En la competitiva sociedad de los tiempos modernos, solemos estar dominados y encerrados en la burbuja del “yo” y de lo “mío”. Movidos por los intereses derivados de esta manera de ver la realidad, nos ponemos a nosotros mismos como centro de atención, como eje del mundo, y nos aferramos a ello con tal energía que inconscientemente tememos desaparecer si dejamos de hacerlo. Observando las cosas con cierta perspectiva no tenemos más remedio que reconocer que el egoísmo, la hipocresía, la avidez propia de los espíritus hambrientos (gaki) y el salvajismo, son cualidades que imperan por doquier y se desarrollan de manera natural gracias al abono que la sociedad actual les proporciona.

Ésta es una visión distorsionada de la realidad. Lo sepamos o no, lo creamos o no, estamos sumergidos en un ilimitado océano de interdependencia. Nuestra felicidad, nuestro confort y alegría innata de vivir no puede ser entendida de manera aislada y egótica, no puede ser realizada fuera del seno del Puro Océano de interpendencia, de amor y de empatía hacia todos los seres.

El Budismo pone especial énfasis en los méritos del altruismo. Dedicar, y ofrecer los méritos que se hayan podido “obtener” es de un incalculable valor, es un tesoro insondable y una fuente ilimitada de dicha. Esto es lo que viene expresado por el término japonés EKO.

El término Eko suele emplearse también en servicios religiosos, tales como funerales (soshiki) o ceremonias conmemorativas de difuntos (tsuizen). Los funerales ayudan a quienes permanecen en este mundo a sobrellevar mejor las penas. Las ceremonias conmemorativas tienen lugar más tarde en el tiempo, a intervalos regulares, cuando los supervivientes han superado sus aflicciones.

En ambos tipos de servicios religiosos, los familiares y amigos de los difuntos realizan ofrecimientos de flores, agua e incienso. Este tipo de expresiones emocionales de corazón datan de tiempos de Shakyamuni Buda. Hay muchas personas que insisten en que lo verdaderamente importante son los sentimientos, y tienden a desestimar, incluso rechazar el valor de los rituales. Pero lo cierto es que este tipo de rituales cumplen una importante función.

Además de realizar ofrecimientos en forma de funerales y memoriales, los parientes del difunto suelen solicitar la presencia de monjes, que oficiarán la ceremonia y recitarán una serie de sutras y daranis. Este tipo de recitación genera méritos en forma de poder religioso que posteriormente son ofrecidos a los difuntos.

Una vez se ha producido la defunción, el difunto de convierte en un “espíritu” llamado hotoke (escrito con el ideograma chino de Buda) y continúa bajo esta forma la práctica del Dharma. Los familiares y amigos favorecen que el difunto pueda seguir la Vía del Buda, alineando y dirigiendo con todo el corazón y con toda su energía los méritos de las recitaciones hacia el fallecido. Pero este tipo de méritos se genera de manera espontánea, cuando los participantes de la ceremonia se funden con el rito, cuando se desvanece toda noción de dualidad, y todo deseo egótico de obtener algo, incluso de obtener méritos. El poder de este tipo de ceremonias depende directamente de la entrega de los participantes, depende de su capacidad por realizar Eko.

El mérito generado por los supervivientes y oficiantes en los funerales, memoriales y resto de ceremonias se disemina sin discriminación en las Diez Direcciones del espacio hacia todos los seres que se manifiestan en el Universo. Para generar una energía de semejante magnitud es necesario disolver toda noción de dualismo. Desde este punto de vista, la práctica del Eko requiere de una profunda fe y una confianza básica de todos los participantes. Fe en el sentido de no dualidad. Es necesario alinear el cuerpo, la mente y el espíritu con el rito, olvidando a quién van dirigidos los méritos, olvidando quién está generando méritos, olvidando el hecho incluso de que se están generando méritos; olvidando el mismo sentido (intelectual) del Eko.

El espíritu altruista que se desprende del concepto de Eko es fundamental en el Budismo Mahayana. Dôgen Zenji explicó en el capítulo del Shôbôgenzô Hotsu Bodaishin el espíritu altruista del Budismo Mahayana y del Eko, cuando comentó que los méritos que generamos, de acuerdo con nuestro propio grado de iluminación, deben ser transferidos con el fin de ayudar a los demás en su propio proceso de iluminación.

A través de Eko hacemos circular libremente la energía de cada instante, y la hacemos regresar de nuevo a casa. Después de otear el horizonte y tocar el cielo del Samadhi, no podemos quedarnos dormidos en la contemplación del Sol, pues éste no tardará en ocultarse y debemos volver al lugar de donde hemos partido y ser testigos vivientes de nuestra experiencia, contarle a los demás lo que hemos visto con palabras que puedan entenderlo y estimularles en su propio viaje.

Eko representa la Vuelta al Mercado del Pueblo en las Diez Etapas de la Doma del Buey, en la que el Boddhisattva, mezclado con los lugareños del pueblo, con los hombres y mujeres y niños que pueblan las calles, comparte su propia realización, olvidándose incluso de quién es, de donde viene y por qué senderos ha viajado. A plena conciencia, vuelve a hacerse uno con sus orígenes, con las calles y los montes que le vieron nacer, completando el eterno juego Cósmico de reencontrarse consigo mismo.

Es movido por el espíritu de Eko que el Boddhisattva hace el voto de Ayudar a todos los seres e Iluminar todas las oscuridades:

Shujô muhen seigan do

Por numerosos que sean los seres hago el voto de liberarlos a todos“. El Boddhisattva hace el voto de liberar a todos los seres de la rueda del dolor y del sufrimiento, empezando por quien tiene más cerca: él mismo. Hace el voto de liberarse de su propio karma, de su ignorancia y de su sufrimiento, hace el voto de liberar a todos los seres de las proyecciones de su propia mente. A partir de este momento la tarea de liberar al resto de las existencias constituirá una consecuencia natural de su propia evolución, al mismo tiempo que el dualismo Yo-Resto-de-Existencias se va disolviendo.

Bonno mujin seigan dan

Por profundas que sean las oscuridades hago el voto de iluminarlas todas”. Empezando igualmente por las oscuridades de su propia mente y de su propio karma.

Éste es el espíritu del Eko que mora en la conciencia del Boddhisattva y que va realizando reencarnación tras reencarnación, mientras va desenmadejando los nudos del propio karma. Incluso una vez liberado de todo karma, una vez iluminadas todas las oscuridades, por el espíritu de Eko, por su voto, el Boddhisattva vuelve a renacer una y otra vez con el fin de servir de puente para que el resto de seres puedan alcanzar la otra orilla, con el fin de que “todos los dharmas encuentren su lugar en el Dharma y se fundan con él”. Esto es practicar el Dharma.

Hômon muryo seigan gaku

Por supremo que sea el Dharma hago el voto de fundirme en él

Butsudô mujô seigan jo

Por maravillosa que sea la Vía del Buda hago el voto de realizarla

Gracias a la práctica de zazen la mente se va volviendo cada vez más lúcida, más clara, como la superficie de un espejo. En la medida en que el discípulo del Buda, va penetrando más y más en la verdadera naturaleza de su mente, en la medida en que, como ermitaño armado con una antorcha, va iluminando los más oscuros y olvidados recónditos de su Ser, el espejo de su mente será capaz de reflejar los contenidos de su experiencia, tal y como se están manifestando, tal y como son, sin verse afectado por dichos reflejos. Cualquier contenido, cualquier experiencia, cualquier oleada, cualquier nube, aparecerá claro y nítido en la Mismidad de esta Conciencia-Espejo. La Liberación consiste en desplazar el objeto de identidad, desde los reflejos hacia el Espejo, o yendo incluso más allá, deshaciendo incluso la identificación exclusiva con el Espejo, desenraizando el último nudo de dualidad Espejo/Reflejos. ¿Qué es ESTO? Reflejos en el Vacío… Vacío lleno de Reflejos. No hay diferencia. Esto es… Jijuyu ZanMai

No obstante este estadio representa únicamente la primera parte del camino, el camino de ida. La intensa fuerza centrípeta generada en zazen no puede menos que generar un estallido amoroso hacia el lado opuesto. Si el espejo refleja la realidad Tal y como Es, es imposible cerrar los ojos al hecho de que el camino está incompleto, que no hay diferencia alguna entre quien experimenta el Samadhi del Espejo Precioso y el resto de los seres aun atrapados en el naraka, en el infierno del mundo condicionado y sufriente. Este sentimiento profundo genera automáticamente una fuerza centrífuga, como el Big Bang, una aspiración natural de esparcir en la Diez Direcciones del Espacio las semillas adecuadas para que pueda florecer en cada uno de los seres, en cada uno de los dharmas, la aspiración al despertar de dicha visión ilusoria del mundo. Esto es Tajuyu. Esto es Eko, Hotsu Bodaishin: dar rienda suelta a la Aspiración al Despertar para el Bien de todos los Seres.

Pero el espíritu de Eko no es simplemente una abstracción, ni tampoco está confinado al marco de las ceremonias.

Eko significa también derramarse en cada instante, dar lo mejor de uno mismo en cada una de las acciones de la vida cotidiana. Llevar a la Presencia cada uno de los gestos y situaciones de la vida cotidiana e iluminarlos con la Luz de la Atención. Ser plenamente lo que se es aquí y ahora, como el alce que hace temblar el monte vaciándose en un poderoso bramido, como el león que ruge en plena selva, como el niño que se vacía en cada llanto, y se ilumina en cada sonrisa.

Es posible cultivar concientemente el espíritu altruista de Eko en un nivel cotidiano, observando nuestro comportamiento en cada acción de nuestra vida día a día, actuando de una manera humilde en favor de la felicidad de todas las personas con quienes nos crucemos.

¿Cómo podemos ponerlo en práctica? ¿Cómo podemos cultivar Eko en la vida cotidiana?

Las enseñanzas budistas contemplan cuatro formas cotidianas de trabajar por la emancipación de los demás: El don, las palabras amorosas, beneficiar a los demás e identificaros con todos los seres.


El don

El corazón del “Don budista” (Fuse, uno de los Seis Haramitsu o Perfecciones) consiste en compartir desinteresadamente aquello que poseemos (o creemos poseer) y esforzarnos por ser útiles o prestar un servicio a los demás. El don no solamente incluye bienes materiales, sino también, por ejemplo, podemos ofrecer el Don del Dharma, las enseñazas del Buda para ayudar a los demás a alcanzar el Despertar.

Existen también otras siete acciones o donativos en los que podemos prestar atención en nuestra vida cotidiana:

Mirar con suavidad (ganse). No lanzar miradas agresivas.

Mostrar un rostro sonriente (gense)

Utilizar palabras correctas y educadas (gonse)

No escatimar esfuerzo en el trabajo físico (shinse)

Trabajar con la aspiración de prestar un servicio (shinse)

Ceder nuestro asiento a los demás (shozase)

Ofrecer cobijo (boshase)

Dôgen Zenji nos alienta a que no dejemos de prestar atención ni escatimemos esfuerzos en hacer contínuamente don de nosotros mismos. Debemos tener esto siempre en mente.

Las palabras amorosas

Hablar con palabras amorosas quiere decir prestar contínuamente atención en nuestras palabras y en el efecto que éstas puedan producir desde el punto de vista de nuestro interlocutor. Las palabras tienen un gran efecto en las mentes de las personas. En algunas ocasiones ciertos comentarios aparentemente inocuos pueden afectar gravemente y hacer mucho daño a la persona que las recibe. El practicante del Dharma debe tener esto siempre presente y hacer buen uso de la Bendición del Verbo. Se dice que la manera que tenía el Buda Shakyamuni de saludar a las personas provocaba en éstas numeros beneficios de todo tipo.

Dôgen Zenji enseñó que el poder de las palabras amorosas podían cambiar el estado de espíritu de nuestro enemigos, e incluso alterar completamente el estado global de conciencia de toda la sociedad.

Beneficiar a los demás

Esta tercera vía es la más específica dedicada al Bien de todos los seres. Es muy fácil hablar de que es necesario ayudar a los demás, pero hacerlo realmente es mucho más duro de llevar a cabo. Actualmente velar por la propia autosatisfacción tiene mucha más preponderancia que actuar por el beneficio de otros. Incluso en muchas ocasiones el aparente acto de ayudar lleva subyacente el secreto deseo de obtener algún tipo de beneficio, ya sea la gratitud, el honor o la “salvación”. El verdadero acto altruista, como decíamos, ha de ser absolutamente desinteresado, como el niño que deja caer un palo en medio del bosque y acto seguido se olvida del palo y del bosque, incluso de que es niño. El beneficio hacia los demás no debe ceñirse únicamente a los seres humanos, sino a todas las criaturas, animales, vegetales y minerales.

Identificarse con todos los seres.

En palabras de Dôgen Zenji identificarse con todos los seres significa luchar tanto por el bien de los demás como el de uno mismo simultáneamente. Identificarse con todos los seres es hacerlo con los demás y con uno mismo al mismo tiempo. No significa olvidarse de uno mismo en el sentido de descuidar las necesidades propias. Todos los seres incluye también al pequeño yo con el que normalmente estamos identificados. Identificarse con los demás es aceptar también todos los puntos de vista como visiones parciales de la realidad, verdaderas pero incompletas. Significa aceptar la variedad dentro de unidad. Esto nos lleva a tomar conciencia de la red de interdependencia que se extiende por todo el Universo y en la que estamos inevitablemente inmersos.

Hoy en día, muchos de los problemas derivados de las relaciones padre-hijo se deben a la dificultad que existe en que unos puedan adoptar el punto de vista de los otros. La excesiva atención prestada a los propios intereses egoístas (el deseo de retribución paterno – filial es también un interés egoísta) es fuente de interminables conflictos y sufrimientos, tanto a nivel personal, como entre pueblos y naciones. Allá donde hay una frontera, existe un enfrentamiento. Los problemas relacionados con el medio ambiente y los conflictos internacionales no se resolverán jamás mediante la acción de una sola persona o grupo de personas o nación alguna, asumiendo una cruzada, como algunos parecen creer.


La única manera de resolver este tipo de problemas es mediante la transformación progresiva, pero real de la forma de ver el mundo de todas las personas.

Ruego con un espíritu profundo y respetuoso hacia los Tres Tesoros, que pueda nuestra práctica y el ofrecimiento de los méritos generados por ella contribuir a esa transformación global.

Que así sea para el bien de todos los seres.


Fuentes: Revista Zen Friends – Teishos del Maestro Dokushô Villalba

por Carmelo Toledo

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