El Sutra de la Gran Compasión – Kannon Gyo

Comentarios del Maestro

Taisen Deshimaru

 


 

El Kannon Gyo, El Sutra de la Gran Compasión, es el sutra budista más popular y conocido de cuantos se conservan: desde Japón a la India, pasando por China. El Kannon Gyo es complementario con el Hannya Shingyo, El Sutra de la Gran Sabiduría. El uno incluye al otro. El Hannya Shingyo habla de la Gran Sabiduría, el aspecto más profundo e íntimo de la experiencia del Buda. En él todo gira alrededor de la noción de vacuidad (jp.,ku). El Kannon Gyo da por sobreentendido el Hannya Shingyo y, a partir de él, pasa a exponer el Amor Universal y la Compasión Ilimitada que une al Buda con los seres sensibles y dispone todos los medios hábiles posibles al servicio de su Liberación. Podría decirse que el Hannya Shingyo representa el aspecto femenino-masculino (interna y externamente, respectivamente) del Dharma budista, y está personificado por el bodhisattva mahasattva Manjushri (jp., Monju), encarnación de la sabiduría trascendental de todos los budas. Por su parte, el Kannon Gyo represanta el aspecto masculino-femenino (también interna y externamente, respectivamente) de la enseñanza del Buda, y está personificado por el bodhisattva mahasattva Avalokiteshvara (jp., Kannon), encarnación del amor y la misericordia de todos los budas. Sabiduría y Medios Hábiles, Vacuidad y Compasión, Unidad en la Diversidad, Igualdad en Diferencia constituyen el binomio fundamental de la práctica budista, las dos alas con las que se eleva al cielo y toma tierra el bodhisattva, aquel ser que se compromete con la aspiración altruista de ayudar a todos los seres a despertar.

La presente edición del Kannon Gyo constituye la versión comentada del Maestro Zen Taisen Dehimaru de este texto capital del budismo mahayana, y ha sido traducida por su discípulo, el Maestro Zen Dokushô Villalba, cumpliendo así uno de sus más fervientes votos, a partir de las notas manuscritas tomadas por él mismo , además de las recopiladas por Taiten Fausto Guareschi, actual superior del Templo Shobozan Fudenji, en Italia; las de Astrid Collman, una de las más antiguas discípulas del maestro Deshimaru en el dojo de Berlín; y las de Evelyne de Smèdt y Katia Robel, transcriptoras infatigables de las enseñanzas de Deshimaru roshi, ambas del dojo de París. Una vez todo el material estuvo a punto, el Maestro Dokushô emprendió un retiro en solitario con el fin de sumergirse en zazen, concentrarse en el estudio de este sutra y realizar la redacción definitiva de la versión comentada del mismo por su maestro. La obra, tal y como se presenta en este libro, tomó felizmente cuerpo a mediados de los años 80, y después de varios años de vicisitudes en busca de un editor, Miraguano Ediciones se interesó por la publicación de una colección sobre textos de la tradición zen, dentro de la cual esta edición del Kannon Gyo en lengua castellana tuvo la oportunidad de ver la luz en el año 1987.

A pesar de la relativa antigüedad de esta edición (no nos encontramos ni mucho menos ante una novedad editorial), y al igual que ocurre con todas las escrituras clásicas de las diferentes tradiciones de sabiduría de la humanidad, el Kannon Gyo sigue conservando toda su vigencia y actualidad intemporal, y su mensaje universal continúa siendo igual de edificante que lo ha sido en todas las épocas. En cada una de las páginas de esta cuidada versión se haya depositada también una buena parte del corazón del traductor, volcado durante años en la redacción y ordenamiento de las notas manuscritas, en el desciframiento de los pasajes difíciles y en su presentación con un lenguaje claro y ampliamente comprensible. Ésta es la razón que nos ha animado a reseñar aquí esta obra, la cual consideramos de lectura y relectura obligada para todos aquellos interesados en impregnar su práctica budista, o simplemente su corazón, de la Gran Compasión y Amor Universal. Puedan hallar en ella aliento e inspiración, y actualizar sus infinitos méritos, visibles e invisibles, en su vida diaria, en beneficio de todas las existencias. No en vano todas las tradiciones espirituales han reconocido y advocado la Compasión como el camino más ancho, la Gran Vía, a la Liberación Última.

 

Por Kepa Egiluz

La eternidad del relámpago. El zen instantáneo

Jorge Bustamante


“La mente en sí misma es Buda.
Práctica difícil. Explicación fácil.
No mente. No Buda.
Explicación difícil. Práctica fácil.”

(Eihei Dogen)

         El contenido del presente libro se elaboró a partir de los materiales grabados magnetofónicamente de las enseñanzas orales impartidas por el monje zen Jorge Ryûnan Bustamante durante diferentes retiros intensivos de meditación (sesshin) en Chile entre los años 1997 y 2001.

         La Eternidad del Relámpago. El Zen Instantáneo trata del momento presente y no de cualquier otro, el instante mismo en el que se desarrolla la practica del zen, el zazen eterno, sin principio ni fin. Eso significa despertar y vivir la vida libre y plenamente, sin agregarle ni quitarle nada. Ese despertar no depende del tiempo, sino del aquí y ahora.

Por Kepa Egiluz

Fluyendo en el Eterno Presente

Maestro Dokushô Villalba


        En estos finales del siglo XX estamos asistiendo a una imparable aceleración del tiempo. Esto puede ser apreciado en todas las facetas de la vida humana actual, tanto a nivel social como privado. Desde los procesos económicos como políticos, tanto regionales como internacionales, hasta los que suceden en el ámbito de la intimidad individual, pasando por las relaciones interindividuales, por la acelerada degradación del medio ambiente (y la acelerada toma de conciencia medioambiental), por la velocidad creciente a la que se mueve la información, desde lo macro a lo cotidiano, todo, absolutamente todo se está viendo sometido a una creciente aceleración.

Estamos entrando de lleno en la era de la información, esto es, la era en la que grandes cantidades de información se están moviendo a una velocidad cada vez mayor.

La medida del tiempo está dejando de ser el movimiento de cuerpos sólidos en el espacio. Actualmente la medida del tiempo la marca la información, o mejor dicho, la velocidad alcanzada por la información al pasar de un transmisor a un receptor. Al acelerarse esta velocidad mediante la revolución que han supuesto los ordenadores, internet y la presencia apabullante de los medios de comunicación en la vida de los individuos, todo en nuestra vida cotidiana ha experimentado una aceleración paralela.

Nunca antes como ahora hemos tomado conciencia de la fugacidad del instante presente. Lo que en este instante presente es válido, en éste otro instante siguiente ha dejado de serlo, porque de un instante presente a otro instante presente recibimos tales cantidades de información que nuestra perspectiva del mundo cambia necesariamente. La revolución informática continúa día tras día, superándose y alcanzando niveles de precisión, velocidad y complejidad crecientes. Los modelos informáticos quedan obsoletos en cuestión de meses. De la misma forma, nuestros patrones de conducta habituales y la percepción que cada uno de nosotros tiene de sí mismo y de la vida en general quedan desfasados a un ritmo veloz y se aseveran incapaces de ayudarnos a integrarnos en la creciente aceleración de nuestro ritmo de vida.

No es de extrañar que un creciente número de individuos de las sociedades cibernéticas experimenten un estado crónico de angustia, ansiedad y estrés.

Diríase que se está produciendo un desfase entre el ritmo de vida acelerado que estamos creando y nuestra propia capacidad de seguirlo. Nos gustaría parar la maquinaria, pero no sabemos cómo hacerlo. Tal es la complejidad de nuestra creación.

Aunque a primera vista esta situación pueda parecer negativa, siento que contiene las semillas de un importante salto evolutivo para todos nosotros y para gran parte de la Humanidad, siempre y cuando seamos capaces de efectuar la transformación interior (emocional, mental y espiritual) que nos permita adaptarnos al ritmo de los hechos.

Las enseñanzas zen contenidas en este libro son transcripciones de charlas zen y conferencias que he ido impartiendo a practicantes de meditación zen y al público general durante el último año. He terminado de ponerlas en orden en una pequeña aldea a orillas del río Lubierre, en el alto Pirineo de Huesca, durante los primeros días de la primavera. Este y otros muchos torrentes pirenáicos bajan por estas fechas con aguas abundantes, frutos del deshielo de las cumbres nevadas. Me he sentido sobrecogido por el agua que fluye generosa, fresca y viva a través de barrancos y valles. Estas aguas vírgenes riegan a su paso campos de cultivo y alimentan a muchos seres vivos vegetales, animales y humanos permitiendo que el ciclo de la vida continúe. Las majestuosas montañas de los Pirineos y el agua que fluye por doquier aquí me han permitido sentir muy intensamente el principio de sansui, montaña y río, enseñado por Dogen Zenji. Nuestra vida fluye más allá de nuestras propias resistencias y fijaciones, sorteando obstáculos, dirigiéndose sin pausa y sin prisa hacia el océano inconmensurable de la Mente Única, en la que todos terminaremos por desembocar a través de la muerte. Este fluir es observado en todo momento por la Presencia Invisible, inmutable y eterna, de nuestra naturaleza original.

Ojalá que estas palabras puedan ser un agua vivificadora para todos aquellos que las lean. Ojalá que todos aprendamos a fluir, sin miedo y con amor, en la corriente de la Vida que fluye desde el presente al presente, en un continuo presente eterno. (Boráu, Marzo de 1999).

(De la introducción.)

El espacio interior del HAIKU

Antología comentada de haikus japoneses

Vicente Haya


El sonido del agua
Entre las piedras del jardín
Cubiertas de musgo

(Tsuji Yoshie)

  “¿Qué hay en el interior de un haiku? ¿Qué está sucediendo dentro del haiku bien construido para afectarnos como lo hace? ¿Qué clase de virtud posee su estructura más íntima? ¿Activando qué resortes logra conmovernos? Contestar a estas preguntas es el propósito del presente libro, el reto que nos propusimos al escribirlo”, declara el autor, Vicente Haya, al comienzo del prólogo de esta obra. Y para ello se vale de una selección suficientemente representativa y significativa de haikus, 47 en total, cuya traducción, comentario en profundidad y presentación intencionalmente ordenada “podría servirnos para explicar algunas de las claves del haiku japonés y que éstas nos fueran útiles a la hora de escribir nuestros propios haikus.” Y, si no escribirlos, al menos desarrollar la sensibilidad apropiada para paladearlos y apreciarlos. A este respecto, el autor se muestra categórico:

“Si realmente deseamos que el haiku prenda en nuestro idioma como género propio, hay que enseñar al lector hispano a sentir el haiku según lo que provoca en la sensibilidad japonesa. Ignorando que el haiku es una forma concreta de encarar la realidad y comunicarla con palabras, estamos inventándonos el haiku. Tenemos que hacernos conscientes de que su éxito se debe a claves internas que han de ser comprendidas, y bien comprendidas, antes de pretender que lo que nosotros estamos escribiendo sean haikus.” (p. 16)

Ello significaría, primero, saber qué es el haiku, saber qué ha sido hasta ahora en Japón. Y segundo, hacer propio de uno el haiku, que el que uno escriba no sea un haiku de manual, sino un haiku “propio”. Así concibe Vicente Haya, más allá de purismos, “la manera natural de evolución del haiku, una realidad cultural en la que te has sumergido hasta el fondo para, una vez dentro de ella, añadirle eso que tú eres, esa novedad que supones como individuo.” (p. 17) Hacerlo de otro modo y seguir usando el mismo nombre, “haiku”, para calificar una obra, no supone sino aprovecharse de la popularidad y genuinidad de un género ya creado para hacer de él lo que nos venga en gana.

Para finalizar el prólogo, el autor nos brinda algunas indicaciones valiosas respecto a la cortesía que precisa nuestra aproximación a “la dimensión límite entre lo poético y lo místico” que es el haiku, los modos de lectura a desarrollar y las eventuales conclusiones a extraer de las mismas. Un primer nivel de acercamiento se refiere al aspecto visual (ideogramático) del haiku, y los juegos con sus diferentes kanjis, muchas veces irreproducibles en la traducción. El segundo nivel de acercamiento corresponde al aspecto auditivo, ya que de acuerdo a las distintas cesuras que permite la lectura del haiku, a menudo son posibles múltiples significados y matices. El tercer nivel de acercamiento al haiku implica la humildad de preguntar a los propios japoneses (mejor cuanto más diversas sean sus extracciones sociales) por lo que sienten ante su lectura. Y el cuarto y último nivel de acercamiento consistiría en “lo que queramos; lo que queramos sentir con ese haiku, lo que queramos hacer de él, como deseemos incorporarlo a nuestras vidas, a nuestro aprendizaje del mundo, como queramos embriagarnos con él, siempre que no perdamos en ningún momento la cortesía que inflexiblemente va a exigirnos la cultura nipona para abrirnos las puertas de su intimidad.” (p. 20)

La lluvia de primavera:
todavía no se ha mojado
la barriga de la rana.

(Buson)

       Hemos de confesar que comenzamos la lectura de este libro sumamente interesados pero con reservas. “¿Se puede ‘diseccionar’ un haiku vivo a corazón abierto sin que se nos muera en el intento?”, nos preguntábamos. “¿Hay suficiente espacio en el interior de una composición poética de apenas 17 sílabas, si no menos, para acoger el comentario de varios cientos de palabras de su exegeta? ¿Con qué actitud cabría entrar en el recinto sagrado de un poema japonés ultrabreve para poner al descubierto sus claves?” Nos venía a la memoria la imagen mítica de Prometeo osando robar para los humanos el fuego de los dioses, que representa el conocimiento de las ciencias y las artes.

Asimismo, nos embargaba el corazón una inquietud que tiene que ver no tanto con el autor como con este lector y un doble temor latente de su parte: Primero, la posibilidad de, mediante la lectura de esta obra, estar reincidiendo en la tentación de querer reducir el sentimiento a mero pensamiento. Y segundo, simple corolario del anterior, la posibilidad de que un análisis certero del sentimiento y sus causas fuera condición suficiente para agotarlo e incluso eliminarlo, cuando no reproducirlo e “inducirlo” a voluntad. De ahí que, en ciertos momentos de desfallecimiento y renuncio de la verdad, hayamos pensado si no nos valdría más cuidarnos de preguntar según y qué cosas, no sea que la respuesta fuera a “destruirnos”. Pero ¿por qué lógica, el análisis del sentimiento podría matar al sentimiento? O, para el caso, ¿por qué lógica, el análisis del haiku podría matar al haiku? Quizás hasta podría darle más alcance y profundidad a su vida.

Las osadías suelen pagarse caras. Quizá nos vaya la vida en ello. Por fortuna, creemos que este no es en absoluto el caso. Muy al contrario, estamos profundamente complacidos por la admirable labor expositiva de Vicente Haya, de quien pensamos que ha conseguido con honores el audaz objetivo que se propuso inicialmente al escribir este maravilloso libro. Le quedamos muy agradecidos por introducirnos con tanta delicadeza a la sensibilidad y al asombro reverente (aware) de la poesía japonesa en forma de haiku. La lectura de esta pequeña gran joya ha constituido para nosotros un privilegio y un placer enormes. Tanto es así que no podemos aguardar más para recomendarla encarecidamente desde ya mismo.

       Discípulo de Reiji Nagakawa, Vicente Haya es Doctor en Filosofía y traductor a partir del original de más de un millar de haikus, siendo en la actualidad el máximo especialista español en poesía japonesa. Su bibliografía cuenta, además de la presente, con las siguientes publicaciones: Santoka (70 haikus esenciales), ed. Maremoto, Málaga, 2002. El corazón del haiku (la expresión de lo sagrado), ed. Mandala, colec. Alquitara, Madrid, 2002. Saborear el agua (100 haikus de un monje zen), ed. Hiperion, Madrid, 2004.

Ahora que no cae ni un pétalo
justamente ahora,
oh tiempo, detente.

(Hayashi Shô)

Por Kepa Egiluz

Enseñanzas Zen de Eihei Dogen (s. XIII)

Shobogenzo Zuimonki

Recopiladas por su Sucesor
Koun Ejo


 El Shobogezo Zuimonki es una recopilación de las enseñanzas informales del maestro zen Eihei Dogen (1200-1253) a sus discípulos, monjes y laicos, recogidas por su sucesor espiritual Koun Ejo (1198-1280). Estas charlas tuvieron lugar en el templo Koshoji durante el período comprendido entre 1235 y 1237, coincidente con los tres primeros años del discipulado de Ejo. En aquel tiempo, Dogen Zenji se hallaba empeñado en la fundación de un lugar donde poder transimitir el Dharma que él había recibido en China; un lugar donde poder formar a los monjes y desde donde propagar la práctica de zazen. Esto supuso una revolución en el budismo japonés de la época, tanto para el budismo subvencionado por el emperador, la aristocracia y otra gente rica, como para los buscadores sinceros y de aspiración pura, alejados de la riqueza, la fama y los centros de poder.

Dogen Zenji fue el introductor del linaje soto del budismo zen en Japón. Recibió la transmisión del Dharma de su maestro Tendo Nyojo (1163-1228), un brillante monje chino que, en medio del panorama decadente del budismo chino de la época, mantenía aún la verdadera esencia de la enseñanza de Bodhidharma. La figura de Dogen ocupa un lugar prominente en la historia del budismo y en la del pensamiento intelectual japonés. Como gran líder espiritual, la grandeza de su pensamiento le sitúa en la cúspide de la filosofía japonesa, al tiempo que la profundidad de su experiencia religiosa le ha convertido en una lampara incandescente para todos aquellos que buscan el Despertar de la conciencia, tanto en Oriente como en Occidente. Nadie que en la actualidad quiera estudiar el pensamiento filosófico y la experiencia religiosa de la Humanidad puede dejar de lado un estudio minucioso sobre Dogen.

La obra magna de Dogen Zenji es, sin ningún género de duda, el Shobogenzo (El Tesoro del Ojo de la Verdadera Ley), un texto filosófico-religioso gigantesco de difícil comprensión, especialmente para aquellos que se inician en el estudio y la práctica del Dharma. No obstante, este Shobogenzo Zuimonki no es un tratado filosófico de difícil lectura, sino una serie de enseñanzas informales a través de los cuales Dogen explica con palabras sencillas y ejemplos muy concretos la actitud justa que los practicantes del Dharma deben cultivar en las múltiples circunstancias de la vida cotidiana, ya sean monjes o laicos.

El punto central del Zuimonki es el de despertar a la verdad de la impermanencia. En el apartado 1-4, dice:

Aprender la práctica y mantenerla significa abandonar el apego al ego, siguiendo las instrucciones del Maestro. Lo esencial es liberarse del anhelo. Para liberarse del anhelo, es necesario morir al propio egoísmo. Despertar a la impermanencia es lo más necesario para morir al propio egoísmo.

En el Gakudo Yojinshu, Dogen enji dice también que despertarse a la impermanencia supone el despertar del cuerpo-mente:

Cuando verdaderamente “vemos” la impermanencia, la mente del yo y de lo mío no aflora, ni tampoco lo hacen los pensamientos de fama o de riqueza. La inquietud producida por la rápida sucesión de los días y las noches os hará practicar como si apagárais un fuego prendido en vuestros propios cabellos. Reflexionad sobre la fragilidad de vuestro cuerpo, practicad con diligencia siguiendo el ejemplo del Buda.

A lo largo del Zuimonki, Dogen habla acerca de la importancia de ver la impermanencia (1-4, 1-29, 2-6, 2-14, 2-25, 3-2, 3-3, 6-8, 6-9). Ver la impermanencia y morir a la conciencia del “yo” y de lo “mío” (1-4, 1-19, 3-3, 4-1, 5-9, 5-16, 5-20, 6-12) es el fundamento de la práctica de la Vía enseñada por Dogen Zenji. También lo es el llevar a nuestra vida diaria, con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu, las enseñanzas del Buda Sakyamuni acerca de la impermanencia y la ausencia de ego. Aquí tenemos que tener cuidado de no confundir “ver la impermanencia” y “ausencia de ego” con algún tipo de pesimismo o de fatalismo. Debido precisamentea que todo es impermanente y a que todo cambia con rapidez, tenemos que valorar nuestro tiempo. Gracias a la ausencia de ego podemos trabajar para los demás.

De los principios “Ver la impermanencia” y “Abandonar la conciencia del ‘yo’ y de lo ‘mío'” se derivan las siguientes actitudes:

1. No buscar el provecho personal (mushotoku): (1-9, 3-3, 3-10, 5, 23).

2. Seguir al Maestro y las enseñanzas de Buda: (1-4, 1-13, 2-4, 2-12, 2-19, 2-24, 3-3, 5-2, 6-17).

3. Liberarse de los puntos de vista personales: (1-13, 4-1, 4-3, 4-7, 5-2, 5-13, 6-17).

4. Abandonar los sentimientos mundanos: (1-21, 2-1, 2-4, 2-12, 3-13, 5-9).

5. Desarrollar la compasión y trabajar para el bien de los demás: (1-7, 1-12, 1-19, 1-20, 3-3, 3-6, 3-7, 6-10, 6-15).

6. Vivir en la pobreza y no aferrarse a la comida ni a los vestidos: (1-16, 2-3, 2-6, 3-4, 3-7, 4-14, 4-15, 5-2, 5-5, 5-21, 5-22, 6-3, 6-4, 6-5).

7. No buscar la fama ni la riqueza: (1-16, 1-19, 2-3, 2-15, 3-15, 3-5, 4-8, 5-15, 5-20).

8. Mantenerse apartado del apego al cuerpo y a la mente: (3-1, 3-3, 5-1, 6-2, 6-17).

9. No luchar con los demás sino mantener la armonía con todos: (1-10, 4-13, 5-7, 5-22).

10. Aspirar sinceramente al Despertar: (2-14, 2-20, 5-5, 5-12. 6-16).

11. Concentrarse en la propia práctica: (1-5, 1-11, 1-14, 6-16).

El punto clave de estas actitudes es la práctica de zazen shikantaza: (1-1, 1-2, 1-4, 2-6, 2-9, 2-22, 2-25, 2-26, 4-4, 4-14, 5-10, 5-16, 5-23).

Otro punto sobre el que Dogen enfatizó mucho es el de entrar en un monasterio y practicar con los demás (6-9).

En resumen, ver la impermanencia, abandonar la conciencia del “yo” y de lo “mío”, practicar el Dharma del Buda solamente por el Dharma del Buda, concentrarse en la postura del zazen sin esperar obtener nada, vivir en la pobreza y trabajar por el bien de los demás, es la forma de vida a la que nos anima Dogen en el Zuimonki.

(De la Introducción.)

Estamos ante un libro de cabecera imprescindible para cualquier practicante serio del zen, al que volver una y otra vez en busca de consejo, apoyo e inspiración. Toda una joya de la literatura zen en lengua castellana. Excelente traducción de José Antonio Rodríguez a partir de la traducción inglesa original de Shohaku Okumura. Prólogo del maestro Dokushô Villalba.

Por Kepa Egiluz

Poema de la Fe en el Espíritu. Shin Jin Mei

Comentarios del maestro
Taisen Deshimaru


“Penetrar la Vida no es fácil ni difícil,

basta con que no haya ni amor ni odio,

ni elección ni rechazo.”

        El Shin Jin Mei o Poema de la Fe en el Espíritu, escrito en el siglo VI de nuestra era, es el texto más antiguo sobre la esencia del Zen (Ch’an) y una de las grandes obras maestras del patrimonio espiritual de la Humanidad. Está atribuido al maestro chino Seng Ts’ang (jp. Kanchi Sosan) (¿-606?), Tercer Patriarca del Zen en China después de Bodhidharma (jp. Bodhaidaruma) y su sucesor Hui-ko (jp. Eka).

Bodhidharma, el Primer Patriarca del Zen el China, no hablaba; su sucesor Eka, carnicero y barrendero, tampoco. Tampoco escribieron ni compusieron poemas. Así, pues, no es posible conocer su enseñanza de forma literaria. Gracias, sin embargo, a este Shin Jin Mei del Maestro Sosan, podemos ver y comprender las verdaderas huellas dejadas por estos dos Maestros. Por eso, el Maestro Keizan Jokin dijo: “Debemos inclinarnos en sampai (triple postración) delante del autor de este poema.” Y compuso este poema dedicado a Sosan:

“En la vacuidad no hay ni interior ni exterior.
Ni el crimen ni la virtud dejan huella.”

        La tradición asocia esta obra a otros tres clásicos posteriores: el Shodoka o Canto del Inmediato Satori, del Maestro Yoka Daishi (649-713), el San Do Kai o La Esencia y los Fenómenos se Interpenetran, del Maestro Sekito Kisen (700-790), y el Ho Kyo Zan Mai o El Samadhi del Espejo Precioso, del Maestro Tozan (807-869). Estos cuatro textos forman el patrimonio del zen, del que constituyen la pura esencia.

La esencia de la enseñanza transmitida de Bodhidharma a Eka era en sustancia: “Es imposible obtener nada, sea lo que sea.” La esencia de la enseñanza transmitida de Eka a Sosan era: “Es imposible rechazar nada, sea lo que sea.” En el zen no hay que querer agarrar ni soltar. Estos mismos principios los encontramos en el Shodoka: “En el cosmos no existen las nociones de ganancia ni de pérdida.”

En la época del Shin Jin Mei, las escuelas Soto y Rinzai no existían aún, al sobrevenir la escisión después del San Do Kai. Los textos escritos hasta entonces forman la base común de las dos escuelas. Particularmente, el Shin Jin Mei es la fuente de los koan rinzai, más de un millar de los cuales fueron extraídos de este texto.

Por esta época, el budismo estaba prohibido y perseguido por el gobierno. Sosan tenía más de cuarenta años cuando encontró por primera vez al maestro Eka. Sosan estaba enfermo de lepra. Sus primeras palabras al maestro Eka fueron:

—”Soy un leproso. ¡Le ruego que me purifique de mis crímenes!”
—”¡Traémelos aquí y te purificaré de ellos!”, respondío Eka.
—”¡No puedo cogerlos para traéroslos!”
—”¡Tus crímenes están, pues, purificados. Debes tener fe en mi enseñana!”

Después de haber recibido la ordenación de Eka, Sosan tuvo que huir y se escondió en la montaña Kanko. Vivió solo, errando sin cesar. Su fe y su práctica asidua de zazen lo curaron completamente de su enfermedad. Mucho después se convertiría con el que se convertiría en su sucesor y Cuarto Patriarca, Doshin. Al término de una enseñanza de nueve años le entregó el certificado de transmisión y sucesión (shiho) y los cuencos.

El Maestro Sosan murió el 15 de octubre de 606, de pie, en meditación andante (kin hin), debajo de un árbol. El único escrito que dejó, el Shin Jin Mei, es el primer texto sobre la esencia del Zen.

La obra se compone de 584 ideogramas repartidos en 146 frases muy breves. Cada frase está compuesta de cuatro ideogramas, formando un total de 72 versos.

El maestro Dogen estudió muy profundamente el Shin Jin Mei en su Eihei Koroku. El maestro Kodo Sawaki también lo comentó, así como el discípulo de éste, el maestro Taisen Deshimaru, reconocido como Primer Patriarca Zen Soto de Europa. Sus comentarios fueron recopilados y elaborados para la versión francesa por Muriel Kamnitzer, Vincent Bardet, Evelyn y Marc de Smedt. La presente edición en castellano, comentada e ilustrada con kanjis y dibujos del propio maestro Deshimaru, nos llega de la mano del su discípulo, el maestro Dokusho Villalba. Absolutamente imprescindible.

(De la Introducción.)

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