey sobre hielo, el esquí, el fútbol, el golf (con la notable excepción del Tigre), además del lacrosse, la natación y la Federación Mundial de Lucha, residuos de lo que una vez fue nuestro glorioso protagonismo.

Por otra parte, al buen hombre americano aún le quedan las Fuerzas Armadas. Si los negros y los hispanos son ahí numerosos, siguen sin ser mayoría, y los cuerpos oficiales (si la televisión es testigo de fiar) sugieren que el porcentaje de hombres blancos sube a medida que ascendemos en el escalafón hacia los oficiales superiores. Además, tenemos insuperables unidades terrestres, supermarines, y un as en la manga mágico: las mejores fuerzas aéreas que hayan existido jamás. Si no somos capaces de encontrar nuestro orgullo de machos en ningún otro sitio, sin duda podemos situarlo en el punto donde se unen combate y tecnología. Déjenme entonces que plantee la ofensiva sugerencia de que
ésta pueda haber sido una de las razones cardinales por las que fuimos a la guerra. Sabíamos que era probable que se nos diera bien. Sin embargo, a medida que se fueron desarrollando los rápidos acontecimientos de las últimas semanas, nuestro Ejército sufrió una transformación. Es más, ha sido una metamorfosis tremebunda. Pasamos de ser un gran atleta en potencia a cirujano jefe capaz de operar a gran velocidad sobre un paciente con enfermedades terribles. Ahora, mientras cosen al paciente, aparece una nueva y preocupante pregunta: ¿se han desarrollado medicinas nuevas para curar lo que parece ser una infección generalizada? ¿Sabemos de verdad cómo tratar supuraciones lívidas para las que no estábamos del todo preparados? ¿O sería mejor olvidar las consecuencias? ¿No sería mejor seguir confiando en nuestra gran suerte americana, la fe en esta suerte divinamente protegida, basada en nuestro propio entusiasmo? Somos, por costumbre, optimistas. Si estas supuraciones resultan ser intratables, o simplemente nos llevan demasiado tiempo, ¿no podemos dejarlas atrás? Podríamos irnos a nuestro siguiente emplazamiento. Podríamos declarar con nuestra mejor voz de John Wayne: “Siria, puedes correr, pero no puedes esconderte”, “Arabia Saudí, depósito de grasa sobrevalorado, ¿te falta combustible?”, e “Irán, ándate con ojo, nos hemos quedado con tu cara. Podrías ser nuestro próximo almuerzo”. Porque cuando nos sentimos así de bien, estamos preparados para lo que sea, cuantas veces haga falta. Tenemos que hacerlo. Ahora que lo hemos saboreado de verdad. Cómo iba a ser de otra manera, habiendo una cesta llena de cientos de millones que ganar en Oriente Medio, siempre que llevemos la delantera a los miles de millones de deuda que nos persiguen.

Digámoslo ya: las razones que llevan a las grandes acciones históricas de una nación probablemente no sean más elevadas que la capacidad espiritual de sus líderes. Aunque es posible que George W. no sepa tanto como él cree acerca de los designios de la bendición divina, nos conduce a gran velocidad de todas formas. En cierta escala de magnitudes, es el blanco más macho de todos los tíos de América; sí, tenemos al volante a este hombre, cuyo motivo de jactancia más legítimo podría ser que supo cómo transformar la copropiedad de un importante equipo de béisbol en una victoria como gobernador de Tejas. Y -¿podremos olvidarlo algún día?- fue catapultado, desde entonces, a un poderoso cántico: ¡Gloria al Jefe!

Traducido por Eva Cruz Fuente

La Cultura del Loto

por Donna Farhi


 

Tarde o temprano, esto puede ocurrir al más experimentado de los meditadores. Durante años, os sentáis con las piernas cruzadas sin el más mínimo problema, y luego, un buen día, en medio de un retiro, una de vuestras rodillas os empieza a doler de tal manera que quisiérais gritar. Son vuestras caderas, que no habéis flexibilizado con suficiente esmero, y son vuestras pobres rodillas que empiezan a pagarlo.

O quizá pensáis en adoptar la postura, pero sencillamente no llegáis a doblar vuestras rodillas en forma de bretzel (pastelillo alemán duro y salado en forma de ocho). De manera que os aguantáis, interesados, pero sin estar realmente decididos a someteros a la tortura.

En este caso, ¡inscribiros en el club! Sólo sois otro de los millones de occidentales que consideran que el Padmasana (postura del loto) y las otras posturas de piernas cruzadas forman parte de las posturas de yoga más difíciles de dominar. Al contrario que nuestros amigos indios, no hemos sido educados para sentarnos en el suelo, lo que hace que nuestras caderas se hayan adaptado a las sillas.

Durante toda la infancia, y sobre todo en el marco de los empleos sedentarios de los adultos, el hecho de sentarse prolongadamente en una silla ha tenido como efecto acortar los músculos y los ligamentos que deben mantenerse flexibles para el Padmasana. Peor todavía, la cadera es una poderosa articulación que comporta algunos de los ligamentos más fuertes de todo el cuerpo, para impedir que el fémur se disloque. Esta estabilidad produce una falta de movilidad. Para modificar la estructura de la cadera, hace falta ejercitarse con cuidado y regularidad durante un largo período de tiempo. Pero no os desaniméis. ¡No será por no haber conseguido el Padmasana en esta existencia por lo que no tendréis el derecho a un renacimiento feliz!

No os forcéis nunca a hacer el Padmasana ni las otras posturas de piernas cruzadas. La articulación de la rodilla es muy frágil debido a varias razones. Para empezar, la rodilla es una de las articulaciones más primitivas del cuerpo y es mucho más débil que la cadera. Si vuestras caderas son muy rígidas, podríais forzar excesivamente vuestras rodillas sin, no obstante, mejorar ni un milímetro la flexibilidad de vuestras caderas. Son las caderas, no las rodillas, las que deben ser flexibles para la postura del loto. Luego, en plena extensión, la articulación de la rodilla no puede girar. Cuando la doblamos, interviene, sin embargo, una ligera rotación que puede ser dañina para los ligamentos, los cartílagos y el menisco. La rodilla no perdona; una vez lesionada, nunca volverá a ser la misma. Por lo tanto, si sentís un fuerte dolor en la rodilla, rectificad vuestra postura o pedid ayuda a un instructor competente.

Los siguientes ejercicios os ayudarán a prepararos para el Padmasana. Los estiramientos son más eficaces cuando se realizan después de las posturas erguidas, cuando el cuerpo se ha calentado. Las personas rígidas deberían practicar por la tarde, cuando son más flexibles. Empezad por mantener cada postura durante un minuto, incrementando hasta cinco minutos cuando las posturas se vuelven más fáciles. Utilizad un reloj o un cronómetro para la precisión, ya que un minuto puede reducirse rápidamente a quince segundos en el transcurso de los estiramientos más intensos. (Nota del traductor : no siempre se tiene ni el tiempo ni la paciencia de mantener cada uno de estos ejercicios durante tánto tiempo. Asimismo, os sugiero lo que practico: inspirad y espirad cinco veces muy profundamente; esto corresponde aproximadamente a un minuto. Esto no excluye llegar a un minuto o más, pero sé que hay gente que se desanimará menos con la idea de empezar poco a poco.)

Aquellas personas que han tenido lesiones en las rodillas o en el tobillo deberían prestar atención. Si no llegáis a aliviaros ajustando vuestra postura, deberíais ser lo suficientemente sabios para pedir ayuda a un instructor experimentado. También podríais intentar realizar otras posturas sedentes, como el Virasana (Postura del héroe) o el Siddhasana (Postura del Sabio) con las nalgas elevadas sobre una manta compacta. Estas posturas son excelentes tanto para la meditación como para la práctica del pranayama.

Durante todos los estiramientos, serviros de la respiración abdominal profunda para abrir el cuerpo desde el interior. Más que «intentar» relajaros presionando los músculos durante el estiramiento, buscad vuestra respiración más profundamente, en el centro de vuestra pelvis. Con cada inspiración, sentiréis cómo se ensanchan vuestras caderas, y con cada espiración, permitiréis que vuestros músculos se deslicen un poco más sobre los huesos. (N.d.t: es una imagen, ya que desde el punto de vista anatómico, los músculos no se deslizan sobre los huesos). Trabajando así, con suavidad, el cuerpo acogerá la postura y realizará rápidos progresos hacia la perfección del Padmasana.

 

Abertura I:

Estira los ligamentos y los músculos rotatorios externos de la pierna doblada y el psoas y la ingle de la pierna estirada. (Nota del traductor: un lector me señala que lo que se estira son los rotatorios internos).

Sentados con el talón del pie derecho alineado sobre el hueso púbico. Extensión de la otra pierna detrás vuestro, con la rótula debajo. Mantened el torso elevado para aliviar el peso de la pelvis sobre el fémur. Repetid al otro costado. (N.d.t.: la misma persona me señala: «sí, pero cuidado con el centro lumbo-sacro»).

 

Abertura II:

Para intensificar el estiramiento en tijera, alejad el pie del muslo hasta que las piernas superior e inferior formen un ángulo recto. Mantened la rodilla en el suelo para estabilizar la articulación, e intentad mover la cadera izquierda hacia el suelo.

 

 

 

Supta Virasana
(postura del héroe acostado): Estira los psoas y los cuadríceps del muslo, particularmente por encima de la rodilla.

Sentados en Virasana (postura del héroe) con las rodillas alineadas con las caderas. Echar el centro de la pelvis hacia el centro de los muslos, inclinarse hacia atrás sobre los codos. Según vuestra flexibilidad, apoyad la espalda o bien en un cojín o bien en una espaldera puesta en el suelo, y los brazos por encima de la cabeza. No intentéis inclinaros si las rodillas se extienden o se alejan del suelo.

 

Estiramiento a través del agujero :

Estira los rotatorios externos.

Tumbaros sobre la espalda con las dos rodillas dobladas. Cruzad la pierna derecha de manera que la parte exterior de la pantorrilla repose sobre la pierna izquierda. Pasad el brazo derecho por el agujero dejado por la pierna derecha hacia la parte posterior del muslo izquierdo. Juntad las manos. Tirando el muslo izquierdo hacia vosotros, girad la cadera derecha hacia el exterior y alejad de vosotros la rodilla derecha para abrir la cadera.

Repetid en el otro costado.

 

Upavista Konasana II (Postura sedente en ángulo)

Estira los tendones, los aductores y la ingle, así como el costado de la cadera y la zona de las nalgas.

Sentados con las piernas bien separadas. Girad el torso hacia el muslo derecho. Estirad y torced la columna mientras os inclináis sobre la pierna estirada. Apoyaros sobre la cadera opuesta para aumentar el estiramiento del costado de esta cadera y de la nalga.

 

Baddha Konasana

(postura en ángulo ligado) [variación]:

Estira los aductores y el costado de la cadera.

Sentados en Baddha Konasana con las manos unidas alrededor de los pies. Aguantad un minuto. Luego, elevad los pies por delante con un libro o una manta doblada. Serviros de vuestros brazos para mantener la columna recta, avanzando el torso hacia los pies. Aguantad hasta cinco minutos. Luego, intentad el Baddha Konasana con los pies en el suelo. Os sorprenderéis al ver cómo las rodillas estarán más cerca del suelo.

 

Comukhasana

(Postura del rostro de la vaca):

Sentaos con las piernas estiradas rectas delante.. Elevando las nalgas replegad la rodilla derecha hacia atrás y sentaros sobre el pie derecho. Si esto os resulta demasiado difícil, doblad una manta y colocadla entre la nalga y el talón. Luego, replegad la pierna izquierda por encima de la pierna derecha de manera que las rodillas reposen una sobre la otra y que el pie izquierdo esté vuelto del revés por debajo. Colocad vuestras manos sobre el muslo y presionad firmemente las rodillas una contra la otra. Repetid, cambiando el cruzamiento de las piernas.

Mejora la elasticidad de las caderas, las piernas y los tobillos.

Supta Padangusthasana

(Estiramiento de las piernas en posición tumbada) [variación]:

Estira los rotatorios laterales y los psoas de la pierna estirada.

Tumbaros sobre la espalda con las piernas estiradas rectas. Doblad la rodilla izquierda y tomando el pie con las dos manos, echad la rodilla hacia el suelo cerca de la caja torácica. Mantened el muslo derecho en el suelo tanto como os sea posible. Cambiad.

 

Janu Sirsasana

(Postura con la cabeza en las rodillas):

Estira los rotatorios laterales, las pantorrillas y los aductores.

Sentaos en Dandasana. Doblad la rodilla izquierda y echad la pierna hacia arriba y hacia el costado. Efectuad la mayor rotación posible del muslo izquierdo. Girad el torso hacia el dedo gordo de la pierna estirada, e inclinaros hacia delante desde las caderas doblándoos hacia delante sobre la pierna derecha. Invertid.

Estiramiento del músculo sartorio

Estira los rotatorios laterales.

Sentaros con las piernas cruzadas. Luego, alejad los pies de la ingle hasta que las piernas formen ángulos rectos. Manteniendo esta posición, inclinaros hacia delante manteniendo la espalda recta hasta que sintáis que tira bien en el exterior de las caderas. Repetid invirtiendo las piernas.

Estiramiento en cuna:

Estira los rotatorios laterales y los aductores.

Sentaros en Dandasana. Doblad la rodilla izquierda y girad la pierna hacia el exterior. Colocad la planta del pie en el pliegue del codo derecho. Juntad las manos. Moved suavemente la cadera de delante hacia detrás, llevando a cabo una rotación de la cadera hacia el exterior. Para forzar la intensidad del estiramiento, seguid alejando el pie izquierdo del suelo hasta que la pierna forme un ángulo recto. Antes de repetir este ejercicio en la otra pierna, pasad a la postura siguiente.

 

Ardha Baddha Padma Paschimoi Tanasana

(Flexión sedente en medio loto)

A partir del estiramiento en cuna, colocad el tobillo sobre el muslo derecho de forma que el talón presione en el bajo vientre. Si no podéis llegar con el talón al bajo vientre, colocad el tobillo más abajo sobre el muslo. Si la rodilla no llega al suelo, apoyadla en una manta. Apoyando la rodilla de esta manera, permitís que los músculos del muslo se relajen gradualmente. Hacia el final de la postura, retirad la manta – os sorprenderéis de la facilidad con la que la rodilla llega al suelo.

Aquí, quisiera añadir algo con relación a la respiración. Cada escuela tiene su propio método de respiración, y las variaciones pueden ser más o menos fuertes de una escuela a otra. No pretendo que la que utilizo sea la mejor ni la única. Si me conviene, puede ser conveniente para otras personas. Experimentad vosotros mismos.

La respiración es lo que nos permite realizar la unidad entre el cuerpo y el espíritu. Cuando, durante la meditación, nos vemos distraídos por el flujo incesante de pensamientos dispersos, lo mejor es concentrarse en la observación del propio cuerpo. Es útil verificar si no tenemos algún músculo inutilmente contraído; puede ser la cara, o la boca. Con frecuencia, se tratará de la nuca o los hombros, o el centro lumbo-sacro. En tal caso, se buscará la distensión de dichos músculos, la inducción a un relajamiento físico de los músculos que no deben estar en activo; y a un delicado equilibrio entre tensión y relajamiento para aquéllos que realizan la postura. Entre otros, precisamente, el centro lumbo-sacro. Si la pelvis no está suficientemente proyectada hacia delante, con la espalda hundida, el vientre estará doblado, y esto dificultará la respiración. Una respiración interrumpida, equivale a una falta de oxigenación del organismo, una fatiga más rápida, un entumecimiento del cerebro y calambres en las piernas. De ahí la importancia de flexibilizar la pelvis y sus ligamentos.

En cuanto a la respiración abdominal, me parece que son muchas las personas que tienen dificultad en conseguirla. Para comprender bien de qué se trata, cuando os tumbéis para dormir o hacer la siesta, observad vuestro organismo durante unos instantes, sobre todo en el momento en que todavía estáis despiertos, cerca del sueño. En ese momento, os daréis cuenta de que vuestra respiración ya no consiste en una expansión y contracción de vuestro torso (respiración torácica), sino de vuestro vientre. Es la pared abdominal la que sube y baja. Si llegáis a captar este momento, observadlo bien. Luego, intentad reproducirlo de pie o sentados. Siento no decir más sobre ello, sólo experimentándolo llegaréis a comprenderlo bien.

Para aquellas personas que ya lo sabían, a continuación describo el proceso que sugiero. Sentados para meditar, inspirad relajando los músculos y permitiendo que el aire afluya a vuestros pulmones. En el momento de la espiración, intentad realizar un movimiento de presión HACIA ABAJO, como si quisiérais expulsar el aire por el ano. Con un poco de experiencia, podréis sentir como un movimiento de vaivén de una bola que asciende al diafragma cuando inspiráis, y que desciende cuando espiráis (dicho de otra forma, un movimiento contrario al del diafragma en sí). Si la postura de vuestras caderas es correcta, no sentirés ningún bloqueo. Pero no utilicéis este consejo como pretexto para arquear demasiado el tronco: sólo conseguiríais contraeros demasiado. Al final de la espiración, contraed el perineo (la zona de la entrepierna que separa el ano de los órganos sexuales), con la ventaja secundaria para los hombres de tonificar la próstata y evitar tal vez desarreglos en edad más avanzada…

Además, tal como se especifica en el texto precedente, una respiración abdominal profunda permite flexibilizar los músculos desde el interior. También permite calmar las emociones perturbadoras (cólera, miedo, ansia, odio, etc.) No dudéis en practicarla en cualquier circunstancia donde vuestra sangre fría es sometida a una dura prueba, particularmente al conducir un coche, en los atascos, en el trabajo o en la familia. La oxigenación es una poderosa ayuda en todas aquellas circunstancias en las que podamos sentirnos tentados por los venenos del miedo, del odio o de la ignorancia. Ésta os será muy útil en vuestra práctica que, estoy convencido, en ningún caso debe limitarse al dojo o al zafu.

Extraído de Yoga Journal

ALIMENTAR PERSONA-PLANETA.

 

Boro Miralles


Nuestra sociedad actual se caracteriza por una situación de riesgo e incertidumbre provocada por los acelerados e imprevisibles impactos tecnológicos sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

Son cada vez más y mejor conocidos los efectos de la crisis ecológica sobre la salud pública. Es el complejo binomio de la sociedad del bienestar versus la sociedad del riesgo, ya que los peligros que nos acechan -incluso en nuestros platos- por el dominio de la agricultura y ganadería intensivas industriales, son imputables a acciones y decisiones humanas que conllevan asociadas la atribución de responsabilidades. Se hace necesario así, la regulación de la tecnología para proteger los entornos naturales y la salud a través de la seguridad alimentaria, ya que uno de los riesgos más relevantes para la ciudadanía, todos nosotros, es el relativo a la alimentación de calidad e inocuidad de los productos que forman parte de nuestra dieta diaria.

La FAO ha definido la seguridad alimentaria como el escenario sociológico que permita a todas las personas tener acceso físico, social y económico, en todo momento, a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer las necesidades y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa. Esta seguridad como derecho fundamental requiere de la puesta en práctica de otro concepto fundamental: el de la democracia alimentaria (Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, 2000), como derecho de todos los consumidores a saber, optar, participar y corresponsabilizarse de su propia alimentación. No sólo de la cantidad de alimentos sino de la calidad y acceso digno y suficiente.

Planteamientos integrados de seguridad en toda la cadena alimentaria, desde la producción a la comercialización y consumo final; implementar el principio de precaución avalado por investigaciones científicas independientes que corroboren o no la seguridad de los alimentos y modos de producción que entrañen riesgos, lo que conllevaría la evitación de los OMG -organismos modificados genéticamente-; activar la aplicación de la trazabilidad alimentaria como sistema que permite conocer el recorrido de los productos desde el campo hasta la mesa, pasando por elaboradores y proveedores, para aproximarnos más y mejor a los llamados productos kilómetro cero locales, favoreciendo a los pequeños y medianos productores cercanos; definir con medidas legales la responsabilidad de cada uno de los integrantes de la cadena alimentaria: productores, transformadores, autoridades de salud pública y consumidores; práctica rigurosa de la transparencia informativa y el derecho ciudadano a saber sobre las cuestiones alimentarias, etc. Todo ello son medidas de emergencia para la seguridad, la soberanía y la democracia alimentarias, en el marco de la sustentabilidad ecológica.

El actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos genera impactos sociales, ecológicos y sanitarios con una influencia negativa: contaminación de la frágil capa de tierra fértil, intrusión contaminante en los acuíferos, el transporte como dilapidador del consumo energético, la producción ingente de residuos, el uso y abuso de productos químicos de síntesis en el cultivo, y de aditivos y conservantes en la transformación, elaboración de alimentos insípidos y de escaso valor nutritivo, … Estos impactos se pueden minimizar mediante estrategias como impulsar la producción y el consumo local en el marco del biorregionalismo -vivir en un país significa vivir sus contextos, es decir, en sus regiones naturales, en conexión con sus procesos territoriales, sus tiempos, sus ritmos, sus recursos-, en agricultura significa una regionalización de la producción de alimentos; una política agraria que abogue por el decidido impulso a la agricultura ecológica y de las condiciones de acceso y comercial; la mejora de las dietas de salud pública mediante alimentos inocuos y nutritivos, y freno a los productos superfluos y potencialmente perjudiciales, así como hábitos saludables que proporcionen calidad en el estilo de vida y bienestar personal.

Y en respuesta a las campañas de los lobbys alimentarios contra lo ecológico y lo bio, que quede bien claro: no es lo mismo que los ingredientes que forman nuestra dieta se obtengan de una forma de cultivo o de otra. La producción actual de alimentos, en el paradigma de la calidad y seguridad alimentaria, tiene una maravillosa oportunidad en la agricultura ecológica, con el rechazo de los productos químicos -insecticidas, pesticidas, fertilizantes, hormonas, aditivos, conservantes-, se contribuye a la salubridad y mayor cualidades nutritivas de los alimentos, así como al mantenimiento de los recursos naturales y la salud de la tierra fértil, siendo una producción respetuosa con el medio ambiente y con las personas que lo habitamos.

Y al lado de este análisis macroestructural, faltaríamos a la autoresponsabilidad si no nos fijáramos en nosotros como ciudadanos consumidores responsables. El consumo responsable es ante todo una actitud personal, una autoeducación para tomar decisiones respecto a productos y servicios que vayan más allá de valores económicos o de prestigio y poner el valor en aspectos éticos, sociales, ecológicos y de sostenibilidad. Para ello es necesario la toma de conciencia con criterios personales, sentido crítico, autonomía y responsabilidad. Así vamos consiguiendo que se consolide cada vez más la vía hacia el comercio justo, la producción limpia y la soberanía del consumidor.

Así pues, salud para tu cuerpo a la vez que para tu planeta, personas libres en un planeta habitable. Somos Persona-Planeta.

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