Kusen (enseñanza oral) del maestro zen Dokushô Villalba14 de Enero de 1989, Ermita de Portaceli.

Zazen es sentarnos en silencio… ¿Qué significación podríamos darle a esto? o ¿por qué debiéramos darle una significación?Sentarse es sentarse, el silencio es el silencio; la significación de sentarse es sentarse y la significación de silencio es silencio.

No hemos venido aquí para continuar representando el personaje que habitualmente creamos, no hemos venido para competir, ni para conquistar nada ni a nadie. Esto es un terreno franco de personajes y de roles sociales

Estamos aquí porque hemos decidido sentarnos, volver a tomar contacto con el silencio, solamente esto. Y no tiene absolutamente nada de especial, no es algo exótico ni insólito, no es algo de Oriente ni de Occidente, no es catalán ni valenciano, es sentarse… simplemente sentarse.

Sentarse en silencio es fundir el cuerpo y la mente, volver a tomar contacto con la verdadera esencia de nuestra existencia, con nuestra verdadera naturaleza; es ser más allá de todas las categorías limitadas, más allá de toda emoción, más allá del querer o no querer… simplemente sentarse y volver al silencio.

Pero volver al silencio no es fácil. El otro día comentaba en el dojo lo difícil que resulta, particularmente para los que vivimos en las ciudades, encontrar un poco de silencio. Sin embargo aquí, rodeados de campo, la ausencia de sonido nos hace percibir el silencio. Y paradójicamente, el silencio físico se vuelve evidente al mismo tiempo que hace su aparición el ruido Interior de nuestra mente.

En el silencio podemos darnos cuenta de lo ruidosa que es nuestra mente, de que no conoce la calma, siempre trajinando, calculando, continuamente alimentando pensamientos de deseo, envidia, competición o rechazo; continuamente planteándonos cada acontecimiento en términos de “me gusta” o “no me gusta”. Esto crea un gran ruido mental y emocional en nuestra conciencia.

Y después, nuestro cuerpo sigue los impulsos de nuestra mente, los gestos se vuelven imprecisos, negligentes, la manera de vivir se vuelve desordenada y como manifestación del ruido mental interno, aparece el ruido físico exterior. Al hombre de la civilización moderna le aterra el silencio, porque en el silencio se percibe y se siente el vacío; la primera Impresión es una gran cacofonía, una gran desarmonía, un profundo desgarramiento Interno,

Entonces huye despavorido y prefiere seguir inmerso en los ruidos externos, en la música fuerte y en los espectáculos de masas. El hombre ha desarrollado tanto la capacidad de emitir sonidos amplificados, que hoy en día puede enviarlos de un rincón a otro del globo. Pocos son en esta época, los que aprecian el inestimable valor del silencio, tanto ambiental como interno.

Sea como sea, no debemos caer en la mistificación del silencio. El maestro Taisen Deshímaru decía: “El silencio no significa dejar de hablar, sino hablar desde el fondo del silencio.”

El sonido que surge del silencio es un sonido sagrado, es la antigua música que practicaban los pueblos primitivos.

Por eso, durante estas horas que vamos a pasar juntos, aprovechemos el silencio ambiental para sentirnos a nosotros mismos, para tomar conciencia del estado real de nuestra mente y de nuestro cuerpo. En la medida de lo posible, procuremos solucionar lo menos posible este silencio con palabras inútiles. Olvidad el personaje que representáis en la vida social, olvidad vuestras preocupaciones; aquí no sois ni un padre ni un hijo, ni un empleado ni un jefe, ni jóvenes ni viejos, ni hombres ni mujeres. Aquí sois conciencia sumergida en el silencio, percibiendo lucidamente cada sonido o cada fenómeno que aparece en este silencio.

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