Kepa Fernández nació hace 57 años en Bilbao, de cuyo dojo es responsable. Es discípulo del maestro Dokushô Villalba desde1997.

¿Cómo es la práctica en tu centro?

Es una práctica serena y regular, que acoge a todos los seres. Es un espacio, una ventana al despertar de la conciencia y a la práctica de la atención plena.

 

Además de responsable del dojo, ¿tienes alguna otra responsabilidad relacionada con la Comunidad? ¿Cuál?

Sí, soy profesor del Programa de Estudios Budistas.

 

Cuéntanos algo sobre tu acercamiento al zen. ¿Cómo fue? ¿Qué te atrajo en un primer momento? ¿Cómo fue la experiencia de tu primer retiro?

Fue un azar aparente. Surgió un encuentro y algo reverberó dentro. Yo buscaba algo, un ¡no sé qué! Y me encontré con una forma de conocimiento y de vida. Inicialmente no me atrajo como una experiencia placentera, pero decidí que tenía que profundizar a pesar de los dolores físicos intensos que experimentaba en las rodillas.

 

La práctica para ti habrá cambiado bastante. ¿De qué manera? ¿Qué dirías que te aporta un retiro hoy en día?

Se ha vuelto más liviana, a la vez que profunda, y, también, más expansiva e inclusiva. En cada retiro tengo la oportunidad de re-vibrar y actualizar la experiencia de Ser en el instante presente.

 

Como instructor zen, habrás dado ya muchos consejos sobre la práctica. ¿Cuál crees que es el más importante para un principiante? ¿Y para alguien con experiencia?

En ambos casos, paciencia y humildad; practicar con el espíritu del principiante.

 

Además de ser instructor zen, tienes toda una vida personal, como es lógico. ¿Qué nos puedes contar de ella? ¿De qué manera crees que la práctica del zen interactúa con tu vida en un sentido amplio?

Es difícil separar vida cotidiana y práctica zen, se han convertido en sinónimos. Es vivir de una forma más plena la misma vida.

 

Uno de los puntos centrales del zen es la transmisión maestro-discípulo. ¿Cómo la reflejarías en tu experiencia personal?

Mi maestro es un amigo de bien. Un amigo de bien se encuentra con un amigo de bien, y al encontrarse se reconocen. El hermano mayor de bien me ha apuntado en la dirección correcta hacia donde caminar. Le estoy profundamente agradecido por ser mi guía y referente.

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