Kusen (enseñanza oral) del maestro zen Dokushô Villalba, 14 de Febrero de 1989

Cuándo seguimos la Vía del Budismo Zen, no debemos temer las aparentes contradicciones, las paradojas que aparecen como tales solamente a un cierto nivel de nuestra conciencia. La práctica de la Vía de Zen nos ayuda a superar ese nivel y a alcanzar uno más amplio y profundo desde el que se puede tener una vista panorámica, desde el que podemos darnos cuenta de que las contradicciones y las paradojas en realidad, no son tales.

Por ejemplo, ¿qué esperáis en zazen? Sí esperáis algo, no encontraréis nada y, lo que encontréis no merecerá la pena ser encontrado. Zazen es el fin de vuestras esperanzas, por eso el maestro Deshimaru decía que zazen es como entrar en el ataúd, es el punto final. El maestro Kodo Sawaki también decía que zazen es la bancarrota total, el “crack”. ¿Qué significa esto? Zazen es la muerte de todas las ilusiones falsas del espíritu.

En cierta ocasión una mujer que acababa de perder a su único hijo, se acercó al Buda Sakiamuni y le dijo: ¡oh, gran Iluminado! Tú que posees poderes sobrenaturales, apiádate de mi sufrimiento y devuélveme a mí hijo único. “El Buda le contestó: ¿Por qué sufres? La muerte es inherente a la vida. El retorno de tu hijo no eliminará la causa de tu sufrimiento, pero ya que has venido hasta mí, te devolveré a tu hijo. Para ello, debes encontrar una casa donde nadie haya muerto antes de llegar tú.”

La mujer recorrió el país de aldea en aldea, de casa en casa, de ciudad en ciudad buscando un hogar en el que ningún ser humano hubiera muerto anteriormente, pero… no pudo encontrar ninguna. Entonces, cansada de tanto caminar, se sentó y comprendió al instante la Enseñanza del Buda. Comprendió que la muerte era inherente a la vida y, desapegándose de ambas, pudo al fin encontrar el verdadero alivio a su sufrimiento.

Desde el punto de vista de las esperanzas ilusorias de los seres humanos, la respuesta del Buda es como un sable que de un tajo corta la cabeza, como el rugido de un león que atemoriza a todos los animales de la selva, es el fin de las ilusiones. Sin embargo, gracias a esta desesperanza, esta mujer pudo despertarse a una realidad superior y comprender realmente las raíces profundas de su sufrimiento.

“La verdadera religión no debe alimentar las vanas ilusiones de los seres humanos”, decía Kodo Sawaki, muy al contrario, debe ayudarle a despertar de sus esperanzas falsas y percibir directamente la auténtica realidad de la existencia.

Visto desde este punto de vista, parece triste. La muerte, el abandono, la renuncia parecen tristes, y sin embargo todos los grandes hombres y guías de la humanidad han dicho que no es posible nacer a la verdadera vida, si no morimos antes. En el Zen este morir no es solamente una expresión, debe ser una auténtica experiencia zazen tras zazen. Zazen supone la muerte del ego ilusorio, y esto es a veces difícil. Aparecen las sensaciones agradables e inmediatamente el apego; aparecen las sensaciones desagradables y con ellas, el rechazo. Aparecen conceptos, Imágenes, y uno cae en la ilusión de identificar esas imágenes consigo mismo, o bien se dice: “yo pienso así”, “yo creo en esto o en lo otro” “este es mi pensamiento, mi dolor, mi cuerpo.” Dejar morir el ego es difícil, sin embargo toda experiencia espiritual auténtica pasa por este punto. Por eso la auténtica religión, ‘La verdadera espiritualidad, difícilmente llega a extenderse demasiado. La mayor parte de los seres humanos quieren utilizar la religión para satisfacer sus propios fines egoístas y para alimentar sus esperanzas vanas. Siempre fueron pocos, aquellos dispuestos a vivir realmente una experiencia espiritual verdadera.

Sin zazen no es posible comprender la enseñanza del Buda. Nuestra mente, hecha de conceptos, de imágenes mentales, impregnada de emocionalidad, no es apta para percibir o captar la dimensión del Buda, por eso debemos abandonar nuestra mente, Abandonar nuestra mente quiere decir no aferrar nada con ella. Es una experiencia en la que todo concepto acerca de Buda o de Dios sucumbe, cono un gran océano tragándose toda nuestra imaginaría, Es la experiencia cumbre del Budismo Zen, la Iluminación. ¿En qué consiste esta experiencia? Fundamentalmente, en darse cuenta que desde el principio, nunca hemos dejado de ser Budas, que nuestra naturaleza original es la naturaleza de Buda.

Durante zazen sentaos simplemente. No os opongáis a la avalancha de pensamientos y emociones, no luchéis, Si hacéis así, la actividad mental se extingue como un fuego falto de combustible, y aparece la ecuanimidad, la imparcialidad y la lucidez.

Si por ejemplo aparece un rechazo, y ante este rechazo manifestamos una actitud de rechazo, son ya dos los rechazos; al tomar conciencia de que hemos rechazado el rechazo nos encolerizamos con nosotros mismos, y al tomar conciencia de nuestra cólera nos odiamos por ello. Así sólo conseguimos aumentar continuamente el fuego y éste nunca se extingue. Pero, cuando aparece el rechazo, simplemente tomamos conciencia de que ha aparecido un rechazo y dejamos pasar, entonces el combustible que provoca la aparición de este rechazo se extingue con él.

Esta es la única manera de desmadejar nuestra existencia y nuestra mente sin embrollarla aún más, sin trucos ni mentiras; naturalmente.

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