Las razones (sólo algunas) para la transición ecológica.

Boro Miralles


 

Hace unos 30 años, solamente los científicos del IPCC –Panel Intergobernamental para el Cambio Climático– y los diferentes movimientos ecologistas internacionales activaron la alerta por el calentamiento global del planeta Tierra como consecuencia básicamente de la acción humana. Fue la culminación de un inmenso espectáculo post-industrial de expoliación sin conmiseración de los recursos naturales y exige casi con brutalidad el sobreconsumo desaforado de bienes y servicios, sin la más mínima visión a medio y largo plazo de las consecuencias sobre la delgada linea roja que constituye el equilibrio de la biosfera –esos 18 km, 8000m hacia la cumbres y 10.000m hacia las profundidades marinas, donde es posible la generación y la preservación de la vida animal y vegetal, con la necesaria adaptación a las estructuras minerales y geológicas–.
Se hicieron públicos los primeros datos verificados y contrastados: era imprescindible hacer las paces con el clima reduciendo drásticament las emisiones de CO2 y los gases de efecto invernadero, así como políticas eficientes de ahorro y trasformación energéticas. En un primer momento, la opinión pública, los medios de comunicación, los partidos políticos institucionales, incluso algunos sectores científicos, la mayoría ligados a los grandes trusts internacionales, ridiculizaron y vilipendiaron de catastrofistas los datos y lanzaron acusaciones de involucionistas y de hacer ciencia-ficción alarmista.
Sin embargo está bien que citemos algunos hitos sociales que sí prestaron atención al IPCC. Recordamos a Al Gore, premio Nobel de la Paz 2007 por su lucha para difundir la amenaza del cambio climático –todos recordamos la difusión mundial de su documental “Una verdad incómoda”.
Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU hasta finales del 2016, en noviembre de… ¡2008, hace diez años!, en unas jornadas de trabajo del IPCC en la ciudad de Valencia, concluyó: “No hay marcha atrás.” Catástrofes naturales regulares y persistentes ligadas a causas ambientales y que nadie se atreve a negar ya. Los mas media tratan a menudo y con normalidad los efectos del calentamiento global. En la actualidad, los partidos políticos con una mínima competencia de análisis ambiental, ya no se atreven a poner en entredicho el cambio climático con mejor o peor acierto, aunque sociológicamente siempre habrán sectores residuales que lo nieguen, igual que siguen existiendo grupúsculos ideológicos negacionistas de la teoría de la evolución de Darwin o incluso del holocausto judío por parte de las huestes nazis hitlerianas. Hasta el punto de que el último gobierno socialista nacido de la moción de censura tuvo la lucidez de crear el Ministerio para la Transición Ecológica con los claros objetivos de hacer frente a la crisis climática y poner rumbo hacia la sostenibilidad económica y social.
El ecologismo postula muchas otras propuestas en otros frentes convergentes, ideas de acción política que incidan realmente en el cambio de paradigma hacia la sustentabilidad. Sintetizamos algunas de las más relevantes.

  • El establecimiento de limitadores socioambientales al crecimiento económico –porque es muy difícil hacernos creer que todos los indicadores de crecimiento es crecimiento sustentable, por mucho que así nos lo quiera colar el FMI, el BCE y el BdE.
  • Desvinculación de la actividad turística del consumo de recursos naturales y de territorio.
  • Contención del crecimiento urbanístico y marcaje de techos máximos de edificación, así como medidas eficaces de gestión de la vivienda que eviten la especulación inmobiliaria desaforada.
  • Mobilidad, accesibilidad y trasporte sostenible contra el infarto circulatorio y a favor de la pacificación del tráfico.
  • Cultura limitante del agua, de los residuos, de la energía… de todos los recursos naturales, así como un uso sostenible y conservación de la biodiversidad y gestión de los espacios naturales.
  • Agricultura ecológica y seguridad alimentaria.
  • Producción empresarial limpia y consumo responsable.

Por cierto, respecto a estos dos últimos aspectos, el IPCC acaba de publicar un último informe sobre la incidencia directa sobre el calentamiento global por el tipo de alimentación del planeta basada en el consumo de carne, por las ingentes cantidades de suelo fértil que requiere alimentar la ganadería y las emisiones del gas invernadero metano que producen, indicando como alternativa el incremento del consumo de cereales y legumbres.
Este paradigma es un posicionamiento de la comprensión de la realidad ligada al ecologismo político, cuyas propuestas siguen transversalizando y definiendo espectros cada vez más amplios del horizonte político, económico, social, así como de desarrollo personal y espiritual del ser humano y su percepción del mundo que, además de pragmática, válida y rigurosa, no pierde un ápice de su carácter utópico, provocador y transgresor. Es la emergencia ecológica o será nada.