Meditación sin meditador

image_pdfimage_print

Hoy día, la práctica de la meditación se está volviendo, afortunadamente, cada vez más popular, en particular después del boom del mindfulness en las sociedades desarrolladas occidentales. Cada vez más gente habla de meditación y dice practicar algún tipo de meditación.1

Pero ¿qué es la meditación?, ¿en qué consiste?, ¿qué es lo que el meditador-a hace cuando medita?

La palabra ‘meditación’ tiene muchos significados e incluye un gran número de prácticas corporales y mentales muy diversas entre sí. Por ejemplo, desde un punto de vista occidental, el DRAE define el término meditar como “aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo”, reflejando así una mentalidad utilitarista según la cual la meditación es un medio de conseguir un fin, ya sea pensar sobre algo o discurrir sobre la manera de conseguirlo. Esta definición no es válida para la meditación zen.

Como maestro buddhista zen, solo puedo hablar de la meditación zen, llamada zazen. Zazen es el corazón de la meditación buddhista enseñada por el Buddha Shakyamuni y que ha sido practicada y transmitida por la tradición buddhista zen, desde India, pasando por China y Japón hasta llegar a occidente, generación tras generación, en una línea ininterrumpida de maestros y discípulos.

Mi primer maestro, Taisen Deshimaru Roshi, me enseñó que la práctica de zazen se basa en tres puntos:

  1. Actitud corporal correcta.
  2. Respiración correcta.
  3. Actitud mental-emocional correcta.

La práctica de la meditación zen consiste pues en la aplicación correcta de estos tres puntos. Permitidme que explique brevemente cada uno de ellos.

1. Actitud corporal correcta. Quiere decir que la meditación zen es una práctica corporal, no solo mental. Práctica corporal quiere decir que se practica con el cuerpo y que el cuerpo, la postura corporal correcta es muy importante. La postura corporal de zazen es una ciencia que ha sido experimentada y enseñada por todos los maestros zen de la transmisión.

Grosso modo, la postura corporal correcta es la siguiente:

  • Uno se sienta con las piernas dobladas sobre un cojín de meditación adaptado a la propia morfología.
  • Uno adopta la postura del loto, del medio loto, del cuarto del loto o la postura birmana. Lo importante es que el perineo y las nalgas estén bien apoyadas en el cojín y ambas rodillas apoyadas en el suelo. Esto crea una base sólida y estable que permite que el tronco permanezca erguido y conserve la inmovilidad.
  • La inmovilidad del cuerpo es un principio fundamental de la meditación zen y esta inmovilidad solo es posible si el cuerpo está asentado en una base sólida.
  • Una vez creada la base de la postura, el tronco se yergue lo más posible. Estiramos la columna vertebral y empujamos ligeramente el cielo con la nuca como si quisiéramos sostenerlo.
  • El cojín permite que la columna forme naturalmente la curva lumbar y una curva lumbar apropiada permite que se forme una curva dorsal y cervical adecuadas.
  • Los hombros están bien relajados, sin tensión.
  • La nuca debe permanecer estirada, al mismo tiempo que recogemos el mentón hacia dentro.
  • La cabeza no debe inclinarse a la izquierda ni a la derecha, ni hacia delante ni hacia detrás. Está bien asentada sobre los hombros.
  • Los ojos están semi cerrados, la mirada aparcada delante en un ángulo de 45º.
  • La boca está cerrada, las mandíbulas en contacto sin apretar. La lengua permanece en contacto con el paladar superior.
  • La nariz debe encontrarse en la misma línea vertical que el ombligo y las orejas en la misma línea que los hombros.
  • Los brazos caen naturalmente a lo largo del cuerpo, ni demasiado pegados ni demasiado separados.
  • Los dedos de la mano izquierda reposan sobre los dedos de la mano derecha y los pulgares se tocan sutilmente formando una línea horizontal.
  • El tono muscular general de cuerpo no debe ser demasiado tenso ni demasiado flácido.

2. Respiración correcta. La respiración juega un rol fundamental en la meditación zen. De hecho, la postura corporal se describe y se practica tan minuciosamente por la razón de que esta postura corporal correcta es la que mejor facilita la experiencia de una respiración correcta.

¿En que consiste la respiración correcta? Básicamente, para un principiante, la respiración correcta es aquella que se produce en plena conciencia. Es decir, la tarea de todo principiante de zazen es aplicar la atención a la respiración, de forma que, cuando se esté produciendo la inspiración, sea plenamente consciente de que se está produciendo la inspiración, consciente de cómo es, de cómo se produce. Y los mismo con la espiración. Y así, inspiración tras espiración. A esto se le llama en la tradición buddhista anapanasati: atención plena a la respiración, o respiración consciente.

Lo más importante es no pretender manipular la respiración. No pretender que sea distinta a como está siendo. Solamente tomar conciencia de cómo se está produciendo.

Este punto plantea serias dificultades a los principiantes, especialmente al ‘yo meditador’. Llamo ‘yo meditador’ a la actitud de algunos meditadores-as que consiste en creer que la meditación zen es ‘algo que el yo hace’, o ‘algo que yo debo hacer’. Como veremos más adelante, esta actitud es uno de los principales obstáculos para que la conciencia se absorba en el verdadero estado meditativo, tal y como se concibe en la tradición buddhista zen.

No hay que manipular la respiración. La atención del meditador debe fundirse con el ritmo respiratorio, dejando de lado la voluntad personal y cualquier empeño de hacer algo que no sea permanecer siempre atento al flujo respiratorio. La dificultad estriba en que para la mayoría de las personas “prestar atención a algo” significa “manipular eso a lo que se está prestando atención”.

En la vida cotidiana, concebimos y ejercemos la atención mental con mentalidad utilitarista, para conseguir algo. Y pensamos que la atención mental durante la meditación zen es también así. Pero no lo es. Durante la meditación zen, la atención es aplicada como mera contemplación u observación. Una conciencia entrenada en atención durante la meditación se convierte en un espejo límpido que simplemente refleja lo que surge, lo que sucede en el cuerpo, la respiración y la mente.

Cuando el meditador-a consigue, mediante el entrenamiento, fundir su atención con la respiración, sin que aparezca el yo manipulador ni distracción alguna, alcanza un estado llamado técnicamente “conexión”. Este estado se caracteriza porque, por primera vez, se desvanece la dualidad sujeto-objeto y el meditador-a entra en un profundo estado de unificación o no dualidad mente-cuerpo. Este estado es considerado la puerta de entrada a los estados meditativos en el zen, o estados de samadhi. Y esta puerta de entrada es principalmente la práctica de anapanasati, atención plena a la respiración.

3. La actitud mental correcta. La actitud básica de la mente durante la meditación zen se caracteriza por tres principios conocidos por sus nombres en japonés: shikantaza, mushotoku e hishiryo.

3.1. Shikantaza (j), zhǐguǎn dǎzuò (ch).Shikan (j) zhǐguǎn (ch) quiere decir “simplemente, solamente, centrarse solamente en”.Taza (j) dǎzuò (ch.) 打坐 «sentarse en meditación».

Por lo tanto, shikantaza quiere decir “centrarse solamente en la meditación sedente”, esto es, cuando uno se sienta en meditación no hace ninguna otra cosa ni tiene ningún otro propósito que el de permanecer sentado en meditación (contemplación). Dicho de otra manera, la meditación zen no es un medio o una herramienta para alcanzar otra cosa que no sea permanecer sentado en estado de contemplación-observación.

3.2. Mushotoku (j), wúsuodé (ch), aprāptitvam (s). 無所得
Mu (j), wú, (ch) es la negación, no.

Shotoku (j), suodé (ch), prāptitvam (s), significa “provecho, beneficio, ganancia, obtención”. Mushotoku quiere decir que la práctica de la meditación zen no debe ser realizada con ánimo de obtener algo, de sacar un provecho o un beneficio. Es más, quiere decir que, aunque alguien practique zazen con la intención de obtener algún beneficio no podrá conseguir nada.

El maestro Kodo Sawaki les decía a los principiantes: “Os advierto que zazen no sirve para nada. Y que hasta que no os sentéis y practiquéis un zazen que no sirva nada para, vuestro zazen no servirá realmente para nada”.

3.3. Hishiryo (j), fēi sīliàng (ch), 非思量

Una vez, cuando el maestro chan Yaoshan Weiyan (Yakusan Igen) estaba sentado en meditación, un monje le preguntó: «¿En qué piensas cuando meditas?»
El maestro respondió: «Pienso sin pensar”.
El monje preguntó: «¿Cómo piensas sin pensar?»
El maestro respondió: «No pensando en pensar”.

Este diálogo se articula alrededor de cuatro términos:

  1. Pensar: shiryo (j), sīliàng (ch), 思量
    La mayoría de la gente cree que meditar es “pensar en algo”. Cuando se sientan a meditar se dedican a pensar sobre esto y lo otro. Esto no es zazen.
  2. No pensar: fushiryo (j), bùsīliàng (ch), 不思量
    Los que han oído campanas, pero no saben de dónde, creen que meditar es tratar de “no pensar”. Estos se dedican inútilmente a pensar en no pensar, sin conseguirlo nunca, porque pensar en no pensar es seguir pensando. Esto no es zazen.
  3. Pensar sin pensar: shiryo te fushiryo (j), sīliàng gè bùsīliàng dǐ (ch) 思量箇不思量
    Los maestros y practicantes zen experimentados meditan pensando sin pensar.

¿Cómo pensar sin pensar?

4. No pensar pensando, hishiryo (j) fēi sīliàng (ch), 非思量
No pensando el pensamiento. Este no pensar el pensamiento es la actitud correcta durante la meditación zen. A esto se le llama hishiryo (j), siliang (ch).

¿Qué significa pensar sin pensar o no pensar pensando? Significa que zazen consiste en dejar que los pensamientos se piensen a ellos mismos, es decir, en dejar que los pensamientos pasen sin que la atención se detenga en ninguno de ellos, sin pensar en ellos. Significa que durante zazen, aunque en la mente aparezcan pensamientos, no hay nadie pensando los pensamientos. No hay pensador. Al no haber pensador, los pensamientos aparecen y desaparecen sin dejar huellas, como nubes en el cielo.

Una vez llegados aquí, alguien pensará: “¡Pero soy yo quien piensa los pensamientos! ¡Se trata de mis pensamientos! ¡Los pensamientos son míos!” ¡Error! Pensar que hay un yo que piensa, un sujeto del pensamiento, o que los pensamientos son de ese yo, o pertenecen a él, no es más que eso, un pensamiento más.

El yo es una construcción mental, una imagen mental, un pensamiento más. No hay sujeto en la verdadera meditación zen. Y si no hay sujeto en la meditación, no puede haber ‘alguien’ meditando. Por eso, zazen, la meditación zen, es una meditación sin meditador.

La meditación zen no es algo que el yo pueda hacer, no es ni siquiera un hacer, sino la contemplación de lo que acontece. En este sentido, la meditación zen es una no meditación, un no hacer, un no meditar.

Encontramos otra historia interesante del maestro chan Yaoshan Weiyan.

Un día, mientras Yaoshan estaba sentado, su maestro Shitou Xiqian, se le acercó y le preguntó: «¿Qué haces?»
Yaoshan dijo: «No hago nada».
Shitou dijo: «Pero veo que estás meditando”.
Yaoshan dijo: «Si te dijera que estoy meditando, eso significaría que estoy haciendo algo».

La mayoría de la gente que no ha recibido una enseñanza zen correcta cree que meditar es hacer algo, por ejemplo, meditar. El yo siempre quiere hacer algo, porque el yo se reafirma a sí mismo a través de lo que hace o creer hacer. Por eso, para mucha gente, meditar no es más que otra forma de afirmar y reforzar su yo. En este caso, reafirma su yo de meditador-a, un yo espiritual, un yo “zen”.

Pero la verdadera meditación zen es el arte del olvido del yo-sujeto, o la trascendencia e incluso la disolución del yo en el proceso meditativo.

El maestro zen Eihei Dôgen escribió:

“Estudiar el Zen es estudiar el yo.
Estudiar el yo es olvidarlo”.

¿Qué es zazen?

A menudo lo resumo así:

Nadie sobre el cojín.
Nada bajo el cojín.
Ni siquiera cojín.
Ni siquiera zazen.
Esto es zazen.

Cuando tu estás pensando que estás meditando, no estás meditando: estás pensando que estás meditando. Y pensar que estás meditando no es, en absoluto, lo mismo que estar meditando. Cuando realmente te encuentras en el estado de meditación zen –hishiryo– no hay nadie en ningún estado de meditación zen. Este “no hay nadie en un estado de meditación zen” es el verdadero estado de meditación zen.

¿Cómo, de qué manera, qué podrías hacer para alcanzar este estado de meditación?

Tú -tu yo- no puede alcanzarlo de ninguna manera. Porque si tu yo cree haber alcanzado algo, eso que cree haber alcanzado no es el estado de meditación. Y el hecho de que ese estado de meditación aparezca en el proceso meditativo quiere decir que ahí no hay ningún yo.

Entonces, ¿para qué sentarse a meditar? Respuesta: para nada, para nadie. Recuerda las palabras de Kodo Sawaki:

“Hasta que no te sientes y practiques un zazen que no sirva nada para, tu zazen no servirá realmente para nada”.

Estoy hablando de zazen, no de la meditación mindfulness ni de otros tipos de meditaciones.

Una vez aquí, la pregunta fundamental es: ¿cuál es el propósito de la meditación que practico? Muchos tipos de meditaciones tienen un objetivo, un propósito. Por ejemplo, muchos practican meditación mindfulness para reducir el estrés, para ejercitar el poder mental, para desarrollar compasión, para visualizar virtudes, etc. Sin lugar a dudas, cada tipo de meditación tiene su función y su legitimidad. Y cada meditador-a debe clarificar en su fuero interno por qué, para qué practica la meditación que practica.

El propósito de la meditación zen es el de clarificar la verdadera naturaleza del yo y de la realidad. Clarificar la verdadera naturaleza del yo no es lo mismo que fortalecer la idea de yo, ni lo mismo que reducir el estrés del yo, ni lo mismo que sanar el yo, ni lo mismo que embellecer el yo con el ropaje espiritual de meditador-a, por muy legítimos que sean estos propósitos. No quiero entrar en la validez o en la inutilidad de estos propósitos. Lo que digo es que no son los propósitos de zazen, la meditación zen.

Clarificar la naturaleza del yo implica estudiar el yo, observarlo, contemplarlo. Pero, en palabras del maestro zen Dôgen, estudiar el yo quiere decir olvidarlo. ¿Por qué? Porque el yo no puede estudiar el yo, el yo no puede ver el yo, ni observarlo ni contemplarlo, de la misma manera que nadie puede levantarse a sí mismo del suelo tirando de sus propias orejas hacia arriba.

Por lo tanto, la meditación zen es el arte de observar el yo mediante el olvido del yo. ¿Cómo se produce esto? Desde luego no pensando en ello, sino a través del sutil arte de la meditación zen.

La gran puerta de entrada al olvido del yo es el entrenamiento de la atención en la respiración, anapanasati, en la postura corporal adecuada y en la actitud mental-emocional correcta.

Cuando el meditador-a enfoca su atención sobre la respiración, inspiración tras espiración, sin distracciones, se produce una transformación radical en su percepción.

Lo más probable es que, al principio de la práctica, tal vez durante años, la dualidad sujeto-objeto persista. Esto es, el meditador se percibe a sí mismo como un yo (sujeto) prestando atención a la respiración (objeto), como si el yo fuera algo ajeno y distinto a la respiración. Pero, gracias la práctica regular y persistente, llega un momento en el que el yo se funde, se disuelve en la respiración. El sujeto desaparece en el objeto y el objeto en el sujeto. El resultado es simplemente la plena conciencia del cuerpo respirando. Esta es la puerta de entrada a la meditación zen.

Esta práctica y la realización de este estado de ‘conexión’ es el primer paso imprescindible que todo meditador-a debe dar y consolidar. Y esto solo se consigue a través del entrenamiento, es decir, de una práctica regular y perseverante.

0 – 0 – 0

© Francisco Dokushô Villalba
Todos los derechos de reproducción reservados.

  1. Esta enseñanza fue impartida en streaming por Dokushô Villalba Roshi el 16 de octubre 2021. La sesión pública fue organizada por la Escuela de Meditación Pali de la Fundación Columbia de Argentina, a iniciativa del Dr. Daniel Forster.
Comparte: