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El fin del zen en Japón

Por el monje de Bukkokuji, Kogen Czarnik.

Viviendo en el siglo XXI, es difícil ser optimista sobre el futuro. Con la extinción masiva de especies, la desaparición de los casquetes polares, la rápida pérdida de selvas tropicales y más, tenemos mucho de qué preocuparnos. Se está produciendo otra extinción que, sin duda, podría no ser un problema tan urgente como los mencionados anteriormente, pero, sin embargo, para nosotros los practicantes Zen, es importante tomar conciencia de él. Se trata de la desaparición de la tradición zen en Japón, que ya viene ocurriendo desde hace algún tiempo, pero que se ha acelerado mucho en los últimos años, y ahora se ha convertido en una realidad innegable durante la pandemia. Ahora mismo en toda la escuela Soto solo hay 4 monasterios con más de 10 monjes. Si no sabes mucho sobre el Zen en Japón, puedo asegurarte de que es un número impactante. Hace poco más de una década había al menos una docena de templos de ese tamaño. Entonces, ¿cómo hemos llegamos aquí? ¿Cuál es la situación y por qué es importante?

Probablemente cualquiera que lea este blog de Dosho ya esté familiarizado con los desafíos que enfrentó el buddhismo en Japón durante la era Meiji[1. Era Meiji, 1868-1912.]. 20.000 templos fueron destruidos entre 1872-76, las tierras fueron confiscadas, los monjes se vieron obligados a convertirse en ciudadanos comunes y abrazar la vida familiar, etc. El último cambio fue a la larga el más importante. Cuando un abad de un templo tiene familia e hijos, naturalmente quiere que sus hijos le sucedan en el templo y pasar sus últimos años de retiro al cuidado de su familia[2. La mayoría de las pocas monjas en Japón permanecen célibes, así que procederé solo con pronombres masculinos.]. El resultado es que más del 95% de todos los sacerdotes japoneses no llegan al Zen por vocación, buscando resolver el asunto esencial de la vida y de la muerte, sino porque su padre es un sacerdote zen. La escuela Soto hace una encuesta cada diez años, y estos datos muestran que cada vez hay menos sacerdotes que practican zazen; para ellos dirigir un templo es solo un trabajo.

En segundo lugar, hay razones socioculturales detrás de la crisis actual. Por supuesto, la secularización de las sociedades está ocurriendo en todo el mundo, no solo en Japón. En 1995, el 55,5% de las personas en Japón informaron que su hogar era buddhista. En 2001 era del 39,3%[3. Datos de la publicación de la Escuela Soto “El sacerdote, su rol y desafíos”, 2008 “僧侶 そ の 役 割 と 課題”.]. No tengo datos de 2021 pero dudo que hayan subido. Japón también tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y, además, la tendencia de las generaciones más jóvenes a mudarse del campo a las ciudades significa que cada vez menos feligreses asisten a los templos en las zonas rurales desiertas. Esto ha llevado a la situación en la que muchos sacerdotes no pueden mantener a su familia con el dinero recibido a través del templo y tienen que conseguir un segundo trabajo. Hay un buen artículo sobre esto en The Guardian, que puedes leer aquí. Ten en cuenta que fue escrito antes de la pandemia, y durante los últimos dos años, el mayor ingreso anual de cada templo, el obon[4. La celebración religiosa anual más importante para el buddhismo japonés. Es como el Día de los Difuntos en la cultura occidental.] que se realizaba en las casas de los feligreses para sus antepasados, fue cancelado. Muchos de los monjes temen que la gente no quiera volver a las celebraciones regulares del obon después de que termine la pandemia. Esto solo acelerará aún más la disminución del número de templos.

Por último, Japón también está cambiando culturalmente. El sistema de castas no fue oficialmente abolido hasta 1871. En 1960 todavía se arreglaban la mayoría de los matrimonios. Poder elegir el destino de uno fue una idea adoptada solo gradualmente en Japón. Pero ahora cada vez más hijos de sacerdotes zen no ceden a la presión de ordenarse y heredar el negocio familiar. Parece que el número de monjes se está reduciendo incluso más rápido que el número de feligreses, y no es raro oír hablar de un templo con cientos de familias asociadas que buscan desesperadamente un sacerdote residente y no pueden encontrar uno.

¿Cuál es la situación ahora? Hace algunos años, una encuesta realizada por la Agencia Japonesa de Asuntos Culturales mostró que la proporción de monjes por templos era de 1,14 a 1 para la escuela Soto, y de 1,02 a 1 para la escuela Rinzai. Ahora, con la pandemia y los acontecimientos mencionados anteriormente, es probable que sea menos que eso. Por lo tanto, es posible que ya haya más templos que monjes, y muchos templos incluso ahora no tienen ni un sacerdote residente. En la escuela Soto solo hay cuatro monasterios que tienen diez o más residentes monásticos[5. Como cada una de las subescuelas de la Escuela Rinzai se gobierna por separado, es más difícil obtener información sin llamar a cada uno de los más de 40 senmon sodos. Los números en ellos tienden a distribuirse de manera más uniforme, ya que los templos que pertenecen a cada subescuela están enviando a sus monjes a entrenar al sodo de su escuela, a diferencia de la escuela Soto, donde más del 50% se reúnen en Eihei-ji. Pero para ilustrar brevemente, Myoshin-ji tiene actualmente 12 monjes, Ryutaku-ji tiene 5 monjes y Shogen-ji tiene 9. En comparación, cuando Sogaku Harada Roshi practicaba en Shogen-ji en la década de 1890, había cerca de 100 monjes en entrenamiento (unsui) allí.]. Esos son los dos templos principales, Eihei-ji (120 monjes) y Soji-ji (60), y luego la rama Eihei-ji de Tokio, Chokoku-ji (20) y Tosho-ji (en la prefectura de Okayama, 15). El siguiente es el monasterio de monjas Aichi Nisodo Shobo-ji (7 monjas) y en el resto de los monasterios de entrenamiento (senmon sodo)[6. Senmon sodo, son monasterios donde se forman los monjes zen novicios, o unsui.] puede haber entre cero y cinco unsui. Recientemente, la escuela Soto decidió cerrar diez de los treinta de sus monasterios de formación, entre ellos Hosshin-ji, Hokyo-ji y Daijo-ji, tres famosos templos de formación[7. Los restantes son: Myoko-ji, Kosho-ji, Saiyo-ji, Kokoku-ji, Chokoku-ji, Daiei-ji y Myogon-ji.]. Si estás practicando Soto Zen en Occidente, tienes un 50% de posibilidades de que tu Centro Zen pertenezca al linaje de Sogaku Harada Roshi. Este linaje, principalmente a través de la prominente línea Yasutani (y sus ramas Maezumi, Kapleau y Yamada), pero también a través de las líneas Tangen Harada y Tetsugyu Ban, es muy influyente en Occidente. Sogaku Roshi se hizo cargo de Hosshin-ji en enero de 1922, hace casi exactamente cien años, y desde entonces ha dado a luz a muchos maestros maravillosos. Ahora, el «dojo del diablo», famoso por su práctica estricta, se está convirtiendo en un templo más cuya función principal es la celebración de funerales y memoriales para las familias asociadas. Incluso otros monasterios de formación que conservaron su estatus oficial están en realidad casi vacíos.

Desde el punto de vista puramente del Dharma, el mayor problema es que muchos maestros han fallecido sin un sucesor, y muchos linajes que eran muy vitales incluso hace unas décadas están desapareciendo.

Los maestros y estudiantes del Zen han estado repitiendo la frase «El Zen en Japón está muerto» durante décadas. Entonces, ¿cuál es, te preguntarás, el gran problema? ¿Qué nos importa a los practicantes en Occidente? Curiosamente, esta frase fue acuñada por maestros japoneses cuando el Zen japonés todavía estaba bastante vivo. Un documental de la BBC de 1977 sobre las religiones del mundo captura un momento memorable en el que el periodista le pregunta a Yamada Mumon Roshi, abad de Myoshin-ji de la escuela Rinzai y presidente de la Universidad de Hanazono, sobre su declaración de que el Zen ha muerto en Japón, y que debe ser reimportado desde América. Mumon Roshi responde con una risa espontánea: «De hecho, así es como está sucediendo». Mumon Roshi asistió a la ceremonia de apertura del Daibosatsu Zendo y visitó el Centro de la Montaña Zen de Tassajara, y debió haber amado el hecho de que los laicos no buscaran el Zen para conseguir el certificado de sacerdote o por obligación familiar, sino simplemente para practicarlo. En el Zen occidental había una frescura que ya se había perdido en el Japón posterior a Meiji. Pero en este momento, cuando el Zen recién comenzaba en Occidente, todavía había docenas de grandes maestros Zen enseñando en los monasterios japoneses con una práctica viva e intensa. Cada uno de los maestros japoneses que llegaron a Occidente había pasado por esta formación tradicional.

Durante los siguientes cuarenta años, un par de generaciones de practicantes occidentales aún pudieron ir a Japón para sumergirse en el fuego de la práctica tradicional, rara vez encontrada en Occidente, antes de regresar a sus países de origen. Para algunos, esos fueron los años más formativos de su práctica. Muchos de los maestros que actualmente comparten el Dharma en Occidente, o sus maestros, se habían capacitado en Japón y encontraron un gran valor en él. Otros podrían haber encontrado todo lo que necesitaban para la realización en entornos occidentales, y eso es genial. Estoy escribiendo desde la perspectiva de alguien que se entrenó durante más de una década en monasterios en Japón (y Corea del Sur), y encontró la formación monástica tradicional inmensamente valiosa.
No solo la intensidad de la práctica estaba en un nivel completamente diferente de lo que experimenté en Occidente, sino que también estaba la experiencia de convertirse y actuar como un solo cuerpo con toda la comunidad, especialmente útil para las personas del Occidente individualista. Olvidar las preferencias personales, las opiniones, los entendimientos y simplemente rendirse a la incesante sucesión de formas y prácticas diseñadas para apuntar continuamente a la verdadera naturaleza, tiene un gran poder. Por supuesto, todos los que participan en una sesshin en cualquier centro Zen occidental pueden tener esta experiencia hasta cierto punto, pero en la vida tradicional del monasterio esta experiencia no termina con el final de la sesshin. Es una forma de vida que impregna todo el ser, exigiendo la entrega continua de los puntos de vista egocéntricos. En mi templo raíz, Bukkoku-ji, bajo la dirección de Tangen Roshi, no se nos permitía leer, escribir, salir por la puerta o hablar innecesariamente entre nosotros. Los 365 días del año, cada mañana comenzaban con zazen y recitaciones de sutras, todas las comidas eran formales y silenciosas, todas las noches había zazen desde las 18:20 a las 21:00 [8. La única excepción fue al final del invierno ango en la noche del solsticio de invierno donde la cena era informal y en lugar del zazen vespertino había una celebración, todos juntos comiendo y cantando.]. Lo hacíamos todo juntos. Cuando lavábamos los platos, después de secar un plato que pertenecía a un armario del otro lado de la cocina podía entregarlo y soltarlo con los ojos cerrados, con la seguridad de que alguna otra mano lo recogería en silencio y lo pondría en el lugar correcto. Sin espacio ni tiempo personal, hacíamos zazen, takuhatsu (ronda de mendicidad), comíamos, dormíamos, nos postrábamos, trabajábamos y cantábamos como un solo cuerpo. No sabía casi nada sobre mis hermanos de Dharma, su educación, dónde nacieron, etc., pero nos conocíamos íntimamente, como la mano izquierda conoce a la derecha.

Sodo de Tosho-ji.

A diferencia de Bukkoku-ji, en muchos otros monasterios de entrenamiento, la mayoría de los monjes eran hijos de sacerdotes que abandonaban la práctica después de dejar el sodo pero, aún así, los sodos proporcionaban un contenedor en el que un buscador genuino podía entrar, entrenar, despertar y luego enseñar a otros. Ahora, sin embargo, estos monasterios están luchando por sobrevivir, y pronto el entrenamiento tradicional podría no estar disponible en absoluto para los buscadores llamados a él, y solo tendremos las opciones modificadas que hemos creado para nosotros en Occidente.

Algunas personas parecen pensar que el retoño de este viejo árbol moribundo ya fue trasplantado a un nuevo suelo y está creciendo con fuerza. ¿Pero es así? La mayoría de los centros zen más antiguos de Occidente tienen menos estudiantes que en el momento de su maestro fundador. Muchos estudiantes occidentales de Zen son baby boomers, y no hay tantos jóvenes que elijan practicar Zen. A algunos maestros les preocupa que en los linajes occidentales la transmisión del Dharma haya perdido su significado, que convertirse en maestro Zen sea solo una carrera en algunos casos, y que los estudiantes no se sienten tanto en zazen y hagan tantas sesshin como en los primeros días. Esto suena inquietantemente similar a las observaciones hechas sobre el estado del Zen en Japón, como si en Occidente hubiéramos repetido el ciclo que sucedió en Japón durante 800 años en menos de 80. ¿Seremos capaces de evitar el triste destino de nuestra tradición madre? ¿Será nuestra práctica tan auténtica, nuestro voto tan firme y nuestra realización tan profunda como para producir aquí en Occidente suficientes maestros lúcidos para llevar adelante la lámpara del Dharma sin el combustible de la inspiración traído aquí por los maestros japoneses, y sin la lámpara de los tradicionales monasterios que la protegieron de los vientos del mundo durante los últimos 2500 años? La respuesta a esa pregunta está en nuestras manos.

Fuente:
https://www.patheos.com/blogs/wildfoxzen/2021/11/the-end-of-zen-in-japan.html?utm_source=share_bar

Traducido para Zendodigital.


Foto de portada: Gran Jukai, Hosshinshin-ji, 1958, con Harada Daiun Sogaku Roshi en el centro.