ALIMENTAR PERSONA-PLANETA.

 

Boro Miralles


Nuestra sociedad actual se caracteriza por una situación de riesgo e incertidumbre provocada por los acelerados e imprevisibles impactos tecnológicos sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

Son cada vez más y mejor conocidos los efectos de la crisis ecológica sobre la salud pública. Es el complejo binomio de la sociedad del bienestar versus la sociedad del riesgo, ya que los peligros que nos acechan -incluso en nuestros platos- por el dominio de la agricultura y ganadería intensivas industriales, son imputables a acciones y decisiones humanas que conllevan asociadas la atribución de responsabilidades. Se hace necesario así, la regulación de la tecnología para proteger los entornos naturales y la salud a través de la seguridad alimentaria, ya que uno de los riesgos más relevantes para la ciudadanía, todos nosotros, es el relativo a la alimentación de calidad e inocuidad de los productos que forman parte de nuestra dieta diaria.

La FAO ha definido la seguridad alimentaria como el escenario sociológico que permita a todas las personas tener acceso físico, social y económico, en todo momento, a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer las necesidades y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa. Esta seguridad como derecho fundamental requiere de la puesta en práctica de otro concepto fundamental: el de la democracia alimentaria (Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, 2000), como derecho de todos los consumidores a saber, optar, participar y corresponsabilizarse de su propia alimentación. No sólo de la cantidad de alimentos sino de la calidad y acceso digno y suficiente.

Planteamientos integrados de seguridad en toda la cadena alimentaria, desde la producción a la comercialización y consumo final; implementar el principio de precaución avalado por investigaciones científicas independientes que corroboren o no la seguridad de los alimentos y modos de producción que entrañen riesgos, lo que conllevaría la evitación de los OMG -organismos modificados genéticamente-; activar la aplicación de la trazabilidad alimentaria como sistema que permite conocer el recorrido de los productos desde el campo hasta la mesa, pasando por elaboradores y proveedores, para aproximarnos más y mejor a los llamados productos kilómetro cero locales, favoreciendo a los pequeños y medianos productores cercanos; definir con medidas legales la responsabilidad de cada uno de los integrantes de la cadena alimentaria: productores, transformadores, autoridades de salud pública y consumidores; práctica rigurosa de la transparencia informativa y el derecho ciudadano a saber sobre las cuestiones alimentarias, etc. Todo ello son medidas de emergencia para la seguridad, la soberanía y la democracia alimentarias, en el marco de la sustentabilidad ecológica.

El actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos genera impactos sociales, ecológicos y sanitarios con una influencia negativa: contaminación de la frágil capa de tierra fértil, intrusión contaminante en los acuíferos, el transporte como dilapidador del consumo energético, la producción ingente de residuos, el uso y abuso de productos químicos de síntesis en el cultivo, y de aditivos y conservantes en la transformación, elaboración de alimentos insípidos y de escaso valor nutritivo, Estos impactos se pueden minimizar mediante estrategias como impulsar la producción y el consumo local en el marco del biorregionalismo -vivir en un país significa vivir sus contextos, es decir, en sus regiones naturales, en conexión con sus procesos territoriales, sus tiempos, sus ritmos, sus recursos-, en agricultura significa una regionalización de la producción de alimentos; una política agraria que abogue por el decidido impulso a la agricultura ecológica y de las condiciones de acceso y comercial; la mejora de las dietas de salud pública mediante alimentos inocuos y nutritivos, y freno a los productos superfluos y potencialmente perjudiciales, así como hábitos saludables que proporcionen calidad en el estilo de vida y bienestar personal.

Y en respuesta a las campañas de los lobbys alimentarios contra lo ecológico y lo bio, que quede bien claro: no es lo mismo que los ingredientes que forman nuestra dieta se obtengan de una forma de cultivo o de otra. La producción actual de alimentos, en el paradigma de la calidad y seguridad alimentaria, tiene una maravillosa oportunidad en la agricultura ecológica, con el rechazo de los productos químicos -insecticidas, pesticidas, fertilizantes, hormonas, aditivos, conservantes-, se contribuye a la salubridad y mayor cualidades nutritivas de los alimentos, así como al mantenimiento de los recursos naturales y la salud de la tierra fértil, siendo una producción respetuosa con el medio ambiente y con las personas que lo habitamos.

Y al lado de este análisis macroestructural, faltaríamos a la autoresponsabilidad si no nos fijáramos en nosotros como ciudadanos consumidores responsables. El consumo responsable es ante todo una actitud personal, una autoeducación para tomar decisiones respecto a productos y servicios que vayan más allá de valores económicos o de prestigio y poner el valor en aspectos éticos, sociales, ecológicos y de sostenibilidad. Para ello es necesario la toma de conciencia con criterios personales, sentido crítico, autonomía y responsabilidad. Así vamos consiguiendo que se consolide cada vez más la vía hacia el comercio justo, la producción limpia y la soberanía del consumidor.

Así pues, salud para tu cuerpo a la vez que para tu planeta, personas libres en un planeta habitable. Somos Persona-Planeta.




Después de la vida

por Francisco Carrillo (*)


¿Qué ocurre después de la muerte de los individuos humanos? Es una pregunta que todos los hombres nos hacemos al menos en algún momento de nuestra vida y que ha preocupado a la humanidad desde sus orígenes. Las religiones tienen la muerte muy presente en sus doctrinas y buscan soluciones. Los filósofos tampoco pueden escapar a este interrogante y los científicos tratan de buscar explicaciones tarea difícil. Solamente se puede especular e imaginar, partiendo de los conocimientos de nuestra época. Imaginemos las posibles alternativas:

ALTERNATIVA MATERIALISTA

De cómo la materia viva se descompone

La primera es la más evidente y simple: después de la muerte no hay nada La maquinaria biológica del individuo deja de funcionar, se va descomponiendo lentamente, hasta que los restos del cuerpo, en parte sirven de alimento a otros seres vivos (gusanos, bacterias, etc y en parte, se transforman en otros materiales del suelo, si el individuo es enterrado, o bien en cenizas y gases, si es incinerado; es decir la materia biológica se transforma en otro tipo de materia de La Tierra. Esto ocurre con los cadáveres de cualquier ser vivo, cumpliéndose el principio del reciclaje de la materia en los ecosistemas

Sobrevive la especie sobreviven los genes sobrevive la vida

Los pensamientos, las ideas, la inteligencia es decir cualquier actividad cerebral nacida del cerebro en acción, al morir éste, mueren con el ya no existen. Esta sería una visión «materialista» del tema. El «alma» del hombre muere con el, al ser un producto de su cuerpo material, mientras éste funciona. Por eso la única forma de supervivencia es la específica, por medio de la reproducción, que asegura la perpetuación de la especie a lo largo de cierto tiempo, y que viene modulada por la evolución.

Es una estrategia de vida que los seres eucariontes, no bacterianos, con reproducción sexual tenemos; las células y los organismos individuales mueren y es la especie la que sobrevive en el tiempo a través del sacrificio de sus individuos; con el tiempo, las especies cambian, evolucionan y la vida, con una u otra forma sigue En realidad son los genes y sus moléculas de ácidos nucleicos los que se perpetúan

Los genes de los seres vivos, que son los guardianes de la información biológica, van acumulando ésta a lo largo de la evolución y de esta forma, cada vez se forman seres más complejos y con mayor información acumulada, lo que les hace ser más autosuficientes e independientes del ambiente: es el caso de los mamíferos y en especial de la especie humana.

La estrategia de las bacterias

Otras veces se forman seres vivos simples y ubicuos que no requieren un alto grado de información genética pero que están perfectamente diseñados para resistir cualquier cambio ambiental, en especial por su rápida reproducción y número; son las bacterias . En estas, al reproducirse habitualmente por bipartición asexual, si se puede hablar de la persistencia de los individuos a través de las generaciones, aunque no de forma exacta. Las bacterias nos son clones exactos de si mismas pues hay variación genética por varios procedimientos: mutaciones, a través de virus y por una especie de reproducción sexual que ellas practican de vez en cuando: la conjugación.

¿Por qué mueren las células?

¿Por qué las células no son inmortales? Hay varias causas que hacen que las células acaben por morir. En primer lugar, las células al reproducirse, los telómeros (partes terminales) de sus cromosomas van acortándose y esto hace que dichas células tengan un número de mitosis limitado. De esta manera una determinada estirpe celular tiene sus días contados. Solamente en las células cancerosas no ocurre esto.

Por otro lado el gran rendimiento energético que obtiene las células de la respiración en presencia de oxígeno tiene un precio: Las células en un principio vivían en ambientes muy pobres en oxígeno; en una atmósfera más bien reductora. Con el surgimiento de la fotosíntesis oxigénica durante el proceso de la evolución biológica, la atmósfera y el agua se fueron enriqueciéndose paulatinamente en este gas hasta que se produjo una atmósfera oxidante semejante a la actual. Además el oxígeno formó una capa de ozono en la estratosfera que impedía el paso de radiaciones ultravioleta de onda corta, muy agresivas para las células. Este hecho permitió una explosión de vida y posteriormente la conquista del medio terrestre, sobre todo por parte de las células eucariotas, es decir no bacterianas.

Las células, al principio, no tenían defensas contra el oxígeno del ambiente, que es muy reactivo y muchas debieron sucumbir. Pero la vida es tenaz y persistente y pronto aprendieron a protegerse de este enemigo; aparecieron por ejemplo, enzimas que lo neutralizaban; pero no solo aprendieron a protegerse de él sino que aprendieron a utilizarlo en su provecho: Se inventó la respiración en presencia de oxígeno o respiración aerobia. Los orgánulos adecuados donde se realizó este ingenio fueron las mitocondrias, es decir, antiguas bacterias endosimbióticas. Pero como he dicho anteriormente este invento tiene un precio: Se producen radicales de oxígeno, los radicales libres, que son altamente reactivos y acaban dañando estructuras vitales de las células, como su membrana plasmática. Este deterioro se puede retardar con dietas «sanas» tipo mediterráneo, por ejemplo y con ciertas vitaminas protectoras de esta oxidación como la vitamina E.

Además los errores genéticos que se van acumulando en el ADN de las células durante la replicación y por acción de agentes externos más o menos agresivos (mutaciones) pueden influir en el desgaste celular. Estas son algunas de las principales causas de envejecimiento celular.

ALTERNATIVA NO MATERIALISTA

La segunda alternativa es que después de la muerte individual del ser vivo, algo queda algo no material, que no se sabe exactamente a donde va. Nos podemos plantear tres cuestiones:

1. ¿Todos los seres vivos sufren este proceso o solo los animales superiores, o bien solo el hombre, como ser vivo especial?

2. ¿Qué naturaleza tiene ese «algo» no material?

3. Cual es el destino y función de ese «algo»?

¿Energía espiritual?

1. Es lógico pensar que a medida que el ser vivo se complica en organización, ese algo, una especie de energía, también es más complejo; pero ¿es más persistente una vez muerto el organismo vivo? La duración de «eso» quizá dependa de la complejidad: cuando se alcanza un cierto nivel de organización vital, el «espíritu» se estabiliza y persiste Puede que surja cuando se alcanza un nivel de raciocinio y consciencia como la alcanzada por el hombre y sea un estado de mayor nivel en la materia-energía: Primer nivel: materia no viva; segundo nivel: materia viva; tercer nivel: energía espiritual.

2. Es difícil creer que ese «algo» (espíritu, alma, etc.) sea de naturaleza material, ya que no lo vemos, no lo percibimos y no podemos demostrar su materialidad científicamente. Podemos pensar que pudiera ser algún tipo de energía. Tampoco ha podido ser demostrada su existencia y su naturaleza. Pero existen en la cultura humana citas de esto que nos ocupa:

a) Las ciencias alternativas como la parapsicología tratan de ello o de algo relacionado: Energía psíquica, viaje astral, ectoplasma, aura, ente, etc

b) Creencias y leyendas populares hablan de: Fantasmas, espíritus buenos y malos, muertos resucitados, etc

c) Las religiones son las que más lo consideran: nos hacen creer en: el alma inmortal, en los ángeles, en los diablos, en la resurrección de los muertos, en los dioses o en Dios

¿Espíritus energéticos?

Para la ciencia, tal asunto no es material; en todo caso, si existiese podría ser una forma desconocida de energía o todavía no identificada. ¿Que tipo de energía? Energía electromagnética luminosa del vacío mental

¿Es quizá, nuestra actividad mental recogida y almacenada, a medida que la producimos, por inteligencias superiores, o bien de forma natural, en entidades de información energética y de esta forma conservada e inmortalizada? Es posible que estas entidades o almas, que se van fabricando con la vida de cada persona, luego sean utilizadas por entidades superiores (dioses), para enriquecerse o bien pasen a formar parte del «espíritu» del Universo.

De forma que en el Universo hay varios niveles de organización: 1.- la materia no viva, asociada a la energía conocida con sus múltiples variantes 2.- la materia viva, asociada a la energía espiritual: Los seres vivos almacenan información en unas unidades de información biológica, los genes. Para esto utilizan un lenguaje de 4 letras (las 4 bases nitrogenadas del ADN) que forman unidades variables de secuencias formadas por variaciones con repetición de estas letras. A lo largo de la vida individual de los miembros de una especie, estos genes van registrando la información de sus experiencias vitales, influenciadas por el ambiente y van determinando la evolución de la especie; se almacena toda la información de la historia de la especie, de sus orígenes y ancestros en los genes de sus individuos. La especie, a través de sus miembros, va evolucionando, se va transformando, según los cambios ambientales. Pero también existe un influjo de la especie en el ambiente, de manera que ambos, en cierta medida, se transforman juntos, interaccionando entre si.

El gran caudal informativo almacenado en los genes de las diferentes especies de seres vivos puede que se consiga transvasar a entidades espirituales energéticas capaces de almacenar dicha información; serían las almas o espíritus, bien individuales de cada ser vivo, o al menos de determinados seres vivos con cierta complejidad ¿humanos? O bien una energía colectiva que recoge la información biológica, una energía espiritual cósmica. ¿Cómo se consigue esto?

¿Espíritus informáticos?

El camino puede ser a través de los biochips. Las neuronas establecen circuitos neuronales en el encéfalo, según la información genética por un lado y según las experiencias ambientales y vitales por otro, y estos circuitos son la base biológica de las «funciones espirituales» de la especie humana. Si la información neuronal se consigue trasvasar a chips informáticos, la experiencia vital de una persona se puede almacenar de forma permanente en máquinas. Se pueden conectar microchips en una persona, o bien fabricar neurochips, que siendo inocuos para ella, vayan recogiendo su información vital desde que nace hasta que muere y esta información se vaya almacenando permanentemente, de forma semejante a como se almacena información en una especie de CD-Rom. Posteriormente estas informaciones vitales se podrían utilizar de diversas formas. Es una forma de que seres inteligentes (¿dioses?) adquieran información de nuestro planeta a través del procesamiento y análisis de nuestras experiencias vitales. De alguna manera estas informaciones que conservan nuestras «vidas» nos hacen inmortales. ¿Pueden transferirse a nuevos cuerpos? ¿Se acumulan, junto con otras y dan lugar a inteligencias cada vez más perfectas y poderosas?

Recapitulación: A medida que el Universo evoluciona, surge la vida y luego el espíritu

A medida que se asocia la materia y la energía, surgen realidades emergentes de nivel organizativo superior a lo anterior, que dependen del buen funcionamiento de las asociaciones inferiores, pero que son más complejas, poderosas y autosuficientes. Las entidades inferiores, no desaparecen, sino que pueden subsistir en su estado, libremente, o pasar a integrarse en asociaciones de jerarquía superior. En todo este proceso tiene un papel determinante el tiempo ya que se trata de un proceso evolutivo, de cambio, de transformación de la materia y de la energía universal. Así, las partículas subatómicas forman átomos, más complejos, los átomos forman moléculas, las moléculas, macromoléculas; a partir de aquí ya se pueden formar estructuras vivas: Ha aparecido el ARN, y su posterior forma más estable, el ADN, fundamentos de los seres vivos. Estas macromoléculas se organizan en genes, que son las unidades de información de la materia viva y que permiten que esta materia se expanda y desarrolle, pues tienen capacidad de reproducción (replicación). Además registran y almacenan las informaciones ambientales con objeto de adaptarse mejor a los lugares donde se encuentran, es decir «viven». Por otro lado, estas macromoléculas tienen tendencia, con el paso del tiempo, y a medida que almacenan más información y por lo tanto crecen en tamaño, a asociarse con otras moléculas y macromoléculas (proteínas, lípidos, glúcidos, etc.) y a crear estructuras vivas cada vez más complejas ¿quizás para protegerse mejor del ambiente y perpetuarse con más facilidad? (los genes egoístas de R. Dawkins). Así, nacen los orgánulos y las células, que actualmente son las unidades de vida más representativas. Estas últimas, pueden ser de estructura más sencilla, las bacterias, o bien de estructura más compleja, las demás células como las animales, vegetales o fúngicas. A medida que pasa el tiempo de este Universo y éste se desarrolla y evoluciona, surgen entidades vivas más complejas. Esto sucede si existen lugares que reúnan las condiciones necesarias para la vida, es decir planetas de tipo terrestre (al menos, la vida, tal y como nosotros la entendemos).

Si estas condiciones persisten en el tiempo en el planeta, la vida se desarrolla y se expande, creando formas cada vez más complejas: las células se asocian en organismos pluricelulares, más complejos y poderosos; estos seres se van complicando cada vez más y llega un tiempo en que algunos de estos seres se hacen tan complejos que desarrollan un órgano, el cerebro, que supera a los genes en el almacenaje y procesamiento de la información ambiental, con lo cual estos seres, determinados animales, aunque necesitan de otros seres vivos y no vivos para subsistir, son cada vez más autosuficientes y dominan cada vez mejor su ambiente. Surgen los mamíferos y uno de ellos el hombre, alcanza el máximo poder de autosuficiencia y control ambiental.

En la especie humana emerge ahora la consciencia y la vida espiritual. ¿Ocurre algo semejante en otros animales complejos aunque en menor grado? Es probable que sí, y el grado dependerá de su complejidad y desarrollo cerebral. Esta vida emergente tiene su sustrato en el cerebro y en la actividad neuronal de éste. Las neuronas, células muy especializadas, se asocian en dicho órgano y establecen comunicaciones entre ellas, los circuitos neuronales, base de las funciones cerebrales superiores, tales como la memoria, raciocinio, aprendizaje, inteligencia, emociones, etc., y que todas ellas fundamentan la vida espiritual. Es decir, esta «emergente vida espiritual» , mientras no se demuestre lo contrario, solo puede vivir si se asienta sobre el substrato cerebral, formado a su vez por unidades de vida inferiores como son las células neuronales, eso sí especializadas y asociadas convenientemente para crear esta nueva forma de vida.

Las neuronas, a medida que van siendo estimuladas por el ambiente, aumentan sus ramificaciones dendritícas y establecen cada vez más sinapsis entre sí, es decir los circuitos neuronales van proliferando con los estímulos ambientales. Esto da lugar a un sistema biológico de almacenaje de información mucho más rápido que el genético pero menos estable, ya que se transmite culturalmente, de generación en generación y no a través de los genes, aunque éstos a la larga van determinando cerebros cada vez más capaces y eficientes. Como he imaginado, quizá fantaseado, el gran salto es la separación de esta vida espiritual emergente de su sustrato biológico cerebral.


© Copyright 2002 Francisco Carrillo Gil (fcarrillo@iieh.com)
https://iieh.com/autores/fcarrillo.html
Biólogo

(*) Francisco Carrillo (1952-2015) nació en Zaragoza. Es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrático de Biología y Geología del Instituto de Enseñanza Secundaria LEGIO VII de León (capital).




Los diez discípulos del Buda – Subhuti

Subhuti *

Perceptor de la Verdad del Vacío


En el Templo de Jetavana

Subhuti, uno de los Diez Discípulos Principales de Shakyamuni, era famoso como meticuloso observador de la verdad de sunyata [1], a menudo traducida como ‘vacío’ pero más próxima en el significado a la palabra ‘relatividad’. Se dice que su absorción en esta doctrina así como en prácticas espirituales elevadas le previno de tomar parte en actividades más conspicuas y esta es la razón por la que su nombre ocurre tan raramente en las escrituras. Desafiando este difícil concepto, se ganó la ferviente admiración de los creyentes, quienes le obsequiaron ofrendas en cantidades sin precedente. Su intensa diligencia le valió además la cálida confianza de Shakyamuni.

Shubuti nació en una familia acaudalada y creció sin querer nada. Su tío Sudatta construyó el templo de Jetavana, donde Shakyamuni enseñó a menudo. En ocasión de su dedicación a la orden budista, Subhuti escuchó por primera vez a Shakyamuni, y esto cambió por completo su vida. Conmovido profundamente por la compasión y la sabiduría de las enseñanzas, abandonó su acomodado estilo de vida por la búsqueda de la verdad. Caminando directamente hasta donde se encontraba Shakyamuni, pidió permiso para convertirse en monje.

La Propia Forma de Shakyamuni es Sunyata

En cierta ocasión, Shakyamuni, deseando instruir a su madre Mahamaya, quien se encontraba en el reino celestial, desapareció por un tiempo de este mundo. Aunque muchos de sus discípulos se preocuparon por esta ausencia, Subhuti, con porte impasible, se sentó a coser tranquilamente vestimentas. Al regreso de Shakyamuni, los otros discípulos corrieron hacia él entre empujones para ser el primero en saludarle. Deteniendo su mano en medio de su labor, Subhuti se levantó como si fuera a unírseles; después, conteniendo sus sentimientos, se dijo para sí, «¿No son todas las cosas vacías? Incluso la forma de Shakyamuni es el resultado transitorio de causas directas e indirectas y no tiene existencia real. Venerarlo es como venerar la tierra, el aire, el agua fluida, el fuego abrasador y el viento que sopla.»

El Buda, el sí mismo, y el resto de todas las cosas no son constantes. Dándose cuenta de que incluso la propia forma de Shakyamuni es inconstante, reforzándose de este modo su propia creencia, Subhuti se sentó de nuevo lentamente y retomó su costura.

Shakyamuni dirigió estas palabras de amonestación a una monja que se las arregló para ser la primera entre la multitud que se había apresurado para saludarlo: «Puede que hayas llegado la primera, pero no eres la primera en venerarme. Aunque no está aquí presente, puedo ver a Subhuti, quien está recitando para sí, ‘Todas las cosas son sunyata.’ He ahí la verdadera forma de venerar mi ser.» Sus palabras hicieron a la monja dolorosamente consciente de su propia codicia e inmadurez como servidora del Buda.

En Paz en un Choza sin Techo

Imperturbable y con una mente libre de complicaciones, Subhuti nunca se involucró en disputas. Una vez fue a la capital del reino de Maghada, en la India central. El rey, Bimbisara, quien había encargado y donado el templo de Venuvana (Bosquecillo de Bambú), ordenó construir una choza para Subhuti, pero estaba demasiado ocupado con asuntos de estado para supervisar el trabajo. El resultado fue que la choza de Subhuti no fue techada. Sin quejarse una sola vez, toleró tranquilamente los vientos huracanados y la cegadora luz del sol. Afortunadamente para él, el tiempo estaba de su parte: mientras vivió en la construcción sin techo, no cayó ni una sola gota de lluvia. Esto causó sin embargo una sequía y un gran sufrimiento. La gente elevó una petición al rey, quien, cuando supo que la falta de techumbre de Subhuti era la causa de la sequía, hizo reparar la construcción. Dando gracias por su mejor alojamiento, Subhuti se dirigió a los cielos de esta manera: «Cielos, obséquianos ahora con la las lluvias benditas. Mi mente está en calma y he alcanzado el reino de la iluminación. No obstante, es mi intención seguir disciplinándome a mí mismo y vivir solamente de acuerdo a la Vía del Buda. Por favor, cielos, traed la bendición de las lluvias al pueblo.»

Los cielos cumplieron su deseo y regaron la tierra para el júbilo general de la población, quien una vez más elogiaron la grandeza de Subhuti.

Como un Poderoso Viento Derriba un Árbol Alto

Una vez, estando enfermo, Subhuti se sentó en meditación a pesar del dolor físico, preguntando a su buda interior sobre la causa y significado de su sufrimiento. Habiendo escuchado sobre su enfermedad, la deidad y guardiana budista Indra, acompañada de 500 damas y músicos celestiales, fue a visitarle. Su hermoso cantar y toque de arpas agradaron a Subhuti, quien expresó inmediatamente su felicidad. Cuando el preocupado Indra le preguntó sobre su enfermedad, Subhuti respondió, «El árbol más fuerte es derribado por grandes vientos. El árbol más fructífero se seca sin agua. Para florecer y dar fruto, debe recibir lluvia justo en las adecuadas cantidades. Todas las cosas experimentan la perturbación y la restauración del orden. En cuanto entendí esto, mi enfermedad desapareció.»

Sus palabras revelan la profunda comprensión de sunyata por parte de una persona que sirvió al Buda a lo largo de toda su vida. Después de escucharlas, Indra retornó al reino celestial, con su mente en paz.

Notas

[1] Elemento fundamental de la filosofía budista, la idea de sunyata (ku en japonés), significa que todas las cosas dependen de causas (relaciones) directas e indirectas, y que ninguna tiene una existencia permanente. Aunque se remonta a los tiempos de Shakyamuni, el concepto cobró especial importancia para el budismo mahayana y fue presentado en detalle en la temprana escritura mahayana Prajnaparamita-sutra y en forma condensada en la popular escritura conocida en japonés como Hannya-shingyo [Sutra del Corazón].

La enseñanza de sunyata tiene tanto aspectos teóricos como prácticos. En términos teóricos, rechaza la existencia fija de todas las cosas y todas las tentativas en relación a ellas. Enseña que, una vez que se han abandonado la entidad permanente y los apegos a la misma, todas las cosas revelan su naturaleza esencial. En este sentido, es casi idéntica a la idea de la originación y las relaciones causales. En términos prácticos, enseña el abandono de los intentos de adquirir mérito y de todos los apegos, y la práctica de la idea de la impermanencia de todas las cosas. Por ejemplo, con relación a la caridad, esto significa que en la medida en que las relaciones entre el donante, el receptor y el obsequio son puros, los tres serán vistos como resultado de relaciones causales y sin existencia propia. A esto se le llama «el triple círculo de la donación».

(*) Artículo editado por Zen friends, publicación trimestral de la Sotoshu Shumucho.

Traducción de Kepa Egiluz




Zazen es la bancarrota

Kusen (enseñanza oral) del maestro zen Dokushô Villalba, 14 de Febrero de 1989

Cuándo seguimos la Vía del Budismo Zen, no debemos temer las aparentes contradicciones, las paradojas que aparecen como tales solamente a un cierto nivel de nuestra conciencia. La práctica de la Vía de Zen nos ayuda a superar ese nivel y a alcanzar uno más amplio y profundo desde el que se puede tener una vista panorámica, desde el que podemos darnos cuenta de que las contradicciones y las paradojas en realidad, no son tales.

Por ejemplo, ¿qué esperáis en zazen? Sí esperáis algo, no encontraréis nada y, lo que encontréis no merecerá la pena ser encontrado. Zazen es el fin de vuestras esperanzas, por eso el maestro Deshimaru decía que zazen es como entrar en el ataúd, es el punto final. El maestro Kodo Sawaki también decía que zazen es la bancarrota total, el «crack». ¿Qué significa esto? Zazen es la muerte de todas las ilusiones falsas del espíritu.

En cierta ocasión una mujer que acababa de perder a su único hijo, se acercó al Buda Sakiamuni y le dijo: ¡oh, gran Iluminado! Tú que posees poderes sobrenaturales, apiádate de mi sufrimiento y devuélveme a mí hijo único. «El Buda le contestó: ¿Por qué sufres? La muerte es inherente a la vida. El retorno de tu hijo no eliminará la causa de tu sufrimiento, pero ya que has venido hasta mí, te devolveré a tu hijo. Para ello, debes encontrar una casa donde nadie haya muerto antes de llegar tú.»

La mujer recorrió el país de aldea en aldea, de casa en casa, de ciudad en ciudad buscando un hogar en el que ningún ser humano hubiera muerto anteriormente, pero no pudo encontrar ninguna. Entonces, cansada de tanto caminar, se sentó y comprendió al instante la Enseñanza del Buda. Comprendió que la muerte era inherente a la vida y, desapegándose de ambas, pudo al fin encontrar el verdadero alivio a su sufrimiento.

Desde el punto de vista de las esperanzas ilusorias de los seres humanos, la respuesta del Buda es como un sable que de un tajo corta la cabeza, como el rugido de un león que atemoriza a todos los animales de la selva, es el fin de las ilusiones. Sin embargo, gracias a esta desesperanza, esta mujer pudo despertarse a una realidad superior y comprender realmente las raíces profundas de su sufrimiento.

«La verdadera religión no debe alimentar las vanas ilusiones de los seres humanos», decía Kodo Sawaki, muy al contrario, debe ayudarle a despertar de sus esperanzas falsas y percibir directamente la auténtica realidad de la existencia.

Visto desde este punto de vista, parece triste. La muerte, el abandono, la renuncia parecen tristes, y sin embargo todos los grandes hombres y guías de la humanidad han dicho que no es posible nacer a la verdadera vida, si no morimos antes. En el Zen este morir no es solamente una expresión, debe ser una auténtica experiencia zazen tras zazen. Zazen supone la muerte del ego ilusorio, y esto es a veces difícil. Aparecen las sensaciones agradables e inmediatamente el apego; aparecen las sensaciones desagradables y con ellas, el rechazo. Aparecen conceptos, Imágenes, y uno cae en la ilusión de identificar esas imágenes consigo mismo, o bien se dice: «yo pienso así», «yo creo en esto o en lo otro» “este es mi pensamiento, mi dolor, mi cuerpo.» Dejar morir el ego es difícil, sin embargo toda experiencia espiritual auténtica pasa por este punto. Por eso la auténtica religión, ‘La verdadera espiritualidad, difícilmente llega a extenderse demasiado. La mayor parte de los seres humanos quieren utilizar la religión para satisfacer sus propios fines egoístas y para alimentar sus esperanzas vanas. Siempre fueron pocos, aquellos dispuestos a vivir realmente una experiencia espiritual verdadera.

Sin zazen no es posible comprender la enseñanza del Buda. Nuestra mente, hecha de conceptos, de imágenes mentales, impregnada de emocionalidad, no es apta para percibir o captar la dimensión del Buda, por eso debemos abandonar nuestra mente, Abandonar nuestra mente quiere decir no aferrar nada con ella. Es una experiencia en la que todo concepto acerca de Buda o de Dios sucumbe, cono un gran océano tragándose toda nuestra imaginaría, Es la experiencia cumbre del Budismo Zen, la Iluminación. ¿En qué consiste esta experiencia? Fundamentalmente, en darse cuenta que desde el principio, nunca hemos dejado de ser Budas, que nuestra naturaleza original es la naturaleza de Buda.

Durante zazen sentaos simplemente. No os opongáis a la avalancha de pensamientos y emociones, no luchéis, Si hacéis así, la actividad mental se extingue como un fuego falto de combustible, y aparece la ecuanimidad, la imparcialidad y la lucidez.

Si por ejemplo aparece un rechazo, y ante este rechazo manifestamos una actitud de rechazo, son ya dos los rechazos; al tomar conciencia de que hemos rechazado el rechazo nos encolerizamos con nosotros mismos, y al tomar conciencia de nuestra cólera nos odiamos por ello. Así sólo conseguimos aumentar continuamente el fuego y éste nunca se extingue. Pero, cuando aparece el rechazo, simplemente tomamos conciencia de que ha aparecido un rechazo y dejamos pasar, entonces el combustible que provoca la aparición de este rechazo se extingue con él.

Esta es la única manera de desmadejar nuestra existencia y nuestra mente sin embrollarla aún más, sin trucos ni mentiras; naturalmente.




Los perros culpables

Extraído del libro «Cuentos budistas» (veinte cuentos jataka) – Biblioteca de Cuentos Maravillosos – Traducido por Jordi Quingles.


Cierto rey se paseó un día por toda la ciudad en su magnífico carro arrastrado por seis caballos blancos. Y al anochecer, cuando regresó, llevaron a los caballos a las cuadras, pero dejaron el carro en el patio con los arreos.

Y cuando todo el mundo dormía en palacio, se puso a llover.

“Ahora es nuestra ocasión; vamos a divertirnos un poco”, dijeron los perros de palacio al ver los arreos de cuero mojados y reblandecidos por el aguacero. Bajaron de puntillas al patio, y mordieron y royeron las hermosas correas. Y después de jugar así toda la noche, se escabulleron antes del alba.

“¡Las correas del carro real, comidas… destrozadas!”, exclamaron horrorizados los mozos de cuadra al entrar en el patio a la mañana siguiente. Y con el corazón tembloroso fueron a comunicárselo al rey.

“Benigno soberano, dijeron, los arreos del carro real han sido destrozados durante la noche. A buen seguro que es obra de los perros, que habrán estado royendo las hermosas correas”.

El rey se levantó furioso. “¡Matadlos a todos, ordenó, matad a todos los perros que encontréis en la ciudad!”.

La orden del rey fue pronto conocida por los setecientos perros que había en la ciudad, y todos ellos lloraron amargamente. Pero había un perro que era su jefe, pues los amaba y protegía. Y en larga comitiva, se pusieron en camino para ir a verlo.

–¿Por qué os habéis congregado, hoy –preguntó el jefe al verlos llorar– ¿y qué os pone tan tristes?

–Corremos peligro –respondieron los perros–. Los arreos de cuero del carro real, que estuvo toda la noche en el patio del palacio, han sido destrozados y se nos culpa del daño. El rey está furioso y ha ordenado que nos maten a todos.

“A ningún perro de la ciudad le es posible atravesar las puertas del palacio –pensó el jefe–; así pues, ¿quién podría haber destrozado los arreos sino los propios perros de palacio? Así, se perdona a los culpables y se manda acabar con los inocentes. No puede ser: presentaré los culpables al rey, y los perros de la ciudad salvarán la vida”.

Estos eran los pensamientos del valiente jefe, y después de consolar a sus setecientos súbditos, atravesó solo la ciudad. A cada paso encontraba hombres dispuestos a matarlo., pero sus ojos desbordaban tanto amor, que no se atrevían a tocarlo. Y entró en el palacio, y los guardias reales, hechizados por su porte, le permitieron atravesar las puertas.

Entró así en el salón del trono, donde se encontraba el rey sentado en el trono; sus cortesanos estaban de pie a su alrededor, y a la vista de sus enfurecidos ojos, todos permanecían callados.

Al cabo de un momento, el jefe habló.

–Gran rey –dijo–, ¿es orden vuestra que maten a todos los perros de la ciudad?

–Sí –respondió el rey–, es orden mía.

–¿Qué daño han hecho, oh rey? –preguntó.

–Han destrozado los arreos de cuero del carro real –respondió el rey.

–¿Qué perros lo han hecho? –preguntó el jefe.

–No lo sé –respondió el rey–; por eso he ordenado que los maten a todos.

–¿Han de matar a todos los perros de vuestra ciudad –preguntó el jefe– o hay algunos a los que se les perdonará la vida?

–Solo a los perros reales se les perdonará la vida –contestó el rey.

–Oh rey –dijo el jefe con voz dulce–, ¿es justa vuestra orden? ¿Por qué habrían de ser inocentes los perros de palacio y culpables los de la ciudad? Aquellos a los que vos favorecéis son perdonados y han de matar a aquellos a los que no conocéis. Oh rey justo, ¿dónde está vuestra justicia?

El rey meditó unos instantes y luego dijo:

–Sabio jefe, dime, pues, quiénes son los culpables.

–Los perros reales –contestó el jefe.

–Demuéstrame que tus palabras son verdaderas –dijo el rey.

–Os lo demostraré –respondió el jefe–. Ordenad que traigan aquí los perros de palacio y les den a comer hierba kusa1 y suero de mantequilla.

El rey ordenó que se hiciera tal como el jefe pedía, y los perros reales fueron traídos ante él y les dieron a comer hierba kusa y suero de mantequilla.

A poco que lo hubieron comido, fueron apareciendo en sus bocas tiras de cuero, que cayeron al suelo. Así se descubrió a los culpables.

El rey se levantó pausadamente de su trono.

–Tus palabras son verdaderas –dijo el sabio jefe–, verdaderas y puras como las gotas de lluvia que caen del cielo. Nunca te olvidaré por años que viva.

Ordenó entonces que dieran comida suculenta y atenciones reales a todos los perros de la ciudad todos los días de sus vidas, y todos ellos vivieron felices por siempre jamás.


1Esta hierba (poa cynosuroides), a menudo confunduda con la llamada darbha, era, como ésta, una hierba sagrada usada en ciertas ceremonias religiosas (puja-s).

Este nombre entra igualmente en la composición del lugar en el que el Buda Sakyamuni abandonó la existencia terrena: Kusi-nagara, actualmente Kasia.




La eternidad del relámpago. El zen instantáneo

Jorge Bustamante


«La mente en sí misma es Buda.
Práctica difícil. Explicación fácil.
No mente. No Buda.
Explicación difícil. Práctica fácil.»

(Eihei Dogen)

         El contenido del presente libro se elaboró a partir de los materiales grabados magnetofónicamente de las enseñanzas orales impartidas por el monje zen Jorge Ryûnan Bustamante durante diferentes retiros intensivos de meditación (sesshin) en Chile entre los años 1997 y 2001.

         La Eternidad del Relámpago. El Zen Instantáneo trata del momento presente y no de cualquier otro, el instante mismo en el que se desarrolla la practica del zen, el zazen eterno, sin principio ni fin. Eso significa despertar y vivir la vida libre y plenamente, sin agregarle ni quitarle nada. Ese despertar no depende del tiempo, sino del aquí y ahora.

Por Kepa Egiluz