Este cuerpo al que no referimos llamándolo “mío”, no es un trozo de carne y de tendones separado del resto del cosmos, sino que es una gota, una partícula microcósmica totalmente fundida en el macrocosmos sin límites.

Según el uso, o más bien el comportamiento de nuestro cuerpo, nos pondremos en contacto con tal o cual aspecto del universo.

Nuestro cuerpo-conciencia es como un aparato de radio. Las distintas actitudes que tomamos con él, y el cuerpo mismo, son el dial. La manera de actuar nos permite conectar o sintonizar con las distintas frecuencias de onda, es decir, con los diferentes aspectos del Universo.

Por ejemplo, si vuestro cuerpo adquiere la actitud de aquel que se apoya en una barra de bar, entonces vuestro espíritu sintonizará con la frecuencia de onda que existe en los bares y en las tascas. Si vuestro cuerpo se encuentra en la postura de zazen, podéis con toda probabilidad sintonizar con el mundo de los Budas Patriarcas de la Transmisión.

Aun así, es necesario afinar cada vez más delicadamente la propia postura, ya que ese proceso no tiene límites. Uno nunca puede decir “Bien, ya he aprendido la postura de zazen, va sé lo que es”, porque eso sería como empezar a practicar un zazen rutinario y automático que nada tiene que ver con el auténtico zazen, o bien, se dejaría de practicar.

Al principio, a pesar de que con vuestro cuerpo y vuestra mente estáis sintonizando con el mundo de los Budas y Patriarcas, en vuestra conciencia existen muchas interferencias procedentes de las distintas frecuencias de onda por las que habéis atravesado durante toda la jornada. Debido a esto, la sintonía con el mundo de los Budas aún no es perfecta.

Agudizar continuamente al atención sobre el propio cuerpo y la propia mente es una práctica profunda que requiere una total entrega de si, es como encontrar una emisora y cuidar que no haya en ningún momento ninguna interferencia.

Algunos días es fácil, otros más difícil porque la atmósfera de nuestra mente está enrarecida y además la memoria incorporada de nuestra radio no deja de traernos Información.

Debemos prestar especial atención para no practicar un zazen a “grosso modo”, sino un zazen cada vez más exacto, tanto desde el punto de vista de la actitud del cuerpo como del espíritu. Si no hacemos así las frecuencias parásitas se van apoderando de la atención sin que nos demos cuenta, v paulatinamente la postura física se va trasformando, se va desarmando.

Cada movimiento del cuerpo es una nueva postura del dial y por tanto, una frecuencia de onda nueva. Deberéis haceros claramente conscientes de la relación que existe entre la actitud corporal y el estado mental.

En el Budismo Zen concebimos el cuerpo como un receptor de energía cósmica, con una amplia gama de frecuencias que abarca todo el Universo. Sólo se trata de accionar el dial, de manera que podamos sintonizar con la frecuencia de onda que nos habla de la Luz, de la Sabiduría y de la Compasión.

Debemos preguntarnos: ¿realmente permanezco sintonizado con el mundo de los Budas, o bien ando naufrago de acá para allá, en medio de una tempestad de ondas, con el cuerpo descontrolado y el dial loco? ¿Con qué frecuencia de onda sintonizo?

Este punto es muy importante. Si por ejemplo queremos sintonizar con un maestro Zen ¿cómo debemos utilizar nuestro cuerpo ante él? ¿Con qué actitud, con qué postura? ¿Qué danza deben ejecutar los cuerpos de maestro y discípulo?

El dojo es una escuela de vida. Cuando desarrollamos correctamente la atención y la observación, tanto de nosotros mismos como de los demás, podemos darnos cuenta de que es nuestra actitud corporal y mental la que nos hace sintonizar con tal o cual aspecto del Universo.

Kusen impartido por el maestro Dokushô Villalba

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