Comentarios del maestro
Taisen Deshimaru


“Penetrar la Vida no es fácil ni difícil,

basta con que no haya ni amor ni odio,

ni elección ni rechazo.”

        El Shin Jin Mei o Poema de la Fe en el Espíritu, escrito en el siglo VI de nuestra era, es el texto más antiguo sobre la esencia del Zen (Ch’an) y una de las grandes obras maestras del patrimonio espiritual de la Humanidad. Está atribuido al maestro chino Seng Ts’ang (jp. Kanchi Sosan) (¿-606?), Tercer Patriarca del Zen en China después de Bodhidharma (jp. Bodhaidaruma) y su sucesor Hui-ko (jp. Eka).

Bodhidharma, el Primer Patriarca del Zen el China, no hablaba; su sucesor Eka, carnicero y barrendero, tampoco. Tampoco escribieron ni compusieron poemas. Así, pues, no es posible conocer su enseñanza de forma literaria. Gracias, sin embargo, a este Shin Jin Mei del Maestro Sosan, podemos ver y comprender las verdaderas huellas dejadas por estos dos Maestros. Por eso, el Maestro Keizan Jokin dijo: “Debemos inclinarnos en sampai (triple postración) delante del autor de este poema.” Y compuso este poema dedicado a Sosan:

“En la vacuidad no hay ni interior ni exterior.
Ni el crimen ni la virtud dejan huella.”

        La tradición asocia esta obra a otros tres clásicos posteriores: el Shodoka o Canto del Inmediato Satori, del Maestro Yoka Daishi (649-713), el San Do Kai o La Esencia y los Fenómenos se Interpenetran, del Maestro Sekito Kisen (700-790), y el Ho Kyo Zan Mai o El Samadhi del Espejo Precioso, del Maestro Tozan (807-869). Estos cuatro textos forman el patrimonio del zen, del que constituyen la pura esencia.

La esencia de la enseñanza transmitida de Bodhidharma a Eka era en sustancia: “Es imposible obtener nada, sea lo que sea.” La esencia de la enseñanza transmitida de Eka a Sosan era: “Es imposible rechazar nada, sea lo que sea.” En el zen no hay que querer agarrar ni soltar. Estos mismos principios los encontramos en el Shodoka: “En el cosmos no existen las nociones de ganancia ni de pérdida.”

En la época del Shin Jin Mei, las escuelas Soto y Rinzai no existían aún, al sobrevenir la escisión después del San Do Kai. Los textos escritos hasta entonces forman la base común de las dos escuelas. Particularmente, el Shin Jin Mei es la fuente de los koan rinzai, más de un millar de los cuales fueron extraídos de este texto.

Por esta época, el budismo estaba prohibido y perseguido por el gobierno. Sosan tenía más de cuarenta años cuando encontró por primera vez al maestro Eka. Sosan estaba enfermo de lepra. Sus primeras palabras al maestro Eka fueron:

—”Soy un leproso. ¡Le ruego que me purifique de mis crímenes!”
—”¡Traémelos aquí y te purificaré de ellos!”, respondío Eka.
—”¡No puedo cogerlos para traéroslos!”
—”¡Tus crímenes están, pues, purificados. Debes tener fe en mi enseñana!”

Después de haber recibido la ordenación de Eka, Sosan tuvo que huir y se escondió en la montaña Kanko. Vivió solo, errando sin cesar. Su fe y su práctica asidua de zazen lo curaron completamente de su enfermedad. Mucho después se convertiría con el que se convertiría en su sucesor y Cuarto Patriarca, Doshin. Al término de una enseñanza de nueve años le entregó el certificado de transmisión y sucesión (shiho) y los cuencos.

El Maestro Sosan murió el 15 de octubre de 606, de pie, en meditación andante (kin hin), debajo de un árbol. El único escrito que dejó, el Shin Jin Mei, es el primer texto sobre la esencia del Zen.

La obra se compone de 584 ideogramas repartidos en 146 frases muy breves. Cada frase está compuesta de cuatro ideogramas, formando un total de 72 versos.

El maestro Dogen estudió muy profundamente el Shin Jin Mei en su Eihei Koroku. El maestro Kodo Sawaki también lo comentó, así como el discípulo de éste, el maestro Taisen Deshimaru, reconocido como Primer Patriarca Zen Soto de Europa. Sus comentarios fueron recopilados y elaborados para la versión francesa por Muriel Kamnitzer, Vincent Bardet, Evelyn y Marc de Smedt. La presente edición en castellano, comentada e ilustrada con kanjis y dibujos del propio maestro Deshimaru, nos llega de la mano del su discípulo, el maestro Dokusho Villalba. Absolutamente imprescindible.

(De la Introducción.)

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