Shobogenzo Zuimonki

Recopiladas por su Sucesor
Koun Ejo


 El Shobogezo Zuimonki es una recopilación de las enseñanzas informales del maestro zen Eihei Dogen (1200-1253) a sus discípulos, monjes y laicos, recogidas por su sucesor espiritual Koun Ejo (1198-1280). Estas charlas tuvieron lugar en el templo Koshoji durante el período comprendido entre 1235 y 1237, coincidente con los tres primeros años del discipulado de Ejo. En aquel tiempo, Dogen Zenji se hallaba empeñado en la fundación de un lugar donde poder transimitir el Dharma que él había recibido en China; un lugar donde poder formar a los monjes y desde donde propagar la práctica de zazen. Esto supuso una revolución en el budismo japonés de la época, tanto para el budismo subvencionado por el emperador, la aristocracia y otra gente rica, como para los buscadores sinceros y de aspiración pura, alejados de la riqueza, la fama y los centros de poder.

Dogen Zenji fue el introductor del linaje soto del budismo zen en Japón. Recibió la transmisión del Dharma de su maestro Tendo Nyojo (1163-1228), un brillante monje chino que, en medio del panorama decadente del budismo chino de la época, mantenía aún la verdadera esencia de la enseñanza de Bodhidharma. La figura de Dogen ocupa un lugar prominente en la historia del budismo y en la del pensamiento intelectual japonés. Como gran líder espiritual, la grandeza de su pensamiento le sitúa en la cúspide de la filosofía japonesa, al tiempo que la profundidad de su experiencia religiosa le ha convertido en una lampara incandescente para todos aquellos que buscan el Despertar de la conciencia, tanto en Oriente como en Occidente. Nadie que en la actualidad quiera estudiar el pensamiento filosófico y la experiencia religiosa de la Humanidad puede dejar de lado un estudio minucioso sobre Dogen.

La obra magna de Dogen Zenji es, sin ningún género de duda, el Shobogenzo (El Tesoro del Ojo de la Verdadera Ley), un texto filosófico-religioso gigantesco de difícil comprensión, especialmente para aquellos que se inician en el estudio y la práctica del Dharma. No obstante, este Shobogenzo Zuimonki no es un tratado filosófico de difícil lectura, sino una serie de enseñanzas informales a través de los cuales Dogen explica con palabras sencillas y ejemplos muy concretos la actitud justa que los practicantes del Dharma deben cultivar en las múltiples circunstancias de la vida cotidiana, ya sean monjes o laicos.

El punto central del Zuimonki es el de despertar a la verdad de la impermanencia. En el apartado 1-4, dice:

Aprender la práctica y mantenerla significa abandonar el apego al ego, siguiendo las instrucciones del Maestro. Lo esencial es liberarse del anhelo. Para liberarse del anhelo, es necesario morir al propio egoísmo. Despertar a la impermanencia es lo más necesario para morir al propio egoísmo.

En el Gakudo Yojinshu, Dogen enji dice también que despertarse a la impermanencia supone el despertar del cuerpo-mente:

Cuando verdaderamente “vemos” la impermanencia, la mente del yo y de lo mío no aflora, ni tampoco lo hacen los pensamientos de fama o de riqueza. La inquietud producida por la rápida sucesión de los días y las noches os hará practicar como si apagárais un fuego prendido en vuestros propios cabellos. Reflexionad sobre la fragilidad de vuestro cuerpo, practicad con diligencia siguiendo el ejemplo del Buda.

A lo largo del Zuimonki, Dogen habla acerca de la importancia de ver la impermanencia (1-4, 1-29, 2-6, 2-14, 2-25, 3-2, 3-3, 6-8, 6-9). Ver la impermanencia y morir a la conciencia del “yo” y de lo “mío” (1-4, 1-19, 3-3, 4-1, 5-9, 5-16, 5-20, 6-12) es el fundamento de la práctica de la Vía enseñada por Dogen Zenji. También lo es el llevar a nuestra vida diaria, con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu, las enseñanzas del Buda Sakyamuni acerca de la impermanencia y la ausencia de ego. Aquí tenemos que tener cuidado de no confundir “ver la impermanencia” y “ausencia de ego” con algún tipo de pesimismo o de fatalismo. Debido precisamentea que todo es impermanente y a que todo cambia con rapidez, tenemos que valorar nuestro tiempo. Gracias a la ausencia de ego podemos trabajar para los demás.

De los principios “Ver la impermanencia” y “Abandonar la conciencia del ‘yo’ y de lo ‘mío'” se derivan las siguientes actitudes:

1. No buscar el provecho personal (mushotoku): (1-9, 3-3, 3-10, 5, 23).

2. Seguir al Maestro y las enseñanzas de Buda: (1-4, 1-13, 2-4, 2-12, 2-19, 2-24, 3-3, 5-2, 6-17).

3. Liberarse de los puntos de vista personales: (1-13, 4-1, 4-3, 4-7, 5-2, 5-13, 6-17).

4. Abandonar los sentimientos mundanos: (1-21, 2-1, 2-4, 2-12, 3-13, 5-9).

5. Desarrollar la compasión y trabajar para el bien de los demás: (1-7, 1-12, 1-19, 1-20, 3-3, 3-6, 3-7, 6-10, 6-15).

6. Vivir en la pobreza y no aferrarse a la comida ni a los vestidos: (1-16, 2-3, 2-6, 3-4, 3-7, 4-14, 4-15, 5-2, 5-5, 5-21, 5-22, 6-3, 6-4, 6-5).

7. No buscar la fama ni la riqueza: (1-16, 1-19, 2-3, 2-15, 3-15, 3-5, 4-8, 5-15, 5-20).

8. Mantenerse apartado del apego al cuerpo y a la mente: (3-1, 3-3, 5-1, 6-2, 6-17).

9. No luchar con los demás sino mantener la armonía con todos: (1-10, 4-13, 5-7, 5-22).

10. Aspirar sinceramente al Despertar: (2-14, 2-20, 5-5, 5-12. 6-16).

11. Concentrarse en la propia práctica: (1-5, 1-11, 1-14, 6-16).

El punto clave de estas actitudes es la práctica de zazen shikantaza: (1-1, 1-2, 1-4, 2-6, 2-9, 2-22, 2-25, 2-26, 4-4, 4-14, 5-10, 5-16, 5-23).

Otro punto sobre el que Dogen enfatizó mucho es el de entrar en un monasterio y practicar con los demás (6-9).

En resumen, ver la impermanencia, abandonar la conciencia del “yo” y de lo “mío”, practicar el Dharma del Buda solamente por el Dharma del Buda, concentrarse en la postura del zazen sin esperar obtener nada, vivir en la pobreza y trabajar por el bien de los demás, es la forma de vida a la que nos anima Dogen en el Zuimonki.

(De la Introducción.)

Estamos ante un libro de cabecera imprescindible para cualquier practicante serio del zen, al que volver una y otra vez en busca de consejo, apoyo e inspiración. Toda una joya de la literatura zen en lengua castellana. Excelente traducción de José Antonio Rodríguez a partir de la traducción inglesa original de Shohaku Okumura. Prólogo del maestro Dokushô Villalba.

Por Kepa Egiluz

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