Introducción. 

Recientemente, he estado pensando mucho en los desertores – personas que dejan de practicar el budismo Soto Zen. Hasta ahora, no he limitado de ninguna manera la definición de “desertores”, así que aquellos que sólo hacen una pausa de una semana o un año y aquellos que se van, para no volver más, están todos incluidos. Tampoco he limitado la definición de “práctica” Soto Zen; hasta que no empiece a estar saturado de información, no hay motivos para restringir las cosas. Cualquier persona que se identifique como practicante Zen es lo suficientemente válida para mí.

¿Por qué querría hablar con los desertores del Zen? Casi todas las personas con las que contacto sobre este tema se preguntan lo que estaré tramando exactamente. Algunas personas no son verdaderamente hostiles pero se quedan, ciertamente, bastante perplejas.

Mi perspectiva es que si se quiere saber cómo funciona algo, se debe examinar cómo falla. Si pensamos, por ejemplo, en la seguridad aeroportuaria. Nunca seremos capaces de comprender cómo funciona un sistema determinado sin pensar en cómo falla. Es bastante ridículo forzar a miles de viajeros en una gran terminal como la de New York o Atlanta, sólo porque un memo con prisas por llegar a un partido salió de repente de la cola. ¡Hay un sistema que falla enormemente!

Los sistemas de seguridad deben ser “dúctiles”, es decir, lo suficientemente flexibles para limitar el impacto de los fallos inevitables, limitando el fallo de forma que no haga caer todo el sistema. Según esa aproximación, más que poner puntos de control por toda la terminal, deberían estar situados en las puertas o en la mayoría de los brazos de la terminal, de manera que cualquier interrupción pudiera ser contenida y resuelta con más facilidad. (Para un buen debate sobre estos temas, ver el artículo “Inseguridad en la patria” de Charles C. Mann en la edición de Septiembre 2002 de “The Atlantic Monthly”)

De manera que, ¿cuál es la ductilidad del budismo Soto Zen en América? ¿Cómo fracasa el Soto Zen? O, asumiendo que hay diferentes formas de presentar y aceptar el budismo Soto Zen, ¿cómo fracasan estas diferentes formas? ¿Cómo puede ayudarnos a comprender la tradición, como un todo, el hecho de pensar sobre aquellas personas que suspenden o abandonan su práctica Zen?

Contactar con los desertores

Intentando responder estas preguntas, el primer problema con el que me encontré fue ¿cómo me pongo en contacto con los desertores? En realidad, la forma en la que aquí he introducido el problema es al revés, justo al contrario de cómo realmente me sucedió. He estado viajando por centros Zen, realizando entrevistas a estudiantes que practicaban en ellos. En todos los sitios a los que voy pido entrevistar a varios estudiantes, tanto novicios como antiguos, y siempre he sido consciente de que me faltaba una parte del cuadro. ¿Qué pasaba con la gente que simplemente ya no estaba ahí? ¿Cómo contactarles y entrevistarles?

Abordando este tema con varias personas, con frecuencia surgía la sugerencia de usar internet. Me fue dicho “entra en The Well, una comunidad de debate online, y empieza ahí una conversación”. Regístrate en www.zen-forum.com , y expón la pregunta a los participantes. Envía notas a diferentes listas de debate de e-mail, y mira quién responde.

Así que he hecho todo lo arriba expuesto, y ahora estoy recogiendo los resultados. Ah, y tengo otro truco: Os pregunto a vosotros lectores a través de este artículo de Dharma Eye si vosotros quereis, o alguna persona que conozcáis, hablar conmigo sobre este tema. Si es así, por favor contactad conmigo en jmcrae@indiana.edu Tengo especial interés en las personas abiertas a hacer una entrevista por teléfono, pero también son bienvenidos los comentarios y las revelaciones enviadas por correo electrónico. (Mientras estoy en ello, permitidme dar las gracias a todos aquellos de vosotros que respondieron a mi petición de comentarios sobre “Zen en la Escuela” – ¡valoro vuestras declaraciones!)

Contactando

En realidad acabo de empezar este proceso, de manera que lo que sigue es un informe de progreso, de ninguna manera son las conclusiones finales. Hasta ahora, he estado ocupado con una buena cantidad de conversaciones online, algunas útiles pero otras francamente irritantes. La primera respuesta que obtuve de los participantes en el debate sobre “Práctica Zen” en www.zen-forum.com fue brusca e incluso sarcástica: “Verás que la gente abandona el Soto Zen por la misma razón por la que finaliza cualquier otra cosa, embarazo, pérdida de relevancia… Podían ver el fin pero no los medios…, bla, bla, bla…”

Puede que sea cierto, pero no me resulta particularmente útil. Otra persona me escribió: “Pregúntale a los maestros Zen por sus estudiantes más aventajados que le han abandonado.” ¡Ummm!, quizá sea así, pero, a mi gusto, es demasiado cínico. Algunas de estas tonterías de listillos iban acompañadas por bromas socarronas.

He tenido que enviar bastantes correos, explicando de dónde vengo, para que esta gente tomara el tema en serio. Y los últimos mensajes que leí antes de escribir este informe de progreso amenazaron con convertirse en una ardiente guerra, por razones totalmente ajenas al tema. Cuando mencioné esto a un colega del Departamento de Lenguas y Culturas del Este Asiático aquí en la Universidad de Indiana, me hizo recordar el Taoism-L , una lista de debate de e-mail dirigida a estudiantes del Taoísmo que tuvo que ser disuelta – correcto, ¡totalmente cancelada! – ¡porque los “taoístas” auto-declarados denigraron a los estudiantes!

Bueno, parece ser que el debate online no es el medio de investigación perfecto. Sin embargo, no todas las noticias fueron malas. Además del (más bien pequeño) porcentaje de debate que realmente resultó válido, he recibido algunas respuestas útiles a mi envío de una encuesta a H-Buddhism , una lista de debate online moderada, limitada a estudiantes graduados y profesorado de estudios budistas. Algunas de las respuestas fueron ofertas para enviar mi encuesta a otras listas, así que tengo la sensación de que este esfuerzo experimentará gradualmente un rápido incremento.

A través de mis diversos mensajes, hasta ahora ya he realizado dos entrevistas por teléfono y tengo otras previstas. Así que, en el resto de mi espacio aquí, permitidme describir mis pensamientos actuales sobre los desertores del Zen.

Expectativas y “fracaso” de la práctica Soto Zen

En primer lugar, debo definir la forma en la que aquí estoy usando las palabras “desertor” y “fracaso”. No quiero insinuar que las personas que cesan su relación con el budismo Soto Zen están necesariamente “fracasando” en ello. Estoy perfectamente dispuesto a creer que tal cambio de actitud puede ser precisamente lo correcto para estas personas.

En segundo lugar, quiero considerar realmente todas las suspensiones o cesaciones de la práctica Zen, sin importar cómo se definen tanto “suspensión / cesación”, como “práctica Zen”. Una de las observaciones que me ha sido hecha varias veces es que la retirada o la cesación de la actividad explícita del Zen no es necesariamente el final de la implicación de ese individuo con el Zen. A veces, la práctica de una persona se aparta del conjunto formal de procedimientos y se transmuta en un tema menos prominente, incluso atenuado, del propio encuentro con la vida. En el curso de mis entrevistas por todo el país, varias personas han mencionado el hecho de pasar por diferentes períodos de mayor o menor intensidad en la práctica del Zen. Algunas veces, estos períodos en los que el Zen es recesivo, o de algún modo latente, se alargan durante años. Una de las personas que espero entrevistar pronto, de hecho, es alguien que se presentó como un “antiguo desertor” – había sido un practicante serio e instructor, luego cambió (de alguna forma) a otro ámbito de vida y, hace poco, ha vuelto a ser activo dentro de los círculos del Soto Zen. Os mantendré al corriente.

Tercero, si el Budismo es una religión análoga, entonces tiene que haber un millón de formas diferentes de dejar el zafu. Por “religión análoga”, entiendo que (por lo menos para los budistas de elite en Estados Unidos) es posible ser tan budista como uno quiera; el contraste obvio es la “religión digital” como algunas formas del Cristianismo y del Islam, donde te conviertes en una forma de todo-o-nada. Incluso sería justo decir que para cada posible forma de practicar Zen en este país, existen algunas formas características de cesación de la práctica.

Bien, éstas son suficientes reglas de base para el debate. ¿Por qué abandona la gente la práctica Zen y cómo sucede?

Aquí es donde un par de mis compañeros de debate online acertaron plenamente: el tema básico son las expectativas. A continuación está lo que dijo una persona:

“La razón fundamental por la que una persona cesa cualquier tipo de práctica espiritual es porque sus expectativas se ven frustradas. Mucha gente cree que la satisfacción de sus expectativas implica que el proceso que condujo a su cumplimiento es básicamente correcto. Cuando en realidad, la satisfacción de las expectativas no indica que la práctica haya tenido éxito, sino simplemente que los resultados obtenidos coinciden con lo que se esperaba de la práctica!”

Esto sucede así porque la gente se “engaña” a sí misma. Lo que se vuelve evidente es la naturaleza obvia del proceso: la persona llega al Zen con expectativas, la persona abandona el Zen con las expectativas frustradas.

Sin embargo, la enseñanza del Zen dice claramente que se deben abandonar todas las expectativas. Este concepto es tan difícil para aquellos que se apegan a las expectativas porque crea el siguiente proceso:

•  La persona llega a la práctica Zen con expectativas.

•  La persona abandona las expectativas.

•  La persona ya no tiene un propósito claro para practicar el Zen.

Este es un comienzo muy bueno, pero pienso que incluso hay más que eso. Aquí, el problema de las expectativas es presentado usando la retórica de la práctica budista, donde uno de los objetivos fundamentales es despojarse de ideas preconcebidas y de falsas discriminaciones. Por mi parte, me pregunto cómo funcionan las expectativas en la vida común de las personas. Para ser más específico, ¿cómo desarrollan las expectativas sobre maestros espirituales y sus enseñanzas las personas de nuestra sociedad? ¿Cómo funcionan esas expectativas en el transcurso de sus vidas?

Una entrevista reveladora

En este punto, permitidme contaros acerca de una de mis recientes entrevistas telefónicas, realizada como resultado de mi correo en la lista de H-Buddhism . El entrevistado es un hombre soltero del oeste medio de unos veinticinco años, hijo de un padre agnóstico y de una madre conservadora/evangélica. Durante el año de estudiante del último curso en el instituto de enseñanza secundaria estudió en Chenai, India, lo que estimuló su interés por el yoga y la meditación. Ya se había familiarizado con el Zen y durante el colegio universitario durante los dos primeros cursos estudió en Kyoto, Japón. Ahí se involucró profundamente con la práctica del Zen, asistiendo a varias sesshin en un par de templos, etc. Sin embargo, cuando volvió a los Estados Unidos, una serie de factores le condujeron a “abandonar” la práctica Zen. En primer lugar, sus padres (especialmente mamá) se oponían seriamente a la noción de que dedicara su vida a la práctica religiosa célibe, que era la opción que, en ese momento, estaba considerando. En segundo lugar, durante su último año de instituto no tenía ningún amigo que estuviera interesado en sentarse en meditación. Ahora lo describe como si lo hubiera abandonado para bien. Aunque admite de buena gana que las actitudes del Zen frente a la vida todavía son importantes para él, ahora está comprometido con casarse. En vez de practicar el Budismo prefiere estudiarlo en la escuela para graduados.

Obviamente, esto es una sinopsis muy breve de la vida de esta persona y he simplificado algunos puntos para presentarla aquí. Sin embargo, lo que quiero enfatizar es la forma en que se desarrolló la expectativa de este joven hacia el Zen y cómo influenciaron esas expectativas en su cesación de la práctica explícita del Zen. Durante su estancia en Japón desarrolló fuertes imágenes de lo que se suponía que debía y no debía ser el Zen. El estilo de un templo era su ideal y otros tipos de centros de práctica no daban demasiado la talla para él. Cuando volvió ninguno de los centros Zen americanos que visitó se acercaba a su nivel ideal. De alguna manera el Zen, tal como se enseñaba en América, le parecía superficial y blando. (Y de hecho tenía acceso de sobra a diferentes grupos Zen en el área metropolitana donde vivía, aunque por no tener coche tenía dificultad para el transporte).

Para empeorar las cosas, durante su último año de estudio leyó “El registro de Linji” (“Rinzai roku”) en chino con uno de sus profesores y leyó su desintegración iconoclasta de la práctica del Zen con la conclusión de que “No debo hacerlo más.” He aquí un ejemplo de Zen disfuncional – la misma tradición le proporcionó una razón para abandonar la tradición. (Sin volverme desvergonzadamente sectario sobre el tema, me pregunto ¡qué hubiera sido de su vida si hubiera leído el “Bendowa” o el “Genjo koan” de Dôgen!)

Me parece que el acercamiento de esta persona al Zen fue como una experiencia de conversión que no asumió o que no gustó. Una especie de romance juvenil que no duró. No tengo la intención de ser desdeñoso –pero parece que en su vida se dieron patrones comunes a muchos post-adolescentes / veinteañeros. Esto es, empezó pensando en la mejor manera de vivir su vida, el futuro más profundo y pleno que pudiera imaginar, que en su caso fue representado por una dedicación total a la vida de la meditación y al servicio espiritual. El problema es que se apegó a un estilo particular de la práctica Zen, un estilo que implicaba cierto sistema y rol social para los sacerdotes Zen en forma de atención clerical a los feligreses, no sólo como individuos implicados mutuamente en procesos de cultivo espiritual. No pudo permanecer como participante en la práctica del Zen porque lo vio desde la lente digital de elecciones religiosas limitadas, no a través de una lente análoga de infinitas posibilidades. Y nadie en su vida, de vuelta en América, apoyaba la continuación o maduración de su identidad como budista Zen.

Así, este individuo ya no está explícitamente involucrado en la práctica budista Zen y, de alguna forma, es una pena. Sin embargo, ¿quién dice que sus motivaciones de auto-compromiso no serán reavivadas en el futuro? Dadas las que yo llamaría sus expectativas distorsionadas sobre lo que es y lo que debería ser el Zen (y aquí estoy tomándome la libertad de evaluar sus proyecciones sobre el celibato y el estilo de templo Zen ideal), algo tenía que ceder. Lo que encuentro interesante es que ahora describe su propia identidad religiosa más o menos en los mismos términos que usó para su padre y está comprometido en casarse con una mujer que, como su madre, está mucho más interesada en su religión (ni budista ni cristiana) que él (o su padre). Espero hacer una entrevista de seguimiento en la que le preguntaré si es consciente de los aparentes paralelismos que hay entre su vida y la de sus padres y qué es lo que piensa sobre ello. Sigo diciéndome que debo tener cuidado con las interpretaciones psicológicas rápidas, pero los patrones descritos en la entrevista son claros.

Pensamientos no concluyentes

Aunque mi análisis inmediato de la vida de esta persona esté o no de acuerdo con lo previsto parece justo incluir que puede haber profundos patrones psicológicos en las expectativas humanas. No debería ser tan sorprendente si pensamos en ello. Espero que el debate previo sea suficiente para mostrar que el tema puede implicar algunas dinámicas humanas complicadas.

Una de las respuestas más comunes que he recibido a la pregunta “¿Por qué abandona la gente? es “porque es demasiado duro”. Algunas veces pienso que la gente se refiere simplemente a la dificultad de sentarse durante largas horas de zazen –es verdad que es un tema significativo para aquellos de nosotros con rodillas y espaldas doloridas. Sin embargo, más que esto, la dificultad de la práctica Zen también incluye la necesidad de comprender lo que se está haciendo de a cuerdo con la tradición, encajando con cómo lo han presentado, a sí mismo y a los demás, otros que han recorrido la senda a lo largo del tiempo.

Una de las maneras que mi informador anónimo tenía de describir el alejamiento de la práctica Zen, en mi opinión, fue su tendencia a concebirla como una técnica psicológica. Fue muy explícito describiendo su acercamiento al Zen en términos de terapia de auto-ayuda.

No hay nada moralmente erróneo en tomar el Zen como terapia de auto-ayuda -no sugeriré que fue malo para él en su vida– pero esa aproximación hace de la práctica Zen una opción entre muchas, simplemente otro bálsamo para las heridas del momento. Sugiero que la práctica Zen es realmente difícil porque requiere ser emprendida sin esperar resultados específicos. Las personas que siguen con su práctica afirman, en general, que no están totalmente seguras de porqué la hacen o cómo funciona pero que es la única forma de poder vivir para ellos. Tal como destacó mi nuevo amigo en www.zen-forum.com , las expectativas son parte del problema. Las personas que se mantienen en el Soto Zen puede que sean aquellas que disuelven cualquier expectativa inicial y luego pueden seguir sin ellas. Esta podría ser una definición contemporánea de la vía del bodisatva.


(*) John McRae Profesor de la Universidad de Indiana (USA)

Traducción de Claudia Melissen

Artículo extraído de la publicación “Dharma Eye” , nº 11, diciembre 2002, editada por el Soto Zen Buddhism Internacional Center, San Francisco, Usa

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