45. No debes tomarte el budismo demasiado al pie de la letra.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando practicamos shikantaza no debemos apoyarnos en los conocimientos que hemos acumulado. No obstante, es importante que entendamos correctamente el significado y el sentido de shikan [simplemente]. Antes de poder leer el Shôbôgenzô, tienes que conocer la filosofía Yogaçara1. Si alguien inexperto lee el Shôbôgenzô sin estar familiarizado con la filosofía Yogaçara será como quien comercia con arroz sin disponer de una balanza o de algún otro aparato de medición.
Cuando era joven, el estudio del budismo me dio no pocos dolores de cabeza. Me parecía tan complicado porque lo entendía como un nutricionista entiende el arte de cocinar: si queremos analizar con precisión científica cuánta sal y vitaminas contiene un plato, cuántas calorías, cómo hay que prepararlo para que las vitaminas no se pierdan etc., no hacemos sino crearnos dificultades. Si hoy en día el budismo se marchita es porque mucha gente lo contempla bajo la perspectiva del análisis nutricional sin nunca haber comido de él. A mí, día sí, día también, me basta su simple sabor. No me interesa la cáscara inerte del conocimiento.
En Japón los artesanos tienen a chicos de nueve o diez años de edad como ayudantes o recaderos. Cuando llegan a los quince o dieciséis años se les pone al fin una herramienta en la mano. No se les explica nada más, pero si no saben qué hacer con la herramienta se les dice: “¡Eh, tú! ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde has tenido puesta la vista hasta hoy?”. Lo mismo sucede en un templo zen. Ahí no se habla mucho de budismo. Se practica.
Dedicarse a la práctica es algo diferente a reflexionar sobre la práctica. Hablo por ejemplo a menudo de los rasgos faciales porque me interesa la fisonomía. Considero que la forma es de gran importancia. Creo que la forma del gasshô2, del sampai3 y del zazen ya fue transmitida de uno a otro por los Budas anteriores a Sakiamuni. Dedicarse a la práctica significa entregarse por completo a esa forma.
“Cuando la forma es correcta, también lo es el contenido”. En una postura y actitud correctas se expresa una actitud de espíritu correcta. Por eso es necesario que revisemos a la luz de la práctica de zazen nuestra actitud ante una vida que cambia día a día, afinando nuestra actitud vital desde la mañana hasta la noche.
Un monje necesita adoptar la actitud vital de un monje, un profesor la de un profesor. No debes flaquear en ningún momento. Forja tu propia actitud al estar en pie, al andar, al sentarte, al acostarte. No te pierdas nunca de vista.
La teoría no cuenta. Quizá se dejan encandilar por el koan4, pero en la escuela zen Rinzai los monjes se sientan de hecho en el cojín al menos por espacio de veinte o treinta años. Esta vida no hace concesiones al mundo humano, no hacen componendas con la sociedad humana. La práctica de estos monjes es muy profesional. Comparados con ellos, los seguidores de la escuela Soto me parecen comediantes de tres al cuarto: las enseñanzas de la escuela Soto no calan en ellos.
Si a los budistas de hoy en día les quitas su historia, arqueología y filología, y luego los sacudes como es debido, comprobarás que están completamente huecos.
Sólo los tarugos se entusiasman por lo que está escrito en los libros. Debes aprender a distinguir la realidad de tus elucubraciones mentales. Cuando leas léete a ti mismo, créate a ti mismo. No eres realmente tú mismo hasta que no has dejado atrás toda teoría.
Acumular conocimientos sobre el budismo es peligroso: crees poder abordarlo todo mediante palabras. Y antes de que esas palabras cobren para ti sentido, ya has compuesto con ellas una tesis doctoral o la gente empieza a pagarte por tus “charlas sobre el dharma”.
Las palabras de las religiones establecidas son como latas de conserva vacías, un mal recurso en caso de necesidad.
Las personas de ciencia hablan durante toda la vida únicamente de palabras. Rebuscan con tanto celo entre las letras que al final les llega la muerte antes de haber encontrado en ellas algún sentido para su propia vida. Esto se debe a que reflexionan y discriminan demasiado. Les resulta imposible comprender una cosa simple y directamente; por ejemplo, esclarecer zazen mediante zazen mismo.
Por eminente que sea una filosofía, para todo lo que una persona ha imaginado, otra vendrá con sus ideas y lo echará por la borda. No podemos acceder a las cosas mediante nuestras palabras e ideas. Lo que hay que hacer es llegar desnudo al lugar que permanece inmóvil cuando todo lo demás se derrumba.
Iluminar la conciencia significa salvar a todos los demás antes de salvarte tú mismo. Pero si no haces más que hablar de salvar a los demás mientras ni siquiera eres capaz de ceder tu asiento en el autobús, tus palabras se las lleva el viento.
Alguien me preguntó una vez: “¿No crees tú también que el budismo es la mayor patraña de todos los tiempos?”. Por supuesto, todo lo que cuentan los monjes budistas es tan falso como lo que aparece en los libros. ¿Por qué? Porque habla del nirvana gente que nunca lo ha experimentado, y otros se extienden acerca del gran despertar tras la muerte de la mente, cuando ellos mismos son incapaces de abrir los ojos. Parece que a los religiosos les gusta divagar sobre asuntos que no tienen nada que ver con su propia vida. Esto vale también para todos los sutras famosos: sin práctica no son más que patrañas.
¿Quieres comerte un pastel? Por mucho que grites “¡pastel!” ninguno va a caerte del cielo. Nuestras palabras y conceptos no son la realidad. El zen gira en torno a esta realidad; pero no para reflexionar sobre ella, sino para asirla firmemente a fin de expresarla luego con libertad.
Si la humanidad regresara a su verdadera naturaleza se libraría de todos sus problemas. Pero hasta el momento todo gira en torno al dinero, a follar y zampar, ¡una auténtica casa de locos!
En la Vía del Buda se trata de crear la propia vida. No hay palabras para explicar esto. En esto consiste la vida de un monje. Las palabras han de surgir de la vida del monje constantemente re-creada.
La religión comienza con la ciencia y concluye con el arte. La religión no consiste únicamente en invocar el nombre de Amitabha Buda.

  1. Yogācāra o Vijnanavada es una de las dos escuelas budistas Mahāyāna más importantes. Apareció en la India alrededor del siglo II, fue introducido en China en el siglo VII por Xuanzang y, a mediados del mismo siglo, fue divulgado en Japón con el nombre de Hossō.
    El Samdhinirmocana Sūtra fue el sutra fundamental del Yogācāra que aún continúa siendo uno de sus referentes principales. El Pratyutpanna Sutra y el Daśabhūmika Sūtra también contienen elementos yogacara mientras que el Lankāvatāra Sūtra, también es de una importancia considerable para esta corriente.
    Rechaza el realismo total del budismo Theravāda y el realismo empírico de la escuela Madhyamika, inclinándose por una postura más complicada en la cual la realidad percibida por los seres humanos no existe sino que sólo parece real en virtud de la capacidad de la mente para percibir patrones de continuidad y regularidad.
  2. Gasshô, anjali en sánscrito, consiste en saludar juntando las palmas de las manos y hacer una ligera inclinación.
  3.   Raihai, postración en la que el cuerpo se inclina hasta tocar el suelo con la frente.
  4. Kōan (del chino: gōng’àn) es, en la tradición zen, un problema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. Muchas veces el kōan parece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo, el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia a fin de adivinar lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende el sentido literal de las palabras.

44. La vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


En el budismo nos ocupamos de la cuestión de cómo hemos de vivir esta vida de la mejor manera posible. Se trata de llevar una vida que verdaderamente merezca la pena ser vivida. ¿Cómo podemos realizar con este cuerpo, que en cualquier momento puede morir, una tarea que produzca frutos eternos?
Constantemente te atrincheras en tu ego. Observas las cosas sólo bajo el punto de vista de tu ego, por eso te equivocas. Aun cuando te inclinas ante Buda, algo va mal. Incluso cuando haces zazen, lo haces mal.
Las cosas que hemos aprendido no hacen más que nublarnos la vista. Si no pongo cuidado, también yo empiezo a adquirir “hábitos de monje”. Si lo que mi maestro o los discípulos más veteranos me han enseñado se convierte en un “hábito de monje” me quita la libertad.

“¡Mira estos peces gordos!”. La razón de tanta charla insustancial entre los monjes estriba sencillamente en que no tienen que preocuparse por el pan de cada día. ¿Qué quieres hacer realmente con tu vida? Ésta no es una pregunta baladí. ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué vivir? Ten cuidado de no estirar la pata antes de que estas preguntas penetren hasta lo más hondo de ti.
Ten cuidado, si no empezarás a creer que tu cuerpo –tal como es– es el cuerpo del Buda y del Dharma. Tu “cuerpo de dharma” no es más que una teoría hueca. ¿Dónde están si no los treinta y dos rasgos de tu budeidad? ¿Dónde está tu aureola? No obstante, esto no significa que vayas a alcanzar la budeidad por medio de la práctica. Si lo crees así quedarás de nuevo atrapado por tu idea de “práctica”. Por buena que pueda ser tu práctica, tu problema es que nunca olvidas tu “buena práctica”.
Se dice que no hay la menor diferencia entre todos y cada uno de nosotros y Buda. ¿No hay de verdad la menor diferencia?, me pregunto. Nada de eso, ¡cómo podría haber una diferencia mayor! ¿Preguntas qué te diferencia de Buda? Eso que llevas contigo: los hombres creen que son “hombres”, la mujeres que son “mujeres”. Ahí se encuentra la raíz de la ilusión.
Deja de hacer distinciones intelectuales. Sakiamuni Buda no intentaba sino deshabituarse del pensamiento discriminador. Demasiados de nosotros desperdician la vida haciendo distinciones. Pasamos toda la vida en el mundo de nuestro conocimiento intelectual, que no penetra realmente en nuestro ser.
Desde la mañana hasta la noche te ves en un continuo vaivén entre la alegría y la pena, y ocuparte de tu particular estado de ánimo no hace sino empeorar las cosas: con tus cavilaciones sobre la vida y la muerte te adentras más y más en un callejón sin salida. El problema de la vida y la muerte es una ratonera psicológica, sólo existe en tu mente. Puedes convencerte de que la solución de este problema te llevará a escapar del ciclo de la vida y muerte, pero la solución en la que piensas es sólo una solución dentro de tus ideas y la propia idea de querer resolver el problema de la vida y de la muerte es parte del problema en sí.
Crees que te has liberado de la avidez y la codicia y ahora te aferras tercamente a esta idea. Crees que has acabado con tus ilusiones y de este modo no haces sino crearte una ilusión más. Siempre queda algo que no quieres soltar de la mano. Debes acabar con esta disociación y también con esta mente que cree “acabar con”, e incluso debes acabar con la idea de acabar con algo. Por eso en el Dharma del Buda nunca llegas a un punto final.
La sabiduría de los Budas es una fuerza que echa sus raíces en zazen. Se manifiesta cuando te deshaces de todos los conceptos e ideas persistentes de tu mente. Has de deshacerte de esto y aquello, de todo por completo, y en el momento en que tu mente de persona corriente se ha disuelto totalmente es cuando se manifiesta la sabiduría de Buda; no en virtud de tus ideales e ideas, sino en virtud de tu práctica de zazen.
Se trata de un giro interior de 180 grados. Has de nacer de nuevo en lo más hondo de ti a fin de liberarte de tu ego. No es algo imposible. Quizá no dure mucho tiempo; en tal caso libérate de tu ego al menos en ese instante.
Una práctica devota no tiene nada que ver con lo que la gente llama “ponerse manos a la obra”. Tampoco significa que debamos rompernos la cabeza. Significa sencillamente abandonarse a zazen. Ahí no hay nada que ganar. Tampoco trates de resolver tus tareas escolares durante zazen.
Si tienes bajo control el asunto crucial de tu vida no sentirás rencor ni aun cuando alguien quiera cortarte la cabeza. Ése ha de ser el objetivo de tu práctica de la vía del zen. Sólo cuando practiques zazen de este modo sabrás apreciar el auténtico valor de tu vida.
“¿Incluso alguien como yo tiene naturaleza de Buda?”. No seas tan torpe, no digas tonterías, ¿no te das cuenta de que siempre te has encontrado en medio de la naturaleza de Buda? Cuando sentado en zazen despiertas de tu ilusión ya no se plantea la cuestión acerca de la naturaleza del Buda; en zazen todo tu cuerpo es penetrado por zazen, ¿quién podría dudarlo? Cuando bebes más de la cuenta todo tu cuerpo está borracho, hasta la última célula. ¿O tienes todavía alguna duda?
La Vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies. Cuando te encuentres en samadhi sentirás la Vía del Buda penetrar en cada célula de tu cuerpo.
Todas las obras escritas por Dôgen Zenji son actas de su práctica de zazen. Cuando lees el Shobogenzo has de considerarlo desde misma práctica diaria.
Dôgen Zenji se encontró con Nyojo Zenji1 y se cercioró de que shikantaza y shinjin-datsuraku [el desprendimiento del cuerpo y de la mente] son suficientes, no hay necesidad de nada más. Shinran Shonini2 y Honen Shonin3  se valieron únicamente de la práctica del Nembutsu, y de nada más. Al igual que Dôgen Zenji estudiaron a fondo las enseñanzas de las escuelas Tendai4 y Shingon5, pero no hicieron el menor uso de ellas. Esto es importante: si buscas la verdad, basta con llegar al fondo de una cosa; todo lo demás está de sobra.
La meta de tu vida ha de ser alcanzar la verdad. No debes inquietarte demasiado por lo demás.
¿Con qué fin comes en realidad tu pan de cada día? ¿Solo porque tienes hambre? ¿Y también en lo demás haces sólo aquello de lo que tienes ganas? ¡Eres como un crío! Has de tener claro para qué vives en realidad, con qué propósito comes tu pan de cada día. Has de tener ante la vista un objetivo preciso. Hagas lo que hagas, has de hacerlo con ese fin. Haz lo que puedas, y cuando llegues al final de la vida entonces has llegado al final. Solo necesitas una única tarea a la que merezca la pena, simple y tranquilamente –sin ruidos innecesarios–, dedicar tu vida.

  1. Nyojo Zenji es Tiantong Rujing, el maestro chino de Eihei Dôgen.
  2. Shinran Shonin o Shinran (1173-1262), reformador budista japonés, discípulo de Honen Shonin.
  3. Honen Shonin (1133-1212) fundador de la escuela Jodo-shu (Tierra Pura) en Japón.
  4. La escuela budista Tendai (ch. Tiantai) fue fundada por el maestro chino Zhiyi (Chigi en japonés), en el 550 dC. Fue Introducida en Japón por Saichō en el año 807 dC. Se basa principalmente en el Sutra del Loto (Hokkekyo, en jap.).
  5. La escuela Shingon (Shingon shū) es una de las escuelas principales del budismo japonés, y la más importante entre las esotéricas, o tántricas, fuera de la India y el Tíbet. La palabra «Shingon» es la pronunciación japonesa del término chino «Chen Yen», que a su vez es una representación de la palabra sánscrita «mantra». El budismo Shingon surgió en el Japón durante el período Heian (794-1185), cuando el monje Kūkai fue a China, estudió el tantra y regresó, armado de muchos textos y obras de arte, y desarrolló su propia síntesis de la práctica y doctrina esotérica, centrada en el Buda cósmico Vairocana.

43. No hay nada superior a aquello que no vale para nada.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Las personas corrientes montan durante toda su vida un buen número en torno a su reputación, sus preferencias, su carrera y lo que es de su gusto. Andan constantemente husmeando como un perro, esperando pillar algo en algún lado. ¿Y qué conseguimos con ello? ¡Nada! Cuando al fin comprendas que así no consigues nada, no habrá ya nada que buscar. Encuentras la paz en zazen, en el abandono del cuerpo y de la mente.
¿Eres tú quien hace zazen? ¡No! ¡Es zazen quien te hace a ti!
Cuando alguien quiere descansar debe hacer un alto en su actividad. Hacer un paréntesis en sus actividades significa tomarse vacaciones de ser persona. Significa dejar de ser persona corriente. Cuando te tomas un descanso y abandonas tu condición de persona corriente, eres un Buda. Por eso es comprensible que Buda no goce de gran reputación entre la gente corriente.

La enseñanza del Buda es incomparable. No tiene nada que ver con lo que divierte a las personas corrientes. La enseñanza del Buda es lo que menos gusta a los seres humanos.
Zazen no aporta nada. Zazen no es una herramienta humana. Las herramientas de los seres humanos son destruidas por los humanos. Lo eterno, por el contrario, no tiene nada que ver con los seres humanos.
No invoques el nombre de Buda esperando obtener una limosna. Cuando invoques el nombre de Buda tiene que de ser para nada.
Tenemos que entregar el cuerpo y el espíritu para aquello que no sirve para nada. No hay nada superior a aquello que no sirve para nada. Sólo lo que no sirve para nada es absoluto. Pero si tratas de sacar algo de ello, no obtendrás nada.
Todo en la vida conlleva costes. Nada es de balde. Por eso no encontramos sentido a hacer nada completamente de balde. No hay nada que requiera mayor determinación que hacer una cosa totalmente en balde.
Si practicamos la Vía del Buda como queriendo de ese modo atesorar algo, entonces no hacemos sino agrandar nuestro ego.
“Hacer sin más” significa simplemente hacer sin más1. Hablar sin más, sentarse en zazen sin más, comer sin más. Hacer sin más significa vivir sin perder la cabeza por la recompensa.
Una vez me preguntaron: “¿De verdad es tu propósito liberar a todos los seres vivos?” Respondo: Hago simplemente lo que aquí y ahora debe hacerse. Que eso tenga o no que ver con la liberación de los seres es una cuestión sobre la que más tarde otros dirán lo que tengan que decir. Ahora yo sólo hago lo que realmente hay que hacer. Ni por la sociedad ni por ninguna otra cosa. Lo hago sin preguntarme qué va a reportar.
Todo lo que hagas hazlo sin más, para nada. Si cuidas del prójimo, hazlo sin más, para nada. Si oras, hazlo sin más, para nada.
La verdadera comprensión consiste en no pensar en ganancias. Consiste en abandonar este cuerpo y entregarse al Buda.
Cuando una persona se entrega al Dharma, ya no hay titubeos ni vacilaciones. Cuando lo abandones todo, hasta el último resto, siéntate recto sin más, sin titubeos ni vacilaciones.

  1. “Sin más” es la traducción del japonés shikan, también traducido como “solamente”, tal y como en la expresión shikantaza, “solamente sentarse”, o “sentarse sin más”.

42. Los Budas viven en la ignorancia y los seres ignorantes en la iluminación.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


El abad de la comunidad de mi templo vio una vez a un grupo de monjes mendigando y dijo: “¡Nunca antes he visto una claridad tan pura!” Nada es tan puro y limpio como la práctica de la mendicidad de los monjes. Si tienes cinco niños que alimentar, ¡colócales cinco sombreros de monje y llévatelos a mendigar!
Vivir conforme a un voto no significa tratar de que los demás bailen al son de nuestros ideales. No te burles de los demás, sino trata de ponerte en su piel. ¿Qué pasa si a uno le gusta coleccionar cursis figurillas de porcelana?
En la Vía del Buda no debes pretender ser mejor que los demás. ¿Qué importancia tiene ser mejor que los demás? Tienes que involucrarte en las penas de todos los seres. Alguien que se libera del sufrimiento únicamente a sí mismo es como un cadáver. Buda vive entre los seres humanos.

Yo soy como un camaleón: cuando viajo en tren pongo cara de mal humor para que los niños no me molesten cuando hago la siesta. Podéis imaginaros sus caras de sorpresa cuando, al apearme, les sonrío alegremente y les deseo buen viaje.
El Kannongyo1 trata sobre las treinta y tres formas distintas que adopta el bodisatva de la compasión. Estas formas no son dioses ni divinidades. Los Budas y Bodisatvas adoptan la forma de los seres que sufren. Tampoco tú deberías mantenerte separado de los demás sólo porque no quieres tener nada que ver con las ilusiones colectivas de la gente. Compasión significa comprender perfectamente los sentimientos humanos de quienes te rodean. Cuando un niño llora, debes consolarlo. Un Buda ha de poder ver las cosas a través de los ojos de los seres que sufren. Así de amplio ha de ser el terreno de juego de tu práctica vital.
Sólo cuando desapareces sin dejar rastro puede hablarse de gran compasión. Mientras quede algún vestigio de ti, no puede hablarse de compasión.
Incluso si lo único que te importa es ganar dinero, será preciso que entiendas a tus congéneres. Y si quieres explicarle algo a alguien, precisarás de una buena dosis de intuición: sólo cuando comprendas el marco de referencia desde el cual tu prójimo ve las cosas, podrás explicárselas de manera que las entienda.
La educación es una interacción entre corazones.

No estudies por el examen, estudia porque es divertido. Estudia porque de verdad quieres aprender. La tarea del profesor ha de consistir en orientar a los alumnos hacia esta forma de aprender.
Cuando riñes a alguien, en tu fuero interno no debes estar realmente enfadado. Siempre has de disponer del suficiente margen de maniobra para reír de nuevo al instante siguiente. Siempre que le echo una bronca a alguien, río a la vez en mi corazón.
Hago el voto de liberar a todos los seres, antes de alcanzar yo mismo la liberación”.2 Pero, dado que no es posible ayudar a alguien si antes no has comprendido tú mismo la enseñanza del Buda, esto significa en último término que hemos de practicar junto a todos los demás.
Los Budas de los tres mundos llevan sobre sus espaldas a los seres que sufren; por eso están inmersos de lleno en la ilusión. Los seres que sufren son llevados a hombros por los Budas y, de ese modo, se encuentran en la cima de la sabiduría iluminada. En realidad, no hay Budas aparte de los seres que sufren, ni seres que sufren aparte de los Budas.
Gran compasión significa estar indisolublemente ligado a los seres humanos.
Suponiendo que llegues a morir por haberlo dado todo por los demás, ¿es de verdad eso tan malo? Lo único importante es tener un corazón que nada espera para sí mismo.

Para mí, la vida monacal representa una pérdida: me he hecho monje para inmolar este cuerpo en aras de la enseñanza del Buda.
Hay sacerdotes que están todo el día holgazaneando en el templo, fumando cigarrillos y esperando a que alguien muera para oficiar los funerales. Como discípulo de Buda, no debes confundir la vida sacerdotal con un negocio. Tienes que acabr con los negocios religiosos. ¿No es éste el sentido de la Vía de los Budas y Ancestros? No hay nada reprochable en asistir a un entierro para hacer un donativo a los allegados del difunto o para predicar el Dharma. Pero no es honesto que los sacerdotes cobren por sus sermones.

  1. Sutra del Bodisatva Kanzeon, también llamado Kannon, el bodisatva de la compasión (Avalokitesvara, en sánscrito). En realidad, se trata de uno de los capítulos del Sutra del Loto. Ver El Sutra de la Gran Compasión, traducción y comentarios de Taisen Deshimaru, Ediciones Miraguano, Madrid.
  2. Frase procedente del capítulo Hotsubodaishin (Dar libre curso a la aspiración al Despertar) del Shobogenzo del maestro Eihei Dôgen.

41. ¿Quieres tener salud y larga vida? ¡Debes de estar enfermo!

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Para mí, la forma misma de zazen es el Buda viviente. ¿Y con qué materia prima se construye esta forma? Ahí no hay nada más que el ser humano Sawaki. Utilizo este cuerpo de persona corriente para hacer con él zazen junto con Sakiamuni Buda y con todas las montañas, los ríos, los árboles y las plantas. La mente del ser humano Sawaki es como un mono salvaje y su corazón como el de un caballo loco, al igual que la mente y el corazón de los demás seres vivos. Por eso zazen consigue salvar a todos los demás seres a través de mi.
El mayor regalo que puedes hacer a todos los Budas de los tres mundos es tu práctica de zazen. Practicar zazen significa liberar a todos los seres vivos. Así pues, el contenido de tu zazen ha de ser la liberación de todos los seres. Sentarse un rato en zazen significa tanto aspirar a la verdad, hacia arriba, como hacia abajo, acudir al rescate de todos los seres.
Cuando nos sentamos en zazen, esto se traduce también en que, con ese zazen, imprimimos un impulso a toda la sociedad. Salvar a todos los seres vivos significa que yo me siento en zazen.
Habrá gente que tachará mi zen de “zen de persona corriente”. Ese calificativo no me supone ningún problema. Resulta que la Vía del Buda da la posibilidad a la persona corriente de transitar el mismo camino que Sakiamuni Buda. Y es en la práctica de este camino en la que creemos.
Hoy en día todos ansían salud y una larga vida. Pero ¿con qué fin quieres en realidad tener salud y larga vida? ¿No te das cuenta de que tu deseo de una vida larga es en sí mismo una especie de enfermedad? Larga vida y salud por sí solas no significan absolutamente nada para mí. Sólo las deseo a fin de que me permitan recorrer la Vía del Buda.
¿Qué quieres en realidad? Quizá merezca la pena que reflexiones sobre ello. Si no haces más que dejar pasar los días y engullir todo lo que se pone delante de tus narices, tu vida no es una vida auténtica. Solo mediante la práctica espiritual alcanzarás lo que en último término deseas como persona. ¿Y qué es tal cosa? Yo lo llamo: zazen.
Quiero que todo el mundo practique zazen. Con este propósito como mi pan de cada día.

Nuestra mente está continuamente en movimiento. No es cuadrada ni redonda, no se deja controlar. Pese a ello, es con esta mente inquieta con la que damos cumplimiento a nuestro voto de salvar a todos los seres vivos, un voto que nos impulsa a lo largo de toda nuestra vida.1 Y en algún momento el voto da sus frutos.
Practicar sin tratar de cumplir un voto es como conducir una moto sin manillar. No puedes mantener el equilibrio. Cuando haces algo bueno, no deberías hacerlo sólo porque así se te antoja. Nuestra práctica ha de estar cimentada en el voto.
Cuando en tu espíritu madura la decisión por el voto, no tiene la menor relevancia que seas joven o viejo. El budismo es un camino espiritual basado en el voto. Cuando te decides de veras por el voto, eso dará sus frutos.
Cuando en efecto sepas lo que has de hacer, te dejarás la piel en ello. Si conoces la dirección a seguir, nada podrá poner freno a tu ardiente ímpetu.
Dar cumplimiento al voto da lugar a una auténtica paz de espíritu. Sin el voto no serás capaz de resistir las tentaciones. Con el voto dispones del margen de maniobra espiritual necesario para mantenerte dueño de ti mismo.
Grande es tu tarea: has de comprender que llevas la humanidad entera sobre tus hombros. “Mi vida es necesaria para el planeta. ¿Cómo podría el mundo salir adelante sin mí?”. Así de grande y firme ha de ser tu seguridad en ti mismo.

Para nosotros se trata del universo, de la eternidad. Y de nada más que eso. Sentado con los isquiones firmemente apoyados en el zafu, el espíritu se vuelve inconmovible.
El Dharma del Buda quiere decir que nosotros, humanos, deponemos las armas. Que dejamos de rechazar unas cosas para aferrarnos a otras, de odiar lo uno mientras que amamos lo otro. El Dharma del Buda es el mundo en el que no tenemos que huir de nada ni correr en pos de nada. No hay ninguna obligación de hacer nada. Naturalmente, esto no quiere decir que podamos tumbarnos a la bartola. Ponemos la vida en ello, pero si vivimos en cuerpo y alma, cuerpo y alma hallarán verdadera paz.
Zazen es completamente transparente e insípido, por eso es tan difícil explicarlo. En zazen no hay nada digno de elogio, por eso precisamente lo pregono a voces. No hay nada más difícil que esforzarse por algo que en realidad no es nada. De ahí que tengas que ser una persona cabal si pretendes difundir la práctica del transparente e insípido zazen.

  1. Los practicantes zen comprometidos con el Dharma formulan cuatro votos durante su ordenación como bodisatvas:
    1. Por numerosos que sean los seres, hago el voto de liberarlos a todos.
    2. Por profundas que sean las oscuridades, hago el voto de iluminarlas todas.
    3. Por supremo que sea el Dharma, hago el voto de fundirme en él.
    4. Por maravillosa que sea la Vía del Buda, hago el voto de realizarla.

40. En zazen haz como si fueras Buda

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Practicar la Vía del Buda significa hacer como si fueras Buda. Tienes que imitar al Buda tan fielmente como seas capaz. No obstante, surgirá un problema si tratas de entender la enseñanza del Buda desde tu condición de ser humano. Pues en tal caso estarás tratando de hacer de la enseñanza del Buda algo humano. Y creerás que tu imitación del Buda es un logro humano tuyo que te reportará el correspondiente beneficio. Se dice que esto es una “enfermedad zen”.
Zazen no tiene nada que ver con algo así como soltar la cuerda del arco para acertar con la flecha en la diana. Pues en zazen la diana es todo el universo. Es imposible errar el tiro. Pero nadie te premiará con un paquete de cigarrillos por dar en el blanco.
“¿Me reporta algo o no me reporta nada?”
Abandona esta actitud y siéntate sin más.
“En profundo samadhi, contempla a los Budas en las diez direcciones”.1 Aquí lo relevante no es solo la profundidad del samadhi. Se trata también de trasladar este samadhi a la práctica. Pero tampoco se trata sólo de práctica, sino también de la profundidad del samadhi del que procede esa práctica. Por eso no basta simplemente con apoyarse en el principio fundamental de la enseñanza. Hemos de dejar de aferrarnos a nuestro ego y sumirnos en el puro samadhi. Simplemente sentarnos en zazen. Eso es lo que quiere decir profundidad. Pero si ahí no hacemos más que adoptar una pose con el propósito de alcanzar algo, eso no será un profundo samadhi, sino mera forma sin contenido. No debemos perseguir nada ni tampoco arredrarnos ante nada.
Meister Eckhart dice que el verdadero Dios está allí donde ya no hay ni siquiera Dios. ¿Qué hacemos cuando practicamos zazen? Absolutamente nada. Si durante zazen nos dedicamos a alguna tarea adicional, hacemos de zazen algo muy pequeño. Sólo cuando no hacemos absolutamente nada, llenamos de este modo el universo entero.
Que estamos en condiciones de no hacer absolutamente nada demuestra que llenamos el universo entero. Esto vale no sólo en este instante. Vale para siempre.
En el capítulo Sansuikyo2 del Shobogenzo, Dogen Zenji habla de “noticias de una época anterior a la infinidad de eones vacíos de un pasado eterno”. Este pasado, al que ni siquiera podemos darle nombre, es transparente e insípido, solitario y silencioso, ilimitadamente ancho, largo y remoto. Llevado a la práctica, eso significa: zazen.
La calma solitaria solo existe allí donde practicas zazen según la doctrina, sin desviarte un ápice. Ahí no hay ya la menor expectativa de nada, no hay sorpresas espirituales. Desde el principio no entra para nada en cuestión si esto reporta algo o no. Nada podría haber más sencillo que esto, pero a la vez tampoco hay nada que pudiera provocarte mayor desasosiego. Te preguntas constantemente si todo va bien en tu zazen. Incluso los discípulos de Dôgen Zenji parecían tener dificultades para comprender este puro zazen del que no recibimos absolutamente nada.
Practicas zazen y eso es todo. Cada acción concreta, en cuanto tal acción concreta, es exactamente esta acción. Y eso es todo.
Shikantaza significa extraer agua del pozo con un cubo sin fondo.
Cuando escuchamos que para ser Buda simplemente hemos de hacer zazen, esto nos suena tan sencillo que de repente abandonamos por completo la práctica. Por eso echamos pestes de nuestra práctica. Si por el contrario empezamos a estar orgullosos de lo que practicamos, ensuciamos igualmente nuestra práctica. Por eso cuando practicamos hemos de poner atención en lo que hacemos. Tendemos constantemente a ir por nuestro propio camino y a dejarnos llevar por la corriente de nuestras sucias inclinaciones. Esto es lo que hace que shikantaza sea tan complicado. Pero precisamente ese ejercicio es shikantaza.

A menudo he oído al maestro Murata Seisho, que practicaba con Shichiri Osho en Hakata, invocar el nombre de Buda a su elegante callada manera. Luego siempre advertía a los demás: “¡Todavía no lo hacéis correctamente! ¡Vuestro nenbutsu es demasiado superficial!”. Quería decir que los demás no invocaban el nombre de Buda con todo su cuerpo. Si invocas el nombre de Buda débil y lánguidamente –cien mil veces “Nanmandabu, nanmandabu”– , eso no tiene nada que ver con la Tierra Pura del Buda.
Tu práctica de shikantaza no debe ser superficial. Has de llegar hasta el final, darlo todo. “Simplemente sentarse” no significa esperar sentado. Toda tu vida ha de depender de que tu práctica siga el rumbo correcto.
Tu zazen no debe ser algo intermedio. No es un medio con vistas a un fin. Zazen ha de ser tu mundo. Si sigues el camino hasta el final, regresarás al hogar en este lugar, aquí y ahora, por completo tú mismo.
Zazen no es más que zazen. El propio zazen es la meta; la otra orilla [el nirvana], el valor más alto. No se trata de convertirse en Buda.

  1. Extraído del Sutra del Loto.
  2. Sansuikyo, el Sutra de la montañas y de los ríos.