Política Integral

Una Tercera Vía Espiritual

por Gregory Wilpert (*)

En esta época de agitación ideológica, cuando las viejas ideologías de izquierda, socialismo, liberalismo, y conservadurismo, ya no capturan la imaginación política en la manera en que alguna vez lo hicieran, se requieren visiones políticas nuevas. Algunos han tratado de formular una “Tercera posición” entre la democracia social y conservadurismo. Otros, como Michael Lerner, han propuesto un acercamiento más espiritual que transcienda tanto izquierda como derecha. A continuación, me gustaría presentar otra visión, la de la Política Integral, la cuál es muy compatible con el enfoque de Michael Lerner, pero basada en el trabajo de Ken Wilber.

¿Qué es una Tercera Posición?

Históricamente, las terceras posiciones surgieron siempre que la gente encontró que las ideologías políticas dominantes existentes carecían de respuestas. En el siglo diecinueve, el socialismo pretendió originalmente convertirse en una tercera posición entre conservadurismo y liberalismo clásico (básicamente el libre capitalismo de mercado en ese momento). Más tarde, en el siglo veinte, la democracia social se desarrolló como una tercera posición entre socialismo y conservadurismo/libre mercado capitalista. No sorprende entonces que hoy un número de políticos y teóricos, como el Clinton/Gore Democratic Leadership Council y el New Labor Party de Tony Blair, haya propuesto una tercera posición entre los programas sociodemocráticos y neoliberales.. Pero en vez de representar una verdadera trascendencia de los sistemas de creencia existentes, demasiado a menudo el programa nuevo termina en el centro ideológico, entre las dos ideologías dominantes. Tal forma centrista de tercera posición es de hecho una transigencia en vez de una teoría política nueva que trascienda a las viejas y que produzca respuestas duraderas a problemas sociales irresueltos.

Una verdadera tercera posición para el siglo veintiuno debería trascender y debería progresar más allá de las ideologías precedentes. La Política integral se adecua a esta idea. Analiza la relación entre la mayoría de las ideologías existentes y claramente presenta un acercamiento nuevo a la política; uno que integre lo mejor de lo que cada uno tiene que ofrecer y que transcienda sus defectos. La política Integral representa una alternativa política verdadera.

La Tercera posición Integral

Ken Wilber, particularmente en sus recientes escritos, ha presentado un mapa comprehensivo del cosmos y su desarrollo (véase especialmente “Una Teoría de Todo”, “Sexo, Ecología, Espiritualidad”, y “Breve historia de todas las cosas”) que se presta para un mapeo de los sistemas de creencia política. Para resumir brevemente, Wilber sostiene la opinión de que todos los sistemas son simultáneamente tanto totalidades como partes, lo que él, siguiendo a Arthur Koestler, llama un holón. Esto quiere decir que cualquier sistema que podamos mirar, sea un individuo, un átomo, una sociedad, o un sistema de creencias, es simultáneamente algo que es parte de un todo mayor, incrustado en un contexto mayor, y una unidad relativamente independiente. Más aún, cualquier holón dado tiene tanto un interior como un exterior. Finalmente, uno puede examinar el holón como una unidad individual apartada y también en su contexto colectivo.

Wilber ha revelado un mapa que organiza conceptualmente los holones. Como la Gran Cadena del Ser de siglos anteriores, la llave para entender este mapa es que cada holón se puede trascender a sí mismo y por consiguiente, introducir niveles o contextos más profundos.

Estos cuatro cuadrantes, tal como Ken Wilber se refiere a ellos, corresponden a las formas clásicas de conceptualización del mundo, tanto en la filosofía oriental como en la occidental. En Occidente, siempre desde la filosofía griega antigua, y especialmente desde Immanuel Kant, el reino de la filosofía ha estado dividido en lo verdadero (la verdad objetiva), el bien (la verdad moral), y lo bello (la verdad estética). En Oriente, el budismo tiene una concepción similar en forma del Buddha (la verdad individual), el dharma (la verdad objetiva), y la Sangha (la verdad colectiva). A grandes rasgos, la verdad objetiva corresponde a la ciencia, el punto de vista externo en todos los holones, tanto individual como colectivo (los cuadrantes de la derecha). La verdad subjetiva es propia de arte, que es el punto de vista interno de cualquier holón (el cuadrante izquierdo superior). Y la verdad moral es propia de la ética y la cultura, el punto de vista colectivo interno de cualquier holón (el cuadrante inferior izquierdo).

Como han apuntado los sociólogos, desde Max Weber, el logro y a la vez el desastre crucial de la sociedad moderna ha consistido en separar estas tres esferas unas de otras. Esta separación dejó que cada esfera se desarrollara según su propia lógica, en vez de estar subordinada a la religión, como fue el caso durante la Edad Media y antes, cuando la Iglesia determinaba lo que era verdadero, lo que era correcto, y lo que era bello. La subordinación de estos reinos a la doctrina de la Iglesia tornó muy difícil el desarrollo de cada reino. Con el principio de la modernidad, los tres reinos del arte, la ciencia, y la moralidad pudieron finalmente desarrollarse de conformidad con sus propias verdades. Hoy, sin embargo, esta diferenciación se ha vuelto tan extrema que se ha convertido en una forma de disociación. Cada esfera ha quedado completamente desconectada de las otras y la esfera de la verdad objetiva, la de la ciencia, ha asumido el control sobre las otras esferas. La visión integral trata de superar esta fragmentación de la sociedad moderna, no reimponiendo una nueva doctrina de la iglesia o la dominación de otra esfera en lugar de la de la ciencia, sino reconociendo en primer lugar la autonomía de cada esfera y en segundo lugar que cada esfera está íntimamente relacionada con las otras. La visión integral reintegra lo verdadero, lo bueno, y lo bello en un abrazo no forzado e integral. Podemos aplicar esta concepción del universo a los sistemas de creencia política, mapeados sobre una matriz. En un eje de la matriz podemos trazar una línea del grado en el cual una ideología política cree que los factores internos o externos nos moldean como personas físicas o como sociedad. Por ejemplo, los conservadores tienen tendencia a creer que las fuerzas internas nos dan forma; todos hemos oído el argumento de que son los valores y el estilo de vida del individuo lo que lo conduce a la pobreza. Los liberales, por otro lado, tienden a creer que son las fuerzas externas las que nos dan forma, que la pobreza, por ejemplo, es el resultado de injustas fuerzas políticas o económicas. En el segundo eje podemos trazar un mapa del grado en el que una ideología enfatiza el papel del individuo en detrimento de lo colectivo. Para usar algunas ideologías extremas como ejemplo, el fascismo se enfoca típicamente en lo colectivo y lo interno, en el sentido de que se preocupa por las motivaciones internas de la gente, sus valores o su cultura, y por el orden colectivo de sociedad. El liberalismo también ve los valores del individuo como la llave de su éxito o fracaso en la vida, solo que está primordialmente preocupado por el individuo. Las ideologías izquierdistas, como el anarquismo por un lado y el socialismo de estado por el otro, ven a las fuerzas causativas como primariamente externas, usualmente en la forma de economía o gobierno. El anarquismo enfoca la atención en el individuo, oponiéndole generalmente las fuerzas colectivas como el estado, y el socialismo de estado pone el foco en lo colectivo. Estos ejemplos se toman de las formas extremas de ideología política, pero este modelo también tiene aplicación para las formas más moderadas, como “la nueva izquierda”, “la vieja izquierda”, “la nueva derecha” y la “vieja derecha”. Uno puede diagramar el resultado de este análisis.

Sin embargo, la figura de arriba muestra solo dos de las cuatro dimensiones de la política. La primera dimensión es la extensión para la cual una ideología enfoca la atención en el individuo o en lo colectivo. La segunda dimensión es la extensión para la cual una ideología enfoca la atención en la causalidad externa o interna. La tercera dimensión de la ideología política es de importancia crucial para la Política Integral: su grado de inclusión/abrazo. Tal como cada Holón existe en contextos más y más profundos, lo mismo ocurre con argumentos políticos o ideologías. Mientras algunas ideas o argumentos toman la necesidad física como su único contexto, los otros enfatizan verdades emocionales, verdades tradicionales y etnocéntricas o, en un nivel superior, verdades universales. En otras palabras, mientras las ideologías fascistas se apoyan en argumentos en referencia a verdades etnocéntricas, las ideologías liberales se apoyan en argumentos en referencia a verdades racionales/universales. Esta distinción de verdades es jerárquica, yendo desde los físico a lo emocional, a lo tradicional, a lo racional, cada paso trascendiendo pero abrazando a su predecesor, todo el camino hacia el nivel superior, el del alma y el espíritu. Es posible tener una política que haga referencia a los niveles más altos de las verdades del alma y espirituales. La Política Integral reconoce esta jerarquía anidada de contextos de creciente profundidad y amplitud.

Finalmente, la cuarta dimensión de la política, según la visión integral, es el tipo y la dirección del cambio deseado (tal como el movimiento o el tiempo en el reino de la física es considerado algunas veces como la cuarta dimensión). Algunas ideologías sostienen que el cambio social debería ocurrir de una manera revolucionaria, otros de una manera reformista, y aún otros sostienen que no debería haber ningún cambio. Ken Wilber hace una distinción entre la traducción, lo que corresponde a un cambio dentro de cualquier nivel o contexto dado, y la transformación, que corresponde al cambio hacia un nuevo nivel/contexto de tipo superior. A grandes rasgos esto corresponde a la distinción entre la reforma y la revolución. Además, algunas ideologías también difieren en términos de la dirección de cambio que buscan. Algunas sostienen que el cambio debería mover a un nivel más alto, mientras otras creen que deberíamos regresar a un nivel anterior. Por ejemplo, algunos ecologistas radicales sostienen que la sociedad debería regresar a una organización social basada en tribus recolectoras-cazadoras, mientras los socialistas usualmente afirman que la sociedad debería encontrar una forma nueva de organización que transcienda a la actual y que nunca haya existido antes. La Política Integral sostiene que las cuatro dimensiones tienen que ser tomadas en cuenta al desarrollar análisis políticos. La Política Integral provee así una “tercera posición”, en el sentido de que transciende e integra los sistemas de creencia existentes en todas las dimensiones.

Política Integral y Espiritualidad

La práctica de la Política Integral requiere una orientación espiritual porque es una visión que va más allá de la racionalidad ordinaria. Aquí hago una distinción entre religión y espiritualidad. Por religión entiendo un conjunto específico de creencias y prácticas orientadas hacia un reino más allá de lo ordinario. Por espiritualidad entiendo una apertura hacia lo no ordinario, hacia el milagro de la vida y la naturaleza, hacia lo suprarracional. La Política Integral se relaciona con la espiritualidad porque requiere de la intuición del practicante, una capacidad para ver las cosas holísticamente, y una apertura hacia reinos más allá de lo meramente racional. El sentido de la espiritualidad al que me refiero aquí es de este modo muy similar a la concepción de la espiritualidad emancipadora de Michael Lerner. Uno puede ponerse más en sintonía con la Política Integral, del mismo modo que se pone en sintonía con las prácticas espirituales directas y contemplativas como la meditación. La Política Integral “no añade” meramente espiritualidad a la política. En lugar de eso, encuentra un lugar para la espiritualidad en la política y un lugar para la política en la espiritualidad.

Históricamente, las religiones Occidentales monoteístas, como el Cristianismo, el Islam, y el Judaísmo, han sido lo que Nietzsche” llamó “apolíneas”. Esto es, han tratado de empujar la Gran Cadena del Ser hacia Dios y al abrazo con lo Uno, hacia el espíritu. Básicamente, han movido a los humanos en una dirección de ascenso, hacia arriba en la cadena de ser. El triste resultado, sin embargo, también a menudo ha sido un rechazo o la disociación de lo que fue antes, de los niveles anteriores, como la tierra, el cuerpo, lo sensual, y lo emotivo. Para revertir este proceso, Nietzsche apoyó un tipo diferente de actitud, que llamó “dionisiaca”, que volvería a poner a la gente en contacto con sus deseos básicos y sus cuerpos. Apoyó un descenso en la cadena de ser, un abrazo renovado de los muchos, en lugar de un esfuerzo hacia lo Uno. La política integral, reconociendo la validez de todo el espectro de la conciencia, desde el cuerpo hasta la emoción, hasta la mente, hasta el alma, hasta el espíritu, no ve ascenso y descenso como una opción de opuestos, sino que integra a ambos. El ascenso puro con demasiada facilidad conduce a una disociación de los niveles anteriores del ser y el descenso puro también fácilmente conduce a la regresión. En lugar de eso, lo que es necesario es un ascenso a los niveles más altos del ser que simultánea y conscientemente reintegre los niveles anteriores. En la práctica política esto significa que mientras buscamos formas más elevadas y apropiadas de organización social, probablemente en forma de una mejor organización político – económica global, también necesitamos reabrazar y reintegrar la comunidad, lo individual, y la tierra.

Los Principios de la Política Integral

Basado en lo anteriormente dicho, podrían delimitarse algunos de los principios de fondo para una Política Integral. Ninguno de ellos pretende convertirse en reglas rígidas, sino más bien como líneas directrices mutuamente acordadas en relación a lo que la Política Integral debe tratar de abarcar.

1. La visión integral: La Política integral se basa en una visión que es capaz de integrar opuestos y sostenerlos como no duales. Aplicando esto en el mapa tetradimensional bosquejado antes, esto quiere decir que uno necesita percatarse de que la realidad política, como toda realidad, involucra lo individual y lo colectivo, lo interno y lo externo, tanto los niveles de desarrollo más tempranos como los más tardíos, el abrazo de los muchos y el esfuerzo hacia lo Uno. Cada esfuerzo por crear una unidad mayor, ya sea en un nivel global o regional, debe simultáneamente incluir una reintegración de lo que fue antes, de lo nacional, lo comunal, lo individual, y la tierra. Ken Wilber ha bautizado este acercamiento con la abreviatura “TCTN” (todos los cuadrantes, todos los niveles). Recientemente, las principales corrientes políticas de tercera posición, como aquellas propuestas por el sociólogo Anthony Giddens y el Clinton/Gore Democratic Leadership Council, han sugerido que advirtamos que los derechos del individuo deben estar acompañados de una responsabilidad en lo colectivo. Pero ésa es solamente una forma de integrar ambos. La llave consiste en encontrar formas de organización social que simultáneamente preserven y promuevan los derechos individuales y los bienes colectivos. Necesitamos una sociedad en la cual, citando a Marx, “el desarrollo pleno del individuo es una condición para el desarrollo pleno de la sociedad”.

Las políticas de izquierda asumen típicamente que estamos primordialmente conformados por circunstancias externas, mientras que las políticas de derecha asumen que somos moldeados por factores internos. La Política Integral reconoce y respeta el interior de cada individuo y de la sociedad tanto como los factores externos que juegan un papel enorme en la vida de la gente.

2. La moralidad integral: La visión “TCTN” añade una moralidad integral, lo que Wilber llama una “Intuición moral básica”. Trata de preservar y promover el desarrollo más profundo para el mayor número de seres. En la práctica, ya que no podemos reacomodar a nuestro antojo los interiores de individuos o sociedades, la política integral tomaría en cuenta los interiores principalmente creando las condiciones objetivas (externas) que permitirían un máximo de desarrollo subjetivo (interno) para los individuos y la sociedad.

3. Traducción y luego transformación: La perspectiva integral identifica cuándo el progreso debería ser cuantitativo, esto es, dentro de cualquier nivel dado de desarrollo, y cuándo debería ser cualitativo, de un nivel hacia el siguiente. La transformación (la revolución), el movimiento de un nivel hacia el siguiente, es sólo aconsejable una vez que las opciones de acción en cualquier nivel dado han sido agotadas y la sociedad está lista para moverse hasta el siguiente nivel. Si las condiciones para la transformación no están dadas, entonces será necesaria más traducción (reforma) dentro del nivel actual. La Política Integral reconoce que tanto reforma como revolución son apropiadas, pero que cada una tiene su lugar y tiempo, dependiendo de las circunstancias y la etapa de desarrollo social. La Política Integral generalmente trata de mover suavemente a la sociedad en dirección al nivel siguiente, pero sólo cuando ésta estuviese lista.

4. Las patologías del desarrollo: La Política Integral trata de reconocer cuándo una institución particular o acomodamiento social se ha vuelto patológico y está ya sea bloqueando un futuro desarrollo u operando en contra de la intuición moral básica. Por ejemplo, la pobreza puede actuar como un obstáculo para el desarrollo individual y social si esta pobreza hace imposible el acceso de un individuo a los recursos necesarios para el desarrollo (el cuidado médico adecuado, la educación, la comida, el refugio, etc.). También, cuando un grupo o individuo está oprimiendo a otro grupo o individuo, esto imposibilita, o al menos torna muy difícil, el desarrollo pleno del oprimido. Pero así como pueden haber obstrucciones externas en las patologías de desarrollo, también puede haber obstrucciones internas. Por ejemplo, una cultura que niega la existencia del desarrollo, que cree que representa la máxima sabiduría que la sociedad puede ofrecer, rechazaría cualquier práctica transformativa o espiritual que intente llevar a la cultura a un nuevo nivel de conciencia. Claro está que aquí la política educativa aparece con fuerza, pues necesitamos encontrar formas de estar seguros de que todos, aún el menos afortunado, tiene una oportunidad para desarrollar a pleno su potencial.

Una Aplicación de la Política Integral: Globalización

La Globalización es quizá al mismo tiempo el más complejo y el más importante asunto de nuestro tiempo. Vale la pena entonces ver qué diría sobre el tema la Política Integral.

Un rasgo importante de todo desarrollo es que cada movimiento hacia un nivel nuevo representa una inclusividad mayor. Esto es, cuando los átomos se combinan para formar moléculas, incluyen las características de los átomos y añaden las características nuevas o las características de las moléculas. Esto sigue hacia adelante, para células y organismos multicelulares. Lo mismo ocurre con el desarrollo subjetivo individual (el cuadrante superior izquierdo), donde las sensaciones físicas son incorporadas en emociones, las cuáles son incorporadas en el sentido de pertenencia al grupo, lo cual es incorporado en la racionalidad. Los cuadrantes colectivos son particularmente relevantes para el concepto de globalización, donde las unidades de desarrollo social se expanden de clanes, a tribus, a naciones, a regiones, y finalmente al globo, cada nivel más envolvente que el nivel previo. Sin embargo, dentro de cada uno de los cuadrantes anteriormente dichos hay varias líneas de desarrollo. Esto significa que la dinámica de inclusividad creciente se aplica no sólo para los cuatro cuadrantes, sino para todas las líneas de desarrollo social, ya sea la moral, económica, legal, o política. En otras palabras, la globalización, en el sentido de inclusividad global, es una consecuencia natural del desarrollo humano. La pregunta sería a qué velocidad está moviéndose cada una de estas líneas hacia el abrazo global.

Sin embargo, al examinar el mundo del hoy, podemos ver que la manifestación actual de la globalización no representa una globalización a lo largo de todas las posibles dimensiones o líneas de la experiencia humana. Hoy, sólo algunos aspectos de desarrollo humano están globalizados, mientras los otros quedan fuera. Específicamente, lo económico y algunos elementos de las dimensiones culturales tienden hacia lo global, mientras las dimensiones morales y políticas permanecen mayormente pegadas en el nivel de lo nacional (con la Union Europea representando potencialmente una excepción notable). En términos de Política Integral uno puede clasificar este desequilibrio como una forma de patología pues hay una disociación entre las diferentes líneas de desarrollo en el sentido que el proyecto económico neoliberal niega cualquier validez al desarrollo de una organización política global.

Es más, la globalización económica que ha estado ocurriendo ha conducido a una aún mayor polarización económica entre los diferentes pueblos del mundo en los últimos treinta o cuarenta años. Por ejemplo, según los datos del Banco Mundial, en 1960 la proporción de ingreso entre el 20% del mundo más rico y el 20% del mundo más pobre era de 30:1. Hoy esta proporción es de 75:1, sin signos de desaceleración. Esta polarización económica representa una disociación dentro de la línea de desarrollo económico, donde grupos ricos se vuelven más ricos mientras los pobres se vuelven más pobres o al menos se estancan económicamente. El problema con estas disociaciones, tanto dentro de la línea económica como entre las líneas económicas y políticas es que presentan serios asuntos a resolver en términos de justicia social y crean obstrucciones para el futuro desarrollo. El masivo aumento de la pobreza en el mundo de hoy torna muy difícil, si no imposible, a los pobres alcanzar su pleno potencial. Así, la disociación entre la globalización económica y política hace que los procesos económicos estén divorciados de los procesos políticos, significando esto que los poderosos actores económicos pueden hacer lo que les plazca, mientras lo menos poderoso sufren las consecuencias.

Hacia una Nueva Lógica Sistémica: El Neo-Keynesianismo Global

(Una Economía política Integral)

Si tomamos en serio los principios de la Política Integral, debemos esforzarnos en “preservar y promover el desarrollo más profundo para el mayor número de seres”. En la práctica, esto quiere decir que necesitamos encontrar formas para equilibrar el desarrollo económico y político a través de una organización política globalizada, de modo que los futuros procesos económicos no conduzcan a una mayor polarización económica. Desde el punto de vista histórico, este desequilibrio particular no es nada nuevo, ya que la integración económica frecuentemente ha avanzado más rápidamente que la integración política. En lo que sigue bosquejo apenas una progresión de relaciones de la organización político-económica que provee una idea en lo que se refiere a lo que la siguiente etapa de nuestra organización político-económica podría ser.

Con el surgimiento de capitalismo y la explicación de su funcionamiento provista por Adam Smith, uno puede decir que hubo una fase en la cual la economía fue primordialmente nacional y se suponía que la organización política no intervendría en la economía. La organización política fue así casi inexistente, al menos en lo que concernía a la economía (quizá con la excepción puesta en la implementación de contratos). Ésta fue la fase del liberalismo clásico, básicamente de la economía nacional no regulada, que comenzó en Europa Occidental alrededor de 1800 y duró hasta la década de los treinta. Esta fase terminó a causa de su propia inestabilidad, lo que quedó ejemplificado en la Gran Depresión. La siguiente fase fue la del Keynesianismo clásico, que, de acuerdo con los principios perfilados por Maynard Keynes, dio un papel significativo a la organización política nacional para guiar a la economía nacional (junto con algunos controles internacionales limitados). Esta fase duró hasta principios de los años setenta, cuando el Keynesianismo colapsó debido a su inestabilidad. Fue incapaz de manejar las contradicciones entre las demandas del sector comercial y la población en general. El resultado práctico fue la deuda creciente de los estados benefactores Occidentales (y eventualmente una crisis de deuda para el Tercer mundo). Además, el incremento en el comercio mundial comenzó a crear una creciente presión para traer un nuevo sistema de dirección político-económica mientras las empresas escogían las mejores localizaciones para sus inversiones, fuesen éstas dentro o fuera de la organización política que los regulaba. La década de los setenta representan así el comienzo de un régimen global de neoliberalismo económico que fue acompañado por la persistencia de las políticas nacionales. Ésta es básicamente la fase y el tipo de globalización que todavía experimentamos.

La siguiente fase será entonces con toda probabilidad la de una “puesta al día” por parte de la organización política para alcanzar el mismo nivel global en el que la economía ya funciona. En otras palabras, porque el neoliberalismo internacional es insostenible, debido a la polarización creciente y la destrucción ambiental que produce, podemos esperar que surja una nueva fase dentro de poco tiempo, la del Keynesianismo global, en la que la organización política se globalizará también para poder regular la economía global. Un ejemplo de este proceso es el de la Union Europea, la cual actualmente introduce una organización política regional más fuerte (a lo largo de Europa), precisamente a fin de poder lidiar mejor con sus problemas económicos, sociales, y ecológicos.

Muchos economistas prominentes tienen ya propuestas para crear una economía política global Keynesiana , como es el caso del ex gerente del Banco Mundial y economista Joseph Stiglitz, Jeffrey Sachs, economista de desarrollo de Harvard, James Tobin, laureado Premio Nóbel en Economía, y el financista global George Soros. Sus propuestas van desde introducir un impuesto global a la especulación de la moneda circulante (la tasa Tobin) a la creación de un banco central global para controlar el capital internacional. El objetivo primario de estas propuestas es generalmente desmantelar el régimen actual conocido como “beggar thy neighbor” para el cual los países compiten para ofrecer las mejores oportunidades de inversión desmantelando todas las restricciones nacionales o controles en la inversión (tanto en lo que atañe a reglas ambientales, de trabajo como de derechos humanos). Sobre todo, tales controles globales neo-Keynesianos también pueden contribuir a revertir la polarización económica global.

Sin embargo, no deberíamos ilusionarnos con que el Keynesianismo global vaya a ser un punto omega en nuestro desarrollo político-económico. Tarde o temprano, éste también padecerá de las contradicciones internas que el Keynesianismo nacional sufrió, y nosotros, como sociedad global, tendremos que buscar una nueva lógica sistémica. Sin embargo, hasta entonces, el Keynesianismo global es la alternativa más probable.

Hacia una nueva Lógica Cultural

Un elemento clave de la Política Integral es la atención que presta al lado interno, subjetivo y cultural de cosas (el cuadrante inferior izquierdo). Mi debate acerca de la globalización se ha centrado en encontrar una lógica sistémica nueva; quiero decir, que me he concentrado en discutir el lado externo, objetivo y social de las cosas (el cuadrante inferior derecho). La Política Integral intuye que las soluciones que enfocan exclusivamente su atención en la parte exterior (lo social – sistémico) serán deficientes si no están acompañadas por un foco en lo interno (lo cultural). En otras palabras, el Keynesianismo global, como una forma de economía política integral, necesitará una cultura integral si es que va a moverse de una mera traducción a una transformación de nuestra sociedad. Los gobiernos y sus poblaciones se resistirán a implementar el Keynesianismo global si no sienten una cierta solidaridad y compasión de parte del mundo más allá de sus fronteras nacionales. Más que nunca, los pueblos del mundo tienen que estar dispuestos a pensar en términos de humanidad, en vez de hacerlo en términos de su propia nación.

Esta expansión de simpatía humana que debe cubrir el globo es, sin embargo, solamente una parte de lo que significa una cultura integral. Otra parte insinúa la habilidad y la voluntad de integrar lo objetivo y lo subjetivo, lo individual y lo colectivo, el ascenso y el descenso. En términos de la globalización, integrar lo individual y lo colectivo, quiere decir que los beneficios que muchos reciben del comercio global, la cultura y la interacción no pueden inmiscuirse con la integridad de todos y cada uno de los individuos en el planeta. Por ejemplo, esto querría decir que necesitamos proteger activamente los derechos de culturas indígenas, de las minorías, y de los menos poderosos en general. Al mismo tiempo, los derechos individuales no pueden estar divorciados de su responsabilidad para con la sociedad y el medioambiente.

Integrar lo objetivo y lo subjetivo, en un contexto global, significa tomar conciencia de que el movimiento hacia una nueva lógica sistémica global tiene que estar acompañado de una nueva lógica cultural.

Finalmente, integrar el ascenso y el descenso significa que mientras desarrollamos una nueva conciencia global y una nueva economía política global – en otras palabras, las nuevas y más elevadas integraciones – tenemos que cuidar también aquello que fue antes, de nuestra comunidad y de nuestra ecología natural. Un Keynesianismo global necesita estar acompañado de un retorno a lo local (no a un tribalismo local, sino a uno cosmopolita). Necesitamos hacer esto porque somos humanos y tenemos limitadas escalas humanas de referencia, como la comunidad local y el ambiente local. Estas escalas humanas se vuelven más importantes precisamente porque lo global está también volviéndose más importante.

Lo local se hace más importante en la edad globalización no sólo por su escala más humana, sino también en nombre de la democracia y de la justicia social. A medida que el poder abandona el nivel nacional y se convierte en materia global, también se remueve y abstrae más de la experiencia y preocupaciones individuales de todos los días. Una forma de reunir al individuo con el poder y la responsabilidad está en restituir el poder a las comunidades locales. Los ejemplos prácticos para tales procesos pueden incluir mayor autosuficiencia local en la esfera de producción (más comercio local), la introducción de monedas locales (lo cual trae muchos beneficios económicos y ecológicos), y una mayor autonomía en la toma de decisiones, particularmente en lo que concierne al gasto de las recaudaciones estatales. La expansión y fortalecimiento de la democracia a nivel local debe, claro está, estar acompañada por una democratización del poder en todos los niveles, desde lo local hasta lo global.

Algunos podrían decir que la observación de que la globalización es una dinámica necesaria que debe ser promovida no puede combinarse con una llamado a la localización. Esto, sin embargo, no es necesariamente cierto si honrásemos tanto lo local como lo global, globalizando cosas tales como la simpatía, la solidaridad, la comunicación, y la producción de productos que sólo se producen en zonas limitadas (Ej., Las frutas tropicales, los medicamentos raros, la tecnología sofisticada, etc.) y localizando la producción de artículos básicos (Ej., comidas, artículos básicos de uso doméstico, electrónica simple, etc.), nuestra conexión con la tierra, y nuestra conexión con nuestra comunidad. Finalmente, Política Integral significa integrar oposiciones que fueron previamente consideradas mutuamente exclusivas.

Mientras que la Política Integral perfilada aquí no constituye una plataforma política concreta, es posible generar políticas concretas a partir de estos principios. La Política Integral puede ayudar a mover a la política más allá de las típicas posiciones de izquierda y derecha y presentar una verdadera “tercera posición”, una que mueva la política a un nuevo nivel y encuentre soluciones que no sean solamente de compromiso, sino que sean soluciones que surjan de una comprensión más elevada, de la unificación no forzada de los opuestos. La Política Integral puede responder a nuestro básico deseo humano por el espíritu, reconociendo la validez de la espiritualidad y otorgando a la espiritualidad un papel importante en la formulación de una política para el tercer milenio.

(*) Gregory Wilpert es profesor visitante de Fulbright en la Universidad Central de Venezuela y co-facilitador de la rama política del Instituto Integral de Ken Wilber. Él agradece a Wilber, Jack Crittenden, y Thomas Jordan por sus útiles críticas a este artículo.

Traducción: Ezequiel Newbery

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