por Wendy Donigger


¿Qué era Sukara-Maddava?

Más de una docena de estudiosos (1) en el siglo pasado han comentado acerca de lo que ingirió Buda en su última comida, alrededor de 483 a.C., y de las embarazosas mistificaciones ante la evidencia. La comida le fue servida a él y a su séquito de monjes por su anfitrión, el trabajador de metales Cunda, en Pava, una aldea que se encontraba cerca de Kusinara, donde iba a tener lugar unas horas más tarde el mahaparinirvana –el “gran deceso”, como lo tradujo Rhys Davids. El texto pali canónico dice que Cunda sirvió a su augusto huésped sukara-maddava, un hápax legómenon en pali. Walpola Rahula, el erudito monje budista que reside en Occidente, ha recopilado para nosotros, en un memorándum, los textos pali relevantes con sus traducciones y notas, y este documento se añade como apéndice a nuestro articulo.

La primera parte de esa palabra compuesta, sukara, es simple: “concerniente al cerdo”, suk- está emparentado con el latín sus. Generalmente se piensa que el segundo elemento significa bocadillos, exquisiteces, pero si se trata ya de una parte especialmente delicada de la carne de puerco, ya de una comida que a los cerdos les gustaba especialmente, ya de un genitivo subjetivo u objetivo, nadie puede decirlo. Rhys Davids, advirtiendo que en Bihar había un hongo común subterráneo comestible, tradujo sukara-maddava por “trufas”. (2) Ésta fue una idea afortunada, considerando que por “trufas” él quería dar a entender un hongo subterráneo común en los alrededores, aunque hasta el momento no se ha descubierto ninguna trufa (= Tuber) en Bihar. Su hongo subterráneo era un Scleroderma, una pequeña bola de color blanco níveo que es recolectada precisamente en cuanto aparece sobre la superficie. Hay varios géneros de hongos subterráneos, uno de los cuales son las trufas, y cada género tiene muchas especies.

Los dos comentarios pali canónicos discuten, pero no llegan a un acuerdo, sobre el significado que se debe dar a sukara-maddava. Uno de éstos es el comentario pali canónico sobre el Digha Nikaya, Sumangalavilasini , y el otro, el Paramatthajotika, el comentario canónico sobre el Udana. Estos comentarios adquirieron su forma presente en pali bajo la guía del célebre monje Buddhaghosa, a principios del siglo V de nuestra era, en su mayor parte a partir de fuentes cingalesas asequibles para él. Cada uno de estos comentarios sugiere varios platillos como posibilidades. Ambos incluyen carne de puerco y un “elixir” (una preparación química) en la lista de opciones. El comentario pali canónico sobre el Digha Nikaya agrega arroz blanco con el caldo de los cinco productos de la vaca. El comentario pali canónico sobre el Udana, derivando su autoridad del Gran Comentario (ahora perdido) que data del siglo III a.c., ofrece dos opciones más: vástagos de bambú (retoños) hollados por cerdos, y hongos crecidos en un punto hollado por cerdos.

Todo el mundo en los alrededores sabía que Buda estaba ingiriendo su última comida: nada que sucediera allí podía escapar a los que estaban al alcance de la vista ni pudo ser olvidado por ellos, mucho menos a causa del venerable y temible acontecimiento que tendría lugar unas cuantas horas después: la traslación de Buda al Nirvana, que él había estado prediciendo para esa noche desde que estaba en Vaisali tres meses antes.

La doctora Stella Kramrisch, basándose en la obra del fallecido profesor Roger Heim y en la mía propia en el este de la India, ha identificado definitivamente al sukara-maddava como putika(3), una planta que figura conspicuamente en los Brahmanas y en otros antiguos textos sánscritos sagrados de época posterior a los Vedas. En este artículo examinaré la última comida en Pava y la muerte de Gautama, el Buda, en Kusinara, en lo que es actualmente el norte de Bihar. Centraré la atención en lo que él ingirió en su última comida; un asunto de poca importancia teológica para la rama theravadina del budismo y de ninguna importancia para los budistas del gran Vehículo, pero pertinente para nuestras pesquisas micológicas y notablemente, como lo mostraré, para la identidad del soma.

De todos los investigadores que han estudiado la última comida de Buda, creo que solamente uno, André Bareau, ha dirigido su atención hacia la sorprendente anomalía de que se haya servido a Buda en esta comida o bien carne de puerco o bien hongos. He aquí lo que dice Bareau:

«En effet, la viande de porc et plus encore les champignons sont des choses pour lesquelles les Indiens impregnés de culture brahmanique, comme l’étaient le Buddha et une grande partie de ses disciples, éprouvent un profond, un insurmontable dégout et que ne consomment guère que certaines tribus sauvages ou des gens de basse caste, rejetés par la bonne société et pressés par la faim. L’idée d’offrir au Bienheureux, pour l’honorer et le régaler, comme un mets de choix, …de la viande de porc ou des champignons est aussi insolite que si, dans une légende occidentale, on offrait à quelque éminent personnage un festin dont le plat principal serait une cuisse de chien ou une purée de goémen, des sauterelles frites ou des chenilles grillées; cela paraîtrait à juste titre une plaisanterie ou ferait croire à une erreur de copie». [Recherches sur la biographie du Buddha, Publications de l’École Française d’Extrême-Orient, vol. LXXVII, tomo I, París, 1970, p. 267.]

En efecto, la carne de puerco, y más aún los hongos, son cosas por las que los indios impregnados de cultura brahmánica, como lo eran Buda y gran parte de sus discípulos, experimentaban una insoportable y profunda aversión, y no los consumían más que algunas tribus salvajes o gente de clase baja, rechazados por la buena sociedad y presionados por el hambre. La idea de ofrecerle al Bienaventurado, como un selecto manjar para honrarlo y obsequiarlo… carne de puerco y hongos es tan insólita como si en una leyenda occidental se le ofreciera a algún personaje eminente un festín de pierna de perro o un puré de larva, sopa de lombrices, o gusanos fritos; esto parecería, con justa razón, una broma o haría pensar en un error de copia”.

Confirmando lo que dice Bareau, el capítulo V-5 de las leyes de Manú, que se cree que haya sido puesto por escrito alrededor de los comienzos de la era cristiana, declara que:

…ajo, puerros y cebollas, hongos y [todas las plantas] que brotan de [sustancias] impuras, son inadecuadas para ser comidas por hombres dos veces nacidos”.

Y esta proscripción es repetida en V-19:

Un hombre dos veces nacido que con pleno conocimiento coma hongos, un cerdo de aldea, ajo, un gallo de aldea, cebollas o puerros, se convertirá en un proscrito”.

Aquí la prohibición acarrea un horrendo castigo. Los hongos son prohibidos en dos cláusulas más: VI-14 y XI-156. La reiterada prohibición se aplica expresamente a hombres dos veces nacidos, lo cual comprende a las tres castas superiores.

La prohibición sobre los hongos no era letra muerta. Sir William Jones cita de un comentador de las leyes de Manú llamado Yama:

…los antiguos hindúes tenían a los hongos en una execración tal que Yama… declara que “los que comen hongos, ya sea que broten de la tierra o que crezcan sobre un árbol, son completamente iguales en culpa a los asesinos de brahmanes, y son los más despreciables de todos los pecadores mortales”. [ The Works of Sir William Jones. vol. V, Londres, 1807. pp. 160-161.]

Ésta es la más extravagante explosión de micofobia que hemos encontrado en parte alguna, seguramente la más extravagante que será encontrada en el mundo indoeuropeo, lo que es mucho decir. ¡El estudiado brahmán nos dice que el simple comedor de hongos es tan malvado como los asesinos de brahmanes! ¿Por qué una censura tan apasionada, tan exagerada? Bareau, al comparar al hindú que come hongos con una persona entre nosotros que come carne de perro, estaba incurriendo en una minimización.

Tres meses antes de la última comida en Pava y antes de su mahaparinirvana. Buda había vivido en Vaisali y sus alrededores. Mientras estaba en las proximidades de Vaisali sufrió una grave enfermedad, atribuida desde tiempos antiguos a un trastorno gástrico crónico, probablemente disentería; se había sentido viejo, se había llamado a sí mismo un “octogenario”, y había anunciado su intención de ir a Kusinara y allí experimentar, tres meses después, el mahaparinirvana, la extinción final. Predijo el tiempo y lugar de su propio fin. Hizo a pie su camino hacia Kusinara con sus seguidores, enseñando la doctrina como era su costumbre, y tardó tres meses en cubrir los 140 kilómetros. A sus discípulos y a los aldeanos les hizo conocer su propósito: nunca vaciló en su resolución, ni la escondió de persona alguna.

El día anterior a que Buda llegara a Kusinara arribó a la aldea vecina de Pava y pasó la noche en un bosquecillo de mangos perteneciente a un tal Cunda, un trabajador de metales o herrero y por consiguiente un sudra, la más baja de las cuatro castas en la sociedad hindú. Cunda, apareciendo casi inmediatamente, inquirió qué deseaba Buda. De acuerdo con una de las recensiones chinas de la vida de Buda, éste explicó que iba a experimentar el mahaparinirvana en Kusinara: siguieron lamentaciones. Cunda invitó a Buda y a sus múltiples seguidores a tomar con él su única comida al día siguiente, y Buda aceptó en silencio. Cunda se retiró para reunir la comida y prepararla. En la mañana Cunda vino a llamar a Buda y a sus seguidores a la comida que había preparado.

Cunda, como dijimos antes, era un sudra, un hombre de la casta más baja. Por otra parte, siendo trabajador de metales, era un técnico que ofrecía su hospitalidad cortésmente a Buda y a sus numerosos seguidores, una persona habituada a encontrarse y a mezclarse con viajeros, incluso con individuos de las que en la actualidad son llamadas las “castas designadas”, aborígenes que no eran hindúes y que por lo tanto no formaban parte de la sociedad hindú dominante. Su fragua muy bien puede haber sido la razón de la existencia de Pava. Cuando Buda llegó al lugar de residencia de Cunda y estuvo sentado en el lugar preparado para él, se dirigió a Cunda (de acuerdo con el Digha Nikaya ) diciendo:

En cuanto a los sukara-maddava que has preparado, sírveme de ellos, Cunda, y en cuanto a la demás comida, arroz dulce y pasteles, sirve a los monjes de ellos”. [cap. IV, ¶ 18, p. 138]

Buda dijo entonces a Cunda:

Cuantos sukara-maddava te hayan sobrado, sepúltalos en un hoyo”. [ ¶ 19]

En un hoyo, no solamente desechados, y se nos dice que Cunda sepultó en un hoyo el sukara-maddava sobrante. Aparentemente Cunda había traído sukara-maddava para todos, pues él había pensado que todos los comerían, de modo que debe de haber sido un amplio excedente.

Entonces Buda agregó estas notables palabras:

No veo a nadie, Cunda, sobre la tierra ni en el cielo de Mara, ni en el cielo de Brahma, nadie entre los samanas y los brahmanas, entre los dioses y los hombres, por quien esa comida pueda ser asimilada propiamente cuando la haya comido, excepto por un Tathagata”. [ ¶ 19]

Obviamente Buda había reconocido de inmediato lo que le estaban ofreciendo, el sukara-maddava, y sabía que los hongos eran de una especie que en breve tiempo olería mal (“apestarían”) si no se los comían o los sepultaban en un hoyo. (Hasta nuestros días parece sobrevivir entre algunos santales la costumbre de sepultar en un hoyo cualquier excedente de sukara-maddava.) Tal vez era la primera vez en su vida que Buda, de origen castrilla, estaba siendo convidado a comer hongos. Pero estos hongos en particular le eran familiares a causa de su papel único en la religión hindú, en la cual él había sido educado.

André Bareau aprecia en toda su plenitud la solemnidad de este platillo de sukara-maddava, aunque no sabía lo que era. Dice:

«…cette nourriture, la dernière que consomme le Bienheureux avant son Parinirvana, est une nourriture en quelque sorte sacrée, dont les riches qualités, la puissance essentielle, vont lui permettre d’accomplir cet exploit surhumain, la supreme Extinction. Cette richesse, cette puissance sont trop grandes pour être supportées par les autres êtres, hommes ou dieux, qui n’auront jamais, et de loin, a exécuter une action comparable». [ Recherches sur la biographie du Buddha. Publications de l’École Française d’Extreme-Orient, vol. LXXVII, tomo 1, Paris, 1970, p 271.]

…Esta comida, la última que consumió el Bienaventurado antes de su parinirvana , es una comida en cierto modo sagrada; cuyas ricas cualidades, cuyo poder esencial, van a permitirle lograr esa hazaña sobrehumana: la suprema extinción. Esta riqueza, este poder son demasiado grandes para que puedan soportarlos los demás seres, hombres o dioses, que no tendrán jamás, ni remotamente, que ejecutar una acción comparable”.

Aquí Buda, en uno de los dos momentos supremos de su vida, era convidado de manera inesperada en su última comida con un platillo que los hindúes de las castas superiores tenían prohibido comer, un hongo comestible, un platillo que era el sustituto del soma cuando era sacrificado formalmente, de una manera y disposición enteramente diferentes. Buddhaghosa cita el Gran Comentario (Maha-atthakatha) diciendo de los motivos de Cunda al ofrecer este platillo a Buda y a sus monjes:

Ellos dicen que Cunda, el herrero, habiendo oído que el Enaltecido alcanzaría el parinibbana ese día, pensó que seria bueno si él pudiera vivir más tiempo después de comer este platillo, y se lo ofreció deseando la longevidad del Maestro”. [p. 138 infra ]

La observación de Walpola Rahula sobre el Gran Comentario, de la cual hemos extraído esta cita, es la siguiente:

El Maha-atthakatha (Gran Comentario) es el más importante de los antiguos comentarios cingaleses originales, que se remontan hacia el pasado por lo menos hasta el siglo III a. C ., sobre los cuales están basados los presentes comentarios pali disponibles del siglo v d. C ., incluyendo los comentarios sobre el Digha Nikaya y el Udana, de los cuales están tomados estos dos pasajes”.

El Gran Comentario cita al rumor (“Dicen…”) como la razón de que Cunda sirviera esos hongos particulares en aquel día. El rumor puede ser correcto, pero si verdaderamente Cunda sentía que el platillo de putika alargaría la vida de Buda, debe de haber confundido las propiedades del soma y del putika. El putika gozaba de una situación única como el enaltecido sustituto del soma, pero, mientras que el soma era consumido, el putika, como Kramrisch cita según las fuentes, era mezclado con el barro y luego inflamado ritualmente en la manufactura de la olla mahavira, y no hay razón para pensar que los hindúes de las tres castas superiores o incluso los jerarcas brahmanes comieran estos hongos. ¿No permite otra interpretación el texto del Gran Comentario? Cunda, un sudra acostumbrado a comer los putika, los sirvió porque era la estación de lluvias (la cual había comenzado cuando Buda y su séquito estaban en Vaisali) y los hongos, que él conocía de toda la vida, estaban recién recolectados. Si es así, fue Buda quien de inmediato los reconoció a causa del papel que desempeñaban en la religión hinduista, y dijo a Cunda que no los sirviera a los otros. Seguramente Buda no estaba acostumbrado a comer hongos de ningún tipo, y aquí estaba siendo invitado a comer esas viscosas excrecencias mucoides, como las verían con repugnancia los hindúes dos veces nacidos. ¿Esto, combinado con la tensión emocional de su inminente extinción, no puede haber provocado un recrudecimiento de sus ataques intermitentes de disentería?

Interrumpo ahora nuestra relación de lo que Buda hizo en su último día para presentar algunos descubrimientos que se relacionan con sukara-maddava.

Los Santales y el Putika

Por un accidente afortunado el pueblo santal que vive ahora en el este de Bihar y en Orisa ha preservado para nosotros, como si estuviera dentro de una cápsula del tiempo, la identidad del putika sánscrito, una planta no identificada hasta época reciente, un ingrediente en el barro de la vasija mahavira que era inflamado en el curso del sacrificio Pravargya. El putika es conocido por haber sido el sustituto del soma (4) , aunque probablemente ningún santal lo sabe en la actualidad, y figura de manera conspicua en los Brahmanas y en otros antiguos textos sánscritos sagrados. Como dije antes, fue identificado por Kramrisch sobre la evidencia asentada por Heim y por mí. (5) (Roger Heim, sobresaliente micólogo francés, ha fungido como presidente de la Académie des Sciences y fue director del Muséum National d’Histoire Naturelle: él me acompañó en muchos de mis viajes de campo.)

El fallecido Georg Morgenstierne, el lingüista noruego, especialista en las lenguas kafir y dárdicas, también un erudito en sánscrito y persa, llamó por primera vez mi atención hacia una peculiaridad de la lengua santal de especial interés para mí, en cuanto que afectaba a su vocabulario de hongos. El santalí no era su especialidad, pero él era un vasto depósito de conocimiento lingüístico general.

Los santales, que son varios millones, viven en aldeas dispersas en la región del este de Bihar conocida como el Santal Parganas, en la franja norte, sur y oeste de la Bengala occidental, y en el sur de Orisa hasta las colinas Simlipal. Los santales son de constitución frágil, limpios en el vestido, con cabello bruñido, negro y rasgos regulares, oscuros, casi negros; sus casas son de tierra roja, ornamentadas con curiosos patrones geométricos pintados y limpiamente dispuestas por dentro y por fuera, contrastando en estos aspectos con los hindúes. Por tradición son recolectores, cazadores y pescadores, pero ahora se están inclinando hacia la agricultura.

Desde el punto de vista del indoeuropeo, las lenguas munda, de las cuales el santalí es el miembro mayor, son peculiares: en santalí no hay géneros gramaticales: no hay masculino ni femenino ni neutro. Sus sustantivos son o bien animados o inanimados: dotados de un alma o sin ella. El reino animal entero es animado, tiene un alma. La totalidad del reino mineral es inanimado, sin alma. Hay peculiaridades: por ejemplo el Sol, la Luna y las estrellas son animados. Extrañamente, el reino vegetal –hierbas, arbustos, árboles, el mundo de los hongos– es inanimado, pero con una sola excepción, una especie de hongo, el putka. Los santales no saben por qué el putka es animado, o así lo dicen ellos. El putka es un hongo subterráneo que se recolecta para ser comido exactamente cuando aparece, una pequeña bola de color blanco níveo. Identificado micológicamente por Heim como un Scleroderma, bien conocido en Europa. En su temporada comúnmente es muy estimado como comida por los santales, y es muy buscado por mujeres y niños.

Durante el siglo pasado los luteranos noruegos realizaron una vigorosa campaña para brindar ayuda a la India a través del ejercicio misionero entre los santales. El reverendo P. O. Bodding, un residente del Santal Parganas de 1890 a 1934, dominó su lengua y compiló un admirable diccionario santal-Inglés en cinco grandes volúmenes, señalando entre otras cosas la peculiaridad de putka, que era el único en el reino vegetal en gozar del atributo de tener alma. No pudo explicar esta anomalía, ni aventuró una etimología para putka. Pero en el Prefacio a su diccionario Bodding observó un hecho que cabe destacar:

De manera bastante extraña, los santales utilizan algunas palabras sánscritas puras, las cuales, hasta donde sé, no son escuchadas en el hindi de nuestros días”.

Yo visité Dumka en el Santal Parganas por primera vez en enero de 1965. El reverendo A. E. Strønstad, sucesor de Bodding, y la señora Strønstad me hospedaron y ella me sirvió amablemente como intérprete. Preguntamos a algunos santales de edad avanzada y que mostraron tener conocimientos, en Dumka y en las aldeas que la rodean, por qué putka era animado. Nadie pudo decírnoslo. Nuestro mejor informante resultó ser Ludgi Mamdi, la viuda de un pastor luterano nativo. Ella nos dijo que había un hongo enteogénico. (6) ¿Era el putka? No, de ningún modo. Era simplemente ot’, “hongo” de la clase sin alma. Nadie fue capaz de encontrar un ejemplar de este hongo embriagador, pero la descripción (grande, que crece solamente en el estiércol, en su mayor parte de ganado, y blanco, con un intenso color crema en el centro abombado) correspondía a Stropharia cubensis. Tampoco encontramos ningún putka durante mi visita: vendrían después de que estallara el monzón. Ludgi Mamdi y algunos otros informantes sugirieron que el putka era animado porque regularmente se encontraba en el bosquecillo sagrado de árboles sarjom cercano a toda aldea. (Santalí sarjom = hindi sal = Shorea robusta.) Pero los árboles sagrados sarjom no eran animados, así que ¿por qué un hongo que crece desde sus raíces debería serlo? Además de esto, el putka también crecía en relación micorriza con otras especies de árboles. Ludgi Mamdi parecía una informante especialmente buena y justamente antes de que partiéramos para Nueva Delhi, sintiéndonos derrotados, pregunté si podría hablar con ella de nuevo. Cubrimos otra vez el mismo terreno. De repente ella se inclinó sobre la mesa hacia la señora Strønstad y en un susurro (como me fue traducido) dijo que le diría por qué pensaba que putka era animado: “Debes comerlos en cuestión de horas después de la recolección pues pronto apestarán a muerto. ” Habló con una considerable emoción. No sabíamos lo que esto significaba pero de inmediato y apresuradamente tomé nota de sus palabras; su observación apareció después, en un tono moderado, en el artículo que publicamos Heim y yo. (7)

Mi visita de 1965 fue seguida por otra con Heim en julio-agosto de 1967; él voló de París a Calcuta y yo de Nueva York. Comenzamos nuestra búsqueda en las colinas Simlipal y en la aldea Bisoï en Orisa, donde se entremezclan los santales y sus cercanos parientes lingüísticos, los ho, así como varios otros pueblos. Nuevamente preguntamos a los nativos acerca de por qué el putka era animado. En Nawana, en las colinas Simlipal, pasé una tarde con Ganesh Ram Ho, el jefe de la aldea, y él, como lo había hecho Ludgi Marndi, informó voluntariamente que había un hongo enteogénico, y su descripción correspondía al de Ludgi; su testimonio confirmó que éste era probablemente Stropharia cubensis o un primo cercano. (Que estos dos excelentes informantes hayan hablado voluntariamente de un hongo embriagador, indudablemente Stropharia cubensis, es una pista que no debe ignorarse: puede haber desempeñado un papel en el pasado cultural de los santales y del soma.) Pero, exactamente como antes, era “ud” y sin alma. ” Ud ” es “hongo” en la lengua ho.

Publicamos la relación de nuestros viajes a la región santal en Les Cahiers du Pacifique, núm. 14, septiembre de 1970. Kramrisch vio nuestro articulo y captó inmediatamente que el putka de los santales era el putika de los Brahmanas, del sacrificio Pravargya y de la olla mahavira. ¡El putika había sido el sustituto del soma y naturalmente poseería un alma! Kramrisch merece un amplio reconocimiento por descubrir que el putka santalí era una palabra de préstamo tomada del putika sánscrito. Cuando el soma estaba siendo abandonado, probablemente durante un largo periodo que terminó poco después de 1000 a.C., el putika tomó su lugar, no como una bebida enteogénica igual que el soma en el sacrificio más antiguo, sino como un componente del barro en el fuego ceremonial que cuece la vasija mahavira. Su hedor (del que habló Ludgi Mamdi) se tornaba en fragancia cuando la olla, sostenida por tenazas, era cocida en el fuego en el curso del rito. Nunca ha sabido nadie qué planta era. Ahora nosotros sabemos que, como el soma, era un hongo, pero un hongo común, y poseía cualidades divinas, aunque menos que las del soma.

En la cultura santal el putka no solamente es animado, dotado de un alma: posee otro de los atributos del soma. Entre los santales aparentemente la creencia de que el putka es generado por rayos (mitológicos) es universal. Mucho después de que los brahmanes han perdido todo uso o conocimiento de este hongo, y de que han perdido todo contacto especial con los santales, este pueblo humilde, intocable, que trabaja duro, todavía cree que el putka es procreado por el rayo, como los brahmanes védicos creían que el soma era procreado por el vajra de Indra, o Parjanya, el dios del relámpago. He aquí otra manifestación, otra prueba de la excitante intensidad cultural milenaria de la religión de los jerarcas de los arios. El rayo era visto como el esperma, la vitalidad que fecunda a la blanda madre tierra con los hongos enteogénicos.

Los santales creen que existen dos tipos de putka, el hor putka y el hongo putka, uno liso y el otro áspero. Heim decía que los dos eran simplemente diferentes etapas en el ciclo vital de una especie. El hor putka es el “putka hombre”, no en el sentido de masculino sino de ser humano, o de los “santales”, a quienes ellos naturalmente consideran como el ser humano par excellence. El hongo putka, que es áspero, es el “putka perro”; el perro no es despreciado, como en la cultura hindú. Unos cuantos de los santales nos hablaban de un tercer putka, el rote putka o “putka sapo”. La mayoría de los santales no reconocieron este término y de los que sí lo hicieron, la mayoría no pudo decir qué tipo de hongo significaba. Pero cuando estuvimos en Kathikund, una aldea en el Santal Parganas, fuimos testigos desde nuestra terraza de una violenta tormenta de mediodía con truenos y en cuestión de horas y luego a todo lo largo de la noche un ejército de bejines apareció en la llanura que estaba frente a nuestro bungalow. Uno de nuestros compañeros santales nos dijo con seguridad que éstos eran verdaderamente rote putka. En este caso el bejín era Lycoperdon pusillum pero probablemente cualquier otro bejín que aparece en respuesta a un chubasco de truenos es un rote putka. Para abreviar, el rote putka, el cual no comen los santales, es un falso putka… Los hongos enteogénicos de los que nos habían hablado Ludgi Mamdi y Ganesh Ram Ho, probablemente Stropharia cubensis, no son putka: son simplemente ot’, o ud en la lengua ho, y no disfrutan de ninguna distinción gramatical y, hasta donde yo sé, tampoco de ninguna distinción en el folklore. Pero es imperativo que esto se explore mucho más profundamente. ¿Acaso su virtud enteogénica da cuenta de los dibujos geométricos a colores, infinitamente variados, que decoran los exteriores de muchas casas santales?

A todo lo largo de nuestras visitas a la región santal, las personas con las que hablamos dijeron que los cerdos cavaban para encontrar los putka, confirmando de este modo lo que dice el comentario pali canónico Udana acerca de sukara-maddava. Pero yo estaba buscando una cita y después de regresar a Nueva Cork, el reverendo Johannes Gausdal, un misionero retirado que vive en Oslo, me puso en contacto con Gora Tudu, director de la Escuela Preparatoria Careaban, y preguntamos a Tudu, por medio de Gausdal, si los cerdos salían a buscar los putka en el bosque. He aquí lo que él respondió:

¿Que si los puercos comen putka o no? En este caso también yo conseguí algunos putka de los bosques. Los puse a prueba con unos cuantos cerdos: los putka viejos no les gustaban, pero los nuevos parecían ser exquisiteces para ellos. Los comían con fruición. También en el bosque encontré en varios matorrales, donde usualmente brotan putka, varias marcas de tierra revuelta, indicio de que los cerdos habían estado cavando para encontrar los putka”. [Carta en mi archivo Munda]

Tuve cuidado de no divulgar la razón por la que estaba haciendo esta pregunta. Hay varios géneros de hongos subterráneos divididos entre veintenas de especies, y sería sorprendente que todas atrajeran a los cerdos, pero tal vez lo hagan.

Gausdal también preguntó acerca del olor de los putka una vez cortados. Tudu respondió, con un humor inconsciente:

Recolecté algunos putka, tanto hor putka como hongo putka, y los puse en platos, unos secos y otros húmedos, justamente para ver cómo era el olor después de la descomposición. En ambos casos el olor fue el de material leñoso en descomposición, de ninguna manera tan malo como el de cualquier ser sanguíneo. El olor nunca fue demasiado fuerte o asqueroso. Lo peor con lo que los podía comparar sería el olor de yute pudriéndose en agua fangosa”.

Kramrisch me cuenta que el yute pudriéndose en agua fangosa produce un hedor terrible. Tudu posee la encarecida cualidad de los granjeros sucios de todo el mundo: su aprecio por el olor de los montones de estiércol, por ejemplo, está influido poderosamente por lo que significa el estiércol para las cosechas. Los olores terrosos de los patios de granja también poseen una agradable consistencia.

La correspondencia Gausdal-Gora Tudu fue hecha en santalí, pero mis preguntas y sus respuestas a ellas fueron expresadas en inglés.

Sabemos que los santales no han vivido siempre donde ahora. Hace 600 años vivían hacia el oeste de Benares, sobre la meseta Chota Nagpur, y la tradición dice que mucho antes de esa época los santales habían vivido mucho más hacia el oeste, exactamente dónde, nadie lo sabe, pero es probable que cerca del antiguo centro de sacrificios brahmánicos, donde pudieron haber tenido relaciones cercanas con los arios, tal vez sirviéndoles antes y a lo largo del cambio del soma al putika. Esto también explicaría las otras palabras sánscritas en santalí que advierte Bodding. De hecho. observa en su Prefacio a su diccionario santal que “la descripción de los dasyus en los Vedas y en el Mahabharata parece ser adaptable a muchos de los santales”.

La muerte de Buda

Una vez terminada la interpolación santal, regresaremos al texto del Digha Nikaya como fue traducido por Rhys Davids.

Después de la discusión del sukara-maddava, la traducción de Rhys Davids continúa con un asombroso desarrollo

Ahora bien, cuando el Enaltecido hubo comido el arroz preparado por Cunda, el trabajador de metales, allí cayó sobre él una horrenda enfermedad, la enfermedad de disentería, un agudo dolor le sobrevino, precisamente hasta la muerte. Pero el Enaltecido, atento y dominado, lo soportó sin queja”. [cap. IV]

Era un desconcertante giro en los acontecimientos, ya que el Omnisciente acababa de decir que no veía a nadie, excepto a un Tathagata, que pudiera asimilar propiamente el sukara-maddava, que él acababa de comer. Si las circunstancias fueran inventadas, como Bareau piensa, ¡qué extraño conjunto de circunstancias para haber sido inventadas por seguidores absolutamente devotos de Buda! Los hongos, ahora lo sabemos con precisión, eran saludables y nunca hubo riesgo alguno: más aún, ¡unos putika envejecidos declararían su edad por el hedor! Y Cunda era un hombre confiable para comprarlos y cocinarlos. Sin embargo, recordemos que en las castas hindúes superiores, donde Buda había sido educado y donde había vivido los primeros años de su vida, aun cuando ahora él estaba libre de tabúes alimentarios y distinciones de castas, todos los hongos se evitaban como no comestibles; pero aquí, en un momento crítico de su vida, era convidado con putika.

¿Conocía Cunda el papel del putika en la religión de las castas dos veces nacidas? ¿Sabía esto por rumor, de manera inexacta? ¿O no lo sabía en absoluto y estaba sirviendo estos hongos solamente por la excelente razón de que estaban frescos y en temporada? Es claro, a partir del testimonio del Digha Nikaya, que el ataque sufrido por Buda fue repentino, violento, alarmó a todos; virtualmente el ataque finalizó rápidamente, pues no mucho después Buda instruía al fiel Ananda acerca de que deberían ponerse en camino hacia Kusinara, en las proximidades. Pero ¿qué podría ser más natural que una reacción violenta en alguien educado como un ksatriya, alguien que consideraba los hongos no comestibles? Y con su intestino grueso crónicamente inflamado por disentería, su diarrea fue una consecuencia natural. “Disentería” es una traducción del pali lohita-pakkhandika, que significa “flujo sangriento”.

El relato en el Digha Nikaya es como si hubiera sido escrito a la medida de esta explicación. Dos cuartetos, aparentemente independientes uno del otro, están insertados en el texto del Digha Nikaya (20, p. 139) en este punto. Buddhaghosa añade una nota: “Debería entenderse que éstos son los versos escritos por los theras [Ancianos] que celebraron el concilio”, el concilio que tuvo lugar en Rajagrha, en el que algunos meses más tarde fueron fijados los planes iniciales para iniciar detalladas recolecciones de las enseñanzas de Buda y para organizar la religión budista. La primera cuarteta muestra cómo aquellos que estaban presentes murmuraron contra Cunda y, de acuerdo con la segunda, también hubo murmuraciones sobre los hongos. He aquí las cuartetas en la traducción de Rhys Davids:

Cuando él hubo comido la comida de Cunda.
el formador de cobre –así lo he oído–
soportó
con entereza el dolor,
el agudo dolor hasta el grado de la muerte.
Cuando hubo comido de los hongos
[ = sukara-maddava ] en la comida
cayó sobre el Maestro una horrenda enfermedad.
Luego, después de que la naturaleza fue aliviada. El Enaltecido anunció:
Ahora me encamino a Kusinara.

Después de este episodio el Enaltecido se salió de su camino para exonerar a Cunda de reproche, haciendo de este modo aún más sostenible mi explicación de su mal. Pues si Cunda hubiera sido culpable de negligencia al escoger los hongos, ¿por qué lo habría exonerado el Omnisciente?

42. Y el Enaltecido se dirigió al venerable Ananda y dijo: –Ahora puede suceder, Ananda, que alguno provocara el remordimiento en Cunda el herrero, diciendo: “Esto es malo para ti. Cunda, y la ruina para ti el que cuando el Tathagata hubo comido su última comida de tu provisión, entonces murió.” Cualquier remordimiento, Ananda, en Cunda el herrero debe ser refrenado diciendo: “Esto es bueno para ti, Cunda, y beneficio tuyo el que cuando el Tathagata hubo comido su última comida de tu provisión, entonces murió.” De la misma boca del Enaltecido, Cunda, lo he oído, de su propia boca he recibido esta sentencia: “Estas dos ofrendas de comida son de igual fruto y de igual provecho y de mucho mayor fruto y de mucho mayor provecho que cualquier otra, ¿y cuáles son las dos? La ofrenda de comida que, cuando un Tathagata la ha comido, alcanza el supremo y perfecto discernimiento; y la ofrenda de comida que, cuando un Tathagata la ha comido, abandona la existencia mediante aquella absoluta extinción en la que ninguna parte queda como residuo; estas dos ofrendas de comida son de igual fruto y de igual provecho, y de mucho mayor fruto y de mucho mayor provecho que todas las otras. Cunda el herrero preparó un karma que redundó en longitud de la vida, que redundó en buen nacimiento, que redundó en buena fortuna, que redundó en buena fama, que redundó en la herencia del cielo y del poder soberano.” De esta manera, Ananda, debe ser refrenado cualquier remordimiento en Cunda el herrero. [pp. 147-148]

Bareau concede que Cunda y Pava pueden ser elementos originales pero, si es así, piensa que éstos son los únicos elementos originales en la narración de la estancia de Buda en Pava:

Deux siècles après le parinirvana, ces deux noms, ici Pava et Cunda, étaient les deux seuls éléments anciens, peut-être même historiques, de l’épisode du dernier repas du Buddha. Aucun souvenir n’avait donc été conservé ni des incidents qui avaient pu s’y produire ni de la nature précise des aliments qui avaient été servis alors au Bienheureux”. [ Recherches sur la biographie du Buddha, École Française d’Extreme Orient, tomo I, p. 258.]

Dos siglos después del parinirvana , esos dos nombres, Pava y Cunda, eran los dos únicos elementos antiguos, incluso quizás históricos, del episodio de la última cena de Buda. No se conserva ningún recuerdo ni de los incidentes que pudieron ocurrir entonces, ni de la naturaleza precisa de los alimentos que se le sirvieron al Bienaventurado”.

Tal vez a la luz de nuestros descubrimientos Bareau pueda conceder más a la historia de la última comida de Buda en Pava como es referida en el Digha Nikaya. Demasiadas personas fueron testigos del episodio con los hongos como para permitir a los de afuera que lo suprimieran: su repentino malestar había provocado demasiadas conversaciones.

Aquí está el relato de la muerte de Buda de acuerdo con el Digha Nikaya , cap. V:

I. Ahora el Enaltecido se dirigió al venerable Ananda, y dijo: – Ven. Ananda, continuemos hacia el bosquecillo sala de los mallas, los upavattana de Kusinara, en el lado más lejano del río Hiranyavati.

¡En seguida, señor! –dijo el venerable Ananda, consintiendo, al Enaltecido.

Y el Enaltecido avanzó con una gran cantidad de hermanos hacia el bosquecillo sala de los mallas, los upavattana de Kusinara, en el lado más lejano del río Hiranyavati: y cuando él llegó allí se dirigió al venerable Ananda y dijo:

Extiende para mi, te suplico, Ananda, el sofá con su cabeza hacia el norte, entre los árboles gemelos sala. Estoy cansado, Ananda, y quisiera recostarme.

¡En seguida, señor! –dijo el venerable Ananda, consintiendo, al Enaltecido. Y él extendió una cubierta sobre el sofá con su cabeza hacia el norte, entre los árboles gemelos sala. Y el Enaltecido se recostó sobre su costado derecho, con una pierna descansando sobre la otra; y él estaba atento y dominado”.

En una nota sobre este pasaje el comentador cingalés añadió una explicación:

La tradición dice que había una hilera de árboles sala en la cabecera de ese sofá y otra a sus pies, encontrándose un joven árbol sala cerca de su cabecera, y otro cerca de sus pies. Los árboles gemelos sala eran llamados así porque los dos estaban iguales en cuanto a las raíces, los troncos, las ramas y las hojas. Había un sofá ahí en el parque para el uso especial del caudillo (elegido periódicamente) de los mallas, y era este sofá el que el Enaltecido pidió a Ananda que preparara”. [p. 149n]

En la madrugada Buda murió, precisamente corno lo había predicho tres meses antes, desde que estaba en Vaisali.

En varias partes del mundo ha habido individuos, especialmente entre los hombre santos de la India, que han adquirido mediante concentración (samadhi) el control sobre algunos de los músculos que ordinariamente funcionan en respuesta a estímulos más allá de la voluntad humana. A. L. Basham ha reparado en esto en The Wonder That Was India, p. 327:

La antigua fisiología mística de la India necesita de un ulterior estudio, no solamente por indólogos profesionales sino también por biólogos y psicólogos de amplio criterio, quienes puedan revelar el verdadero secreto de los yogi. Pues dejando a un lado cualquier cosa que podamos pensar acerca de sus pretensiones espirituales no existe duda de que los yogi avanzados pueden contener su respiración durante periodos muy largos sin sufrir lesiones, pueden controlar el ritmo de sus propios latidos del corazón, pueden resistir extremos de calor y frío, pueden permanecer saludables con una dieta de inanición y, a pesar de su austera y frugal vida y de sus notables contorsiones físicas, las cuales arruinarían el sistema de cualquier hombre ordinario, pueden sobrevivir a menudo hasta una edad muy avanzada con completo uso de sus facultades”.

Basham omite mencionar que ocasionalmente la muerte es el objetivo de esta “concentración”, pero no hay razón para cuestionar que la muerte pueda ser el propósito de un acto semejante de voluntad. Actualmente, cuando la muerte es el resultado final de esta manifestación de poder de voluntad, se le llama mahasamadhi.

Buda predijo el día de su muerte tres meses antes y desde ese momento en adelante anunció a todos el tiempo y lugar de su propia extinción. Después de su última comida la narración dice que él caminó la corta distancia hacia Kusinara a iniciativa propia. Desde la época de su muerte, ningún hindú, ningún budista ha sugerido alguna vez que haya muerto de envenenamiento por hongos. Su muerte no ha provocado discusión entre los budistas. Sabiendo como ahora lo sabemos cuáles fueron los hongos que sirvió Cunda, éstos pudieron haber provocado un trastorno en el estómago de un hindú micófobo, pero no pudieron haber causado su muerte. Murió por su propio poder de voluntad, por su propio mahasamadhi. O, más que provocar su propia muerte, ¿no utilizó el poder del yoga, bajo circunstancias penosas, para posponer su traslado al nirvana hasta que hubo alcanzado su lugar de elección?

El sustituto del soma explica y justifica las extraordinarias palabras utilizadas por Buda al limitar tan sólo para sí mismo este platillo. Al destinar a un hoyo el putika excedente, se mostró familiarizado con sus propiedades cotidianas. Ahora que conocemos las propiedades precisas de este hongo, y que está aclarada su etimología como emparentada con “pútrido”, su fuerte vínculo con el soma es una buena explicación para la creencia santal de que es generado por el divino rayo.

Hasta este punto nos hemos concentrado solamente sobre una fuente –el texto pali canónico del Digha Nikaya– para los detalles acerca de la vida de Buda. Es la escritura sagrada de la rama theravadina del budismo, la cual tiene sus cuarteles generales en Sri Lanka. Existen, además de ésta, otras cinco recensiones maestras de su vida, cuatro en chino y una en sánscrito. Todas ellas mencionan la parada en Pava y nombran a Cunda como el anfitrión, pero ninguna de ellas menciona el sukara-maddava. Una explicación obvia para esta omisión es que los chinos son micófilos naturales: comen con fruición todos los tipos de hongos comestibles y los conocen. Ellos no entenderían por qué Buda honraría al putika diciendo que sólo él podría digerirlo. Para los chinos todo esto habría sido incomprensible.

Buda y sus seguidores eran en su mayor parte hindúes de las castas superiores que se habían retirado de la obediencia hacia la religión hinduista. Cuando los theras se reunieron en Rajagrha, ellos eran inevitablemente, aun cuando fueran rebeldes, herederos de la infinita complejidad de hábitos, prácticas, maneras sutiles de pensar y de sentir propias de la religión brahmánica. Cuando el budismo se convirtió en una religión mundial, se liberó de la religión brahmánica y esto incluía a la poderosa tradición del soma y a los himnos védicos, y por supuesto se liberó también de la menos poderosa influencia del putika. En los primeros días del cristianismo, antes de que se convirtiera en una religión mundial, algunas costumbres judías, como la circuncisión y la prohibición de comer carne de puerco, ejercían influencia sobre los judíos convertidos al cristianismo, y la Iglesia primitiva se enfrentó a un conflicto paralelo.

La última comida de Buda

El episodio de Pava se presta a varias explicaciones; el registro escrito contiene algunas anomalías. Si tuviéramos que ofrecer la solución que creemos más verosímil, seria ésta.

Sólo el comentario sobre el Udana, que Buddhaghosa presentó como un rumor, demuestra que Cunda el sudra sabía del uso del putika hecho por los brahmanes. Cunda ciertamente conocía este hongo como un favorito universal entre quienes comen hongos cuando es temporada, y estaba en temporada precisamente entonces: se sorprendió cuando Buda reconoció el hongo y le pidió, en un pasmoso lenguaje no familiar para sus oídos, que los sirviera sólo a Buda. Cunda estaba orgulloso de haber reunido hongos para todos, y ahora le prohibían darlos a los huéspedes o incluso que los comiera él mismo.

Poco después de que Buda comió sus hongos con arroz, cayó violentamente enfermo. Esto seguramente causó consternación y mortificación a Cunda. Hubo alarma y murmuraciones contra Cunda y contra los hongos de la reunión, pues todos o casi todos eran hombres dos veces nacidos y se les había adoctrinado contra los hongos. Podemos imaginar el embarazo de Cunda pero no tenemos ninguna información al respecto: una opaca nube de silencio cae sobre él.

En el Digha Nikaya Buda exonera a Cunda de manera algo pomposa, debido a las circunstancias. Tal vez todo el mundo recordaba que Buda había levantado la voz a favor de Cunda y muchos lo habían oído, pero ninguno recordaba lo que él dijo precisamente. Parece que alguien compuso el párrafo mucho después. La apropiada exoneración de Cunda demostró la previsión y la nobleza de Buda en las circunstancias más penosas.

¿Acaso no fue introducido sukara-maddava en lugar de putika en Rajagrha para evitar confundir a las personas respecto a la actitud de Buda hacia la vieja religión? Él mostró cierta actitud hacia los putika, y reaccionó ante ellos de una manera que nosotros en la actualidad, en otras circunstancias, podemos entender por primera vez.

Y por lo que concierne a las diversas explicaciones en los dos comentarios canónicos para sukara-maddava, éstas también pueden haber sido introducidas en Rajagrha, o tal vez más probablemente en época tardía durante el reinado de Asoka, cuando la necesidad de una explicación se hizo sentir de manera creciente en la comunidad budista. Jamás se ha dado ninguna importancia teológica, entonces o más tarde, al episodio de Pava porque, después de todo, Buda estaba bajo una aguda tensión en esa época, lo cual se aunó a su enfermedad, a su inminente extinción predicada libremente desde que estaba en Vaisali, tres meses antes del episodio en Pava y del inesperado platillo de putika, que repentinamente le salieron al encuentro. Hubo demasiados comentarios entre los que estaban presentes como para suprimir el episodio, pero obviamente el putika no habría de ser identificado llanamente. El sukara-maddava fue una manera de decir la verdad y, no obstante, interponer obstáculos para su entendimiento. Quizás la palabra fue un neologismo inventado ad hoc.

Ahora vemos por primera vez en qué predicamento tan dramático involucró accidentalmente a la religión budista en el preciso momento de su nacimiento la proscripción brahmánica sobre los hongos para las castas dos veces nacidas. Todavía no sabemos –probablemente nunca lo sabremos– cuándo entró en vigor esa proscripción, tal vez fue a través de los siglos, mientras se componían los himnos védicos, o posiblemente cuando los jerarcas de los brahmanes supieron de las virtudes enteogénicas de Stropharia cubensis, tal como las conocen las clases inferiores que viven en la India, o cuando finalmente abandonaron el soma y adoptaron el putika como su sustituto. Pero sí sabemos cuán efectivamente los theras budistas falsearon los hechos en el Digha Nikaya, hasta que un investigador, 2.500 años después de que tuviera lugar el acontecimiento, reunió las evidencias, y con la ayuda de Georg Morgenstierne, Roger Heim, Stella Kramrisch, Wendy Doniger O’Flaherty y, sobre todo, del pueblo santal, ensambló las piezas del rompecabezas.

El valle del Indo y Cachemira

Cuando publicamos Soma: Divine Mushroom of Immortality en 1968, señalé en él que en los 1028 himnos del Rig Veda nunca se mencionan las flores, fruto, semilla, hojas, ramas, corteza o raíces de la planta: una elocuente pista para buscar la hierba divina. Había otro hecho botánico que merecía completo reconocimiento, pero yo todavía no me avocaba a él.

Los botánicos dividen las plantas en fanerógamas y criptógamas. Las fanerógamas incluyen a todas las plantas que tienen flores y semillas, ya sean árboles, arbustos, enredaderas, hierbas y gramíneas, ya sean cultivadas o silvestres. Las criptógamas pertenecen a un orden inferior de la vegetación, menos desarrollado a lo largo del curso evolutivo, y los hongos son las criptógamas que nos interesan. Apenas recientemente tres o cuatro especies de las miles que existen se han prestado para la explotación comercial, y unas cuantas también se han prestado para el costoso cultivo en laboratorios. En los tiempos de los arios, en el valle del Indo y en Cachemira, existía la más amplia variedad de climas, a causa de la variedad del accidentado terreno que se encontraba en su interior –elevadas montañas, planicies que yacían a poca altitud, valles, tierras húmedas, extensiones áridas– y cualquier fanerógama podía ser cultivada en alguna parte de esa vasta extensión. Pero allí solamente crecían aquellos hongos que la región producía espontáneamente. Puesto que sabemos que la provisión de soma estaba limitada en el mejor de los casos a las montañas y que debe de haberse reducido todavía más cuando no había monzones, sujetándonos a lo que sabemos acerca del soma en los tiempos védicos, esto apunta hacia el hongo enteogénico Amanita muscaria para su soma. Nadie entre los arios advirtió que el abedul y también las coníferas fungen como huéspedes para Amanita muscaria y, por consiguiente, no se pensó en plantar los árboles huéspedes para ver si por este medio el hombre podía incrementar la producción de la planta sagrada.

Otros enteógenos derivados de hongos crecen en los niveles más bajos. Aparecen en el estiércol del ganado, son fácilmente identificados y recolectados, y son efectivos. Pero fracasan en ajustarse a las prácticas brahmánicas: los conocen los grupos tribales y los sudras. El soma, por otra parte, exige autodisciplina de los sacerdotes, una larga iniciación y entrenamiento: es, para una adecuada explotación, asunto de una minoría selecta sacerdotal. Pero el posible papel de Stropharia cubensis, que crece en el estiércol del ganado, dentro de las vidas de las castas inferiores, permanece hasta estos días totalmente inexplorado. ¿Es responsable el Stropharia cubensis de la elevación de la vaca a un rango sagrado? ¿Y es responsable también de la inclusión de la orina y del estiércol de las vacas en el pañcagavya? ¿Y fue eso una razón que contribuyera al abandono del soma? Dadas las condiciones ecológicas que prevalecían en el valle del Indo y en Cachemira, solamente unos cuantos arios podían conocer por experiencia personal los secretos de la hierba divina. El culto del soma debe de haber sido modelado por las circunstancias peculiares que prevalecían en el área, pero finalmente aquellas circunstancias deben de haber arruinado dicho culto. En la actualidad éste sigue viviendo en la India sólo como un intenso y candente recuerdo de un rito antiguo.

Bajo el reinado británico la rica y diversa vegetación de la India fue admirablemente estudiada, y el enciclopédico Dictionary of the Economic Products of India de George Watt, 1889-1896, en 11 volúmenes, editado y parcialmente escrito por él, es un gran legado del dominio británico en la India. Sin embargo, los micófobos británicos hicieron poco para que progresara el conocimiento de la micología, y los Indios nada. Jamás sugirió nadie un hongo para soma, por no hablar ya de Amanita muscaria. Nuestro Soma salió a la luz en 1968, pero ningún Amanita muscaria ha sido encontrado todavía desde entonces en Pakistán o Cachemira: ha habido numerosos reportes de hallazgos, pero no han sido depositados en los herbarios especímenes de evidencia. El doctor Roy Watling, micólogo del Royal Botanic Garden de Edimburgo, pasó tres semanas en el campo en 1978 en una inspección general del área de Cachemira, en las proximidades de Srinagar. Él recolectó hongos en lugares con abedules en dos áreas pero llegó allí tardíamente en cuanto a la temporada de crecimiento y además la temporada era seca. En su reporte impreso 9 escribe: “La especie Amanita muscaria es casi seguramente nativa de la zona de Betula del norte de la India.” Allí encontró Betula utilis desde los 3000 metros hasta la línea superior de crecimiento de árboles, a 3.500 metros, pero ningún Amanita muscaria. En los Himalayas noroccidentales el abedul crece entremezclado con rododendro, en vegetación achaparrada, hasta los 3.800 metros.

Podemos pensar que entendemos las frustraciones de los arios, pero en comparación con ellos estamos haciendo solamente lánguidos esfuerzos para encontrar unos pocos especímenes como prueba, mientras que los brahmanes deben de haber tenido una urgente necesidad de cantidades de cuerpos fructíferos para secarlas, y después rehidratarlas y llevarlos a las piedras prensantes. Sus necesidades deben de haberse incrementado constantemente con la población en aumento. Cualquiera que pueda haber sido el caso posteriormente, las relaciones con los nativos fueron con seguridad hostiles al principio. Parece que los nativos ocuparon las alturas intermedias de las montañas. precisamente donde crece Amanita muscaria y donde el Rig Veda dice repetidamente que crece el soma. Como sabemos, a partir del Satapatha Brahmana, los brahmanes dependían para sus provisiones de soma, en gran parte al menos, de los nativos que vivían en las montañas. El aprovisionamiento dependía del clima y del estado de las relaciones con los nativos, mientras que las necesidades aumentaban con cada generación. Los brahmanes seguramente se interesaban en cultivar a los dasyus, y a los dasyus les interesaba descubrir cualquier lugar donde creciera Amanita muscaria, sobre todo los lugares donde había abedules así como otros árboles huéspedes. (Se informa que últimamente Amanita muscaria fue localizado en Tamilnadu, especialmente en las colinas Nilgiri, en el sur de la India, pero los micólogos atribuyen su presencia en esos lugares a plantaciones de coníferas exóticas en el siglo pasado). Seguramente la mayor parte de los sacrificios de soma utilizaron sustitutos fanerogámicos de reemplazo y en los Brahmanas posvédicos y en otros escritos nos enteramos de cómo los sacerdotes encaraban desde tiempos antiguos esta escasez con ayuda de dichos sustitutos.

Acaso los brahmanes continuaran comerciando con los montañeses de Afganistán en busca de soma, y con los habitantes del Hindukush, pero se ignora si estos grupos tribales eran amistosos; tal vez lo eran intermitentemente. El Afghanistan Journal 6.2, 1979, anunció el hallazgo de Amanita muscaria en Nuristán, en el valle de Shetul, a gran altura en el Hindukush, en el extremo noreste del país. Los autores, Gholam Mochtar y Hartmut Geerken, de Kabul, conversaron con tres viejos gruñones, ostensiblemente adictos al “pan de cuervo”, el cual pretenden que sea Amanita muscaria, a partir del cual se hace una mixtura embriagadora. El episodio está insuficientemente documentado para permitir conclusiones acerca de su pertinencia en cuanto a Amanita muscaria y en cuanto al soma. Su reporte antecede a la invasión rusa.

La utilización de sustitutos por los arios debe de haber sido una práctica adoptada de manera recalcitrante desde el comienzo. Éstos son mencionados por primera vez en el último grupo de himnos incorporado al canon, Mandala X 85 de corrido hasta el final, 191. En Soma omitimos considerar estos himnos de Mandala X, puesto que fueron admitidos en el canon en una etapa tardía, poco antes de que finalizara la época védica. Pero hace algunos años el profesor Clifford Wright, sobre una fuerte base estilística, en una conferencia dictada en la Universidad de Cambridge, adoptó la posición de que muchos de esos himnos, los últimos en ser admitidos en el canon, no fueron de ningún modo los últimos en ser compuestos. Hay un verso en estos himnos que habla de los sustitutos. Ese himno puede perfectamente haber sido compuesto siglos antes:

Rig Veda X 85.3: “Uno piensa que bebe soma porque una planta es estrujada. El soma que los brahmanes conocen, que nadie bebe”.

Esto se ajusta a nuestro pensamiento presente: la escasez de soma no tenía que ser explicada por la expansión de los arios hacia el sur, después hacia el este descendiendo por el Yamuna y más allá de la confluencia con el Ganges. La escasez siempre había existido, y los sustitutos para el reemplazo habían sido un problema crónico.

Memorándum
De Walpola Rahula sobre las fuentes primitivas para el significado de sukaramaddava

El pasaje original pali canónico del Mahaparinibbanasutta del Digha Nikaya, edición de la Pali Text Society (Londres, 1966), vol. II, p. 127:

Entonces, al final de esa noche, Cunda, el herrero, habiendo preparado en su casa deliciosa comida dura y suave, y también una cantidad de sukara-maddava, anunció la hora al Enaltecido, diciendo: “La hora, Señor, ha llegado, la comida está lista.”

Al explicar sukaramaddava en este pasaje, el comentario pali del Digha Nikaya , Sumangalavilasini , la edición de la P a li Text Society (Londres, 1971). vol. II. p. 568, da tres opiniones diferentes.

Sukaramaddava significa carne disponible [en el mercado] de un excelente [de primera clase] cerdo, ni demasiado joven ni demasiado viejo. Éste es blando y grasoso. “Habiéndolo preparado”: habiéndolo cocido bien, es el sentido. [Algunos dicen: sukaramaddava es el nombre para una preparación culinaria de arroz blando hecha en un caldo con los cinco productos de la vaca, 10 justamente como gavapana es el nombre de una preparación culinaria. Otros dicen: sukaramaddava es una preparación química [elixir]. Se encuentra en la ciencia de la química, esa preparación química [elixir] fue hecha por Cunda pensando que el parinibbana del Enaltecido podría no tener lugar.]

La historia de Cunda ofreciendo sukaramaddava a Buda ocurre exactamente de la misma manera en otro texto pali canónico, Udana. El Paramatthajotika , comentario sobre el Udana (Colombo, 1920), p. 279, al explicar sakaramaddava da cuatro diferentes opiniones:

Se dice en el Gran Comentario [Mahaatthakatha] 11 que el sukaramaddava es puerco [carne de puerco] blanda y grasosa, disponible [en el mercado]. Pero algunos dicen: sukaramaddava no significa puerco [carne de puerco], sino retoño de bambú [vástago de bambú] hollado por cerdos; otros dicen que es un hongo crecido en un punto hollado por cerdos; otros todavía han mantenido que sukaramaddava es un cierto elixir. Ellos dicen que Cunda, el herrero, habiendo escuchado que el Enaltecido alcanzaría el parinibbana ese día [literalmente, hoy ] pensó que sería bueno si Él pudiera vivir más tiempo después de comer esta [preparación], y se la ofreció deseando la longevidad del Maestro

Epílogo

Cuando empecé a trabajar con Gordon Wasson en Soma, hace casi veinte años, no teníamos al principio ninguna sospecha de que el soma pudiera haber sido un hongo: solamente deseábamos compilar los textos relativos al soma y echar un vistazo sobre ellos con un ojo botánico así como indológico. Cuando mencioné casualmente a RGW el episodio donde se bebe orina y soma en el Mahabharata, él pensó en Amanita muscaria como una posible identidad para el soma, y a partir de ese momento llegó a estar convencido de manera creciente de que éste era el caso. Yo estaba segura de que la evidencia probaba que el soma era un enteógeno (nosotros lo llamábamos entonces un alucinógeno), y que no era una forma de alcohol (como se había creído ampliamente hasta entonces), sino una droga que provocaba un éxtasis de un tipo muy especial. He aquí una verdad de gran importancia en el estudio de la religión india tardía, que fue la mayor contribución que RGW había hecho a los estudios védicos.

Sin embargo, yo todavía no estaba convencida de que el soma fuera un hongo. Sentía que los argumentos se basaban principalmente en la interpretación de adjetivos, muchos de ellos referentes a colores, y de rasgos mitológicos, muchos de los cuales se aplicaban también a otros dioses, lo que permitía otras interpretaciones tanto como la que identificó el soma con el agárico matamoscas. Como indóloga, más que como botánica, todavía siento que la hipótesis más general –que el soma era un enteógeno– es más significativa que la más particular, que era un hongo. Al paso de los años, sin embargo, la nueva evidencia que RGW ha sacado a la luz, particularmente el testimonio que vincula la última comida de Buda con el soma a través de los dobles lazos del putika védico y del putka santal, hace parecer verosímil que el soma era un hongo, como RGW creyó desde el primer momento, y cuando recordamos el papel religioso de la orina, mencionado arriba, que era específicamente el agárico matamoscas. Pero cada uno de los tres niveles de la hipótesis –que el soma era un enteógeno, un hongo y el agárico matamoscas– añade una valiosa dimensión a nuestra comprensión tanto de la religión védica como de la posvédica.


NOTAS:

1 1896 y antes. Karl Eugen Neumann, Die Reden Gotamo Buddho’s aus der Mittleren Sammlung Majjhimanikayo des Pali-Kanons, Leipzig, 1896, pp. xix-xxii. Neumann cita a escritores más antiguos: Friedrich Zimmermann, quien a su vez refiere a un articulo en el Journal of the Maha-Bodhi Society, vol. 1, núm. viii, pp. 2-3, Calcuta, 1892, dentro del cual el editor de este Journal reproduce afirmaciones hechas por “Rhys Davids, Bigandet, Rockhill, y el coronel Olcott”, haciendo hincapié en el significado propio de sukara-maddava. No hemos visto ninguna de estas discusiones antiguas.

1910. T. W. y C. A. F: Rhys Davids, y ediciones posteriores, Dialogues of the Buddha: Part II, traducidos del pali del Di gha Nikaya por T. W. y0 C. A. F. Rhys Davids. Uno de la serie de los Sacred Books of the Buddhists, publicado para la Pali Text Society por Luzac, Londres. (Todas nuestras citas del Di gha Nikaya son de la edición de 1959.)

1916. Ananda K. Coomaraswamy, Buddha and the Gospel of Buddhism, Londres, George G. Harrap, p. 79.

1931-1932. Arthur Waley, “Did Buddha die of eating pork?”, Mélanges chinois et bouddhiques, vol. I, pp. 343-354, Bruselas.

1942. Fa Chow, “Sukara-maddava and the Buddha’s Death”, Anna1s of the Bhandarkar Oriental Research Institute, editado por R. N. Dandekar, pp. 127-133.

1948. E. Waldschmidt, “Die Letzte Mahlzeit des Buddha”, Beiträge zur Textgeschichte des Mahaparinirvanasutra, pp. 63-85.

1948. E. J. Thomas, “Buddha’s Last Meal” , Indian Culture, xv, pp. 1-3.

1949. A. Foucher, “Le dernier repas à Pava”, La vie du Bouddha, París, Payot, pp. 304-308.

1968. André Bareau, “La nourriture offerte au Buddha lors de son dernier repas”, Mélanges d’Indianisme, París, Éditions E. de Boccard, pp. 61-71.

1970. André Bareau, Recherches sur la biographie du Buddha, tomo I, en particular cap. VII, 8 y 9, pp. 251-281, París, École Française d’Extréme-Orient, vol. LXXVII.

1970. P. Demiéville, reseña de R. Gordon Wasson, Soma: Divine Mush room of Immortality. T’oung Pao , LVI, libros 4-5, pp. 298-302, E. J. Brill, Leiden.

Esta lista no pretende ser exhaustiva.

2 Ver nota 1, entrada bajo 1910, p. 137, nota de pie de página.

3 Stella Kramrisch. “La vasija Mahavira y la planta Putika” (capítulo III de esta obra).

4 Véase Manfred Mayrhofer. A Concise Sanskrit Etymological Dictionary, entrada bajo putikah., vol. 3. p. 761.

5 “Les putka des Santals, champignons doués d’une âme”, en Cahiers du Pacifique, núm. 14, septiembre de 1970, p. 77. Para aquellos que estén interesados, el hongo era Scleroderma hydrometrica (Pers.) H. var. maculata (Pat.) H. En Europa estalla en un Astraeus, pero en la India permanece cerrado, un Scleroderma.

6 “Enteógeno” es una palabra inventada por algunos de nosotros para las sustancias vegetales que inspiraron temor y reverencia al hombre primitivo por su efecto sobre él. Por “hombre primitivo” nos referimos a la humanidad en la prehistoria o en la protohistoria, antes de que el hombre pudiera leer y escribir, ya sea hace mucho tiempo o desde entonces o incluso viviendo hoy en día en regiones remotas de la tierra. “Enteógeno” (o su adjetivo “enteogénlco”) tiene la ventaja de que no transmite la idea de “alucinógeno”, “psicodélico”, “droga”, etc., de la juventud de los años sesenta. Véase Journal of Psychedelic Drugs, vol. 11 (1-2), enero-junio de 1979, pp. 145-146.

7 Véase nota 5. p. 65 de los Cahiers.

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