26. Ser lo más pobre posible y huir del éxito

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


“Quiero probar con el zazen para convertirme en un hombre auténtico”. A esta gente le digo: “¡Tú nunca te convertirás en un auténtico hombre!”. Zazen es la manera más aburrida de pasar el tiempo. Sólo le dirá algo a quien está muy cansado de su vida humana, pues en zazen se trata de despedirse de ser humano. Zazen no es nada que el ser humano pueda imaginar.
Para una persona corriente zazen no es nada. Mejorar uno mismo, ascender unos peldaños… Eso son técnicas mundanas con las que una persona no llega a zazen.
La gente espera del zen inspiración. Si encuentras inspiración, eso será sólo inspiración, pero no zen. Todos quieren ser los primeros en experimentarla, tanto los científicos como quienes practican zazen. Pero, en realidad, todo lo que puedas experimentar personalmente –por grande e importante que pueda parecerte– no vale nada.

Cuando era un joven monje ponía todo mi empeño en alcanzar el satori. Fueoka Ryoun roshi¹ me dio una lección para toda la vida:

“No hay razón para ponerse nervioso, Kodo. Te comportas como alguien

a quien le cuelga de la nariz un resto de mierda y se pregunta:

‘¿quién se ha tirado un pedo?’

Mientras busques de esta manera nunca encontrarás nada”.

Y también:

“La vía del Buda no es una escalera por la que ir ascendiendo peldaño a peldaño.

Y el satori no es como las galletas, que comes una tras otra, y tampoco como los koanes,

que “cascas” uno tras otro. El satori no es cuantificable”.

¿Quién quiere el satori? “¡Yo!”. Un satori que gira en torno a este “yo” no es nada.
Los jóvenes que se devanan los sesos con sus koanes parecen pensar que el satori es algo individual: quieren un satori para sí. ¿Pero cómo puede darse individualmente lo que llena todo el universo?
Hay gente distinguida que se compra una casa con vistas a un maravilloso bosque de cedros, para luego cercarla y cultivar en el jardín sus propios cedros bonsái. Los seres humanos quieren tenerlo todo para sí solos.

¿Tomas por la realidad sólo lo que encaja en tu estrecho marco personal? ¡La realidad abarca todo el universo!
Si una vez en el ataúd reflexionaras de nuevo sobre ti y sobre todo lo que has acumulado a lo largo de la vida, te darías cuenta de que nada te pertenece. No era más que un juguete que se te prestó mientras durara tu vida.
No creo que ser nombrado kancho [el máximo cargo dentro de la escuela Soto Zen] sea un gran honor. Todos los sucesores de Buda han mendigado la comida. ¿Qué importancia podrían tener cargos y honores para quien vive en la indigencia?
¡Soy discípulo del maestro Fulano!” A esta gente sólo le importa el nombre de su maestro. Les importa más el envoltorio que el contenido.
Incluso en zazen trata la gente de conseguir algo. Hasta en la Vía del Buda se estresan.
A la gente sólo le interesa la pompa y el boato. La admiración que puedas despertar por ello no tiene ningún valor. Pues quienes te admiran no han entendido nada de la Vía del Buda. Te admiran a lo más como buen vividor. La práctica de la Vía del Buda ha de ser discreta y modesta. Ahí no puede haber nada digno de admiración.
Ha habido monjes que han muerto a espada, otros han muerto de hambre. La cuestión acerca de qué nos depare esta vida personalmente no tiene la menor importancia en relación con la Vía del Buda. No pienses que el Dharma del Buda te reportará satisfacción y tampoco trates de mejorar con el Dharma tu vida humana.
La vida de monje, el camino de la fe, consiste en poner a las personas al servicio del Buda.
Dogen Zenji no se preocupa en lo más mínimo por la cuestión de qué sea útil. Él dijo: “¡Sé lo más pobre posible, huye del éxito!”


¹Fueoka Roshi fue uno de los maestros zen que más influyó en Kodo Sawaki. Había estudiado durante años con Nishiari Bokuzan Zenji, un gran maestro de la Era Meiji (1868 – 1912), y cuanto más tiempo pasaban juntos, más le atraía a Sawaki su carácter franco y directo. Las charlas de Fueoka Roshi sobre el Gakudoyojinhu, el Eiheishingi y el Zazenyokinki, fueron la base de la práctica de shikantaza posterior de Kodo Sawaki.

Comparte:

25. Todos los aspectos de la realidad son satori.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


En la Vía del Buda has de observar las cosas desde un punto de vista elevado, a fin de conservar en tu interior la paz. De ese modo serás uno con el yo cósmico, para después regresar y vivir totalmente sereno tu yo cotidiano.
Dentro del no-pensamiento (fushiryo) hay entierros y bodas. Hay verano e invierno. No te preguntes si el verano es mejor o peor que el invierno. Contempla las diez mil distinciones desde el no-pensamiento.
Sabemos que no existe ningún “yo” y, sin embargo, nos hacemos daño cuando caemos al suelo. ¿De dónde viene este dolor? Todo el universo es uno con este dolor. Eso es todo.
Si tú sigues el curso de las cosas, cielo y tierra siguen el curso de las cosas. Cuando nadas a contracorriente, también el cielo y la tierra van contracorriente. En esta vida no hay ninguna razón para perseguir nada ni huir de nada. Por eso digo: ¡alto el fuego! Si te das completamente, carece de importancia el que sigas el curso de las cosas o nades a contracorriente.
Cuando se habla de abarcar con la mirada el paisaje cósmico de un vistazo, eso no tiene nada que ver con la distancia. Lo determinante es la precisión en el enfoque. Has de negar todas tus ideas ilusorias. Todo lo que has ido poniendo en tu cabeza es falso. Todo lo que crees y piensas es falso. Si de esta manera lo niegas todo, al final ya no quedará nada. Eso significa que te habrás quitado las gafas tintadas. Entonces, de repente, verás las cosas como realmente son.
No hay complicación alguna: las cosas son sencillamente como son. Y eso es todo. Y si está bien así o no, no tiene absolutamente ninguna importancia.
¿Qué es satori? Todos los aspectos de la realidad son satori. Satori no es un estado psicológico especial que experimentas en un determinado momento y lugar. Eso es una fantasía. El zazen sin límites espacio-temporales es el auténtico satori.
¿Crees que tu práctica religiosa podría llevarte al satori? No, tu misma práctica es satori.
Te esfuerzas en alcanzar tu satori. ¡Es como si quisieras colgarte un aro en la nariz!
¿Quieres liberarte? ¡Deja eso en manos del Buda! Si invocas el nombre de Amitabha Buda solamente con la esperanza de que él te libere, tu fe en Buda no es pura.

Mientras lo contemples todo bajo la perspectiva de tus opiniones personales, te encontrarás sumido en un sueño.
Si crees realmente en Buda mientras invocas su nombre, en la propia invocación está el paraíso.
Lo creas o no, zazen es Buda. Pero más allá del marco de tus opiniones y deseos.
Zazen significa simplemente sentarse, sin siquiera pensar en querer convertirse en Buda. Zazen es la mayor paz que puede haber en esta vida.
“Espíritu ilimitado, sereno”¹. No hay en ello nada extraordinario. No has de hacer nada, como una pluma que se balancea en el aire. Cuando la pluma cae al suelo, cae al suelo. Hay quien deposita sus esperanzas en tener una vida tan larga como sea posible. Pero no tenemos que esforzarnos en llegar a los setenta u ochenta años. Cuando mueras, muere sin más.
Has de regocijarte en tu muerte. Cuando ves una mujer bella te haces ilusiones, al igual que cuando hueles algo sabroso. Todos tus problemas radican en este cuerpo. Cuando este cuerpo se vaya marchitando, deberías respirar aliviado: “¡Al fin me liberaré del sufrimiento!”.
¿No es nuestra verdadera tarea en esta vida regresar a nuestro espíritu propio y original? Todo lo demás no es más que burbujas sobre el agua…


¹Expresión contenida en el Eihei koroku, de Dôgen Zenji.

Comparte:

24. ¿Por qué has venido al mundo?

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando aún era joven insultaba a veces a Amitabha Buda: “Oye tú, ¿no habías prometido no entrar en el nirvana hasta que hubieras liberado a todos los seres que sufren? ¿Es que te has olvidado de mí?”. Pero el error era mío: a los ojos de Amitabha todos somos ya Budas.
Todo ser vivo sufre. Pero a los ojos de Buda no existe el menor motivo para sufrir. Y, a pesar de ello, sufrimos: nosotros provocamos nuestro sufrimiento, esto hace que nos enfademos y, finalmente, nos echemos a llorar.
No hay ningún problema, el camino es sencillo, sin dificultades. ¿A qué se debe que el camino de los adultos parezca tan complicado mientras que para un niño de pecho es tan sencillo? Los adultos son extraños. ¿Por qué no abren simplemente los ojos y miran hacia delante en lugar de contarse mentiras a sí mismos y maldecirlo todo? No hay absolutamente ninguna razón para quejarse: cuando llueve, deja que llueva; cuando arrecia la tormenta, déjala que arrecie.
A ojos del Buda no hay ni un solo ser extraviado. A ojos de una persona corriente, no hay más que ilusión.
La persona corriente se aferra a sus conceptos personales, fijos. Cree saber bien qué es “felicidad” o “satori”. Pero luego se encuentra completamente perdido: “¿Cuál es la verdad última y absoluta?”. Eso no existe. No tienes más que quitarte los anteojos y limpiarte la cera de los oídos para ver, oír y sentir cómo son las cosas realmente. “Verdad absoluta” no es algo que pueda comprenderse intelectualmente. Te encuentras en medio de la verdad, aunque no lo entiendas.
Sin buscar nada, sin aferrarse a nada, sin desechar nada, simplemente actuar de acuerdo con tu naturaleza: ése es el secreto en la esgrima japonesa.
La naturaleza de Buda no es nada especial: todo el mundo la tiene desde el principio, pues cada uno de nosotros cuenta con su propia y verdadera forma.
Todo ser es naturaleza de Buda. La paz de espíritu equivale a saber que hasta al mayor loco le resulta del todo imposible perder la naturaleza de Buda.
Originariamente todo es producto de la gran naturaleza. Por eso podemos decir que todas y cada una de las cosas existen por gracia de la naturaleza. Es esta gracia de la naturaleza la que establece nuestro verdadero ser, nuestra forma de vida propia.
Las montañas son tan poco cicateras como los ríos: se dan por completo recíprocamente, sin la menor conciencia de estar dándose. Eso hace del mundo algo tan bello.
Hacer las necesidades, llevar ropa, comer, el samsara y el nirvana, las cuatro estaciones, el tiempo que hace y cómo cambia: todo son manifestaciones de la resplandeciente luz de Buda. Todos los aspectos de tu vida cotidiana están llenos de esta luz que resplandece en todas direcciones y se manifiesta en todos los fenómenos.
Un budista no se preocupa de si una religión es mejor que otra. El budismo no es una teoría de la religión. El budismo es la realidad cósmica. No podemos convertir esta realidad en objeto de elucubraciones filosóficas.
Mientras no proyectes sobre las cosas tus ilusiones de persona corriente, todo lo que ves con los ojos, lo que oyes con tus oídos, lo que hueles con la nariz, lo que degustas con la lengua es la verdad.
¿Qué podría haber más estúpido que esos tres monos que no ven, no oyen y no hablan? ¡Se ríen de nosotros! ¿Para qué están ahí esos oídos sino para ver? ¿Y para qué tenemos una boca sino para hablar? ¿Para qué nos sirven los ojos si con ellos no vemos? Todo lo que oímos, vemos y decimos ha de ser de provecho.
¿Qué mayor libertad puede haber que la de ver con los ojos, comer con la boca y respirar con la nariz? Nos extraviamos en la ilusión cuando perdemos de vista este hecho.
Cuando aceptas el ciclo de la vida y muerte tal como es, es decir, si no maldices nada y no persigues nada, eso es no-pensamiento.
Cuando al fin se disipe la niebla artificial de tus fantasías, perderás también todos tus conceptos previos y, en ese momento, sin nada de lo que huir ni nada que perseguir, serás simplemente tú mismo. Y verás con claridad lo que con este cuerpo has de hacer y lo que no.
Se dice que este cuerpo, tal como es, es el cuerpo de Buda. Pero el cuerpo de una persona corriente no es, pese a todo, más que una persona corriente. Sólo puede decirse de él que es un Buda cuando la persona corriente se ha olvidado de sí misma por completo.
Estás tan enamorado de ti mismo que te pareces más a un diablo que a un Buda. La enseñanza del Buda ha de jugar contigo como con una marioneta hasta el punto de que no seas capaz de moverte por ti mismo. Sólo entonces podrás decir que este cuerpo, tal cual es, es Buda.
Y entonces “pude realizar el Gran Asunto al que había dedicado toda una vida de estudio”¹.¿Qué falta entonces? Tus ojos están horizontales, tu nariz vertical, ¿dónde está la complicación? Desde el comienzo todo está bien tal como es.
¿Por qué hemos nacido en este mundo? Para resolver el problema de nuestra vida. ¿En que radica la solución de este problema? En que junto a todos los seres vivos tomes la senda del Buda. Hemos de saber que desde el comienzo nada falta: todos posemos la naturaleza del Buda y no es posible que nos desviemos de su senda. Lo que sucede es que nos distraemos continuamente al borde del camino, indecisos, sin saber qué dirección es la correcta.


¹Frase extraída del Shobogenzo Bendowa, del maestro Eihei Dôgen. Traducción inédita de Dokushô Villalba.

Comparte:

23. Cuando tu vida acabe, sanseacabó.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


¿Cómo ha de vivir una persona?. Tú no tienes ni idea. Tu esposa no tiene ni idea. Tus hijos no tienen ni idea. El mundo está lleno de gente que no tiene la menor idea de cómo debe vivir.
“¿No tienes suficiente para vivir? Muérete entonces”. Cuando una vez le dije esto a una persona, puso cara de terror. ¿Vives para trabajar o trabajas para vivir? La mayoría de la gente parece pasar toda la vida preocupándose de procurarse el sustento. De esta manera vives tu vida a la defensiva, combatiendo en una guerra perdida. Cuando vives, vive para tu tarea, y para esta tarea debes también comer.
Como persona también debes pensar en algún momento para qué vives realmente esta vida. ¿Por qué vives? ¿Tienes claro el sentido de esta vida y te alegras de haber nacido como persona?
Vivimos nuestra vida como niños que juegan al escondite: buscar, atrapar y ser atrapado. En nuestra búsqueda nos enredamos más y más en la maleza y, antes de que en medio de ese jaleo consigamos atrapar algo, nos encontramos ya en el ataúd.
Haces distinciones entre lo que te gusta y lo que no te gusta. Persigues lo que te gusta y huyes de lo que no te gusta. Tu ilusión es como el juego del escondite. Vivir sereno e impertérrito equivale a poner fin a ese juego. Incluso en medio del dolor no debes esperar nada mejor. No trates de disminuir el dolor, huir de él o correr tras algo diferente. En eso consiste la auténtica serenidad.
Quien siempre quiere degustar nuevos manjares lo pasa mal cuando éstos le faltan. Hay quien quiere siempre disfrutar de la vida, pero en algún momento ese disfrute se esfumará. Halla la felicidad quien, nacido pobre, pasa por una dura escuela. Él comprende que la escasez no es necesariamente escasez y que la satisfacción no es necesariamente satisfacción. Es la persona corriente la que hace mucho teatro por nada. Constantemente da vueltas en círculo, corre tras lo que le gusta, huye de lo que le disgusta. La mayor felicidad consiste en meterse de lleno en lo que venga.
No hace falta que te pases la vida buscando “paz de espíritu”, como si buscaras un agujero en el que esconderte. Si tu vida diaria consiste en preocuparte, entonces encuentras la paz de espíritu en medio de esas preocupaciones.
Tratar de obtener un satori personal, sólo para ti, es un gran error. Ni siquiera tu cuerpo te pertenece a ti solo. No vives separado de todo. El satori ha de ser una raíz que compartes con el cielo y la tierra. Satori es un cuerpo que compartes con las diez mil cosas. De ahí que todo lo que posees individual y personalmente es una ilusión carente de valor, por valioso que a ti te parezca.
Cuando llueve, llueve. Cuando hace viento, hace viento. ¿Quién sabe si eso es bueno o malo? Lanzas maldiciones. Sí, ¿y qué? Tu punto de partida ha de ser ese “¿y qué?”.
Forcejeamos y nos empeñamos en buscar algo en un mundo en el que no hay nada que encontrar…
Nos revolvemos como si tratáramos de zafarnos de algo y llamamos a esa agitación nuestras “emociones”. Deja de porfiar y hallarás la paz. Si no la encuentras es porque no paras de porfiar.
El mundo de las distinciones no es más que un Fata Morgana. Vivimos en este mundo como quien en sueños monta un gran teatro, sin darse cuenta de que está soñando.
Para la persona corriente no hay ninguna realidad. En medio de la realidad de todas las cosas ve sólo alucinaciones.
En el mundo no hay felicidad ni infelicidad. Es como si en sueños te enamoras o te separas de tu pareja. Cuando despiertas no hay nada de eso. Una figuración.
¿Por qué se presentan precisamente de esa manera los diez mil fenómenos de este mundo? Si te lo preguntas verás que no hay la menor razón. ¿Qué sentido tiene que cada uno de nosotros sea como es? ¡Absolutamente ninguno! Todo es como es, sin sentido ni finalidad.

La vida es la melodía de lo no nacido. No tiene ningún “sentido”. No digas que es “dulce” o “amarga”, “bella” o “ardua”. Lalalí, lalalá. No es tan complicado.
“Mu” no significa “nada”. Significa lo que los humanos no podemos imaginar.
“Del nacimiento hasta la muerte: sólo esto. ¡Esto!”, dijo el maestro Sekito Kisen.
Es irrelevante que te guste o que no te guste. Las cosas son como son. No hay lugar para preferencias. La maleza no se inquieta por nada, simplemente crece.
Igual da que sueñes con el cielo o con el infierno; cuando duermes, duermes. Tu sueño es sólo eso…, un sueño.
Por la noche sueñas de todo. También tienes sueños no aptos para menores. Pero cuando despiertas por la mañana compruebas que no era nada.
¿Quieres llegar a los ochenta? Cuando tu vida se acaba, se acabó. ¡Sí o sí!

Comparte:

22. ¿Aspiras a llegar a los 80 años? Mejor vive la vida eterna.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Siempre andamos a la greña debido a nuestras ilusiones. Llevamos siempre a cuestas una contradicción que no somos capaces de resolver. Y el menor motivo puede hacer que esta contradicción estalle en nosotros. Esto significa, a fin de cuentas, que no entendemos nuestra vida.
A los trece o catorce años empecé a atormentarme con mis penas personales y a los dieciséis el sufrimiento llegó a su punto álgido: “¿Cómo he de vivir? ¿Debo deshacerme de este cuerpo doliente? No, no es eso”. No me quedó otra que seguir mi camino con este cuerpo del pecado. Este cuerpo podría haberse convertido en un bandido capaz de apuñalar a su propio hermano. En vez de eso, tomé la decisión de dedicarme al zazen. No es ninguna minucia. Esto no representa únicamente un beneficio para mí, sino también para los que me rodean.

Desesperar de la vida humana, dejar de ser humano, convertirse en Buda…, pero no es así de sencillo. Has de practicar como la persona que eres. No se trata de escapar del ciclo de la vida y la muerte. Esta vida y esta muerte son el escenario de tu práctica.
Pero no creas que practicas dentro de la vida y la muerte. Tu propia práctica es tu vida-y-muerte. Y la liberación consiste en la aceptación de esta vida-y-muerte, tal como es. Perderte en este mundo de la ilusión, en esta vida-y-muerte, es tu práctica. Todo lo que forma parte de él es parte de tu práctica, ya sea comer o llevar las cuentas de la casa.
Todo es verdad. En el universo entero no hay nada que no sea la verdad. Todo predica esa verdad, las flores, los seres humanos, la luna, el agua. Si el mundo te parece un valle de lágrimas es porque lo contemplas sin sintonizar su frecuencia.
En el Dharma del Buda no se trata de conocer nada fuera de ti, se trata de conocerte a ti mismo. Si reflexionas en calma sobre ti mismo, comprobarás que no hay ahí ninguna sustancia que aprehender. En esta vida hay momentos en los que tu espíritu es uno con Buda y otros en los que es uno con los espíritus hambrientos, y aún otros en los que se lamenta de sus penas. Por eso es importante que sintonices la frecuencia del Buda. Has de pulir el espíritu que es uno con Buda hasta que resplandezca.

La gente piensa que hay entre ellos algunos que son los “malos”. Es un gran error. Quien es malo no lo es de forma fija e inamovible. Un simple movimiento de la mano puede hacer de ti un ladrón, pero también un ángel. Eso sucede muy rápidamente.
Hacia arriba o hacia abajo, depende de lo que hagas con tu palanca de mando: puedes orientarla hacia los Budas y Patriarcas, pero también puedes matar a alguien y orientarla así al infierno. O te dejas sencillamente llevar por tus impulsos, orientándola así hacia los espíritus hambrientos.
Tu eterna naturaleza de Buda ha tomado en algún momento el camino equivocado y, de repente, te das cuenta de que te falta algo: has caído en el camino de los espíritus hambrientos.
Quieres ganar dinero, quieres llevar una vida regalada, quieres hacer carrera. Eso representa desviarse del camino. En el zen se trata de regresar a tu propio camino. ¡Acuérdate de tu propia naturaleza! Desde ese punto de vista te darás cuenta de que no naciste por ti mismo, ni de que no respiras por ti mismo, y de que tampoco eres tú quien hace que te lata el corazón. “Hago sólo lo que me apetece”. No digas tonterías, los antiguos sabios nos enseñan que el universo no está separado de nosotros mismos.
Tu práctica diaria ha de consistir en ajustar tu actitud vital a la de los Budas y Patriarcas. Si tu orientación se ajusta de verdad a la del Buda, tú mismo serás Buda.
Si aceptas la enseñanza del Buda y con todo tu cuerpo te dejas llevar por los Budas y Patriarcas, tú mismo, tal cual eres, serás un patriarca budista.
Te dedicas afanosamente a tus estudios porque tienes una meta clara ante la vista. Además, te motiva que otros vean tu éxito. Pero tan pronto alcanzas tu meta, te sobreviene de nuevo la melancolía. Aún hay algo que falta. Te reencontrarás con tu auténtico yo cuando rompas con este saco de carne maloliente y seas uno con el universo. Para ello lo que tienes que hacer es sentarte firmemente sobre tu culo. Cuando al fin te des cuenta de que eres uno con el universo y vivas tu vida cotidiana sobre la base de esta experiencia, entonces sentirás alegría, entonces experimentarás tu felicidad.
Permitís que esos sacos de carne jueguen con vosotros. En realidad esos sacos no están separados, sino que penetran libremente todo el universo. La cuestión para nosotros es ahora cómo trasladar esta vida cósmica a la vida diaria.
Poseer el espíritu de la fe significa tener el mismo nombre y la misma edad que Buda, comer la misma comida, tirarse los mismos pedos y vivir la misma vida. Zazen y la profunda reverencia en gasshô son lo que nos une directamente a Buda.
Es una lástima utilizar este cuerpo humano únicamente como tal. ¡Qué desperdicio si mueres con cincuenta, ochenta o cien años! En la Vía del Buda se trata de vivir la vida eterna de un Buda.

Tu cuerpo y tus fuerzas son limitados. En la Vía del Buda se trata de ir más allá de tus límites y consagrarte a lo ilimitado.
Practicar la Vía del Buda significa utilizar este cuerpo no sólo con sus limitaciones, vivir esta vida no sólo en su precariedad. Lo nuestro es la eternidad, no meramente una vida sana que alcance los ochenta años.

Comparte:

21. ¿Satori? Esto no significa otra cosa que perder.

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga,

revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Había uno que siempre andaba quejándose de que todos sus amigos acabaron siendo ministros y gobernadores, mientras que él tenía que ganarse el pan como simple vigilante… ¿Y qué pasa? Un ministro vive su vida como ministro, un vigilante la vive como vigilante. En TU vida hay cosas más importantes que eso.
Me gusta expresar el budismo con un solo mandato: “¡Alto el fuego!”.
Ahí no hay dos partes enfrentadas, nadie con quien competir.
Hemos de vivir nuestra vida de manera que se ajuste lo más posible a la enseñanza de Buda. Si nos apoyamos únicamente en nuestras ideas humanas, estaremos siempre compitiendo con el resto de la gente.
Para darse cuenta de que la naturaleza de Buda llena todo nuestro ser, hemos reparar primeramente en la fugacidad de todas las cosas. Reparar en la fugacidad de las cosas significa dar un sentido a nuestra vida.

Si tomas conciencia del carácter efímero de todo, comprenderás que es mejor sacrificarte por los demás que vivir para ti mismo. Es este espíritu de sacrificio por los demás el que comprende la fugacidad de las cosas.
Sea como sea, no podemos evitar hacer cosas por los demás: ¿no te has dado cuenta de que te sientes mejor cuando das que cuando recibes?
Cuanto más hagas por los demás más ganarás en tu vida. Cuanto más haces para ti mismo, más se escapa la vida a tu control.
Si tratamos de dominar la naturaleza por medio de nuestra civilización y ciencia, en algún momento esa naturaleza nos devolverá el golpe. ¿No observamos a menudo que quien solo piensa en sí mismo acaba viendo cómo el mundo que le rodea acaba reaccionando arrebatándoselo todo? Por ejemplo, hay gente para quien todo su empeño en la vida es ganar dinero, pero cuando finalmente quieren disfrutar de su riqueza, sus hijos los echan de casa. Y, al contrario, uno que ha dedicado toda su vida a los demás experimenta que también esto tiene un efecto rebote: los demás se preocuparán igualmente por él.
Muevas hacia donde muevas el agua en la piscina, enseguida volverá a nivelarse. Si tratas de acercar el agua hacia ti, se escurrirá de tu lado. Si por el contrario la empujas hacia los demás, volverá a ti. Lo que haces por los demás, lo haces por tanto también para ti mismo; lo que haces por ti mismo, lo haces por los demás. No hay delimitación alguna entre ti y los demás, todo está unido sin suturas. Sacrificarse por los demás con ese espíritu significa tener el espíritu de un bodisatva.
El mayor logro que puedes alcanzar consiste en hacerte uno con el universo entero. Una vez llegado a ese punto lo verás todo como parte de ti mismo y cualquier cosa que hagas por ti, la harás también por los demás. Esto quiere decir que el mayor beneficio particular que puedas alcanzar es a la vez lo más beneficioso para los demás. Y, a la inversa, si vives tu vida por completo para los demás, sin pensar ni una pizca en ti mismo, obtendrás el máximo beneficio particular posible. Tu espíritu hallará la paz, y nada faltará en tu vida.
Budeidad no quiere decir “yo solo”. Significa: “yo junto a todos los seres que sufren”.
Si arrojas sobre las cenizas frías un solo trozo de carbón ardiendo, se apagará. Pero si se juntas unos cuantos, encenderán un fuego. Así me ayudas tú a mí, y yo te ayudo a ti.

[Acerca de las relaciones entre hombres y mujeres]. ¡Ese problema es importante! Si encuentras una mujer con la que puedas estar seguro de que os ayudaréis mutuamente en vuestro camino espiritual, en tal caso no hay nada que oponer a que consolidéis la relación y os caséis. Pero, como he dicho, tiene que ser una relación que os permita a los dos avanzar.

A veces nos parece como si dar algo a los demás representara una pérdida para nosotros, cuando en realidad la dedicación a los demás representa la mayor dicha posible para una persona.

“Hasta hoy he creído que el mundo estaba ahí para mí; a partir de hoy voy a sacrificar mi vida por el mundo”. Éste es el giro que hay que dar.
Si ahora, en el lugar donde te encuentres, lo das todo, no quedará ahí ya nada de ti. Si te entregas a esta práctica, te darás cuenta de que igualmente no hay ningún lugar en el que tú no estés.
Si tu espíritu es tan abierto y ancho como lo son el cielo y la tierra juntos, te reconocerás por todas partes, y en todas partes estarás sin nada de ti, con abnegación.

“Arroja lejos de ti tu pequeño yo.
¡Verás que tu cuerpo es tan grande
como los tres mil mundos del gran cosmos!”¹

Una vez hayas comprendido esto, cuando orines en el retrete pensarás también en quien después ha de hacer la limpieza. Cuando te bañes, pensarás en quien después ha de usar la bañera. Quien da se pone en el lugar de quien recibe, y quien recibe se pone en el lugar de quien da. Es lo que se quiere decir cuando se habla de la luz que resplandece en todas direcciones. Te encuentras a ti mismo en cualquier parte de este mundo, pues cielo y tierra son tu verdadero yo.

Dicho de manera más concreta: hemos de perder tanto como podamos. No debes tener ningún éxito. Lo mejor es sacrificarte por los demás permaneciendo por completo oculto.
A menudo digo que satori significa perder. Ganar significa extraviarse. Quien tiene éxito en las apuestas o en la lotería, se perderá en la ilusión. ¿Por qué quiere la gente ganar y tener éxito? Si el mundo comprendiera de una vez que esto no es para nada necesario, tendríamos paz en la tierra.
La enseñanza del Buda significa que Buda se sacrifica por los seres que sufren. Fíjate en Sakiamuni. Nació príncipe, pero renunció al trono y se hizo mendigo. También Bodhidharma pasó de príncipe a mendigo. Sólo hallarás el Dharma del Buda allí donde te sacrifiques y pierdas. Donde hay algo que ganar, no hay ningún Dharma.


¹Musō Soseki (1275-1351) fue un monje zen rinzai, maestro, calígrafo, poeta y diseñador de jardines. Fue el maestro zen más famoso de su época. También conocido como Musō Kokushi («Maestro Zen de la Nación»), un nombre póstumo que le concedió el emperador Go-Daigo. Ver “Diálogos en el sueño”, de Muso Soseki. Colección Textos de la Tradición Zen, Ediciones Miraguano, Madrid.

Comparte: