13. No eres tú quien practica zazen

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


¿Cuál es en realidad el sentido de nuestra vida? ¡Nuestra vida no tiene ningún sentido! Gracias a zazen llegas finalmente a un punto en el que ya no esperas nada de la vida, ni si quiera de zazen.

Dices que imitar al Buda no tiene nada de divertido. Si imitas a un ladrón te convertirás inmediatamente en ladrón. Lo magnífico de este vulgar cuerpo humano es que con él podemos imitar a Buda.

Con este cuerpo, que hasta hoy has entregado a los juegos de azar, puedes también practicar zazen y “entrar de golpe en la esfera del Tathagatai. Esta entrada en la esfera del Tathagata se refiere al zazen practicado por una persona corriente que, hasta un instante antes de entrar en ella, se agita nerviosa calculando las pérdidas y las ganancias.

Nunca acabarás por completo con tus ilusiones. Algunos dicen: “No quiero alardear, pero ya no tengo ilusiones”. Trata de no practicar zazen como si estuvieras pelando una cebolla. Aunque alcances el satori, o lo que sea que logres, eso no es auténtico. En lugar de ello, practica zazen con la mentalidad de persona corriente, cargada de ilusiones e impulsos. Perdido como estás en los seis mundos del sufrimiento, siéntate simplemente en zazen con este cuerpo. Cuando simplemente te sientes de esta manera, tu mente de mono y tu voluntad de caballo se volverán no-pensamientoii, y tus ilusiones aparecerán como lo que en realidad son: verdad inmaculada. Esto es lo que, en el Eihei Korokuiii, Dogen Zenji llama “el loto en medio del fuego”.

Si tomo lo que no es mío, soy un ladrón, inmediatamente, en ese preciso instante. Si por el contrario practico zazen, soy de inmediato un Buda. Para eso no hace falta ninguna técnica. Para ser Buda sólo he de creer en zazen y sentarme. Ése ya no es “Kodo Sawaki”, sino algo mucho más allá.

En ese momento, ¿qué es lo real? ¡La postura de tu cuerpo! Lo que suceda en tu conciencia no es el problema. El verdadero problema se resuelve en el momento en que te entregas a la forma correcta de sentarte. Si llevas las cavilaciones sobre tus problemas hasta sus últimas consecuencias, al final no te quedará otra cosa que simplemente sentarte. No tienes más alternativa que practicar. Finalmente llegarás a la práctica de ‘simplemente sentarte’iv, en la que el cuerpo y la mente son abandonadosv.

En el mundo humano todo gira siempre en torno al dinero, a la carrera profesional, a la buena comida y a la diversión. Pasamos toda nuestra vida corriendo detrás del sexo, de las golosinas y otros cebos. Zazen significa decir adiós a todo eso, significa descansar de ‘ser humano’.

¿Qué significa practicar? ¡Acabar con el modo de ser humano! Significa tirar la toalla como ser humano.

¿Qué significa ‘pensar sin pensar’?vi Significa tomarse vacaciones de nuestro ser humano. Si te despides del mundo humano, tomarás la distancia necesaria para dirigir la vista hacia ti mismo y arrojar luz sobre ti.

¡Despréndete de ti mismo! No te quedes contemplando la luna. La luna brilla por sí sola.

Nuestras ilusiones no tienen fin. No hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Tampoco se trata de cambiar nada: se trata simplemente de ser. Esto significa sentarse sin más. Cuando entiendas que no tienes más opción que ésa, dejarás de meterte en callejones sin salida.

¿Por qué vivimos en realidad, en este instante? Vivimos en la gracia de la gran luz y por eso deberíamos poner fin a nuestras artimañas egoístas y regresar a nuestra verdadera naturaleza. Esto quiere decir que debemos desembarazarnos de nuestra ansiosa ambición de ‘más, más y más’, y entregarnos por completo a la verdadera vida que se realiza en cada instante en y a través de nosotros. Para ello no necesitas hacer absolutamente nada. Si te entregas por completo a este instante serás sencillamente zazen y zazen se sentará por y a través de ti.

Debes creer en este ‘simplemente sentarse’. Creer significa que las dudas sobre la naturaleza universal de tu propia existencia se disipan: “¡Es cierto! ¡Este ‘yo’, ‘mi’ y ‘mío’ no han existido nunca en realidad!”. Así es como se clarifican tus dudas sobre el zazen y entonces te das cuenta de que no tienes más opción que sentarte. Esto es lo que significa creer en ‘simplemente sentarse’.

Cuando te sientas en zazen, no eres ‘tú’ quien practica zazen. Ahí sólo hay un espacio ilimitado. Es este espacio ilimitado quien practica. Este espacio ilimitado es el verdadero objeto de la fe en zazen.

En zazen dejas de ser ‘tú’. Te haces uno con la gran naturaleza, o mejor dicho, la gran naturaleza regresa, por fin, a ti mismo.

i Frase extraída del Canto del Dharma Verdadero (ch.: Zhengdaoge; jap.: Shodoka), del maestro chan Yongjia Xuanjue (jap. Yoka Daishi). Tathagata (“El que tal cual es”) es uno de los epítetos aplicados al Buda.

ii En jap. fushiryo, estado caracterizado por la ausencia de actividad mental.

iii Eihei Koroku, “Crónicas de Eihei”, una de las principales obras del maestro zen Eihei Dogen. Recoge poemas, comentarios y enseñanzas impartidas a sus discípulos.

iv En jap. shikantaza.

v Dogen aprendió de su maestro chino Rujing que zazen es “desprenderse del cuerpo y de la mente’ (shinjin datsu raku, en jap).

viPensar sin pensar’ es una de las posibles traducciones del término japonés hishiryoHi, significa más allá; shiryo, pensamiento. El maestro Taisen Deshimaru la traducía como ‘pensar sin pensar, no pensar pensando, pensar desde el fondo del no pensamiento’.

12. ¿No quieres ir al infierno? No temas, en el infierno se pasa bien.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Desde que naces hasta que mueres, tu vida está dominada por ilusiones. Cada día luchas por ponerte delante de los demás a codazos. ¡Algunos llevan sus ilusiones tan lejos que hasta confían en tener una vida larga y feliz!

¿Cómo vives tu vida humana? Hay quien responderá: “¡A mí qué me importa! Me han arrojado a este mundo sin que nadie me haya preguntado antes. ¡Qué alternativa tengo sino hincarle el diente al pan de cada día hasta que llegue el momento de cascarla!”

¿Qué tiene de excelso esta vida? Da igual que seas rico o pobre, funcionario del Estado o simple obrero, tu vida no consiste en definitiva más que en comer y cagar. Lo que importa es que entres con decisión en el flujo de la vida. Puedes dejarte arrastrar sin rumbo, buscando exhausto el aire, o saltar a la corriente: aquí se decide si vives tu vida como un tormento o como un placer.

Una vez me topé con un neurótico que temía suspender una oposición oficial. Cuando se dirigió a mí, nervioso y con cara de preocupación, le dije: “Si no superas el examen, ¿no significa eso que hay otros candidatos más capaces que tú? ¿No es razón para alegrarse? Si, por el contrario, alguien como tú pasa la prueba, eso significaría que no hay muchos que sean mejores que tú y, en tal caso, eso no es bueno para nuestro país”.

¿No quieres ir al infierno? No temas, en el infierno se pasa bien.

Como gente de a pie, tomamos nuestras opiniones por ciertas: hoy creemos ser felices, al día siguiente decimos que somos desgraciados… Así desperdiciamos nuestra vida, pues ¿acaso no es nuestra imaginación la que nos dice que somos ‘felices’ o ‘infelices’? ¿No es esto en realidad algo del todo insustancial?

Siempre llevamos encima nuestras propias y personales opiniones y éstas nos dominan constantemente. Si nos desembarazamos de ellas, seremos uno con el universo, uno con Buda.

¿Por qué todo el mundo da una y otra vez vueltas en círculo, como locos en un atolladero? Porque a cada uno sólo le importa su propio destino personal. Sólo cuando decidas pasar toda tu vida como un monje pobre pondrás fin a esta comedia, igual que yo.

En toda mi vida no he hecho más que divertirme. Los viajes que hago son mi hobby y si a la gente que viene a escuchar mis charlas la estimulo a seguir el Dharma del Buda, no lo hago porque me den luego una propina; para mí es sólo un divertimento. La gente debería divertirse más, en vez de andar enfurruñados porque tienen que trabajar.

Nadie te fuerza a hacer nada con tu cuerpo o mente. Pero a pesar de todo crees obstinadamente que tu trabajo es ‘trabajo’ y cada vez exiges más a cambio. Yo no me preocupo por lo que me ofrezcan, pues para mí lo que hago no es ‘trabajo’ sino diversión.

Serás mucho más feliz si conviertes el trabajo en un juego. Los estudiantes de bachillerato en Kumamoto siempre me decían: “Observándole en su vida cotidiana, resulta difícil saber si lo que hace es trabajo o diversión. Podría decirse que su trabajo es divertirse. No hay nadie en el mundo que sepa hacer esto mejor. ¡Es usted verdaderamente envidiable!”.

Hay un sutra que habla de las quinientas vidas de Sakiamuni antes de que renaciera como Buda. Una vez vivió como ermitaño, otras como brahmán o filósofo, y otras como caballo o rana. Todo eso eran divertimentos de Buda. Lo que él expresa con sus anteriores vidas es el hecho de que todo lo que hacemos —cuando sea y donde sea, de cualquier forma y en cualesquiera circunstancias, sea de la índole que sea— es puro juego. Jugar significa crearse a sí mismo.

¿En qué estriba la grandeza de Ryokan? En el lúdico desenfado con que vivía la vida. Nunca se preocupaba por lo que recibiría a cambio de su trabajo. ¡La gente tendría que aprender del espíritu lúdico de Ryokan!

El bodisatva Avalokiteshavara no huye de nada ni persigue nada. No se deja arrastrar en este mundo perecedero, pues —al contrario que los hinayanistas— no parte de la hipótesis de que antes de nada hemos de liberarnos de nuestras penas y de nuestras ilusiones. Él comprende con claridad que originalmente nada de eso existe y, por consiguiente, no hay para él nada que perseguir o de lo que huir. Y por eso disfruta de la libertad de realizarse lúdicamente en toda situación y de todas las formas imaginables.

11. La dicha y la libertad de un loco

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Incluso el que alguien vierta un cubo de brea sobre tu cabeza podría serte útil, siempre que lo observes desde una perspectiva completamente diferente de la habitual. ¿Qué sientes cuando ves el rostro enfadado de tu adversario? ¿Qué sientes cuando oyes cómo te insultan? ¿Eres capaz de transformar el veneno en medicina y sacar fuerzas de ello? La pregunta es cómo te comportas en la vida y la respuesta a esa pregunta ha de ser tu religión.
Si alguien difunde falsos rumores sobre ti, te enfureces y quieres hacérselo pagar caro. Es normal, pero de este modo demuestras cuán inmaduro eres. Mejor es recibir estos falsos rumores como un aviso del cielo. “¡Sawaki ha aceptado sobornos!”: si no pongo cuidado, podría sucederme. “¡Sawaki ha tenido relaciones con esa y esta otra muchacha!”: cuando oigo tal cosa, me doy cuenta de que verdaderamente eso sería posible. Si acojo esos rumores como un aviso, se convertirán para mí en una valiosa señal.
Por cruel que la vida pueda ser conmigo, los golpes del destino no hacen sino ayudarme en el camino hacia la liberación. Quienes aparecen ante mí como enemigos impiden que me distraiga. Quienes me atormentan como demonios evitan que me duerma en los laureles.
Crees que la vida es una lucha en la que hay que devorar o ser devorado. Pero cuando te des cuenta de que estás indisolublemente ligado a todas las cosas que hay a tu alrededor, entenderás también que incluso tus enemigos en la lucha por la supervivencia no hacen sino ayudarte a crecer y madurar.
Si tratas de obtener dulce néctar de un caqui ácido, no lo conseguirás. Sólo podrás saborear el auténtico dulzor del caqui si esperas a que madure por sí solo y la acidez se transforme en azúcar, pues no hay dulzor aparte de la acidez. Del mismo modo sucede con el Dharma del Buda que lo abarca infinitamente todo.
Está bien que sufras alguna desventura, pues en ese momento vuelves de repente a ver con claridad ante ti. No es conveniente que siempre te vaya bien: se te empezará a poner una cara como la del gato que se repantinga amodorrado al sol.
Me gustaría que durante el resto de mi vida me acompañara un anjai. Pues a la vista de mi anja no me será posible rendirme y dormirme en los laureles. Esto sólo ya es práctica. Y tanto más si no sólo estoy a la vista de mi anja, sino rodeado de enemigos aguardando a verme flaquear: de esa manera, estaré tan concentrado desde la mañana hasta la noche que todo lo que haga se convertirá en práctica. Tener una vida como ésta, en la que en ningún momento puedo ocultarme entre bastidores, es para mí una auténtica fortuna.
¿Cuál es el mayor secreto que rodea a la enseñanza budista? ¡El arte de convertirse en un loco feliz! Esto significa encontrar la liberación en ti mismo, en tu forma de ver las cosas. De ninguna manera podría ser más feliz de lo que soy. Desde que me levanto hasta que me acuesto estoy agradecido por todo lo que me sucede.
En el zen se dice: “Cada día es un buen día”. Ahora la pregunta es: ¿qué has de hacer para que cada día sea de verdad un buen día? ¿Qué has de poseer para poder disfrutar verdaderamente de todos y cada uno de los días? ¡Absolutamente nada! No has de hacer o poseer absolutamente nada para ser feliz. Constantemente te dejas embaucar por la idea de que has de hacer tal cosa o de que quieres tener aquella otra. Cuando al fin te des cuenta de que esa idea es una quimera, cada día será verdaderamente un buen día, y cualquier año será un buen año.
La cerilla de la sabiduría alumbra en todas direcciones: ¡olvida todo lo demás, abandónalo todo!
En nuestra vida diaria se nos pone continuamente a prueba: nos preocupamos de esto y aquello o creemos estar en serios apuros. Pero en realidad nos preocupamos sólo de nuestro propio destino personal; cuando nos liberamos de esa idea, todos los problemas se disuelven.
Unas veces te va bien, otras mal, ¿pero merece realmente la pena dejar que el humor cambiante de cada momento te traiga loco? Cuando de una vez te olvides de ello, comprobarás que en realidad todo eso da exactamente igual. Para tener una vida feliz, has de morir.
Un auténtico budista no se deja embaucar por nada ni nadie.
Son sólo tus propios problemas personales los que te preocupan. Es sólo tu propia felicidad individual lo que te ilusiona. De niño nunca quería perder, pero ahora, con más de ochenta años, ya no me importa. Si prescindes de todo lo que se refiere únicamente a ti personal e individualmente, siempre tendrás paz. Ya no te importarán tus pesares y tu felicidad no hará que te pases de la raya. Mantendrás la calma en cualquier situación. Tu ego no aparecerá ya en primer plano. Eso es la auténtica satisfacción.
Conseguirás poner fin a las quimeras cuando te olvides de ti mismo.

10. El Buda Sawaki versus el ser humano Sawaki

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


La gente dice que el ser humano Sawaki no tiene apetitos mundanos. ¡Nada de eso! Lo que sucede es que me domino. Si me dejara llevar por mis apetitos deshonraría el Dharma del Buda. Por eso no lo hago. Eso es todo. Pero precisamente porque tengo muchos apetitos, comprendo también los apetitos de los demás. Si no los comprendiera sería un idiota, y no quiero vivir como un idiota. Si contemplo las inflexiones de mis apetitos, observo puntas, ángulos y aristas. Sigo la Vía del Buda llevando conmigo estos ángulos y aristas de mis apetitos. Porque si las aristas de tus apetitos se vuelven romas, también lo bueno que hay en ti se erosionará y te quedarás sin brío. La fuerza para mantenernos bajo control la recibimos de la magnitud de nuestros apetitos. Es importante el punto en el que esta vida llena de apetitos se encuentra con la Vía del Buda.

El ser humano Sawaki es conducido por la Vía del Buda. Por eso el ser humano Sawaki no puede hacer siempre lo que le viene en gana. Esto significa creer en la Vía. Cuando me observo a mí mismo, el ser humano Sawaki no puede manejarme a su antojo.

A nadie le gusta de verdad el Dharma de los Budas y Patriarcas, sino más bien el dharma del vino y las mujeres. También yo preferiría dejarme llevar y hacer lo que me viniera en gana, pero zazen no me da opción: me lleva hacia delante. Todo se encarga de que no me extravíe.

Aun cuando trates de permanecer inmóvil, nunca hallarás auténtico reposo; este es tu sino como persona humana. Es una debilidad humana y no se puede hacer nada para cambiarlo. De lo que se trata en la Vía del Buda es de domar esta obstinada fiera humana. Pero no hay que destruirla. Un caballo salvaje tiene su valor como caballo si lo domas de manera que en cualquier parte puedas dejarlo correr libremente. Si por el contrario el caballo está medio muerto, no podrás hacer nada con él. Lo mismo sucede con las personas: no se trata de renunciar a nuestra condición humana, sino de adiestrarla. Una persona correctamente adiestrada es un Buda.

Cada célula de nuestro cuerpo es la materia prima de los apetitos. La cuestión es: ¿para qué utilizas esas células? Este cuerpo representa un lastre para toda la vida, pero eso no significa que podamos arreglárnoslas sin él. Sin este cuerpo no podríamos hacer zazen. El truco consiste en tirar de él y llevarlo por la mejor dirección posible. De esta manera podemos convertir los apetitos en sabiduría y transformar este gravoso cuerpo en algo valioso. Nunca nos liberaremos de nuestros apetitos, pero dependiendo de cómo nos manejemos con ellos dejarán de suponer un lastre para nosotros.

Poseer fuerza mística significa saber tratar con uno mismo. Buda y yo jugamos al tira y afloja. ¿Quién es más fuerte? ¿Conseguiré arrastrar a Buda hacia mí y merendármelo? Al menos así lo desea el ser humano Sawaki, que siempre quiere sacar pecho y quedar por delante de los demás.

¿Buscas la verdad? ¿Quién eres entonces tú en realidad? ¿No eres un simple hombre de la calle? ¿Qué hay entonces de tu gran búsqueda? ¿Tratas de vivir como si en tu condición de persona corriente hubiera algo muy especial?

El Dharma del Buda no consiste en hacer esfuerzos sobrehumanos. El Dharma del Buda comienza allí donde nosotros, personas corrientes, dejamos de luchar contra nosotros mismos.

No entendemos zazen porque lo contemplamos con nuestros ojos de personas corrientes.

¿Qué sabemos realmente de la vida? ¡Absolutamente nada! ¿Cuál es el objetivo de nuestra vida? ¡Ninguno! No sabemos absolutamente nada y, pese a todo, tenemos que comer cada día. “Vivo mi vida por la gracia de Dios” decía Nishida Tenko. En tal caso, quizá no tengamos que hacer tanto teatro en torno a nosotros mismos. Cuando dejes de hacer ese teatro en torno a ti mismo verás que todo es muy sencillo. Eso que tomas por “ti mismo” no eres tú en realidad. ¡No te dejes engañar!

La Vía del Buda no conduce al paraíso. Consiste sencillamente en no extraviarse con quimeras y en no volverse loco. Practicar la Vía significa simplemente descongestionar la cabeza. Se trata de amasar a fondo los conceptos rígidos e ideas persistentes que tenemos en la cabeza. Sólo cuando no nos aferremos a absolutamente ninguna cosa tendremos una “mente suave y dócil”i.

Cuando me altero hago gasshôii. Gasshô reduce la congestión y la inquietud desaparece. Cuando te sientes en la posición de loto completo, sentirás calor en tus caderas, mientras que tu cabeza se descongestionará. En zazen se trata de reducir esa congestión de la cabeza.

Envueltos en el kesaiii no podemos perdernos en nuestros apetitos ni aun cuando lo intentemos. El kesa nos protege de los apetitos, nos hace cruzar el mar de la vida y la muerte. También tenemos que agradecer al kesa que dispongamos de comida suficiente para hacer zazen.

Cuando vives en un templo zen, el taikoiv suena a las tres de la mañana indicando que es hora de levantarse. De esta manera desaparece por sí solo tu deseo de seguir durmiendo. Un deseo que se disuelve en la nada. Un paso hacia el nirvana.

En el budismo, la conexión entre la persona que cae en el infierno y el Buda que la libera de ese infierno se produce mediante la confesión. Cuando la confesión es verdadera, también lo es la budeidad. En este punto, la ilusión se mezcla con el satori y se pone de manifiesto la profundidad de la fe.

Vivir toda tu vida guiado por Buda y por el Dharma significa que tu espíritu es ya Buda.

i Nyunanshin, en jap. “una mente flexible y suave”, una expresión del maestro Dôgen para designar la mente despierta.
ii Gasshô, en jap.; anjali, en sans.: gesto de unir las palmas de las manos.
iii Kesa, en jap.; kasaya, en sans.: hábito del monje budista que se viste cubriendo el hombro izquierdo y dejando al descubierto el derecho.
iv Taiko, en jap.; gran tambor que marca el ritmo diario de la vida en un templo zen.

9. Nazco con mi universo y moriré con mi universo

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando se habla de “Sawaki”, sé que se trata de mí, aun cuando no se añada ningún “Kodo”. Si “Sawaki” llena todo el universo, no hay ningún “Sawaki” aparte del universo y tampoco ningún universo aparte de este Sawaki.

Creemos que vivimos por nuestras propias fuerzas, pero en realidad es la gran naturaleza la que nos mantiene con vida. Tu vida no te pertenece a ti solo: es universal. Esta vida universal es tu yo, es el verdadero cuerpo humano que llena el cosmos entero. Zazen quiere decir vivir la vida universal, es decir, tu yo. Esto significa a su vez manifestar y dar testimonio del universo entero. Cuando practico zazen yo solo, el universo entero lo practica conmigo, incluido en el zazen.

Vivir tu vida por ti mismo significa llenar todo el universo. Tú solo llenas todo el universo. En esto radica el sentido profundo del zazen. ¿Quién realiza la verdad universal? ¿Quién sino tú mismo? La religión no es más que tu propia vida.

¿Qué puede haber más lastimoso que alguien que se queja constantemente de su propia desgracia? Entre tú y Sakiamuni Buda no existe la menor distancia.

Cuando conozcas con claridad que tu vida está conectada con el universo y que ninguna distancia te separa de Buda, ya no te importará si en el escenario representas un papel principal o secundario: en cada una de tus acciones desplegarás toda tu fuerza vital.

Es interesante darse cuenta de que el aspecto de este mundo depende de la actitud que tomes ante él. La Vía del Buda es tu verdad propia y personal. Pero esto no significa que este camino termine con tu propia liberación personal (eso sería Hinayana). En el Mahayana, por el contrario, estás conectado no sólo a Buda, sino también a todos los seres que sufren y arden en los infiernos.

El zazen es tu propia verdad personal, con la cual liberas tanto el eterno pasado como el eterno futuro. Es un hecho objetivo que en lo profundo de tu subjetividad, en tu fuero interno, puedes darte cuenta de que cuando algo te va mal, también le va mal al sol y a la luna. Cuando, por el contrario, algo te va bien, hasta los rábanos que tienes en el plato sonríen. Pero cuando estás furioso, hasta la alfombra se excita contigo. Ahí se encuentra la raíz de tu mundo.

Lo que ves no se encuentra fuera de ti mismo. Por eso puede también decirse que todos los fenómenos no son más que tu propia sombra.

Lo que los otros ven no es tu propia experiencia. Tú has de descubrir tu propia verdad. El satori no se encuentra en alguna parte ahí fuera: se trata de ti mismo. Se trata de dar un giro de 180 grados a tu modo de vida, a tu modo de ver las cosas, de oír y de oler, de degustar y saborear. Has de regresar a la vida. Nunca encontrarás la respuesta en los libros.

El marco de nuestro ego es tan limitado que sólo vemos el mundo muy desfigurado. Observamos las cosas como a través de unas lentes tintadas. Y eso que vemos, a menudo ni siquiera existe: ¡nos fijamos sólo en las telarañas que tenemos ante los ojos! Hemos que quitarnos esos anteojos tintados para poder ver las cosas tal como son: transparentes y sin afeites. Entonces conoceremos también que las montañas y los ríos, los árboles y los prados no existen separados de nosotros.

Este mundo es tu mundo, es mi mundo. Es como si millones de luces, una por cada persona, se iluminaran mutuamente. Cuando yo muera, también morirán conmigo mi monte Fuji, mi cielo y mi tierra. Esta taza de té morirá conmigo.

Soy mi propio mundo. Si muero, el mundo muere conmigo. Dirás: “Pero aún cuando tú mueras, ¡este mundo seguirá existiendo!”. No, mi parte del mundo muere conmigo. Pues cada uno de nosotros está completo, sin que falte nada. Seguir la Vía del Buda significa hacerse plenamente consciente de este hecho.

Vienes al mundo con tu universo. Y cuando mueres, tu universo muere contigo.

8. Zazen es el viejo patriarca

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Se educa a los niños alabando o censurando su conducta, pero eso no es suficiente. Así se educa solo a personas dependientes del elogio de los demás, que al no tener seguridad en sí mismas se convierten en cáscaras de nuez vacías. La práctica del zen es justamente así: aunque Dios o Buda se mueran, aunque no quieran saber nada de ti, tienes que disponer por completo de ti mismo. Has de ser uno contigo mismo.

Vivimos nuestra vida de forma provisoria, como si alguien nos hubiera dado cuerda. Nos movemos como un robot de juguete, hasta que se nos acaba la cuerda. Zazen significa no permitir que se nos dé cuerda desde el exterior, sino vivir uno mismo su propia vida.

Cuando dices que no tienes tiempo, eso quiere decir que te dejas esclavizar por algo externo. Te quemas como una bengala. Sé más bien impasible, sé por completo tú mismo. Es importante que vivas tu vida firmemente cimentada en ti mismo.

Impasibilidad significa estar firmemente asentado. Firmemente asentado ¿en qué? En ti mismo. Has de estar firmemente asentado en tu vida diaria. No te dejes encandilar por cosas externas. Tampoco te dejes esclavizar por tus impulsos, no persigas constantemente tus ilusiones. Permanece inmóvil aun cuando creas haber contemplado al Buda o el Dharma. No dejes que nada te extravíe.

No sé qué hacer con el satori. Esto no significa que me aflija al decir que “ni siquiera tengo el satori...”. sino que lo digo completamente seguro de mí mismo: “¡ni siquiera tengo el satori!”Satori no significa darse importancia a sí mismo. Significa hacer sencillamente lo que haces. Haz simplemente lo que haces, sea lo que sea. Esto vale no sólo para el zazen: todo lo que hagas debes simplemente hacerlo. ¡Alto el fuego, sé simplemente tú mismo! Sencillamente ser. Ser sencillamente tú mismo. Eso es samadhi.

El pájaro canta sencillamente su canción. La primavera trae la primavera, el ruiseñor pone de manifiesto al ruiseñor. Todo es sencillamente como es, y no lo es para ti ni para mí.

No se trata de por qué haces algo. Vive tu vida como si pulieras una teja: no hay nada que ganar. Tu vida ha de ser práctica sin fin.

Llevar una vida religiosa quiere decir mantener una postura erguida incluso cuando nadie te ve. Has de ser transparente a ti mismo, penetrarte por completo con la mirada. Practicar la verdad allí donde nadie mira: de esto es de lo que se trata.

Me marché de casa a los dieciséis años. Nunca olvidaré ese 10 de junio. Cuando pienso en mi estado de ánimo de entonces, parece que el joven Saikichi me grita: “¡Eh, Kodo, no te duermas en los laureles! ¿Quién crees que eres?” A esta voz he de agradecer que aún hoy en día, con pasos inseguros, continúo hacia delante en la Vía del Buda.

Horyuji es el mejor templo de Japón. Sin embargo, no encontrarás ahí ningún budismo. El budismo lo encuentras sólo en ti mismo. Pero para encontrar de verdad a Buda en ti mismo has de darlo todo. Lo das todo y finalmente lo captas, y sin embargo sólo eres un espíritu hambriento. Vuelves a darlo todo, y sin embargo sólo alcanzas a oír la voz de Buda a lo lejos. Lo das todo una vez más, y sigues sin alcanzar a Buda. Buda está más que lejos de ti. ¿Qué otra cosa puedes hacer sino “olvidarte simplemente de ti mismo y continuar paso a paso con la prácticai?

Yo me regaño constantemente. Regañarme a mí mismo significa tener la vista fija en mí. Esto quiere decir reorientar la luz e iluminarme a mí mismo. Lo único de lo que aquí se trata es de ti mismo.

Reorientar la luz e iluminarse a uno mismo significa estar completamente expuesto a uno mismo. Significa sentarte tranquilamente y contemplarte a ti mismo, como si estuvieras en una butaca en el cine. Si te contemplas de esta manera comprenderás a todos los seres que sufren: comprenderás que tú mismo eres uno de esos seres que se han enredado en su propia ignorancia.

Cuando te encuentres contigo mismo, te verás como realmente eres. Encontrarse a sí mismo es un asunto sólo entre tú y tú. Entre tú, el alumno, y tú, el maestro, y nadie más.

Transmitir el Dharma significa transmitirse a sí mismo en sí mismo. Y eso quiere decir volverse por completo uno consigo mismo.

Hablas sobre la vida de Buda y los hechos heroicos de los monjes zen de otros tiempos. Cuentas lo que has leído en los sutras. Pero ¿a quién le interesa ya eso? El problema del que ha de tratarse es de ti mismo. ¡Es tu problema, y a este problema ha de dirigirse tu práctica!

¿Crees que Dogen Zenji era un magnífico maestro zen? Pero ¿qué hay de ti mismo? Ilusión significa perder el tiempo con discursos sobre otros. Eso es como si murmuraras mientras duermes. “No sostener teorías vacíasii quiere decir dejarse de sutilezas y verborrea y ser por completo uno con este instante, aquí y ahora.

Hay personas que siempre buscan mi confirmación: “¿Es ahora suficiente?”, “¿Estoy al fin listo?”“¿He alcanzado ya el satori?”. Mientras necesites la confirmación de otros, tu práctica no es pura. Si la Vía está realmente firme bajo tus pies, ya no es necesario preguntar a otros por la dirección a seguir.

Cada uno de nosotros es la luz: ninguno nos distinguimos un ápice de Buda, simplemente nosotros nos hemos desviado un poco del camino. Por eso hemos de escuchar claramente, con todo este cuerpo nuestro aquí vivo, la voz con la que nos habla la reluciente sabiduría. Hemos de manifestar el Dharma de Buda con nuestro cuerpo. ¿Que podría ser más maravilloso que esto?

Ese conglomerado de células que llamamos persona corriente es la manifestación de Buda. Aquí radica el significado del zazen. Zazen es el viejo patriarca que, al mismo tiempo, es tu totalmente nuevo “yo”.

Buda significa tú mismo. Si tú no vives como Buda, ¿quién entonces?

i Frase procedente del Gakudoyojinshu, “Puntos esenciales en la práctica de la Vía”, una de las principales obras del maestro Dôgen. Traducida y publicada por Dokushô Villalba en Miraguano Ediciones, Col. Textos de la Tradición Zen, Madrid 1990.

ii Frase procedente del Hachi dainin Gaku, “Las ocho realizaciones del Gran Hombre”, el último de los 95 capítulos del Shobogenzo, del maestro Dôgen, que recoge las últimas enseñanzas del Buda Sakiamuni contenidas en el Sutra del Nirvana. Fue también la última enseñanza impartida por Dôgen a sus discípulos antes de morir.

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