32. El universo entero no es más que conciencia despierta.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Todo en esta vida lo hemos recibido de regalo, en realidad no nos falta nada. ¿Qué más podríamos desear? Y este hecho ni lo destacamos ni nos oprime lo más mínimo. Esto quiere decir que ahí no hay nada: la vida no sabe de pérdidas ni ganancias. No se puede medir, no tiene una forma fija.
¿De dónde viene este aliento? ¿De dónde viene la repentina ira en tu estómago? ¿De dónde viene ese enamoramiento tuyo? Por mucho que busques, no encuentras respuesta. Sucede igual con los fuegos artificiales: basta con contemplar, ahí no hay muchas preguntas que hacerse. Esto es también aplicable al satori: ahí no hay nada, arde igual que los fuegos artificiales. Lo que permanece no es satori ni ilusión, sino sólo el mundo más allá del satori y la ilusión, más allá de lo “bueno” y lo “malo”.

Te rompes la cabeza buscando la manera más rápida de llegar del punto X al punto Y. La respuesta de la práctica de shikatanza1 consiste simplemente en regresar al punto en el que esas ideas no cuentan. Sentado en zazen no hay ni rico ni pobre, ni hábil ni torpe. Se trata de regresar a ese punto y simplemente sentarse con firmeza en el suelo.
¿Crees que el dinero es la causa de tus ilusiones? No, el dinero no tiene intenciones. Y tampoco es culpa del perfume que vuelvas la cabeza para mirar a una chica. Si prescindes de tus intenciones, no hay nada ahí.
Los cipreses se realizan como cipreses, la montaña se realiza como montaña. Solo la gente se rompe la cabeza pensando cuánto puede costar eso.
La nariz percibe el olor de la anguila asada y eso es todo. Tus ojos ven una chica guapa y eso es todo. Mientras no adoptes la perspectiva de tus apetitos humanos, no hay nada ahí. Deja simplemente que las cosas sean tal como son.
“El pájaro canta, la flor brota. Por sí mismos, de forma natural”. No se les ocurren cosas como: “Ahora voy a impresionar a Sawaki con este trino”. O “¿No tienes ojos en la cara? ¿No ves con qué primor florezco?”. El pájaro canta sin más, la flor brota sin más. De esta manera se realizan ellos mismos, como ellos mismos, por sí mismos.
Las diez mil cosas permanecen totalmente serenas. Incluso cuando el viento sopla y agita las flores. Y cuando llueve y tu preciado traje se moja, tú eres el único que se irrita, la lluvia se mantiene tranquila.

La gente dice que Sawaki tiene una gran nariz, pero mi nariz nunca ha dicho eso de sí misma ni se ha preocupado jamás por ello. Es grande y calla. Es igual con el resto de las cosas: son como son, sin pensar en ello. Llevado a la práctica esto significa zazen.
Las cosas no dicen: “¡Soy una soberbia pieza de cerámica!”. O: “Sólo soy un jarrón barato…”. Las cosas callan, pues carecen de verdadera sustancia.
Todas las cosas son en realidad como son: la montaña, una montaña; el río, un río; el tatami2, un tatami; la ventana, una ventana. Y si contemplas detenidamente las diez mil cosas, verás que, tal como son, son el cuerpo del Buda. Solo que ellas nunca han tenido conciencia de ser Buda iluminado, desde siempre se les cayó esa venda.
La Vía del Buda es el mundo en el que no hay cosas tales como el satori. En ese mundo no hay enemigos ni aliados, ni nada por lo que luchar. Por eso la gente dice que el Budismo es “aburridísimo”.
La sabiduría es diferente de la inteligencia. Quien es inteligente se coloca en el término medio, pero la sabiduría consiste en comprender que no existe tal punto medio. No hay ningún yo. Por eso los sabios no se ocupan de sí mismos. El sabio no busca la liberación para sí solo.
Cuando te echas un pedo, apesta. ¿Qué es verdad sino eso? No hay nada en el espacio y el tiempo que no sea expresión de esta verdad. ¿Es lo blanco mejor que lo negro? ¡Quién puede decidirlo! Del mismo modo, todas las cosas expresan el Dharma, sin que unas sean mejores que otras.
La luz cósmica lo penetra todo, no hay rincón que no ilumine. Siempre que parece que una cosa existe y otra no, o que una cosa surge mientras que otra perece, no es más que la luminosidad de la luz cósmica. Por eso no hay nada que tomar ni que dar. Pues el tomar y el dar mismos son esa luminosidad.
Cuando no observes el mundo perecedero con desprecio –esto es, cuando pongas en práctica el no-pensamiento–, entonces quizás adviertas que todo en el universo entero no es sino conciencia despierta. Eso quiere decir que el suelo sobre el que ahora te sostienes ha de ser el paraíso y que en cada instante has de entregarte por completo a la tarea que te ocupe en ese momento.
La Vía del Buda es realidad cósmica, la verdad de la gran naturaleza. Por eso todos los fenómenos son expresión de la Vía del Buda.
Cuando Sesshu3 pinta ríos y montañas, está pintando al Buda. Todos los fenómenos son manifestaciones del Buda, eso es satori.
Buda significa el universo tal como es desde el principio. El universo es un único mandala, un enorme altar del Buda. Todo lo que ves es parte del mandala cósmico, todo lo que oyes es un mantra cósmico.
Lo que llamamos “Buda” o “Vía” adopta cualquier forma; es como un material que se puede procesar y convertir en cualquier cosa. Podemos también dibujarlo sobre el papel con figura de demonio o de serpiente, pero de esa manera le adjudicamos una forma fija. Nuestra práctica ha de consistir en conservar esta mente, como Buda que es, fresca y viva.
Todo es la Vía del Buda, no hay nada que no sea la Vía del Buda. No debemos reducirla a un texto que recitar. La Vía del Buda no puede convertirse en un concepto trillado, ha de ser nueva en cada instante.

  1. Shikantaza, se traduce habitualmente por «sentarse, simplemente sentarse». La traducción literal es «sentarse con una resolución total».
  2. Tatami es la estera de paja de arroz con la que se hacen los suelos de las casas japonesas tradicionales.
  3. Sesshu Toyo, (Akahama, Japón, 1420-?, 1506) Pintor japonés. Fue discípulo de Shubun y el pintor más destacado de su época, así como uno de los grandes maestros de la pintura japonesa de todos los tiempos. Conoció a fondo la pintura de China a raíz de un viaje por ese país que realizó en 1468-1469. El estilo chino y diversos rasgos de las técnicas pictóricas japonesas están en la base de su singular estilo, que se caracteriza por la intensidad y la dureza del trazo. Destacó sobre todo en el género paisajístico y en el de pájaros y flores, a los que otorgó por primera vez un papel protagonista. En el conjunto de su creación artística destacan de manera especial el Rollo del largo paisaje y la pareja de biombos Flores y enebro.
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31. ¿Quieres estar tan cerca de tu maestro iluminado como un piojo en los calzoncillos?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


No te apegues tampoco a tu maestro. Ni siquiera a Buda o al Dharma debes apegarte. Un monje de nombre Mugai lloraba al tener que despedirse de su maestro, Nishiari Zenji. Nishiari le dijo: “¿Quieres estar siempre cerca de mí? Si tan enganchado a mí estás, ¡conviértete en un piojo y métete en mis calzoncillos!”
Los hombres deberían olvidarse del ser-hombre, las mujeres del ser-mujer. Los ricos han de olvidar su riqueza, los pobres su pobreza. Y los monjes su condición de monjes. Sólo cuando de este modo lo olvidas todo aparece el verdadero Dharma.
Es importante contemplar este mundo desde la perspectiva de la muerte. ¿Cómo se ve el mundo desde el ataúd? Mientras vives, sólo ves el mundo de tus ilusiones. Únicamente cuando mueres viene este mundo a la vida auténtica. ¿Por qué es tan difícil comprender lo evidente? Nos dejamos confundir por nuestros hábitos. Cuando te haces monje, empiezas a adquirir “hábitos monacales”, y te dejas engañar por ellos. O por el “espíritu de la época”, o por el “ambiente”. Y empiezas a lamentarte de tu destino y te echas a llorar . Pero ¿en qué estriba tu infelicidad? Fuera de ti mismo no hay nada que pueda definirse como “felicidad” o “infelicidad”.
La vida es un sueño que sueñas con tus esquemas mentales. Cuando dices que te divierte, entonces la vida te divierte. Cuando por el contrario crees que te aflige, entonces te afliges. Y por mucho que puedas estar divirtiéndote, en algún momento llegará el tedio.
Nada en la vida es firme: al acercar la mirada, la felicidad parece infelicidad o la infelicidad felicidad. En realidad no hay ni una cosa ni otra, ni alegría ni pena. Nada ha de ser de una determinada manera; todo está bien tal como viene. Son las personas las que montan todo un teatro alrededor. Es la vida.
Si te pones a analizar la vida en serio, advertirás que eso que llamamos “felicidad” e “infelicidad”, “alegría” y “pena”, “cielo” e “infierno”, “iluminación” e “ilusión” no tienen la menor consistencia. Es como si habláramos en sueños. En realidad, hace tiempo que estábamos ya en las buenas manos de la verdad omnipresente.
La vida es una comedia. Para ti sería mucho más fácil si te dijeras que en esta obra representas el papel del criado. Pero como tomas esta representación teatral por la realidad, no estás conforme con ese papel. Si por el contrario se te adjudica el papel de ministro, entonces sacas pecho. Incluso hay quienes se echan a llorar porque se les ha pasado la hora de la función.
Muchas cosas en la vida no son más que productos del cerebro: conceptos que hemos ido llenando de aderezos. Hemos de volver a nosotros mismos, despertar a nosotros mismos y ver el mundo tal cual es, desnudo, sin nuestras fabricaciones. El Dharma del Buda no significa otra cosa que eso. Hemos de olvidar de una vez todo lo que nos han enseñado, lo que sabemos de oídas. Sin embargo, nos dejamos engañar por el saber que hemos acumulado, por lo que hemos aprendido en la escuela o hemos visto en la televisión.
En realidad no vivimos esta vida más que para pasar el tiempo. Pero cuando lo pensamos dos veces, de repente empezamos a preguntarnos por su sentido. Decimos: “He hecho esto y aquello, ¿qué recompensa recibiré por ello?”. Tratamos así de procurarnos buen karma, pero no hacemos sino contaminarnos a nosotros mismos. Es mejor vivir siempre con desenvoltura, empezando de nuevo en cada momento. El karma comienza en el instante en que no tomas ya las cosas como son. Cuando dejas de ser como exactamente eres, empiezas a adherirte a tu ego. La gente se deja arrastrar por ese karma.
No hay nada que puedas agarrar, nada que sea definitivo. En el momento en que te desprendes de todas las ideas que te has fabricado, ahí comienza el camino.
Hay gente que quiere discutirlo todo con antelación: “Suponiendo que sucediera esto y aquello, ¿qué haríamos entonces?” A esto siempre respondo: “No hay problema, ¡al final morimos!”. Romperte la cabeza sobre lo que harías en tal caso o en el otro no es sino fabricarte preocupaciones. Los verdaderos problemas te llegan por sí solos.
La vida es como una guerra: estás constantemente procurando tener a tus enemigos bajo el fuego. Zazen significa hacer callar las armas. ¡Alto el fuego!
No vemos con claridad porque nos dejamos engañar por los hábitos de nuestros ojos, oídos y nariz. Nuestra mente ha de estar tan limpia como una hoja en blanco. El mundo se nos ofrece fresco y lozano cuando lo contemplamos desde el ilimitado y limpio cielo del zazen.
Si tienes ante la vista siquiera una pequeña esquina de lo inconmensurable, todos tus juicios de valor de persona corriente se desvanecerán en el aire. Había uno que por sus crímenes de guerra hubo de pasar tres años en prisión: luego se vio por vez primera como un hombre desnudo, al que todas sus condecoraciones y distinciones ya no le aportaban nada.
Fe significa ser iluminado por el yo inconmensurable que está totalmente unido al Buda. Este es el yo que tú no eres, el yo que no puedes pensar.

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30. Ya vives en el nirvana, ¿y todavía te preocupas por ganar más dinero?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Te adornas con títulos y distinciones, y ni siquiera sabes quién eres realmente. No sabes a qué azarosas circunstancias debes tu nacimiento y tampoco por qué respiras. Sin darte cuenta te has enamorado de una chica y, de repente, te ves con esposa e hijos y sigues sin saber nada.
No tienes que preocuparte tanto de si eres feliz o no, de si la vida te agrada o no. Incluso de eso que te agrada te hartarás en algún momento, mientras que de pronto puedes empezar a hallar gusto en aquello que no te gustaba. En resumen, todo es vacío.
Todas las cosas existen sólo por interacción kármica, de modo que no hay nada que sea algo por sí mismo.
Nirvana es el mundo en el que el vacío no se muestra más que como vacío. Ahí no hay absolutamente nada. Pero la gente corre frenética persiguiendo o huyendo de algo. Ahí no hay nada que alcanzar ni lugar en el que puedas esconderte.
Vives en medio del nirvana y todavía te preocupas por lo que recibirás a fin de mes.
Tanto en tu conciencia como en tu vida es importante que no te dejes trastornar por pamplinas. Sin embargo, te derrites cuando recibes elogios y te hundes cuando no. Sigues bebiendo cuando tu sed está ya saciada y no sabes cuándo tienes ya suficiente de algo. Dejas que cualquier cosa te tome bajo su control hasta que al final ya no sabes qué hacer con tu vida.

El perro negro le dijo al perro blanco:

– Oye, perro blanco, si los rumores son ciertos, los perros blancos cuando mueran renacerán como humanos. Me gustaría estar en tu lugar: siendo humano podría comer con cuchillo y tenedor y andar sobre dos piernas. ¡Qué bien estaría eso! Pero siendo un perro negro, ¿qué garantía tengo de renacer como humano?

El perro blanco, con voz llorosa, respondió:

– Eso me dicen todos, y también yo creo que la próxima vez renaceré como humano. Sólo una cosa me preocupa….
– Cuál?
– Me pregunto si siendo hombre recibiré suficiente mierda para pasar la canícula.

El mundo de los perros es diferente al de los humanos. El perro que durante la canícula no tiene heces que comer sufre un golpe de calor. Pero ¿qué persona comería heces? A esto se refería Nishiari Zenji 1 cuando dijo que tan difícil era hacerle comprender a una persona corriente el Dharma del Buda como despertar en un niño de pecho el interés por la pornografía.
Algunos beben té y comen galletas para consolarse y olvidarse de su vida. Con cada galleta tapan una ilusión, con cada galleta aparece una nueva.
Un caballo nunca se comporta peor que un caballo. Las personas tienen opción de ir más allá de su condición humana; sin embargo, prefieren dejarse arrastrar por sus instintos animales.
Eres mortal. Y pese a ello no te interesa más que el dinero y la buena mesa. Hasta el momento de tu muerte te afanas en acumular todo cuanto sea posible. Ésa es la causa de tus padecimientos.
En vez de creer que el dinero te convierte en alguien especial, piensa en quien está tras la ventanilla en un banco: también por sus manos pasa continuamente dinero.
¿Qué mal aqueja a los seres sufrientes? La locura colectiva. No necesitas tanto dinero para vivir, pero la locura colectiva te hace creer que aún no tienes suficiente. También el afán por hacer carrera es expresión de esta locura colectiva.
Has de ser una persona que no se deje embaucar por nada en la vida. No eres un pez gobio 2 que muerde cualquier anzuelo. Por desgracia, la gente corriente muerde fácilmente los cebos que se le presentan. Por eso en nuestra práctica hemos de estar sobre todo atentos a no dejarnos arrastrar por nada ni nadie.
La gran naturaleza no conoce el nerviosismo, solo las personas se estresan de continuo. ¿Cuál es el origen de esta contradicción? Yo creo que se debe a que sólo las personas se rompen la cabeza pensando por qué son tan desgraciadas y qué tendrían que hacer para ser más felices.
La gente está siempre huyendo. Se ocultan por aquí, se ocultan por allá, siempre a la busca de un mejor escondrijo. ¿Cuándo llega la huida de una persona a su fin? Cuando la meten en el ataúd.
No se trata de huir tan lejos que nuestras penas y preocupaciones no puedan ya alcanzarnos. Tampoco tratamos de perseguir una cosa allá donde haga falta hasta que la consigamos. La cuestión es vivir con este cuerpo, tal como es, bien cimentado en la enseñanza del Buda. La esencia de la enseñanza del Buda es experimentar el nirvana dentro del samsara3.
Cuando brille el sol, déjalo brillar; cuando nieve, deja que nieve. Has de contemplar el panorama en conjunto, no sólo tu pequeña parcela personal. Pero la gente prefiere fabricarse cosas en lugar de tomar la naturaleza como es.
Tu cuerpo, tal como es, irradia la luz de la verdad. Lo único que se interpone en el camino de esa luz es tu mente y sus maquinaciones. Si olvidas todos tus secretos planes e intenciones y miras a tu alrededor con los ojos y los oídos bien abiertos, sin querer alcanzar nada, advertirás que todo está bien tal como es.
La grulla que despreocupada agita sus alas no habla de “paz de espíritu” y no se lamenta de “penas y preocupaciones”. No vuela tras nada y tampoco delante de nada.
Nada en el mundo tiene verdadera importancia: el dinero no la tiene, tu carrera profesional tampoco, lo que te guste o no es irrelevante. Nada tiene menos interés que lo que a la gente interesa. ¿Catástrofes? No son nada. El propio Ryokaniv4 decía: “En la desgracia has de enfrentarte a la desgracia. Cuando mueras, ¡muere!”. De esta fabulosa manera puedes zafarte de cualquier catástrofe.
Si cierras lo ojos y piensas en lo que has dejado atrás, advertirás que todo es vacío. Observado en este instante, desde la distancia, no era “bueno” ni “malo”.

  1. Nishiari Bokusan, Nishiari Bokusan Kin’ei (1821-1910). La mayoría de los maestros contemporáneos de la escuela Sôtô se refieren a las enseñanzas de Nishiari Bokusan, una figura importante de la escuela Sôtô premoderna. Este monje representa el arquetipo del “especialista en Shôbôgenzô» (jap. genzôka) que pasa la mayor parte de su vida estudiando textos Zen y, más concretamente, los del maestro Dôgen.
    Nacido como Sasamoto Mankichi, Nishiari se hizo monje a la edad de 13 años bajo la dirección del maestro Kinryû en el templo de Chôryû-ji. Recibió el nombre monacal de Kin’ei. Bokusan es el segundo nombre monacal bajo el que generalmente es más conocido. En 1842, recibió la transmisión oficial (jap. dempô) del maestro Zen Ansô Taizen del templo Honnen-ji. Aunque fue nombrado rápidamente jefe de templo, Nishiari se fue al templo de Kaizô-ji para profundizar sus estudios sobre el Shôbôgenzô bajo la dirección del maestro Gettan Zenryû (¿? -1865). Permaneció allí doce años. Su biografía cuenta que se iluminó escuchando al maestro Gettan pronunciar, durante una enseñanza formal, “el saber y la visión no dependen de los conceptos”, una frase del Sûrangama sûtra. Nishiari dirigió numerosos templos: Kasuisai-ji, Shûsan-ji, Hôsen-ji, Hôrin-ji, Honnen-ji, Hôkô-ji, Kôryû-ji y Nyorai-ji. En 1901, fue nombrado decimotercer abad permanente del monasterio de Sôji-ji. En esta ocasión recibió el título imperial de Jikishin Jôkoku Zenji, “Maestro Zen del Reino Puro de la Sinceridad”. En 1902, se convirtió finalmente en superior general (jap. kanchô) de la escuela Sôtô. Ha dejado varios libros de comentarios de textos Zen chinos y de obras de Dôgen, en resumidas cuentas, de ejecución bastante clásica. Tuvo quince sucesores oficiales, entre los que se encuentran Kishizawa Ian (1865-1955) y Yasutani Ryôko (1885-1973)
  2. El gobio es un pez de la familia de los ciprínidos que se encuentra en las aguas dulces de Europa. En España parece ser nativo en los ríos Ebro y Bidasoa e introducido en otros
  3. Samsara es el mundo perecedero, en el que vida y muerte se suceden sin fin.
  4. Ryokan, también conocido como Daigu Ryōkan fue un monje budista Zen, calígrafo y poeta que vivió en Niigata (Japón) del 1758 al 1831. Descendiente de una familia acomodada, su padre, poeta de cierto renombre, ejercía la jefatura del poblado. El joven Eizo pasó su juventud dedicado al estudio. A los dieciocho años decidió entrar en un monasterio zen. Allí su vida dio un vuelco. Estudió con el famoso maestro Kokusen de la escuela Sotô. El monje budista Ryōkan compuso muchos wakas (poemas) en un estilo naif evadiendo intencionalmente las reglas complejas y el estilo tradicional del waka.
    Después de la muerte de su maestro, Ryokan fue reconocido como el único heredero y depositario de la Transmisión. Pero a pesar de haber sido designado como sucesor de Kokusen, eligió dejar el monasterio de su maestro. Pasó los veinte años siguientes en una ermita en la montaña. La llamó Gogo an. En los últimos años conoce a Teishin, una monja zen joven, con la que mantuvo una íntima amistad. En el final de su vida, abandonará Gogo an para instalarse en la residencia de su amigo Kimura Motoemon. El «gran tonto», ‘daigu’ en japonés, cómo él mismo se llamaba, murió en 1831, a los setenta y dos años.
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29. Si hubieras muerto el año pasado ¿quién te echaría de menos?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


¿Te preguntas por qué tu prójimo tiene esa expresión de enfado? Quizá se deba a que tú mismo estás enfadado con él y él te corresponde con la misma mirada de enojo. Lo que sientes por los demás se refleja en su actitud hacia ti.
Observamos las cosas a través de nuestros anteojos tintados. En el budismo llamamos a eso “karma” o “ilusión”. El mundo que nos satisface y el mundo que nos desagrada son fabricaciones nuestras.
Dices que lo has visto con tus propios ojos, pero ¿hasta que punto puedes confiar en tus ojos? ¿Quién establece qué es bueno y qué malo? ¿Quién establece qué es frío y qué caliente, quién decide sobre la victoria y la derrota y quién puede realmente decir si tu práctica es buena o no lo es? Cada uno lo ve a través de sus propios anteojos del karma y la ilusión. El mundo que vemos no es más que el conglomerado de nuestras ilusiones.

Un anciano que desde hacía años mantenía relaciones con la esposa de otro, ahora que está enfermo en cama cree que esa mujer –también ya anciana– le engaña con otro. Esta idea ilusoria es una proyección de su propio karma pasado, que ahora se presenta ante él de forma gráfica y concreta. Todo ese teatro que se monta la gente gira en torno a un espejismo. Nos dejamos engañar por las proyecciones de nuestro propio karma.
En la vida cotidiana nos dejamos llevar por nuestras caprichosas emociones de alegría o pena, de inquietud o felicidad. El ajetreo que podemos observar en las calles comerciales de Tokio – en Shibuya, Shinjuku o en Ginza– no es nada en comparación con el jaleo que reina dentro de ti. Es la consecuencia inevitable de tu karma pasado, que se manifiesta en muchas capas que se superponen unas a otras.
Tu vida es el resultado de tu propio karma. En este momento, incluso aquí he gastado un poco del combustible de la ilusión; pero sólo un poco, por eso me veis tranquilo. Sin embargo otros tienen el tanque algo más lleno.
En algún sutra se dice que a quien durante toda su vida ha hecho el mal, a la hora de la muerte las paredes, puertas y pilares se le mostrarán en forma de demonios. Cuando uno está a punto de morir y la conciencia empieza a apagarse, las acciones del pasado regresan para atormentarle y hacen que se retuerza en el dolor de su propio karma. Esto es cierto, tú mismo lo experimentarás.
Vas montado en un vehículo de Buda, pero como no eres consciente de ti mismo vives en tu sueño de karma e ilusión. Te mueves así en ese vehículo como en una montaña rusa, dando vueltas por los seis mundos. 1 Tus ilusiones carecen de sustancia. Proceden de tu karma. Sólo parecen ser lo que son.
Lo que llamas frío o caliente, alegría o pena, lo llamas así sólo por comparación con tu vida pasada. Eso es karma sin sustancia. No existe, pero tampoco puede decirse que sea nada.
En la vida no hay felicidad ni infelicidad. Todo depende únicamente de tu perspectiva particular. Hay gente que incluso en la situación más dichosa se ahoga en su pena.
Por bien que te vaya, piensa que no es más que un estado de ánimo pasajero. Por mal que te vaya, piensa que también esto no es más que un estado de ánimo pasajero. No puedes tomarte todo eso tan en serio.
El cuerpo humano es una estructura provisional compuesta por los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego. Pero si alguna vez indagas a fondo qué es lo que en lo más íntimo mantiene este cuerpo unido, verás que no hay nada que hallar. “Cuando despiertes al cuerpo del dharma, verás que no hay nada2. Desde la perspectiva de la insustancialidad no tiene la menor importancia el curso que tomen las cosas. ¿Quién te echaría de menos si hubieras muerto el año pasado? ¡Nadie! Ni siquiera tendrías por qué haber nacido. Y si hubieras venido al mundo en forma de gato o caballo, tampoco nadie tendría nada que objetar.
Has de tomar conciencia de lo que tu cuerpo significa. Si la existencia de tu cuerpo es un engaño, entonces no hay en realidad ni nacimiento ni muerte. Si reflexionas seriamente sobre ello, comprobarás que tu cuerpo es sólo un sueño. No es real, sólo te parece real.
Te pase lo que te pase, si lo observas a la luz de lo ilimitado verás que no es nada. Lo mismo sucede cuando alguien te hace un regalo: estás fuera de ti de alegría, pero en realidad eso no es absolutamente nada.
Sakiamuni Buda dijo: “No debes tomar lo que no te pertenece”. Hogen Bikkhu respondió: “Entendido”. ¿Que entendió? Que no había en todo el universo nada que le perteneciera. Y que tampoco había nada que tomar. Estaba tan desnudo como un recién nacido.
No hay nada que te pertenezca, tampoco nada que me pertenezca a mí. Todo lo que dices que es de tu propiedad, tan sólo lo has tomado prestado por el breve espacio de tiempo de tu vida.
Hablas de victoria y derrota, de ganancias y pérdidas. Es como si pretendieras contar las olas del mar. El agua del mar no aumenta ni disminuye, pero tú sólo tienes ojos para la espuma de las diez mil olas que se alzan ante ti. Pasas así la vida zarandeado por las olas del pasado.

Ve más allá de lo masculino y lo femenino, de la riqueza y la pobreza. Cuando trasciendas todo eso, al final comprobaras que no es más que una obra de teatro. Incluso Buda y el satori son sólo sueños. Cuando contemples tu vida desde la perspectiva de la nada, verás que no son más que escenas de un confuso sueño. No hay ahí “sentido” ni “finalidad”.
¿Despiertas de tu sueño y piensas que ya has dejado para siempre atrás tus ilusiones? No es tan sencillo. Mira las burbujas que un cangrejo expulsa bajo el agua. Cuando crees que son reales, se revelan irreales; cuando por el contrario las tomas por irreales, comprobarás que son reales. Practicamos dentro de nuestro sueño. Está bien así. Siendo uno con la práctica, uno con el sueño.
La historia de tu vida es como el paso de las nubes. El vasto cielo es el vacío. No hay nada que atrapar, verdaderamente nada 3.

  1.  El mundo infernal, el de los espíritus hambrientos, el de los animales, el de los demonios combativos, el de los humanos y el de los seres celestiales
  2. Extraído del Shodoka, “El Canto del Verdadero Despertar”, de Yoka Daishi
  3. Pocos días antes de morir, señalando hacia la ventana, Kodo Sawaki dijo: “Ven aquí, ¿ves la ladera del Takagamine? Puedo oír cómo la montaña me llama: ‘¡Kodo, Kodo!’”
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28. Una persona extraviada es también Buda.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


¿Qué sucede cuando, para tratar de comprender la fugacidad, meditas siempre con la mente puesta en cadáveres putrefactos? 1. Al final, el mundo entero te parecerá lúgubre y sombrío. No te esfuerces en representarte lo bello como algo horrible. Una chica guapa no lo es porque te haga girar la cabeza y te distraiga de la meditación. Simplemente es guapa y eso es todo.
Cuanto más te ocupes de tu mente de mono y de tu voluntad de caballo, más brincos darán en el sitio tu mente de mono y tu voluntad de caballo burlándose de ti. Ya puedes practicar zazen, recitar el nombre de Amitabha Buda o seguir las normas tan fielmente como quieras, ya puedes también esperar a caerte de viejo, que nunca te librarás de tus ilusiones. Por desesperadamente que trates de extinguir tus ilusiones, no alcanzarás el estado del no-pensamiento o de no-mente; no harás más que volverte loco.

Cuando vayamos al fondo de nosotros mismos comprobaremos que ahí no hay nada especial. Al principio éramos amebas o células germinales, ni machos ni hembras. ¿Por qué entonces tratamos de aderezar nuestra fachada con fabricaciones erráticas como “belleza” o “fealdad” o “satori” o “ilusión”? Todos nuestros juicios de valor son alucinaciones, nada más que un sueño. Y sólo porque no queremos despertarnos de él nos retorcemos en nuestro dolor. Pero no podemos olvidar que somos nosotros quienes fabricamos ese dolor.
No te dejes atrapar por nada, no te ates a nada. Sea lo que sea que hayas alcanzado, no te detengas ahí o acabarás enmoheciendo. “La mente actúa sin asentarse en nada”2.  Por eso este actuar es ilimitado en todas direcciones
También la palabra “Buda” no es más que una mole de granito en tu mente. Has de librarte de tus conceptos de “Buda” o “Dharma” para verlo todo simplemente como es.
Dices “fuego”, pero al pronunciar esa palabra no te quemas la boca. Dices “agua”, pero eso no calma tu sed. Has de abandonar de una vez las palabras y volver la vista a la figura sin forma de la realidad.
La cuestión es si hablas acerca de las cosas desde un punto de vista mundano o desde el punto de vista de la enseñanza del Buda. Nada es realmente como se lo denomina; sin embargo, si conoces el significado de las palabras reconocerás que también estos nombres de las cosas son reales.
En todos los fenómenos concurren el uno y las diez mil distinciones. Todo va al uno y el uno se disuelve en todo. Esta interacción no se detiene ni un solo instante.
Si haces demasiado hincapié en el samadhi [el volverse uno], te entumecerás. Si por el contrario buscas con demasiado ahínco la sabiduría, te perderás en las diez mil distinciones. En nuestro caso no se trata ni de petrificarnos en un protozoo ni de convertirnos en profesores distraídos. Se trata de vivir el samadhi y la sabiduría juntos, como parte de nuestra vida diaria. Ésa ha de ser una actividad completamente espontánea, con ambos pies firmes sobre el suelo. Un ejemplo lo ofrece la vida diaria de Sakiamuni a lo largo de sus 40 años de predicación.
El vacío es la estructura de la nada que todo lo abarca. No hay budismo sin los seres que sufren.
Has de observar el escenario tras las bambalinas y observar desde el escenario lo que se oculta tras las bambalinas. “El escenario” es el ser, “tras las bambalinas” es el vacío. El escenario no es concebible sin lo que se oculta tras las bambalinas y sin escenario tampoco hay un “tras las bambalinas”.
“La forma es el vacío, el vacío es la forma” 3. Esto significa que forma y vacío son inseparables. El todo vivo que reside en esta división se manifiesta aquí y ahora ante nuestros ojos.
Si reflexionamos acerca de nuestra vida en este mundo desde el punto de vista del budismo, apreciaremos que es como un reflejo en el agua: la cara que se refleja en el agua soy yo, pero yo no soy esa cara reflejada. Seremos así testigos de la insondable e ilimitada concurrencia de “yo” y “el otro”.
La relación entre el ser humano y el Dharma del Buda es de una profundidad insondable. La persona corriente y el Buda viven juntos. No hay ninguna persona corriente aparte del Buda y no hay ningún nirvana fuera de la vida y la muerte 4. Has de encontrar la paz en medio de la casa en llamas.
Quien por su cuerpo tiene un tropiezo, también con su cuerpo encontrará de nuevo el camino. Por eso también puede decirse que este cuerpo, tal como es, es Buda. “La oscuridad de la sombra del pino depende de la claridad de la luna”. Cuanto más te sientes en zazen más claramente comprenderás que en ti conviven el Buda y la persona corriente. Eso es samadhi: un mundo complejo que se extiende ilimitadamente.
Lo que en zazen emerge a la superficie no son ilusiones. Es el contenido de ti mismo. “¡Ajá! Éste es mi aspecto por dentro. Ningún contenido del que pudiera sentirme orgulloso…”. Es importante hacerse por una vez esta reflexión. En ti mismo encuentras tanto al Buda como al diablo, a un animal o a un espíritu hambriento. Este escenario interno se encuentra en constante cambio: unas veces es el cielo, otras el infierno. Todo es reflejo de ti mismo. Cuando profundices tranquilamente en ello comprenderás que la doctrina de la escuela Tendai de “los tres mil dharmas en el interior de una conciencia”, la doctrina de “los setenta y cinco dharmas” de la escuela Kusha y la de “los cien dharmas” de la escuela Yuishiki representan explicaciones de este escenario interno de ti mismo.
¿Es la condición de persona corriente algo malo? No. Mientras no trates de sacarle partido, tu condición de persona corriente es como una nube que cruza el cielo. Que esa nube tenga la forma de una serpiente o de un demonio no tiene la menor importancia, se desvanecerá en la nada. Si la imagen de una chica guapa no quiere abandonarte, siéntate simplemente en zazen: en algún momento esos pensamientos pasarán como las nubes. No permanecerás decenios pensando en esa chica.
La vida es muerte, la muerte es vida. Pues todo es sólo un sueño: soñamos que vivimos, soñamos que morimos. En realidad, vida-y-muerte son uno.
Cada instante es un encuentro y una despedida al mismo tiempo: dentro de este instante concreto, nacimiento y muerte son una sola cosa.

  1. Se trata de una meditación propia del budismo Theravada
  2.  Frase extraída del Sutra del Diamante
  3. Frase extraída del Sutra de la Gran Sabiduría, Maka Hannya Haramita Shingyo, en jap.
  4. Shoji soku nehan, en jap.
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27. La práctica religiosa consiste en librarse de los conceptos e ideas obsesivas

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Si estás crispado no podrás librarte de tus ideas obsesivas. Si por el contrario abandonas tus aspiraciones, el mundo que te rodea cambiará al instante como por arte de magia.
Constantemente te das cabezazos contra un muro. ¿Por qué? Porque te empeñas en salirte con la tuya. No te entiendes para nada a ti mismo (ga-chi), ves todo desde tu propia perspectiva (ga-ken), tratas de ser siempre mejor que los demás (ga-man) y no amas a nadie más que a ti mismo (ga-ai). No es de extrañar que tropieces en cada esquina. Esto es peligroso para ti y para los demás. La práctica religiosa consiste antes que nada en mitigar esta obstinada actitud vital.
Todo el mundo se deja engañar por su pasado: “¡Antes tenía mucho más dinero!” “¡Antes era joven y guapo!” Cuanto más piensan en ello más se mortifican. Es propio de la naturaleza humana aferrarse a los conceptos e ideas personales. Llevamos una mole de granito en la cabeza. A esto es a lo que llamo nuestra “individualidad”: no queremos deshacernos de lo que nos pertenece muy personalmente.
Tus opiniones particulares son lo que te pertenece de modo totalmente personal. Esas opiniones particulares giran en último término en torno a ti mismo. Por eso lo que te pertenece de modo totalmente personal es el origen de tus problemas e ilusiones.
Los hombres se aferran a su condición masculina, las mujeres insisten en su condición femenina. Ambas partes se aferran obstinadamente a sus puntos de vista. La práctica ha de consistir en aplacar ese obstinado apego. Cuando estés realmente dispuesto a desprenderte por completo de ti mismo, no dependerás ya ni de tu vida. Por eso es importante para la práctica desarrollar una mente flexible y elástica, en lugar de aferrarte a tu estrecho marco personal. No te enredes en pequeñeces, conságrate al todo cósmico, a lo ilimitado. Es la disolución de este obstinado apego lo que designan expresiones como “espíritu religioso” o “satori”.
Lo que llamamos “ego” no es más que una idea persistente a la que nos aferramos en virtud de nuestras experiencias.
Si te desprendes de esta pequeña idea de “ego”, te descubrirás a ti mismo en el prójimo. Te descubrirás a ti mismo en todas las cosas: en una taza de té, en un par de sandalias. Y todas las cosas adquirirán gran importancia para tu vida. Eso es lo que significa practicar el zen.
Vive tu vida poniéndote en el lugar de tus padres, de tu esposa, de tus hijos. De ese modo te encontrarás contigo mismo en tus padres, en tu esposa, en tus hijos.
La razón por la que dices que la enseñanza del Buda es difícil de comprender es que no quieres olvidar el saber que has acumulado. Quien está falto de fe, no escucha; por eso no puede profundizar en la enseñanza, por mucho que se la expliquen. Solo a quien reciba la enseñanza ofreciendo tan poca resistencia como un barril sin fondo le será posible asimilarla.
Cuando inclinas tu cabeza ante el Buda sin ninguna afectación, se esfuma tu actitud egoísta. Tu pequeño “yo” se disuelve en el todo. Eso no significa que “tú” tengas el satori. Al contrario, “tú” te desvaneces, tu “yo” no se hace ya presente.
Buscamos el camino, pero ninguno de nosotros tiene la menor idea de dónde podría encontrarse: aquí no está, ahí tampoco. Por eso debemos empezar por dejar de confiar en nuestras propias ideas. En el instante en que uno se ha desprendido de todo, ve florecer un ciruelo: ¡el cosmos, henchido de la naturaleza del Buda! Así es como Reiun Zenji¹ se dio cuenta de que Buda y él estaban ligados indisolublemente, de que él mismo era Buda.
En la Vía del Buda no hallarás dos cosas distintas, sean las que sean. No hay separación entre Buda y yo. Pero esto no quiere decir que yo esté ligado a Buda como una mosca que trepa por la espalda de una estatua de Buda. Todo, tal como es, es el Buda cósmico. Solo soñamos que somos algo distinto: éste se tiene por rico, ése por pobre, y aquel otro por un hombre o aquella por una mujer; pero en realidad no hay ni hombre ni mujer, ni rico ni pobre. Cuando tras tu muerte te conviertas en cenizas, nadie dirá: “Estas son las cenizas de una belleza” o “Estas son las cenizas de un patito feo”.
Vivimos nuestra vida cotidiana dentro de la naturaleza original del Buda pero, pese a ello, nunca nos topamos con esa naturaleza. Es como el ojo, que nunca se ve a sí mismo.
El samadhi comienza en el momento en que vas más allá del sujeto y del objeto: yo y tú, quien ve y quien es visto. Cuando esta distinción desaparezca, tú y tu práctica seréis uno.
Yo no existo, tú no existes, los ríos y montañas, los pastos y los árboles no existen. Cuando “yo” existo, el cielo y el infierno existen. Cuando “yo” no existo, tampoco existen el cielo ni el infierno.
La Puerta del Dharma del Gozo y la Serenidad² no significa buscar el objeto de la fe. No busques en otro lado. Si buscas en otro lado, te alejas de la realidad que se encuentra aquí y ahora.
La fe de la que hablo es la fe en el principio eterno, en la verdad eterna. Esta fe consiste en abandonar las representaciones humanas.
¿Cómo es que en tiempos de Sakiamuni un viejo zoquete o una prostituta despertaron a la Vía? Eso se debe simplemente a que se desprendieron de su incredulidad. No eran ni especialmente sabios ni doctos, ni habían escuchado muchas enseñanzas del Dharma. Es solo que no tenían ninguna duda. Fue la fuerza de su fe inquebrantable lo que les condujo al despertar.


¹Reiun Zenji es el maestro chan chino Lingyun Zhiqin (jap. Reiun Shigon, f.d.), uno de los discípulos del maestro chan chino Guishan Lingyun (jap. Isan Reiyû, 771-853). Se dice que Lingyun Zhiqin alcanzó la iluminación al ver las flores de un durazno. Entonces compuso el siguiente poema:
“Durante treinta años
he estado buscando un espada rival (un objeto).
Muchas veces las hojas han caído y las ramas se han / desnudado.
Pero desde que vi el durazno en flor
no he vuelto a tener duda alguna».

²“La Puerta del Dharma del Gozo y de la Serenidad” es una expresión del maestro Dôgen en referencia al zazen, que se encuentra en su obra Fukanzazengi, “Para la difusión universal de los principios de zazen”. Una tradución comentada de este texto puede encontrarse en la obra de Dokushô Villalba “Riqueza Interior”, Miraguano Ediciones, Madrid.

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