Kusen (enseñanza oral) del maestro zen Dokushô Villalba

21 de Enero de 1989

Un grupo de discípulos, después de deliberar juntos en una asamblea, fueron a ver al maestro y a presentar sus quejas… y le dijeron: “Maestro, nosotros sus discípulos, tenemos un gran problema que nos tiene confundidos y extraviados; el problema es que no sabemos dónde ir, hacia dónde no ir, no sabemos hacia dónde nos debemos dirigir.

El Maestro fingió asombrarse mucho y exclamó: “¡Ah!, pero … ¿vamos a algún sitio?” Y quedándose pensativo, añadió: “Yo personalmente no quiero ir hacia ningún sitio, no; yo mejor me quedo. Y vosotros, ¿a dónde queréis ir?”

Los discípulos dijeron: -“¡A la Iluminación!’ ¡ ¿Y dónde está eso?”, preguntó el Maestro. Los discípulos contestaron contrariados: “Para eso hemos venido desde lejos hasta usted, para que no enseñe por dónde se va.”

Y el Maestro volvió a decir: “Ah!, pues yo no tengo ni idea. Aparte de comer mi sopa de arroz, lavar mis ojos por la mañana cuando me levanto y sentarme en zazen, no sé nada más.”

Entonces los discípulos se sintieron muy desilusionados y se dijeron: “Este maestro es un ser ordinario, busquemos otro maestro que nos conduzca y nos guíe hacia la Iluminación.”

Y así, los cuatro mil discípulos de este Maestro se fueron juntos en peregrinación, hasta que oyeron hablar de un maestro que enseñaba la Iluminación de la Planta Maravillosa y Exótica, que se encontraba en la cima de una preciosa cordillera nevada, a miles de kilómetros de allí.

Era necesario prepararse y armarse para emprender un viaje tan largo y difícil, a través de montañas y ríos. Era una idea tan excitante, que los cuatro mil discípulos se apuntaron a la travesía, en busca de la Iluminación de la Planta Maravillosa y Exótica. El Maestro que los guiaba les hizo atravesar toda clase de paisajes y de geografías, y todos fueron madurando y envejeciendo a medida que el viaje avanzaba.

Por último, con gran esfuerzo, consiguieron escalar la montaña más alta del mundo y cuando llegaron a la cima, no vieron absolutamente nada, ninguna planta maravillosa…, y entonces el maestro les dijo: “Queridos amigos, después de tantos años de práctica ya estáis maduros para comprender que la Iluminación no es nada especial, que la Iluminación no es más que comer vuestra sopa de arroz, lavarse los ojos por la mañana y sentarse en zazen.”

Y los cuatro mil discípulos comprendieron su error de golpe y exclamaron: l!AAAAHHHHHH !” Así que todos volvieron con su anterior maestro que simplemente, continuaba lavándose los ojos por la mañana, tomando sopa de arroz y sentándose en zazen.

Debemos comprender que todas las palabras de la enseñanza, todos los Sutra y, sus comentarios, no son más que metáforas, medios hábiles para hacernos comprender la naturaleza de nuestra existencia. Se habla de la Vía, se habla de la ilusión y de la Iluminación, se habla de samsara y de Nirvana. Pero todo esto no son más que palabras; debéis comprender más allá.

El Maestro Dogen dice: “Cada fenómeno, sea cual sea, es la manifestación de la naturaleza del Buda, de la Iluminación”, y también dice: “Cada fenómeno es lo que es AQUÍ y AHORA. Aparte de esto, no hay nada más.”

Nuestra mente actúa siempre basada en un pensamiento binario y dualista, actúa siempre por comparación y, el AQUI y AHORA, inmediatamente lo comparamos con otro sitio, otro lugar, otro tiempo.

Pero AQUÍ y AHORA… es siempre AQUÍ y AHORA. Aparte de este AQUÍ y AHORA, no hay otro lugar ni otro tiempo.

Por eso en el Zen, no vamos del AQUÍ y AHORA hacia el futuro, sino que vamos del AQUÍ y AHORA al AQUÍ y AHORA.

AQUI y AHORA dolor, AQUI y AHORA placer…

Cada fenómeno es la manifestación de la verdad última, de la verdad cósmica, la actualización del mundo infinito.

Un discípulo preguntó: “Maestro, si el frío es también la manifestación de la verdad cósmica, ¿por qué enciende la calefacción para protegerse de él?” Y el Maestro contestó: Mi búsqueda de protección del frío, también es la manifestación de la verdad cósmica.”

¿Cómo comprender esto?

Si queremos comprender con nuestra mente, no podremos. Debemos sentir con la totalidad de nosotros mismos, sentir es el punto fundamental del zen.

Sentir no se trata solamente de una sensación o de una percepción, ni de un pensamiento. Es todo esto junto, sentir nuestros pensamientos, nuestras sensaciones, nuestras percepciones… y expresar este sentir fundamental.

Lo natural es sentir, sin embargo nosotros, la mayoría de las veces no sentimos. No sentimos porque nuestras categorías intelectuales crean capas espesas y solidifican obstáculos. Ni siquiera nos sentimos a nosotros mismos. Lo más que logramos hacer es tener una idea de lo que creemos ser, un esquema, una imagen mental ilusoria. Y nos lo creemos tanto que esta imagen que nos forjamos, acaba tiranizándonos,

Para sentir realmente es necesario abandonar cualquier categoría sobre lo que creemos ser. Cuando en el Zen hablamos de comunicación, se entiende que el sentir de una persona y de otra, se convierten en un solo sentir.

Es así también como se produce la transmisión del Dharma, a nivel profundo e íntegro, más allá de las características personales, más allá de cualquier concepto, incluso respecto del Zen.

En la práctica de zazen, se va fundiendo el sentir del discípulo con el sentir del Dharma. Poco a poco va practicando el Dharma del cuerpo en cada momento de la vida cotidiana y va liberándose en etapas sucesivas de la Ignorancia que lo cubre. De este modo, paulatinamente, deja de relacionarse con el mundo a través de sus estrechos esquemas personales, y abre paso al “sentir Fundamental “.

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