UNA SANGHA PARA EL SIGLO XXI

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Artículo publicado por el maestro zen Dokushô Villalba,

abad y fundador del Templo Zen Luz Serena,

con motivo del XXV aniversario de su fundación.

© Comunidad Budista Soto Zen

 


Han pasado 2600 años desde que el Buddha Sakiamuni pusiera en marcha la Rueda del Dharma en el parque de Benarés, expresando por primera vez las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Sendero Óctuplo. A partir de entonces el Dharma del Buddha se fue extendiendo desde India a todo el sudeste asiático. A China llegó en el siglo I de la era común, y a Japón en el siglo V. En el 2024 se cumplirán ochocientos años de la llegada de Dôgen a Japón después de su viaje a China, lo cual marca el comienzo de la historia del budismo soto zen japonés.

El pasado de nuestra tradición es un riquísimo legado que hemos recibido. Nuestra responsabilidad ahora es incorporarlo –darle cuerpo– en nuestro presente y crear los cauces para que siga siendo transmitido hacia el futuro.

El maestro Dôgen escribió en el Hotsuganmon1:

“Los Buddhas y Ancestros del pasado fueron como yo. En el futuro yo seré un Buddha y un Ancestro. Al venerar a los Buddhas y Ancestros me convierto en un Buddha y un Ancestro. Al despertar la Mente Iluminada soy la Mente Iluminada”.

Y el maestro zen chino Lung-ya dijo:

“Antes de que los Buddhas fuesen Buddhas, eran iguales que nosotros.
Los seres iluminados de hoy son idénticos a los del pasado.»

La Vía del Despertar se actualiza constantemente en el presente a través de nuestra práctica presente.

El gran reto que tenemos ahora es el de actualizar el Dharma del Buddha, procedente de sociedades agrícolas pre-industriales, patriarcales y mayormente de estructura feudal, en una Vía real de despertar para la civilización hiper-tecnologizada, globalizada y mayormente democrática, en la que nos hallamos.

Una tarea fundamental está siendo –y lo seguirá siendo por muchos años– la de discernir el budismo étnico del verdadero Dharma liberador enseñado por el Buddha. Las tradiciones e instituciones budistas orientales son viejos barcos que han surcado durante siglos el océano de las contingencias. En su interior conservan un tesoro inestimable para la humanidad presente, pero sus quillas están cargadas de adherencias, creencias, supersticiones y prejuicios. Hasta tal punto que entorpecen, cuando no impiden, su navegación en los tiempos actuales. Nuestra deuda de gratitud con las tradiciones e instituciones budistas orientales es inmensa. La mejor forma de pagarla es asumir la responsabilidad de salvar con veneración este tesoro que conservan en su interior, incorporarlo en nuestra vida cotidiana, y encontrarle nuevas formas y nuevos medios de expresión.
La realización y la transmisión del Dharma del Buddha no pueden tener lugar cuando nos contentamos con una mera repetición del pasado. El Dharma presente no es una copia del Dharma pasado. El presente es siempre creación, actualización y encarnación.

Hace veinticinco años, varios días después de llegar con los primeros monjes a este lugar, que con los años se convertiría en el primer monasterio zen de la historia de España, escribí:

“Atardece en las montañas de la Luz Serena. Después de una agotadora jornada de trabajo, con los miembros doloridos pero con el corazón en paz, me he sentado tranquilamente sobre un árbol muerto caído al lado del camino, y me he quedado absorto en la calmada contemplación de los rayos azafranados del sol que cae tras la montaña, tiñendo el horizonte y envolviendo en una luz etérea las ramas de los pinos por las que se filtra rauda la brisa del atardecer. Por ahora, este lugar es solo montaña, luz y silencio. Nada más.
¿De dónde ha surgido esta aspiración que me ha traído hasta el corazón de esta montaña, siguiendo las huellas de los antiguos Buddhas y Ancestros Zen?
El sabio Santideva dijo: “Como un mendigo que, buscando un mendrugo de pan en un montón de basura, encuentra sin quererlo una perla preciosa, así ha aparecido en mi, no sé cómo, esta aspiración al Bien de todos los seres vivientes”.
Floto en la memoria sin tiempo y mis recuerdos se detienen en un mes de abril de 1978, cuando confuso y desorientado, llegué a París como un mendigo buscando en mi propio basura interna algún mendrugo de pan espiritual que me permitiera seguir viviendo con dignidad. La figura del maestro Taisen Deshimaru aparece ahora dejando traslucir el vuelo solitario de un anguila en el crepúsculo… o en el alba. Fue él, ese viejo zorro, quien puso una perla preciosa en mi mano. Una perla cuya luz no quería ceñirse a mis propios dedos sino que, como dotada de vida propia, palpitaba por crecer y expandirse más allá del mendigo, convertido ahora, para su asombro, en heredero.
El monasterio zen Luz Serena será el cetro sobre el que incrustaré el diamante del Dharma para que, desde aquí, pueda irradiarse a todo el país y a las futuras generaciones.
La noche me empapa de oscuridad y de estrellas. La luna expande su apacible claridad iluminando un lugar sagrado, un monasterio, aún invisible para los ojos pero construido ya, desde hace siglos, en la montaña del espíritu.
Que así sea para el Bien de todos los seres vivientes”.

Hoy, veinticinco años después, el diamante sigue brillando y su fulgor sigue expandiéndose en las diez direcciones. De corazón a corazón, gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

No sé si me será posible celebrar el 50 Aniversario de Luz Serena, en 2039. Pero sea como sea, aquí dejaré mi vida hasta su último hálito, y aquí será donde mis cenizas se fundan con las raíces de los pinos que durante tantos años me han sostenido en los momentos de debilidad y flaqueza.

Nuestra Comunidad Budista Soto Zen está plantando en el presente las semillas del futuro. Los pinos crecen y se robustecen a buen ritmo. Los cachorros de león ya rugen con fuerza y con devoción por el Dharma. Los cauces están siendo creados y el agua continúa fluyendo.

Que el poder del dragón de la montaña blanca nos permita continuar durante muchos años con nuestra tarea y que todos los seres vivos puedan beneficiarse de ello.

Postro nueve veces mi cabeza hasta el suelo
expresando así mi gratitud y mi devoción

Dokushô Villalba

  1. Lit. “La Puerta de la Aspiración al Despertar”, un texto de Dôgen que los monjes zen recitan durante la ceremonia shitsunai kankin, o renovación del vínculo espiritual con los maestros de la transmisión.
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