Fundación y primeros años del monasterio zen Luz Serena (1989-1999).

Artículo realizado por Mar López, instructora de meditación zen y
responsable de «Nainiwa Zen» de Zaragoza,
con motivo del XXV aniversario de la fundación del templo zen «Luz Serena».

© Comunidad Budista Soto Zen

 


La primera vez que fui al Monasterio Luz Serena fue un impacto para mi. Era julio de 1994.

Lo primero que vi al llegar fue un monje joven que me acompañó hasta la gran carpa central que hacía las veces de dojo, comedor y dormitorios, tanto de hombres como de mujeres. No había luz eléctrica. Funcionaba todo con un grupo electrógeno y, sobre todo, con velas. Los retretes eran unos agujeros en la tierra sobre una fosa séptica, a través de los cuales se intuía un mundo insondable de oscuridad, pero estaban tan, tan limpios y cuidados que me impresionó vivamente. Todo en el espacio de Luz Serena estaba impregnado de una atmósfera muy cuidada, cada piedra, cada árbol, cada rincón me hablaba de una presencia inteligente y creativa, donde el amor tenía su oportunidad.

Me pregunté como era posible que hubiera tanta vida en un lugar tan rudimentario, hermoso pero tan precario. Me dije que la gente que acompañaba al maestro Dokushô Villalba en el Monasterio Zen Luz Serena debía tener muy buenas razones para soportar una vida tan espartana. Así que me fijé bien en todos ellos: parecían estar impresionados y reverentes por la presencia del maestro Dokushô, lo cual no me extrañó en absoluto pues también era la razón por la cual yo estaba ahí.

Mas tarde supe que el templo fue fundado en 1989, con la compra de la finca “La Hoya del Muchacho”. Se trata de treinta y tres hectáreas de bosque mediterráneo, con una pequeña casita y una piscina rústica. El 1 de junio llegaron a la finca el maestro Dokushô y seis pioneros más. Provenían de las comunidades zen de Madrid, Valencia y Alicante; llegaron con dos furgonetas y todo lo necesario para una acampada, ya que en dos meses había que convertir ese espacio inhóspito en un lugar mínimamente preparado para un ango[1. Ango es el período de retiro de verano.] de verano.

¡Cuánto trabajaron! En sólo dos meses reconstruyeron la casita abandonada, repararon un enorme agujero en el tejado, y ampliaron la cocina original. Construyeron un espacio para lavabos al aire libre, duchas, retretes con fosa séptica y montaron una gran carpa, comprada de segunda mano, sobre una pista de tenis ya existente. Construyeron los primeros caminos, los primeros muros de contención del monte y explanaron lo que hoy conocemos como el Gran Círculo… Todo ello con las donaciones de una sangha[2. Sangha es la comunidad budista] entusiasmada que reunió diez millones de pesetas en una sola Asamblea General. El Monasterio Raíz abrió sus puertas el 1 de Agosto del 1989, dos meses después de la llegada de los primeros “monjes zapadores”.

Pero … ¡No pudo ser! Ese mismo día, una gran tormenta de lluvias torrenciales casi se llevó por delante una gran parte del esfuerzo dedicado, inundando completamente las rudimentarias instalaciones y haciendo correr ríos de agua roja a causa de la tierra removida.

Pero el sol salió de nuevo, y la sesshin[3. Sesshin, significa “tocar lo esencial”. Es el nombre que reciben los retiros de meditación zen.] comenzó tres días mas tarde, sin agua corriente y con más de sesenta personas remojadas y embarradas, pero decididas a fecundar la montaña como lugar de irradiación del Dharma[4. Dharma es la enseñanza y la práctica enseñada por el Buda] del Buda.

Aunque el entusiasmo original de la sangha fue decayendo, debido a la crudeza de las instalaciones y a las grandes necesidades materiales, con el tiempo se construyó la actual sala de meditación, corazón del monasterio. Fue en 1994. La electricidad fue instalada en 1995, seis años después de la fundación. En 1998 se pudo ampliar el comedor hasta alcanzar las dimensiones actuales. Quedó una sala capaz de albergar grupos de personas mucho mas grandes, de tal forma que actualmente se utiliza fundamentalmente como comedor, pero también como sala de reuniones y de enseñanzas sobre el Dharma.

En 1990, en la explanada del círculo del Buda, el maestro Shuyu Narita Roshi puso la primera piedra de la futura sala de meditación, durante su primera visita al monasterio. Esta explanada todavía hoy sigue albergando los claros de luna de las meditaciones al anochecer durante los retiros de verano. Las cintas de colores, con los versos del Sutra del Corazón al viento, bendicen a todas las existencias, mientras esperamos que pronto, en cuanto las donaciones lo permitan, se pueda construir allí la nueva sala de meditación. En el 2004 se construyó el Círculo de los Ancestros, en el corazón mismo de Luz Serena, donde reposan las cenizas del maestro Narita, acompañadas por el símbolo del linaje espiritual, el ketsumiaku[5. Ketsumyaku, documento que acredita el linaje espiritual en la tradición zen.] grabado en un monolito de pizarra negra.

Gracias a la construcción de la sala de meditación y del nuevo comedor, la carpa quedó liberada de estos usos, con el consiguiente alivio para los responsables del servicio en las comidas durante los retiros: imaginad lo que era subir y bajar desde la cocina hasta la carpa con las bandejas de servicio, es decir, una magnifica oportunidad para ejercitar la atención consciente para no tropezar y caerse… Ni qué decir tiene que los esforzados compañeros de servicio eran casi siempre hombres dotados de buenos brazos.

Sin embargo, lo más excelente era pernoctar en la carpa, inmaculadamente limpia y ordenada pero condenadamente fría o caliente según fuera invierno o verano… Especialmente temibles eran los retiros rohatsu[6. Rohatsu es el retiro que se celebra en conmemoración de la Iluminación del Buda.], en pleno diciembre, en los que la alianza entre la humedad y el frío hacían que tuvieras que plantearte seriamente una y otra vez si tu motivación para permanecer comprometidos con la practica de la Vía del Zen era la adecuada. ¡Como si la experiencia de zazen no fuera suficiente difícil! Los residentes de Luz Serena despertaban nuestra admiración en aquellos inviernos solitarios en los que se congelaba el agua de las flores del altar de la sala de meditación, mientras permanecían sentados serenamente en la quietud y el silencio inmaculados de zazen .

Hoy día, veinticinco años después, ahora que Luz Serena se fue poblando de una amable aunque modesta hospedería, casitas de residentes, caminos cada vez más embellecidos, rincones más floridos, comodidades inimaginables en los primeros tiempos, como la calefacción -e incluso ¡aire acondicionado en la sala de meditación!-, recordamos los inicios de Luz Serena con una emoción genuina. Tantos obstáculos que tuvimos que superar, como el de la sequía, con el consiguiente problema de agua, que aún en la actualidad mantiene a la sangha en vilo, y el de la legalización de las construcciones, hoy por fin en vías de resolución. Y tantos y tantos trabajos, desde la casa del maestro (1996) y las casitas de residentes en la calle de la Luna, hasta la construcción de la Hospedería (2006), la nueva oficina, las casas Avalon y Garuda (2008), la casa Amitabha (2009), las instalaciones de gas y la climatización de la sala de meditación, la nave de herramientas, etc.

Todo hubo de ser movilizado con el esfuerzo y la devoción de muchos practicantes a lo largo de los años. Literalmente miles de personas. Desde aquí recordamos a todos y cada uno de ellos con gratitud y cariño. Nuestro reconocimiento por el esfuerzo y entrega genuinos, sin los cuales Luz Serena no sería lo que es: un espacio de plena presencia en el Dharma del Buda, donde vivir en el presente eterno, dejando lo mejor de sí para los que vienen detrás.

Especialmente nuestra gratitud a las personas que residieron en el templo durante meses o años, sea como monjes o laicos. Esas personas dedicaron una parte de su vida a la construcción de Luz Serena y a la consolidación del “gyoji” (lit. práctica continuada), bajo la dirección espiritual del maestro Dokushô Villalba. Años y años de práctica esforzada, despertar antes del alba, zazen, ceremonias, funciones de tenzo[7. Tenzo es el cocinero jefe de un monasterio zen.], yikido[8. Yikido es el responsable de la sala de meditación durante la práctica de zazen.], ino[9. Ino es quien lleva la voz cantante durante las ceremonias zen.], yisha[10. Yisha es el asistente personal del maestro.
], toques de shinrei[11. Shinrei es la campana que suena cada mañana para despertar a la comunidad.], moppan, taiko, umban, claquetas…

Conmueve pensar la intensidad de motivación, de amor, necesarios para fecundar esta tierra con el Dharma del Buda, en el corazón de estas montañas de Requena. Cuántas piedras movidas y removidas en los seres y en las cosas, en tantos corazones que dejaron aquí lo mejor de sí mismos y luego siguieron su camino según su propio karma[12. Karma, ley de causa y de efecto.]. Su huella es el latido que se siente inequívocamente cuando se llega a Luz Serena. Gracias de corazón a todos ellos.

Pero sobre todo nuestro respeto y veneración hacia nuestro querido maestro Dokushô sensei.

¡Qué decir de él! ¡Todo nuestro agradecimiento por su sabiduría, su compasión, su energía radiante capaz de abrir y de penetrar la montaña entre rayos y truenos, puro poder de bodaishin[13. Bodaishin, ferviente anhelo de alcanzar el despertar espiritual para el bien de todos los seres vivientes.], que alza a los seres desde las negruras de la ignorancia hasta el latido cálido, cálido y ancho, de su amor por todos los seres.

Gracias por su radiante firmeza en el propósito de su corazón, que es el corazón del Buda. Gracias por su calor ordenado y simple, por su mente-torre-Vairoccana, con sus piedras preciosas iluminando con radiante luz todas las flores del Valle de la Luz Serena.

Mar López