Términos zen clave

Menju

(Transmisión cara a cara)

En el Daibonten-o-monbutsu-ketsugi-kyo, Sutra de Preguntas y Respuestas entre Mahabrahman y el Buddha, se lee el siguiente pasaje, famoso dentro de la tradición zen:

“Estando en el Pico de los Buitres, en las tierras del oeste, en medio de una vasta asamblea de oyentes dispuestos a escuchar de su boca el Dharma, el Buddha Shakyamuni sostuvo una flor de udumbara y girándola en silencio, parpadeó. En aquel momento, el Venerable Mahakasyapa sonrió. El Buddha Shakyamuni dijo entonces, “Tengo el Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma, la luminosa Conciencia más allá de todo punto de referencia, la auténtica forma de lo que no tiene forma. Se la confío a Mahakasyapa.”

El relato se recoge asimismo como caso sexto del Mumonkan, El Portal sin Puerta, la clásica colección de koans del s. XIII del maestro chino Ekai, también conocido como Mu-mon. En su comentario del caso, Mu-mon inquiere con ironía: “¿Cómo podría Gotama, el de cara redonda, haber transmitido el Dharma (la enseñanza, la completa y perfecta realidad)? Y, de nuevo, si Mahakasyapa no hubiera sonreído, ¿cómo podría haber transmitido el Dharma? Si dice que la realización se puede transmitir, es como el capitalino que engaña al rústico torpón; y si dice que no se puede transmitir, ¿por qué aprueba a Mahakasyapa?” Y remata con el siguiente poema final:

“Mientras daba vueltas a una flor se revelaba su disfraz. Nadie en el cielo o en la tierra puede superar al rostro arrugado de Mahakasyapa.”

Entonces, ¿qué paso allí realmente entre Shakyamuni y Mahakasyapa? ¿Qué fue transmitido, si acaso algo, más allá de las palabras? ¿A qué obedece la complicidad surgida entre ambos? Shibayama señala en su comentario que el uso de la palabra “transmitir” resulta aquí equívoco, pues puede entenderse como si algo, un conocimiento positivo o una teoría abstracta, por ejemplo, pasara de A a B. En el zen se hace hincapié en la propia experiencia y comprensión personal. Nada puede serte dado a menos que no lo tengas ya. Recibirlo equivale a reconocer que ya es tuyo, que ya es de ambos. Así que pensar que algo es transmitido de A a B supone una comprensión incorrecta de la transmisión. Y sería más adecuado verlo como la transmisión de lo intransmisible, como identificación de maestro y discípulo o, mejor, como un reconocimiento mutuo.

Menju, uno de los capítulos del Shôbôgenzô, El Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma, obra magna del maestro Dôgen, trata de la correcta transmisión maestro-discípulo. “Men” significa “cara” y “ju”, “transmisión”; luego “menju” puede traducirse como “transmisión del Dharma cara a cara entre maestro y discípulo”. Menju se refiere, por tanto, al encuentro íntimo entre dos personas plenamente presentes y a lo que pasa, y se traspasa, entre ellas. Lo cual no tiene nada que ver con leer el libro de algún maestro y creer que se han comprendido sus palabras. Si algo recalca enfáticamente Dôgen Zenji en su facsímile Menju es, por una parte, que tal transmisión se produce cara a cara, ojo a ojo, corazón a corazón. Y por otra parte, que de ningún modo puede actualizarse sólo mediante explicaciones verbales o mediante el mero traspaso de alguna suerte de manuscrito. Incluso puede darse de manera completamente silente, como ilustra el caso citado del Buddha Shakyamuni y Mahakasyapa.

Dôgen Zenji escribe en Menju: “El encuentro directo entre el Buddha Shakyamuni con Mahakasyapa le confió íntimamente esta transmisión. Incluso [las relaciones íntimas con] Ananda y Rahula no pueden igualarse a este legado íntimo a Mahakasyapa. Los grandes bodhisattvas son incapaces de igualar la intimidad de la transmisión a Mahakasyapa y son incapaces de sentarse en el asiento de Mahakasyapa. El Generoso y Mahakasyapa se sentaron juntos en el mismo asiento y vistieron el mismo hábito, cumpliendo la actividad del Despertar de la vida. Así, el Venerable Mahakasyapa recibió íntimamente la transmisión del Generoso directamente, cara a cara, mente a mente, cuerpo a cuerpo, y ojo a ojo. Mahakasyapa ofreció al Buddha Shakyamuni veneración y postraciones. Mahakasyapa pulverizó sus huesos y despedazó su cuerpo mediante una miríada de miles de cambios. Su cara dejó de ser una cara y recibió así la cara del Tathagata mediante la transmisión cara a cara.”

En el Denkoroku, Keizan Jokin Zenji dice: “Lo que ocurrió ante la asamblea del Pico de los Buitres, la transmisión de la que allí se habló, sólo confirma lo que ocurrió en la torre Tashi”, donde maestro y discípulo se conocieron por primera vez. Desde el primer encuentro entre el Buddha Shakyamuni y Mahakasyapa, se produjo un proceso de alineamiento, el entrelazamiento de parras del que Dôgen Zenji habló en Katto [ver más abajo]. Sosteniendo la flor y parpadeando, Shakyamuni señala. Viendo, Mahakasyapa comprende. Y sonríe. De este modo, Mahakasyapa nos dio, bajo la forma de una sonrisa, la transmisión de la práctica continua de la actividad incesante del Tesoro del Ojo de la Verdadera y Completa Realidad.

Esta interacción profunda entre maestro y discípulo, cara a cara, que llega a su consumación con el mutuo y pleno reconocimiento entre ambos es parte fundamental de la tradición zen a lo largo de sus diversos linajes. Mahakasyapa y Shakyamuni practicaron juntos durante lago tiempo hasta volverse íntimos hasta la médula. El propio Dôgen Zenji viajó a China y conoció a su maestro auténtico, Rujing. Al encontrarse cara a cara, Rujing le dijo a Dôgen: “La Puerta del Dharma de la transmisión cara a cara de Buddha a Buddha, de ancestro a ancestro, se realiza ahora.” Rujing reconoció completamente a Dôgen en aquel preciso momento. Se reconocieron mutuamente, y después practicaron juntos en profundidad. De modo que este encuentro cara a cara es de una importancia capital.

La maestra zen Jiko Linda Cutts explica en su enseñanza sobre menju: “El maestro no puede ser maestro a menos que haya un discípulo; y el discípulo no puede ser discípulo a menos que haya un maestro. Realmente son no-dos: maestro-discípulo. Ambos surgen juntos a la vez y se cogeneran mutuamente. El maestro crea al discípulo, el discípulo crea al maestro. Esta es la razón por la que la transmisión es cara a cara y por la que se necesitan uno al otro para que se complete la práctica.”

En otro comentario sobre este caso un maestro zen decía: “A un niño no le importa la fealdad de su madre.” Mirándola a la cara con amor y confianza, viendo cómo ésta le devuelve la mirada con amor y confianza, reflejándole tal cual es y reflejándose uno en el otro tal cual son, el niño no hace distingos entre fealdad y belleza. Sólo existe esta transmisión cara a cara, como dos espejos frente a frente reflejándose entre sí adelante y atrás. Así es la transmisión del Dharma cara a cara entre maestro y discípulo.

Jiko Linda Cutts prosigue: “El compuesto ‘maestro-discípulo’ es también asimilado por Dôgen a la planta de la glicina, conocida en japonés con el nombre de “katto”. Sus tallos se retuercen en parejas para sustentarse mutuamente, y mediante unos pequeños zarcillos se van atando entre sí a la vez que se sujetan a diferentes puntos para poder crecer. Otras plantas necesitan apenas una pared recta y lisa para desarrollarse, pero la glicina necesita un entramado por el que poder trepar para buscar el sol. Si el soporte es insuficiente, la planta caerá al suelo y se estrangulará a sí misma. De modo que las parras retorcidas constituyen la descripción de Dôgen Zenji de la relación maestro-discípulo.

La glicina no florece en siete u ocho años. Emplea toda su energía en crecer, enterrando profundamente sus raíces en la tierra y trepando hacia la luz. Finalmente produce hermosas y fragantes flores colgantes de todo tipo de colores: blancos, violetas, rojizos y púrpuras. Tras las flores llegan las vainas de semillas, que cuelgan de la parra durante todo el invierno y después dan más flores en primavera. Dôgen Zenji debe haber sabido sobre la planta muy íntimamente para usarla como modelo para su comprensión de la relación maestro discípulo.

Este enroscamiento mutuo, esta intimidad, toma a veces la apariencia de la enemistad. Practicar junto a alguien durante largo tiempo es bastante difícil, sin embargo nuestras vidas están entrelazadas. En su comentario del caso sexto del Mumonkan, el Roshi Aitken señala que la palabra ‘íntimo’ en japonés, ‘shingetsu’, también significa ‘realización,’ de modo que ‘intimidad’ y ‘realización’ se emplean en la literatura zen de manera intercambiable. ‘Intimidad’ también significa ‘oportuna’ o ‘asombrosamente apropiada.’ ‘Asombrosamente apropiada’ es una forma de describir esta intimidad, la cual es realización. La transmisión y herencia del Dharma a través de estas parras retorcidas incluye una intimidad que es asombrosamente apropiada. Este tipo de intimidad es el que se produce completamente.

Así, pues, debemos entender esa transmisión, no como algo que va de A a B, sino como identificación. Esta comprensión apunta directamente a la enseñanza de que cada uno de nosotros es ya un Buddha. Cuando el Buddha vio la estrella de la mañana y fue iluminado, dijo, ‘Maravilloso, maravilloso, todos los seres sintientes no son diferentes de los Buddhas. Es sólo debido a su ignorancia y engaño que no se dan cuenta.’ Decir que todos los budas y seres sintientes no son diferentes no significa que todo el mundo sea exactamente igual. Todos los seres, todos los budas y seres sintientes no están separados de la Naturaleza de Buddha, y sin embargo cada persona la expresa completamente a su manera, un bello, fragante, colgante, delicadamente coloreado capullo de gliceria que florece al viento y envía su perfume en las diez direcciones. Cada persona es única, y sin embargo al mismo tiempo hay igualdad, igualdad y diferencia y fusión de estos dos como la verdad de la enseñanza budista.

De modo que identificarse con tu maestro significa caminar juntos con todos los Buddhas y Ancestros, y sin embargo expresar la enseñanza a tu propia y única manera. Esto no es exactamente copiar, sino expresar individualmente el Dharma.”

Fuentes consultadas:

Paul Reps y Nyogen Sensaki, 101 Historias Zen, ed. Martínez Roca S.A., Barcelona, 1998.

Jiko Linda Cutts, Face to Face: The Meaning Comes Alive, Green Gulch Farm, Diciembre de 1996; reimpreso de Wind Bell, Volume 31, No. 2, Summer, 1997. http://www.intrex.net/chzg/LindaC.htm

http://www.wwzc.org/teisho/TurningtheWheel/TurningtheWheeloftheWayTeisho05/index6.html

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