Subhuti *

Perceptor de la Verdad del Vacío


En el Monasterio de Jetavana

Subhuti, uno de los Diez Discípulos Principales de Shakyamuni, era famoso como meticuloso observador de la verdad de sunyata [1], a menudo traducida como ‘vacío’ pero más próxima en el significado a la palabra ‘relatividad’. Se dice que su absorción en esta doctrina así como en prácticas espirituales elevadas le previno de tomar parte en actividades más conspicuas y esta es la razón por la que su nombre ocurre tan raramente en las escrituras. Desafiando este difícil concepto, se ganó la ferviente admiración de los creyentes, quienes le obsequiaron ofrendas en cantidades sin precedente. Su intensa diligencia le valió además la cálida confianza de Shakyamuni.

Shubuti nació en una familia acaudalada y creció sin querer nada. Su tío Sudatta construyó el monasterio de Jetavana, donde Shakyamuni enseñó a menudo. En ocasión de su dedicación a la orden budista, Subhuti escuchó por primera vez a Shakyamuni, y esto cambió por completo su vida. Conmovido profundamente por la compasión y la sabiduría de las enseñanzas, abandonó su acomodado estilo de vida por la búsqueda de la verdad. Caminando directamente hasta donde se encontraba Shakyamuni, pidió permiso para convertirse en monje.

La Propia Forma de Shakyamuni es Sunyata

En cierta ocasión, Shakyamuni, deseando instruir a su madre Mahamaya, quien se encontraba en el reino celestial, desapareció por un tiempo de este mundo. Aunque muchos de sus discípulos se preocuparon por esta ausencia, Subhuti, con porte impasible, se sentó a coser tranquilamente vestimentas. Al regreso de Shakyamuni, los otros discípulos corrieron hacia él entre empujones para ser el primero en saludarle. Deteniendo su mano en medio de su labor, Subhuti se levantó como si fuera a unírseles; después, conteniendo sus sentimientos, se dijo para sí, “¿No son todas las cosas vacías? Incluso la forma de Shakyamuni es el resultado transitorio de causas directas e indirectas y no tiene existencia real. Venerarlo es como venerar la tierra, el aire, el agua fluida, el fuego abrasador y el viento que sopla.”

El Buda, el sí mismo, y el resto de todas las cosas no son constantes. Dándose cuenta de que incluso la propia forma de Shakyamuni es inconstante, reforzándose de este modo su propia creencia, Subhuti se sentó de nuevo lentamente y retomó su costura.

Shakyamuni dirigió estas palabras de amonestación a una monja que se las arregló para ser la primera entre la multitud que se había apresurado para saludarlo: “Puede que hayas llegado la primera, pero no eres la primera en venerarme. Aunque no está aquí presente, puedo ver a Subhuti, quien está recitando para sí, ‘Todas las cosas son sunyata.’ He ahí la verdadera forma de venerar mi ser.” Sus palabras hicieron a la monja dolorosamente consciente de su propia codicia e inmadurez como servidora del Buda.

En Paz en un Choza sin Techo

Imperturbable y con una mente libre de complicaciones, Subhuti nunca se involucró en disputas. Una vez fue a la capital del reino de Maghada, en la India central. El rey, Bimbisara, quien había encargado y donado el monasterio de Venuvana (Bosquecillo de Bambú), ordenó construir una choza para Subhuti, pero estaba demasiado ocupado con asuntos de estado para supervisar el trabajo. El resultado fue que la choza de Subhuti no fue techada. Sin quejarse una sola vez, toleró tranquilamente los vientos huracanados y la cegadora luz del sol. Afortunadamente para él, el tiempo estaba de su parte: mientras vivió en la construcción sin techo, no cayó ni una sola gota de lluvia. Esto causó sin embargo una sequía y un gran sufrimiento. La gente elevó una petición al rey, quien, cuando supo que la falta de techumbre de Subhuti era la causa de la sequía, hizo reparar la construcción. Dando gracias por su mejor alojamiento, Subhuti se dirigió a los cielos de esta manera: “Cielos, obséquianos ahora con la las lluvias benditas. Mi mente está en calma y he alcanzado el reino de la iluminación. No obstante, es mi intención seguir disciplinándome a mí mismo y vivir solamente de acuerdo a la Vía del Buda. Por favor, cielos, traed la bendición de las lluvias al pueblo.”

Los cielos cumplieron su deseo y regaron la tierra para el júbilo general de la población, quien una vez más elogiaron la grandeza de Subhuti.

Como un Poderoso Viento Derriba un Árbol Alto

Una vez, estando enfermo, Subhuti se sentó en meditación a pesar del dolor físico, preguntando a su buda interior sobre la causa y significado de su sufrimiento. Habiendo escuchado sobre su enfermedad, la deidad y guardiana budista Indra, acompañada de 500 damas y músicos celestiales, fue a visitarle. Su hermoso cantar y toque de arpas agradaron a Subhuti, quien expresó inmediatamente su felicidad. Cuando el preocupado Indra le preguntó sobre su enfermedad, Subhuti respondió, “El árbol más fuerte es derribado por grandes vientos. El árbol más fructífero se seca sin agua. Para florecer y dar fruto, debe recibir lluvia justo en las adecuadas cantidades. Todas las cosas experimentan la perturbación y la restauración del orden. En cuanto entendí esto, mi enfermedad desapareció.”

Sus palabras revelan la profunda comprensión de sunyata por parte de una persona que sirvió al Buda a lo largo de toda su vida. Después de escucharlas, Indra retornó al reino celestial, con su mente en paz.

Notas

[1] Elemento fundamental de la filosofía budista, la idea de sunyata (ku en japonés), significa que todas las cosas dependen de causas (relaciones) directas e indirectas, y que ninguna tiene una existencia permanente. Aunque se remonta a los tiempos de Shakyamuni, el concepto cobró especial importancia para el budismo mahayana y fue presentado en detalle en la temprana escritura mahayana Prajnaparamita-sutra y en forma condensada en la popular escritura conocida en japonés como Hannya-shingyo [Sutra del Corazón].

La enseñanza de sunyata tiene tanto aspectos teóricos como prácticos. En términos teóricos, rechaza la existencia fija de todas las cosas y todas las tentativas en relación a ellas. Enseña que, una vez que se han abandonado la entidad permanente y los apegos a la misma, todas las cosas revelan su naturaleza esencial. En este sentido, es casi idéntica a la idea de la originación y las relaciones causales. En términos prácticos, enseña el abandono de los intentos de adquirir mérito y de todos los apegos, y la práctica de la idea de la impermanencia de todas las cosas. Por ejemplo, con relación a la caridad, esto significa que en la medida en que las relaciones entre el donante, el receptor y el obsequio son puros, los tres serán vistos como resultado de relaciones causales y sin existencia propia. A esto se le llama “el triple círculo de la donación”.

(*) Artículo editado por Zen friends, publicación trimestral de la Sotoshu Shumucho.

Traducción de Kepa Egiluz

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