9. Nazco con mi universo y moriré con mi universo

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Cuando se habla de “Sawaki”, sé que se trata de mí, aun cuando no se añada ningún “Kodo”. Si “Sawaki” llena todo el universo, no hay ningún “Sawaki” aparte del universo y tampoco ningún universo aparte de este Sawaki.

Creemos que vivimos por nuestras propias fuerzas, pero en realidad es la gran naturaleza la que nos mantiene con vida. Tu vida no te pertenece a ti solo: es universal. Esta vida universal es tu yo, es el verdadero cuerpo humano que llena el cosmos entero. Zazen quiere decir vivir la vida universal, es decir, tu yo. Esto significa a su vez manifestar y dar testimonio del universo entero. Cuando practico zazen yo solo, el universo entero lo practica conmigo, incluido en el zazen.

Vivir tu vida por ti mismo significa llenar todo el universo. Tú solo llenas todo el universo. En esto radica el sentido profundo del zazen. ¿Quién realiza la verdad universal? ¿Quién sino tú mismo? La religión no es más que tu propia vida.

¿Qué puede haber más lastimoso que alguien que se queja constantemente de su propia desgracia? Entre tú y Sakiamuni Buda no existe la menor distancia.

Cuando conozcas con claridad que tu vida está conectada con el universo y que ninguna distancia te separa de Buda, ya no te importará si en el escenario representas un papel principal o secundario: en cada una de tus acciones desplegarás toda tu fuerza vital.

Es interesante darse cuenta de que el aspecto de este mundo depende de la actitud que tomes ante él. La Vía del Buda es tu verdad propia y personal. Pero esto no significa que este camino termine con tu propia liberación personal (eso sería Hinayana). En el Mahayana, por el contrario, estás conectado no sólo a Buda, sino también a todos los seres que sufren y arden en los infiernos.

El zazen es tu propia verdad personal, con la cual liberas tanto el eterno pasado como el eterno futuro. Es un hecho objetivo que en lo profundo de tu subjetividad, en tu fuero interno, puedes darte cuenta de que cuando algo te va mal, también le va mal al sol y a la luna. Cuando, por el contrario, algo te va bien, hasta los rábanos que tienes en el plato sonríen. Pero cuando estás furioso, hasta la alfombra se excita contigo. Ahí se encuentra la raíz de tu mundo.

Lo que ves no se encuentra fuera de ti mismo. Por eso puede también decirse que todos los fenómenos no son más que tu propia sombra.

Lo que los otros ven no es tu propia experiencia. Tú has de descubrir tu propia verdad. El satori no se encuentra en alguna parte ahí fuera: se trata de ti mismo. Se trata de dar un giro de 180 grados a tu modo de vida, a tu modo de ver las cosas, de oír y de oler, de degustar y saborear. Has de regresar a la vida. Nunca encontrarás la respuesta en los libros.

El marco de nuestro ego es tan limitado que sólo vemos el mundo muy desfigurado. Observamos las cosas como a través de unas lentes tintadas. Y eso que vemos, a menudo ni siquiera existe: ¡nos fijamos sólo en las telarañas que tenemos ante los ojos! Hemos que quitarnos esos anteojos tintados para poder ver las cosas tal como son: transparentes y sin afeites. Entonces conoceremos también que las montañas y los ríos, los árboles y los prados no existen separados de nosotros.

Este mundo es tu mundo, es mi mundo. Es como si millones de luces, una por cada persona, se iluminaran mutuamente. Cuando yo muera, también morirán conmigo mi monte Fuji, mi cielo y mi tierra. Esta taza de té morirá conmigo.

Soy mi propio mundo. Si muero, el mundo muere conmigo. Dirás: “Pero aún cuando tú mueras, ¡este mundo seguirá existiendo!”. No, mi parte del mundo muere conmigo. Pues cada uno de nosotros está completo, sin que falte nada. Seguir la Vía del Buda significa hacerse plenamente consciente de este hecho.

Vienes al mundo con tu universo. Y cuando mueres, tu universo muere contigo.

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8. Zazen es el viejo patriarca

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Se educa a los niños alabando o censurando su conducta, pero eso no es suficiente. Así se educa solo a personas dependientes del elogio de los demás, que al no tener seguridad en sí mismas se convierten en cáscaras de nuez vacías. La práctica del zen es justamente así: aunque Dios o Buda se mueran, aunque no quieran saber nada de ti, tienes que disponer por completo de ti mismo. Has de ser uno contigo mismo.

Vivimos nuestra vida de forma provisoria, como si alguien nos hubiera dado cuerda. Nos movemos como un robot de juguete, hasta que se nos acaba la cuerda. Zazen significa no permitir que se nos dé cuerda desde el exterior, sino vivir uno mismo su propia vida.

Cuando dices que no tienes tiempo, eso quiere decir que te dejas esclavizar por algo externo. Te quemas como una bengala. Sé más bien impasible, sé por completo tú mismo. Es importante que vivas tu vida firmemente cimentada en ti mismo.

Impasibilidad significa estar firmemente asentado. Firmemente asentado ¿en qué? En ti mismo. Has de estar firmemente asentado en tu vida diaria. No te dejes encandilar por cosas externas. Tampoco te dejes esclavizar por tus impulsos, no persigas constantemente tus ilusiones. Permanece inmóvil aun cuando creas haber contemplado al Buda o el Dharma. No dejes que nada te extravíe.

No sé qué hacer con el satori. Esto no significa que me aflija al decir que “ni siquiera tengo el satori...”. sino que lo digo completamente seguro de mí mismo: “¡ni siquiera tengo el satori!”Satori no significa darse importancia a sí mismo. Significa hacer sencillamente lo que haces. Haz simplemente lo que haces, sea lo que sea. Esto vale no sólo para el zazen: todo lo que hagas debes simplemente hacerlo. ¡Alto el fuego, sé simplemente tú mismo! Sencillamente ser. Ser sencillamente tú mismo. Eso es samadhi.

El pájaro canta sencillamente su canción. La primavera trae la primavera, el ruiseñor pone de manifiesto al ruiseñor. Todo es sencillamente como es, y no lo es para ti ni para mí.

No se trata de por qué haces algo. Vive tu vida como si pulieras una teja: no hay nada que ganar. Tu vida ha de ser práctica sin fin.

Llevar una vida religiosa quiere decir mantener una postura erguida incluso cuando nadie te ve. Has de ser transparente a ti mismo, penetrarte por completo con la mirada. Practicar la verdad allí donde nadie mira: de esto es de lo que se trata.

Me marché de casa a los dieciséis años. Nunca olvidaré ese 10 de junio. Cuando pienso en mi estado de ánimo de entonces, parece que el joven Saikichi me grita: “¡Eh, Kodo, no te duermas en los laureles! ¿Quién crees que eres?” A esta voz he de agradecer que aún hoy en día, con pasos inseguros, continúo hacia delante en la Vía del Buda.

Horyuji es el mejor templo de Japón. Sin embargo, no encontrarás ahí ningún budismo. El budismo lo encuentras sólo en ti mismo. Pero para encontrar de verdad a Buda en ti mismo has de darlo todo. Lo das todo y finalmente lo captas, y sin embargo sólo eres un espíritu hambriento. Vuelves a darlo todo, y sin embargo sólo alcanzas a oír la voz de Buda a lo lejos. Lo das todo una vez más, y sigues sin alcanzar a Buda. Buda está más que lejos de ti. ¿Qué otra cosa puedes hacer sino “olvidarte simplemente de ti mismo y continuar paso a paso con la prácticai?

Yo me regaño constantemente. Regañarme a mí mismo significa tener la vista fija en mí. Esto quiere decir reorientar la luz e iluminarme a mí mismo. Lo único de lo que aquí se trata es de ti mismo.

Reorientar la luz e iluminarse a uno mismo significa estar completamente expuesto a uno mismo. Significa sentarte tranquilamente y contemplarte a ti mismo, como si estuvieras en una butaca en el cine. Si te contemplas de esta manera comprenderás a todos los seres que sufren: comprenderás que tú mismo eres uno de esos seres que se han enredado en su propia ignorancia.

Cuando te encuentres contigo mismo, te verás como realmente eres. Encontrarse a sí mismo es un asunto sólo entre tú y tú. Entre tú, el alumno, y tú, el maestro, y nadie más.

Transmitir el Dharma significa transmitirse a sí mismo en sí mismo. Y eso quiere decir volverse por completo uno consigo mismo.

Hablas sobre la vida de Buda y los hechos heroicos de los monjes zen de otros tiempos. Cuentas lo que has leído en los sutras. Pero ¿a quién le interesa ya eso? El problema del que ha de tratarse es de ti mismo. ¡Es tu problema, y a este problema ha de dirigirse tu práctica!

¿Crees que Dogen Zenji era un magnífico maestro zen? Pero ¿qué hay de ti mismo? Ilusión significa perder el tiempo con discursos sobre otros. Eso es como si murmuraras mientras duermes. “No sostener teorías vacíasii quiere decir dejarse de sutilezas y verborrea y ser por completo uno con este instante, aquí y ahora.

Hay personas que siempre buscan mi confirmación: “¿Es ahora suficiente?”, “¿Estoy al fin listo?”“¿He alcanzado ya el satori?”. Mientras necesites la confirmación de otros, tu práctica no es pura. Si la Vía está realmente firme bajo tus pies, ya no es necesario preguntar a otros por la dirección a seguir.

Cada uno de nosotros es la luz: ninguno nos distinguimos un ápice de Buda, simplemente nosotros nos hemos desviado un poco del camino. Por eso hemos de escuchar claramente, con todo este cuerpo nuestro aquí vivo, la voz con la que nos habla la reluciente sabiduría. Hemos de manifestar el Dharma de Buda con nuestro cuerpo. ¿Que podría ser más maravilloso que esto?

Ese conglomerado de células que llamamos persona corriente es la manifestación de Buda. Aquí radica el significado del zazen. Zazen es el viejo patriarca que, al mismo tiempo, es tu totalmente nuevo “yo”.

Buda significa tú mismo. Si tú no vives como Buda, ¿quién entonces?

i Frase procedente del Gakudoyojinshu, “Puntos esenciales en la práctica de la Vía”, una de las principales obras del maestro Dôgen. Traducida y publicada por Dokushô Villalba en Miraguano Ediciones, Col. Textos de la Tradición Zen, Madrid 1990.

ii Frase procedente del Hachi dainin Gaku, “Las ocho realizaciones del Gran Hombre”, el último de los 95 capítulos del Shobogenzo, del maestro Dôgen, que recoge las últimas enseñanzas del Buda Sakiamuni contenidas en el Sutra del Nirvana. Fue también la última enseñanza impartida por Dôgen a sus discípulos antes de morir.

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7. Descubrir el verdadero yo

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Aprender significa buscar la Vía y esto significa, en definitiva, buscarse a sí mismo. ¿Hay pues alguna clase de Vía que sea independiente de tu vida? Seguir la Vía no significa otra cosa que ir al fondo de la cuestión de cuál es el propósito de tu vida.

Cuando la religión se convierte en una organización, se encamina hacia su fin. La religión ha de ser tu propia vida.

¿Qué es lo que en realidad enseñó el Buda? Que cada uno de nosotros ha de conocerse a sí mismo, ha de comprenderse a sí mismo, ha de descubrir por sí mismo lo que aquí y ahora –en este instante – ha de hacer realmente.

Cuando pronuncio estas palabras, no las digo para vosotros, sino para mí mismo. Para mí no tiene la menor importancia que alguien me escuche o no. De lo que me ocupo es de bombear el agua que hay en mí. Cuando pronuncio un discurso, me dirijo a mí mismo con el fin de sacar a la luz mi verdadero yo. No espero nada de vosotros y tampoco tengo nada que ofreceros.

Honeni dijo: 

Cuando sigas la Vía del Buda, no lo hagas para impresionar a los demás. No hagas de ello un negocio. Practica el budismo como un ladrón: ni siquiera tu esposa o tus hijos deben saber nada de ello.

El zazen no se extiende entre la gente. No trates de impresionar con el “simple sentarse”. Es mejor que hagas zazen con discreción, como si fuera algo totalmente prohibido.

¿Has alcanzado el despertar? ¿Has comprendido el Dharma del Buda? ¿Te has despojado de todo? En tal caso, cuídate de no hacer negocios con lo “despojado”.

Si no renuevas cada día tu práctica comenzarás a retroceder. Si no te pules de nuevo cada día, empezarás a oxidarte. Por eso es importante que no te pierdas a ti mismo de vista. Encuentra el camino de nuevo cada día, ya sea cuando comas, ya sea en cualquier otra de las faenas de la vida cotidiana.

Caducidad significa sólo este instante: en este irrepetible momento uno se la juega a todo o nada. Dispones sólo de este aliento. Después, todo se ha acabado. Al espirar te tienes que ocuparte únicamente de esta espiración; al inspirar, esta inspiración ha de ser la última de tu vida. Habitualmente nos equivocamos, pues creemos que aún hay algo que añadir: creemos que con nuestros hijos hemos de hacer de “padres”, y de “abuelos” con nuestros nietos. Pero todo existe sólo para sí, en este instante: el sobrino como sobrino, el abuelo como abuelo, el hijo como hijo. Al igual que la espiración es sólo y por completo espiración y la inspiración es sólo esta precisa y única vez inspiración. ¡Fuera con vosotros! Sólo cuando algo existe por sí solo, desligado y transparente, entonces es también, a un tiempo, uno con el universo.

Nunca estamos satisfechos. Ni siquiera lo estamos con nosotros mismos, y por eso hacemos todo lo posible para convertirnos en otro. Justo en ese punto es donde comienza el engaño. Tú no eres otro que ése que en este momento vive su vida insatisfecho consigo mismo. Nadie podría ocupar tu lugar por ti. Y todo lo que en este momento piensas, quieres y haces eres tú mismo, insustituible, tal como eres. Esto quiere decir que no existe ningún “verdadero yo” aparte de este “yo insatisfecho” aquí y ahora.

La historia del hijo pródigo narrada en el Sutra del Loto no es un cuento de otros tiempos. Trata acerca de ti. ¿No eres tú quien vaga por las calles pidiendo limosna, aun cuando toda la riqueza del mundo te pertenece?

¿Cuál es, en último término, el propósito de esta vida? Tomar las riendas de tu verdadero yo. Reconocer cuál es tu auténtica tarea. Satori significa simplemente ser realmente tú mismo. Conocerte a ti mismo y sostenerte con los pies firmes sobre la tierra. Y realizar la Vía significa entonces avanzar seguro sin perderte a ti mismo de vista.

¿Es tu espíritu blanco o rojo, redondo o anguloso, o tan falto de contorno como una ameba? No lo sabes. No hay ningún mérito en dejar este espíritu, del que en realidad no sabes nada, tan falto de contorno como es. La religión consiste en tomar las riendas de tu espíritu, en hacerte dueño de él.

Naturaleza de Buda no quiere decir otra cosa que tú mismo. Y aun así piensas mal de ti, estás insatisfecho y reniegas de ti mismo. Lo importante es que tomes las riendas de ti mismo y encuentres de este modo finalmente el sosiego. Como hija ser enteramente hija, como esposa enteramente esposa. Así es como realizarás tu naturaleza de Buda y hallarás la paz en tu vida.

Inmerso en el delirio colectivo dejas de saber qué es blanco y qué negro. Y si lo que haces, por malo que sea, lo haces dentro del grupo, no te parece ya tan malo. Te pierdes de vista a ti mismo. ¡Fuera con vosotros! ¡Yo soy yo!

Deja de desear siempre algo nuevo y vivirás en el cielo. “Fuera de la sociedad no hay ningún mérito” (Eihei Shingi). Los ojos funcionan enteramente como ojos, la nariz como nariz, el oído como oído. Lo que cada uno ha de hacer es cumplir su tarea en la sociedad con toda naturalidad.

Encontrarás una auténtica paz de espíritu cuando empieces a preocuparte por lo que debes, luches por tu vida y hagas todo lo posible para no perderte de vista a ti mismo. Sólo hallarás paz en tu espíritu cuando de ese modo tomes las riendas de tu mente en cada uno de tus pasos, de manera que no dejes de estar bien plantado en tierra firme.

La “paz de espíritu” que es sólo “paz de espíritu” es un producto artificial. Tu mente se precipita en el desasosiego precisamente porque persigues constantemente esta “paz de espíritu”. Shinranii censuraba esta clase de nenbutsu [la práctica de invocar a Amitabha Buda] que pretende obtener una autosatisfacción de la mente por su propio esfuerzo. La práctica zen no es ninguna masturbación mental. Sólo puedes encontrar la auténtica paz de espíritu cuando practicas en medio de tus preocupaciones y de tu desasosiego mental. En la gran paz del espíritu se unen el sosiego y el desasosiego mentales.

Nadie puede regresar a lo que una vez fue. No hay nada que aparezca dos veces de la misma forma. Todo existe una única vez, en este instante. Por eso no tenemos otra salida que marchar simplemente de frente. Las verdadera Vía lleva siempre hacia delante, sin final.

i Honen nació el 13 de mayo de 1133, en la provincia de Mimasaka  y murió el 29 de febrero, 1212, en Kioto. Fue un líder budista japonés. Cuando era monje de la secta Tendai en el templo del monte Hiei, aprendió las doctrinas del budismo chino Tierra Pura, que le enseñó el concepto de salvación mediante la misericordia del Buda Amitāba. Posteriormente a partir de eso, fundó otra secta en Japón llamada Jōdo shū. Hōnen creía que solamente unas cuantas personas eran espiritualmente capaces de seguir el camino del Buda hacia la iluminación y en 1175 proclamó que lo único necesario para la salvación era el nembutsu, es decir, la devoción total hacia Amitāba. Después se asentó en Kioto donde reunió a varios discípulos, entre ellos a Shinran.

Honen fue perseguido por otros budistas, lo que hizo que se exiliara en el año de 1207, pero regresó a Kioto en 1211, donde murió finalmente días después de escribir la obra Ichimai-kishomon, un breve escrito sobre sus enseñanzas elementales.

ii Shinran Shonin o Shinran (1173-1262), reformador budista japonés. Nació en 1173 en el seno de la familia Hino. Su padre, Ainori, sirvió durante muchos años a la corte imperial. Tuvo muchas contrariedades con su familia, pues los Hino eran tradicionalmente sintoístas, mientras que él se inclinó hacia el budismo, razón por la cual, a los 19 años de edad, abandonó su casa y entró al templo Tendai, en el monte Hiei. Diez años después, abandonó el templo para dirigirse a la casa Rokakkudo en Kioto. En esa casa – relata en sus Memorias – vio al príncipe Shotoku Taishi, quien había fallecido cinco siglos antes. Lo tomó por una señal y decidió convertirse en discípulo del reformista Honen Shonin. En 1207, el Emperador Tsuchimikado proclamó un edicto por el que se prohibían las prácticas reformistas budistas. Honen y Shinran fueron exiliados a Niigata y muchos seguidores, ejecutados.

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6. La sabiduría es como una oruga

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Un médico me dijo: “Soy doctor en medicina y en los estudios fui siempre el primero. Cuando empecé a ejercer, estaba seguro de convertirme en el mejor médico de todo Japón. Pero ninguno de los pacientes que acudían a mí se parecía a lo que había leído en los libros. Si no reinventara la medicina de nuevo, no podría ofrecer ninguna ayuda a mis pacientes”. Así es la vida. Si un monje zen confiara en que su satori de ayer sigue siendo válido hoy, se estaría haciendo demasiadas ilusiones.

Cada instante es el primero de tu vida, cada instante es el último de tu vida. La verdad cambia a cada instante y, al mismo tiempo, la verdad es la vida eterna.

En este instante vuelas por el universo entero, pero eso no significa que ya lo hayas recorrido todo. Queda ahí suficiente espacio para seguir volando, suficiente espacio para que sigas volando el resto de tus días.

¿Experimentaste una vez el satori y desde entonces todo está en orden? No, desgraciadamente no es tan sencillo. El satori sólo tiene validez en este preciso instante. En el instante siguiente ya ha pasado, ha muerto. Cuanto más te estiras para alcanzar el budismo, más se aleja; cuanto más te rompes la cabeza con él, más difícil será que lo entiendas. “Ir más allá de Buda” significa ir al fondo de las profundidades sin fondo: no existe un punto final que alcanzar.

Si crees haber escalado hasta el punto más alto y haber logrado el satori, a continuación irás cuesta abajo. Practicar el zen significa continuar escalando durante toda tu vida. Si quieres practicar el zen, tienes que tener el desapego necesario para decirte que la práctica durará todo tu vida.

La sabiduría se compara a menudo con una oruga. No permanece en el vacío en cuanto vacío. Pero tampoco se queda en el ser en cuanto ser. Se mueve como una oruga, en todas direcciones. En la vía del Buda no hay “respuestas correctas”.

Aquello a lo que se le puede dar forma en un molde está muerto. Como una grabación magnetofónica. Nada para personas de carne y hueso cuya vida es lo que está en juego.

¿Queréis grabar mis palabras en el magnetófono para después escucharlas en el “club de fans de Sawaki roshi”? ¡Todo lo que tengo que deciros es válido sólo en este instante!

Escuchar una charla sobre el Dharma es como comer. Una vez que ha pasado el momento, vuelves a tener hambre.

Cuando oigas las enseñanzas debes escucharlas con un espíritu tan claro y abierto como el cielo. Si tu espíritu se expande con tal amplitud, serás uno con el universo, entrarás en un samadhi ilimitado. A esto se le llama “escuchar la doctrina”.

Si nadie me escuchara, no haría falta que me preocupara de lo que debería decir. Simplemente soñaría despierto y bostezaría de vez en cuando. Por eso es importante para mí que alguien me pida predicar las enseñanzas y me escuche. Estoy agradecido por ello. Y si pienso en lo que debo decir mañana, es entonces cuando las enseñanzas toman forma con claridad en mí mismo.

Este instante no debe ser la continuación del anterior. Has de hacer borrón y cuenta nueva y empezar a vivir este año totalmente de nuevo. Has de empezar a vivir este mes totalmente de nuevo, y hoy has de empezar una vez más a vivir este día totalmente de nuevo.

Cada día te enfrentas a ese día por primera vez. Eterno es sólo este instante, eterno aquí y ahora. Este instante ilimitado constituye tu vida presente, que siempre es un hecho totalmente nuevo. También el pasado, contemplado desde el instante presente, es un pasado totalmente nuevo.

En el día de hoy te sientas en zazen por primera vez en tu vida. Enfrenta por tanto cada día con la misma frescura con que recibes el Año Nuevo. En zazen, cada día es día de Año Nuevo. ¡Próspero Año Nuevo! La cuestión y el contenido de tu práctica en este momento ha de ser cómo enfrentas de nuevo cada momento.

En su ordenación, algunos monjes se preguntan: “¿Seré realmente capaz de llevar la vida de monje durante el resto de mis días?”. ¡No te crees preocupaciones innecesarias! Sé sencillamente un monje sólo por este día. Sé a diario monje por un día. Así podrás vivir tu vida de monje, día a día.

Cada día es el primero de la vida. Vive este día como si hubieras venido al mundo en este día.

Tienes tu propia tarea. El día de hoy presenta su propia tarea. Si abres los ojos a este instante –aquí y ahora, y en constante movimiento– te darás cuenta de que nada falta en él. El día de hoy es por completo el día de hoy: completo y concluso.

Incluso a mi edad, soy todavía un principiante en el zazen. Si por el contrario empezamos a tenernos por experimentados, nos engañaremos a nosotros mismos. ¿“Zazen para veteranos”? ¡No digas chorradas! El zazen ha de ser siempre totalmente nuevo. Por eso lo mejor es practicarlo siempre con espíritu de principiante. No creas que tu práctica ha madurado una vez que te has convertido en “veterano”.

Sé siempre un principiante en zazen. Nunca olvides cómo te sentías la primera vez que pisaste la sala de meditación. Este sentimiento de respeto nos acerca mucho al zazen. Nunca olvides tu primer zazen, no te conviertas en un “profesional” del zazen.

Tu práctica no va a avanzar únicamente porque te vayas haciendo mayor. Haz zazen ahora, mientras seas lo bastante joven para ello. Lo que hagas, hazlo siempre con espíritu lozano y con todas tus fuerzas.

Nunca descubres a Buda de manera definitiva. Siempre has de descubrir un Buda nuevo, una y otra vez. No hay tiempo para hacer descansos. Siempre has de escuchar una enseñanza totalmente nueva. Buda llena todo el ilimitado universo. La pregunta es: ¿cuánto de él alcanzamos a ver? Nunca debemos perder de vista a Buda. También cuando leemos a Marx o Engels hemos de reconocer ahí a Buda.

Buda significa la vida que vivimos conforme a la gran naturaleza. Buda significa el hecho de que el universo vive en sí. Cada minuto y segundo de tu vida tu cuerpo humano vive esta vida universal, ni una fracción de ella te pertenece a ti personalmente. A esto se le llama el rostro verdadero. Ser Buda significa vivir la vida de tu verdadero rostro y no tu vida personal, individual. Por eso no hay recesos para un Buda.

Creer en la red de causas y efectos significa creer en lo ilimitado. Significa creer en el continuo cambio de lo ilimitado. Dentro de este cambio sin límites, nuestra vida no es más que un simple fotograma.

Existe una gran contradicción entre la ley de la causalidad y la sucesión de instantes independientes que surgen y se desvanecen: el surgir y desvanecerse a cada instante significa que este momento es completamente diferente del anterior, y que el siguiente es diferente de éste. Por otra parte, reconocemos la ley de la causalidad en que la orina de hoy contiene la comida de ayer. Por mucho que trates de ocultar que ayer llenaste el buche con carne y cebolla, hoy lo revela el olor de tu orina. Visto de este modo, el día de hoy es la continuación del de ayer, y el día de mañana es la consecuencia del de hoy. Y, sin embargo, cada instante surge y se desvanece una y otra vez. No podrás resolver esta contradicción por medio del entendimiento, no lograrás analizar lo ilimitado en tu cabeza. Lo que es capaz de comprender sin contradicción esta contradicción se denomina “no-pensamiento” o, como se dice en el Shodoka (“Canto del inmediato satori”): “entrar directamente, de un salto, en la esfera del Tathagata”.

El viejo ciruelo vuelve a florecer este año. Lo que es extremadamente viejo es también constantemente nuevo. Donde lo nuevo se encuentra con lo viejo, ahí das con el sentido oculto del Dharma de Buda.

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5. Cuando más des de ti, más tranquilo te sentirás

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


 

Paz de espíritu significa contentarse con la vida diaria. Contentarse significa dejar a un lado el “antes de” y el “después de” y ser uno en este instante. No me refiero al pasado y al futuro. Me refiero a mirar fijamente el presente. Nada hay más valioso que tu conciencia presente, pues en ella está la vida eterna.
“Lo que recibiste ayer, debes devolverlo hoy”. No me gusta esta idea. Si recibo algo, lo tomo y digo: “Gracias”. Si alguien lo necesita, simplemente se lo doy. Y eso es todo.
Seguir la vía del Buda significa complacerse con el día de hoy. Tus pies tienen que asentarse firmes sobre la tierra a fin de que no pierdas de vista el día de hoy, este instante, el lugar en que te encuentras y, sobre todo, a ti mismo. Practicar no consiste en acabar las tareas de limpieza cuanto antes. Si no pierdes de vista tu vida diaria mientras haces la limpieza, entonces también ahí estás practicando.

Practicar significa avanzar con paso firme mientras con una linterna iluminas únicamente la oscuridad que se encuentra ante tus pies. No podrás tener una visión general de toda la oscuridad. Pero si a cada paso que das en la práctica te procuras un breve trecho de claridad, entonces realizas la vía eterna del Buda.

Lo que hagas, hazlo sin pensar en ganancias o pérdidas. Emplea en este instante todas las fuerzas de que dispongas.

Me gusta cuando una persona se emplea en algo con toda su energía. Cuando veo que alguien se reserva las fuerzas, me entran ganas de darle una bofetada. Esto vale también para el conductor de autobuses: prefiero su tensa concentración entre el tráfico de Tokio que la relajada conducción en el campo.

Hagas lo que hagas, lo mejor es darlo todo de ti. ¡en las manos y pon todo tu empeño en lo que haces!

Durante la guerra, había momentos en que concentraba toda mi energía en el tanden (bajo vientre) y me levantaba con decisión. Así es como al fin conseguía mirar fijamente hacia adelante. Cuando estaba allí de pie, solo, sentía el peso de todo Japón sobre mis hombros. Mientras, por temor, mantenía los ojos cerrados, no podía ver nada. Sólo la desesperada decisión de levantarme me permitía abrir los ojos.

Poner la vida en juego no es gran cosa. El cabo Sawaki se mantenía en pie, bajo el fuego enemigo, hasta que llevaba a todo su batallón al ataque hacia las filas enemigas. Pero esto no tiene nada que ver con ir más allá de la vida y de la muerte. Era sólo el desenfado con que actúa el jefe de una banda de forajidos, al estilo de Mori-no-Ishimatsui. Me daba igual si aquello me costaba la vida. En cualquier caso, no me rompía la cabeza pensando en la muerte.
Si estáis así sentados ante mí, no tengo elección: cuando imparto un teisho tengo que darlo todo. Y si no sé algo, lo improviso. Me lo tomo tan en serio que la espalda se me yergue por sí sola.

No tienes elección. Simplemente haz lo que tienes que hacer. Deja lo que tengas que dejar. Cuanto más des de ti, más tranquilo te sentirás. Ahí está el secreto.

Así como no puedes darte un descanso y dejar de respirar ningún día del año, ni en toda tu vida, tampoco puedes hacer pausas en tu práctica. Usar el retrete es práctica. Viajar en autobús es práctica. Leer es práctica. La forma de la práctica cambia, pero la práctica no se interrumpe jamás.

En el zen, la religión es tu vida, siempre, en cada instante. Fija la atención en este momento, sin esperar nada de él, sin hacer depender nada de él, sin añadir ni quitar nada. Simplemente goza de este momento. Tu visión de esta vida ha de ser tan clara que puedas regocijarte incluso si tienes que morir en este preciso instante.

Si tu meta está en el futuro, ya es demasiado tarde. Has de hallarla en este instante, en ti mismo. El satori no significa depositar tus esperanzas en el futuro diciéndote: “Hoy no he llegado todavía muy lejos, pero en algún momento, de alguna manera, lo conseguiré”, sino que significa vivir tu vida dándolo todo de ti en todo lugar y en todo momento, siendo así uno contigo mismo. Sin embargo, si dices que ya “das todo de ti en todo lugar y en todo momento, y eres uno contigo mismo”, ¿no vacilas entonces ante el siguiente paso?

Pensar que se ha alcanzado el satori es también una ilusión. Sólo si tienes claro que a tu práctica le falta siempre algo, podrás encaminar cada uno de tus pasos hacia una práctica en cuerpo y alma. Esto es “dar todo de sí en todo lugar y en todo momento, y ser así uno consigo mismo”.

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4. Zazen es tu luz

KODO SAWAKI

Extracto del libro ¡El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos!

La presente obra ha sido traducida desde el alemán por Javier Fernández Retenaga

y revisada y anotada por Dokushô Villalba en Mayo 2012

Publicado por la Comunidad Budista Soto Zen


Zazen es tu luz. Sentado en zazen arrojas luz sobre ti mismo. Tú mismo reluces claro y brillante.

Zazen significa “sólo yo mismo”, “unidad del todo en el todo”. ¡Hazte uno contigo mismo! Por eso digo que con el zazen no perseguimos ningún fin. Simplemente nos sentamos. Nos sentamos, siendo uno con el universo.

El ojo es el ojo es el ojo. El oído es el oído es el oído. Si vives en el mundo sin artificios, cada uno de tus movimientos, tu actitud al andar y al estar de pie, sentado o acostado procederá del samadhi primigenio del no-hacer. El oído oye en samadhi, la nariz huele en samadhi, la lengua gusta en samadhi, el cuerpo siente en samadhiSamadhi significa la limpieza y la claridad original de la propia naturaleza.

Soltar el ego significa aceptarlo todo como un papel en el teatro. Te desenvuelves dentro del papel que te han asignado. Te harás uno con ese papel, sin preferencias ni ilusiones. El abad es uno con el abad, el pequeño monje uno con el pequeño monje. Esto quiere decir volverse íntimo con uno mismo.

Si vas al fondo de las cosas verás que no hay nada tras lo que pudieras ir, ni nada de lo que debas huir. ¿A dónde quieres retirarte cuando alguien te pone en un brete preguntándote quién eres realmente? Yo, aquí, ahora. Cada uno de nosotros ha de llenar el universo entero en este preciso instante, de inmediato, completamente, en el lugar donde se encuentre.

La práctica significa hacer del lugar donde te encuentras el paraíso, descubrir el reino celestial bajo tus pies.

Una enfermedad mantuvo a un poeta en cama durante largo tiempo. Un día dijo:

También hoy tengo mi sémola de arroz, también hoy crece la hiedra para mí. ¡No he hecho nada para merecerlo! Mi buena esposa, sólo por ti quiero vivir un poco más”. 

Otro quizás hubiera dicho: “¿Qué? ¿También hoy sémola de arroz nada más? ¡Y la ventana se llena de hiedra! ¡Qué triste haces mi vida, mujer! En el mismo lugar, en el mismo momento, en la misma situación, uno se muestra agradecido mientras que el otro se lamenta. De una misma cosa puedes tú alegrarte o enojarte. Todas las cosas son naturaleza de Buda, pero sólo un Buda que contempla las cosas como Buda las reconoce como naturaleza de Buda. Si una persona extraviada contempla las mismas cosas, sólo ve su ilusión. Sin embargo, eso no significa que la ilusión sea distinta de la naturaleza de Buda.

Si tu presente actitud ante la vida es engañosa, eso significa que todos los que hasta hoy te han proporcionado alimento, te han apoyado o te han enseñado algo lo han hecho únicamente para hacerte posible este engaño. Si, por el contrario, tu actitud ante la vida es firme, eso significa que has nacido, has sido educado y apoyado para esta firme actitud. Con tu presente actitud vital despiertas todo el pasado a la vida.

¿Qué significa tener buena o mala fortuna? Sea cual sea la situación en que te encuentres, vive tu vida con ambos pies firmes sobre el suelo.

Practicar la vía del Buda no significa esperar conquistar nada. Andar la vía del Buda significa no patalear en tu actual situación. Aquí está el lugar en el que dar tu vida, aquí el lugar en el que has de dar todo de ti. Éste es el sentido de la frase: “Todos los fenómenos son la forma de la verdad”.

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