Sutra de Vimalakirti

Presentación, traducción y notas a partir de la versión china de Kumarajiva

Laureano Ramírez Bellerín,


Entre los sutras mahayana primitivos introducidos en China desde la India entre los ss. II y III d.C., destaca con luz propia el Sutra Vimalakirti Nirdesa [Sutra de las Enseñanzas de Vimalakirti]. Por sucronología y su contenido, este sutra se inscribe entre los primeros mahayanasutra dedicados a la vía del bodhisattva y a la del laico; pero su raíz se halla, sobre todo, en el cuerpo de sutras de la prajñaparamita, del cual recoge de manera condensada las doctrinas principales sobre la vacuidad que más tarde servirían de base a Nagarjuna para elaborar su doctrina madhyamaka o de la “vía media” de la no negación ni afirmación.

Considerado como una de las joyas del budismo del Gran Vehículo, el Sutra de Vimalakirti es una de las escrituras que mayor influencia han ejercido en los círculos religiosos, intelectuales y artísticos chinos de todas las épocas. Su enorme popularidad no se circunscribe sólo a China, sino que se extiende también a Tíbet, Corea o Japón. A ello contribuyen sin duda diversos factores:

En primer lugar, su accesible formato de drama, en clara contraposición a los grandes desarrollos abstractos y especulativos de los textos convencionales del mahayana. El recurso a una trama argumental concreta que gira en torno a un protagonista y unos personajes claramente delimitados atrajo sin duda el interés de un público alejado de la aridez y sutileza de la literatura canónica al uso. «El sutra es, en este sentido, un verdadero ejercicio de inteligencia creativa, al encarnar en su propia forma uno de los principales preceptos doctrinales que pretende explicar, el del upayakausalya o habilidad en el uso de medios de toda clase ingeniados por el buddha o el bodhisattva para hacer inteligible su doctrina.» (pág. 7)

En segundo lugar, la preservación de la profundidad doctrinal en la exposición de las verdades relativas a la vacuidad (sunyata) y a la vía del bodhissattva. El Sutra de Vimalakirti es un libro dirigido a los sravaka (los oyentes o discípulos del Buda, que buscan el despertar o la iluminación individual a través de la sabiduría prajña de la impermanencia, la insatisfactoriedad y la impersonalidad, en tanto que características generales de todas las cosas), a los pratyekabuddha (los “iluminados solitarios” que buscan el nirvana por y para sí solos, sin necesidad de maestro) y a los bodhisattva que se hallan en los estadios inferiores o medios de perfeccionamiento. Estos últimos son detentadores de una prajña más evolucionada o prajñaparamita, perfección de la sabiduría, que les permite acceder a la omnisciencia y, con ella, al conocimiento de las cosas en todos sus aspectos, cuya culminación constituye el completo y perfecto despertar supremo o anuttarasamyaksambodhi, por el cual se despreocupan de su propio bien en aras del del prójimo, entregándose a procurar la felicidad de todos los seres.

En tercer lugar, la condición de laico (upasaka) de su carismático protagonista, contemporáneo del buda Shakyamuni, y de nombre “Vimalakirti” (“Nombre Puro” o “Gloria Sin Mancha”). Con ella queda rubricada la posibilidad de seguir extramuros de los monasterios, y sin perjuicio del quehacer diario, el camino de perfección y realización espiritual propuesto por el budismo mahayana. «…meditar es entrar en el nirvana sin romper con las aflicciones [las pasiones mundanas]», explicará Vimalakirti en tal sentido (pág. 91). Sólo de esta forma puede evitarse el riesgo de desarrollar un apego al vacío (la así llamada “enfermedad zen”), permitiendo trasladar la experiencia no-dual a la vida cotidiana en beneficio de todas las existencias. Ello sedujo sin lugar a dudas a un amplio número de devotos poco proclives a sufrir los rigores de la disciplina monástica.

De hecho, dicha condición de laico con una comprensión teórica y práctica de la verdad (dharma) muy superior a la del resto de discípulos del Buda, incluidos bikshus o monjes renunciantes, sravakas, pratyekabuddhas, bodhisattvas, mahasattvas y hasta dioses como Sakra (Indra) o Brahma, no es sino un medio hábil (upaya) más. Es el método pedagógico del que se sirve el bodhisattva Vimalakirti para hacer comprensible a cada ser la doctrina de la vacuidad y mostrarle los múltiples vericuetos por los que debe adentrarse el bodhisattva en el desarrollo de su misión.

Vimalakirti, no dejará pasar la ocasión de predicar el dharma a todos los seres, haciéndoles dirigir infaliblemente sus mentes hacia la búsqueda unidireccional de la perfecta y completa iluminación suprema (anuttarasamyaksambodhi). Y a tal efecto no dudará en recurrir, del modo más eficaz posible, a cuantos “medios hábiles” (upaya) y poderes místicos (bala) estén a su alcance: desde la persuasión sin traba de su irrebatible elocuencia hasta, eventualmente, un absoluto silencio que «es en verdad como un trueno».

Así, al inicio del sutra nos encontramos a Vimalakirti enfermo y tendido en su cama. Informado de su enfermedad por una partida de quinientos nuevos “conversos” del upasaka. El Buda solicita a varios de sus seguidores entre una gran asamblea que vayan a visitarlo a fin de interesarse por su enfermedad, la cual, en realidad, no es sino un “medio hábil” más del laico para atraer a su casa a muchos visitantes y poder enseñarles el verdadero dharma. Preguntado por su enfermedad, explicará a Majusri:

«Mi enfermedad –dijo Vimalakirti– durará lo que la ignorancia y el deseo, y si estoy enfermo es porque todos los seres lo están, que, de no estarlo, mi mal sería extinto. Pues, por el bien de todos los seres, el bodhisattva entra en la esfera del nacimiento y la muerte, y en la esfera del nacimiento y la muerte existe la enfermedad; si todos los seres vivientes pudieran liberarse de la enfermedad, el bodhisattva dejaría de estar enfermo.» (pág. 117)

La presente edición corre a cargo del profesor Laureano Ramírez Bellerín, autor también de la traducción del Sutra del Estrado de Hui-neng, en la misma editorial. Esta traducción del Sutra de Vimalakirti se basa en la Versión comentada del sutra de Vimalakirti de Sheng Zhao, en anotación de Li Yizhuo, la cual recoge los comentarios y explicaciones de Kumarajiva (el gran introductor de la doctrina de sunyata en China) y de los estudiosos que participaron con él en el proceso de traducción original del sáncrito al chino, en especial del propio Sheng Zhao, su principal colaborador.

Estamos ante una edición realmente valiosa, cuidada y erudita, en la que, para que nos hagamos una idea, de las 357 páginas totales, 221 se destinan a la introducción y presentación del sutra, así como a las 1066 notas más el índice de correspondencias chinas que se incluyen al final; quedan reservadas para el texto las 136 páginas restantes. Ello permite a quien esté interesado una oportunidad inmejorable para seguir profundizando en toda la rica sabiduría condensada en este fascinante sutra, tan apreciado por las escuelas del zen.

Existe otra versión en castellano del mismo sutra en la Colección Textos de la Tradición Zen de la Editorial Miraguano, con el título de La Enseñanza de Vimalakirti, Vimalakirti Nirdesa Sutra, a cargo del maestro Dokushô Villalba (1989). Esta última está basada en las traducciones de Luk y Lamotte, la más notable de las traducciones en idiomas occidentales, según consenso general, realizada a partir de la versión tibetana y cotejada con la de Xuan Zang y en parte con la de Kumarajiva.

(Comentarios de Kepa Egiluz)

El Sutra de la Gran Compasión – Kannon Gyo

Comentarios del Maestro

Taisen Deshimaru

 


 

El Kannon Gyo, El Sutra de la Gran Compasión, es el sutra budista más popular y conocido de cuantos se conservan: desde Japón a la India, pasando por China. El Kannon Gyo es complementario con el Hannya Shingyo, El Sutra de la Gran Sabiduría. El uno incluye al otro. El Hannya Shingyo habla de la Gran Sabiduría, el aspecto más profundo e íntimo de la experiencia del Buda. En él todo gira alrededor de la noción de vacuidad (jp.,ku). El Kannon Gyo da por sobreentendido el Hannya Shingyo y, a partir de él, pasa a exponer el Amor Universal y la Compasión Ilimitada que une al Buda con los seres sensibles y dispone todos los medios hábiles posibles al servicio de su Liberación. Podría decirse que el Hannya Shingyo representa el aspecto femenino-masculino (interna y externamente, respectivamente) del Dharma budista, y está personificado por el bodhisattva mahasattva Manjushri (jp., Monju), encarnación de la sabiduría trascendental de todos los budas. Por su parte, el Kannon Gyo represanta el aspecto masculino-femenino (también interna y externamente, respectivamente) de la enseñanza del Buda, y está personificado por el bodhisattva mahasattva Avalokiteshvara (jp., Kannon), encarnación del amor y la misericordia de todos los budas. Sabiduría y Medios Hábiles, Vacuidad y Compasión, Unidad en la Diversidad, Igualdad en Diferencia constituyen el binomio fundamental de la práctica budista, las dos alas con las que se eleva al cielo y toma tierra el bodhisattva, aquel ser que se compromete con la aspiración altruista de ayudar a todos los seres a despertar.

La presente edición del Kannon Gyo constituye la versión comentada del Maestro Zen Taisen Dehimaru de este texto capital del budismo mahayana, y ha sido traducida por su discípulo, el Maestro Zen Dokushô Villalba, cumpliendo así uno de sus más fervientes votos, a partir de las notas manuscritas tomadas por él mismo , además de las recopiladas por Taiten Fausto Guareschi, actual superior del Templo Shobozan Fudenji, en Italia; las de Astrid Collman, una de las más antiguas discípulas del maestro Deshimaru en el dojo de Berlín; y las de Evelyne de Smèdt y Katia Robel, transcriptoras infatigables de las enseñanzas de Deshimaru roshi, ambas del dojo de París. Una vez todo el material estuvo a punto, el Maestro Dokushô emprendió un retiro en solitario con el fin de sumergirse en zazen, concentrarse en el estudio de este sutra y realizar la redacción definitiva de la versión comentada del mismo por su maestro. La obra, tal y como se presenta en este libro, tomó felizmente cuerpo a mediados de los años 80, y después de varios años de vicisitudes en busca de un editor, Miraguano Ediciones se interesó por la publicación de una colección sobre textos de la tradición zen, dentro de la cual esta edición del Kannon Gyo en lengua castellana tuvo la oportunidad de ver la luz en el año 1987.

A pesar de la relativa antigüedad de esta edición (no nos encontramos ni mucho menos ante una novedad editorial), y al igual que ocurre con todas las escrituras clásicas de las diferentes tradiciones de sabiduría de la humanidad, el Kannon Gyo sigue conservando toda su vigencia y actualidad intemporal, y su mensaje universal continúa siendo igual de edificante que lo ha sido en todas las épocas. En cada una de las páginas de esta cuidada versión se haya depositada también una buena parte del corazón del traductor, volcado durante años en la redacción y ordenamiento de las notas manuscritas, en el desciframiento de los pasajes difíciles y en su presentación con un lenguaje claro y ampliamente comprensible. Ésta es la razón que nos ha animado a reseñar aquí esta obra, la cual consideramos de lectura y relectura obligada para todos aquellos interesados en impregnar su práctica budista, o simplemente su corazón, de la Gran Compasión y Amor Universal. Puedan hallar en ella aliento e inspiración, y actualizar sus infinitos méritos, visibles e invisibles, en su vida diaria, en beneficio de todas las existencias. No en vano todas las tradiciones espirituales han reconocido y advocado la Compasión como el camino más ancho, la Gran Vía, a la Liberación Última.

 

Por Kepa Egiluz

La eternidad del relámpago. El zen instantáneo

Jorge Bustamante


“La mente en sí misma es Buda.
Práctica difícil. Explicación fácil.
No mente. No Buda.
Explicación difícil. Práctica fácil.”

(Eihei Dogen)

         El contenido del presente libro se elaboró a partir de los materiales grabados magnetofónicamente de las enseñanzas orales impartidas por el monje zen Jorge Ryûnan Bustamante durante diferentes retiros intensivos de meditación (sesshin) en Chile entre los años 1997 y 2001.

         La Eternidad del Relámpago. El Zen Instantáneo trata del momento presente y no de cualquier otro, el instante mismo en el que se desarrolla la practica del zen, el zazen eterno, sin principio ni fin. Eso significa despertar y vivir la vida libre y plenamente, sin agregarle ni quitarle nada. Ese despertar no depende del tiempo, sino del aquí y ahora.

Por Kepa Egiluz

Fluyendo en el Eterno Presente

Maestro Dokushô Villalba


        En estos finales del siglo XX estamos asistiendo a una imparable aceleración del tiempo. Esto puede ser apreciado en todas las facetas de la vida humana actual, tanto a nivel social como privado. Desde los procesos económicos como políticos, tanto regionales como internacionales, hasta los que suceden en el ámbito de la intimidad individual, pasando por las relaciones interindividuales, por la acelerada degradación del medio ambiente (y la acelerada toma de conciencia medioambiental), por la velocidad creciente a la que se mueve la información, desde lo macro a lo cotidiano, todo, absolutamente todo se está viendo sometido a una creciente aceleración.

Estamos entrando de lleno en la era de la información, esto es, la era en la que grandes cantidades de información se están moviendo a una velocidad cada vez mayor.

La medida del tiempo está dejando de ser el movimiento de cuerpos sólidos en el espacio. Actualmente la medida del tiempo la marca la información, o mejor dicho, la velocidad alcanzada por la información al pasar de un transmisor a un receptor. Al acelerarse esta velocidad mediante la revolución que han supuesto los ordenadores, internet y la presencia apabullante de los medios de comunicación en la vida de los individuos, todo en nuestra vida cotidiana ha experimentado una aceleración paralela.

Nunca antes como ahora hemos tomado conciencia de la fugacidad del instante presente. Lo que en este instante presente es válido, en éste otro instante siguiente ha dejado de serlo, porque de un instante presente a otro instante presente recibimos tales cantidades de información que nuestra perspectiva del mundo cambia necesariamente. La revolución informática continúa día tras día, superándose y alcanzando niveles de precisión, velocidad y complejidad crecientes. Los modelos informáticos quedan obsoletos en cuestión de meses. De la misma forma, nuestros patrones de conducta habituales y la percepción que cada uno de nosotros tiene de sí mismo y de la vida en general quedan desfasados a un ritmo veloz y se aseveran incapaces de ayudarnos a integrarnos en la creciente aceleración de nuestro ritmo de vida.

No es de extrañar que un creciente número de individuos de las sociedades cibernéticas experimenten un estado crónico de angustia, ansiedad y estrés.

Diríase que se está produciendo un desfase entre el ritmo de vida acelerado que estamos creando y nuestra propia capacidad de seguirlo. Nos gustaría parar la maquinaria, pero no sabemos cómo hacerlo. Tal es la complejidad de nuestra creación.

Aunque a primera vista esta situación pueda parecer negativa, siento que contiene las semillas de un importante salto evolutivo para todos nosotros y para gran parte de la Humanidad, siempre y cuando seamos capaces de efectuar la transformación interior (emocional, mental y espiritual) que nos permita adaptarnos al ritmo de los hechos.

Las enseñanzas zen contenidas en este libro son transcripciones de charlas zen y conferencias que he ido impartiendo a practicantes de meditación zen y al público general durante el último año. He terminado de ponerlas en orden en una pequeña aldea a orillas del río Lubierre, en el alto Pirineo de Huesca, durante los primeros días de la primavera. Este y otros muchos torrentes pirenáicos bajan por estas fechas con aguas abundantes, frutos del deshielo de las cumbres nevadas. Me he sentido sobrecogido por el agua que fluye generosa, fresca y viva a través de barrancos y valles. Estas aguas vírgenes riegan a su paso campos de cultivo y alimentan a muchos seres vivos vegetales, animales y humanos permitiendo que el ciclo de la vida continúe. Las majestuosas montañas de los Pirineos y el agua que fluye por doquier aquí me han permitido sentir muy intensamente el principio de sansui, montaña y río, enseñado por Dogen Zenji. Nuestra vida fluye más allá de nuestras propias resistencias y fijaciones, sorteando obstáculos, dirigiéndose sin pausa y sin prisa hacia el océano inconmensurable de la Mente Única, en la que todos terminaremos por desembocar a través de la muerte. Este fluir es observado en todo momento por la Presencia Invisible, inmutable y eterna, de nuestra naturaleza original.

Ojalá que estas palabras puedan ser un agua vivificadora para todos aquellos que las lean. Ojalá que todos aprendamos a fluir, sin miedo y con amor, en la corriente de la Vida que fluye desde el presente al presente, en un continuo presente eterno. (Boráu, Marzo de 1999).

(De la introducción.)

El espacio interior del HAIKU

Antología comentada de haikus japoneses

Vicente Haya


El sonido del agua
Entre las piedras del jardín
Cubiertas de musgo

(Tsuji Yoshie)

  “¿Qué hay en el interior de un haiku? ¿Qué está sucediendo dentro del haiku bien construido para afectarnos como lo hace? ¿Qué clase de virtud posee su estructura más íntima? ¿Activando qué resortes logra conmovernos? Contestar a estas preguntas es el propósito del presente libro, el reto que nos propusimos al escribirlo”, declara el autor, Vicente Haya, al comienzo del prólogo de esta obra. Y para ello se vale de una selección suficientemente representativa y significativa de haikus, 47 en total, cuya traducción, comentario en profundidad y presentación intencionalmente ordenada “podría servirnos para explicar algunas de las claves del haiku japonés y que éstas nos fueran útiles a la hora de escribir nuestros propios haikus.” Y, si no escribirlos, al menos desarrollar la sensibilidad apropiada para paladearlos y apreciarlos. A este respecto, el autor se muestra categórico:

“Si realmente deseamos que el haiku prenda en nuestro idioma como género propio, hay que enseñar al lector hispano a sentir el haiku según lo que provoca en la sensibilidad japonesa. Ignorando que el haiku es una forma concreta de encarar la realidad y comunicarla con palabras, estamos inventándonos el haiku. Tenemos que hacernos conscientes de que su éxito se debe a claves internas que han de ser comprendidas, y bien comprendidas, antes de pretender que lo que nosotros estamos escribiendo sean haikus.” (p. 16)

Ello significaría, primero, saber qué es el haiku, saber qué ha sido hasta ahora en Japón. Y segundo, hacer propio de uno el haiku, que el que uno escriba no sea un haiku de manual, sino un haiku “propio”. Así concibe Vicente Haya, más allá de purismos, “la manera natural de evolución del haiku, una realidad cultural en la que te has sumergido hasta el fondo para, una vez dentro de ella, añadirle eso que tú eres, esa novedad que supones como individuo.” (p. 17) Hacerlo de otro modo y seguir usando el mismo nombre, “haiku”, para calificar una obra, no supone sino aprovecharse de la popularidad y genuinidad de un género ya creado para hacer de él lo que nos venga en gana.

Para finalizar el prólogo, el autor nos brinda algunas indicaciones valiosas respecto a la cortesía que precisa nuestra aproximación a “la dimensión límite entre lo poético y lo místico” que es el haiku, los modos de lectura a desarrollar y las eventuales conclusiones a extraer de las mismas. Un primer nivel de acercamiento se refiere al aspecto visual (ideogramático) del haiku, y los juegos con sus diferentes kanjis, muchas veces irreproducibles en la traducción. El segundo nivel de acercamiento corresponde al aspecto auditivo, ya que de acuerdo a las distintas cesuras que permite la lectura del haiku, a menudo son posibles múltiples significados y matices. El tercer nivel de acercamiento al haiku implica la humildad de preguntar a los propios japoneses (mejor cuanto más diversas sean sus extracciones sociales) por lo que sienten ante su lectura. Y el cuarto y último nivel de acercamiento consistiría en “lo que queramos; lo que queramos sentir con ese haiku, lo que queramos hacer de él, como deseemos incorporarlo a nuestras vidas, a nuestro aprendizaje del mundo, como queramos embriagarnos con él, siempre que no perdamos en ningún momento la cortesía que inflexiblemente va a exigirnos la cultura nipona para abrirnos las puertas de su intimidad.” (p. 20)

La lluvia de primavera:
todavía no se ha mojado
la barriga de la rana.

(Buson)

       Hemos de confesar que comenzamos la lectura de este libro sumamente interesados pero con reservas. “¿Se puede ‘diseccionar’ un haiku vivo a corazón abierto sin que se nos muera en el intento?”, nos preguntábamos. “¿Hay suficiente espacio en el interior de una composición poética de apenas 17 sílabas, si no menos, para acoger el comentario de varios cientos de palabras de su exegeta? ¿Con qué actitud cabría entrar en el recinto sagrado de un poema japonés ultrabreve para poner al descubierto sus claves?” Nos venía a la memoria la imagen mítica de Prometeo osando robar para los humanos el fuego de los dioses, que representa el conocimiento de las ciencias y las artes.

Asimismo, nos embargaba el corazón una inquietud que tiene que ver no tanto con el autor como con este lector y un doble temor latente de su parte: Primero, la posibilidad de, mediante la lectura de esta obra, estar reincidiendo en la tentación de querer reducir el sentimiento a mero pensamiento. Y segundo, simple corolario del anterior, la posibilidad de que un análisis certero del sentimiento y sus causas fuera condición suficiente para agotarlo e incluso eliminarlo, cuando no reproducirlo e “inducirlo” a voluntad. De ahí que, en ciertos momentos de desfallecimiento y renuncio de la verdad, hayamos pensado si no nos valdría más cuidarnos de preguntar según y qué cosas, no sea que la respuesta fuera a “destruirnos”. Pero ¿por qué lógica, el análisis del sentimiento podría matar al sentimiento? O, para el caso, ¿por qué lógica, el análisis del haiku podría matar al haiku? Quizás hasta podría darle más alcance y profundidad a su vida.

Las osadías suelen pagarse caras. Quizá nos vaya la vida en ello. Por fortuna, creemos que este no es en absoluto el caso. Muy al contrario, estamos profundamente complacidos por la admirable labor expositiva de Vicente Haya, de quien pensamos que ha conseguido con honores el audaz objetivo que se propuso inicialmente al escribir este maravilloso libro. Le quedamos muy agradecidos por introducirnos con tanta delicadeza a la sensibilidad y al asombro reverente (aware) de la poesía japonesa en forma de haiku. La lectura de esta pequeña gran joya ha constituido para nosotros un privilegio y un placer enormes. Tanto es así que no podemos aguardar más para recomendarla encarecidamente desde ya mismo.

       Discípulo de Reiji Nagakawa, Vicente Haya es Doctor en Filosofía y traductor a partir del original de más de un millar de haikus, siendo en la actualidad el máximo especialista español en poesía japonesa. Su bibliografía cuenta, además de la presente, con las siguientes publicaciones: Santoka (70 haikus esenciales), ed. Maremoto, Málaga, 2002. El corazón del haiku (la expresión de lo sagrado), ed. Mandala, colec. Alquitara, Madrid, 2002. Saborear el agua (100 haikus de un monje zen), ed. Hiperion, Madrid, 2004.

Ahora que no cae ni un pétalo
justamente ahora,
oh tiempo, detente.

(Hayashi Shô)

Por Kepa Egiluz

Enseñanzas Zen de Eihei Dogen (s. XIII)

Shobogenzo Zuimonki

Recopiladas por su Sucesor
Koun Ejo


 El Shobogezo Zuimonki es una recopilación de las enseñanzas informales del maestro zen Eihei Dogen (1200-1253) a sus discípulos, monjes y laicos, recogidas por su sucesor espiritual Koun Ejo (1198-1280). Estas charlas tuvieron lugar en el templo Koshoji durante el período comprendido entre 1235 y 1237, coincidente con los tres primeros años del discipulado de Ejo. En aquel tiempo, Dogen Zenji se hallaba empeñado en la fundación de un lugar donde poder transimitir el Dharma que él había recibido en China; un lugar donde poder formar a los monjes y desde donde propagar la práctica de zazen. Esto supuso una revolución en el budismo japonés de la época, tanto para el budismo subvencionado por el emperador, la aristocracia y otra gente rica, como para los buscadores sinceros y de aspiración pura, alejados de la riqueza, la fama y los centros de poder.

Dogen Zenji fue el introductor del linaje soto del budismo zen en Japón. Recibió la transmisión del Dharma de su maestro Tendo Nyojo (1163-1228), un brillante monje chino que, en medio del panorama decadente del budismo chino de la época, mantenía aún la verdadera esencia de la enseñanza de Bodhidharma. La figura de Dogen ocupa un lugar prominente en la historia del budismo y en la del pensamiento intelectual japonés. Como gran líder espiritual, la grandeza de su pensamiento le sitúa en la cúspide de la filosofía japonesa, al tiempo que la profundidad de su experiencia religiosa le ha convertido en una lampara incandescente para todos aquellos que buscan el Despertar de la conciencia, tanto en Oriente como en Occidente. Nadie que en la actualidad quiera estudiar el pensamiento filosófico y la experiencia religiosa de la Humanidad puede dejar de lado un estudio minucioso sobre Dogen.

La obra magna de Dogen Zenji es, sin ningún género de duda, el Shobogenzo (El Tesoro del Ojo de la Verdadera Ley), un texto filosófico-religioso gigantesco de difícil comprensión, especialmente para aquellos que se inician en el estudio y la práctica del Dharma. No obstante, este Shobogenzo Zuimonki no es un tratado filosófico de difícil lectura, sino una serie de enseñanzas informales a través de los cuales Dogen explica con palabras sencillas y ejemplos muy concretos la actitud justa que los practicantes del Dharma deben cultivar en las múltiples circunstancias de la vida cotidiana, ya sean monjes o laicos.

El punto central del Zuimonki es el de despertar a la verdad de la impermanencia. En el apartado 1-4, dice:

Aprender la práctica y mantenerla significa abandonar el apego al ego, siguiendo las instrucciones del Maestro. Lo esencial es liberarse del anhelo. Para liberarse del anhelo, es necesario morir al propio egoísmo. Despertar a la impermanencia es lo más necesario para morir al propio egoísmo.

En el Gakudo Yojinshu, Dogen enji dice también que despertarse a la impermanencia supone el despertar del cuerpo-mente:

Cuando verdaderamente “vemos” la impermanencia, la mente del yo y de lo mío no aflora, ni tampoco lo hacen los pensamientos de fama o de riqueza. La inquietud producida por la rápida sucesión de los días y las noches os hará practicar como si apagárais un fuego prendido en vuestros propios cabellos. Reflexionad sobre la fragilidad de vuestro cuerpo, practicad con diligencia siguiendo el ejemplo del Buda.

A lo largo del Zuimonki, Dogen habla acerca de la importancia de ver la impermanencia (1-4, 1-29, 2-6, 2-14, 2-25, 3-2, 3-3, 6-8, 6-9). Ver la impermanencia y morir a la conciencia del “yo” y de lo “mío” (1-4, 1-19, 3-3, 4-1, 5-9, 5-16, 5-20, 6-12) es el fundamento de la práctica de la Vía enseñada por Dogen Zenji. También lo es el llevar a nuestra vida diaria, con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu, las enseñanzas del Buda Sakyamuni acerca de la impermanencia y la ausencia de ego. Aquí tenemos que tener cuidado de no confundir “ver la impermanencia” y “ausencia de ego” con algún tipo de pesimismo o de fatalismo. Debido precisamentea que todo es impermanente y a que todo cambia con rapidez, tenemos que valorar nuestro tiempo. Gracias a la ausencia de ego podemos trabajar para los demás.

De los principios “Ver la impermanencia” y “Abandonar la conciencia del ‘yo’ y de lo ‘mío'” se derivan las siguientes actitudes:

1. No buscar el provecho personal (mushotoku): (1-9, 3-3, 3-10, 5, 23).

2. Seguir al Maestro y las enseñanzas de Buda: (1-4, 1-13, 2-4, 2-12, 2-19, 2-24, 3-3, 5-2, 6-17).

3. Liberarse de los puntos de vista personales: (1-13, 4-1, 4-3, 4-7, 5-2, 5-13, 6-17).

4. Abandonar los sentimientos mundanos: (1-21, 2-1, 2-4, 2-12, 3-13, 5-9).

5. Desarrollar la compasión y trabajar para el bien de los demás: (1-7, 1-12, 1-19, 1-20, 3-3, 3-6, 3-7, 6-10, 6-15).

6. Vivir en la pobreza y no aferrarse a la comida ni a los vestidos: (1-16, 2-3, 2-6, 3-4, 3-7, 4-14, 4-15, 5-2, 5-5, 5-21, 5-22, 6-3, 6-4, 6-5).

7. No buscar la fama ni la riqueza: (1-16, 1-19, 2-3, 2-15, 3-15, 3-5, 4-8, 5-15, 5-20).

8. Mantenerse apartado del apego al cuerpo y a la mente: (3-1, 3-3, 5-1, 6-2, 6-17).

9. No luchar con los demás sino mantener la armonía con todos: (1-10, 4-13, 5-7, 5-22).

10. Aspirar sinceramente al Despertar: (2-14, 2-20, 5-5, 5-12. 6-16).

11. Concentrarse en la propia práctica: (1-5, 1-11, 1-14, 6-16).

El punto clave de estas actitudes es la práctica de zazen shikantaza: (1-1, 1-2, 1-4, 2-6, 2-9, 2-22, 2-25, 2-26, 4-4, 4-14, 5-10, 5-16, 5-23).

Otro punto sobre el que Dogen enfatizó mucho es el de entrar en un monasterio y practicar con los demás (6-9).

En resumen, ver la impermanencia, abandonar la conciencia del “yo” y de lo “mío”, practicar el Dharma del Buda solamente por el Dharma del Buda, concentrarse en la postura del zazen sin esperar obtener nada, vivir en la pobreza y trabajar por el bien de los demás, es la forma de vida a la que nos anima Dogen en el Zuimonki.

(De la Introducción.)

Estamos ante un libro de cabecera imprescindible para cualquier practicante serio del zen, al que volver una y otra vez en busca de consejo, apoyo e inspiración. Toda una joya de la literatura zen en lengua castellana. Excelente traducción de José Antonio Rodríguez a partir de la traducción inglesa original de Shohaku Okumura. Prólogo del maestro Dokushô Villalba.

Por Kepa Egiluz

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